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1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 11470  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                      Magistrado Ponente:   

                                                      DR.MARIO MANTILLA NOUGUÉS   

                                                      Aprobado Acta No.193   

                                                       Santafé  de Bogotá, D.C., tres (3) de  diciembre de mil novecientos noventa y nueve (1999).   

          Decide  la  Corte  el  recurso  de  casación interpuesto contra la  sentencia  proferida  el  4  de  octubre  de  1995  por el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Medellín,  que con parcial modificación de la  de  primera  instancia  condena  a  HUMBERTO MUÑOZ   CASTRO  a  la  pena  principal de cuarenta y dos (42)  años,  dos  (2)  meses y quince (15) días de prisión y a la accesoria de diez  (10)  años de interdicción de derechos y funciones públicas, en calidad   de  autor responsable del concurso de delitos agravados de  homicidio en la  persona  de  Andrés Escobar Saldarriaga y falsa denuncia.   

          En  la  misma  providencia se condena a JUAN SANTIAGO y PEDRO   DAVID   GALLÓN   HENAO   como  determinadores  del  delito  agravado  de  falsa  denuncia.   

          HECHOS Y ACTUACION PROCESAL   

          1.- Al filo de la media noche del 1o. de  julio  de  1994,   cuando  en  compañía de algunos amigos departía en el  establecimiento  de  expendio  de  licores  discoteca  ´Padua´ de la ciudad de  Medellín     el     joven     Andrés     Escobar  Saldarriaga, futbolista que actuó como defensa de la  Selección  nacional  en  el campeonato mundial de ese año, ingresaron al mismo  sitio    acompañados    de    otras   personas,   los   hermanos   JUAN   SANTIAGO   y  PEDRO  DAVID  GALLÓN   HENAO,  quienes al notar la presencia del deportista se dedicaron a más  de  criticarlo a mofarse de él haciéndolo blanco de burlas en relación con un  autogol  en  una  de  las  confrontaciones  deportivas  y con una propaganda que  grabó  para televisión, manteniendo esta desobligante actitud hasta el momento  que  optaron  todos  por  retirarse  tres  horas  después,  por  lo que Escobar  indignado  les reclamó respeto incidente que en ese momento no pasó a mayores.  Momentos  después,  cuando  los  hermanos  GALLÓN HENAO y sus acompañantes se  hallaban  en un parqueadero vecino a la discoteca,  en donde se encontraban  los  vehículos,  intempestivamente  llegó  hasta ellos el futbolista quien les  reclamó  por los irrespetos de que había sido objeto  preguntándoles que  si  se  sentían  ´muy  machos´ por estar  ´en barra´  advirtiendo  que  un  error  cualquiera  puede  cometerlo,  recibiendo en ese momento mayores  burlas  y  ofensas  por  uno de los aludidos, PEDRO DAVID, siendo imitado por su  hermano  y sus amigos, al tiempo que rodearon en el mismo plan de mofa al joven,  que  aceptando  las  sugerencias  de unas amigas dispuso retirarse accionando su  vehículo  en  reversa,  cuando  súbitamente HUMBERTO  MUÑOZ  CASTRO,  conductor  y  escolta del mencionado  JUAN  SANTIAGO  GALLÓN,  le disparó todos los proyectiles del arma que portaba  su revólver, causándole la muerte.   

          1.1.-   El  agresor  y  su  patrono  se  retiraron  del lugar del crimen y horas después, pasadas las seis de la mañana  del  día  2  de  julio,  aquél,  cambiando  su  apariencia física mediante el  rasurado  de  su  bigote,  acudió  a  formular  denuncia  por el supuesto hurto  violento   del   automotor  que  manejaba   -que  dejó  abandonado  en  el  perímetro  urbano  de  Medellín, tras retirarle previamente las placas-,   exhibiendo  trazas  de  golpes  en  su  rostro y ataduras en sus manos. No sobra  advertir  que  el  arma  con  la cual causó el homicidio la ocultó en la finca  ´Gibraltar´ del sector de Robledo.   

