12720a2

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 12720  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Sustanciador:  

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Aprobado Acta N° 170  

Santafé de Bogotá, D. C., octubre veintiocho  (28) de mil novecientos noventa y nueve (1999).   

VISTOS:  

Se procede a resolver el recurso de casación  interpuesto  en  favor  del  procesado LUIS FERNANDO GÓMEZ, contra la sentencia  del  Tribunal  Nacional  que  le  aumentó  la condena impuesta por tentativa de  secuestro   extorsivo   y   porte   ilegal   de   arma   de   fuego  de  defensa  personal.   

HECHOS:  

La  mañana  del  23  de abril de 1993, Raúl  Góngora  Sánchez  y  LUIS  FERNANDO GÓMEZ irrumpieron con arma de fuego en el  inmueble  de la carrera 60 N° 37-36 sur de Bogotá, intimidaron a los moradores  Pedro  Alfonso  Guevara,  María  Julieta  Aponte,  Blanca  Cecilia  Martínez y  amenazaron  con llevarse a la menor Alexandra Vergara Aponte sino les entregaban  dinero.  Uno  de  ellos  le estaba colocando una chaqueta a la joven y la tenía  cogida  de  la mano, cuando llegó la policía, que dio muerte al primero de los  nombrados y capturó al otro.   

ANTECEDENTES PROCESALES:  

La  Fiscalía  13 Seccional de Bogotá abrió  investigación,  oyó  en indagatoria a LUIS FERNANDO GÓMEZ y el 29 de abril de  1993   su homóloga 241 ordenó su detención preventiva (fs. 46 y Ss., cd.  1°).  Cerrada  la  investigación, el 3 de junio de 1994 una Fiscalía Regional  le  dictó  resolución  de acusación por tentativa de secuestro y porte ilegal  de  arma  de  fuego  de  defensa  personal  (fs. 282 y Ss. ib.), providencia que  apelada  adquirió firmeza el 2 de noviembre siguiente cuando fue confirmada por  el ad quem.   

Y, correspondió a un Juzgado Regional de esta  ciudad  adelantar  el  juicio y el 22 de diciembre de 1995 condenó al procesado  por  dichos  delitos  a 13 años y dos meses de prisión, multa de 50,5 salarios  mínimos  legales  mensuales,10  años  de interdicción de derechos y funciones  públicas  y  ordenó  el  comiso  del revólver incautado (fs. 50 y Ss. cd. 2),  sentencia  recurrida  por  el  defensor  y  que  el  Tribunal Nacional modificó  aumentando  aumentó  la  prisión a 14 años y 6 meses y la multa a 55 salarios  mínimos  legales  mensuales,  y  además  condenó  al  sindicado  a  pagar los  respectivos   perjuicios,   decisión   que   ahora   es   objeto   del  recurso  extraordinario.   

LA DEMANDA:  

Al amparo de la causal primera de casación es  formulado  el  reproche   por  violación  directa  de  la  ley  sustancial  consistente  en  falta  de aplicación de los arts. 31 de la Constitución, 17 y  227  del  Código  de  Procedimiento  Penal, que consagran el principio de la no  reformatio in pejus.   

La  recurrente  considera  que  el ad quem al  aumentar  la  pena,  vulneró  dicho principio, porque se cumplen los requisitos  que  exige,  como  son  una  sentencia  condenatoria,  un  apelante  único y un  superior competente para decidir la apelación.   

Añade  que  se  ha  aceptado  que  si  fue  desconocido  el  principio  de legalidad de la pena, el superior puede corregir,  pero  no agravar. Igualmente tampoco existe esa prohibición cuando la sentencia  sea de aquellas que de no haber sido apelada, iba a ser consultada.   

Finaliza  diciendo  que  el  art.  17 en cita  reproduce  en  su  integridad el referido principio constitucional que garantiza  al  condenado que al apelar no será agravada su situación, como ocurrió en el  caso  estudio  al  aumentarse  la  pena  en  un año y cuatros meses causándole  perjuicio    a    su    representado,    con    infracción    de   la   mentada  preceptiva.   

