11920a1

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso  N°  11920            

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                      Magistrado Ponente:   

                                                      DR.MARIO MANTILLA NOUGUÉS   

                                                      Aprobado Acta No.161   

                                                       Santafé  de Bogotá, D.C., quince (15)  de octubre de mil novecientos noventa y nueve (1999).   

          Decide  la  Corte  el  recurso  de  casación interpuesto contra la  sentencia  dictada por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Santafé de  Bogotá  el  25  de agosto de 1995, mediante la cual,  con adición a la de  primera   instancia   en   el  aspecto  de  la  solidaridad  en  la  obligación  indemnizatoria,  condena a HÉCTOR  WILLIAM RUEDA  AYALA  a  la  pena  principal de catorce años y tres  meses  de  prisión  y a la accesoria correspondiente, en calidad  de   coautor  del  concurso  de  delitos  de  porte  ilegal de arma de fuego  de  defensa  personal, hurto calificado y agravado y tentativa de  homicidio en  la persona de Carlos Eduardo Díaz.   

          Por  los mismos hechos punibles el mismo fallo condena a LUIS   HUMBERTO GIRALDO.   

          HECHOS Y ACTUACION PROCESAL   

          El  3  de  junio  de 1995, aproximadamente a las once y media de la  mañana,  atendiendo  unas  voces  de  auxilio  que  pedían  detener  a  cuatro  individuos  que acababan de perpetrar dos hurtos en la panadería “Mileydi” -uno  al  dueño  del establecimiento y otro al conductor de un camión-  situada  en  la  calle  22 Sur con carrera 29 de esta ciudad capital de la República, el  ciudadano  Carlos  Eduardo Díaz Carvajal,  antiguo  agente  de la Policía Nacional, que casualmente pasaba  por  el sector inició la persecución de los requeridos, quienes con las mismas  armas  de  fuego  utilizadas  en  los  hurtos le dispararon ocasionándole grave  lesión  en  una  de  sus piernas, presentándose un cruce de disparos, en donde  también  uno de ellos resultó herido por Díaz Carvajal. Capturados dos de los  asaltantes  por  una  patrulla  policial  fueron identificados como HÉCTOR   WILLIAM  RUEDA  AYALA  y  LUIS  HUMBERTO  GIRALDO;  también se les decomisó un revólver calibre .38  sin  licencia de porte.   

          La   Fiscalía  investigadora  calificó   el  mérito  de  la  investigación    iniciada    con   resolución   de  acusación  proferida  el   28  de septiembre de  1994  que  debido a la declaratoria de deserción del  recurso  de  apelación  interpuesto,  solo  quedó  ejecutoriada el  26 de  octubre   subsiguiente  (fls.  91  y  ss  y  105-106  cd.  ppl.  1),  imputándoles  el  concurso de delitos de porte ilegal de arma de  fuego   de  defensa  personal,  hurto  calificado  y  agravado  y  tentativa  de  homicidio.   

          Adelantado  el plenario, por los mismos cargos de la resolución de  acusación  el  Juzgado  7o.  Penal  del  Circuito, impartió su  sentencia  condenatoria   (fls.  172   y   ss. cd. 2),  que el Tribunal  Superior  del  Distrito  confirmó  con  la  adición  antes  referida  al   revisarla  por  apelación  (cd. orig. Tr.).  Contra el fallo ad quem   el  defensor común de los procesados interpuso el recurso  extraordinario,  pero   solo   lo   sustentó   a   nombre   de  RUEDA  AYALA.   

          LA DEMANDA   

          Afirma,  con  apoyo legal en el numeral 1o. del  artículo 220  del  C.  de  P.P.,  que  la  sentencia  es  violatoria  de la ley sustancial por  aplicación  indebida de los artículos  22, 26, 201 y 323 del C.P:  y  consecuente  falta  de  aplicación  del numeral 4o. del  artículo 29 y de  los  artículos  331  y  332  todos  del  C.P..  También  es  violatoria de los  artículos  247,  254,  264, 267 y 295 del C. de P.P. y los 331 y 332 del C. P.,  debido al error en la apreciación de las pruebas allegadas.   

