12004dic1

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    Poceso N° 12004  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                                Dr.     JORGE     ANIBAL     GOMEZ  GALLEGO   

                            Aprobado Acta No  199   

          Santafé  de  Bogotá  D.C.,  quince de diciembre de mil novecientos  noventa y nueve.   

VISTOS  

            En  virtud  del  recurso  de  casación  que  con  las respectivas  demandas   interpusieron   los   defensores   de   los  procesados  HORACIO  MIRA  MUÑOZ,  JOHN  JAIRO  MARTÍNEZ CHALARCA y  JORGE  IVÁN GAVIRIA MUÑOZ,  conoce  la  Sala del fallo proferido por el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Medellín  el  31  de octubre de 1995, que confirmó con  modificaciones  la  condena impartida por el Juzgado 25 Penal del Circuito de la  misma  ciudad  contra  los  mentados  procesados,  por  los  injustos  de  hurto  calificado  con  circunstancias  de agravación y porte ilegal de armas de fuego  de defensa personal.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          A  eso de las 7:00 de la mañana del día 4 de marzo de 1992, cuando  apenas  se  aprestaban  a  iniciar  su jornada laboral los operarios de la firma  “Confecciones  Bromo  Ltda.”,  ubicada  en  la  Calle  33,  N° 65C-67 de la  nomenclatura  urbana  de la ciudad de Medellín, abruptamente irrumpieron en sus  instalaciones  entre  cuatro  y  cinco  individuos  exhibiendo  armas  de fuego,  quienes  luego  de  reducir  a  la  impotencia  a los allí presentes y dejarlos  recluidos  en  uno  de  los  servicios  sanitarios  existentes  en  el lugar, se  apoderaron  de diversos elementos -prendas de vestir, maquinaria de la fábrica,  marquillas  y otros enseres-, no sin antes obligar a la secretaria de la empresa  a elaborar una supuesta orden de remisión de los mismos.    

Embalado  y depositado el producto del hurto  en  un   automotor que para el efecto se tenía dispuesto, seguidamente los  intrusos  emprendieron  la  huida,  pero  a  poca  distancia  del lugar donde se  produjo  el  latrocinio,  una  patrulla  de  agentes de la Policía Nacional que  casualmente  rondaba  por el sector interceptó el vehículo de placas LD 52-24,  en  el  que  transportaba  la mercancía expoliada y a cuyo volante iba René de  Jesús   Bustamante   Rodríguez   llevando   como   pasajero   a   HORACIO  MIRA MUÑOZ. Al verse descubierto,  el  conductor  no tuvo más que admitir la procedencia ilícita de los elementos  y,  señalando  el  sitio  de  residencia  del  presunto  cabecilla de la banda,  JORGE  IVÁN  GAVIRIA MUÑOZ,  quien  logró   evadirse, condujo a los policiales a la casa de habitación  situada  en  la  Kra.  50D,  65-38  donde  se  halló un rollo de las marquillas  birladas,   una   pistola  Colt  automática,  calibre  22,  un  proveedor  y  5  proyectiles  para  la  misma,  e igualmente una sub-ametralladora Browing 9 mm.,  con su proveedor y 10 cartuchos.    

Además   de   la   aprehensión   de  los  inicialmente  nombrados,  en dicha residencia se produjo la captura de la esposa  de  GAVIRIA  MUÑOZ,  de  un  condiscípulo   de   éste,   JOHN   JAIRO  MARTÍNEZ  CHALARCA,   y de un hermano de la mujer.   

El Juzgado 38 de Instrucción Criminal de la  época  con  sede  en  Medellín abrió formal investigación, vinculó mediante  indagatoria   a   los   aprehendidos,   y   sólo   en  contra  de  HORACIO  ANTONIO MIRA MUÑOZ y JOHN  JAIRO  MARTÍNEZ  CHALARCA dispuso la  detención   preventiva   sin   excarcelación,  al  resolverles  la  situación  jurídica.  Producida la indemnización de perjuicios en favor de los ofendidos,  el   mismo   despacho   concedió  la  libertad  provisional  a  los  detenidos.   