          2.-    Fueron    vinculados    a    la  investigación  penal  iniciada  los   hermanos JUAN SANTIAGO y PEDRO DAVID  GALLÓN   HENAO    así   como  HUMBERTO  MUÑOZ  CASTRO.          En         providencia  del  26  de  diciembre  de  1994  la  Fiscalía Delegada ante el Tribunal confirmó la resolución  de  acusación  dictada  en  primera  instancia,  imputando  al  último   el  concurso  de  delitos  de  homicidio  agravado  y  falsa denuncia. Así mismo confirmó la preclusión  de  instrucción  en favor de los hermanos Gallón Henao por el delito contra la  vida  y la acusación   contra  éstos  como determinadores del delito agravado de falsa denuncia. (fls.  1323 y ss. cd. 3).   

          Correspondió  al  Juzgado  30  Penal  del  Circuito  de  Medellín  adelantar   el  juicio  y  proferir  la  sentencia  de  primer  grado,  que  fue  condenatoria  por  los  mismos  hechos  punibles de la resolución calificatoria  (fls.  1578  y  ss.  cd.  3),  pero que el Tribunal modificó parcialmente en el  sentido  de  dejar  las penas en los términos conocidos en su fallo. Aunque los  defensores  de todos los procesados interpusieron el recurso de casación contra  la  sentencia  del  Tribunal,  la  impugnación  solo  fue concedida a nombre de  MUÑOZ  CASTRO.   

          LA DEMANDA   

          Tres  son  las  censuras  que  el censor formula contra el fallo de  segundo  grado,  todas  al  amparo  de la causal 1a. del artículo 220 del C. de  P.P.:   

          Primer    Cargo.-   La   sentencia   es  violatoria,  en forma indirecta  de la ley sustancial, por, según precisa,  indebida  aplicación  del  artículo  324,  numerales  4o.  y  7o.,  y falta de  aplicación  del   numeral  3o.  del  artículo  40,  todos del C.P.,   debido  al error de  derecho por falso juicio de convicción  en   que   incurrió  el Tribunal  en la apreciación de la  prueba de  confesión,  pues  desechó  el  fragmento  favorable  de  la  exposición,  que  contenía  la  justificante  alegada, con inobservancia de lo preceptuado en los  artículos 300 y 294 del C. de P.P..   

         Sentando  como  premisa  inicial  la  regulación  normativa de la  legítima  defensa  de  tercero del numeral 4o. del artículo 29 del C. P. y del  error  invencible  relativo  al obrar con la convicción  de  hallarse  amparado  por  una  causal de justificación, consagrado en  el numeral 3o.  del  artículo  40  del  mismo Estatuto, sostiene como  indudable que nadie  exhibió  armas al momento de la mofa a que las  personas de que hablan los  autos  sometieron  al  deportista occiso por su autogol en el campeonato mundial  de  fútbol,  sino  que  fue   éste quien, cuando ya todos se disponían a  retirarse  del   parqueadero,  irrumpió allí con expresiones airadas  y  desafiantes  a reclamar por las befas a sus ofensores, dando lugar a la   controversia que allí surgió.   

         El  procesado  admitió haber sido el ejecutor del homicidio   pero  explicando  haber  obrado  convencido de que quien lanzaba las expresiones  ofensivas  era  un sicario, o un ´mafioso´ que podía estar armado, impresión  que  tuvo  al  observar  el lujoso carro  en  que se movilizaba, y que  posiblemente   pretendía   secuestrar   a  su  patrono.   El  trabajo  del  procesado,  dice, era proteger a su patrono en calidad de escolta y justifica su  estado  de  nerviosismo  ante  el  jugador  con  la  afirmación de los hermanos  Gallón  Henao,  por  cuanto  meses antes su padre fue víctima de un intento de  secuestro   y con la mala índole que se conoce de quienes se dedican a tan  censurable   actividad.    Todo  este  cuadro generó en la mente  del  procesado la convicción errada de que el hombre que manoteaba y vociferaba  incluso  con  injurias  era peligroso para su patrono y que por tanto él debía  reaccionar  de  manera  inmediata  en  defensa  de  éste y  ´con la mayor  rapidez´.   

