11264 (01-10-96)

1996

Asistente Jurídico Inteligente

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    NULIDAD/     DERECHO     DE    DEFENSA/  DEFENSOR   

PROCESO                                    : 11264   

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                    Magistrado Ponente   

                                                    Dr.  JORGE E. CORDOBA  POVEDA   

                                                    Aprobado acta No.141   

Santafé  de Bogotá, D.C., primero (1º) de  octubre de mil novecientos noventa y seis (1996).   

          V I S T O S   

Resuelve  la  Sala  el  recurso de casación  interpuesto  contra  la sentencia del 11 de agosto de 1995, por medio de la cual  el  Tribunal  Superior de Santafé de Bogotá condenó al procesado JOSE  GILBERTO SALAMANCA MEDINA a la pena  principal  de  26 meses de prisión como autor responsable del delito de estafa.   

          H E C H O S   

En  pretérita  oportunidad  el Tribunal los  reseño así:   

          “Conforme   con  la denuncia que en nombre de su señora madre  LEONOR  PIMIENTO  DE PIEDRA  formula    la    quejosa    MARTHA    GIRALDO    DE  TRUJILLO,atendiendo  un  poder  general  de  aquella  recibido,  se tiene que ante la Notaría 28 de Bogotá, y a ocho de julio de mil  novecientos  ochenta  y  dos,  la  señora PIMIENTO DE  PIEDRA  dió  a  favor  del  denunciado  en  venta un  apartamento  ubicado en el sector de Banderas de esta capital. El precio pactado  fue  la  suma  de  un  millón  doscientos  mil  pesos ($1’200.000.oo) para cuya  efectividad  libró  el  señor  SALAMANCA  un  cheque  para pago futuro y dió en respaldo hipoteca en favor  de  la  vendedora,  sobre  tres  lotes  localizados  en  la costa atlántica. El  denunciante  actuaba  en  representación de la sociedad “Inversiones Mar Caribe  Limitada”.   

          “Surgió  la  inconformidad cuando presentado a cobro el respectivo  cheque  en  procura  de  su  efectividad,  se descubrió que la cuenta corriente  había   sido   saldada   por   SALAMANCA,  obstruyendo  así  el pago, quedando sin garantías la vendedora  ante  la pactada hipoteca, porque el procesado se adelantó a ganar su confianza  y  hacerse  entregar la primera copia de la escritura con la excusa de gestionar  su registro, acto que nunca cumplió.   

         “Para   mostrarle   a   la   justicia  el  malicioso  proceder  del  denunciado,  se  añade  aún,  que  éste  tenía  conocimiento  original de la  imposibilidad  en  que  se  hallaba  la  dueña  del  apartamento  para  hacerlo  entregar,  obstruida  en  proceso  de  lanzamiento,  de  manera que comenzó por  ofrecer  supuestos  servicios  de abogado para desocupar el inmueble, para luego  proponer  la  compra,  con  los resultados ya dichos, a los cuales se añade con  ulterioridad  que el denunciado ha traspasado a un tercero sus derechos sobre el  inmueble,  de  manera  que  hace  todavía más difícil la recuperación por la  ofendida, sin haber cancelado jamás el precio acordado”   

         ACTUACION PROCESAL   

Presentada  la  denuncia,  el  Juzgado 91 de  Instrucción  Criminal,  mediante  providencia del 28 de febrero de 1984, abrió  la  investigación  penal  y  ordenó  vincular  mediante  indagatoria  a  José  Salamanca Medina.   

La  situación  jurídica se le resolvió el  día   6  de  junio  del  mismo  año,  absteniéndose  de  decretar  medida  de  aseguramiento   y,  por  tanto,  se  dispuso  que  siguiera  disfrutando  de  la  libertad.   

Después   de   múltiples   contingencias  procesales,  el  Juzgado  37 Penal del Circuito de esta ciudad capital, el 11 de  agosto  de  1988,  calificó por segunda vez el mérito del sumario, profiriendo  auto  de  proceder  en  contra  del  señor  Salamanca, como autor del delito de  estafa,  decisión  que  fue  confirmada por el Tribunal Superior de Bogotá, el  día 7 de abril de 1989.   

