11285g

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    PROCESO No. 11285  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                   

                                                                  Magistrado Ponente   

                                                                  Dr. DIDIMO PAEZ VELANDIA   

                                                                  Aprobado   Acta   No.  63          

Santafé de Bogotá, D.C., cuatro (4) de mayo  de           mil          novecientos          noventa          y          nueve  (1999).                                                                         

          Decide  la Corte el recurso extraordinario de casación interpuesto  por  el   defensor  de HECTOR ANDRES GONZALEZ GOMEZ contra la sentencia del  30  de  julio de 1.995,  mediante la cual el Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Bucaramanga  condenó  a dicho procesado a la pena principal de 44  años  de  prisión,  por los delitos de homicidio y hurto agravados, falsedad e  infracción al artículo 33 de la ley 30 de 1.986.   

         

ANTECEDENTES  

          1.-  Aproximadamente  a  las 10 de la noche del 29 de septiembre de  1.993  el  médico  Gilberto Martínez González se encontró en el centro de la  ciudad  de  Bucaramanga  con  los  jóvenes  Héctor  Andrés González Gómez y  Ricardo  Rodríguez  Jiménez y con ellos se dirigió al motel “Los Gansos”,  ubicado en el kilómetro 4 de la vía que lleva a Pamplona.   

          En   ese   establecimiento  los  tres  tuvieron  entre  sí  varias  relaciones  sexuales,  al  final de las cuales los referidos jóvenes inyectaron  una  sustancia  tóxica  al nombrado médico, a quien, además, colocándole una  almohada  en  la  cara,  le  impidieron respirar, a consecuencia de todo lo cual  falleció.     

          Los  mencionados  González  Gómez  y  Rodríguez  Jiménez, desde  antes  del  aludido  encuentro,  tenían  el  propósito  de hurtar el vehículo  automotor  del  citado  galeno,  por  lo  cual  una  vez  muerto  éste – en las  circunstancias  acabadas  de  reseñar  -,  botaron  su  cuerpo  a la altura del  kilómetro  5  de  la nombrada vía y se llevaron el automóvil y un maletín de  Martínez González.   

          El  1  de  octubre,  falsificando  la firma de Martínez González,  González  Gómez  por conducto de un tercero, cobró dos cheques (cada uno  por  $60.000.oo)  que el médico portaba en el maletín y guardaron el automotor  en  el  parqueadero  “Nuevo  Mundo”  de  la  mencionada  ciudad,  donde  fue  recuperado días después por la Policía.   

          La  esposa  del  occiso formuló la correspondiente denuncia (fl. 1  cdno.  1)  y  la  Policía  comenzó  a realizar las respectivas averiguaciones,  siendo  así  que  el  8 de noviembre fueron capturados los mencionados jóvenes  González  Gómez  y Rodríguez Jiménez, encontrándosele al primero 2,7 gramos  de cocaína.   

          –  Wilfren  González  López  declaró (fl.98 y 198-1) que los dos  mencionados  imputados  se  comprometieron a llevarle el referido automotor para  que  entre  él  y Javier Delgado Pinilla lo vendieran y se ganaran de este modo  la   respectiva  comisión,  pero  que  ese  vehículo  no  lo  pudieron  vender  rápidamente.  Agrega  que  la referida pareja le contó cómo habían matado al  médico  (“Lo encontraron muerto donde yo lo boté”, dice que dijo González  Gómez),  narración  que  confirma el mencionado Javier Delgado Pinilla a folio  196.   

          –  En  sus  indagatorias (fls. 120, 127, 266 y 273-1) los imputados  admitieron  el ya citado encuentro sexual con el médico pero afirman que no fue  la  noche  del  29 sino la del 28 de septiembre de 1.993 y que ellos no hurtaron  el  automotor  ni  mucho  menos  mataron  a  su propietario. Rodríguez Jiménez  también  niega  toda  intervención  en  el  cobro  de  los  referidos cheques.   

          –  En  un  registro  hecho  a  la  vivienda del sindicado González  Gómez  (fl.104),  se incautó una jeringa, con la cual se presume fue inyectada  la víctima.    

