10052 (07-10-97)

1997

Asistente Jurídico Inteligente

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    REAPERTURA DE LA INVESTIGACION/ REFORMATIO IN  PEJUS   

4  1.- El artículo  473  del Decreto 050 de 1987, modificado por el artículo 25 del Decreto 1861 de  1989,  disponía  que  vencido el término de reapertura, deberá ser cerrada la  investigación  y  fenecido  el  traslado  a  las partes, el juez “decretará la  cesación  del  procedimiento si no hubiere mérito para formular resolución de  acusación”.  Es  decir,  no  bastaba  el  simple  transcurso  del  tiempo ni la  invariabilidad  probatoria  para que operara la cesación del proceso porque era  indispensable  una  nueva  valoración  de  la prueba y que no existiera mérito  para  acusar.  Imposible  determinar  la  ausencia  de fundamentos para proferir  resolución  de acusación sin analizar la prueba obrante en el sumario, así no  se hubiera recaudado ninguna durante la reapertura.   

2.-  La  no  prohibición  de la reformatio  in pejus, sufrió modificación  sustancial  con la promulgación de la Constitución Nacional de 1991 (artículo  31)  en  cuanto  no  permite  la  agravación  punitiva  cuando el condenado sea  apelante  único  y  el artículo 34 de la ley 81 de 1993, modificatorio del 217  del  Código  de Procedimiento Penal vigente, que otorga competencia al superior  para       revisar       en       vía      de      apelación      únicamente   los   aspectos  impugnados,  reforma  inspirada  en  el  principio según el cual quien apela a una instancia  superior  tiene  por  finalidad  la  de mejorar su situación jurídica, más no  empeorarla.   

PROCESO No. 10052  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                    Magistrado Ponente   

                                        MARIO  MANTILLA NOUGUES   

                                                    Aprobado Acta No.120   

Santafé  de Bogotá D.C., octubre siete (7)  de mil novecientos noventa y siete (1997).   

          V I S T O S:   

Superadas múltiples incidencias propiciadas  por  el  procesado  NARCISO  SALUSTIO  IBARRA FERNANDEZ y su defensor, decide la  Corte  el  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto por el primero de  ellos,  contra  la  sentencia  del  Tribunal Superior de Pasto de 15 de julio de  1994,  que  lo  condenó por los delitos de peculado por apropiación y falsedad  de documentos, en concurso.   

          HECHOS   

Por  los  meses  de enero y febrero de 1986,  siendo  Secretario  de  la Caja de Crédito Agrario Industrial y Minero, agencia  de  Sibundoy  (Putumayo),  el  individuo  NARCISO  SALUSTIO IBARRA FERNANDEZ, se  hicieron  tres giros telegráficos con destino a la Sucursal de la misma entidad  en  Samaniego  (Nariño),  los cuales fueron abonados a las cuentas corrientes y  de  ahorros  que  el  nombrado  NARCISO SALUSTIO había abierto en ésta última  población;  estableciéndose que los giros fueron elaborados apócrifamente por  él,  apropiándose  ilícitamente  de esa manera de la suma de cuarenta y siete  millones de pesos ($47.000.000.oo).   

          TRAMITE PROCESAL   

La investigación fue iniciada por el Juzgado  Promiscuo  Municipal  de  Sibundoy,  a  ella se vinculó mediante indagatoria al  nombrado  IBARRA FERNANDEZ, y a los directores encargado y titular de la oficina  de  la  Caja  Agraria en Samaniego JAIME ERNESTO MERA BACCA Y HORACIO ARQUIMEDES  MELO  MONDROÑERO,  como  también  al  padre  y  hermanos del primero de ellos,  cerrada  la instrucción fue calificada el 19 de abril de 1989 por el Juzgado 24  de  Instrucción  Criminal  de  Mocoa con reapertura de la investigación por el  término  de  sesenta días, de acuerdo al artículo 473 del Decreto 050 de 1987  entonces vigente.   