Entonces, pide casar el fallo impugnado y que  se  produzca  sentencia  favorable  en  el  sentido  de  reconocer  la  falta de  aplicación del añorado principio.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO:  

El  Procurador  Segundo  Delegado en lo Penal  estima  que  se  debe  casar parcialmente la sentencia impugnada por los motivos  que se resumen a continuación:   

La  condena impuesta por el a quo no viola el  principio  de  legalidad  de  la  pena,  entonces  el ad quem no tenía nada que  corregir  y  es  perfectamente viable la prohibición de la reformatio in pejus.  De  conformidad  con  el  art.  206 del Código de Procedimiento Penal, para que  opere  la  consulta  es indispensable la ausencia de recurso y, en este caso, la  sentencia  fue  apelada  únicamente  por  el  defensor,  lo cual impide aquella  revisión.   

Por  las  razones  siguientes  se  aparta del  criterio de esta Corte sobre dicho tema:   

1°   Con   ese  criterio  se  negaría  la  aplicación  del principio de la igualdad a todos los procesados por la justicia  regional,  cuando  la  sentencia  no  sea  anticipada,  a  quienes  se les puede  reformar  en  perjuicio, al contrario de lo que sucede con la justicia ordinaria  y con los que se acogen al fallo anticipado.   

2°  La  consulta,  en  un  Estado  social  y  democrático  de  derecho,  está  consagrada  en  favor  del procesado y no del  interés  general,  pues  éste  se  halla  representado  por  el  fiscal  y  el  Ministerio Público.   

3°   Dicho   grado  jurisdiccional  es  un  desarrollo  de  principio  de la doble instancia y, según el artículo 29 de la  ley  81  de  1993,  tiene  naturaleza  residual,  pues solo procede cuando no se  interpone  recurso  alguno.  Una vez formulado, debe dársele trámite a éste y  no a aquélla. Y,   

4°  La  expresión  en  “caso  alguno”  contenida  en  el  art.  217  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  no admite  excepciones  y  es  el  fortalecimiento  de  la  prohibición  de  la reforma en  perjuicio.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

Tanto la recurrente como el Representante del  Ministerio  Público  sostienen que el Tribunal al aumentar la pena impuesta por  el  a  quo  al sindicado, quien fue el único apelante, vulneró el principio de  la  no  reformatio  in pejus,  consagrado  en  los  arts.  31  de  la  Constitución,  17  y 217 del Código de  Procedimiento Penal.   

El  tema  ha  sido  ampliamente  debatido  y  definido  tanto  por  la Corte Constitucional como por esta corporación, que en  múltiples  oportunidades  ha  reiterado  que la consulta y la apelación son el  desarrollo  del  postulado  de  las  dos  instancias,  pero tienen diferencias y  alcances distintos.   

La  consulta no es un recurso, se apoya en el  interés  general,  es  de  carácter  imperativo  y  la  competencia es plena e  ilimitada.  Se  trata  de  un  mecanismo  que  permite  al superior funcional de  quien   ha proferido ciertas providencias judiciales, revisar su legalidad,  control  que  no  queda al arbitrio del juez ni a la voluntad de las partes pues  opera por mandato legal.   

En  cambio,  los recursos son potestativos de  los   sujetos  procesales,  están  basados  en  el  interés  particular  y  la  competencia  por  el  factor  funcional  es  limitada.  De  acuerdo con su libre  albedrío,  las  partes  pueden  recurrir y el ad quem sólo revisa los aspectos  que son materia de impugnación.   

Es el recurso el que le otorga la competencia  al  superior,  por  el factor funcional, mientras que en la consulta se adquiere  por  ministerio  de  la ley; en la impugnación el juez tiene la limitante de no  poder  referirse a aspectos no recurridos y el grado jurisdiccional es ilimitado  facultando  la  ley  al  funcionario  para revocar o modificar la providencia en  cualquier sentido, aún en perjuicio del sindicado.   

Se  trata  de dos institutos distintos que no  deben  combinarse para crear un tercer mecanismo de revisión de la legalidad de  las  sentencias,  por  fuera  de la Constitución y la ley. Tampoco la alzada se  estableció  para  que  las  partes  impidieran la aplicación de las normas que  consagran la consulta, y ésta opera con o sin apelación.   