          Al   intentar  concretar  los  errores  dice  que  el  fallo  negó  parcialmente  valor  al  testimonio  de  William  Suárez,  quien relató que el  disparo  hecho por los asaltantes al ex-agente Díaz Carvajal fue en reacción a  los  disparos  de  éste  cuando  ellos  huían   después de los hurtos, y  considera  que  este  hecho, examinado en “sana lógica” permite concluir que la  herida   al   perseguidor    obedeció   a  caso  fortuito,  pues  corriendo  velozmente  no  podía el  autor  del  disparo  apuntar  con certeza a un determinado objetivo.                 Sin  precisar  el  error,  dice  que el Tribunal alteró el resultado del juzgamiento  por  no  ser  cierto  que  el  ex-agente  disparó  en  legítima   defensa   contra   el   procesado  RUEDA  lesionándolo  en  el rostro, como tampoco lo es que éste tuviera el propósito  a  Díaz  Carvajal  de  matar, dado que la justificante se estructura en sentido  contrario.    

          Erró   porque   distorsionó  el  testimonio  del  ofendido  Díaz  Carvajal  en  cuanto  le  confirió  valor de plena prueba sobre la tentativa de  homicidio  y  no  lo  sometió  a  la  apreciación  en  conjunto  con la prueba  acopiada,  y  en  ese  orden considera que se consumó tan solo fue un delito de  lesiones personales.   

          Erró  al  suponer  pruebas,  al  dar  por  cierto,  con base en el  testimonio  de  Díaz  Carvajal,  que  uno  de  los   disparos  de Rueda lo  impactó  en  el  costado  izquierdo  de su región abdominal sin penetrar en su  cuerpo  porque el proyectil dio en unas llaves y unos documentos que guardaba en  el  bolsillo  de su chaqueta. Este hecho debió acreditar mediante una pericia a  la  libreta  militar  que  aquel exhibió como impactada en ese moneto. El error  del  Tribunal  fue  más  patente  al conferir carácter de prueba pericial a la  constancia  dejada  por  el Fiscal sobre la existencia del agujero en la libreta  militar  de que habló el deponente Díaz Carvajal consolidándose de esa manera  la condena por tentativa de homicidio.   

         Volviendo     sobre     el     tema     de     la     legítima  defensa   con  la  que  afirma  obró  el  procesado RUEDA señala que el Tribunal ignoró la prueba que  lo  demostraba,  pues  éste disparó al sentirse herido en su pómulo. También  ignoró  que  el  ex-agente  de la Policía Díaz Carvajal portaba arma y estaba  entrenado  para  su  manejo,  y  que  la  herida  que  le propinó a Rueda es de  carácter  mortal,  mientras  que  la que él recibió fue accidental y en hecho  independiente  de  los  hurtos.  Ignoró  el testimonio de William Suárez en el  aparte  en  que relató que Díaz Carvajal disparó cuando los asaltantes huían  y  los persiguió, lo cual descarta la legítima defensa en el comportamiento de  éste.   

         Ratifica  la  independencia  de  acciones  de los procesados en la  panadería,  frente  al  ex-agente  Díaz  Carvajal,  en  ese  orden descarta la  aplicación  de  la  teoría  del  riesgo  asumido por los delincuentes  al  consumar  los  hurtos,  porque  al  huir el único riesgo que enfrentaban era la  captura  en  flagrancia,  más  no  ser  atacados  “a bala por terceros que  atentaron injustamente contra su vida”.   

         Alegando  ahora a nombre del procesado LUIS HUMBERTO GIRALDO   -respecto  de quien fue declarado desierto el recurso de casación-, asevera que  el  fallador  ignoró  que  la  conclusión  obligada,  debió  ser que éste no  encontraba  armado,  pues  según  William  Suárez  solo  uno de los asaltantes  llevaba  arma;  y admitiendo el dolo de dicho implicado en el hurto, asegura que  solo  ese  era  el objetivo que perseguía, no el de atentar contra la vida o la  integridad   de  nadie,  porque  este  hecho  sucedió  ante  la imprevista  aparición en escena del ex-agente.   

         Después  de  reiterar  sumariamente  los  argumentos  precedentes  considera  que la sentencia a impartir debe ser absolutoria, respecto del delito  de  tentativa  de  homicidio, y por los delitos de “lesiones personales” y porte  ilegal   de   armas  debe  responder  solamente  el  procesado  Héctor  William  Rueda.   

         La  solicitud  casacional  se concreta a la condena de Rueda Ayala  por  el  delito  de  lesiones personales; o en subsidio, al reconocimiento de la  justificante  de  legítima  defensa  en  la  tentativa  de  homicidio;   y  respecto  de  Giraldo, su exoneración por los delitos de tentativa de homicidio  y porte ilegal de arma de fuego de defensa personal.   

