11208g

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    PROCESO No. 11208  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta No. 90  

          Santafé  de  Bogotá,  D.C,  veintidós de junio de mil novecientos  noventa y nueve.   

VISTOS  

          El  Tribunal Superior del Distrito Judicial de esta ciudad, mediante  sentencia  del  26  de  mayo de 1995 condenó a JHON ALEJANDRO GÓMEZ y a NELSON  ARTURO  MORENO  por el delito de acceso carnal violento, en concurso homogéneo;  al  primero  como coautor le impuso la pena de 3 años de prisión, a tiempo que  al segundo como cómplice le aplicó 20 meses de prisión.   

          Contra   este   pronunciamiento  el  defensor  de  ambos  condenados  interpuso  el  recurso  extraordinario  de  casación,  dentro  de cuyo trámite  rindió  concepto el Ministerio Público habilitando a la Corte para resolver lo  pertinente.   

HECHOS  

          En  la  madrugada del 5 de junio de 1993, cerca al parque El Salitre  de  esta  ciudad,  dentro de un bus de servicio urbano en el cual se encontraban  varias  personas  tomando  licor, LUZ DARY PERDOMO resultó accedida carnalmente  contra  su voluntad por HÉCTOR RODRÍGUEZ PORRAS, JHON ALEJANDRO GÓMEZ MORENO,  NELSON  ARTURO  MORENO  QUEVEDO y un menor conocido con el mote del “ratón”.   

          Después  del  violento ayuntamiento carnal, la mujer fue abandonada  en  el  puente  de  la  avenida  68 con calle 68, lugar de donde de inmediato se  dirigió a denunciar lo ocurrido a la autoridad.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

          Practicadas  algunas  diligencias  tendientes  al esclarecimiento de  los  hechos,  la  Fiscalía  26  de la Unidad Tercera de Investigación Previa y  Permanente  de  esta  ciudad  ordenó  la  apertura  de  la  instrucción  y  la  vinculación  de  los  comprometidos,  los  cuales  después de indagados fueron  afectados  con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  el  28 de  septiembre de 1993.   

          Dentro  del  ciclo de la investigación HÉCTOR RODRÍGUEZ solicitó  audiencia  especial,  diligencia  que  concluyó  con  su  condena  mientras que  respecto  de los demás justiciables continuó el iter procesal con el cierre de  la  instrucción  y  la  posterior  calificación  del  sumario  con resolución  acusatoria  del  25  de julio de 1994, merced a la cual fueron llamados a juicio  como   coautores   del   injusto   contra  la  libertad  sexual  y  la  dignidad  humana.   

          En  firme  aquella  determinación, el Juzgado 22 Penal del Circuito  adelantó  la causa que dio como resultado la condena de los acriminados, según  se dejó anotado en precedencia.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

          Con  base  en  la causal primera de casación, el censor promueve el  ataque  por  una  supuesta “VIOLACION INDIRECTA DE LA  LEY  SUSTANCIAL, por hallarse plenamente establecida una violación del régimen  probatorio  del  proceso”, resultante de la evidente  tergiversación  de  las  pruebas  y que llevó al Juzgador a dar por probado el  aspecto subjetivo del delito cuando ello no es así.   

          En  orden  a  sustentar estas aseveraciones, resalta de la siguiente  manera   lo   que   se   da   en   llamar  errores  in  iudicando:   

          1.  Que  se le hubiera dado total crédito a las declaraciones de la  ofendida  cuando  su  relato  se encuentra desmentido por los procesados, de tal  suerte  que  no  comparte  la  tesis  acusatoria del Tribunal pues NELSON ARTURO  MORENO,  de  quien  se  afirma  despojó  de  las ropas a la víctima pero no la  penetró,  intervino  pero  sometido  por  las  amenazas  de  HÉCTOR sin que le  quedara  alternativa  diferente  a  actuar  “a fin de  evitar   cualquier   atentado   en   su   integridad   física”,  razón   por   la   que   no   se   le  puede  responsabilizar  como  cómplice.   

          Tampoco  se  puede  predicar  coautoría  del comportamiento de JHON  ALEXANDER  GÓMEZ,  porque  si accedió en dos oportunidades a la mujer fue como  consecuencia  de  la  autorización  de  Héctor  quien  manifestó  que  a  aquélla  se  le  pagaría  por el favor; o por las amenazas vertidas por éste,  que   era   amante   de   la   dama,   coqueta,  casquivana  y  complaciente  de  muchos.   

