12350 (14-05-97)

1997

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    DEMANDA DE CASACION/ ERROR DE HECHO/ ERROR DE  DERECHO/ NULIDAD   

Sobre un mismo elemento de juicio y dentro del  mismo  cargo  no es posible predicar errores de hecho y de derecho, en la medida  en  que  si  se acude al primero se está aceptando la legalidad de la aducción  de  la  prueba  y su validez jurídica, pudiéndose alegar exclusivamente falsos  juicios  de  existencia  y  de  identidad.  En  cambio,  si se trata de error de  derecho  por  falso  juicio  de  legalidad,  se está afirmando que el yerro del  sentenciador  consistió  en valorar un medio de prueba practicado o incorporado  al  proceso  ilegalmente,  esto  es,  con  desconocimiento  de  las  normas  que  condicionan  su  validez, y que, por lo mismo, carece de existencia jurídica; y  si  de  un  error  de derecho por falso juicio de convicción se está aceptando  que  la  prueba  existe  y es jurídicamente válida, pero que se vulneraron las  normas que tarifan su fuerza persuasiva.   

En  cuanto  a la petición de nulidad, un vez  más  debe  decirse  que en tratándose de esta causal, también está sujeta al  rigorismo  de la técnica casacional  prevista en la ley y desarrollada por  la  jurisprudencia, ya que el recurso extraordinario no es una tercera instancia  que  permita  un  nuevo examen de la actuación procesal, como ahora lo pretende  el actor.   

Es  verdad  que  la Corte puede oficiosamente  declarar  la  nulidad, siempre y cuando la demanda reúna los requisitos legales  y  del  estudio de la actuación advierta la existencia de una irregularidad que  de   modo  ostensible  lesione  las  garantías  de  los  sujetos  procesales  o  desconozca    las    bases    fundamentales    de    la    instrucción   o   el  juzgamiento.   

RAD. 12350  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                                  Magistrado Ponente   

                                                                  Dr. JORGE E. CORDOBA POVEDA   

                                                                  Aprobado acta N° 50   

Santafé  de  Bogotá, D.C., catorce (14) de  mayo de mil novecientos noventa y siete (1997).   

          V I S T O S   

Resuelve la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre  del  procesado  ABDONIAS CARRILLO RAMIREZ.   

         A N T E C E D E N T E S   

1.-   El  juzgado  de primera instancia  sintetizó los hechos así:   

         “Dan  cuenta  los  autos, que en la mañana del 16 de mayo de 1995,  en  el  sitio  denominado  ‘Santo Domingo’ entre el cruce de los ‘Guayabos’ y la  ‘Vuelta  del Diablo’ en el corregimiento de Veracruz – Alvarado por la carretera  que  conduce  hacia el municipio de Anzoátegui, Tolima, fueron atracados varios  vehículos  y  todos  sus ocupantes por individuos armados y cubiertos el rostro  con  trapos,  quienes  los  despojaron  de dinero, joyas, objetos de gran valor,  para  luego  huír  en  una  camioneta   Mazda   de   color   amarillo  y  placas  JV-7799,  hasta  cuando fueron interceptados más abajo por  agentes  de la Policía que avisados oportunamente acudieron en su persecución,  habiendo  logrado capturar -luego de un cruce de disparos con los asaltantes- al  conductor  de  dicha camioneta CARLOS NESTOR ROCHA BARRIOS y a ABDONIAS CARRILLO  RAMIREZ,   escapando   otros   tres   individuos   con   la   mayor   parte  del  botín”.   

2.-  El Juzgado Once Penal del Circuito  de  Ibagué, mediante sentencia del 15 de febrero de 1996, condenó al procesado  Abdonías  Carrillo Ramírez a la pena principal de 81 meses de prisión y a las  accesorias  de rigor, como coautor de los delitos de hurto calificado y agravado  y porte ilegal de armas de fuego de defensa personal.   

Inconforme  con  la  anterior  decisión, el  defensor  del  acusado  interpuso  el  recurso  de  apelación,  el  cual al ser  desatado  por  el Tribunal Superior del Distrito Judicial de la misma ciudad, el  16  de  mayo  de  1996,  la  confirmó  integralmente,  fallo  contra el cual se  interpuso  el  recurso  extraordinario de casación y dentro del término de ley  se presentó la respectiva demanda.   