Luego de tramitarse la etapa de juzgamiento,  el  citado  despacho  judicial  pronunció  la sentencia de primera instancia el  día  11  de  mayo  de  1995, condenando al procesado Salamanca Medina a la pena  principal  de  26  meses  de prisión y multa de 4.000 pesos y a la accesoria de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas por un lapso igual al de la  pena principal, como autor del delito de estafa.   

Así  mismo,  se  le  condenó  a  pagar por  concepto  de  perjuicios  materiales,  el valor equivalente en moneda nacional a  mil (1.000) gramos oro.   

Apelado  el  fallo  por  el  defensor,  el  Tribunal    Superior   de   Santafé  de  Bogotá  al  desatar  el  recurso  interpuesto  concluyó  con  su  confirmación, mediante el suyo que lleva fecha  del 11 de agosto de 1995.   

          LA DEMANDA DE CASACION   

El  defensor  del procesado, al amparo de la  causal  tercera  de  casación,  presenta un único cargo contra la sentencia de  segunda  instancia,  por  cuanto  considera  que  el  funcionario  judicial  que  profirió  la  de  primera  instancia  era  incompetente,  “razón  por  la cual  igualmente  violó  el  debido  proceso  consagrado  en  el  artículo  29 de la  Constitución Nacional”.   

Empero,  en el desarrollo del “cargo único”  enunciado,  plantea otro, consistente en señalar como un atentado al derecho de  defensa  que  la  diligencia  de  audiencia  pública  se hubiese surtido con la  presencia  de  un  defensor de oficio que no conocía plenamente “tan voluminoso  expediente”,  cuando  el de confianza no había renunciado al mandato conferido,  ni éste le había sido revocado.   

En  cuanto  al  primer  reparo,  sostiene el  libelista  que  acepta  que  “el  señor  Juez  37  Penal  del Circuito guardaba  competencia  para conocer del eventual punible de estafa … incluso en vigencia  del  derogado  decreto  050  de  1987 que era fijada por la cantidad de salarios  mínimos  legales  vigentes  para la fecha de comisión del presunto punible, es  decir,  allí se contaba la competencia en el funcionario del Circuito, conforme  al  artículo  73  del C. de P.P, quien conocía de 20 salarios mínimos legales  …”  pero  que  una vez proferido el decreto 2700 de 1991, reformado por la ley  81  de  1993,  que  aumentó  esa  cuantía  a  50 salarios, “debió enviarse el  presente  diligenciamiento  al  señor  Juez Penal Municipal (reparto) a efectos  que  éste siguiera con la correspondiente etapa enjuiciatoria en aras de evitar  nulidades,  como  la  que hoy se reclama mediante este recurso extraordinario de  casación.”   

Luego  de  citar  la  parte  pertinente  del  artículo  304  del Código de Procedimiento Penal, asevera que el procesado fue  juzgado  por  el delito de estafa “en cuantía de UN MILLON DOSCIENTOS MIL PESOS  ($1.200.000.oo),  suma ésta que no ha sufrido variación alguna por cuanto ella  debe  mantenerse  en  virtud  de haber recaído supuestamente la conducta en tal  cuantía y no en otra distinta o diferente”.   

Dice que si bien es cierto que en el año de  1982  el  salario mínimo era de $7.410 pesos, “también lo es, que el artículo  11  de  la  ley  81  de  1993  (artículo  73 anterior del C.P.P.) en su numeral  1�  establece  ‘…De  los  procesos  por delitos contra el patrimonio económico cuya cuantía no exceda de  50  salarios  mínimos mensuales’….Ello para determinar competencia, en cabeza  de   los  Juzgados  Penales  Municipales;  pero  al  mismo  tiempo  es  de  suma  importancia,  que  se  tenga  en  cuenta que la misma disposición en referencia  indica  en  su  inciso  segundo  ….’La  competencia por la cuantía se fijará  definitivamente  teniendo en cuenta el valor de los salarios mínimos al momento  de la comisión del hecho'”.   