Meses  después,  el  22 de junio de 1990 el  mismo  Juzgado  calificó por segunda vez el mérito del sumario con resolución  de  acusación en contra de NARCISO SALUSTIO IBARRA FERNANDEZ por los delitos de  falsedad  en  documento  público  en  concurso con estafa; contra JAIME ERNESTO  MERA  BACCA  Y HORACIO ARQUIMEDES MELO MONDROÑERO por peculado culposo y contra  SEGUNDO  JUAN  IBARRA  ROSERO,  MARIANITA  DE  JESUS  Y  LEOVAR  ULPIANO  IBARRA  FERNANDEZ  como cómplices del delito de estafa; enjuiciamiento reformado por el  Tribunal  Superior  de  Pasto mediante el suyo de 5 de  abril  de  1991 (fs. 1126 y ss. del expediente) en el  sentido  de  acusar  a  NARCISO  SALUSTIO  IBARRA  FERNANDEZ  por los delitos de  peculado   por  apropiación  y  falsedad  ideológica  en  documento  público,  realizados  en  concurso; revocó la resolución de acusación que pesaba contra  el  padre  y  hermanos  de  aquél,  confirmándo  la  decisión  en  los demás  puntos.   

Celebrada  audiencia pública, correspondió  al  Juzgado  Segundo  Promiscuo  del Circuito de Mocoa (Putumayo) poner fin a la  instancia  condenando a NARCISO SALUSTIO IBARRA FERNANDEZ a la pena principal de  14  años  de  prisión  y  multa  de  seiscientos  mil  pesos, interdicción de  derechos  y funciones públicas por un lapso de diez años y al pago en concreto  de  los perjuicios causados en favor de la Caja de Crédito Agrario Industrial y  Minero.  Condenó  además  a JAIME ERNESTO MERA BACCA Y HORACIO ARQUIMEDES MELO  MONDROÑERO  a  la  pena principal de un año y seis meses de arresto y multa de  veinte  y  diez  mil  pesos  respectivamente,  otorgándoles  el subrogado de la  condena  de  ejecución  condicional. Apelado el fallo por IBARRA FERNANDEZ y su  defensor  fue  reformado  por  el  Tribunal  Superior de Pasto, decisión que es  objeto  del  recurso de casación. Rebajó el Tribunal la pena a 7 años 6 meses  de  prisión  para IBARRA FERNANDEZ por los delitos de peculado por apropiación  y  falsedad  en documentos privados, y rebajó a 8 meses, 10 días de arresto la  correspondiente  a  JAIME  ERNESTO  MERA BACCA, confirmándo la sentencia en los  demás puntos.   

         DEMANDA DE CASACION   

Con  fundamento  en  la  causal  tercera  de  casación  se  formulan  dos  cargos  a  la  sentencia  impugnada,  el  uno como  principal y el otro como subsidiario, a saber:   

                         Cargo  Principal:-   

Nulidad  de  la actuación por la comprobada  existencia  de  una  irregularidad sustancial violatoria del debido proceso y el  derecho  a  la  defensa,  consistente  en  haberse calificado por segunda vez el  mérito  del  sumario  con  resolución  de  acusación  en contra del procesado  NARCISO  SALUSTIO IBARRA FERNANDEZ, después de transcurridos doscientos setenta  días  contados  a  partir  de  la  providencia  que ordenó la reapertura de la  investigación  por  el  improrrogable  término  de  sesenta días, conforme al  artículo  473  del decreto 050 de 1987 entonces vigente, sin haberse practicado  ninguna  de  las  pruebas  decretadas,  cuando  lo  indicado  hubiese sido cesar  procedimiento  en  su  favor, de acuerdo al criterio dominante de la Corte sobre  el  particular,  consignado  en  algunas  decisiones  cuyos  principales apartes  reproduce el impugnante.   

Luego expresa:  

         “En  el  caso  la  reapertura  se  produjo  el  19 de abril de 1989  (f.665),  y  en  el  perentorio  término  de los sesenta días siguientes no se  produjo  ninguna  prueba  por  lo que era imperioso cesar procedimiento, una vez  cerrada  la  investigación  por  contener  esa  norma  Artículo  473 C.P.P. un  derecho  y  no se procedió de esa manera por lo que se menoscabó gravemente la  estructura  del  proceso  de  esa  época  y se perjudicó en forma tan grave el  derecho   de  defensa  que  de  no  ser  por  esa  arbitrariedad  de  cerrar  la  investigación  cuando  quiso  el Instructor Narciso Ibarra Fernández estuviera  (sic)  absuelto  y  de esa manera perjudicó y socabó la estructura del proceso  inaplicando  una  norma  sustancial por contener un derecho y afectando en forma  grave  al  procesado,  que  de  no  ser  por  esa  grave  falla  hoy no estaría  condenado”.   

