10799 (15-07-97)

1997

Asistente Jurídico Inteligente

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    DENUNCIA PENAL  

La  denuncia penal constituye uno de los más  preciados  instrumentos al alcance de los ciudadanos para llevar al conocimiento  de  la  respectiva  autoridad  judicial  la  comisión  de  las conductas que se  consideran  punibles. Sin embargo, no se encuentra abandonada al simple capricho  y  amaño  del  denunciante,  sino que el relato que se hace debe ser de hechos,  como  claramente  lo  establece  el  art. 27 del C. P. P, y no de suposiciones o  conjeturas  y,  menos,  de sutiles y tendenciosas inferencias, como ocurre en el  caso  presente,  donde  se deja de lado el campo de la objetividad para penetrar  en  el  de  la  subjetividad  conclusiva,  motivo  por  el  cual  debe  de plano  desestimarse,  pues  de  ninguna  manera  se  compadece un tal pretendido con el  loable  querer  del legislador, cuando aspira a que el aparato jurisdiccional se  ponga  en movimiento bajo supuestos de objetividad,  seriedad, coherencia y  suficiente cordura.   

Proceso  No.  10799            

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

          Magistrado Ponente:   

          Dr. JORGE E. CORDOBA POVEDA   

          Aprobado Acta Nº 81   

Santafé  de Bogotá D.C.,  quince   (15) de julio de mil novecientos noventa y siete (1997).   

          VISTOS   

Decide la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia  si  abre o no investigación, por razón de las denuncias  presentadas  por  los  señores  Guillermo  Alemán  y  Jaime  Pedraza contra el  Senador  HECTOR  HELI  ROJAS  JIMENEZ  y  los  integrantes  de  la  Comisión de  Investigación  y  Acusación  de  la  Cámara  de Representantes en el período  comprendido del 16 de marzo al 20 de junio de 1.995.   

          ANTECEDENTES   

1.-   Mediante  sendos  escritos,  que  estudiados  permiten llegar a la conclusión que se trata de unos mismos hechos,  los  mencionados  señores  presentaron  denuncia  penal  contra  los  referidos  parlamentarios, sustentando su queja en los siguientes raciocinios:   

Como  primera  medida, estiman que el Senador  Héctor  Helí  Rojas Jiménez fue ponente, coordinador y directo partícipe del  proyecto  que  finalizaría  con la expedición de la ley 270 de 1.996, conocida  como  “Ley  Estatutaria  de  la Administración de Justicia”, a sabiendas de que  estaba  siendo  investigado penalmente por la Corte Suprema de Justicia, a raíz  de  la  denuncia  presentada  por  ellos  mismos por violación de los términos  señalados  en  los  artículos  331  y  siguientes  de  la  ley  5a.  de  1.992  (Reglamento  del  Congreso),  y  de  que  en el citado proyecto se ampliaban los  señalados  para  apertura  de  investigación  previa  y  ratificación  de las  denuncias,    incurriendo   en   ostensible   conflicto   de   intereses,   pues  posteriormente    podría    demandar    la   aplicación   del   principio   de  favorabilidad.   

Lo anterior lo califican como prevaricato por  acción,  al  actuar como ponente del proyecto, y como prevaricato por omisión,  al   no   declararse   impedido,   para   participar   en  tal  calidad  y  como  votante.   

En segundo lugar, se refieren los libelistas a  la  existencia  de  un  comportamiento  adecuable al delito de cohecho por dar u  ofrecer,  ya  que  con  la  expedición  de  la  mencionada  Ley  Estatutaria y,  especialmente,  con  la  promulgación  de los artículos 15 y 34, se pretendió  por  parte  del  congresista  “favorecer”  directamente  a  los  Magistrados del  Consejo  de  Estado  y  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  violando los  artículos  231 y 233 de la C.N., por cuanto en dicha normatividad se dispuso el  paso  de  la  “interinidad” en sus cargos a “propiedad”, por el término de ocho  (8)  años,  cuando  en  su  entender,   los magistrados de tales Cortes, a  partir  del  5  de  julio  de  1991,  deben  ser  nombrados  por  la  respectiva  Corporación    de   listas   enviadas   por   el   Consejo   Superior   de   la  Judicatura.   

