11044a1

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 11044  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

MAGISTRADO PONENTE:  

ALVARO ORLANDO PEREZ PINZON  

APROBADO ACTA No. 170  

Santa Fe de Bogotá, D.C., octubre veintiocho  de mil novecientos noventa y nueve.   

VISTOS  

   

          El  5  de  abril  de  1995,  el  Juzgado  21  Penal  del Circuito de  Medellín  condenó al joven  Juan Pablo Giraldo Vallejo por los delitos de  homicidio   y  violación  al  decreto  3664  de  1986,  en  concurso.   Le  impuso   la  pena principal de 26 años y 8 meses de prisión, la accesoria  de  interdicción  en  el ejercicio de derechos y funciones públicas durante 10  años,  el  pago  de  los  daños   y  perjuicios  y le negó la condena de  ejecución condicional.    

          Juan  Pablo  y  su  defensor  apelaron  y  el 14 de junio de 1995 el  Tribunal de la misma ciudad confirmó la sentencia.   

          El  primero  de  ellos  “apeló”, el Tribunal entendió que  interponía  recurso  de  casación,  lo  concedió,   y Juan Pablo otorgó  poder  a  una  profesional del derecho que sustentó la impugnación presentando  la demanda correspondiente.   

          Por  lo  anterior,  ahora  la  Corte se pronuncia sobre el fondo del  asunto sometido a su consideración.   

HECHOS  

          El  16  de  mayo de 1994, aproximadamente a las 12. 30 del día, una  persona  tocó  a  la  puerta  de  la  residencia  de  Carlos Augusto Gutiérrez  Gallego,  identificada  con  el número 50-40 de la carrera 91, barrio Aranjuez,  de  Medellín.  Cuando  Carlos  Augusto  salió,  luego  de  que  lo  llamara su  hermano,   sorpresivamente  recibió  dos  disparos de arma de fuego que le  quitaron  la vida en forma inmediata. El agresor emprendió la huida pero pronto  fue  alcanzado por la policía, que le dio captura  mientras corría con un  revólver  38  largo. Juan Pablo Giraldo Vallejo, además, ofreció dinero a los  agentes de la policía para que no lo denunciaran.   

ACTUACION PROCESAL  

          Luego  de  oírlo  en indagatoria y de practicar varias diligencias,  el  24  de  mayo  de 1994 la Fiscalía resolvió la situación jurídica de Juan  Pablo.  Le  impuso  detención  preventiva  por  homicidio en concurso con porte  ilegal de armas de defensa personal.   

          El   4   de   agosto   de   1994,    el  instructor  cerró  la  investigación   y  el  14 de septiembre del mismo año acusó a Juan Pablo  de  homicidio  y  de porte de armas, calificación que, apelada por éste,   fue confirmada el día 31 de octubre de 1994.    

          El  juicio  correspondió  al  Juzgado  21  Penal  del Circuito, que  produjo   la   sentencia   ya   reseñada   y   que   fuera  ratificada  por  el  Tribunal.   

         

LA DEMANDA  

          La actora formula dos cargos, así:   

          Primer   cargo.    Causal   3a.   de  casación,   es   decir,   nulidad,   por   grave   violación   al  derecho  de  defensa.   

          Segundo   cargo.   Subsidiariamente,  violación  directa  de la ley sustancial por aplicación indebida del artículo  29  de  la  ley  40  de  1993  e  inaplicación  del  artículo  323  del  C. P.   

          Desarrolla las dos imputaciones de la siguiente manera.   

          Primer cargo.   