Una  interpretación  exegética del art. 206  del  Código  de  Procedimiento Penal, modificado por el art. 29 de la ley 81 de  1993,  lleva  a la conclusión de que la interposición de algún recurso contra  la  providencia  consultable,  permite  su  examen  oficioso por el superior. Al  respecto la Corte indicó:   

“La     expresión     ‘son  consultables  cuando contra ellas  no  se hubiere interpuesto recurso de apelación”, utilizada en normatividades  anteriores  (ley  17  de  1975,  art.  1°  y  Decreto 050 de 1987, art. 210), e  incorporada  hoy con algunas variantes en el texto del artículo 29 de la ley 81  de  1993, tenía entonces razón de ser porque el recurso de apelación otorgaba  competencia  al  ad  quem  para  conocer  sin  limitaciones  de  la  providencia  impugnada  (ley  17 de 1975, art. 3° y Decreto 050 de 1987, art. 538), tornando  por  contera  inncesaria  la  consulta,  e  imprimiéndole  a ésta un verdadero  carácter subsidiario.   

Frente  a  la  normatividad actual, en que el  recurso  de  apelación  otorga competencia al superior para decidir únicamente  sobre  los  aspectos  impugnados,  una  consideración  de  esta  índole pierde  vigencia,  no  siendo  posible  postular  que  la  consulta es subsidiaria de la  apelación.   

La supletoriedad del instituto de la consulta  ha  de  ser  entendida  en  relación con los aspectos que no han sido objeto de  apelación  y  sin  que la interposición del recurso comprometa la potestad del  ad  quem,  derivada  de  la  ley,  de  poder  reformar sin limitación alguna la  decisión  consultada,  aún  en  los  aspectos  impugnados  y  en perjuicio del  procesado.”1   

Al   contrario   de   lo  expuesto  por  el  Representante  del Ministerio Público, el carácter imperativo y no residual de  la  consulta  no viola el principio de la igualdad, previsto en el art. 13 de la  Carta,  pues es la norma normarum, en el inciso primero del artículo 31, la que  consagra  ese  mecanismo de revisión y faculta a la ley para que establezca los  eventos  en que procede, en atención a las características y modalidades de la  acción  punible.  La  misma  Constitución no establece el grado jurisdiccional  como  generalidad  sino  como excepción y aún  con esa argumentación los  pares  deben  ser  comparados con iguales y no con los desiguales para darles el  trato que corresponde.   

Que la consulta se base en el interés general  no  significa  que marche en contravía de la Carta, en oposición a lo que da a  entender  el  Procurador  Delegado, pues la primacía de ese interés general es  uno  de  los  principios  fundantes del Estado Social y Democrático del Derecho  colombiano  según  su  art.  primero,  y  ningún  reproche  amerita  que en la  interpretación  del  articulado  que  consagra  este  instituto  se efectúe de  acuerdo  con  la  parte  dogmática  de la Constitución para hacer operante esa  prevalencia,  hermenéutica  que  tampoco  hace  que la figura jurídica deje de  ser   una  garantía  para  el  procesado  como  ocurre  en  el caso de ser  condenado y el ad quem absuelve.   

En  consecuencia, el cargo no está llamado a  prosperar.   

A  mérito de lo expuesto y oído el concepto  del  Ministerio  Público,  la  Corte  Suprema  de Justicia en Sala de Casación  Penal,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la  ley,   

RESUELVE:  

NO CASAR la sentencia  condenatoria objeto de impugnación.   

Cópiese, comúnique y devuélvase al Tribunal  de origen. Cúmplase.   

JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

FERNANDO ARBOLEDA RIPOLL                                                JORGE  E. CÓRDOBA  POVEDA                     

CARLOS       AUGUSTO      GÁLVEZ  ARGOTE                   ÉDGAR            LOMBANA  TRUJILLO                       

MARIO           MANTILLA  NOUGUÉS                      CARLOS  EDUARDO  MEJÍA  ESCOBAR           

No hay firma  

ÁLVARO       ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN            YESID  RAMÍREZ     BATIDAS                     

Salvamento de voto  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Secretaria  

SALVAMENTO DE VOTO  

( Casación 12.720 )  

         Señores Magistrados:   

         Como   anuncié   en   la   Sala   respectiva,  permítanme  salvar  parcialmente  el  voto,  porque  no estoy de acuerdo con las afirmaciones que se  hacen  sobre  la  prohibición  de  la  reformatio in  pejus   y  sobre  la  prevalencia de la consulta  sobre  el recurso interpuesto por el procesado como apelante único. Las razones  son las siguientes:   

         1.   Cuando  el  procesado  es  recurrente  único  en  materia  de  apelación  y de casación, por ningún motivo es posible empeorar su situación  jurídica, por esto:   

         1.1.  El  artículo 31-2 de la Constitución Política establece la  prohibición   de   la  reformatio  in  pejus,  como  uno  de  los  derechos   fundamentales,  reconocido  a  título  de  principio.  Expresamente  dice: “ El superior no podrá agravar la pena impuesta cuando el  condenado sea apelante único”.   