Circunstancia  que  constituye la dádiva que  tipifica la conducta delictual en mención.   

En  tercer  lugar,  dicen  que  deben hacerse  extensivos  estos  argumentos  a  los  demás  integrantes  de  la  Comisión de  Investigación  y  Acusación  de  la  Cámara  de Representantes y a quienes lo  hayan  sido,  pues  para  ellos resulta evidente que fueron “favorecidos” con el  proyecto  de  ley  que  igualmente  votaron, ya que “… intentaban SUBSANAR LAS  VIOLACIONES  COMETIDAS  y además SUBSANAR las pendientes por cometer …”, pues  con  la  nueva  ley estatutaria se exonerarían de la violación de términos en  los  procesos  que  adelantan, incluyendo algunos contra Magistrados de la Corte  Suprema de Justicia.   

A  lo anterior agrega el denunciante Alemán,  que   se   cometió  un  abuso  de  autoridad,  al  tratar  de  convertirse  los  parlamentarios en  “nominadores” de tan altos cargos.   

Por su parte, el abogado Jaime Rafael Pedraza  adiciona  que se incurrió en “fraude procesal”, al “conseguir resolución  o  sentencia  favorable  por  medio  de maniobras engañosas, y en ello podrían  resultar  implicados  los  favorecidos, que son, 5 de los magistrados de la Sala  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, y unos 20 magistrados del Consejo de  Estado  …  que  se eternizaron en sus cargos, y que le dieron la absolución a  la investidura de Congresista a Héctor Helí Rojas”.   

          LA CORTE CONSIDERA   

Es  claro que la Corte tiene competencia para  pronunciarse  sobre  este  asunto,  como  quiera  que  el  imputado  ostenta  la  Investidura  de  Congresista,  al  tenor  de los dispuesto en el numeral 3o. del  artículo 235 de la Constitución Política.   

Así las cosas, igualmente claro se encuentra  que  la  denuncia  penal  constituye  uno  de los más preciados instrumentos al  alcance  de  los  ciudadanos  para  llevar  al  conocimiento  de  la  respectiva  autoridad  judicial  la  comisión  de las conductas que se consideran punibles.  Sin  embargo,  no  se  encuentra  abandonada  al  simple  capricho  y amaño del  denunciante,  sino que el relato que se hace debe ser de hechos, como claramente  lo  establece  el  art.  27  del  C.  P. P, y no de suposiciones o conjeturas y,  menos,  de  sutiles y tendenciosas inferencias, como ocurre en el caso presente,  donde  se  deja  de  lado  el  campo de la objetividad para penetrar en el de la  subjetividad  conclusiva, motivo por el cual debe de plano desestimarse, pues de  ninguna  manera  se  compadece  un  tal  pretendido  con  el  loable  querer del  legislador,   cuando  aspira  a  que  el  aparato  jurisdiccional  se  ponga  en  movimiento   bajo   supuestos   de  objetividad,   seriedad,  coherencia  y  suficiente cordura.   

A  los  anteriores  motivos  hay  que agregar  otros,  que  por razones metodológicas serán tratados en el mismo orden en que  los denunciantes presentan su libelo, así :   

No puede afirmarse, apriorísticamente, que un  parlamentario,  insularmente  considerado,  así sea ponente, pueda convertir la  actividad  legislativa  en instrumento para delinquir, pues el dominio que pueda  tener  del  proyecto  de  ley  es  supremamente relativo, con mayor  razón  cuando  se  trata  de  la expedición de una ley estatutaria que, de conformidad  con  el artículo 152 de la Carta Política, no solamente posee una tramitación  especial,  sino que, además, requiere de un estudio previo de exequibilidad por  parte de la Corte Constitucional.   