Posteriormente  se presentó voluntariamente  el    otro    imputado,    JORGE    IVÁN    GAVIRIA  MUÑOZ  y,  oído  en descargos, también fue cobijado  con  la  medida detentiva pero con excarcelación.  A la Fiscal 29 Delegada  de  la  Unidad  Segunda  de Patrimonio le correspondió calificar el mérito del  sumario  y  por  resolución  del 5 de enero de 1995 profirió acusación contra  los  indagados como presuntos autores de los delitos de hurto calificado y   agravado, y porte ilegal de armas de fuego de defensa personal.   

El Juzgado 25 Penal del Circuito de Medellín  conoció  del  juicio,  oportunidad  durante la cual los acusados solicitaron la  terminación  anticipada  del  proceso  mediante la aplicación del artículo 37  del  C.  de P. Penal.  Acogida la petición por el Juzgado, conforme con el  pliego  de  cargos profirió condena el 8 de junio del mismo año poniendo fin a  la  instancia  e  imponiéndole  a  cada  uno  de  los  procesados, MARTÍNEZ   CHALARCA,   MIRA   MUÑOZ   y  GAVIRIA   MUÑOZ,  la  pena  principal   privativa  de  la  libertad  de  cincuenta  y  cinco  (55)  meses  y  veinticinco  (25)  días  de  prisión,  la  accesoria  de  interdicción  en el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por un término de diez (10) años,  así  como  la  obligación de pagar en forma solidaria la suma de 9’345.000  pesos, a título de perjuicios  materiales,  y el equivalente a 500 gramos oro como perjuicios morales, en favor  de  los  afectados  con la ilicitud.  Dispuso así mismo el decomiso de las  armas  de  fuego  incautadas,  y a los sentenciados les negó el subrogado de la  condena    de    ejecución    condicional,   ordenando   en   consecuencia   su  captura.   

Impugnado el fallo, el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de Medellín lo confirmó mediante el suyo del 31 de octubre  de  1995,  pero  con las siguientes reformas: declaró que en definitiva la pena  principal  a  purgar  por  los  justiciables  sería de veintitrés (23) meses y  veinte  (20)  días  de prisión, en tanto  la accesoria la redujo al mismo  lapso  de  la  privativa  de la libertad. Y, de igual manera, revocó la condena  por  perjuicios  y  en  su  lugar  absolvió  a  los  implicados del pago de los  mismos.   

   

CONTENIDO DE LAS DEMANDAS  

         

          Dos  censuras en sendas demandas presentadas a nombre de cada uno de  los  procesados  formulan  los  impugnantes contra la sentencia de segundo grado  atacada,  que  por versar sobre reproches idénticos y estar confeccionadas bajo  similares    términos,    la    Sala    las   estudiará   conjuntamente.   Veamos:   

          PRIMER CARGO:    

          Al  amparo  de  la  causal primera, cuerpo primero del artículo 220  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  los  impugnantes acusan la sentencia de  violar   directamente   la   ley   sustancial  “por  interpretación  errónea  del  inciso final del artículo 37 ibidem, modificado  por  el  artículo  3o. de la ley 81 de 1993. Es decir,  la  sentencia  impugnada  cometió  un  grave  error  de  sentido en torno a los  términos  en  que  el  legislador  define  la  rebaja  de  pena  por  sentencia  anticipada   (1/6   parte)   cuando  el  procedimiento  abreviado  se  activa  y  perfecciona  en  la etapa del plenario.” -Subrayas en  el texto-.   

          Diciendo    los   recurrentes   realizar   algunas   “precisiones”  en  torno  a  la  materia  debatida,  aducen  que  en tratándose de la figura del  concurso de hechos  punibles,  el  Tribunal  al  dosificar  la   sanción imponible lo hizo con  manifiesto  “sesgo  en la hermenéutica correcta del  instituto”,  y  luego  de  argüir sobre las razones  político-criminales  que  llevaron  al  legislador  a  su  consagración, en el  desarrollo   y   fundamentación   del   cargo  sostienen  que  el  Ad-Quem  se  equivocó en la medida en que  la  rebaja  de  la  sexta  parte  de  la  pena  debió  cobijar  “todos  los  punibles  comprendidos  en  la resolución de acusación  (…)”;    dicha    rebaja    procede,   insisten,  “respecto de la pena acordada para el concurso, vale  decir,  la  pena definida para el delito de hurto calificado y agravado y, desde  el  régimen  de  los  concursos,  para  el  porte  de  arma de fuego de defensa  personal (…).”   

