11104j

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No. 11104   

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                             Magistrado Ponente,  Dr.   

                                                                    EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

                                                               Aprobado por Acta No.118  (agosto 11/99)   

Santafé de Bogotá, D.C.,  veintitrés  (23) de agosto de mil novecientos noventa y nueve (1999).   

          Decide  la Corte el recurso extraordinario de casación interpuesto  por  la  defensora de EDUARDO MONTAÑA PANTALEON, contra la sentencia de junio 2  de  1.995,  mediante  la  cual  el  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de  Medellín  condenó  a  dicho procesado y a HERNANDO MOLINA RIVERA a 18 meses de  prisión  por  el  delito  de  estafa  en el cual figuran como ofendidos Gustavo  Adolfo Márquez Gómez y Alfredo Márquez Restrepo.   

ANTECEDENTES  

          1.-                       El  sentenciador  de  primera  instancia resume  así los hechos materia del proceso:   

          “A  finales  del  año  1.990 PEDRO JOSE LEGA RUEDA, como ingeniero  del  Capurganá  Caribean  Club,  se presentó a las oficinas del señor GUSTAVO  ADOLFO  MARQUEZ GOMEZ a proponerle cambio de artículos náuticos que expende en  su  negocio por acciones de la empresa para la que él trabajaba; posteriormente  regresó  proponiéndole compra de su finca El Bosque ubicada en el municipio de  El  Peñol  también para la firma Caribean Club o Corimev Ltda., como el señor  Márquez  le pidiera ochenta millones de pesos por el inmueble y a LEGA RUEDA le  pareciera  aceptable  ese  precio,  lo  puso  en  contacto  con EDUARDO MONTAÑA  PANTALEON,  dueño  del  Club,  se  reunieron  y negociaron la finca en el valor  antes  mencionado, pagadero así: nueve acciones del  CLUB, se corrige, del  CAPURGANA  CARIBEAN CLUB a seis millones de pesos cada una, trece millones en la  construcción  de  dos  cabañas en otra propiedad del vendedor y un pagaré por  trece  millones  con  plazo  de un año, la construcción de las dos cabañas se  haría en el término de seis meses.-   

          “Después  de  estar bien informado sobre el asunto, se le exhibió  el  certificado  de  la Cámara de Comercio de Medellín, sobre la constitución  de  la  sociedad  comercial “CORPORACION INTEGRAL DE MERCADEO Y VENTAS LIMITADA,  pudiendo  utilizar  la  sigla  “CORIMEV LTDA.”,  conformada por HERNANDO DE  JESUS  MOLINA  RIVERA, WILLIAM ALVARO GARCIA VELASCO, RODRIGO JIMENEZ BETANCUR y  EDUARDO  MONTAÑA  PANTALEON;  se  le  dió  a  conocer la maqueta y el proyecto  dizque  ya  iniciado  de  construcción de las cabañas en Capurganá, el señor  MARQUEZ  GOMEZ  suscribió  un  documento  de compra venta con el primero de los  accionistas  como  representante legal de la sociedad, recibiendo en ese momento  los  contratos de compra de acción números 0317, 0320, 0322, 0349, 0350, 0351,  0352,  0353 y 0359, el pagaré por $13.000.000.oo con fecha de vencimiento el 20  de  Noviembre  de  1.991  y  otro  pagaré  por  igual  valor,  garantizando  la  construcción  de  las  dos  cabañas  en  Guatapé con vencimiento a Mayo 20 de  1.991,   acto   que  fue  protocolizado  en  la  Notaría  21  del  Círculo  de  Medellín.-   

          “El  20  de  Noviembre  de 1.990, en la misma Notaría, el vendedor  MARQUEZ  GOMEZ  otorgó la escritura pública de la finca negociada con MONTAÑA  PANTALEON,  a  favor  de  CORPORACION  INTEGRAL  DE  MERCADEO  Y  VENTA LIMITADA  “CORIMEV  LTDA”,  representada  legalmente,  repetimos,  por  HERNANDO  DE JESUS  MOLINA  RIVERA  (Escritura  106,  fls.  17),  finca  de  la cual, inmediatamente  tomaron  posesión  sus compradores para más adelante gravarla con una hipoteca  en primer grado a favor del señor OSCAR RESTREPO VELEZ.-   

          “Transcurrido   el  término  de  vencimiento  de  los  pagarés  y  después  de haber abandonado la oficina que los habilidosos compradores tenían  por  la  70,  el  señor  MARQUEZ  logró localizar a EDUARDO MONTAÑA PANTALEON  quien  le  manifestó  que  no  había problema, que le firmaba un compromiso de  cumplimiento  por  diez  millones  de  pesos  si  en un mes no le pagaba y   volvió  a  desaparecer,  enterándose  luego  que este señor tenía oficina en  Envigado  en  el  Centro Comercial La Casona, procediendo entonces a denunciarlo  penalmente   por   considerarse   estafado”.   (fls.  912  y  913  cdno.  N°2).   