En  lo  que respecta al delito de prevaricato  por  acción,  que los denunciantes  consideran se cometió  al actuar  el  doctor  Rojas  como  ponente   del  mentado  estatuto,  en  el  que  se  encontraban  los  artículos cuestionados, a saber,  15 y 34 (referentes al  período  de  los  magistrados  de la Corte Suprema de Justicia y del Consejo de  Estado)  y   181  y 182 (sobre términos para ratificar la denuncia  y  adelantar  la  investigación  previa en los procesos seguidos ante la Comisión  de  Instrucción  de la Cámara de Representantes ), basta leer el artículo 149  del  Código  Penal  ,  para  percatarse , sin mayor  esfuerzo, que ninguna  infracción  a  la  ley  penal  se configura, pues  el prevaricato  se  tipifica   cuando   el   servidor   público  profiere  resolución  o  dictamen  manifiestamente  contrarios  a la ley , y aquí  no se imputa al denunciado  haber  emitido  tal clase de decisiones, sino haber sido ponente y votante de un  proyecto  de  ley,  en  el  que, además, los preceptos considerados opuestos al  ordenamiento  jurídico  fueron  declarados  conforme a la Carta Política   por  la  Honorable  Corte Constitucional, por medio de la sentencia fechada el 5  de  febrero  de  1996.  En  consecuencia,  tales  disposiciones  no  contradicen  ni   el  artículo  231  ni  el  233,  ni  ninguna  otra  norma  de nuestra  Constitución.    

En  lo  atinente al prevaricato por omisión,  que  según  los  quejosos   se  configuró  cuando  el senador Rojas no se  declaró  impedido,  a  pesar  de  existir  conflicto  de intereses, pues con la  ampliación  de  términos  iba  a subsanar la irregularidades por la que estaba  siendo  investigado  por  la  Corte  Suprema de Justicia y las “pendientes por  cometer”,   tampoco  tal  comportamiento  se  adecua  a  las  previsiones  del  artículo  150  del   C.  P.  ,  pues las normas cuestionadas no lo podían  favorecer  , ya que por ser de carácter estrictamente procesal rigen sólo para  el   futuro,   no   tienen   efecto  retroactivo,  de  manera  que  la  conducta  endilgada   al  denunciado , por presunta violación de términos, debe ser  juzgada  a la luz de los preceptos procesales vigentes al momento de la presunta  mora  y no según los nuevos, por lo que no es cierto que al fungir como ponente  y  votante  de  la  Ley  Estatutaria  de  la Administración de Justicia hubiera  incurrido en conflicto de intereses.   

Tal  aseveración causa mayor desconcierto si  se  considera   que  se  sindica  al  congresal  de haber intervenido en la  expedición  de  los  citados  artículos, no únicamente  para subsanar la  irregularidades cometidas, sino “las pendientes de cometer”.   

En  lo  relacionado  con el cohecho por dar u  ofrecer,  que  según el libelo se tipificó cuando el denunciado ofreció a los  magistrados  los  artículos 15 y 34 , citados, para legalizar la interinidad de  cinco  de  ellos , que no fueron elegidos conforme a los artículos 231 y 233 de  la  Carta  Política,  asunto que “ excede la tolerancia que un ciudadano o un  abogado  deben  tener  en  cuanto  a modificaciones amañadas haga un legislador  para  favorecerse  a  sí  mismo  o  proponer  tácitamente dicho favorecimiento  a   las  dos  más  altas  corporaciones de Colombia, cuando ha sido sujeto  procesal  sindicado ante las mismas corporaciones…”   

La anterior aseveración, que no se refiere a  hechos  sino  a osadas conjeturas, no sólo es un imposible moral, sino también  material,  pues  el  congresista mencionado no fue quien elaboró el proyecto de  ley,  ni  el  único  que  lo  votó y aprobó, sino que éste tuvo que soportar  interminables  debates  y someterse al riguroso y especial trámite señalado en  los  artículos  152  y 153 de la Constitución, que incluye la revisión previa  de  la  exequibilidad  del  proyecto,  por  parte  de  la  Corte Constitucional,  permitiéndose,  incluso,  la  intervención ciudadana, en forma tal que resulta  menos  que  absurdo  un  ofrecimiento de tal naturaleza. Además, no nos dice la  denuncia   dónde,  cuándo, cómo y a quién se hizo el ofrecimiento. Y no  podía  decirlo,  pues  como   salta  a  la  vista,  se trata de una simple  especulación     y    no    del    relato    de    un   hecho   cierto   y  circunstanciado.   

Por otra parte, en el texto de la denuncia hay  una  ostensible  contradicción,  pues  en  su  final  se  dice  que hubo fraude  procesal  al conseguir resolución favorable del Consejo de Estado, “por medio  de  maniobras  engañosas  y  en  ello  podrían  resultar  implicados  los  favorecidos,  que son, cinco magistrados de la Sala Penal de la Corte Suprema de  Justicia,  y unos veinte magistrados del Consejo de Estado… que se eternizaron  en  sus cargos, y que le dieron la bendición a la investidura de congresista de  Héctor Heli Rojas”.   

Si  el fraude procesal consiste en inducir en  error  a  un  servidor  público  para  obtener  acto contrario a la ley, lo que  implica  que  éste  actúa  engañado  y  con  el consentimiento viciado, no se  entiende  cómo se afirma que a los magistrados se les ofreció una dádiva, que  supone  en  los destinatarios de la misma una voluntad libre de cualquier vicio.  En  otras  palabras, no se puede, al mismo tiempo  y con relación al mismo  acto,  obtenerlo  mediante compra  y mediante engaño.  Así mismo, la  Corte  nada  tiene  que  ver  con el proceso de pérdida de investidura, como se  asevera.   

De todos modos, lo anterior demuestra la falta  de  seriedad  y coherencia en la denuncia que, por los mismo, no puede servir de  fundamento para iniciar un proceso penal.   

En  estas  condiciones  cabe  recordar que el  artículo  327  del  Código  de  Procedimiento Penal establece que la decisión  inhibitoria  procede  cuando  aparezca demostrado que el hecho no ha existido, o  que  la  conducta  no  se  ajusta a tipo penal alguno, o que la acción penal no  puede  iniciarse,  o  que  se  encuentra  plenamente  demostrada  una  causal de  justificación   o  inculpabilidad  de  que  tratan  los  artículos  29  y  40,  respectivamente, del Código Penal.   

Conforme a lo anterior, para la Sala no existe  duda  de  que  los  hechos  imputados al Senador HECTOR HELI ROJAS JIMENEZ y los  miembros  de  la  Comisión  de  Investigación  y  Acusación  de la Cámara de  Representantes,  en  el  período  comprendido  entre  el 16 de marzo y el 20 de  junio  de  1.995, no pueden cimentar la iniciación de un proceso, por ser   unos  inexistentes  y  otros  atípicos,  según  lo  expuesto,  por  lo  que lo  procedente es inhibirse de iniciar investigación penal.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de  Justicia, en Sala de Casación Penal,   

          RESUELVE   

1.-          ABSTENERSE  de  abrir investigación penal  contra     el     Senador    HECTOR    HELI    ROJAS  JIMENEZ   y   los   miembros   de   la  Comisión  de  Investigación  y  Acusación  de  la  Cámara  de Representantes en el período  comprendido  entre  el  16  de  marzo y el 20 de junio de 1.995, por las razones  aquí esbozadas.   

2.-   Como en razón de esta denuncia el  abogado  JAIME  PEDRAZA  y el doctor GUILLERMO ALEMÁN pudieron haber infringido  la  ley  penal,  se  dispone expedir copias con destino a la Unidad de Fiscalía  Delegada  ante  el  Circuito  de  Santafé de Bogotá para lo de su cargo.   Así  mismo,  con respecto al doctor PEDRAZA, dada su calidad de profesional del  derecho,  se  remitirán  copias  al  Consejo Seccional de la Judicatura de esta  ciudad  para  que  investigue si se infringió o no el Estatuto de la abogacía.   

3.   En firme esta decisión, archívese  el expediente.   

Notifíquese    y   cúmplase.   

CARLOS  AUGUSTO  GALVEZ  ARGOTE                         JORGE E. CORDOBA POVEDA   

JORGE   ANIBAL  GOMEZ  GALLEGO                      DIDIMO PAEZ VELANDIA   

NILSON    PINILLA    PINILLA                                          SANTIAGO BERACASA HOYER   

                                                                                        Conjuez   

IGNACIO    TALERO    LOZADA                                          LUIS ARNOLDO ZARAZO OVIEDO   

          Conjuez                                                                             Conjuez   

          PATRICIA SALAZAR CUELLAR   

                                                                                                     Secretaria   

   

    

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