          Empero,  como  el  Tribunal  no  lo entendió así, por cuanto sólo  hizo  la  rebaja indicada en el precepto supuestamente vulnerado “apenas  en  términos  del  primer delito, sin lugar a dudas el más  grave”  -el  hurto,  se  aclara-, aunque seleccionó  correctamente  la  norma  aplicable,  erróneamente  la  interpretó  -error  de  sentido-  al  no  tener  un cabal entendimiento de la misma, incurriendo así en  violación  directa  del  citado  Art.  37.  A la sanción deducida para el  hurto,  explican,  debió  sumarle  la  que correspondía por el concurso con el  porte  ilegal,  y obtenido el incremento de aquélla, procedía sobre esta cifra  la rebaja pertinente.   

          Además  del precepto reseñado con antelación, citan como también  infringidos  el  artículo primero (1°) del Código Penal habida consideración  de  la  violación  del  principio  de  legalidad  de  la  pena,  dada la manera  incorrecta  de realizar la susodicha rebaja,   e   igualmente   los   artículos   350   y   351   ibidem,  y  1°  del decreto 3664 de 1986,  acogido  como  legislación permanente por el decreto 2266 de 1991.  Que se  case  “parcialmente” el  fallo  recurrido,  y  en  su  lugar  se  profiera  el  sustitutivo  que consulte  cabalmente  lo normado en el inciso final del citado Art. 37 del C. de P. Penal,  es      a      lo      que      finalmente      aspiran      los     impugnantes  extraordinarios.                   

          SEGUNDO CARGO:   

          También  al  amparo  de  la Causal primera, cuerpo primero del Art.  220  del  Código de Procedimiento Penal, los censores acusan el fallo impugnado  de   infringir   en   forma   directa   la   ley   sustancial  por  interpretación  errónea  del numeral 2°  del  Art.  68  del C. Penal, puesto que “la sentencia  hizo  una desafortunada hermenéutica de las exigencias legislativas”  en  torno al fenómeno de la condena de ejecución condicional,  negando  su  concesión  a los procesados.  De esta manera, “subrogándose”   en   la  voluntad  del  legislador,      el      Ad-Quem      profirió  una  decisión  “soberanamente  discrecional    (…)   en   medio   de   un   monumental   desorden”, aducen.   

          Previo  a señalar los supuestos errores de sentido contenidos en la  determinación  cuestionada,  y  con  el  extraño  epígrafe de “UNA   MOCIÓN   DE  PROCEDIMIENTO”,  los  casacionistas  explican  que  con  lo  afirmado  en  líneas  precedentes lo que  pretenden    significar    es    “la    duplicidad  decisoria”  en  la  que  descansa  aquélla, dado el  doble  pronunciamiento  que  se hizo sobre el mismo punto -la no procedencia del  subrogado-;  primero,  en  razón  del  monto de la pena imponible (superior a 3  años  de  prisión),  y luego por no concurrir el segundo requisito que para la  concesión   del   mentado   sustituto  penal  demanda  la  norma  supuestamente  infringida,  esto  es, el elemento subjetivo, lo que en últimas implica colegir  la  necesidad  de  tratamiento  penitenciario  para  los  implicados. De una tal  argumentación,  advierten, lo que se evidencia es la ostensible “contradicción  fundamental” al interior  del pronunciamiento reprochado.   

          En  la  fundamentación  del cargo, a pesar de anunciar que no van a  oponer   “nuestra   particular   convicción  a  la  hipotética  consideración  por parte del Tribunal de los hechos, los delitos y  la  personalidad  del  sindicado  (…)  lo  que hacemos es mostrar el carácter  etéreo   y   gaseoso   de   las  conclusiones  del  Tribunal  (…)”,  habida  cuenta  que interpretando erróneamente el numeral 2°  del  artículo  68  del  C.  Penal,  parece  haber  entendido  que el legislador  dispusiera  tal  exigencia  para  que “LOS JUZGADORES  HAGAN  UNA  DECISIÓN  DISCRECIONAL  SOBRE  ELLA  O  PARA  QUE LOS JUZGADORES LA  ENTIENDAN    INSATISFECHA   POR   LA   VÍA   DE   FORMULACIONES   GENERALES   Y  ABSTRACTAS.”                    