         No  es  válido -dice- el argumento del Tribunal, de que cuando el  procesado  hizo  los  mortales  disparos  el deportista accionaba la reversa del  carro,  porque  aún  así,  para el procesado estaba en condiciones de disparar  ´y  alejarse  en  precipitada fuga´.   El hombre era un peligro para  su  patrono,  y  con esta convicción  ´se lanzó con voluntad de defensa,  sin  que  conste  se haya detenido a analizar circunstancias;  para él, se  presentaba    un    peligro    inminente,    y   sin   vacilación   acudió   a  conjurarlo.´.    Cuestiona  el  criterio  del  Tribunal para desechar  considerando  el  plural  número  de   disparos  hechos  al  occiso,  pues  sostiene,  la  cantidad  de  disparos puede estar en relación con la intención  pero  no  con  el  motivo,  ´ningún  enlace -asevera- tiene con la voluntad de  defender,  sino  con  el ánimo respecto al resultado´, y tanto es así, que el  procesado    no    recargó    el    proveedor    del   arma   habiendo   podido  hacerlo.   

         También  discrepa  del  Tribunal  en cuanto a que la conducta del  procesado   revelara  ´ira  y  soberbia´,   pues  dice,  ninguna  de  las  circunstancias  vividas  en  el teatro de los hechos responde a esas expresiones  anímicas,     pues     no    hay    base    para    sostener    la    pregonada  soberbia.     Termina  este  reparo   precisando  que  ´por  desoír  y demeritar la confesión … y los otros medios de prueba enunciados´  el  Tribunal  incurrió  en  ´errónea apreciación de la prueba´ y   dedujo  la  responsabilidad del procesado, dejando de aplicar el numeral 3o. del  artículo  40  del  C.P.,   la  sentencia  debe  ser  casada y el procesado  absuelto.   

         Cargo  Segundo.-  Así  lo presenta el  demandante:   

                    “Impugno  la  decisión  …  por  deducir  la agravación del numeral 7 del artículo 324  …,   pues   constituye  violación  directa  e  indirecta  evidentes  de  esta  disposición,  y  a lo cual se llegó, no solamente por errónea interpretación  de  la prueba, falso juicio de convicción, sino también, por mal entendimiento  de  esa norma sustantiva ya que el comportamiento no se adecua a lo estatuido en  el precepto.”.   

         Luego  de  transcribir  el  texto  del  precepto  contenido  en el  numeral  7o.  del  artículo  324  del  C.P.  y  centrarse  en el aspecto del ´  aprovechamiento  de la situación de indefensión de la víctima´,  afirma  que  no  hay  en el proceso prueba de que su procurado hubiera ´desplegado  una  conducta  cautelosa o que supiera que Andrés se encontraba inerme, pues la  circunstancia  de encontrarse éste dentro del vehículo y sentado, no significa  la  ausencia  de  arma  …´.    Por esto, ésto, dice,  ´se ha  incurrido    en    mal   entendimiento   del   contenido”    del   referido  precepto.   Además,  añade,  la prueba de confesión ´indica exactamente  lo   contrario´,   para  demostrar  lo  cual,  cita  apartes  textuales  de  la  declaración  injurada  del  procesado,  haciendo énfasis en el hecho de que no  obstante  tener  en su poder ´doce cartuchos más´, no hubiera vuelto a cargar  el   arma   luego   de   vaciar   su   inicial   contenido   en  el  cuerpo  del  occiso.   