Solicita  en consecuencia casar la sentencia  recurrida  y  declarar  la nulidad del proceso a partir del auto de 30 de agosto  de  1988  que  declaró  tardiamente  cerrada  la investigación, absolviendo al  procesado.   

                         Cargo  Subsidiario:-   

Nulidad  del  juicio  por  violación  del  principio  de  ejecutoria  de las providencias judiciales puesto que el Tribunal  Superior  al  desatar  el  recurso  de apelación interpuesto por los procesados  JAIME  MERA BACCA Y HORACIO MELO MONDROÑERO contra la resolución de acusación  proferida  por el Juzgado 24 de Instrucción Criminal de Mocoa el 22 de junio de  1990  por  peculado  culposo  “decidió  en  detrimento de la defensa de Narciso  Salustio  Ibarra  Fernández reformar la resolución de acusación para acusarlo  de  falsedad  documental y peculado y no de falsedad documental y estafa como lo  hizo  la  providencia  de  primera  instancia”;  pese  a  no ser sujeto procesal  apelante.   

Afirma  el  censor  que  el  Tribunal podía  revisar  integramente  la  situación  jurídica de los apelantes “PERO NO PODIA  REVISAR  LA  SITUACION  JURIDICA  DE  LOS  NO  APELANTES porque había adquirido  ejecutoria la providencia de primera instancia..”   

Y  agrega  que  dicho  proceder  vulneró  gravemente  la  estructura  del debido proceso y afectó el derecho a la defensa  de  IBARRA  FERNANDEZ  pues  de  haber  persistido  la acusación por falsedad y  estafa  no  hubiese  sido  condenado por peculado, siendo absuelto por la estafa  por  no  configurarse  dicho  delito;  irregularidad  que generó la nulidad del  proceso  la  que  debe  ser  declarada  a partir de la resolución de acusación  dictada por el Tribunal el 5 de abril de 1991.   

        RESPUESTA DEL MINISTERIO PUBLICO   

El señor Procurador Primero Delegado en lo  Penal,  se  opone  a  la pretensión anulatoria del censor porque ninguno de los  cargos formulados a la sentencia está llamado a prosperar.   

Respecto  al cargo principal de nulidad por  haberse  demorado  el  nuevo cierre de la investigación más allá del término  de   reapertura   y   no   haberse   evacuado  las  pruebas  decretadas  expresa  que:   

        “la  situación  presentada  en  éste  caso  no  deja  de ser una  irregularidad  que no es de tal entidad como para invalidar la actuación o para  que  se  afecte el debido proceso, más bien, el hecho de que se haya prolongado  el  término  previsto  para  la  práctica  de  pruebas  en  la  reapertura  de  investigación,  es  una  garantía mayor para el procesado que no redunda en el  derecho  de  defensa  en  el  evento  de  que  con  tales  probanzas  se hubiere  demostrado  su  inocencia,  pero  como  ocurrió  todo  lo contrario, de ahí se  desprende la inconformidad del actor..”   

Aludió  antes  a  la  importancia  de  las  pruebas  decretadas durante la reapertura de la investigación, la dificultad de  su recaudo y la intrascendencia de la irregularidad denunciada.   

En  cuanto  al cargo subsidiario de nulidad  por  violación  del  principio  de  ejecutoria  de  las resoluciones judiciales  manifestó  que  “no comparte los planteamientos del demandante en el sentido de  que  para  los  no apelantes ya se encontraba en firme el primer proveído, pues  desde  el mismo instante en que uno solo de los procesados impugne la decisión,  ésta  providencia que es una sola para todos, conserva su unidad jurídica, que  no  se  rompe  ni desconoce por el hecho de que uno de ellos no haya interpuesto  los recursos que le otorga la ley y otros si,..”   

Agrega que el artículo 538 del ordenamiento  procesal  penal  vigente  para la época de proferirse la providencia de segunda  instancia,  atribuía  competencia  al  juez o tribunal ad-quem para decidir sin  ninguna  limitación  sobre  la providencia impugnada; es decir, que no existía  limitación  para  la  reformatio  in  pejus,  enfatizando  que  el  término de  ejecutoria  de autos y sentencias es común para todos los sujetos procesales no  existiendo ejecutorias parciales o sectorizadas.   

        CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

                      Cargo  Principal   

Asiste razón al señor Procurador Delegado  que descarta la   

nulidad  del proceso por haberse calificado  por  segunda  vez el mérito del sumario con resolución de acusación en contra  del  procesado  recurrente  NARCISO  SALUSTIO IBARRA FERNANDEZ, excediéndose el  término  de  reapertura  de  la investigación y dejado de recaudar las pruebas  decretadas,   pues  dicha  irregularidad  procesal  carece  de  la  connotación  requerida  para invalidar la actuación por desconocimiento del debido proceso o  afectación del derecho a la defensa.   

Efectivamente,  la  considerable  mora  en  clausurarse  por segunda vez el ciclo instructivo para calificarse en definitiva  el  mérito  del  sumario,  como lo preveía el artículo 473 del decreto 050 de  1987,  en cierto modo tolerada por los sujetos procesales intervinientes, podía  considerarse   en   determinadas   circunstancias   como   falta   de  carácter  disciplinario  contra  el  funcionario  moroso,  pero  en  ningún  caso generar  nulidad de la actuación.   

El  debido  proceso no resultó vulnerado o  sufrió   menoscabo   porque   en   su   tramitación  se  produjo  una  segunda  calificación  del  sumario,  que era la formalidad contemplada para estos casos  por   el   artículo   473  ya  mencionado.  Cosa  diferente  es  que  la  nueva  calificación  no  sea  ahora  del agrado del defensor del procesado recurrente,  quien  en la debida oportunidad procesal la consintió, al no haberla protestado  a través de los medios de impugnación consagrados en la ley.   

La  cesación  de  procedimiento por dudas,  consagrada  en  el  inciso segundo del artículo 473, duramente criticada por su  nocividad  e  inconveniencia,  solo  resultaba  viable  cuando  al momento de la  segunda  calificación no existiera mérito probatorio para formular resolución  de  acusación, pues existiendo éste, se imponía la formulación de cargos sin  que  el  acusado  pudiese alegar la aplicación de dicha medida desconociendo la  realidad  probatoria  pues  en  tal caso la calificación se haría contrariando  esa realidad procesal.   

En el hipotético evento de retrotraerse el  proceso  a  partir  del  segundo  cierre  de  la investigación, como propone el  demandante,  no  podría  cesarse  procedimiento  en  favor  de  su asistido por  existir  prueba  concluyente  que  lo  compromete  como  el  autor de los hechos  investigados,  tal  como puntualizó el funcionario instructor en la providencia  calificatoria no protestada por la defensa.   

Ya  la  Corte  ha  tenido  oportunidad  de  referirse  en  varias  ocasiones a situaciones como la planteada. En providencia  del 28 de junio de 1995 dijo:   

        “No  siendo  el  derecho una ciencia exacta como las matemáticas,  se  pueden  exponer  interpretaciones varias sobre las normas aplicables o sobre  los  medios de convicción y que cuando se presentan cambios de los funcionarios  en  un determinado despacho, como es apenas obvio quien llega al mismo, no queda  comprometido  con los criterios sostenidos por su antecesor; e incluso aunque se  tratara   del   mismo   funcionario   que  realiza  las  dos  calificaciones  es  perfectamente   posible   que   en   la   segunda  ocasión  advierte  hechos  y  circunstancias  no  vislumbradas  en  la  primera  oportunidad  que  lo llevan a  cambiar  el  criterio expresado en el calificatorio inicial, sin que por ello se  pueda  afirmar  como  se hace por el censor que se vulnera el debido proceso. Lo  contrario  sería  concluir  que  si  se  incurrió  y  un  yerro  en la primera  decisión,  el  funcionario estaba en la obligación de persistir en él, lo que  evidentemente   no   es  razonable  ni  lógico”  (M.P.  doctor  EDGAR  SAAVEDRA  ROJAS).   