          Aseguran  los  censores  que  la  decisión  atacada “quiebra”  la  doctrina  que  por  largos  años   ha   venido   imperando   en   la   Sala   acerca   de  la  debida  motivación que debe preceder a un  tal  pronunciamiento,  y  con  apoyo  en  lo  que  sobre el punto se dijo en las  sentencias  de casación de marzo 10/81 y abril 24/92, cuyos apartes pertinentes  transcriben,    no   empece   admitir   la   juiciosa  reflexión     hecha     por     el    Ad-Quem  para  recomendar  el  tratamiento  penitenciario  de rigor, iteran que el fallador “hizo  una  formulación  de etiquetas y vaguedades para degenerar el subrogado, en una  desgraciada  equivocación sobre el sentido del numeral 2º del artículo 68 CP,  y  en  una  desafortunada  propensión  a  la  discrecionalidad  desbocada,  tan  extraña  al  sentido político del Estado de Derecho, que es precisamente poder  controlado  y  limitado”,  pues,  como lo enseña la  Corte  Constitucional,  “en  el estado de derecho no  hay  facultades  absolutamente discrecionales. No debe confundirse lo arbitrario  con      lo      discrecional.”      

          Sin  pretender  entrar  en discusiones de índole probatoria, que de  hacerlo  darían  al  traste  con  la pretensión, advierten los demandantes, no  obstante    estar    “bien   demostrado”   en  el  proceso  que  los  acusados  carecen  de  antecedentes  judiciales,   lo   que   significa   que   son  delincuentes  primarios,  y  que  voluntariamente  resarcieron  los  daños  irrogados,  a  más que dos de ellos,  MARTÍNEZ    CHALARCA   y  GAVIRIA    MUÑOZ,   son  estudiantes  universitarios,  aspectos  estos  que  si  bien  fueron  objeto  de  análisis  en  el  fallo  no  produjeron  consecuencia  alguna,  “sólo    por    la    mala   comprensión   de   sentido”   de   la   norma   violada,   cuya   interpretación   errónea  “desorientó  el camino justo que era la aplicación  del  artículo  68 del C.P.”, recaban.  Fuera de  este   precepto,  señalan  como  también  violados  los  artículos  69  y  12  ibidem.   

          Solicitan    pues    los   impugnantes   se   case   “parcialmente”  el fallo recurrido, para  que  en  su  lugar  se  profiera  “la correspondiente  sentencia    sustitutiva    que    reconozca    el   error   cometido   por   el  ad-quem”,  en  los  términos  en que dicho yerro ha  sido demostrado.   

CONCEPTO DEL PROCURADOR DELEGADO  

          1.-  El  objeto  de censura que por la vía de la violación directa  de   la   ley   sustancial   los   casacionistas  han  demandado  como  errónea  interpretación  del  inciso  final del Art. 37 del C. de P. Penal, no puede ser  más   evidente,  aduce  el  agente  del  Ministerio  Público,  puesto  que  la  reducción  de  la  sexta  parte  a  la  que alude el precepto cuya vulneración  arguyen,  debió  realizarse  una  vez  individualizada  la pena imponible, es decir, después de considerar la  sanción  establecida  para  el  injusto  más  grave  -indudablemente el delito  contra    el    patrimonio   económico-,   incrementada   en   la   proporción  correspondiente  por  el porte ilegal de armas de fuego de defensa personal, tal  como  lo  prevé  el  artículo  26   del  C.  Penal,  habida  cuenta de la  admisión  de  responsabilidad  por  el  concurso  de  hechos punibles objeto de  imputación  en  el  respectivo  pliego  de  cargos. Esa dosificación punitiva,  hechas  las  deducciones  de  rigor,  se contraería a veinticinco (25) meses de  prisión,  es  el  concepto  del  señor Procurador Tercero Delegado en lo Penal  (E).   

          Pero,  ¡qué  paradoja!,  advierte,  pues no obstante ser cierta la  equivocación  argüida,  también  lo  es  que  “so  pretexto  de  probar  un  yerro  puedan  los casacionistas hacer más gravosa la  situación  de  sus defendidos”, habida cuenta que la  pena  impuesta  por  el  fallador -23 meses y 20 días de prisión-, resulta ser  inferior  a  la  pretendida por los censores -25 meses-, lo cual “debe  considerarse  como  típica falta de interés para intentar la  casación del fallo.”   