          2.-  Decidida la detención preventiva de los implicados (fl. 168),  se  cerró la investigación y el sumario fue calificado con acusación para los  dos  sindicados:  González  Gómez  por  los delitos de homicidio, hurto (ambos  agravados)  y  falsedad;  Rodríguez Jiménez por los dos primeros punibles (fl.  73-cdno.3).  Apelado este proveído (el cual dispuso, además, la expedición de  copias  para  investigar  a  los mencionados Wilfren González y Delgado Pinilla  por  “encubrimiento  o complicidad”), recibió entera confirmación mediante  resolución de junio 7 de 1.994 (fl. 7 cdno.4).    

          3.-  Por  el  referido  porte de la cocaína se formó otro proceso  (cdno.2),  el  procesado  confesó  y  aquí también fue acusado, concretamente  como  infractor  del artículo 33 de la ley 30 de 1.986 (fl. 55), en providencia  que cobró ejecutoria el 6 de mayo de 1994.   

          4.-  El  Juzgado  2o. Penal del Circuito acumuló el proceso por el  porte  del  estupefaciente (en el cual se alcanzó a celebrar audiencia pública  –  fl.  80-2), con el que su homólogo 5o. adelantaba por los demás mencionados  delitos, según auto de agosto 9 de 1.994 (fl. 8 cdno. 5).   

          En  la  etapa  de  la  causa se recibieron varias declaraciones, se  celebró  audiencia  pública  (fl. 178-5 y se dictó sentencia de marzo 1º. de  1.995  (fl.195-5),  por  medio  de  la  cual, en armonía con la acusación, los  procesados  fueron  condenados  a  44 y 43 años de prisión (González Gómez y  Rodríguez Jiménez, respectivamente).   

          La  defensa apeló dicho proveído, y el Tribunal, mediante el suyo  que  es  objeto  del recurso extraordinario, lo confirmó integralmente (fl. 131  cdno. Nº. 6).   

          Cabe  anotar que el recurso de casación interpuesto por el acusado  Rodríguez  Jiménez  fue  declarado  desierto  por  falta  de sustentación del  mismo.   

LA  DEMANDA  

         

         Primer Cargo   

         Con   la   invocación   del   artículo   220-3   del  Código  de  Procedimiento  Penal el demandante afirma que existe nulidad, por los siguientes  motivos:   

        -”Con  relación  al  numeral  12 del art. 103 del C.P.P.”(fl.  219-cdno.6),  ya que el Fiscal 23 Delegado ante los Jueces Penales del Circuito,  no  obstante  haber  practicado  la  “audiencia  especial”  de  que trata el  artículo  37-A  del  Código  en  mención (audiencia en la cual no se llegó a  ningún  acuerdo),  “siguió  conociendo  de la investigación, clausurando la  misma  y  calificando  el  mérito  del  sumario”,  con  lo  cual aparte de la  “falta   de  imparcialidad,  se  afectó  el  derecho  de  defensa“  por  la  circunstancia  de  que,  no  obstante existir acuerdo  parcial  en  la  audiencia  especial  (Art.  37A del  C.P.P.)  respecto  del  cargo de FALSEDAD EN DOCUMENTO PRIVADO, no se rompió la  UNIDAD  PROCESAL  que  establece  el  numeral  3 del Art. 37B del C.P.P. y mucho  menos,  se  dio aplicación al trámite establecido en el inciso 2 y ss del Art.  37A  de  la  misma  obra,  esto es, no se remitió el  proceso  al Juez de conocimiento para que aprobara o  improbara  el  acuerdo  mediante  la  providencia  correspondiente”. (fl.220).   

        –   “Con   relación  al  numeral  4o.  del  artículo  103  del  C.P.P.”(fl.220  cit.), ya que el magistrado que por apelación revisó el auto  que  negaba  una  nulidad,  fue  el  mismo que profirió en segunda instancia la  sentencia  impugnada  en casación. Dice que como, pues, el referido funcionario  ya  “había dado su opinión” sobre el asunto, ha debido declararse impedido  y,  al  no  hacerlo, “se vulneró el derecho de defensa y el debido proceso”  (fl.221).   