Arguye  que  la declaratoria de nulidad “por  incompetencia  del  Juez, debe operar con miras a no quebrantar o desnaturalizar  arbitrariamente  factores de competencia como lo es la segunda instancia, a más  de  que  el  fallo debe ser impartido por el bien llamado Juez Natural, y no por  otro  diferente,  con mayor categoría que para el caso concreto vendría a ser,  el  señor  Juez  Penal  Municipal  (reparto)  y la segunda instancia los Jueces  Penales del Circuito (reparto)”.   

Como  normas vulneradas cita los artículos  1�,  220-3  y  304-1 del  Código de Procedimiento Penal.   

Finaliza, solicitándole a la Corte casar la  sentencia  impugnada  y “SE APLIQUE LA NULIDAD DE LO ACTUADO POR TENER ESTA COMO  EFECTO  ESE  RESULTADO a partir del acto siguiente a la intervención del perito  Kilacuy inclusive….”.   

        OPINION DEL PROCURADOR PRIMERO DELEGADO   

        EN LO PENAL   

Respecto   al   reproche   por  falta  de  competencia,  considera  el  representante  del  Ministerio  Público  que no le  asiste  la  razón al recurrente por cuanto que el decreto 2700 de 1991 y la ley  81  de  1993,  normas que echa de menos el casacionista, señalan que los Jueces  Penales  Municipales  tienen  competencia  para  juzgar  los  delitos  contra el  patrimonio  económico  cuya cuantía no exceda de 50 salarios mínimos legales,  “y  si  el  valor  de éste, vigente al momento de la comisión del hecho era de  $7.410.oo,  equivale  a  decir  que  para que la competencia del proceso que nos  ocupa  pudiera  ser  trasladada a los Jueces Penales Municipales, la cuantía no  podría   ser  superior  a  $370.500.oo.  Entonces  mal  podría  atribuirse  la  competencia  a  los  mencionados Despachos Judiciales cuando la cuantía en este  proceso  supera  dicha  cantidad,  pues  ésta  fue fijada en $1’200.000.oo como  tantas veces se ha señalado.   

Más adelante agrega:  

         “Nótese  que  a  pesar  de  los  planteamientos  del  recurrente,  omitió  hacer  la  conversión del valor del salario mínimo legal vigente para  la  época  de la comisión del hecho, tal y como lo prevé el inciso segundo de  la  citada  normatividad,  respecto de la cual exige su aplicación, esto es, el  decreto  2700 de 1991 art. 73 y la Ley 81 de 1993 art.11, con los cincuenta (50)  salarios  mínimos  allí  previstos, para que se pueda variar la competencia de  los  Juzgados Penales del Circuito a los Juzgados Municipales, es decir, no tuvo  en  cuenta  que  la  cuantía  señalada  en  el proceso en cuestión, supera al  límite previsto en la norma”.   

         “Pero  sobre  todas  las  reflexiones está la de que el verdadero  conocimiento  del  proceso se fija en la oportunidad de la calificación, la que  fue  ley  del  proceso  desde  septiembre  de  1989. En consecuencia, a quien le  correspondía la sentencia era quien había calificado el proceso”.   

En   relación   al   segundo   reproche,  textualmente el Delegado   

dijo:  

        “No   sobra   advertir,   que  tampoco  le  asiste  la  razón  al  casacionista  respecto a la iniciación de la audiencia pública con defensor de  oficio,  no  habiendo  renunciado  el  defensor titular y a quien tampoco le fue  revocado  el  poder,  para  considerar  que  careció  de  una  adecuada defensa  técnica,  reproches  que  formula  de  manera  aislada  y  sin  ningún tipo de  desarrollo  conceptual,  toda  vez que dicha situación se presentó en razón a  que  era evidente la actitud dilatoria de su defensor y debido a que no cumplió  con  el  deber  de asistir a su prohijado, lo que motivó la designación de uno  de  oficio  en  aras de garantizar el derecho de defensa y con el fin de obtener  una  pronta  y  debida  justicia,  por  lo  que  se  puede  decir que sí estuvo  debidamente  asistido  de defensa técnica, tal y como lo argumentó el juzgador  de  primer  grado  en  su  oportunidad, cuando se abstuvo de declarar la nulidad  impetrada   por   el  defensor  de  JOSE  GILBERTO  SALAMANCA  MEDINA,  en  este  sentido”.   