         EL MINISTERIO PUBLICO   

         El  señor  Procurador  Tercero Delegado en lo Penal, considera la  demanda  ineficaz  para  objetar  la sentencia impugnada, pues, no solo presenta  fallas   de   técnica   casacional,  sino  que  carece  de  fundamento  en  sus  reparos.     Sugiere    por    tanto,    no    acceder   a   la   casación  impetrada.          Sostiene  que  las  variadas  y numerosas glosas  aducidas al  amparo  de  la  causal  1a. de casación aparecen formuladas de manera confusa y  carecen de demostración.   

         Entiende   que   no   constituye  el  pregonado  falso  juicio  de  existencia,   ni   objeto   del   recurso   extraordinario,  el  haberse  negado  parcialmente  valor  a un testimonio que según el actor denotaba la ausencia de  dolo  al  disparar contra Díaz Carvajal,  máxime si la crítica se reduce  a  cuestionar  el  valor  que  el  fallador  confirió  a  las  pruebas  que  se  incorporaron al proceso.   

         Encuentra  ajeno  a  la  realidad  el  panorama  expuesto  por  el  demandante  sobre  la  secuencia  delictual, referida al proceso por el ofendido  con   el  hurto,  William  Suárez.  Por  esta  razón  resulta  inaceptable  la  alegación  de  falta  de  dolo en la acción posterior al hurto, pues ésta fue  “consecuencia  del  querer evadir  la responsabilidad por el primer hecho y  todo ello conformando un mismo contexto de acción”.   

         Observa  que  si  el  reclamo  del  reconocimiento de la legítima  defensa  a  favor  del  procesado  Rueda  Ayala  obedece al planteamiento de una  errada  calificación de la conducta, debió demostrar el censor  “por qué  los  hechos  no  se adecuan al tipo de la tentativa de homicidio” y no hablar de  falso   juicio   de   identidad  en  la  evaluación  del  testimonio  de  Díaz  Carvajal.   Además,  enfatiza,  el recurrente desconoce el contenido de la  sentencia  y  del informe policial que da cuenta que en poder de Rueda Ayala fue  hallado  un revólver con seis vainillas, circunstancia ésta que otorga solidez  a  los  argumentos  del  Tribunal  en  torno a la adecuación típica del delito  contra  la  vida.    El  análisis  de la prueba se realizó con plena  observancia  de  la  sana  crítica,  como  lo  demuestra  el  contenido  de  la  sentencia,   de   la   cual   transcribe   algunos  apartes  para  sustentar  su  criterio.   

         El   demandante   especula   al   hablar   de   falso   juicio  de  existencia    aduciendo  que  el  Tribunal  supuso  pruebas  para  dar  por  acreditada  la  ocurrencia  del disparo sobre el costado de Díaz Carvajal, pues  este  hecho  no fue considerado para la imputación del delito imperfecto, ni en  la  sentencia se mencionó como prueba pericial la constancia de la fiscalía de  tener  la  chaqueta de éste un orificio  “al parecer dejado por el paso de  un proyectil”.     

         Considera  como  una   “posición muy personal” la del actor,  el   pretender sin asidero lógico ni probatorio la absolución con base en  la  legítima  defensa,  cuando  encuentra  hay  dolo  al disparar en contra del  ciudadano  que los perseguía, cuando este se constituyó “en un obstáculo para  la  finalización  de  su propósito delictivo”.  Desecha la pretensión de  atribuir  el  delito  imperfecto  a  uno  solo  de  los  implicados, pues éstos  ejecutaron   las   diversas  acciones  ilegales  en  coautoría  impropia.    

         CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

         Indudablemente  la  demanda está concebida con desconocimiento de  la  lógica  que  gobierna  el  recurso  de  casación  y  bajo  una  formidable  confusión  conceptual que la privan de eficacia para enjuiciar la sentencia del  Tribunal.    

         Al   alegar   su   signatario   en   el   mismo   y  único  cargo  propuesto   que  el  disparo  contra el ciudadano, ex-agente de la Policía  que  colaboró  en  la  persecución  de  los asaltantes a raíz de las voces de  auxilio  de  una  de  las víctimas de hurto, hecho por el procesado RUEDA AYALA  -uno  de  éstos-   fue un caso fortuito, y renglones adelante que obró en  legítima  defensa  al  ser  injusta  y  actualmente  agredido  por  el referido  ciudadano,  confunde  el  casacionista   nociones  jurídicas  de  distinta  naturaleza   que   debió  tratar  en  censuras  diferentes,  porque  aunque  su  reconocimiento  conduzca  por  igual a la absolución, reposan en inconciliables  supuestos fácticos y jurídicos.     