         El  C.  de  P.P.  en  una  de  sus normas  rectoras, el artículo 17, dispone: “El superior no  podrá   agravar   la   pena   impuesta   cuando   el   condenado  sea  apelante  único”.   

         En  materia  de  casación, el artículo 227 del C.de P.P., adhiere  al  importante  principio  y  acude  a  la  rúbrica  o  rótulo de principio   de   no   agravación,  que  describe  así:  “Cuando  se  trate  de  sentencia  condenatoria  no se podrá  agravar  la  pena  impuesta,  salvo  que  el fiscal, el ministerio público o la  parte civil, cuando tuvieren interés, la hubiera recurrido”.   

         

         Es  claro,  entonces, que la prohibición de la reformatio in pejus  cuando  el  condenado  es  recurrente  único  con  miras  al  debate en segunda  instancia  o  en  sede  de  casación,  es  derecho –  principio   fundamental   -constitucional,  norma  superior  legal  que  rige  el  procedimiento  y – regla que  reitera  el  principio  -derecho  constitucional.  Desde este punto, por donde o  desde  donde  sea  vista,  la  prohibición  limita  cualquier  actuación en su  contra.     

         1.2.  Es  cierto que la Corte Suprema de Justicia debe velar por la  legalidad,  por  las  garantías, por los derechos, etc. Pero también lo es que  no  todo  se  puede  corresponder  a  Ella,  pues  igualmente  la fiscalía y el  ministerio  público,  por ejemplo, poseen vocación para buscar otra instancia,  otra sede.   

         1.3.  En el asunto que convoca la atención de la Sala, el Tribunal  Nacional   aumentó   la  pena  impuesta  em  1ª  instancia,  desacomodando  la  constitucionalidad  porque  ello  está  expresa  y genéricamente vetado por la  Carta.   

         1.4.  El  principio constitucional con rango de derecho fundamental  conocido   como  prohibición  de  la  reformatio  in  pejus  (artículo 31-2), no permite excepciones, como  se  desprende  de  su  simple  literalidad.  Y  si no las permite, porque ni las  expresa  ni  las  insinúa,  se revitaliza la máxima antiquísima : Ubi lex non  distinguit,  nec  nos  distinguere  debemus: cuando la ley no distingue, tampoco  debemos distinguir.   

         1.5.  En  esta,  y  muchas otras decisiones, la Sala mayoritaria da  preferencia  al  principio  de  legalidad  cuando  lo  parangona  con  el  de la  prohibición  de  la reformatio in pejus. El pensamiento del suscrito es que los  principios  constitucionales  no  se  encuentran jerarquizados ni se repelen por  opuestos    antagónicos.                  

         Al  contrario  de lo que se acaba de exponer al inicio del párrafo  anterior,  los principios se pueden complementar y robustecer, vgr., como ocurre  con  presunción  de  inocencia,  defensa, cosa juzgada, debido proceso concreto  etc.,  que  se  auxilian  y,  entre  todos  ellos,  y otros, conforman el amplio  principio conocido como debido proceso amplio.     

   

         Salvo  muy  contadas hipótesis, una característica general de los  principios  es que admiten excepciones. Así se dice de la cosa juzgada, del non  bis  in  idem,  de  la  defensa  letrada,  del proceso público, etc. Bien puede  afirmarse,  entonces,  que  una  excepción  a la legalidad como principio es la  prohibición  de  la  reformatio in pejus,  excepción  tan  alta que ha recibido la categoría de derecho y  principio  constitucional.   Esto  no  es  extraño  a nuestra normatividad  pues,   por   ejemplo,   el  principio  de  favorabilidad  -retroactividad,  ley  intermedia,  lex tertia- es una excepción al principio de legalidad en su forma  de ley preexistente.   