         A  continuación enjuicia el criterio del Tribunal, que al dar por  estructurada  la agravante tomó como respaldo doctrinario una cita referente al  estado  de  indefensión  en  el delito de homicidio, pues considera que ´quien  actúa  con voluntad de defender o defenderse´ no está en el deber de afrontar  los  riesgos  que  conducirían  a  una  lucha  en la que podría llevar la peor  parte,  sino en conjurar un peligro, y advierte que más apropiado al caso es el  criterio  de  otro  doctrinante  nacional, que habla sobre el aprovechamiento de  las  condiciones  de  indefensión de la víctima, que implica que  ´si no  se  dieran  las  condiciones de inferioridad no se actuaría´,  comentando  que  en  el  caso concreto si su pupilo le hubiera visto un arma o el ademán de  tomarla  al  occiso,   ´no  habría  dejado  de  disparar, sino que por el  contrario,  habría  actuado  con  denuedo  en  el  cumplimiento  de su deber de  escolta´.   

         Tratando  de  desvirtuar la agravante en comentario imputada   a  su  cliente,  afirma que éste no usó disfraz alguno al dirigirse al occiso,  sino  que  obró  con  ´ligereza,  rapidez´,   como lo juzgó necesario y  oportuno,  con  ´voluntad  de  defensa  …  pues  lo  que  consideró  peligro  inminente  no  le  permitía  dubitaciones´.  Agrega  que  en  la  sentencia se  mencionaron   nueve  deponentes  sobre la indefensión de la víctima, pero  no  se  estudiaron  esos  testimonios  y  afirma  que  al examinarlos -tarea que  emprende  al  párrafo  siguiente-,   de lo que dan cuenta es de que vieron  disparar,  pero  no  de  la  indefensión  comentada,  ni de que el procesado se  hubiera aprovechado de esa circunstancia.   

         Luego   de   resumir  este  apartado  de  su  alegación,  termina  formulando la consecuente solicitud casacional.   

         Cargo    Tercero.-      La  sentencia  es violatoria, en forma indirecta, del artículo 234, numeral 4o. del  C.P.,  errada apreciación de la confesión del occiso, en virtud de lo cual dio  por   establecida   la   agravante   del   motivo   fútil  establecido  en  esa  norma.   

         Explica  que  el  procesado,  que  se  hallaba  en  el parqueadero  alejado  del  establecimiento  en donde el futbolista fue sometido  a mofas  por  su  patrono  y  amigos,  desconocía  este  antecedente  y lo que percibió  directamente,  como  así  lo reconoció el Tribunal, al referirse a su versión  fue  la súbita irrupción del deportista discutiendo, manoteando y alborotando,  y  que  esta  circunstancia  prendió  en  la  mente  del incriminado la idea de  peligro  inminente  para  su  patrono, acicateado por el intento de secuestro de  que  había  sido  ya  objeto  el  padre de éste y debido a lo cual había sido  contratado  como   escolta.   Y  como  no alcanzó a oír las voces de  apaciguamiento  para  ambas  partes,  solo  entendió que estaba ante  ´un  inminente  peligro de agresión´,  que guió  ´su comportamiento con  indudable  e  indefectible  voluntad  de  defensa´   por  la  necesidad de  protección de su patrono.   

         Tomando  como  apoyo  el  testimonio  de  Leonal Meza, quien dice,  depuso  en  el  mismo  sentido  que  el  procesado sobre el punto en referencia,  cuestiona  la  afirmación  mediante  la  cual  el fallo acusado al examinarl el  motivo  de  reacción  del  procesado,  le  restó  trasdendencia  a lo que este  consideró una acalorada discusión.   

         De   esta   suerte,    ´al  desoír  las  explicaciones  del  procesado´,  al  minimizarse  el  alcance  de las expresiones, al ´no apreciar  debidamente  el  significado´  que  para  él  tuvo  la  ´rápida  entrada del  vehículo´  del  occiso  ´al ambiente pacífico en que se encontraban los  otros´,   hubo  errada  apreciación de la prueba y aplicación equivocada  de la agravante en comentario..   

         EL MINISTERIO PUBLICO   

         En  la  opinión  del  señor  Procurador  Tercero  Delegado en lo  Penal,  ninguno  de  los cargos puede prosperar, y por consiguiente la sentencia  no debe casarse.   