         La  ausencia  de  culpabilidad por caso fortuito en un hecho   punible,  regulada  en  el  artículo  40-1 del C.P. no puede ir a la par con la  falta  de  antijuridicidad  de  la conducta que constituye la legítima defensa,  contemplada  en  el  artículo  29-4, norma ésta cuya inaplicación denuncia el  profesional,  sugiriendo  veladamente  la  equiparación  entre estos institutos  jurídicos en comentario.   

         Pero  ahí  no  paran  los desatinos de la alegación;  ellos  trascienden  al  campo  de  la lógica que gobierna el recurso extraordinario al  aducir  al  amparo  de la causal 1a. del artículo 220 del C. de P.P., la errada  calificación  jurídica  del  delito aduciendo que no se trató de tentativa de  homicidio sino de lesiones personales.    

         Este  argumento  desconoce  que  cuando  el  error  consiste en la  equivocada  denominación jurídica del delito a causa de la errada apreciación  de  la  prueba,  como  en este caso lo sostiene el recurrente, la objeción debe  formularse  por la causal 3a. del referido artículo, pero con la técnica de la  demostración  que exige la causal 1a., porque el error de esta clase solo puede  remediarse  con  la  invalidación  de la resolución acusatoria y la actuación  subsiguiente.   En  este  aspecto  se  aparta  la Corte del pensamiento del  Ministerio  Público, que no advierte el imperativo de acudir a la causal 3a. de  casación en tales casos.   

         No  puede  la  Corte por la vía de la causal 1a. propuesta,   desconocer  la acusación y condenar por delito diferente, porque incurriría en  vicio   de   procedimiento  con  grave  quebranto  de  garantías  fundamentales  consagradas  en  el  artículo  29  de  la  Carta  Política;   así  lo ha  puntualizado  en  numerosas  ocasiones  la jurisprudencia de esta Sala y una vez  más se ve obligada a hacerlo.   

         Es  suficiente  para la desestimación  de   la  demanda  la  falta  de  precisión  de  los  conceptos  jurídicos  en  los que se apoya el reparo casacional y la confusión  en   los  presupuestos  estructurantes  de   la   única  causal   que   aduce,   con  los   que  pretende tan variados fines:   a).-  la absolución de Rueda Ayala por el delito de tentativa de homicidio tras  el  reconocimiento,  bien  del caso fortuito, ora de la legítima defensa;   b).-  el  cambio  de  denominación  jurídica  de ese delito por el de lesiones  personales;  y,  c)   la exoneración de Giraldo Torres del delito de porte  ilegal  de  arma de fuego de defensa personal.   Pero además, tampoco  tiene  trasas  de  prosperidad  la  alegación  por la carencia de razón en los  diversos  planteamientos,  en  cuanto,  la  prueba recaudada es irremisiblemente  demostrativa  de la comisión de los delitos de porte ilegal de arma de fuego de  defensa  personal,  hurto calificado y agravado y tentativa de homicidio, por el  grupo  del  que  hacían  parte  los procesados, en coautoría impropia, dada la  ocurrencia  de  los  hechos delictivos en desarrollo de una empresa criminal con  reparto  de  trabajo  entre  sus  integrantes,  conservando todos el dominio del  hecho.   De  ahí  que  la Procuraduría destaque  acertadamente en su  concepto  que ese haz probatorio fue sometido a la crítica racional mediante un  ponderado y serio análisis por el fallador.   

         El cargo no prospera.   

         En   mérito,   la  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA  en  SALA  DE  CASACION  PENAL, parcialmente  acogido  el  concepto  del Ministerio Público, administrando justicia en nombre  de la República y por autoridad de la Ley,   

         R E S U E L V E   

         NO  CASAR la sentencia recurrida.   En  firme,  DEVUELVASE el  expediente al Tribunal de origen.   

         CÓPIESE Y CÚMPLASE.   

                                       JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO   

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FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                                        JORGE CORDOBA POVEDA   

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                                                     EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

MARIO    MANTILLA   NOUGUES                                                     CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

ALVARO   O.   PEREZ   PINZON                                                     YESID RAMIREZ BASTIDAS   

                                           PATRICIA SALAZAR CUELLAR   

                                                             Secretaria     

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