        -”Con  relación  al  Art. 249, 333 y 334 del C.P.P. y 250 de la  C.N.“  (fl.221  cit.),  puesto que los funcionarios instructores “solo (sic)  se preocuparon por arrimar al proceso las pruebas de cargo”.   

Pues:  

        1.-  No  se llevó a cabo el “cotejo del cabello” con respecto  al que fue encontrado en el automotor hurtado al médico-víctima.   

        2.-   Tampoco   se  hizo  el  cotejo  de  las  huellas  dactilares  encontradas  en  el referido vehículo con las de los testigos Wilfren González  y  Javier  Delgado,  “lo cual hubiese incidido en la credibilidad o no, que se  le  dió  (sic)  a  la  versión de esos testigos y se le restó al dicho de los  encartados”(fl. 222).   

        3.-  Se  negaron  varias pruebas que favorecían a los sindicados,  como  el  reconocimiento  con  la  dueña  del parqueadero donde fue guardado el  automotor.   

        4.-  En la etapa de la causa el juez negó también otras pruebas,  como  las  ampliaciones  del  “amante  del occiso” Alvaro Ferreira León, la  esposa de aquél y de otras personas.   

        5.-  Al  testigo  Ricardo  Guerra -quien advirtió estar amenazado  por  su  eventual  declaración- “no se le requirió bajo los apremios legales  para  que  rindiera  su  declaración  ni  se  intentó  en  forma  posterior, a  sabiendas de la importancia de su atestación” (fl.223).   

        Solicita  que se case el fallo y se decrete la respectiva nulidad.   

        Segundo cargo   

        Violación   indirecta  (art.  220-1,  cuerpo  2o.  C.P.P.)  “al  apreciar  erróneamente  unas  pruebas  y dejando de apreciar otras” (fl.224).   

        –  En  cuanto  al  falso  juicio de identidad por tergiversación,  dice que se cometió este error de hecho en los siguientes puntos:   

        1.-  El  testigo  Wilfren  González  López dijo, en declaración  rendida  el  26  de  noviembre  de  1.993, que el occiso se vio con el procesado  Héctor  González la noche del 28 de septiembre, pero “la sentencia impugnada  parte  de  la  certeza  de que el occiso portaba para la época de los hechos”  los  cheques  sobre los cuales el fallo afirma que Héctor González cometió la  falsedad.   

        –  Se  tergiversó  el  testimonio “del amante del occiso Alvaro  Ferreira  León”  (fl.225),  quien  realmente  dijo  que  había estado con la  víctima  la  noche  del 28 de septiembre, de lo cual dedujo el sentenciador que  “nadie  puede  estar  en dos sitios diferentes a la vez”, conclusión que lo  llevó  a  no  aceptar que dicho procesado estuvo con el médico ese 28, y no el  29,  en que éste fue muerto, “pero se olvida -prosigue el censor- que la hora  de    las    11:P.M.    es   aproximada”  según  la  versión  de  los procesados (fl. 225 subraya del  original).    

        Concluye,   pues,  diciendo  que  “no  está  probado  el  hecho  indicador”   (fl.226)  de  que  los  cheques  fueron  hurtados  la  noche  del  homicidio, es decir el 29 de septiembre de 1.993.   

        2.-  En  cuanto a la “desaparición del registro de entrada y de  salida  del  vehículo del motel “Los Gansos”, correspondiente al día 28 de  septiembre  de  1.993” (fl.226), sostiene que el Fallador erró al estimar que  en  esa  desaparición  “los  únicos  interesados” eran los procesados y al  olvidar  que era “perfectamente posible”(fl.227) que el mencionado vehículo  hubiera  estado  en  dicho  motel ambas noches, o sea las del 28 y 29, y en esta  última  “con  sus  verdaderos  asesinos” (fl.227), a más de que la testigo  Mercedes  López  de González, madre del testigo Wilfren, no precisó que en la  madrugada  del 29 fue que dos individuos fueron a buscar a su hijo, “luego ese  hecho indicador no está demostrado”(fl.cit.).   