         Aludiendo    al   primero,  destaca  el  error  que  lo  aqueja,  al pregonar la violación  indirecta  de  la  ley  sustancial por error de derecho en la apreciación de la  prueba,  porque,  careciendo  la glosada por el censor, de tarifación legal, no  podía  presentarse   esa clase de yerro.  Además, acota con respaldo  en  transcripción  del fragmento pertinente de la sentencia, en la apreciación  de  la  indagatoria y con apoyo en  ´el estudio adecuado de las   circunstancias  probadas´   el  Tribunal, con razonable criterio descartó  el alegado error sobre la justificante.   

             Además  de  considerar  confusa  la  argumentación,  la  encuentra  insuficiente  para demostrar la causal de inculpabilidad que de igual  modo   pregona,   porque  el  abundante  recaudo  probatorio   unido  a  la  confesión  descarta  esa  circunstancia  y demuestra que el procesado estuvo en  actitud  pasiva  durante  el  cruce  de  palabras  y pudo enterarse de lo que se  hablaba  y  discutía,  y  por  tanto no le era dable entender que se cernía un  peligro sobre sus patronos.   

Estima  que  el casacionista lo que hace es  presentar   ´una   realidad   que  no  se  probó  en  el  proceso´   argumentando   ´una supuesta voluntad de defensa´  con hechos de los  que  solo  habló  el  procesado,  pues  la  restante  prueba  no  consolida sus  explicaciones.   

         El     cargo    segundo  lo  responde el funcionario llamando la atención sobre el hecho  de  contener  proposiciones  contradictorias  e  incompatibles,  reveladoras  de  confusión  conceptual,  dado  que  en él ataca simultáneamente por violación  directa y por violación   

indirecta  la misma disposición jurídica,  esto  es,  el  numeral  7o. del artículo 324 del C.P.,  afirmando que hubo  apreciación  errada  de la prueba, que también existió errada interpretación  del  precepto mencionado, y que así mismo se presentó una aplicación indebida  de ese dispositivo legal.   

         Luego   de  explicar  los  efectos  en  sede  casacional,  de  esa  antitécnica  forma  de  argumentar,  caracterizada además por la presentación  de   ´una  serie de apreciaciones personales sobre la supuesta voluntad de  defensa´   contrapuesta  al  criterio  del Tribunal, considera, con amplia  referencia al haz probatorio, que el reparo carece de fundamento.   

         El     tercer     cargo,  lo  considera  incompleto,   porque  no  indica  el censor  cuáles  fueron  las pruebas erradamente apreciadas por el fallador para deducir  la  causal  4a. de agravación del artículo 324  del C.P.   A la  par,  hace  énfasis  en  la  demostrada  airada reacción del procesado, por un  motivo  totalmente  intrascendente,  del  que sus mismos patronos dieron cuenta,  como  lo  fue  el  reclamo que el futbolista occiso les hacía por las burlas de  que  lo habían hecho blanco, ante el cual ellos mismos reconocieron no sentirse  en peligro.    

         

         LOS NO RECURRENTES.  LOS OTROS PROCESADOS   

         En  su  alegato apreciatorio, la Procuradora 117 Judicial Penal de  Medellín,   manifiesta  que  la  demanda  presenta  vicios  de  técnica  y  de  conceptualización  casacional  que  impiden  su  atención,  de los cuales hace  detenida relación, y sugiere la desestimación de las censuras.   

         CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

         A  las  severas fallas de orden técnico casacional que afectan la  demanda  se  suman  también importantes yerros conceptuales que definitivamente  demarcan  su  ineficacia  para  derruir  la  sentencia  impugnada,  como  pasa a  verse.   

         El     primer     cargo  pregona la violación indirecta del numeral 4o. del artículo 40  del  C.P.,   porque  en sentir del censor el Tribunal incurrió en error de  derecho  en  la  apreciación  de  la  prueba de confesión del procesado y así  aplicó  indebidamente  la  referida  norma  sustancial condenando al procesado,  cuando lo justo era su absolución.   