          2.   Las   injuradas   de  los  procesados  no   pueden   ser  fundamento  del  fallo  porque  adolecen  de contradicciones, lo  cual  deja  en  claro  que  no  existió  acuerdo  entre  los sujetos para tomar  ventaja,  por  el  contrario, hay hechos que permiten ver cómo ninguna forma de  autoría  les  cabe  en la medida en que, por ejemplo, respecto a NELSON ARTURO,  su  versión es avalada por la misma ofendida en el sentido de que no la copuló  y  estuvo  siempre  sometido  a las amenazas de Héctor con una varilla, sin que  en   momento  alguno  se produjera disparo de arma de fuego, ya que ninguno  de  los  presentes  en  el  escenario  de  los  hechos  se  encontraba  armado y  “además, siendo HECTOR novio o ex-novio de LUZ DARY  y  haber  tenido,  con  ella  relaciones  sexuales…no era necesario emplear la  fuerza…”  y  si  Héctor  y JHON la accedieron fue  porque ella lo consintió, por amor o por dinero.   

          3.  No  es  acertada  la  postura  del  Tribunal  en cuanto a que la  voluntad  de  la  víctima  fue  franqueada,  porque  sobre  el  hecho  hay  dos  hipótesis:  una,  que Héctor con  amenazas obligó a los otros procesados  a  accederla , y la otra, que él mismo había convenido pagarle dinero a cambio  de la práctica sexual colectiva.   

          4.  No puede fraccionarse el contenido de las versiones de GÓMEZ ni  de  MORENO  para  tomar  como  válido  lo  único que interese al sentenciador,  incluída  dentro  de  esto  la  aceptación  de  cargos  de  parte  de  Héctor  Rodríguez,  toda  vez  que  su petición de terminación anticipada del proceso  tuvo  como  fuente  la  rebaja  de  pena,  ya  que  existían en su contra otros  antecedentes  de igual jaez, lo que no desvirtúa las aseveraciones de los otros  procesados que cuentan con suficiente respaldo en otras pruebas.   

          Con  lo  anterior, asevera el censor, “si  bien  hay  certeza  sobre  la  faz  objetiva…  no existe CERTEZA sobre que mis  protegidos…  hubiesen  actuado  el  primero  como  COAUTOR  y el segundo en su  calidad   de   COMPLICE,  puesto  que  no  hay  prueba  o  evidencia  directa  o  indirecta  de que ellos sean  Autores  o  partícipes  de  la  conducta  punible  investigada. Por lo tanto se  impone una ABSOLUCIÓN.”   

          Con   estos   argumentos  solicita  la  casación  del  fallo  y  el  proferimiento de uno de reemplazo.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PUBLICO  

          Convencido   de   los  desaciertos  técnicos  que  por  doquier  se  encuentran  en  la demanda, el Procurador Primero Delegado en lo Penal sugiere a  esta  Corte  no  casar  la  sentencia impugnada, criterio que deriva de la forma  como   el  censor  critica  el  análisis  probatorio  hecho  por  el  Tribunal,  intentando  en  vano  sustituir  los  bien  fundados argumentos expuestos por el  juzgador  en  la  sentencia,  los  cuales son reflejo de una adecuada, lógica y  razonable  tarea de estudio sobre los hechos indicadores que abrieron paso a una  inferencia  lógica  y  a  la  conclusión  de condena, sin que el demandante se  percatara   de   ello,  limitando  su  libelo  a  consideraciones  personales  y  subjetivas.   

          Con  tal premisa, recuerda la necesaria apreciación en conjunto que  de  las  pruebas  debe  hacer  el  Juez,  lo que no fue advertido por el actor y  “ni  siquiera  llegó  a  consultar  los  argumentos  centrales  del  fallo  de  condena”,  en  el  que no  solamente  se  hizo  referencia  a  las excusas suministradas por los procesados  sino    a    todos    los    elementos    de    convicción   que   “comprometieron   la  responsabilidad  de  Jhon  Alejandro  Gómez  Moreno y Nelson Arturo Moreno Quevedo”.   

          Hubo  un  manejo correcto de la prueba indiciaria, múltiple, grave,  concordante  y  convergente, sin asomo de error alguno, en la medida en que cada  uno  de  los  independientes  elementos,  relacionados  entre  sí, convergieron  “al   unísono   a   una   sola   conclusión   de  responsabilidad”.   