El  artículo  473 del Decreto 050 de 1987,  modificado  por  el artículo 25 del Decreto 1861 de 1989, disponía que vencido  el  término  de reapertura, deberá ser cerrada la investigación y fenecido el  traslado  a las partes, el juez “decretará la cesación del procedimiento si no  hubiere  mérito  para formular resolución de acusación”. Es decir, no bastaba  el  simple  transcurso  del  tiempo  ni  la  invariabilidad  probatoria para que  operera  la cesación del proceso porque era indispensable una nueva valoración  de  la  prueba  y  que no existiera mérito para acusar. Imposible determinar la  ausencia  de fundamentos para proferir resolución de acusación sin analizar la  prueba  obrante  en  el sumario, así no se hubiera recaudado ninguna durante la  reapertura.   

Precisamente  eso  fue  lo  que  hizo  el  instructor,  valorar  la  prueba  como  lo ordenaba la norma. Valoración que lo  llevó  a concluir la presencia de elementos probatorios para dictar resolución  acusatoria.  Simplemente  dio  aplicación  a  la  ley y la inconformidad con la  forma  como  fue  calificada  por segunda vez la conducta endilgada al procesado  IBARRA     FERNANDEZ     no     es     error    in  procedendo  que  pueda  afectar  la  validez  de  la  actuación.   

De  lo  dicho  se  colige  que  el cargo de  nulidad  enrostrado  al  sentenciador es infundado pues no se advierte que en la  hipótesis  planteada  por  el  impugnante hubiese sufrido mengua o quebranto el  debido  proceso  adelantado  con estricta sujeción al procedimiento previsto en  el  decreto  050  de  1987,  ni  mucho  menos  que  el  derecho a la defensa del  procesado   hubiese sido conculcado, ya que por el contrario, éste gozó a  plenitud de todas las prerrogativas inherentes a dicha garantía.   

No prospera el cargo formulado.  

                      Cargo  Subsidiario   

El  5  de abril de 1991, fecha en la que el  Tribunal  Superior  de Pasto reformó la resolución de acusación proferida por  el  Juzgado  24  de  Instrucción  Criminal  de Mocoa, acusó a NARCISO SALUSTIO  IBARRA  FERNANDEZ  por  los  delitos  de  peculado  por  apropiación y falsedad  documental  en  concurso,  regía  el  artículo 538 del decreto 050 de 1987 que  decía:   

        “Competencia  del superior:  –  El  recurso  de  apelación  otorga  competencia  al  Juez o  Tribunal  de  segunda  instancia  para  decidir sin limitación alguna, sobre la  providencia impugnada”.   

Quiere ello significar que la modificación  del  pliego  de cargos formulados al procesado IBARRA FERNANDEZ se consolidó en  vigencia  de  la  norma citada que otorgaba competencia al superior para decidir  sin  limitación  alguna la apelación, por lo que el reproche a la sentencia es  totalmente injusto.   

La  no  prohibición  de  la  reformatio    in    pejus,   sufrió  modificación  sustancial  con  la promulgación de la Constitución Nacional de  1991  (artículo  31)  en  cuanto  no  permite la agravación punitiva cuando el  condenado  sea  apelante  único  y  el  artículo  34  de  la  ley  81 de 1993,  modificatorio  del  217  del  Código de Procedimiento Penal vigente, que otorga  competencia  al  superior  para  revisar  en  vía  de  apelación  únicamente  los  aspectos impugnados,  reforma  inspirada  en  el  principio según el cual quien apela a una instancia  superior  tiene  por  finalidad  la  de mejorar su situación jurídica, más no  empeorarla.   

Tampoco prospera la impugnación.  

        DECISION   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de  Justicia en Sala de Casación Penal, de acuerdo con el Procurador Delegado y  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la  ley,   

        RESUELVE   

NO  CASAR  la  sentencia condenatoria objeto de impugnación.   

Cópiese  y  devuélvase  a  la  oficina de  origen. Cúmplase.   

        CARLOS AUGUSTO GALVEZ ARGOTE   

                                                              NO FIRMO   

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                  RICARDO  CALVETE     RANGEL                              

                                                                                   NO FIRMO   

JORGE   E.   CORDOBA   POVEDA                                        JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO   

CARLOS  E. MEJIA ESCOBAR                       DIDIMO PAEZ VELANDIA   

MARIO    MANTILLA   NOUGUES                           JUAN MANUEL  TORRES FRESNEDA   

        PATRICIA SALAZAR CUELLAR   

        Secretaria   

   

    

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