        3.-  Con respecto al  “indicio del móvil para delinquir”  (fl.228),  ya  que el Tribunal parte del supuesto no demostrado que el procesado  González  Gómez  hurtó  el  vehículo para cubrir un faltante que tenía como  cobrador   del  cementerio  Jardines  de  la Colina, faltante que el censor  estima  no  demostrado  ante  la  imprecisión  al respecto de los testigos Eber  Felizzola  Angarita  y  Aydeé  Bayona  Osorio, quienes no señalan su cuantía,  “amén  de  que  cuando  a  él  lo  capturaron en forma sorpresiva, no había  rendido  cuentas  en  su  oportunidad”  (fl.228) y añade que, si en gracia de  discusión,   se  admite la existencia de dicho faltante”, ello obedecía  a  que  por  su  imprevista  captura  no  alcanzó  a  entregar  cuentas  de los  respectivos cobros”.   

        Dice  que, además, el sentenciador no tuvo en cuenta la capacidad  económica  de  la  familia  del referido procesado y que, por tanto, este hecho  indicador “es equívoco” (fl. 229).   

        4.-  Sobre los “indicios de huellas materiales”, indica que el  hallazgo  de  la  jeringa  en casa del procesado está suficientemente explicado  por  la  madre  del  acusado  Angela  González, en el sentido de que se utiliza  allí  “para echarle baygón a las hormigas”(fl.229), aparte de que “no se  practicó  ningún  examen técnico de la misma para constatar rastros de algún  veneno”(fl. 229).   

        Agrega  que  si  bien el peritaje de toxicología encontró en los  restos  de  la víctima “propoxur, conocido comercialmente como baygón, no se  puede  descartar que dicha sustancia haya sido inoculada en el anfiteatro o bien  en  la  funeraria  al realizar la “preparación” del cadáver…”(fl. cit.  infra  y  230), y dice que el sentenciador pasó por alto que el testigo Wilfren  González  dijo  que  el  procesado  había  contado  que la sustancia inyectada  había sido “un ácido utilizado en joyería” (fl. 230).   

        Agrega  que  el Tribunal también yerra al “reforzar su tesis”  (fl.  cit.)  con  el  hecho  de  haberle  encontrado  al  procesado cuando se le  capturó  ativan,   sustancia  “supuestamente  suministrada  a  Martínez  González  para  dormirlo  y facilitar su cometido criminal” (fl. cit. infra),  no  obstante  no  le cree a que cuando afirma que usa el citado medicamento como  tranquilizante después de consumir cocaína.   

        5.-  Acerca  del  “indicio  de  mentira”  (fl.  231), anota el  censor  que  no  es cierto que los procesados “ incurran en contradicciones”  (fl.cit.),  pues  éstos  sostuvieron  que  la  noche  del  29  estuvieron en el  apartamento  de Ricardo Guerra, y dice que si bien los procesados en una primera  oportunidad  mintieron  en  cuanto  al  sitio  donde  habían  estado  el  28 de  septiembre,  “en  la  segunda oportunidad aceptan haber estado en el Motel Los  Gansos y haberle hurtado los cheques” (fl. cit. infra).   

        Dice  que  es indicio en favor del procesado el que no haya huído  cuando  fue dejado en libertad primeramente y concluye que “el indicio de mala  justificación”(fl.233)   “sólo   existió   en   el  subjetivismo  de  los  falladores” (fl. cit.).   

        Por  lo  que  toca  al “falso juicio de existencia al ignorar la  existencia   procesal  de  la  prueba  indiciaria  que  obraba  a  favor  de  mi  asistido” (fl.233), como:   

        1.-  El haber hecho efectivos los cheques de la víctima al tercer  día de muerto éste.   

        2.-  Que  sus  huellas  dactilares  no  hayan  sido halladas en el  vehículo hurtado.   