          “Por   eso   la   pretensión   deviene  insólita,  inaceptable, brusca, sin razón de ser por falta de análisis de los  censores  de  la  situación  propiamente dicha y debe despacharse negativamente  este  primer  cargo”, es su conclusión.       

          2.-  La  formulación  de  esta  censura  dentro  del  esquema de la  técnica  casacional  se  traduce,  en primer término, en indebida proposición  del  cargo  y,  en  segundo  lugar,  carece  “de  la  demostración  de  los supuestos determinados por la ley como necesarios para la  concesión  del  subrogado.”  En  efecto, la reseña  jurisprudencial  traída  por  los demandantes para apoyar su tesis, no deja ver  cómo  los  argumentos  allí  expuestos “se subsumen  eficazmente   en   el   caso”,  por  el  contrario,  veladamente  invocan  circunstancias que en opinión de los censores hacen a los  procesados  merecedores de la suspensión de la ejecución de la sentencia tales  como  ser  delincuentes  primarios,  ausencia de antecedentes judiciales y, para  dos  de  ellos, su calidad de  estudiantes, situaciones estas que trasladan  el  reproche  a  la  errónea  estimación  de probanzas propia de la violación  indirecta.   

          Ahora,      la      no      utilización      de     “expresiones     sacramentales”    para  referirse  al punto, mal puede tenerse como acto omisivo por cuanto si se repara  integralmente  en  lo  que  acerca  de  la  materia  se  dijo  en  la sentencia,  claramente  se  verá  que  el Tribunal para negar el subrogado impetrado tuvo a  bien  considerar la “naturaleza y las modalidades del  hecho  punible”,  cuestión esta en relación con la  cual  los  libelistas  “guardaron  absoluto silencio  dejando    la    arremetida    sin    razones    que    le    pudieran   brindar  viabilidad.” Fuera de indicar que dicho beneficio no  constituye  un  favor del juzgador sino un derecho de los procesados, nada hacen  los   censores  por  demostrar  el  cargo  y,  en  tal  medida,  “la  decisión  del  Tribunal  no  comporta  afectación  en  ningún  sentido”,  como  que  las  circunstancias  que dicen  echar  de menos en el análisis del Ad-Quem,  fueron  tenidas  en  cuenta  para  poder colegir la necesidad del  tratamiento  penitenciario  reprochado.  No  fue pues una decisión arbitraria y  mucho  menos  ajena  a  la  realidad procesal. En consecuencia, la censura está  llamada     al     fracaso.       

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          A).-  De la violación directa del Art. 37  del C. de P. P.   

          Desde  ya  se  dirá  que  la  falta  de  interés  jurídico en los  demandantes  para  procurar  la  casación  parcial  del  fallo recurrido, torna  impróspera  su pretensión a pesar de la correcta formulación de esta censura,  como bien lo advierte el Procurador Delegado.   

          Ciertamente,  nada  ortodoxa  resulta  ser la dosificación punitiva  realizada  por  el  sentenciador  de  segunda instancia, así la pena finalmente  impuesta   comporte   una   mayor  benignidad  frente  a  la  calculada  por  el  A-Quo,   o   de   cara   a  la  realmente imponible. Sin  embargo,  los  yerros  destacados  por  los  casacionistas  no los habilita para  impetrar  la  remoción parcial del fallo con apoyo dizque en la afectación del  principio   de   legalidad,   cuando  lo  cierto  es  que,  no  empece  a  tales  equivocaciones,  el  marco  punitivo  o sea los extremos mínimo y máximo de la  pena fueron respetados.  Veamos:   

          La  acusación  versó sobre el concurso de hechos punibles de hurto  calificado  (Art.  350-1 C.P.), agravado por las circunstancias descritas en los  Arts.  351-10  y 372-1 ibidem,  y  porte  ilegal  de  armas  de  fuego  de  defensa  personal  y sus respectivas  municiones,  regulado  en  al  Art.  1°  del  Dcto.  3664  de 1986 acogido como  legislación  permanente  por  su  similar  2266 de 1991, Art. 1°, todo ello en  armonía  con  el  Art. 26 del Código Penal. Respecto de tales imputaciones los  acusados  admitieron  su responsabilidad, y conforme con ese pliego de cargos se  profirió el correspondiente juicio de reproche.   