           El  error  de  derecho  por  falso  juicio  de  convicción,  ha  precisado  exhaustivamente  y  desde  antiguo  la  Corte,  está  referido a las  pruebas  respecto  de  las  cuales  la  propia  ley  le otorga un estricto valor  -tarifa  legal-  y hoy tanto la confesión como los restantes medios probatorios  se  hallan sometidos al principio de la sana crítica consagrado en el artículo  254 del C. de P.P..   

         Por   tanto,   si   para   la   apreciación   de   la  prueba  de  confesión    el   fallador   cuenta   con   la   facultad  de  aplicar  su  criterio,   racionalmente  extraído  a  través  de  un  proceso  de  sana  crítica  y  no  está  supeditado a un predeterminado grado de credibilidad, no  puede   censurarse  esa  apreciación  como  fruto  de  un  falso juicio de  convicción,  y  el hacerlo, como sucede en este específico caso,  sustrae  el  reclamo  del ámbito del recurso de casación, porque no se adecua a ninguna  de  las  causales  legales  de  este  medio de impugnación, y la Corte no puede  graciosamente  encajarlo en el que el demandante señale, porque violentaría el  principio   de   limitación   establecido   en  el  artículo  228  del  C.  de  P.P..   

         Por   consiguiente,   la  censura  concebida  bajo  el  equivocado  criterio  en  comentario,  se  aparta  de  los  fundamentos de lógica que   gobiernan  el  recurso  de  casación  y  no puede ser sometida al estudio   propio    de    la    clase    de    violación    alegada.    Es   por   tanto,  impróspera.   

         Pero  además,  carece  de  fundamento,  como  bien  lo destaca el  Ministerio  Público. La objeción que plantea el señor defensor consiste, como  se  ha  dicho,  en  que  el  fallador  no otorgó crédito a la explicación del  procesado,  según  la  cual,  obró  bajo la convicción errada e invencible de  hallarse  ante  la  causal  de  justificación  de  la  legítima  defensa de un  tercero,  al  irrumpir  súbitamente  el  occiso  ante  su  patrono y quienes lo  acompañaban  conduciendo  un  lujoso  vehículo que le daba la apariencia de un  peligroso   sicario   o   ´mafioso´   y  haciendo  airados  reclamos  acompañados  de  ademanes  que  le hicieron temer por la seguridad de aquél, a  quien  tenía  el  deber de proteger en su calidad de escolta contratado a raíz  de    un    conato    de    secuestro    cumplido    anteriormente   contra   su  progenitor.   

         A  esta  explicación  calificante  de su confesión vertida en la  indagatoria,  el  Tribunal  efectivamente  le denegó crédito, tras un juicioso  análisis  de  su  contenido y de las circunstancias de todo orden dada la forma  como  sucedieron  los  hechos,  de  acuerdo al relato del acusado y los diversos  testigos  presenciales.  No  fue  pues la del Tribunal una decisión tomada a la  ligera  o  superficialmente,  es  decir,  con desconocimiento de la normatividad  reguladora  de  la  prueba, por el contrario, ahondó y abundó en el examen del  haz  probatorio,  confiriendo a cada uno de los elementos de juicio el sentido y  alcance  que  racionalmente  merecían, hasta concluir consolidando el juicio de  reproche  en  la  comprometedora  manera  que  refleja la sentencia.     

         La  causal  de  inculpabilidad defensa subjetiva, también alegada  de  acuerdo  a  la secuencia de hechos que el procesado presenció y vivió daba  pie  a  creer  errada  e  invenciblemente  que  se  hallara ante la necesidad de  ejercer  una  defensa de su patrono que lo determinara a actuar como lo afirmó.  Los  reclamos  del  deportista,  con  todo y lo enérgicos y soeces que hubieran  podido  ser,  ni  siquiera alarmaron a su patrono;  tampoco eran aptos para  preanunciar  un  secuestro  de  éste;  el  occiso  no esgrimió arma alguna que  revelara  al  menos  un  intento  de  agresión física que el procesado creyera  estar  en  la necesidad de repeler de la forma como lo hizo; y por lo demás, no  fue  la  confesión  el  único  elemento  de  juicio  que  el  fallador tuvo en  consideración para confirmar la decisión condenatoria.   