        3.-  Se demostró que el referido automotor la noche del 29 entró  al  motel  “Los Gansos” a las 10 y 45 p.m. y salió en la madrugada del 30 a  la  1  y 35, datos que se comparan con los de la motocicleta del procesado en el  parqueadero   “Paseo   a   España”,  dejan  sólo  50  minutos  de  tiempo,  insuficientes  para  hacer  todo  el  recorrido  que se hizo antes y después de  dejar  el  cadáver  del  médico  en  el  kilómetro  5  de  la vía a Pamplona  (fl.235).   

        Opina  que  todo  ello  “lo  pasó  por alto el Tribunal” (fl.  cit.),  olvidó  que,  de  no  existir,  hubiera  cambiado  el sentido del fallo  combatido.   

        Alega   al   respecto  que  esos  testigos  se  contradicen  así:   

        1.-  Wilfren González “ocultó”(fl. 237) su participación en  el  hurto  del  vehículo,  pero en segunda oportunidad “Acepta que él, junto  con  JAVIER  DELGADO  eran  los  encargados  de  conseguir  el  comprador  y que  estuvieron  movilizando  el  vehículo  en  los  parqueaderos”  (fl.237), como  también  después  admitió haber tenido en su poder el maletín de la víctima  “describiendo en detalle lo que contenía”.   

        Agrega  que la testigo también se torna imprecisa cuando declaró  que  en  la  madrugada  del 30 fueron a su casa los procesados para mostrarle el  vehículo  que  estaba  en  el  parqueadero,  pero  está  demostrado  que dicho  automotor  abandonó “Los Gansos” a las 2 y 25 de dicha madrugada, yerro que  se  extiende  cuando  afirma  que  el referido maletín lo usó en su trabajo el  procesado,  más los compañeros de González Goméz declararon que nunca vieron  que lo portara.   

        Si  el  testigo  Wilfren  González  dijo que, según el procesado  Héctor  Andrés  González, al médico se le había inyectado como “veneno”  (fl.237  infra)  un  ácido  usado  en labores de joyería, pero el sentenciador  “tuvo  por  sentado”  que  dicha  sustancia  fue baygón, “esto último en  gracia de discusión”.   

        Anota  que  “el  fallador pasó por alto tales circunstancias”  (fl.  238  supra)  y  a renglón seguido habla de la “Sana crítica” y otros  factores  que  la ley ordena tener en cuenta para apreciar la prueba testimonial  y  afirma  que “el fallador  en ningún momento dió (sic) aplicación al  art.  294  del  C.P.P.  y  tuvo,   así  “una errada convicción sobre la  credibilidad de dichos testigos” (fl. 239).   

        Pide,  pues,  que  se case la sentencia “y se profiera la que en  derecho corresponda”(fl. cit.).   

CONCEPTO DE LA PROCURADURIA  

        “CAUSAL TERCERA”   

        El  señor  Procurador Primero Delegado en lo Penal dice que “el  ataque  del impugnante carece de fundamentación en razón a que no demuestra la  clase  de  nulidad invocada y menos indica la manera como las circunstancias por  él  mencionadas  puedan  quebrantar la estructura del proceso, como también la  garantía  fundamental  de  defensa del acusado” (fl. 20 cdno. Corte) y agrega  que  en  este  caso  no se da nulidad ninguna, ya que al parecer el fiscal no se  dio  cuenta o tuvo duda acerca de la causal de impedimento que operaba por haber  celebrado   la   audiencia  de  que  trata  el  artículo  37A  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  motivo  por  el cual, al ser recusado y aceptar aquél la  recusación,  todo  entró  a  la legalidad, permaneciendo válido, pues, lo que  dicho   funcionario   actuó   con  posterioridad  a  la  mencionada  audiencia.   

        Tampoco  existe  nulidad,  de cara al artículo 103 del Código de  Procedimiento  Penal,  el  magistrado que revisó la sentencia apelada no estaba  impedido  por haber antes revisado como segunda instancia el auto de junio 21 de  1.994,  mediante  el  cual  el  Juzgado 5o. Penal del Circuito negó una nulidad  solicitada por el defensor del procesado.   