          1.  En  la  diligencia  de  indagatoria,  realizada el 19 de mayo de  1994,  Juan  Pablo estuvo asistido por el señor Iván Emilio Paredes, ciudadano  que  no  es  abogado  y  que  con  su  firma  denota  ser  poco ilustrado. 2. En  ampliación  de  indagatoria  se  le  designó como defensora a la señora Marta  Lucía  Monsalve  Cadavid, quien tampoco es profesional de la abogacía y quien,  a  diferencia  de  la defensa en la indagatoria inicial, prestó juramento sobre  reserva  sumarial.  3. La medida detentiva no fue notificada a ningún defensor,  sencillamente  porque,  auncuando  Juan Pablo había dicho desde su injurada que  no  tenía  a quién nombrar, la fiscalía no le había designado un profesional  que  lo  representara,  con  lo  cual  se  le  negó  el  derecho  a  ejercer la  contradicción.  4. Posteriormente, el procesado dio poder a un abogado, pero no  fue  reconocido  ni se le posesionó. No obstante, actuó a lo largo del proceso  sin  “…percatarse  de  que su defendido fue objeto de una grave vulneración  de  sus  derechos  y  garantías  constitucionales”.   5. Medellín es la  tercera   ciudad  del  país  y  cuenta  con  gran  cantidad  de   abogados  titulados.  Por  tanto,  no es una aldea lejana que impida la consecución de un  profesional  del  derecho  para  la práctica de una indagatoria. 6. Finalmente,  tras  recordar  pronunciamientos de la Honorable Corte Constitucional y de hacer  hincapié  en  el  contenido  del  artículo  29  de la Constitución Política,  estima   que   la   nulidad   se   ha   producido   desde   la   diligencia   de  indagatoria.   

          Segundo cargo.   

          1.  El  artículo 29 de la ley 40 de 1993 debe ser mirado dentro del  contexto  de  la  misma  y  esta,  por su origen, tiene que ver con el delito de  secuestro  y  con  los  delitos  que  se  relacionen con este hecho punible. Por  tanto,  aplicar sus normas al homicidio en general, implica salirse de su propio  marco.  2. El artículo 31 de la ley 40 de 1993 limita los incrementos punitivos  a  los casos contemplados en ella misma y, por tanto, deja intacta la estructura  normativa  del  artículo 323 del C. P., que continúa vigente como legislación  ordinaria  y  aplicable  a  los  casos  de homicidio desvinculados del secuestro  extorsivo   y  del  secuestro  simple.   3.  Para  terminar,  solicita  que  subsidiariamente  sea casada la sentencia de 2a. instancia para que se modifique  “…el  punto  que confirma en todas sus partes el fallo de primera instancia,  por indebida aplicación de la ley 40 de 1193 (sic)”.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PUBLICO  

          El  Procurador  Tercero  Delegado  en  lo  Penal  conceptúa en  favor  de  la  declaración  de  nulidad  y de manera adversa respecto del cargo  planteado como subsidiario. Así se expresa.   

          Sobre el primer cargo.    

          1.  Si  se  compara  la  actuación  desde  la  indagatoria  con  el  contenido  del  artículo  29  de la Constitución, con las normas suscritas por  Colombia  relativas  a las garantías constitucionales, con la jurisprudencia de  la  Sala y con la de la Corte Constitucional,  se concluye que se ha obrado  en  contra del debido proceso legítimo pues se ha pretermitido la asistencia de  un  profesional  del  derecho  en  la injurada. 2. La vulneración de la defensa  técnica  no  es  permisible en un estado de derecho y cuando se incurre en ella  deviene  como  consecuencia  obligada   la  invalidación  de la actuación  surtida.   3.   Aun  presumiendo  la  correcta  actuación  de  las  autoridades  judiciales,  la  intervención  del  defensor  letrado durante la indagatoria se  hace  exigible  con  el  carácter de indispensable para la validez del acto, en  tanto  que  requiere  de  un  recto entendimiento de los cargos que se harán al  interrogado,   el   conocimiento  pleno  de  las  garantías  judiciales  y  las  posibilidades  que  tiene  el  incriminado  para  establecer  su  defensa  en la  diligencia  y en el curso del proceso, además de  una serie de condiciones  que  no pueden ser adecuadamente evaluadas por el sindicado, sino que han de ser  estudiadas  por  este  en  compañía de su defensor, conocedor del derecho y de  las  diferentes  oportunidades que se ofrecen para estructurar la defensa de los  intereses  del  imputado.  4. No se puede admitir que lo sucedido se presente en  una  ciudad  como  Medellín,  sede  de  dos Tribunales de Distrito Judicial, de  múltiples  facultades  de  derecho  e  innumerables  abogados  que  ejercen  su  profesión  de  manera  permanente  y  que cuenta con una oficina regional de la  defensoría  del Pueblo encargada de la defensoría pública. 5. La designación  de  abogado de confianza que ocurrió a instancia del procesado, no convalida la  viciada   actuación   que   precedió  su  intervención,  porque  una  de  las  características  esenciales  del  derecho  de defensa es que gobierna de manera  independiente  cada  una de las actuaciones y etapas del proceso y en el caso de  la  indagatoria, la invalidez es absoluta cuando se ha prescindido de la defensa  técnica.  6.  La absoluta falta de defensa técnica durante la indagatoria y su  ampliación,  afecta  de  nulidad  el  proceso  al desconocerse el contenido del  articulo  29  inciso  cuarto  de  la  Carta  política,  nulidad señalada en el  artículo  304 numeral tercero del C. de P. P. 7. Culmina este punto solicitando  casar  la  sentencia impugnada y declarar la nulidad de todo lo actuado a partir  de  la indagatoria que rindió el procesado el 19 de mayo de 1994,  dejando  a salvo las pruebas recaudadas legalmente.    

          El      segundo      cargo   es desestimado por el Procurador, con base en que de acuerdo  con   un   pronunciamiento  de  la  Corte  Constitucional  (7  de  diciembre  de  1993),   el  título  final  de  la  ley 40 de 1993 y la postura de la Sala  Penal  de  la  Corte Suprema de Justicia (sentencia del 21 de noviembre de 1995,  M.  P. Dr. Carlos Augusto Gálvez Argote), tal norma sí incluye, y ello formaba  parte  del  propósito  del  legislador,  lo  atinente  a  la  modificación del  artículo 323 del C. P.    

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          La  sentencia  objeto  del recurso de casación no puede ser casada,  por las siguientes razones.   

          En cuanto al primer cargo.   

          1.  La indagatoria de Juan Pablo Giraldo Vallejo se inició  el  19  de mayo de 1994, a las 4. 20 P.M (Fl. 19).  Fue suspendida “…ya que  la  remisión  llegó  por  el  detenido…”  (Fl.  22),   y  se  dispuso  “…continuarla  el  día  lunes…”  (Fl.  22).  El 24 de mayo de 1994  prosiguió  la  diligencia,  así el acta aparezca bautizada como “ampliación  de  la  diligencia  de  indagatoria  del procesado Juan Pablo Giraldo Vallejo”  (Fl.  41).  Y  Juan  Pablo  no  volvió a hablar ante las autoridades judiciales  hasta  el  día  24  de marzo de 1995, en diligencia de audiencia pública (Fls.  204  s.s.).  Así  las  cosas,  no  es  cierto  que  Juan  Pablo hubiera rendido  indagatoria  y  luego  la  hubiera  ampliado.   Se  expresó  en  una misma  diligencia,  dividida en dos sesiones. De modo que si la defensa y el Ministerio  Público  tuvieran razón en la quiebra del derecho de defensa, habría sido una  y    no    dos   pues   que,   repítese,   sólo   hubo   una   diligencia   de  indagatoria.   

          2.  El  día  19 de mayo de 1994, primera parte de la injurada, Juan  Pablo  dijo  que no tenía a quien nombrar como defensor y por ello la Fiscalía  le  nombró  de  oficio al señor Iván Emilio Paredes, quien se identificó con  la  cédula  de  ciudadanía  número 3. 348. 966 de Medellín, aceptó el cargo  (Fl. 19)  y firmó la diligencia.   

          El  24 de mayo de 1994 prosiguió la injurada, a las 10.00 horas. Se  le  designó  como  defensora  a  la  señora  Marta  Lucía  Monsalve  Cadavid,  identificada  con  la  cédula de ciudadanía número 43. 443. 249 de Medellín,  quien  juró  sobre  la reserva sumarial, prometió cumplir bien con los deberes  del   cargo  y  firmó  el  acta  correspondiente  (Fls.  41  y  41  vto).    

          Para  los  días  de  la indagatoria, 19 y 24 de mayo de 1994,   regía  en  su  integridad el inciso 1o. del artículo 148 del C. de. P. P., que  disponía:  “De  conformidad  a  lo dispuesto por el decreto 196 de 1971,  el  cargo  de  defensor  para  la  indagatoria  del  imputado, cuando no hubiere  abogado  inscrito  que  lo  asista  en  ella,  podrá  ser  confiado a cualquier  ciudadano honorable siempre que no sea servidor público”.   