Por  lo  expuesto,  solicita  a la Corte no  casar la sentencia impugnada.   

        CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

Sea  lo  primero  observar,  que la demanda  está  antitécnicamente  elaborada,  pues  aunque formula un “cargo único”, al  amparo  de  la causal tercera, por incompetencia del Juez Penal del Circuito, en  su  desarrollo  aduce  otro  adicional,  como es el de violación del derecho de  defensa,  los  que  dentro  de  los  postulados de este extraordinario recurso y  teniendo  en  cuenta  que  poseen  fundamentos  jurídicos  distintos  y afectan  diferentes   garantías   procesales,  han  debido  plantearse  y  desarrollarse  separadamente, conforme al principio de autonomía.   

Así mismo, confunde la nulidad por falta de  competencia  con  la  generada  por  la  vulneración de la garantía del debido  proceso,  sin  percatarse  que  tanto  legal como jurisprudencialmente, han sido  claramente distinguidas.   

Esta  causal, como las demás, está sujeta  al  rigorismo de la técnica casacional prevista en la ley y desarrollada por la  jurisprudencia,  ya  que  el  recurso extraordinario no es una tercera instancia  que permita un nuevo reexamen de la actuación procesal.   

Es  verdad que la Corte puede oficiosamente  declarar  la  nulidad,  siempre y cuando del estudio de la actuación y con base  en  el  libelo  presentado,  se advierta que de modo ostensible la irregularidad  encontrada  lesiona  las  garantías  de  los sujetos procesales o desconoce las  bases fundamentales de la instrucción o el juzgamiento.   

Por   otra   parte,  las  irregularidades  denunciadas   tampoco  tienen  vocación  de  éxito  como  para  pensar  en  el  quebrantamiento de la sentencia. Veamos:   

En cuanto hace relación a la alegada falta  de  competencia, debe desde ya decirse que no le asiste razón al libelista, por  cuanto  que  le  da  una peculiar y errónea interpretación al artículo 73 del  Código de Procedimiento Penal.   

En  efecto,  la  citada  norma, que fija la  competencia  de  los  Jueces Penales Municipales, establece que los procesos por  los  delitos  contra  el  patrimonio económico son de su conocimiento cuando la  cuantía  no  exceda  de  cincuenta (50) salarios mínimos mensuales. Empero, el  mismo precepto textualmente reza:   

        “La   competencia  por  la  cuantía  se  fijará  definitivamente  teniendo  en  cuenta  el  valor  de  los  salarios  mínimos legales vigentes al  momento de la comisión del hecho”.   

Lo anterior lleva a concluir a la Corte que  en  este  proceso  que  se  ha  adelantado en contra de José Gilberto Salamanca  Medina,  por  el  delito  de estafa en cuantía de $1’200.000,oo, la competencia  recaía  en  el Juez Penal del Circuito, teniendo en cuenta el valor del salario  mínimo    mensual    vigente   para   “el   momento   de   la   comisión   del  hecho”.   

Así,  si  advertimos  que  para el año de  1982,  cuando  se  realizó  el  reato,  el  salario  mínimo  era  de siete mil  cuatrocientos  diez  ($7.410,oo)  pesos,  al  multiplicar  tal  guarismo por 50,  tendremos  un  total  de  $370.500,  suma  muy  inferior  al  $1.200.000,  a que  ascendía  la  cuantía  del  punible, siendo, por ende, de competencia del Juez  Penal  del  Circuito  y  no  del  Municipal,  como  pretende  hacerlo  creer  el  impugnante.   

Causa  desconcierto  a  la  Sala  que  el  recurrente  hubiera  transcrito  correctamente  las normas sobre la competencia,  así  como el valor del salario mínimo legal en 1982 y que hubiera aceptado que  para  fijar  el  quantum  de  los  50  salarios  (hasta  dónde  se extendía la  competencia  del  Juez Penal Municipal, al entrar en vigencia el decreto 2700 de  1991),  había que tener en cuenta su valor al momento de la comisión del hecho  y,  sin  embargo,  no  hubiera  efectuado  una  elemental  multiplicación, cuyo  resultado,  comparado  con  el  valor  del  ilícito imputado, hubiera puesto de  presente la improcedencia del cargo aducido.   