          2.-   Esos  hechos  fueron  denunciados  por  el  referido  Gustavo  Márquez  Gómez  (fl.  1  cdno.  Nro.  1),  la  Fiscalía  -Unidad  Primera  de  Patrimonio-  abrió  investigación  (fl.  9), admitió al mencionado como parte  civil  (fl. 36) e indagó a Eduardo Montaña Pantaleón (fl. 36), quien dijo que  lo  que  ocurre  es  que  “no  me han salido bien las cosas”, que no ha cometido  delito  alguno  y  que  de  todas maneras se encuentran sus respectivas acciones  para responder por cualquier cosa.   

          –  Se  profirió medida de aseguramiento contra Montaña Pantaleón  (fl. 101), la cual fue confirmada (fl. 214).   

          –  Practicadas  otras  pruebas, se oyó en indagatoria al ingeniero  Pedro  Lega  Rueda (fl. 421) y la Fiscalía se abstuvo de proferir a su respecto  medida de aseguramiento (fl. 538 cdno. Nro. 2).   

          -Luego  de surtido el trámite legal, se declaró persona ausente a  Hernando Molina Rivera (fl. 538-2).   

          3.-  Cerrada  la  instrucción,  ésta  se  calificó, por medio de  resolución  de  marzo  10  de  1.994  (fl.  612-2)  y  los referidos sindicados  Montaña  y  Molina  fueron  acusados  por el delito de estafa. En cuanto a Lega  Rueda se precluyó la investigación.   

          Tal  acusación  fue  recurrida  por  la  defensa y recibió entera  confirmación  mediante  proveído  del  29 de agosto de 1999 (fl.740 cdno. #2).   

          4.-  El  Juzgado  2°.  Penal  del  Circuito de Medellín practicó  varias  pruebas  (fls.  783  y  ss), celebró audiencia pública (fl. 899) y, en  armonía  con  la  acusación,  dictó  sentencia de marzo 6 de 1.995 (fl. 911),  mediante  la  cual  condenó  a  los acusados a la pena principal de 18 meses de  prisión.   

          El  procesado  Montaña  Pantaleón  y  su  defensor apelaron dicho  fallo  (fl.  949)  y  el  Tribunal, por medio del suyo que se ataca en casación  (fl.  950),  lo  declaró  parcialmente  desierto por deficiente sustentación y  sólo  entró  a conocer del mismo en cuanto a la nulidad por atentado al debido  proceso.  Así  en  la  parte  resolutiva  hace  la  mencionada  declaratoria de  deserción y niega la nulidad en cuestión (fls. 964 y 965).   

          El  procesado  le otorgó poder a otra profesional y es ésta quien  presenta la demanda de casación.   

         LA   DEMANDA   

          Dice   la  casacionista  que  las  siguientes  son  “las  causales  propuestas” (fl. 1005 cdn. Nro. 2).   

                   Capítulo  I   

         “Nulidad  por  violación  al derecho de defensa”  (fl. cit).   

         Anota  que  “los falladores de instancia en abierta contradicción  a  lo  dispuesto en el artículo 250 de la Constitución Nacional inciso final y  249  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  solamente  ordenaron y practicaron  aquellas  pruebas que iban en contra del acusado, dejando de ordenar y practicar  las que hubieran podido llegar a favorecerlo”. (id).   

         Manifiesta  que  el  procesado  Eduardo Montaña Pantaleón, en su  indagatoria  y  en otras oportunidades procesales, manifestó unos hechos a modo  de  exculpación,  como también su defensor solicitó en la etapa del juicio la  práctica  de  unas  pruebas,  las  cuales  le  fueron  negadas  por  el juzgado  “únicamente  con  la siguiente motivación: ‘son innecesarias'” (fl. 1.007) por  lo cual afirma a continuación:   

         “Los  funcionarios  de  instrucción  nada hicieron para tratar de  corroborar  los  dichos  del  implicado  citados  anteriormente,  ni  de oír en  declaración  a  algunos de los otros 88 socios, lo cual hubiera permitido tener  una  idea  imparcial  de la situación y desvirtuar con ello el predicado ardid,  pues  permitía  entender  que  la  creación  del  club  era  una realidad. Los  Márquez  tuvieron  la posibilidad de enterarse a plenitud en qué consistía la  formación  de  un  club  recreativo  y  que  el  ofrecimiento  inicial  para la  colocación  de  acciones  se  hacía  con  fundamento en maquetas, planos y los  lotes  disponibles,  además,  que  en  caso  de  liquidación por insolvencia o  quiebra  por  tratarse  de  una  sociedad  conformada  sin  ánimo de lucro, los  remanentes   debían   entregarse   a   una   entidad   de   beneficencia  folio  87.   

         “El  a-quo  como  se  precisó, también negó esa posibilidad que  permitía  clarificar  el  asunto, al negar sin más ni más la práctica de las  pruebas que en ese sentido le fueran solicitadas”.   

         Hace  una  serie de consideraciones de lo que habría arrojado “el  confrontar  el  dicho  de mi defendido” (fl. 1.007 infra y 1.008) y concluye que  “se  habría  establecido  la  existencia de los mencionados bienes, como fueron  adquiridos,  en  qué  se  invirtieron  los dineros, y finalmente que en ningún  momento  se  dispuso  de  ellos en manera definitiva, pues tanto el lote como la  hostería  en  Capurganá  se  mantenían  congelados  así  como  los restantes  inmuebles,  lo que necesariamente hubiera llevado a los falladores a concluir de  manera  obvia  que  el  provecho  ilícito  elemento del tipo- de ninguna manera  podía  configurarse  o demostrarse, y en consecuencia la decisión habría sido  diversa  y  favorecedora  a  los  intereses  de  mi cliente” (fls. 1.008 infra y  1.009).   

         –  Luego  plantea  una  “violación  al  derecho  de  defensa  por  ausencia  de defensa técnica” (fl. 1009) y dice que los abogados que asistieron  a  su  representado  no solicitaron la práctica de pruebas, ni intervinieron en  alguna  de  las  solicitadas  y  practicadas con la presencia de la parte civil.   

         “Las  invocadas  en  la  etapa  de  la  causa, como antes se dijo,  fueron  negadas  por  innecesarias,  y el profesional del derecho ni siquiera se  tomó  el  trabajo  de  interponer  el  recurso  de  apelación  y esforzarse en  demostrar  la  importancia  de  las mismas para el esclarecimiento de la verdad”  (fl. cit.).   

         Añade  que  la  defensa aportó sí en fotocopia simple una serie  de  pagos considerables efectuados a René Cardona por la compra de la Hostería  Capurganá  folios  663 a 675, pero nada se hizo para demostrar su autenticidad,  ni  se  procuró  el interrogatorio del nombrado para establecer la veracidad de  la  compra  de  la  Hostería  y de los pagos. Tampoco se demostró la cuantiosa  inversión  que  se  adelantó  en  la  finca  que  se les había comprado a los  Márquez,  como  el  lago  artificial  para el criadero de truchas fl. 157, o la  explanada  construida  para  una  cancha  de  fútbol  que  se  observara  en la  Inspección  Judicial  a  folio  296.  Con  ello  se  hubiera podido explicar la  inversión  de los dineros y el interés del Club en poseer las facilidades para  desarrollar sus proyectos.   

         “La  sustentación  al  recurso  de  apelación  que  interpusiera  respecto  del  fallo  de  primera  instancia  fue tan pobre y deficiente, que el  ad-quem lo declaró parcialmente desierto” (id.).   

                   Capítulo  II   

         “Cargo   único  por  violación  directa  de  la  ley  sustancial  artículo  220.1  del  Código  de Procedimiento Penal, por aplicación indebida  del  artículo  356  del Código Penal, y la consecuente falta de aplicación de  los  artículos  833  y  100 parágrafo del Código de Comercio, en concordancia  con  los  artículos  633,  636  y  siguientes  del  Código  Civil,  para  cuyo  cuestionamiento  se  aceptan  las pruebas de acuerdo a como fueron apreciadas en  el fallo impugnado”(fl. 1.010 infra).   

         Luego   de   transcribir  un  aparte  del  fallo  que  explica  la  existencia  de la estafa y no de un incumplimiento civil (fl. 1.011), precisa el  censor:  “El  fallador  partió  de un supuesto errado, al asimilar que el hecho  que  dió  lugar  al fallo impugnado constituía un negocio jurídico comercial,  siendo  que  lo  que  se  ofrecía  y así taxativamente lo reconoce el fallo al  referirse  a  los  dichos de mi prohijado folios 922 y 923 era la posibilidad de  disfrutar  de un club recreativo, institución sin ánimo de lucro que según lo  determina  el  parágrafo  del  artículo  100  del  Código  de  Comercio, “Las  asociaciones  con  fines  culturales, recreativos, deportivos, de beneficencia u  otros  análogos, no son comerciales”, y añade que el referido Club “se ajustó  en  todo  a  las  previsiones  de los artículos 633 del Código Civil, como una  corporación  que  era,  cuyos  estatutos fueron sometidos a la consideración y  aprobación  de  la  entidad  gubernamental  correspondiente según lo prevé el  art.  636  ibídem,  c. fr. folio 148, a la cual también se refirió el fallo a  folio 923” (fl. cit.).   

         Indica  que  el  fallador  olvidó “que los elementos del tipo (de  estafa)  deben  demostrarse”  (fl.  1.012,  paréntesis de la Sala) y que en ese  caso  “de  ninguna  manera se probó en provecho ilícito, y ello no podía ser,  por  la sencilla razón de que todos los dineros recaudados fueron invertidos en  los bienes de la organización” (id.).   

         Insiste  en  que el hecho imputado a su defendido corresponde a la  esfera  del  derecho  civil,  y pide a la Corte que, previa casación del fallo,  absuelva a aquél.   

                   Capítulo  III   

         “Violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  artículo 220-1,  cuerpo  segundo  del  Código  de  Procedimiento  Penal  por  falsos  juicios de  existencia respecto de las siguientes pruebas” (fl. 1.013).   

         1.-   Gustavo   Adolfo   Márquez  tuvo  tiempo  suficiente  “para  investigar  la viabilidad del club antes de proceder a cambiar la finca por más  acciones en noviembre 20 de 1.990.   

         2.-  Los  “Derechos  Turísticos  Recreativos” que se adquirieron,  según  escrito  de  folios  22 a 25, los cuales demuestran “que los Márquez no  fueron  sujetos  de  ningún  ardid  o  mantenimiento  en  error”  (fl.  1.013).   

         3.-  El  dicho  de  Alfredo Márquez a folio 93, de que “tenía la  esperanza  de que las deudas que tenían algunos socios podían pagarlas con esa  exhortación  que se les hizo y así recuperar nuestro dinero” (fl. 1.013), cosa  que   el   censor   estima  suficiente  para  descartar  el  delito  de  estafa.   

         4.-  El  mencionado  procesado  en  cuanto afirmó los bienes “que  existían  de  propiedad  del  Club”  (fl. 1.014 supra), cuestión que, de haber  sido  apreciada,  hubiera llevado al Tribunal a la deducción de que “los diez y  siete  millones  de  pesos más los intereses que se le adeudaban al denunciante  estaban  perfectamente  respaldados, que sobre ellos no existió riesgo alguno y  que  por  lo  tanto  debió  concluir que el denunciante no sufrió daño alguno  patrimonial,   ni  que  el  mismo  hubiera  estado  en  peligro”.  (fl.  1.014).   

         5.-  El  informe  del ingeniero Carlos Enrique Restrepo Botero que  obra  a  folios 864 y siguientes, que demostraba que “las entidades conformadas”  tenían  sustento  jurídico  y  que  no  hubo,  pues, “mise en scene” (fl. cit.  infra).   

         6.-  Los  “pagos  considerables  a  terceras personas” que el Club  hizo  y  que  se  demostraron  en  inspección judicial visible a folio 365 (fl.  1.015).   

         7.-  Los  “documentos  obrantes  a folios 62 y siguientes mediante  los  cuales se constituyó la Sociedad Promotora de Clubes Sociales y Campestres  Pronaclub  y  Compañía  Limitada, según la escritura pública 1917 de octubre  11  de  1991  de  la Notaría 19 del Círculo de Medellín en la cual la socia y  representante  legal  elegida,  aporta  a nombre de sus hijos el lote de terreno  contiguo  al  Hotel  Calypso  en  Capurganá,  una  vez  logrará  la respectiva  licencia judicial para ello” (fl. 1.015 infra y 1.016).   

         8.-  El certificado de existencia y representación del mencionado  Club.   

         9.-  “La  existencia  del respectivo lote”, probada en inspección  judicial de folio 229.   

         Así  las cosas, pide la casacionista casar el fallo y absolver al  procesado.   

        CONCEPTO DE LA PROCURADURIA   

         El  señor  Procurador  Segundo  Delegado  en  lo  Penal  hace una  aclaración  inicial sobre la ilegitimidad para recurrir, y al respecto advierte  que  el  Tribunal, en la sentencia recurrida en casación, declaró parcialmente  desierto  el  recurso  de  apelación  interpuesto  contra  el  fallo de primera  instancia,  limitándose  a examinar únicamente la violación al debido proceso  alegada  en dicho recurso. En tal sentido cita tres decisiones de esta Sala de 9  de  agosto/95,  5 de septiembre/96 y 11 de mayo/97 MM.PP. doctores Dídimo Páez  Velandia,  Fernando  Arboleda Ripoll y Jorge Aníbal Gómez G, respectivamente y  sobre  lo  anterior sostiene que, no hay sentencia de segunda instancia sino con  relación  a  dicho  punto  de  nulidad, agregando que para estos efectos, da lo  mismo  no combatir ciertos aspectos del fallo que se apela, que combatirlos mal,  como  ocurrió  en  este  caso  con  la  subsiguiente declaratoria de deserción  parcial  (fl.  19), presentándose un vacío de decisión judicial del superior,  lo  que  constituye  requisito  esencial  e  inevitable  para la procedencia del  recurso  extraordinario  de  casación,  lo  que  determina  la imposibilidad de  aceptar la procedencia del recurso. (fl. 19).   

         Relieva  que  los  puntos  de  disenso  que se consideraron por el  Tribunal  como  deficientemente sustentados, son los mismos que componen en esta  sede  casacional  los  cargos  de  los  Capítulos  II  y  III y que, repite, el  Tribunal  se  limitó a estudiar la alegación correspondiente a que el Juez 2°  Penal   del   Circuito  de  Medellín  (fallador  de  primer  grado)  negó  por  “innecesarias”  unas  pruebas  solicitadas por el defensor, lo cual “implica, de  cara  al  pronunciamiento de fondo que atañe al recurso de casación y en orden  a  la  legitimidad  para  recurrir,  que  si  los  aspectos  no  resueltos en la  decisión  de  segunda instancia por insuficiente sustentación, explícitamente  puntualizados  por  el ad-quem en el evento que ocupa la atención, llegan a ser  planteados  nuevamente  como motivo de disenso por el impugnante extraordinario,  no  será factible su análisis en la sede casacional, coherentemente con lo que  hasta ahora se ha explicado en el contexto del concepto” (fl. 21).   

         Con  la  advertencia  de  que  no  podía  examinar  la  Corte los  referidos  cargos,  pasa  a  estudiar  la Delegada el propuesto en primer lugar.   

         “Nulidad  por  violación  al  derecho  a  la  defensa”  (fl. 26).   

         –  Sobre  el  desconocimiento  del  principio  “de  investigación  integral”,  dice  inicialmente que el no recepcionarse “las declaraciones de los  restantes  88  accionistas  afectados con la posible estafa” (fl. 27 infra). “no  afecta  primordialmente  la  situación específica del negocio jurídico que se  realizó  con  los  ofendidos Alfredo y Gustavo Márquez, las circunstancias que  envolvieron  este negocio fueron del todo particulares y la demostración de que  se  dieron  negociaciones  similares  no demuestra indefectiblemente que alteren  situaciones  especiales  que  fueron determinantes para estructurar el delito de  estafa,   tales   como  la  realización  del  negocio  con  anterioridad  a  la  constitución  legal  de  las  diversas  sociedades  para  promocionar  el  club  (PRONACLUB)  o  comercializar  sus  acciones (CORIMEV), e incluso del mismo club  recreacional  (CAPURGANA CARIBEAN CLUB); el negocio que generó la inconformidad  de  los  Márquez  no sólo tuvo como contraprestación el pago de las acciones,  sino   el   incumplimiento   sistemático   de   las   demás  obligaciones:  la  construcción  de  unas  cabañas  y  el  pago  de  una suma acordada respaldada  mediante  un  pagaré,  las maniobras dilatorias del procesado, su ocultamiento,  etc.” (fl. 28), y agrega:   

         “En  fin,  no  se  quiere  negar  que  las pruebas incoadas por la  casacionista  hubieran  sido importantes para esclarecer los hechos, sino que no  reunían   la   entidad   suficiente,   exigible   para   esta  sede,  para  que  inexorablemente  de  su existencia se concluyera un error judicial al extremo de  alterar  rotundamente  el resultado final de la sentencia; sin cumplirse con ese  requerimiento,  tampoco  se puede alegar que la inobservancia de tales probanzas  conduzca  a la afectación de las garantías del procesado y especialmente en lo  pertinente al derecho a la Defensa” (id.).   

         Acota  la  posibilidad  de  que  el  a  la sazón defensor no haya  solicitado  dichas  declaraciones  por  considerarlas nocivas para el procesado,  además   de   que   “la  práctica  de  tales  pruebas,  en  su  integridad  88  declaraciones  como  lo  pretende  la  libelista,  dada  su  cantidad, bien pudo  constituir,  a  más  de  no ser clara su pertinencia según lo expuesto atrás,  una excesiva dilación procesal…” (fl. 30).   

         -En  cuanto  a  la  nulidad  por  la  inercia de los defensores de  turno,  responde  que “esta afirmación resulta radical y totalmente contraria a  lo  que refleja la realidad procesal, en la que surge una actuación diligente y  activa  por  parte de los abogados que representaron al sindicado en el trayecto  de  la  actuación,  pese  a  que  no contaron con suerte en la obtención de su  cometido  -salvo aquella desatención originada en la falta de sustentación del  recurso  de  apelación  contra  la sentencia de primer grado que germinó en la  declaratoria  de  deserción  parcial  del recurso-, lo restante, constituye una  evidente   interferencia   a   lo   que   se  ha  denominado  jurisprudencial  y  doctrinalmente  como  parte  de  una  “estrategia  defensiva”  efectuada por los  abogados,  que  se reflejó, en cuanto a los aspectos de fondo, a las siguientes  gestiones a lo largo del proceso” (fl. 31).   

         Realiza  una relación de las anunciadas actuaciones (fl. 31 infra  y  32) y opina que esa afirmación de la demandante “no deja de ser más que una  vana  intención  de  descalificación subjetiva de la infructífera gestión de  sus antecesores en la defensa” (fl. 33).   

         En  tales condiciones, conceptúa que la demanda no prospera y que  el fallo combatido no debe ser casado.   

        CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

         La  Sala  no  puede examinar los cargos de los Capítulos II y III  de la demanda en el caso presente.   

         Lleva   razón   la  Delegada  cuando  advierte  que  con     relación     a     esos     dos    cargos    (violaciones  directa  e  indirecta) no  hubo     inconformidad   ni   pronunciamiento  de  segunda instancia, ya  que  ésta  se limitó a conocer de la nulidad que también alegó el recurrente  en apelación.   

         Repítese  que sobre la errónea interpretación del artículo 356  del  Código  Penal  (definitorio  de  la  estafa) y la crítica a la prueba que  meramente  enunció   el  recurrente,  por  falta  de  sustentación  el  fallador de segundo grado se  abstuvo de conocer.   

         Así,  dijo el Tribunal que “el único punto de los censurados que  tiene  ribetes de sustentación auncuando brevísimo es el que hace consistir el  abogado  en  “…la violación del debido proceso, y  la   falta   de   garantías  que  se  le  reconocieron  al  procesado  para  su  defensa”,  pues  “En  cuanto  a  los  demás  puntos  criticados  por  el señor Defensor de la sentencia recurrida, no se examinarán  sobre  la  base”  de  los fundamentos que expresa a continuación (fl. 959 cdno.  N° 2 subrayas del original).   

         Y  en  seguida,  con  apoyo  en  varias decisiones de esta Sala de  Casación,  sustenta  por  qué  con  relación  a  los  demás  puntos  no  hay  sustentación (fl. 959 infra y ss).   

         Y  si  no  hubo  decisión  de segundo  grado  que revisara el tema ahora contemplado en los  cargos  segundo  y  tercero  de  la  demanda,  como tampoco en ello se introdujo  alguna  modificación  gravosa,  es obvio que esta parte “inexistente” del fallo  deviene     refractaria     al     recurso     de  casación,   el  cual  únicamente  procede  contra  sentencias  que  revisen  sus  homólogas  de primera instancia (art. 218 C.P.P.  modificado art. 35 ley 81/93).   

         En  suma,  cuando  el  sentenciado  en  primera instancia no apele  oportumamente,  o  habiendolo hecho no apele como es debido (por no sustentar en  debida  forma),  carece  de  interés  para  impugnar  en  casación el fallo de  segundo   grado  que  revisó  el  que  por   esta   circunstancia   debe   entenderse  consentido.  Estas  consideraciones   salvo,   claro   está,   la   violación   a  las  garantías  constitucionales,  que  le  imponen  al  juzgador  un  pronunciamiento oficioso.   

         En  las  providencias de esta Sala que cita la Procuraduría en su  concepto,  (sent.  Cas. Sept. 5 de 1996, M.P. Dr. Fernando Arboleda Ripoll) y en  otras  varias  más,  se  ha  ratificado  que  el no  apelante  no  puede  convertirse  en  impugnador   en casación,  pues  ello  equivandría  en  la  práctica a la aceptación de  omisión que el legislador no ha institucionalizado.   

         Con  esa  introducción,  se  pasa,  pues,  a conocer del cargo de  nulidad  propuesto, y que en la demanda se descompone en los siguientes apartes:   

         Sobre la investigación integral   

           Violación  al  derecho de defensa por la no práctica de varias  pruebas.   

         Dice  el  censor  que  no  se practicaron las pruebas tendientes a  confirmar   las   siguientes   afirmaciones   que   hizo   el  procesado  en  su  indagatoria:   

         1.-   “Mi   cliente   en  su  injurada  hizo  referencia  a  las  propiedades  que  se  tenían,  una   finca  en Rionegro, vereda Manpuesto,  terreno  en  Cartagena  frente  a  la  isla  Cascajos, la finca adqurida por los  Márquez,   dijo  que  ellos  (sic)  habían  afirmado  que  había  un  cliente  interesado  en comprarla quien vivía en los Estados Unidos y estaba dispuesto a  dar  por  ella  sesenta  y  cinco millones de pesos. Además, que algunos de los  socios  estaban  recibiendo  los  servicios  ofrecidos  en  el  Hotel Calypso de  Cartagena mientras lograba la construcción del club”.   

         2.-  Que  dicha  finca  adquirida por los Márquez no se hipotecó  inmediatamente sino al año siguiente.   

         3.-  que  Alfredo  Márquez  sabía dónde estaban las oficinas en  las  cuales  se ofrecían las acciones del club y también “de la buena fe con  que se estaba actuando” (fl.1034).   

         4.-  Que  sobre  el embargo decretado por el Juzgado 2º Civil del  Circuito  existía  una  principio  de  arreglo,  a más de que Alfredo Márquez  recibió   una   mesa   de   billar   en   abono   “a   la  deuda”  (fl.1035  supra).   

         Añade  que  así  mismo  dentro del  término probatorio del  juicio  el  defensor  del procesado solicitó la declaración de varias personas  “que  tenían conocimiento sobre la manera como se forman los clubes sociales,  su  funcionamiento  y los derechos que otorgan las acciones, y que las mismas no  podían  considerarse como títulos valores. La solicitud fue negada por el Juez  a-quo     únicamente     con    la    siguiente    motivación:    ‘Son     innecesarias’   “,    como  reclama  que  tampoco  fueron  citados  para  declarar  “algunos  de  los 88 socios, lo cual  hubiera  permitido  tener  una  idea imparcial de la situación y desvirtuar con  ello el predicado ardid”.   

         -Sobre    el  tema  de  nulidad  invocado  dijo  el  Tribunal  sentenciador:   

        “En  noviembre  21 del año últimamente citado, el JUZGADO       SEGUNDO       PENAL       DEL       CIRCUITO      de  Medellín,    por   medio  del  interlocutorio  respectivo  se  pronunció  (fls.777-779)  en  sentido  negativo “por   innecesarias”.  Auto  que  fue  notificado  personalmente  a  algunas  de las Partes mientras que a otras lo fue  por  estados,  el  29  de  los  mismos,  mes  y  año  (fls.779  vto.  hacia  el  final).   

A  la providencia últimamente mencionada,  como  se  sabe,  le  cabían los recursos de reposición y apelación, empero el  Defensor  técnico  del  procesado guardó silencio, nada hizo. Y con su actitud  le  dio  la  razón  al  Juzgado  que  le  negó  la práctica de dichas pruebas  (art.250 C.P.P.).   

A  la  hora  de  nona  el  señor Defensor  plantea  indirectamente  la  nulidad porque no se le decretaron las peticionadas  pruebas,  pero  viéndolo  bien  si  se  atiende  al contenido del epígrafe del  memorial  de  la  repetida  solicitud de pruebas, referente a la “VIABILIDAD  DE  LA PRUEBA”, era la de  establecer  la naturaleza jurídica de los derechos recreativos ofrecidos por la  Corporación  de  Turismo  dirigida por el señor MONTAÑA PANTALEON, que según  el  abogado,  son  diferentes  a  las  consagradas en el art.619 y ss. del C. de  Comercio, sin que diga cuál cree que sea.   

Sea  la que fuere lo que quería probar el  señor  Abogado  es  un tema de estricto derecho que como es también sabido, el  Operador  Jurídico  debe  saber  de  antemano,  y  no hay que probarlo sino que  apenas  basta   si  mucho  con  citárselo, con la excepción de las normas  extranjeras  y  la costumbre. Por eso era innecesaria  dicha práctica.   

No  hay  violación  al debido proceso, no  sólo  porque  la  Defensa  en  su  momento  pudo  haber  recurrido  dicho  auto  interlocutorio  sino  porque la norma jurídica no hay necesidad de probarse, ya  que  el  Juez,  se   presume  de derecho, la sabe.”. (fls.963 y 964 cdno.  No.2).   

         -Observa  esta Sala que desde el inicio del proceso se practicaron  pruebas  de  diversa   naturaleza (testimonial, documental y pericial) para  averiguar  la  realidad  de  lo ocurrido y que incluso en la etapa del juicio el  Juzgado  2º  Penal  del  Circuito de Medellín, en auto de noviembre 21 de 1994  (fl.777-2),  aparte  de  negar “por innecesarias” las pruebas pedidas por el  defensor  del  acusado, practicó las pedidas por el apoderado de la parte civil  y otras que decretó oficiosamente.   

         Ha  reiterado  esta  Sala  que  cuando  se  alega  en casación la  nulidad  por  omisión  de  pruebas,  el  demandante  está  en  la insoslayable  obligación  de demostrar a la Corte la incidencia de las mismas, es decir hacer  ver  que,  si  dichas  pruebas  se  hubieran  practicado,  el  sentido del fallo  cambiaría  en  pro  del sujeto procesal a quien representa, tarea que no cumple  aquí  el  casacionista,  sino,  en  cambio,  las  pruebas que echa de menos -en  término  de  la  Delegada-  “no  tienen  asidero  procesal  para  ordenar  su  práctica”,  pues  las  mismas  “no  afectan  primordialmente  la situación  específica  del  negocio  jurídico que se realizó con los ofendidos Alfredo y  Gustavo Márquez” 8fl 36).   

         Esas  las  razones  para  que  este  motivo  de  nulidad  no salga  avante.   

         

         Sobre la defensa técnica.   

         Prosigue  la  actora  con  tal modo “no técnico” de alegar en  casación,   pues  el  respectivo  impugnante  no  puede  limitarse  a  realizar  afirmaciones  “generales y vagas” de que el defensor no cumplió con su cometido  profesional,  para por esa vía enunciativa pretender una nulidad. La nulidad en  esta  sede,  como  también ocurre en las instancias, (art. 220-3 C.P.P.), tiene  ineludiblemente  que  probarse,  lo  que  en  este  caso  le  correspondía a la  casacionista,  haciendo ver a la Corte qué oportunidades en favor del procesado  dejó   superar  el  defensor  pasivamente  y  cuál  la  trascendencia  de  sus  omisiones.  O sea que en esa labor se impone objetivizar las falencias que se le  enrostran  a  la  defensa  técnica, sin pretender que ellas nazcan de la simple  subjetividad del casacionista.   

         Sin  perjuicio  de  lo dicho, la reseña de la actuación cumplida  por  la defensa del procesado Eduardo Montaña Pantaleón (fls. 109 a 112, 186 a  189,  205  a  208,  656  a  662,  767  a 771, 772 y 773, 903 a 910, del proceso)  efectuada  por  la  Delegada  en  su  concepto  (fl. 32), pone de manifiesto una  realidad  contraria  a la que sostiene este segundo aspecto del cargo analizado,  y  se  añade  que  “sin perjuicio de lo anterior”, porque la Corte en esta sede  extraordinaria     no     puede     por    propia  iniciativa, escudriñar folio por folio el proceso a  fin  de  constatar si se dió o no la defensa técnica ni valorar sus calidades.  De  hallarla tan protuberante y esencial, es obvio que la Sala proceda a decidir  en  consecuencia;  pero  tal  evidencia -aquí ausente- no releva al actor de la  obligación de precisar el cargo en los términos antes indicados.   

                    

         Por  lo  demás,  siendo  el ejercicio de la defensa de iniciativa  libre  aun  cuando dentro de la ética, por parte del defensor letrado, no basta  con  la  expresión de lo que éste había podido hacer y no hizo en favor de su  representado  para  abrirle paso a una nulidad por ausencia de defensa, sino que  se  haría  forzoso  acreditar  que esa actividad fue el fruto del descuido o la  desidia  y  no  de  una estrategia encaminada a obtener favor de la duda y de la  celeridad del pronunciamiento o de lo incompleto de la actuación.   

         

         Por  ello, la Corte Supre­ma  de  Justicia  en  Sala  de  Casación Penal, de acuerdo con el  Ministerio    Público,   y   adminis­trando  justicia  en nombre de la República y por autoridad de la  ley,   

        RESUELVE   

         NO   CASAR  la  sentencia  recurrida.   

         

         En  firme  esta providencia, devuélvase el expediente al Tribunal  de origen.   

Cópiese,      comuníquese      y  cúmplase.   

        JORGE ÁNIBAL GÓMEZ GALLEGO   

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                        JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

CARLOS  AUGUSTO  GALVEZ  ARGOTE                               EDGAR      LOMBANA  TRUJILLO   

MARIO   MANTILLA   NOUGUÉS                                        CARLOS E. MEJÍA ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                                NILSON     PINILLA  PINILLA   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria  

    

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