        En  cuanto  a  la  no  práctica  de  algunas pruebas, dice que el  funcionario  debe  decidir  al respecto frente a la conducencia y pertinencia de  las  mismas  (fl.  22.), sin que, por tanto, se le obligue a practicar todas las  que se le soliciten.   

        Opina   entonces  que  este  cargo  de  nulidad  debe  rechazarse.   

        “CAUSAL PRIMERA”   

        Primer cargo   

        Dice  que,  “según sus propios criterios”, el censor trata de  desvirtuar  los  indicios  que  tuvo en cuenta el fallador para, junto con otras  pruebas,  llegar al convencimiento de la responsabilidad del acusado (fl. 23), y  agrega  que  aquí  el  censor  “no  determina la manera como el fallador pudo  haber  tergiversado  o  distorsionado  el contenido objetivo de las pruebas” y  más  bien se dedica a “contraponer a la apreciación del Tribunal su personal  y  subjetiva estimación en cuanto a los medios de convicción tenidos en cuenta  por  el sentenciador en la creación de los indicios, aspecto éste que no es de  recibo en sede del recurso extraordinario”(fl.25).   

        En  cuanto  al  falso  juicio de existencia propuesto el “ataque  del  demandante desemboca en el campo de la apreciación probatoria, aspecto que  no  es  tampoco  admisible  en casación” por lo cual pide que esta censura no  prospere.   

        Segundo cargo   

        El  falso  juicio  de  identidad  que  se alega con respecto a los  testimonios  de  Wilfren  González y Javier Delgado Pinilla, “es infundado”  (fl.27),   ya  que  “los  juzgadores  en  modo  alguno  distorsionaron su  contenido  fáctico”,  y  el  censor  se  limita a criticar el valor que a los  mismos  se  dio  en  el fallo impugnado, haciendo un nuevo debate probatorio, lo  que aquí no es pertinente.   

         

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

        Primer cargo:   

        Al  amparo  de  la  causal  3ª. De nulidad (art. 220-3 C.P.P.) el  censor  -como  se  vio-  aduce los siguientes motivos de la misma, los cuales se  contestan así:   

        1.-  Efectivamente, el Fiscal 23 -Unidad Primera de Vida- celebró  la  audiencia especial prevista en el artículo 37A del Código de Procedimiento  Penal   (fl.  250  cdno.  1),  posteriormente  practicó  unas  pruebas,  cerró  investigación  y  calificó  el mérito sumarial (fl. 73-3). Luego fue recusado  con  base  en  el  artículo  103-12  del citado Código, procediendo entonces a  declararse separado del conocimiento del proceso (fl. 165-3).   

        Cierto  es  que,  según  la  norma últimamente citada, el fiscal  debe  declararse  impedido cuando haya participado en la referida audiencia y en  ésta  no se haya llegado a un acuerdo o éste haya sido improbado. En este caso  no  se llegó a ningún acuerdo, por lo que procedía el mencionado impedimento.   

        Pero  el  no  hacerlo  desde  luego que no vicia la actuación que  adelantó  dicho fiscal hasta cuando aceptó la recusación hecha por uno de los  defensores.  El  artículo  304  no  consagra  tal  hipótesis  como  nulidad  y  no  se ve cómo dicha irregularidad pueda afectar el  derecho de defensa y/o el debido proceso.   

        La  mencionada  audiencia  especial  se  llevó  a  cabo  el 23 de  febrero  de  1.994  y  sólo  dos  meses  después,  al  sustentar la apelación  interpuesta  contra  la  resolución  acusatoria,  el defensor hizo la comentada  recusación:  quizás  también  el referido fiscal pasó por alto esa causal de  impedimento  y  de verdad que no existe en el proceso ningún elemento de juicio  que  mueva  a  pensar  en  la  “parcialidad” del citado funcionario, como la  supone  el  casacionista . Lo relativamente novedoso de esta causal pudo influir  en que aquí tardara su reconocimiento.   

           De   todas  maneras,  como  dijo  esta  Sala  de  Casación  en  providencia  que  citó el Tribunal cuando revisó por apelación el auto que no  decretó  nulidad, “ la no manifestación de un impedimento existente no vicia  de  nulidad  la actuación del funcionario en quien concurre la causal” (abril  4 de 1.994, M.P. Dr. Guillermo Duque Ruiz).   

        2.-  También  es  cierto  que  la  misma  Sala  de  Decisión del  Tribunal  que  confirmó  el  referido  auto  que  negó  la  nulidad, confirmó  posteriormente  la  sentencia,  pero  tal cosa no constituye “opinión” o la  emisión  de  consejo  a  los  cuales  se  refiere  el  numeral 4 del mencionado  artículo 103 como causal de impedimento.   

        Al  respecto  ha  redicho  la  jurisprudencia que esas actuaciones  dentro    del    cumplimiento   de   la   función  judicial     sería     absurdo     considerarlas  “opiniones”  o  “consejos”  y  que  éstos, para que generen impedimento  deben ser emitidos “extraproceso”.   

        Es  más:  la  cotidaneidad  judicial  muestra  que  los  procesos  “suben  varias  veces al mismo superior”  y  éste  revisa  las  decisiones  del funcionario de primera  instancia.   

        3.-   Que  se  haya  violado  el  principio  de  “investigación  integral”  (art.  334  C.P.P.)  tampoco  es  cierto: incluso en la etapa de la  causa  el  juez  practicó  numerosas pruebas. Pero lo más importante es que el  censor  no demuestra qué pruebas se dejaron de practicar y la incidencia de las  mismas en pro del acusado, como era su obligación jurídica.   

        En  cuanto  a las pruebas negadas, el funcionario debe examinar la  conducencia  y pertinencia de éstas y decidir en consecuencia. Además, de cara  a  una  decisión  como  la  que  censura el actor, los sujetos procesales desde  luego que tienen derecho a impugnarla.   

        Sobre  la declaración del testigo Ricardo Guerra, en declaración  rendida  por  éste en el Juzgado 2º. Penal del Circuito (fl. 101 vto. cdno.5),  dijo:  “  Puedo  decir  que  con  respecto  al  crimen en sí no tengo ningún  conocimiento”.   

        4.-  Ahora  bien: el censor dice que como en la referida audiencia  especial  el  procesado  González  Gómez  aceptó el delito de falsedad, se ha  debido  enviar  el  proceso  al  juez y romper la unidad procesal para continuar  investigando  los  demás delitos. Mas no: dicho delito contra la fe pública no  fue  admitido  enteramente, ya que al respecto el procesado “aclaró” que lo  había   cometido   en   fecha  diferente  a  la  reprochada  en  la  medida  de  aseguramiento  (fl.  250-1  vto.),  cuestionamiento éste que impedía al fiscal  proceder como lo reclama el casacionista.   

El cargo no prospera.  

        Segundo Cargo   

        1.-  Tocante  el  falso juicio de legalidad argüido, es claro que  lo  que  intenta  el  censor  es  reabrir  el debate probatorio desde su postura  jurídica   como  defensor,  y,  en  esa  línea,  pretender  sacar  avante  sus  planteamientos  con  respecto  a  las  declaraciones  de  los  testigos  Wilfren  González  y  Javier Delgado Pinilla, como también con relación a parte de los  indicios inferidos por el fallador.   

        Pero  el  yerro  vital del censor es que en esa tarea parcela  de  manera  ostensible  la prueba tenida en cuenta por el  Tribunal,  ya que no toca lo vinculante y definitivo  de  ésta:  que  el  vehículo y el maletín, que tenía la víctima la noche en  que  fue  muerto,  pasaron  a manos del procesado, quien, de todos modos, admite  haber  estado  sexualmente  con  el médico en el motel “Los Gansos”, aunque  fija este encuentro la noche anterior a la que murió aquél.   

        En  rigor,  por  ello  es  predicable  la situación de flagrancia  descrita  en  el  artículo  370 del Código de Procedimiento Penal, y de verdad  que   las   críticas  probatorias  que  hace  el  demandante  son  literalmente   nimias   comparadas  con  la  flagrancia  referida.   