                Si  la  norma  regía  en  su  integridad,  perfectamente podía ser aplicada y, por tanto, ningún reproche se  puede  hacer  a  la actuación pues que, además, la ley se presume conforme con  el  Texto  Superior  mientras  el  competente  no  declare lo contrario, es  decir,  hasta  tanto  no sea objeto de inexequibilidad o inconstitucionalidad, a  menos  que  un  servidor  público se abstenga de aplicarla con fundamento en la  excepción   de  inconstitucionalidad.  Y  cuando   la  Fiscalía  oyó  en  indagatoria  a  Juan  Pablo,   la  Corte Constitucional no había declarado  contrario   a  la  Carta  el  inciso  citado  y en ese momento, y después,  ninguna  persona  con capacidad para ello planteó la posibilidad de acudir a la  excepción mencionada.   

          El   artículo   148-1   del   C.  de.  P.  P.   fue  declarado  inconstitucional  mediante  sentencia C- O49, del 8 de febrero de 1996 (M.P. Dr.  Fabio  Morón  Díaz) y, por tanto, como quiera que los efectos de tal decisión  sólo  rigen hacia el futuro, las actuaciones adelantadas antes de tal fecha con  base   en  el  contenido  del  inciso  comentado,  no  quiebran  la  ley  ni  la  Constitución.  Así  lo  ha  reconocido  la  Sala  Penal de la Corte Suprema de  Justicia,  por  ejemplo  en sentencias del 26 de junio de 1996 (M.P. Dr. Ricardo  Calvete  Rangel)  y  del  25  de  julio  del mismo año (M.P. Dr. Nilson Pinilla  Pinilla).   

          De  otra  parte, ante la afirmación de la actora sobre el contenido  de  la  sentencia  de  la Corte Constitucional del 9 de febrero de 1995, dígase  que,  como  ya lo ha expuesto la Sala en otra oportunidad (2 de febrero de 1999,  M.  P.  Dr. Carlos Augusto Gálvez Argote), la diligencia de indagatoria de Juan  Pablo,  en  sus dos sesiones, fue anterior a la sentencia de unificación 044 de  la fecha indicada.   

          3.  Ciertamente  Medellín  es  una importante ciudad capital, posee  dos  Tribunales,  tiene  varias  facultades de derecho, cuenta con oficina de la  defensoría  pública  y alberga a  muchos abogados en ejercicio liberal de  la  profesión.  Pero  esta afirmación en abstracto no permite concluir que, en  concreto,  los  días  19  de mayo de 1994, a las 4. 20 P.M.,  y 24 de mayo  del  mismo año, a las 10.00 horas, las dos Colegiaturas, las varias facultades,  las  dependencias de la defensoría pública y los varios abogados en ejercicio,  estuvieran  pendientes  de lo que ocurría en la Fiscalía 10 de la Unidad No. 2  como   para  que,  expectantes,  desocupados  o  disponibles,  estuvieran  a  la  espera   de colaborar con el servicio de defensa de Juan Pablo.  Aquí  la  Fiscalía  hizo  lo que tenía que hacer, y se parte, desde luego, de que no  tuvo  a  la  mano  un  abogado  inscrito  que  asistiera al joven imputado, como  también   de   la   honorabilidad   de  don  Iván  Emilio  y  de  doña  Marta  Lucía.   

          Agréguese,  de otra parte, que cuando el artículo 148-1 del C. de.  P.  P.  alude  a  la ausencia de abogado inscrito que asista en la diligencia de  indagatoria  al  imputado,  no  se  refiere  a  la carencia de profesionales del  derecho  en  la  ciudad,  en  el  pueblo,  en el municipio o en circunscripción  semejante,  sino  a  la  falta  de  presencia  de un letrado en el sitio y en el  momento  de  la  diligencia,  lo  que  no obsta para que cuando se prevea que el  sindicado  no  pueda  contar  con defensor técnico en la injurada, la Fiscalía  tome las medidas pertinentes para su consecución.   

          4.  A partir del 26 de mayo de 1994,  dos días después de que  fuera  proferida  la  resolución que decretó la medida detentiva,  actuó  como  defensor un letrado designado por Juan Pablo (Fl. 57) y, como se desprende  del  expediente  y  lo admiten la dama casacionista y el Ministerio Público, su  gestión,  de  allí  en  adelante,  fue aceptable, aunque la proponente en  casación   le  reprocha  el  no  haberse percatado que su defendido había  sido   materia   de   grave   vulneración   de   sus   derechos   y  garantías  constitucionales.   

          Lo  anterior  es  suficiente  para  desestimar el cargo pues no hubo  violación del derecho de defensa.   

          Segundo cargo.   

          La  objeción  se  sustenta en aplicación indebida del artículo 29  de  la  ley  40  de 1993 y, por consiguiente, en inaplicación del artículo 323  del C. P. Respóndese.   

          1.   Cuando  la  Corte  Constitucional  se  ocupó  del  estudio  de  constitucionalidad  de  los  artículos 1, 28, 29, 30 y 31 de la ley 40 de 1993,  expresamente  dijo que tal norma no se refería exclusivamente al secuestro sino  que    comprendía    otras    hipótesis    delictivas,    entre    ellas    el  homicidio.   

          2.  La  ley  40  de  1993,  en su “nombre” o enunciado, alude al  secuestro  y  a  la  expedición   de “otras disposiciones”. Si bien su  objeto  primordial  era  el  delito  contra  la  libertad  individual, no era el  único.   Y  en su texto se refiere en pluralidad de ocasiones al delito de  homicidio.   

          3.  De  manera expresa, con las palabras “quedará así”, la ley  40  de  1993  alude  a  varias  disposiciones del C. P., actitud legislativa que  mirada  contextual y sistemáticamente, implica la subrogación, entre otros, de  los artículos  323, 324 y 355 del estatuto mencionado.   

          4.  Del trámite del proyecto de ley en el Congreso de la República  se  desprende  que  si  bien inicialmente se pensaba en el secuestro, durante el  decurso  del  mismo  se  amplió  su  alcance y se incluyó agravación de penas  también para el delito de homicidio.   

          De   lo   anterior   resulta  que  no  coexisten  “dos  homicidios  básicos”  en  la  legislación penal colombiana. Solamente existe uno, el del  artículo  323  del  C. P., con las modificaciones punitivas introducidas por la  ley   40  de  1993.  No  hay,  pues,  paralelismo  legislativo  sobre  el  mismo  punto.   

          Este  es el pensamiento de la Sala, que se lee fácilmente en varias  de  sus  decisiones,  por  ejemplo  en las del 21 de noviembre de 1995 (M.P. Dr.  Carlos  Augusto  Gálvez  Argote),  25  de  julio  de 1996 (M.P. Dr. Juan Manuel  Torres  Fesneda),  5  de  noviembre  de  1996  (M.P.  Dr. Carlos Augusto Gálvez  Argote),  17  de  febrero  de  1999  (M.P.  Dr.  Edgar Lombana Trujillo) y 25 de  febrero de 1999 (M.P. Dr. Fernando Arboleda Ripoll).   

          Surge  de  lo  dicho,  entonces,  que  si  el  Tribunal de Medellín  confirmó  la  condena  por  el delito de homicidio previsto en el artículo 323  del  C.  P.,  “modificado  por  la  ley 40/93, art. 29” (Fl. 237), no violó  directamente  la  ley sustancial por aplicar indebidamente el artículo 29 de la  ley  40 de 1993 e inaplicar el artículo 323 del C. P., decreto ley 100 de 1980.  Este cargo, así, tampoco prospera.   

          El  Ministerio Público observa que la señora Marta Lucía Monsalve  Cadavid,  quien  acompañó  a  Juan  Pablo  en  la  indagatoria  a  título  de  defensora,  aparece  cumpliendo  la misma tarea por lo menos en dos procesos que  ha  conocido  y  teme que se trate de una persona que actúa irregularmente, que  representa  judicialmente  pese a no tener título profesional, o de alguien que  presta  sus  servicios  como servidora del estado en el edificio donde funcionan  las  fiscalías  y  es  utilizada  para  tales  menesteres.  Por  ello,  pide se  compulsen  copias, con el fin de que se adelante la averiguación pertinente. La  Sala accede a ello.   

          En  mérito  de  lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  administrando  justicia en nombre de la República y por  autoridad de la Ley,   

RESUELVE  

          1. No casar la sentencia recurrida.   

          2.  Compulsar  las copias a que se hace referencia en la parte final  de las motivaciones.   

Cópiese y cúmplase.  

JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                              JORGE    E.    CORDOBA  POVEDA   

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                                 EDGAR      LOMBANA  TRUJILLO           

MARIO    MANTILLA    NOUGUES                              CARLOS     E.    MEJIA  ESCOBAR.             No hay firma   

ALVARO  ORLANDO  PEREZ  PINZON               YESID  RAMIREZ     BASTIDAS.                             

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria  

    

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