          Este  hecho  deja  al  descubierto la improsperidad de los reproches  referenciados  por  el libelista, a quien no le era suficiente para sacar avante  la  censura  relacionar  algunas  pruebas  como  motivo del error de hecho, sino  “la  obligación  de examinar las que tuvo en cuenta  la  sentencia,  y  extraer  de  ellas  su  ineficiencia  ostensible en relación  directa   con  el  fallo”,  para  hacer  posible  la  presentación  de  la  nueva  visión  del  panorama  procesal en procura de una  decisión contraria a la tomada por el juzgador.   

          Con  tal  perspectiva,  el  Procurador  Delegado  puntualiza  que lo  atacado  por  el  censor  en su escrito es la valoración dada por el Juzgador a  los  testimonios  y a la inferencia lógica a la que arribó en la construcción  del  indicio, lo cual resulta inaceptable en casación, recurso que no reabre el  debate  cerrado  en las instancias ni faculta a los recurrentes para discutir el  valor  dispensado  a  las pruebas, cuyo examen no se encuentra sometido a tarifa  legal.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          El  tema  central de la casación, que se circunscribe al estudio de  la  legalidad de la sentencia, pone en evidencia lo inane que resulta el escrito  con  el  que  a  manera  de  demanda  pretende su autor oponer  las propias  consideraciones  personales  en  contra  de las más autorizadas vertidas por el  juez;  de  ahí  que  en  sistemas procesales como el nuestro, la presunción de  acierto  y  legalidad  de las sentencias no sufra mella cuando es atacada con la  simple  pretensión  de  desconocer la libre apreciación de las pruebas con que  cuenta  el  dispensador  de  justicia  para  arribar  a  la  decisión  con  que  formalmente termina el proceso penal.   

          Lo  anterior  permite  a  la Corte determinar la ineptitud del texto  propuesto  como  sustento  de  los indemostrados errores que el censor achaca al  examen  realizado por el Tribunal sobre las pruebas y que lo llevaron a declarar  la  responsabilidad  de los procesados en el delito de acceso carnal imputado en  la acusación.   

          Cada  una de las propuestas del recurrente, diferente a destacar los  supuestos  errores  de  hecho cometidos por el Tribunal en el examen probatorio,  se  centra en la inaceptable estrategia de sugerir una diferente apreciación de  algunas  de  las  unidades  de investigación que condujeron a sus pupilos a ser  declarados  coautor  y  cómplice  del  indicado  punible,  lo que deviene en el  desconocimiento  absoluto de la soberanía del Juzgador para darle a las pruebas  una  valoración  dependiente  del grado de convicción que cada una de ellas le  ofrenda,  previo  uso  de  la  lógica  y  de  la  razón, con miras a entrar en  posesión  de  la  verdad, máxima aspiración de la inteligencia que lleva a la  certeza.   

          Es  así  como  el  impugnante  cuando  se apuntala en los gráciles  conceptos  desde  los  cuales proyecta sus reparos no hace otra cosa que oponer,  sin   peso,   su   comprensible   inconformidad   con   el  material  probatorio  justipreciado  por el fallador por el solo prurito de estar en contravía de sus  intereses procesales.   

          Es  que  afirmaciones  tales  como:  que  no  merece credibilidad la  versión  suministrada  por la ofendida en sus diferentes apariciones procesales  -reparo  N°  1-;  que no pueden constituir elemento de juicio para el fallo las  injuradas  de los procesados       -reparo N° 2-;  que  los  justiciables  actuaron  compelidos  por  la amenaza o simplemente como  disfrute  de  un  servicio  sexual  previamente  pagado -reparo N° 3-; o que la  suerte  procesal  de  quien  se  acogió a la terminación anticipada en ningún  caso  tenía  relación  con  la  de  los  otros  acusados; no permiten siquiera  vislumbrar  la  comisión  de un error fáctico por parte del sentenciador, como  lo  pretende el demandante, pues de vieja data se conoce que un tal yerro, en la  modalidad  de falso juicio de identidad sugerida por el libelista, sólo tendrá  vocación  de  prosperidad en la medida en que el actor asuma la ineludible  carga  de  mostrar  cómo  las pruebas fueron desarraigadas de sus auténticos y  genuinos  contenidos  en  el  fallo  atacado,  poniéndolas  a  decir  lo que su  prístino  sentido  material  no  revela;  o cómo fueron estimadas con absoluto  desconocimiento   de  la  racionalidad,  pretermitiendo  los  postulados  de  la  lógica, de la ciencia o las reglas de la experiencia.   