         2.  También  se  afirma que cuando la sentencia admite el grado de  consulta,  el ad-quem puede conocer limitadamente, no obstante la interposición  del  recurso  de  apelación  por  el procesado, como único impugnante. A ello,  dígase:   

        2.1.    El    artículo   31   de   la   Constitución   Política  dispone:   

         

        “Toda  sentencia judicial podrá ser apelada o consultada, salvo  las excepciones que consagre la ley”.   

        “El  superior  no  podrá  agravar  la  pena  impuesta cuando el  condenado sea apelante único”.   

        De aquí resulta:   

        a)  Por  la  “O”,  son  fenómenos diferentes y oponibles. Por  tanto,  si  se  apela,  no  procede  la consulta; y si se acude a la consulta es  porque no se apela.   

        b)   Cuando   el  inciso  2°.  Hace  la  afirmación  transcrita,  tajantemente,  está  diciendo  que  el  recurso  de  apelación  desplaza  toda  posibilidad  de  consulta.  Ese  es el mensaje lógico si se mira el origen y la  historia     del    principio    de    la    doble    instancia,    regido    por    el    interés  de quien se siente afectado y  no  por  el ánimo o “interés general”. Bastaría preguntarse, siendo           realistas,  a quien le interesa, salvo  -y  en  veces-  a los protagonistas del conflicto, que abstractamente, en nombre  suyo  y  de  todos  sus  semejantes, el estado-legislativo quiera la protección  general.  Si  ello  fuera  así,  si  prevaleciera  el interés general sobre el  particular,  como  dice  la  decisión  mayoritaria,  le  correspondería  a  la  Constitución  y a la Ley sencillamente abolir la apelación y disponer, en todo  caso, la consulta.   

        2.2.   Se  dice  que  la  “primacía  del  interés  general”,  sustento  de la consulta, es uno de los pilares del Estado Social y Democrático  de  Derecho.  Ello no es tan cierto si se repara el nacimiento de tal filosofía  y  si  se  tiene  en  cuenta  que,  conforme con su historia, el Estado Social y  Democrático  sigue  siendo “individualista”, en el sentido de que implica e  impone  un orden de preferencia: el hombre, la sociedad y el Estado. La fórmula  Estado  Social  y  Democrático  de Derecho no coloca al hombre en el 2°. ni el  3er.  sitio.  Lo  ubica  en  el  primero,  y  por  consiguiente,  el “interés  general”,  en  este  tema,  tiene que ceder ante el interés particular, sobre  todo  cuando  ese  “interés  particular”,  que engendra un recurso, ha sido  reconocido  como  de  rango constitucional, integrante del debido proceso y, por  supuesto,  con  categoría de derecho fundamental. No es pensable, entonces, que  un  derecho  con tales características, sea inferior a un “grado” en pro de  un  interés general, abstracto, es decir, en aras de un supuesto derecho que es  “común” y que aparta, separa al hombre.   

        2.3.  Se  afirma  en  la decisión mayoritaria: “Se trata de dos  institutos  distintos  que no deben combinarse para crear un tercer mecanismo de  revisión  de la legalidad de las sentencias, por fuera de la Constitución y la  Ley.  Tampoco  la  alzada  se  estableció  para  que  las  partes impidieran la  aplicación  de  las  normas  que consagran la consulta, y ésta opera con o sin  apelación”.   

        Con  tales términos, la Corte, de un lado, parte de la mala fe de  las  personas,  y,  del otro, alude a un tercer mecanismo que no se percibe  en  parte  alguna.  Si  en  contra  de  la Constitución se parte de la mala fe,  sería  suficiente  afirmar  que  los demás protagonistas del proceso, también  con  mala  fe,  deberían  evitar  el juego  del proceso e interponer, para  evitar  la  burla  de áquel, el recurso de apelación o el de casación, con lo  cual de daría vía libre al juzgador.   

        En  suma, la impugnación que lleva el proceso a la 2ª. Instancia  y  a  la  Corte,  fija una barrera infranqueable al poder del Poder Judicial: no  puede desmejorar la situación del hombre que impugna sólo.   

        Y  la  consecuencia  de  las  palabras  anteriores  es  obvia:  la  sentencia objeto de la casación ha debido ser casada.   

                   

                                     De    los    señores  Magistrados   

                                                Seguro Servidor   

         

                                   Alvaro   Orlando   Pérez  Pinzón   

         

                                                                             Magistrado                            

    

1 CORTE  SUPREMA   DE   JUSTICIA,   prov.   21  oct./98,  M.P.Dr.  FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL.     

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