        Se   suma   a   lo  anterior  que  el  mismo  casacionista  revela  incertidumbre  sobre  la  utilización  del  baygón  con la jeringa que le fué  también   encontrada   al   procesado   en   su  residencia:  “en  gracia  de  discusión”,  dice  el  actor  cuando  se  refiere  a  este  tema. Pero no: la  jurisprudencia  ha  repetido  que  como  el  fallo  impugnado en casación está  protegido  por  la  doble  presunción de acierto y de legalidad, la misma sólo  puede  ser desvirtuada con la demostración de que en su labor de juzgamiento el  sentenciador  cometió  errores  ostensibles  sobre  la  ley o sobre las pruebas  (violaciones   directa  e  indirecta),  y  que  como  esta  sede  extraordinaria  no    es    una    tercera   instancia,   resultan   del   todo  inananes  las  meras  divergencias  del  casacionista,   las   cuales  no  pueden  prevalecer  sobre  las  del  fallador.   

        También  en  este  ataque  a  la  prueba  olvida el censor que la  valoración  de  ésta  es  precedida  y jalonada por la sana crítica (art. 254  C.P.P.),  de donde emerge la obligación del actor de demostrarle a la Corte que  en  dicha valoración se desconoció la dicha persuasión racional o la lógica,  error de hecho que dista mucho de probar el libelista.   

        2.-     Exactamente    las    mismas  consideraciones  son  aplicables  al falso juicio de  existencia  alegado,  pues  los  datos  procesales que dice el censor ignoró el  Tribunal  (fecha  del cobro de los cheques que portaba el occiso, no huellas del  procesado  en  el  vehículo hurtado y tiempo escaso del acusado para consumar y  tratar  de  dejar impune la delincuencia), no logran siquiera hacer tambalear la  atrás  referida   y  sustancial   prueba  que, en toda su estructura,  consideró  el  fallador para arribar a la conclusión de la responsabilidad del  procesado.   

        Tercer cargo   

        Aquí  como si se tratara de un falso juicio de convicción (yerro  de  derecho  ni  siquiera  sugerido y que sólo excepcionalmente es de recibo en  sede  de casación), el censor critica “la credibilidad” que el fallador dio  a  los ya citados testigos e, inmerso en esa equivocación argumental, retoma su  propio  punto de vista al respecto: ya al finalizar el examen del cargo anterior  se  dijo por qué tal cosa deviene inadmisible en la esfera de esta impugnación  extraordinaria.   

        Al  término  de  este  cargo  incluso  el  demandante dice que el  fallador  no dio al respecto aplicación al principio de la sana crítica y cita  el  correspondiente  artículo  294  del  Código  de  Procedimiento Penal, pero  repítase  que  en  momento  alguno  aduce  ni mucho menos demuestra por qué el  fallo  impugnado  desconoce  dicha  norma, lo cual, como se dijo líneas atrás,  sólo  podría  haber  hecho  con  la  demostración  de  los  yerros  de  hecho  ostensibles,   carácter   que   no  tienen  sus  disensos  de  mera  instancia.   

Con  la  no  prosperidad  de este cargo se  desestima   la   demanda   y,   entonces,   el   fallo   combatido  permanecerá  intacto.      

        Por  lo  expuesto  la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación  Penal,  de  acuerdo con el Ministerio Público, administrando justicia en nombre  de       la       República       y       por       autoridad       de       la  Ley,                

RESUELVE  

        NO  CASAR el fallo recurrido. En firme,  devuélvase al Tribunal de origen.   

        Cópiese y cúmplase.   

JORGE       ANIBAL       GOMEZ  GALLEGO          

FERNANDO     E.     ARBOLEDA     RI  POLL              RICARDO   CALVETE   RANGEL                

JORGE        E.        CORDOBA  POVEDA                       CARLOS A.GALVEZ ARGOTE   

EDGAR           LOMBANA  TRUJILLO                                         CARLOS     E.MEJIA  ESCOBAR       

DIDIMO            PAEZ  VELANDIA                                         NILSON PINLLA PINILLA   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria    

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