         En definitiva, el cargo no prospera.   

         Tampoco  el  segundo cargo  tiene  posibilidades  de  éxito.   En  éste el demandante  afirma  que  la  sentencia  es  violatoria,  simultáneamente en forma directa e  indirecta,  del  numeral  7o.  del  artículo  324  del C.P., porque el Tribunal  incurrió  en errada apreciación de la prueba por falso juicio de convicción y  en interpretación errónea de la misma disposición legal.   

         Es   palmar   la  antinomia  del  planteamiento,  cuyo  desarrollo  adelanta  con  la  misma  falencia  conceptual,  en  abierto desconocimiento del  principio  lógico  de  no  contradicción a cuya guarda apunta el artículo 225  del  C.  de  P.P.  en  su  último  apartado.   Al respecto se recuerda que  insistentemente  la  Corte  ha  precisado  que  cuando se ataca la sentencia por  violación  directa de la ley sustancial, deben aceptarse las pruebas examinadas  y  los  hechos   tal  como  el  fallador  los  apreció, para no caer en la  violación  indirecta,  en  la  que  el  rechazo se concreta primeramente en ese  aspecto.   La alegación coetánea en un mismo cargo de estas dos formas de  transgresión  implica  confusión  sobre  la  naturaleza de cada una de ellas y  genera  falta de claridad y de precisión en la alegación, de manera tal que su  estudio en lo intrínseco es inabordable.   

         De  otro  lado,  en cuanto a la aducida violación indirecta de la  ley  sustancial,  en  este  reparo  vuelve  el  casacionista  a exponer el mismo  equivocado  criterio  vertido  en  el  cargo precedente,  de que hubo falso  juicio  de  convicción  en  la  apreciación  de  la  prueba,  pero  basado  en  deducciones  subjetivas  que  no  coinciden  con  las extraídas por el Tribunal  mediante  la  aplicación  del  principio  de  la crítica racional, a cuyo  criterio  simplemente  opone  las suyas,  pero sin argumento valedero, pues  no  indica  ni  demuestra  que éste hubiera incurrido en concretos vicios en su  labor  de  evaluación que eventualmente la Corte pudiera enmendar en su calidad  de juez extraordinario.   

         Pero     ni    siquiera  dejando  de  lado  los errores técnicos que aquejan la censura,  ésta  tendría  visos  de  aceptación, porque no hubo error en la apreciación  del  cúmulo  probatorio  relacionado con el motivo de agravación consagrado en  el  numeral  7o. del artículo 324 del C.P. imputado al procesado, al cual alude  la  Procuraduría  en  estos  términos,  que  la  Corte  hace  suyos   por  corresponder  a  la  realidad probatoria:   “Es claro probatoriamente,  que  el  señor  Andrés  Escobar  se  encontraba en situación de indefensión,  constituida  por  hechos  que fueron reconocidos en la sentencia, tales como que  nunca  abandonó  su vehículo y que se disponía a partir, una vez terminada la  discusión,  cuando  fue  sorprendido  por  los  disparos,  que  no esperaba, en  posición  que  dificultaba  cualquier  reacción  defensiva, ante lo cual sólo  atinó  a  protegerse  con  una mano.   En esto son concordantes todos  los  testimonios  recibidos  y  aunque  el  defensor  no  encuentra  en ellos la  situación  de  indefensión,  no  hace  esfuerzo  alguno  para demostrar que se  incurrió  en  un yerro al momento de la valoración de las pruebas y acreditar,  por  esta  vía, otros hechos que impedirían atribuir la agravante al autor del  hecho.”.   