         LA  DEMANDA  DE  CASACION   

Al  amparo de la causal primera de casación  el   libelista   presenta  dos  cargos  contra  la  sentencia  del  Tribunal,  a  saber:   

Con  fundamento  en  el  cuerpo  segundo del  artículo  220  del  Código  de  Procedimiento  Penal, acusa al sentenciador de  haber  vulnerado  indirectamente la ley sustancial, por error de hecho, generado  en la “tergiversación de la prueba”.   

Considera  el  censor  que  la diligencia de  reconocimiento  en  fila  de  personas  debió  practicarse  con  arreglo  a las  exigencias  que  la ley contempla para su realización, lo que no cumplió en su  momento  el  funcionario  judicial,  toda  vez  que  teniendo  en cuenta que los  asaltantes  cometieron  el  hecho  con  sus  rostros  cubiertos,  el  mencionado  reconocimiento   se  debió  adelantar  “cubriendo  su  rostro  con  pañuelo  o  bayetilla”.   

A  renglón seguido transcribe apartes de la  declaración   del  denunciante,  para  luego  concluir  que  resulta  imposible  reconocer a una persona que lleva el rostro cubierto.   

Reconoce  que  en  sede  de  casación  la  sentencia  viene  precedida de la doble presunción de acierto y legalidad, para  insistir,  esta  vez,  que  el  juzgador  incurrió  en un error por apreciar un  reconocimiento que fue ilegalmente incorporado al expediente.   

Finalmente, luego de analizar varios aspectos  del  fallo  frente  a  la  prueba  existente  en  el  proceso,  sostiene  que el  sentenciador  “tuvo  un  falso  juicio  de convicción, para señalar una debida  aplicación de art. 349 del C.P. y Dec. 2266 de 1991…”.   

En  un  segundo cargo, el libelista acusa al  sentenciador  de  haber  violado directamente la ley sustancial “porque se le ha  dado  un  falso  juicio para señalar una debida aplicación del art. 247 del C.  de P.P.”.   

Sostiene  que  en  el  proceso  no  se  ha  demostrado  que  los delitos imputados los haya cometido el acusado. “En ningún  momento  -agrega-  se  puede  señalar  que  exista la certeza del hecho punible  señalado  en  la  resolución acusatoria, y menos aún de la responsabilidad de  mi procurado…”.   

Como  conclusiones,  solicita  se  case  la  sentencia  así:  respecto  al  cargo primero, que se absuelva al procesado; con  relación  al  segundo, que se profiera el fallo correspondiente; y, finalmente,  se declaren las nulidades que se hayan generado.   

         ALEGATO  DEL  NO  RECURRENTE   

La  Procuradora  101  Judicial  en lo Penal,  luego  de  hacer  un  juicioso  análisis  respecto  del  contenido  del  libelo  presentado   por  el  defensor  del  procesado  y  de  resaltar  algunos  yerros  técnicos, solicita a la Corte no casar la sentencia impugnada.   

         CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

Surge  evidente  que la demanda de casación  que  a  nombre  del procesado Abdonías Carrillo Ramírez presentó su defensor,  no  reúne  los  requisitos  formales  de  claridad  y  precisión  que exige el  artículo 225 del Código de Procedimiento Penal.   

En  efecto,  en  lo  que  corresponde  a  la  formulación  jurídica del primer reparo, se observa que no obstante enmarcarse  dentro  de  los  parámetros de la violación indirecta de la ley sustancial por  error   en   la  apreciación  de  la  prueba,  en  especial  la  diligencia  de  reconocimiento,  su  labor  demostrativa  la  hizo  consistir  en  tres aspectos  distintos   a   la   hipótesis   escogida,   violándose  el  principio  de  no  contradicción.   

Es así como inicialmente plantea un error de  hecho  por falso juicio de identidad en la apreciación de la citada diligencia,  para  a  renglón  a  seguido  acusar  que  el  mismo  elemento  de  juicio  fue  incorporado  a  la  actuación  sin  el  lleno  de  los  requisitos  legales  y,  finalmente,  sostener, sobre la misma probanza, que el sentenciador incurrió en  un  falso juicio de convicción, raciocinios éstos que además de reñir contra  la  lógica  conllevan,  sin duda,  una indebida mezcla de motivos y falsos  juicios.   