Así  las  cosas, siendo evidente que no se  han  transgredido  las  reglas  de  la  competencia, el cargo está llamado a su  improsperidad.   

En  lo  atinente  al  segundo reproche, por  vulneración  del  derecho  de  defensa,  así mismo está condenado al fracaso,  pues  además  de  que  con  desconocimiento  del  principio  de  autonomía  lo  involucra  en el primero, no señala la norma o normas infringidas, ni demuestra  cómo  el  cambio del defensor de confianza por uno de oficio afectó el derecho  de defensa e incidió adversamente en la sentencia.   

Pero  independientemente  de  tales  yerros  técnicos,  tampoco  le  asiste razón al recurrente, pues si bien es cierto que  la  Sala  acepta que se debe preferir el defensor de confianza al de oficio, que  debe  ser  la excepción, para una mejor garantía de tal derecho fundamental en  un  Estado  Social  y  democrático  de derecho, también lo es que si citado el  abogado  nombrado por el procesado, es renuente a comparecer, la administración  de  Justicia  que  no  puede  someterse  a  dilaciones  injustificadas,  no debe  permitir  a  los  sujetos  procesales  que  acudan a maniobras dilatorias que no  sólo  afectan  el  derecho  del  acusado  a  que  se  le  juzgue en un término  prudencial,  sino  también  el de la víctima, que en un sistema constitucional  que  reconoce  que todas las personas gozarán de igual protección por parte de  las  autoridades,  tiene,  de  igual  manera,  derecho  a  una justicia pronta y  eficaz.   

Para  la Sala es claro que el reemplazo del  abogado  de  confianza  por  uno  de  oficio con el fin de poder dar inicio a la  diligencia  de  audiencia  pública,  no  constituye  irregularidad  alguna  que  amerite la declaratoria de la nulidad invocada.   

Sobre    este   aspecto   el   Tribunal  dijo:   

        “Al  revisar  todo  lo  actuado  desde  que se inició la causa se  observa  cómo  los defensores (faltando a su ética y dando claro ejemplo de lo  que  no  debe  ser  un  abogado) han entorpecido por diferentes medios el normal  desenvolvimiento  del  asunto.  Todo  con  la  clarísima intención de no dejar  celebrar  la  audiencia  pública,  por lo cual la señora Juez hubo de designar  defensor  de  oficio  (también  ello  ameritó compulsar copias para investigar  disciplinariamente  a  los  abogados).  Significa  ésto  que  nunca  el Juzgado  desplazó    arbitrariamente    al    defensor    nombrado    por   SALAMANCA    MEDINA.    El   a   quo  sencillamente  dirigió  conforme  a  derecho la ritualidad; no permitió que la  parte  sindicada  obstaculizara  el  normal  trámite del juicio. Por manera que  ninguna  irregularidad  se observa en la celebración de la audiencia, ni en los  mecanismos   que  adoptó  para  ponerle  fin  al  proceso  (y  a  las  argucias  defensivas).  Alegar,  como lo hacen Salamanca y su defensor, sus propias tretas  para apoyar nulidades inexistentes, no tiene fundamento alguno”.   

En   las   condiciones   precedentemente  analizadas  y  de  acuerdo  con  el  Procurador Primero Delegado en lo Penal, se  rechazan las pretensiones de la demanda.   

Son    suficientes    las    anteriores  consideraciones   para   que  la  SALA  DE  CASACION  PENAL de la CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

        R E S U E L V A   

NO CASAR el fallo  impugnado.   

Cópiese  y  devuélvase  al  Tribunal  de  origen.   

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                               RICARDO     CALVETE  RANGEL   

JORGE   E.   CORDOBA   POVEDA                                    CARLOS AUGUSTO GALVEZ ARGOTE   

JORGE  ANIBAL  GOMEZ  GALLEGO                             CARLOS    E.    MEJIA  ESCOBAR                                                       

DIDIMO    PAEZ    VELANDIA                                        NILSON     PINILLA     PINILLA           

JUAN  MANUEL  TORRES  FRESNEDA                              PATRICIA     SALAZAR  CUELLAR   

                                                                                   Secretaria    

     

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