         El cargo no prospera.   

         En    cuanto   concierne   al   cargo  tercero,  la  situación  de  la  demanda  continúa  irrelevante.   Sostiene  el  censor que la sentencia es violatoria en forma  indirecta,  del  numeral  4o.  del  artículo  324  del C.P., debido a la errada  interpretación  que hizo de la prueba de confesión, que se hallaba corroborada  sobre  el  motivo  determinante de la acción, por el testimonio de Leonel Meza,  falla  que  significó  la  indebida  aplicación de la agravante prevista en la  norma.   

         La  censura  desconoce  elementales  supuestos  de la técnica que  regula  el  recurso  de  casación,  deficiencia que sin duda, la hace confusa e  imprecisa  en  todos sus términos, además de incompleta, y por tanto, ineficaz  para el objetivo que persigue.   

         En  primer  lugar,  el demandante no indica, ni demuestra el error  judicial  que  pueda  enmendarse  a través de esta clase de impugnación, en la  apreciación  de  la prueba de confesión de los hechos de los que se extrajo la  circunstancia  de  motivo  fútil que se imputó a su patrocinado como agravante  del  delito  de  homicidio,  sino  que  presenta a la Corte su personal punto de  vista  sobre  la  afirmación con la que el incriminado pretendió justificar su  comportamiento,  otorgándole  un valor sobremencionado a esa explicación, solo  por  hallarse,  según  dice,  respaldada  por  el  testimonio  de  uno  de  los  múltiples declarantes en el proceso, Leonel Meza.   

         Desconoce   el  defensor  que  la  objeción  en  casación  a  la  apreciación  de la prueba realizada por el sentenciador de las instancias, solo  puede  fundarse en errores de hecho o de derecho, objetivamente demostrados y de  repercusión   determinante.  El  uso  de  expresiones  subjetivas  adversas  al  criterio  del  fallador,  como  las que aparecen en la argumentación del cargo:  “al  desoir  las  explicaciones  del  procesado”  ;  “apreciar  indebidamente el  significado”  de una situación, excluyen a la prueba de su condición de objeto  de  la  evaluación y desnaturalizan la reclamación frente al mandato 225-3 del  C.  de P.P., según el cual la causal aducida debe ser fundamentada con claridad  y  precisión,  las  que  de  acuerdo  a  lo  expuesto  se hallan ausentes de la  disertación impugnatoria.   

         En  segundo lugar, la censura es incompleta, porque no señala las  pruebas  que  el Tribunal tuvo en cuenta para estructurar la futileza del motivo  que asistió al procesado para disparar, ya que   

se  limita a afirmar que la explicación de  este  fue  corroborada  por  el  testimonio de Leonel Meza, requiriendo por esta  razón  para el dicho de que la interpretación y el alcance que en criterio del  actor  debía  tener;  obviamente  tampoco  demuestra  de  qué  manera erró el  sentenciador en la apreciación de esas probanzas.   

         Las  deficiencias  técnicas  de  esta  censura,  según lo dicho,  imponen su desestimación.   

         En   mérito,  la CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA  en  SALA DE CASACION PENAL, oído y acogido  el  concepto  del  Ministerio  Público,  administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la Ley,   

         R E S U E L V E   

         NO  CASAR  la  sentencia recurrida. En  firme,   DEVUELVASE  el  expediente al Tribunal de origen.   

         CÓPIESE Y CUMPLASE.   

                                       JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO   

FERNANDO   E.ARBOLEDA  RIPOLL                                        JORGE E. CORDOBA POVEDA   

CARLOS    A.GALVEZ   ARGOTE                                                     EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

MARIO   MANTILLA   NOUGUÉS                                                     CARLOS E.MEJIA ESCOBAR   

ALVARO    O.PEREZ    PINZON                                                     NILSON PINILLA PINILLA   

                                       PATRICIA SALAZAR CUELLAR   

                          Secretaria     

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