Olvida el censor que sobre un mismo elemento  de  juicio y dentro del mismo cargo no es posible predicar errores de hecho y de  derecho,  en  la  medida  en  que  si  se acude al primero se está aceptando la  legalidad  de  la  aducción  de  la  prueba y su validez jurídica, pudiéndose  alegar  exclusivamente  falsos  juicios de existencia y de identidad. En cambio,  si  se  trata  de  error  de  derecho  por  falso  juicio de legalidad, se está  afirmando  que  el  yerro  del  sentenciador  consistió  en valorar un medio de  prueba   practicado   o   incorporado  al  proceso  ilegalmente,  esto  es,  con  desconocimiento  de  las normas que condicionan su validez, y que, por lo mismo,  carece  de existencia jurídica; y si de un error de derecho por falso juicio de  convicción  se  está  aceptando  que  la  prueba  existe  y  es jurídicamente  válida,  pero  que  se  vulneraron las normas que tarifan su fuerza persuasiva.   

Sin respetar los mencionados lineamientos y  con  ausencia  de toda lógica, ha pretendido el censor cuestionar la existencia  jurídica  del reconocimiento en fila de personas y al mismo tiempo sostener que  dicha  prueba  fue  tergiversada,  para  concluir  que el juzgador le otorgó un  valor  distinto  al  que,  en  su  personal  criterio,  contempla la ley, lo que  ciertamente   exterioriza   su  desconocimiento  de  la  técnica  que  rige  al  extraordinario recurso de casación.   

De otra parte, se impone recordar que cuando  se  trata  de  error  de  hecho  originado  en  falso  juicio  de  identidad, el  demandante  tiene  la  obligación  de  enseñarle a la Corte que el fallador le  dió  a  la  prueba  un  alcance  material equivocado, desfigurando su contenido  objetivo,  para  luego resaltar la trascendencia del yerro frente a la decisión  impugnada.   

Ahora  bien, respecto de la segunda censura  la  falta de técnica se hace aún más notoria, en razón a que cuando se acusa  al  sentenciador  de  haber  violado  directamente  la  ley  sustancial, resulta  imperioso  aceptar  los  hechos  y  las  pruebas  tal  como  fueron apreciados y  asumidos  por  los  juzgadores  de instancia, toda vez que la impugnación recae  sólo sobre la selección y aplicación de la norma sustancial.   

Como  puede  observarse,  tampoco  fueron  respetados  estos  parámetros,  ya  que  no  sólo  el  actor omite precisar el  sentido  de  la  violación,  sino  que también se opone a la valoración de la  prueba  que  en  su  oportunidad hizo el juzgador, presentación ésta del cargo  que de por sí conlleva necesariamente al rechazo de la demanda.   

En cuanto a la petición de nulidad, un vez  más  debe  decirse  que en tratándose de esta causal, también está sujeta al  rigorismo  de la técnica casacional  prevista en la ley y desarrollada por  la  jurisprudencia, ya que el recurso extraordinario no es una tercera instancia  que  permita  un  nuevo examen de la actuación procesal, como ahora lo pretende  el actor.   

Es  verdad que la Corte puede oficiosamente  declarar  la  nulidad, siempre y cuando la demanda reúna los requisitos legales  y  del  estudio de la actuación advierta la existencia de una irregularidad que  de   modo  ostensible  lesione  las  garantías  de  los  sujetos  procesales  o  desconozca    las    bases    fundamentales    de    la    instrucción   o   el  juzgamiento.   

Frente a los anotados yerros de la demanda y  dado  que a la Corte no le es permitido, en virtud del principio de limitación,  entrar  a  suplir  sus  inconsistencias,  se  impone su rechazo, de acuerdo a lo  dispuesto en el artículo 226 del Código de Procedimiento Penal.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

        R E S U E L V E   

RECHAZAR  IN LIMINE la demanda de casación  presentada  a  nombre  del procesado ABDONIAS CARRILLO RAMIREZ. En consecuencia,  se declara desierto el recurso interpuesto.   

Contra esta decisión no cabe recurso alguno  (artículo 197 del Código de Procedimiento Penal).   

Devuélvase     al     Tribunal    de  origen.   

Comuníquese y cúmplase.  

CARLOS  AUGUSTO  GALVEZ ARGOTE            FERNANDO  E.    ARBOLEDA    RIPOLL                  

RICARDO    CALVETE   RANGEL                                        JORGE    E.    CORDOBA    POVEDA                        

JORGE  ANIBAL  GOMEZ  GALLEGO                             CARLOS    E.    MEJIA  ESCOBAR   

DIDIMO    PAEZ    VELANDIA                                        NILSON PINILLA PINILLA   

         NO FIRMO   

JUAN  MANUEL  TORRES  FRESNEDA                              PATRICIA     SALAZAR  CUELLAR   

                                                                                                    Secretaria   

     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *