11108h

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    PROCESO No. 11108  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Aprobado acta No. 77   

                            Magistrado Ponente :   

                            Dr. FERNANDO E. ARBOLEDA RIPOLL      

Santa  Fe  de  Bogotá, D.C., veintisiete de  mayo de mil novecientos noventa y nueve.   

Resuelve  la Corte el recurso extraordinario  de  casación  interpuesto  contra  la  sentencia  de  primero  de  junio de mil  novecientos  noventa  y  cinco,   mediante la cual el Tribunal Superior del  Distrito    Judicial    de   Ibagué,   condenó   al   procesado   JOSE  MANUEL  DELGADILLO  MARTINEZ por el  concurso  de  delitos  de   homicidio  y  lesiones  personales, todos en la  modalidad culposa.   

Hechos  y  actuación procesal.-   

Aproximadamente  a la una y cuarenta minutos  de  la  tarde  del  once de abril de mil novecientos noventa y tres, en el sitio  “Los  Pinos”,  comprensión territorial de Venadillo, sobre la carretera que  une  a  Ibagué  con  Lérida,  en  el Departamento del Tolima, colisionaron los  vehículos  Renault 12 de placas FSA-075, color blanco, al mando de JOSE  MANUEL  DELGADILLO  MARTINEZ  y el  Mazda  de placas NPE-444, color azul, conducido por LUZ MARIA GIRALDO ISAZA y en  el  cual  se  transportaban  SAMUEL  HENAO  LONDOÑO y CANDELARIA ISAZA DE HENAO  quienes  fallecieron en el mismo lugar a consecuencia de las lesiones recibidas,  en  tanto  que  ambos   conductores  resultaron severamente heridos, siendo  trasladados  a un centro asistencial donde recibieron oportuna atención médica  de urgencia.   

Abierta  la  instrucción  por  el  Juzgado  Primero  Promiscuo  Municipal de Venadillo (fls. 5), escuchó la declaración de  HUMBERTO  PEREZ  LONDOÑO, Agente de la Policía que conoció el caso y levantó  el  croquis correspondiente, allegó las actas de la diligencia de levantamiento  de  los cadáveres llevada a cabo por el Inspector de Policía y Tránsito de la  localidad  (fls.  11  y  ss.) y practicó inspección judicial a los automotores  (fls. 21).   

Remitido  el diligenciamiento a la Fiscalía  Treinta  y  Nueve  Seccional  de  Lérida  por  competencia  (fl.  26), vinculó  mediante  indagatoria  a  JOSE  MANUEL DELGADILLO MARTINEZ (fls. 57 y ss.) y LUZ  MARIA  GIRALDO  ISAZA  (fls.  107  y  ss.),  y  definió su situación jurídica  imponiéndole  medida  de  aseguramiento  de detención preventiva al primero de  ellos  que  posteriormente  sustituyó  por  detención domiciliaria (fls. 293 y  ss.),  en tanto que se abstuvo de hacerlo en relación con la segunda (fl. 253 y  ss.).   

Previa  clausura  del ciclo instructivo (fl.  307),  el  veinticinco  de mayo de mil novecientos noventa y cuatro calificó el  mérito  probatorio  del sumario profiriendo resolución de acusación en contra  de  JOSE  MANUEL  DELGADILLO  MARTINEZ  por  el  concurso de delitos culposos de  homicidio  y  lesiones  personales,  al  tiempo  que  precluyó  la instrucción  respecto  de  LUZ  MARIA  GIRALDO  ISAZA,  mediante  determinación  que  cobró  ejecutoria  en  esa  instancia  por no haber sido impugnada (fls. 331 y ss.), el  día  30 del mismo mes.   

El juicio se tramitó ante el Juzgado Primero  Penal  del Circuito de Lérida  en donde se llevó a cabo la vista pública  (fls.  437)  y culminó la instancia por sentencia proferida el catorce de marzo  de  mil novecientos noventa y cinco, mediante la cual se condenó al procesado a  las  penas  principales de cincuenta y seis meses de prisión, multa en cuantía  de  cinco  mil  pesos,  y  suspensión  en  la  actividad de conducir vehículos  automotores   por  espacio  de  dos  años,  entre  otras  determinaciones,  por  encontrarlo  penalmente  responsable  del  concurso  de  delitos  imputado en el  pliego  enjuiciatorio.                    

Contra el fallo de primer grado, el defensor  interpuso  recurso  de  apelación  que   el Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de Ibagué desató, mediante sentencia de segunda instancia, proferida  el  primero  de  junio  de  mil  novecientos  noventa cinco, en la que confirmó  íntegramente    la    providencia    impugnada    (fls.    4    y    ss.   con.  Tribunal).   

Contra  esta  sentencia,  en oportunidad, el  defensor   interpuso  recurso  extraordinario  de  casación  (fl.  32),  siendo  concedido  por  el ad quem (fls. 33), habiéndose presentado dentro del término  legal  la  correspondiente  demanda  de  casación  (fls. 44 y ss.), la cual fue  admitida         por         la         Sala         (fls.         4        cno.  Corte).           

La demanda.-    

Con  apoyo en las causales primera y tercera  de  casación previstas por el artículo 220 del Código de Procedimiento Penal,  dos cargos se postulan en la demanda contra el fallo del Tribunal.   

CARGO  PRIMERO.  (Violación Indirecta de la  Ley Sustancial).    

Comienza  por  indicar  el  actor  que “al  examinar  los  razonamientos  que sirvieron de soporte legal al fallo impugnado,  se  advierte  la  ausencia  de  normas  rectoras  de  la  ley  penal, aspectos y  circunstancias   de   estricta   aplicación   para   una   justa  y  equitativa  dosificación de la pena”.   

Seguidamente aduce que habiéndose declarado  la  responsabilidad  penal  de  DELGADILLO MARTINEZ en el concurso de delitos de  homicidio   y  lesiones  personales,  y  estando  probada  la  circunstancia  de  agravación   por   embriaguez,   para   la   dosificación   punitiva   resulta  indispensable  observar  principios  rectores  que garanticen la legalidad de su  tasación   y   reconozcan   el   cumplimiento  de  las  funciones  retributiva,  preventiva,  protectora y resocializadora que la ley asigna a la pena, así como  las  reglas  de  carácter  general referidas a la aplicación de los mínimos y  máximos  de  la  sanción,  las  circunstancias  genéricas  y  específicas de  agravación   y  atenuación,  todos  estos  factores  ligados  a  los  aspectos  cuantitativo  y  cualitativo  de la pena que sin embargo fueron ignorados por el  fallo.   

Estima  que  el  Tribunal  dejó de apreciar  pruebas   existentes  en  el  proceso,  dando  lugar  a  que,  “por  falta  de  aplicación  de  normas  sustanciales”  se quebrantaran derechos fundamentales  del procesado.   

Es  así  como,  sostiene,  por  no  haberse  apreciado  “las  pruebas  que aparecen a los folios 56, 57, 290, 291,y 292 del  expediente”  se  incurrió  en  error  de hecho por falso juicio de existencia  “que  incide negativamente en el quantum  de la sanción” en violación  de  los  artículos  1,  12,  61,64,  y  67  del  C.P.,  246  y  254  del  C. de  P.P.   

Al  individualizar  la  pena  impuesta  al  procesado,  el juzgador “ se atuvo al tenor literal del artículo 26 del C.P.,  que  regula  el concurso de hechos punibles y dispone que en casos como éste el  procesado  estará  sometido  a  la ley penal que establezca la pena más grave,  aumentada  hasta  en  otro  tanto,  haciendo  caso  omiso  de  normas rectoras y  circunstancias   atenuantes  que  modifican  favorablemente  el  quantum  de  la  sanción”.   

Observa que al fijar la pena el sentenciador  partió  del mínimo establecido por el artículo 329 del C.P. para el homicidio  culposo,  es  decir  24 meses, y le incrementó 4 por la circunstancia agravante  de  embriaguez,  obteniendo un parcial de 28 meses que aumentó “hasta en otro  tanto,  por  el  otro homicidio y las lesiones, incluyendo las circunstancias de  agravación  punitivas   contempladas  en  los  artículos  330  y  341 del  C.P.”  para  un  total  de  56  meses  de  prisión, “excluyendo sin ninguna  motivación  razonable,  principios  rectores  y circunstancias atenuantes a que  nos  hemos  referido anteriormente y consagradas en los artículos 1º, 12,61,64  numerales  1º, 8º y 67 del C.P.”, cuya omisión atenta contra el derecho del  procesado  a  una  sanción  equitativa  “que le permita reunir los requisitos  señalados  en el artículo 68 numeral 1º del C.P., para gozar del beneficio de  la condena de ejecución condicional”.   

De haber apreciado el juzgador “las pruebas  consignadas  en  el  expediente  y a las que hemos aludido anteriormente” para  acreditar  la  excelente  conducta del procesado, su personalidad como hombre de  bien  dedicado  la mayor parte de su vida al noble ejercicio de la docencia y el  hecho  de haberse presentado voluntariamente y haber facilitado con su presencia  a  lo  largo  del  proceso  la  investigación como consta a los folios 56 y 57,  seguramente se hubiera cambiado de criterio” al juzgarlo.   

Por  lo  anterior  demanda  casar  el  fallo  recurrido, y “proferir el que se ajuste a derecho“.   

CARGO SEGUNDO. (Nulidad).  

         

En este capítulo, y amparado en lo dispuesto  por  el  artículo  304 numerales 2 y 3 del C. de P. P., el actor  denuncia  que  el  fallo fue proferido en un juicio viciado de nulidad por desconocimiento  de   las  formas  propias  del  debido  proceso  y  violación  del  derecho  de  defensa.   

Aduce al respecto que la sentencia impugnada  se  fundamenta  en  el  testimonio  del  agente  de  la  policía HUMBERTO PEREZ  LONDOÑO,  de  PAULA  CERVERA  y GUILLERMO TOQUICA, y en el dictamen forense que  registra  embriaguez  aguda  en el procesado al momento de los hechos materia de  investigación  y  juzgamiento.  Estos  medios  de convicción, sostiene, fueron  suficientes  para  confirmar  el  fallo  de  primer  grado  “desestimando  los  argumentos  de  la  defensa en orden a resaltar la trascendencia de la prueba de  inspección  judicial,  para  verificar  en  el  escenario  de  los  hechos  las  afirmaciones de los testigos  presenciales”.   

Informa  que  a  folio  156  del  expediente  aparece   la  solicitud  del  defensor  para  que  durante  la  instrucción  se  practicara  inspección  judicial  “a fin de constatar la ubicación exacta de  los  testigos,  su  capacidad física para percibir los hechos relatados  y  la  confrontación  de  sus  dichos  con  lo  afirmado en su indagatoria por los  sindicados”.   

Con  la  práctica  de  dicha  diligencia,  prosigue,  “se  pretendía  controvertir los testimonios de Cervera, Toquica y  Pérez  Londoño”,  pues,  aspectos tales como la velocidad de los vehículos,  lugar   de   la   calzada   por   donde  rodaban,  posición  de  los  testigos,  características  de  la  vía,  los  cuales  no obstante requerir de una prueba  técnica,  ”se dieron por probados por los simples testimonios de personas que  deponen  en  forma  imprecisa  y  contradictoria, testimonios que no resisten la  más mínima crítica probatoria para declararlos sospechosos”.   

Y, continúa, a pesar de haberse decretado la  prueba,  no se llevó a cabo por la inercia de los funcionarios encargados de su  aducción.   

Por   esto,   agrega,   en   el   alegato  precalificatorio  puso  de presente que la ausencia de este medio de convicción  generaba  dudas  en  relación con la responsabilidad de los sindicados; de ahí  que     solicitara     el     reconocimiento     de     la     presunción    de  inocencia.      

          

Dada  la  omisión  probatoria que denuncia,  estima  el  actor  transgredidas  normas  rectoras  del  debido proceso, como la  relacionada  con el derecho del sindicado a presentar pruebas y controvertir las  que sean allegadas en su contra,   

a  que  se refieren los artículos 1º, 7º,  22,  251  y  304  numerales  2º y 3º del C. de P.P, puesto que “no escapa al  recto  criterio del juzgador la necesidad de verificar las exposiciones rendidas  en  sus  respectivas  indagatorias por los sindicados so pena de sembrar la duda  que  solamente  la  prueba omitida podría despejar”, con lo que a su criterio  resalta  “la trascendencia sustancial y la incidencia que en el juicio habría  tenido la inspección omitida”.   

Con fundamento en lo dicho, solicita casar el  fallo  impugnado  “  y  se  disponga  lo  dispuesto  (sic) en el numeral 2 del  artículo 229 del C. de P.P.”   

El   Concepto   del   Procurador   Segundo  Delegado.-    

1.-  Comienza por referirse al segundo cargo  postulado   al  amparo  de  la  causal  tercera.  Al  respecto  anuncia  que  el  casacionista  de modo indebido hace una mixtura de violaciones al debido proceso  y  el  derecho  de  defensa,  las  que por estar contempladas en la normatividad  (art.  304  del  C.  de  P.P.)  como  causales  autónomas  e  independientes de  invalidación,  ha  debido  proponer  y  demostrar  de  modo  separado  y, al no  hacerlo,  determina  la  improsperidad  del cargo.        

Al  intentar  el  casacionista  predicar  la  configuración  de  los  motivos  de  invalidación  a  que  indistintamente  se  refiere   como  violaciones  al  debido  proceso  o  al derecho de defensa,  apuntala  su  argumento  en  el  hecho de no haberse practicado la diligencia de  inspección  judicial  con  la que se pretendía por la defensa controvertir los  testimonios   de   Paula   Cervera,   Guillermo   Toquica   y   Humberto  Pérez  Londoño.   

No  obstante,  prosigue  la  Delegada,  el  argumento  expuesto en sustento de las nulidades invocadas quedó en el plano de  su  sola  enunciación,  pues  no  se demostró que la diligencia de inspección  judicial  no  realizada,  y las confrontaciones que con ella pretendía realizar  la  defensa,  tenían  la potencialidad de modificar la situación jurídica del  procesado  por  presentarle  al juzgador una visión distinta de lo declarado en  la sentencia.      

Además,   si,   como   lo   informa   el  casacionista,  los  testimonios  de  Cervera,  Toquica  y  Pérez  Londoño, que  pretendía   controvertir   con  la  diligencia  omitida,  “deponen  en  forma  imprecisa   y   contradictoria,   y   no   resisten  la  más  mínima  crítica  probatoria”  según  asegura,  por virtud del principio de trascendencia, como  ha  sido  sostenido  por la Corte en jurisprudencia que cita,  le resultaba  imperativo  ocuparse  en  demostrar estas afirmaciones y acreditar la violación  del  derecho  de  defensa,  en  lo  que concierne al principio de contradicción  probatoria   y   que,  por  ende,  se  socavaron  las  bases  fundamentales  del  proceso.   

Siguiendo  con  los defectos que la demanda  ofrece,  la  Delegada  destaca  el  desacierto de presentar dentro del cargo por  nulidad,  argumentaciones  relacionadas  con  el principio in dubio pro reo, que  debió  postular  y  demostrar al amparo de la causal primera como corresponde a  la naturaleza de este tipo de ataques.   

Por  último,  en relación con este cargo,  advierte  un  defecto adicional consistente en la petición final que eleva a la  Corte,  en  el  sentido  de  que se case la sentencia impugnada y en su lugar se  profiera  el  fallo  de remplazo, puesto que de conformidad con el artículo 229  del  C.  de  P.P.  solo  hay  lugar  a  proferir sentencia de remplazo cuando la  nulidad  afecta  exclusivamente  la  sentencia  impugnada,  que  no  es  el caso  aducido,   en   donde   la  omisión  probatoria  se  produjo  en  la  etapa  de  investigación.   

2.-   En   cuanto   hace   a  la  primera  censura,   y  en  relación  con  los  defectos  técnicos  que  la demanda  presenta,  comienza  por subrayar la Delegada que el casacionista acusa el fallo  de  haber  dejado  de apreciar las pruebas que obran a folios 56, 57, 290, 291 y  292,  las  que  no  individualiza  en  la  demanda,  además  de no acreditar la  trascendencia  del yerro para el resultado del fallo, para el caso de haber sido  apreciadas por el juzgador.   

A  manera  simplemente enunciativa, observa  que  a  folio  56  obra  una  citación para indagatoria, al 57 la diligencia de  indagatoria,  al  290 una constancia de trabajo, asignación salarial y de buena  conducta,  expedida  por  el  Director de la Concentración Escolar Mixta Jesús  María  Villegas,  a  folio 291 una constancia de buena conducta expedida por el  Sindicato  de  Maestros  del  Tolima  y  al  292 una constancia del Director del  Núcleo de Desarrollo Educativo El Carmen de El Líbano.   

Y aunque al proponer el casacionista que la  no  apreciación  de  esas pruebas incidió en la falta de aplicación de normas  sustanciales,  al  analizar  éstas, (arts. 1º, 12, 61, 64 y 67 del C.P.; 246 y  254  del C.P.P.), se observa que en unos casos fueron aplicadas por el Tribunal,  en  otros corresponden a solos enunciados, o, tratan de principios rectores cuya  vía   de   denuncia   no   es   la   causal   primera   sino   la   tercera  de  nulidad.   

Estima  la  Delegada  que  lo perseguido en  últimas   por   el   impugnante  con  la  interposición  del  recurso,  es  la  individualización  de  la pena correspondiente a la conducta llevada a cabo por  el  procesado,  acorde  con su personal criterio, para así proyectarse hacia la  concesión del subrogado de la condena de ejecución condicional.   

Por  todo  lo  anterior,  conceptúa que la  Corte  no  debe  casar la sentencia objeto del recurso extraordinario (fls. 26 y  ss. cno.  Corte).              

SE  CONSIDERA:          

En  acatamiento  del principio de prioridad  con  que  deben  formularse  y  ser  juzgados  los  cargos en sede de casación,  atendiendo  su  envergadura  y  repercusiones  frente  al  proceso,  la Corte se  ocupará  primero  de analizar el postulado al amparo de la causal tercera, pues  en  caso  de  lograr  prosperidad  se  haría innecesario abordar el estudio del  relacionado  con  la  causal primera, que parte del supuesto de la validez de la  actuación llevada a cabo.   

CAUSAL TERCERA. (Nulidad por violación del  debido proceso y el derecho de defensa).   

Se  aduce  por  el actor que por no haberse  practicado  en el escenario de los hechos la diligencia de inspección judicial,  solicitada  y  decretada  durante  el  período  de  instrucción  con el fin de  constatar  lo  dicho  por  los testigos HUMBERTO PEREZ LONDOÑO, PAULA CERVERA y  GUILLERMO  TOQUICA, y establecer así su ubicación exacta, las características  de  la vía y la velocidad a que se desplazaban los vehículos que colisionaron,  y  confrontar todo esto con lo afirmado en la indagatoria por los procesados, se  violó  el  derecho  de  defensa  y  consecuentemente  el  debido proceso por la  imposibilidad    de    controvertir   la   prueba   allegada   en   contra   del  procesado.   

De un cargo en estas condiciones propuesto,  lo  primero  que  se advierte es confusión de los conceptos de debido proceso y  derecho  de  defensa,  puesto  que  si  bien  en  ambos  casos  es la nulidad la  solución  que  el  ordenamiento ofrece en el evento de encontrarse transgredida  cualquiera  de  estas dos garantías de rango constitucional, también lo es que  cada  cual obedece a fundamentos de distinta naturaleza, poseen diverso alcance,  y  por  tanto  ameritan postulación, desarrollo y demostración  autónoma  en   sede  de  casación,  al  punto  de  estar  contempladas  como  motivos  de  invalidación  claramente  individualizados  en  el artículo 304 del Código de  Procedimiento Penal.   

Con  todo  y  este  desacierto  de  orden  técnico,  el cual impide saber en últimas cuál es el soporte normativo en que  se  apoya,  ha  de decir la Sala que la propuesta impugnatoria quedó en el solo  enunciado  puesto  que  omitió  acreditar  el sentido en que habría variado la  declaración  de  justicia contenida en el fallo, de haberse recaudado la prueba  que  echa  de  menos  el  demandante,  pues  como  ha sido suficientemente dicho  “Para  que  prospere  la  nulidad del proceso ante  negativa  u  omisión  arbitraria  en  la  aducción  de  pruebas,  es necesario  demostrar  que los medios de convicción dejados de allegar son fundamentales en  las  conclusiones  fácticas  y  jurídicas,  de  modo que incorporados tuviesen  capacidad  suficiente  para  excluir  el juicio de responsabilidad penal, o para  atenuar  la  punibilidad;  de manera que si la prueba negada o no practicada era  impertinente,   inconducente  o  superflua,  o  no  habría  tenido  la  entidad  necesaria  para  modificar la situación jurídica para el caso del procesado en  lo  que  toca con su responsabilidad y grado de participación, el cargo resulta  inocuo   pues,   aunque   tuviere   fundamento,  la  sentencia  se  conservaría  intacta”  (Cas.  julio  22/98.  M.P.  Dr.  NILSON  PINILLA PINILLA).   

En  orden  a  demostrar lo que viene de ser  sostenido  por  la  Sala,  ha de referirse que efectivamente a folio 156 obra la  solicitud  presentada  el  31  de  agosto de 1993 por el defensor de JOSE MANUEL  DELGADILLO  MARTINEZ,  en  el  sentido  de  “  que  se practique diligencia de  inspección  en  el  lugar  donde  ocurrió el accidente, a fin de comprobar las  características  de  la  vía,  amplitud  de  la  misma, sitio que ocupaban los  vehículos  en  el  momento de la colisión, así mismo el que ocupaban después  del  accidente, lugar ocupado por los testigos Guillermo Toquica y Paula Cervera  y  grado  de  visibilidad  de  éstos”,  la  que  fue decretada casi de manera  inmediata  (septiembre  3)  por  el  instructor  (fl.  157),  para  cuyo recaudo  comisionó  al Juez Segundo Promiscuo Municipal de Venadillo (Tolima), autoridad  que  en  tres oportunidades infructuosamente señaló fecha y hora para llevarla  a  efecto  (fls.  162,  179,  194  y 200), para finalmente, el tres de enero del  siguiente  año,  ordenar:  “Como  quiera  que  fue  solicitado en la fecha el  proceso  a  que  hace referencia el informe secretarial, se dispone su inmediata  devolución,  sin haberse dado cumplimiento a la totalidad de la comisión, pese  haberse fijado fechas para la misma” (fl. 209).     

También,  que  en  la  primera oportunidad  señalada,  el  Juzgado  dejó  constancia sobre que “no se hicieron presentes  los  señores  peritos  –  topógrafo  y  fotógrafo – del Cuerpo Técnico de la  Policía  Judicial  de Ibagué, ni la testigo PAULA CERVERA, ni la sindicada LUZ  MARINA  GIRALDO  ISAZA.-  Sólo  comparecieron  a  la hora indicada los doctores  PABLO   ARIEL  ARCINIEGAS  ROBAYO  y  JOSE  RAMIREZ  CASTAÑO,-  Defensores,  el  sindicado  JOSE  MANUEL  DELGADILLO  MARTINEZ  y  el  testigo  GUILLERMO TOQUICA  HERNANDEZ,  a  la  práctica  de  la  diligencia de inspección judicial” (fl.  179).   

En  la  segunda  ocasión  programada,  el  comisionado  dejó  constancia  “que siendo la hora de las nueve de la mañana  se  hizo  presente  el señor JOSE MANUEL DELGADILLO MARTINEZ y la señora PAULA  CERVERA.  Se  dio espera hasta la hora de las nueve y treinta de la mañana, sin  haber  comparecido  ninguna otra de las partes, al igual que dejó de comparecer  el Cuerpo Técnico de la Policía Judicial” (fl. 200).   

Y,  que   la tercera fecha ni siquiera  llegó dada la orden del comitente de devolver el diligenciamiento.   

       

Por esto asiste razón al censor al pregonar  que  la diligencia fracasó no por culpa del procesado DELGADILLO MARTINEZ, sino  por  circunstancias  no  atribuibles  a  él,  pero  ha de aclarar igualmente la  Corte   que  esto no es en manera alguna suficiente para que el cargo logre  prosperidad,  dado  que siendo obligación del demandante en casación acreditar  cómo   la  práctica  de  la  prueba  que  es  echada  de  menos  habría  sido  determinante  para  modificar  las  conclusiones  del  fallo,  en  este  caso ni  siquiera lo intenta.   

Por  ello  resulta  pertinente  recordar lo  dicho por la Sala en torno al tema:   

“En un sistema  procesal  penal  mixto  con  tendencia  acusatoria  como el colombiano, donde el  fiscal  detenta  la  dirección  del  sumario  con  poder  de  afectación de la  libertad  del  imputado,  el  principio  de  investigación integral legitima el  proceso  de  búsqueda  de  la  verdad  material  al  fijar  un  lineamiento  de  imparcialidad  en la labor de recolección, formación y aducción de la prueba,  y   con   rango   constitucional   (art.  250),  entronizar  la  obligación  de  ‘investigar  tanto  lo  favorable   como  lo  desfavorable  al  imputado,  y…  respetar  sus  derechos  fundamentales   y   las   garantías   procesales   que  le  asisten’ “.   

“Este  principio  es  recogido  en  los  artículos  333  y  362  del  Código  de Procedimiento Penal, el último de los  cuales  establece  la  obligación para el investigador, de hacer constar cuanto  el  imputado  ‘tenga por  conveniente  para  su  defensa  o para la explicación de los hechos’   y   de  verificar  ‘las  citas y demás diligencias que  propusiere        para       comprobar       sus       aseveraciones’.   

“Sin  embargo,  una  tal  comprobación  resultará  viable  sólo  en  la  medida  en  que  las citas y afirmaciones del  procesado  revistan  un  mínimo de racionalidad y verosimilitud, pues el fiscal  como  director  del  sumario,  mal  puede  orientar  la  labor  investigativa  a  comprobar  todas  las  afirmaciones que en su natural interés defensivo haga el  imputado”.   

“Tampoco resulta predicable la violación  de  este  principio  cuando  el  instructor,  sin escatimar esfuerzos racionales  acordes  con  el  apoyo  logístico de que dispone para el establecimiento de la  verdad,  adelanta  las  pesquisas  y  diligencias  necesarias  para practicar la  prueba  sugerida  o  solicitada  por  quien se halla sometido al ejercicio de la  acción  penal,  y  ello  no  resulta  posible  por circunstancias atribuibles a  factores  externos  a  la  voluntad  del investigador, como sería el caso de un  testigo  a  quien  no  se  le  ha  podido  individualizar,  o  cuyo  paradero se  desconoce”.   

“Finalmente  ha de advertirse que no toda  omisión  en  la  práctica  de  una  prueba solicitada por la defensa repercute  inexorablemente  en  la vulneración del principio de indagación integral, pues  para  arribar  a  tal  conclusión, la prueba echada de menos tendría que ser a  estos  efectos  y  en  un  plano  racional  de  abstracción confrontada con los  restantes   elementos   de  juicio,  para  deducir  la  incidencia  favorable  o  desfavorable   que   tendría  en  la  demostración  del  hecho  punible  o  la  responsabilidad   del   procesado”  (se  destaca)  (Sentencia  Segunda  Instancia.  Nov.  26  /97.  M.P.  DR.  FERNANDO E. ARBOLEDA  RIPOLL).   

Este  planteamiento  fue  reiterado  en los  términos siguientes por la Sala:   

“La  violación  del debido proceso o del  derecho   de   defensa  por  desconocimiento  del  principio  de  investigación  integral,  aspecto al cual se reduce esta primera censura, no se presenta por la  simple  circunstancia de haber dejado el juzgador de recepcionar una determinada  prueba,  o  negado  su práctica. Es necesario que existan fundadas razones para  concluir  que  su  aportación  al  proceso habría brindado a los falladores de  instancia  una visión distinta y opuesta de los hechos, capaz de desquiciar las  conclusiones  del  fallo”  (Cas. abril 21/ 1998. M.P. Dr. FERNANDO E. ARBOLEDA  RIPOLL).   

Al fundar el cargo en la afirmación de que  “con   la   práctica  de  esta  diligencia  se  pretendía  controvertir  los  testimonios  de  Cervera,  Toquica, y Pérez Londoño, con los cuales se dio por  probados  todas  las  circunstancias que rodearon los hechos”, el casacionista  no  solamente  de  modo  unilateral  desconoce  que  en  materia  penal  rige el  principio  de  libertad  probatoria,  de acuerdo con el cual, cualquier medio de  convicción  es  apto  para  demostrar los distintos aspectos de que se ocupa la  investigación,  salvo  que la ley expresamente exija uno especial;  y pasa  por  encima  de  los  fundamentos del fallo en donde se declara que no solamente  fueron  los  citados  medios  los  que soportaron la decisión; sino que tampoco  logra   desvirtuar   la   doble  presunción  de  acierto  y  legalidad  que  lo  ampara.   

En ese sentido, conveniente resulta traer a  colación  lo dicho por el Tribunal en torno al punto, y sobre lo cual se guarda  silencio en la demanda:   

“La  Sala,  al  igual  que el juez a-quo,  considera  que  la  circunstancia  de  no  haberse  practicado  la diligencia de  inspección  judicial  al  lugar  donde  se presentó el accidente, no es óbice  ninguno  para  que  las  restantes  evidencias  acopiadas  en la investigación,  sufran  mengua  o  reparo,  dejando  por  ello  de  irradiar  la necesaria luz y  conocimiento,  respecto  de  la manera como ocurrió el hecho, las causas que lo  motivaron  y,  en especial, la autoría y responsabilidad de su autor. Es cierto  que  la  señalada  prueba,  en  muchos  casos es contundente y medular, pero no  aquí,  donde otras evidencias abundan, supliendo su ausencia, con suficiencia y  propiedad”.   

“Las  pruebas,  en  efecto,  sobre  cuyo  particular  se  aluden,  bien puntualizadas y valoradas en la sentencia, son, en  su  orden,  el  informe  policial  del  accidente  elaborado  por agentes de esa  institución,  acantonados  en  Venadillo,  al cual agregaron el plano o croquis  del  accidente  y  las causas probables de la colisión, referentes al estado de  embriaguez   del    procesado-conductor   del  automóvil  Renault  12.  El  testimonio  del  agente  de la policía Humberto Pérez Londoño, quien precisó  sobre  el  estado en que encontró los vehículos, la embriaguez del conductor y  la  invasión temeraria y funesta que hizo de la calzada contraria sobre la cual  reglamentariamente   se   desplazaba   el   automotor   de  las  víctimas.  Las  declaraciones  de  la  señora  Paula  Cervera,  quien  observó  cruzar  a gran  velocidad  el  automotor  del  procesado, centrado sobre la vía, estrellándose  contra   el  Mazda,  que  se  desplazaba  a  baja  velocidad  y  cuyo  conductor  trató   inútilmente  de  esquivar  al  invasor,  observando,  además, el  estado  de  embriaguez  que exhibía el chofer del Renault 12. Lo propio hizo el  señor  Guillermo  Toquica  Hernández,  quien  con lujo de detalles describe la  escena  dantesca  que presenció, al mismo tiempo que el denotable alicoramiento  del  acusado  y  los  restos  del  licor  que  venía consumiendo, dentro de una  botella          de          ‘brandy’.  Y,    finalmente,   el   testimonio  del  médico,  doctor  Alberto  Farith  Cartagena,  quien  estando  de  turno  ese  día  en  el  hospital de Venadillo,  atendió      al      acusado,     persona     que     ingresó     ‘con          intoxicación  etílica’, e indicando,  que   en   el  examen  cerobeloso  que  le  practicó,  detectó  el  estado  de  embriaguez”.   

Por  esto,  con  total  apego a la realidad  probatoria    que    el   proceso   ofrece,   certeramente   concluyó   el   ad  quem:   

“Con   un  acervo  tan  protuberante  y  contundente,  cómo no rechazar la afirmación hecha por el impugnante, respecto  de  la prueba que no se practicó, como tampoco la del resultado de alcoholemia,  negativa,  pero  explicable,  ante  el  tiempo  que  había  pasado,  cuando  el  instructor  dispuso  llevarla a término”.         

      

En las aludidas condiciones, dado  que  el  casacionista  no demuestra que la prueba dejada de practicar poseía entidad  suficiente  para  modificar  las  conclusiones  del  fallo que combate, no queda  alternativa  distinta  a  tener  la  Corte  que  declarar la improsperidad de la  censura.   

CAUSAL PRIMERA. (Violación indirecta de la  ley sustancial).   

Como  se destacó, el casacionista comienza  por  denunciar  violación  indirecta  de  los artículos 1, 12, 61, 64 y 67 del  C.P;  246  y  254  del C. de P. P., por haber dejado el sentenciador de apreciar  “las  pruebas  que  aparecen  a  los  folios  56,  57,  290,  291  y  292  del  expediente”.   

No   obstante,   como  corresponde  a  la  naturaleza  de  la censura que propone, era de esperar que la demanda mencionara  qué  dicen  objetivamente  los  citados  medios, qué se acredita con ellos, de  qué  manera  el  factum  que allí aparece coincide con el supuesto de hecho de  las  normas  cuya aplicación reclama, y cómo habría dado lugar a modificar la  parte  resolutiva del fallo.   

Por  el  contrario,  luego  de abandonar el  desarrollo  y  demostración del cargo que dice postular, incursiona en el campo  de  la violación de garantías fundamentales denunciable al amparo de la causal  tercera,  y  retoma el sendero de la causal primera pero esta vez con argumentos  propios  de  la  vía directa, ninguno de cuyos enunciados se atreve a culminar,  todo    lo    cual,   por   supuesto,   determina   la   improsperidad   de   la  censura.   

Tómese  en  cuenta,  como  tinosamente  es  destacado  por  la  Delegada, que el actor guarda absoluto silencio sobre lo que  demuestran  la  citación  para indagatoria que corre a folios 56, la diligencia  de  indagatoria del folio 57 y siguientes, la constancia de trabajo expedida por  el  Director  de  la  Concentración  Escolar  Jesús  María  Villegas,  o  las  constancias  expedidas por el Sindicato de Maestros del Tolima y el Director del  Núcleo  de  Desarrollo  Educativo  “El  Carmen”,  su relación con las  normas  que  refiere,  y la eventual potencialidad de modificar las conclusiones  del   fallo,   lo   que  indica  que  el  cargo  quedó  incompleto.     

Al decir el casacionista que por no haberse  aplicado   las   disposiciones   que   señala,   fueron  vulneradas  garantías  fundamentales   del  procesado,  no  conduce  a  otra  cosa  que  evidenciar  la  contradictoria  mixtura de sus planteamientos, puesto que, según es ampliamente  sabido,  el fallo no pudo haber sido proferido dentro de un juicio válido, como  se  debe  aceptar al acudir a la causal primera, y al mismo tiempo ilegal cuando  el fallo se combate al amparo del tercer motivo de casación.   

Y   cuando   cuestiona   la   aplicación  “literal”  por el juzgador, del artículo 26 del Código Penal, no hace otra  cosa  que  esgrimir  un  planteamiento  que  corresponde  a la causal primera de  casación,   cuerpo  primero,  violación  directa  de  la  ley  sustancial  por  interpretación errónea.   

Y si lo pretendido por el casacionista es el  reconocimiento  de  la  condena  de  ejecución condicional, ha debido acreditar  primero  que  en  el  proceso  de  individualización  judicial  de la pena, los  juzgadores  violaron  los  límites  sancionatorios  que  la  ley prevé para el  delito  o  delitos llevados a cabo, y posteriormente que el procesado reúne los  presupuestos  de  orden  objetivo  y  subjetivo  que  el  artículo  68 del C.P.  establece;  no sugerirle a la Corte que inmotivadamente haga una redosificación  de  la  pena  impuesta en el fallo a JOSE MANUEL DELGADILLO MARTINEZ, como si el  instrumento  de  impugnación al que acude fuera recurso de plena justicia, y no  rogado                como                es                de                su  esencia.                 

El cargo no prospera.  

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE CASACION PENAL, oído el concepto del Procurador Segundo  Delegado,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de  la ley,   

RESUELVE:  

NO CASAR  la  sentencia impugnada. Devuélvase al Tribunal de origen.   

CUMPLASE.     

JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO  

FERNANDO       E.       ARBOLEDA  RIPOLL    RICARDO CALVETE RANGEL   

JORGE           CORDOBA  POVEDA           CARLOS  AUGUSTO GALVEZ ARGOTE   

EDGAR           LOMBANA  TRUJILLO            CARLOS    E.   MEJIA  ESCOBAR   

DIDIMO            PAEZ  VELANDIA           NILSON  PINILLA PINILLA   

         NO   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria.  

    

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