          Así  las  cosas,  el  trabajo  del  demandante  no  se ajusta a los  requerimientos  técnicos  de  la  casación,  como  tampoco  el análisis de la  Delegada  consulta  el  real  fundamento  de la sentencia, ya que el Tribunal no  llegó  al establecimiento de la responsabilidad penal de los procesados fincado  en  prueba  indirecta,  indiciaria  o  circunstancial,  sino  a  través  de  la  valoración  de  pruebas  directas que en su conjunto llevaron a la judicatura a  declarar  a  los  acusados  incursos en el atropello sexual, uno como autor y el  otro como cómplice.   

          El  Tribunal  después  de  sopesar  las dos versiones que sobre los  hechos  se llevaron al proceso, desestimó la de los procesados dando crédito a  la  de  la  ofendida, esta última respaldada por otros elementos de convicción  como  la experticia médica que demostró el acceso carnal violento y la lesión  que le quedó en la región frontal.   

          Equivocado  estuvo  también el casacionista al limitar su actividad  a  una  inalcanzable  demostración  de  que  no se había acreditado el aspecto  subjetivo  en  la  conducta  de  los  sentenciados, recurriendo a un método tan  inocuo  en casación como el de oponerse al criterio del Juzgador sin argumentos  que  demuestren  error  alguno verdaderamente trascendente en la fundamentación  del fallo.   

          Lo   anterior   es   suficiente   para  sostener  que  prevalece  la  concepción  del  Tribunal  en punto a que fueron mentirosas las deposiciones de  los  encartados,  que  en  ningún momento hubo compra de favor sexual, y que en  todo  caso, a diferencia de lo planteado por el censor, la aceptación de cargos  del   cosindicado   Héctor  Rodríguez  Porras  no  es  algo  separable  de  la  reconstrucción  histórica  de  los  acontecimientos  que  se  pretende  en una  investigación  penal,  pues  si  bien  es cierto que una tal postura suscita el  rompimiento  de  la  unidad  procesal, no lo es menos que dicho fenómeno deja a  salvo  la  posibilidad  de  hilvanar  sus  consecuencias probatorias con las que  resulten  compatibles  con  la  situación  fáctica  de quienes también fueron  coprotagonistas de los mismos hechos constitutivos de delito.   

          Claro  se  ve,  entonces, que la sentencia goza de los atributos -no  ya  de  la simple presunción- de acierto y legalidad, pues no sólo fue certera  la  asignación  de  responsabilidad  como  coautor del injusto a GÓMEZ MORENO,  quien  reconoció  su  concurso  en el hecho, sino también la de MORENO QUEVEDO  como  cómplice  del  mismo  pues  con  su  actuar creó la condición previa al  delito         -despojar   del   pantalón   a  la  víctima  sin  accederla-  desplazándose a la periferia del suceso respecto del  cual  el  dominio  absoluto  estuvo  a  cargo  de  los  otros  copartícipes que  efectivamente   accedieron   carnalmente   a   la  mujer,  quien  no  por  tener  supuestamente  en  duda  su  reputación  podía  quedar  desamparada por la ley  penal,  toda  vez  que  tratándose de un atropello contra la libertad sexual el  ilícito  es  predicable  sin  distingos  de la condición moral de la víctima,  axioma  de  arraigo  constitucional, como que por mandato del artículo 13 de la  Carta  Fundamental  todos  los  colombianos  nacen libres e iguales ante la ley.   

          El cargo no prospera.   

          En  mérito a lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL, administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

          NO       CASAR       la      sentencia  impugnada.   

          Cópiese, devuélvase al Tribunal de origen y cúmplase   

                                  

JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                RICARDO     CALVETE  RANGEL   

JORGE   E.   CORDOBA   POVEDA                                          CARLOS A.GALVEZ ARGOTE   

EDGAR    LOMBANA   TRUJILLO                                          MARIO MANTILLA NOUGUES   

CARLOS   E   MEJÍA   ESCOBAR                                          NILSON PINILLA PINILLA   

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Secretaria    

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