          Pues  bien,  bajo  el  supuesto  de  la concurrencia de las causales  genéricas  de  agravación punitiva contempladas en el Art. 66, ordinales 3 y 4  del  Código  Penal  -se  dificultó  la defensa de los bienes al agraviado y se  obró  con  preparación  ponderada del hecho-, el Tribunal para la tasación de  la  pena  no  partió del mínimo de la sanción establecida para el delito más  grave  que es el hurto calificado (24 meses), sino que lo hizo tomando como base  30    meses    -cifra    menor    de    la    aducida    por   el   A-Quo  que  fue  de  36  meses-,  a lo que  agregó  10  meses  por haber sido perpetradas las delincuencias por más de dos  personas,  sumando  a todo ello 12 meses porque el valor de los bienes objeto de  apoderamiento  ilícito  superó los $100.000, lo que arroja un subtotal de pena  imponible   en   relación   con   el  acto  lesivo  del  patrimonio  económico  de    52    meses    de  prisión.                 

          Hasta  aquí,  ningún  yerro  se  advierte;  empero,  el dislate se  presenta  en  el paso siguiente porque en vez de proceder a la rebaja reconocida  por  la reparación de los perjuicios irrogados a los ofendidos, lo que hizo fue  aplicar  la  disminución  de la sexta parte correspondiente al acogimiento a la  terminación  anticipada  del  proceso  (Art.  37,  inciso  final del Código de  Procedimiento  Penal),  para  luego hacer el incremento por el concurso (art. 26  C.P.),  dejando  para  último  lugar  la  rebaja  del  Art.  374  del  estatuto  represor.   

            El  desatino  es  evidente, porque aplicada como debió hacerse la  disminución  punitiva  con  cargo  a  la  reparación  integral  a los 52 meses  deducidos  por  el  acto  contra  el  patrimonio  económico  -que  el  Tribunal  cuantificó  en la mitad (1/2)-, la base de la punición queda en 26 meses; y si  a   este   guarismo   se   le   suman   los   4   meses   que   el  Ad-Quem  consideró  oportuno  incrementar  por  el  concurso,  la  sanción se sitúa en los 30 meses que, reducidos en una  sexta  (1/6) parte por efecto de la terminación anticipada del proceso conforme  con  lo  previsto en el inciso final del Art. 37 del C. de P. Penal, valga decir  una  disminución  de  5  meses,  el  resultado  final  de  la  pena  sería  de  25  meses  de prisión, esto  es,  una  sanción  superior a la realmente deducida en el fallo cuestionado que  fue de 23 meses y 20 días.   

          Como  claramente  se  advierte,  no  es  que  se  haya conculcado la  legalidad  de  la  pena  supuesto  que  el  juzgador  con  respeto  de los topes  punitivos  establecidos  en  los  respectivos  preceptos  infringidos  dedujo la  correspondiente  sanción;  pero  lo  que si hizo incorrectamente fue aplicar la  detracción  por  la sentencia anticipada sólo a una parte de lo atinente a los  cargos  aceptados,  desfase  que  paradójicamente  en  vez  de perjudicar a los  procesados  terminó  favoreciéndolos,  dada la menor cantidad de pena que a la  postre  se les impuso diferente de la que en verdad merecían.  De ahí que  se  afirme  que  los  libelistas  carecen  de  interés  para recurrir, pues, de  admitir  sus  pretensiones  de  redosificación de la sanción corporal, habría  que  enmendar  el  error  con  sacrificio  del  postulado  de la no reformatio in pejus.   

         El cargo no prospera.   

         B).-  De la violación directa del Art. 68  del C. Penal.   

            No  obstante  admitir los demandantes que la casación no es  una  tercera  instancia,  o  advertir  los  mismos  que  no  es  su deseo oponer  “nuestra  particular  convicción  a  la hipotética  consideración  por  parte  del  Tribunal  de  los  hechos,  los  delitos  y  la  personalidad  de  los sindicados”, determinación que  sin     embargo     catalogan     de     “juiciosa  reflexión”      cuando      el     Ad-Quem  asume  el estudio de la necesidad  de  tratamiento  penitenciario  que  era  menester prodigar a los acusados, o de  reiterar  que  en  últimas su aspiración no se finca en discusiones de índole  probatoria,  lo  cierto es que con este reproche lo que se pretende hacer ver es  que  el  juzgador  con  su determinación de negar el subrogado de la condena de  ejecución  condicional,  procedió de manera arbitraria y contradictoria, amén  de  que  veladamente  sugieren  ausencia de motivación en la veda del sustituto  penal.   

         Una  tal  argumentación  se  traduce  en  un  desvío  del  sendero  escogido  para  argüir  la  presunta  violación, porque cuando se esperaba que  circunscribieran  el ataque al plano de lo estrictamente jurídico, esto es a la  discusión  sobre  la subsunción de la norma en los hechos concebidos según la  evaluación  probatoria  del  sentenciador,  se  desvió el reproche a lo que el  proceso    informa    en    cuanto    a    la    calidad    de   “delincuentes    primarios”    de   los  procesados  por  su  buena  conducta  anterior,  es decir a hechos tales como la  carencia  de  antecedentes  judiciales,  de  la  voluntad de los justiciables de  reparar  los  perjuicios irrogados a los ofendidos y a la circunstancia de   ser  dos  de  ellos  estudiantes  universitarios;  de  todo lo cual infieren los  libelistas  que  los acusados revelan una personalidad no proclive al delito, lo  que a su juicio los hace merecedores del sustituto penal.   

         Empero,  como  esos factores dicen relación con el tema probatorio,  el  cargo  debió  formularse como violación indirecta, máxime si lo que en el  fondo  se  plantea  es un presunto error de hecho equiparable al falso juicio de  identidad  o a una violación a las reglas de la sana crítica en la valoración  probatoria,  y  no  la  simple  falta  de  aplicación de un precepto sustancial  frente  a  una  motivación  del  sentenciador  que  en  verdad  ellos estimaran  correcta, como quieren hacerlo parecer.   

         En  efecto,  a  los  razonamientos que el Tribunal expuso dentro del  análisis  que  de  la  personalidad  de  los procesados realizó, los cuales se  transcriben  en la propia demanda, los censores oponen sus propias conclusiones.  Veamos:   

         Según   los   casacionistas,   el  Juzgador  dijo:  “no  puede  dudarse  que  la  forma  de comisión del hecho delictivo  revela  la  personalidad,  la  manera  de  ser  del  individuo,  y  de  que  hay  comportamientos  delictuosos  que  en  razón a las circunstancias que rodean su  realización,  despiertan  en la sociedad un común sentimiento de inseguridad y  zozobra”.  A  estos  argumentos   responden los  impugnantes  que  cuando  el  Tribunal  de  Medellín  se expresa de esa manera,  “por vía general (…) está hablando de una manera  que  comporta  una  juiciosa  reflexión  sobre  el  delito, su naturaleza y sus  repercusiones,  y  no discutiendo desde la realidad procesal si los delitos, los  que  han sido concretamente materia de condena, y la personalidad del sindicado,  concretada   con  la  información  extractada  de  los  folios,  razonablemente  recomendaban         el         ‘tratamiento  penitenciario’.  Es  decir,  el  Tribunal  hizo  una  formulación  de etiquetas y  vaguedades  para denegar el subrogado, en una desgraciada equivocación sobre el  sentido  del  numeral  2º   del  artículo  68  CP, y en una desafortunada  propensión  a  la discrecionalidad desbocada, tan extraña al sentido político  del Estado de Derecho (…).”   

         A  más  de  que  se  da  al  traste  con  la  aparente inmotivación   argüida,   lo   que   se  evidencia  en  el pasaje anterior es la pretensión de los demandantes de que la  Corte  acoja  en  esta  sede de casación sus alegaciones, como si se tratara de  una  instancia  adicional,  y  deseche  el  análisis  que  el  sentenciador con  autoridad  y ceñido a la legalidad hizo, manera de fundamentar ajena al sentido  de la violación aducida.   

         No  prospera  la censura.                          

         En   mérito  a  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Sala  de  Casación  Penal,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la  ley,   

RESUELVE  

        NO       CASAR      la      sentencia  impugnada.   

Cópiese  y  devuélvase  al  Tribunal  de  origen.   

CÚMPLASE  

         

JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                          JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

CARLOS   A.  GÁLVEZ  ARGOTE                                          EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

MARIO   MANTILLA   NOUGUES                                          CARLOS E. MEJÍA ESCOBAR   

No hay firma  

ALVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                            NILSON   PINILLA   PINILLA   

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Secretaria  

    

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