10938g

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    PROCESO No. 10938  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 90  

          Santafé  de  Bogotá,  D.C,  veintidós de junio de mil novecientos  noventa y nueve.   

VISTOS  

          Entra  la  Corte  a  decidir  el  recuso extraordinario de casación  interpuesto  y debidamente sustentado por los defensores de los procesados EDWIN  ALFREDO  GÓMEZ  TELLEZ  y  WILLIAM OLIVERIO NIVIA PINTO contra la sentencia del  Tribunal  Superior  de  Santafé  de  Bogotá,  que  el  15 de marzo de 1995 los  declaró  responsables de los delitos de hurto calificado y agravado en concurso  con  homicidio  agravado,  ambos  en  la modalidad de tentados, imponiéndoles a  cada  uno  la pena de 21 años de prisión más la accesoria de interdicción de  derechos y funciones públicas por un lapso de 10 años.   

ANTECEDENTES    Y   ACTUACIÓN   PROCESAL             

          En  la  madrugada  del  18  de  febrero  de  1994,  luego  de  haber  abandonado  la  Wiskería  “Hamallana” ubicada  en  la  diagonal  48  N° 51- 51 sur de esta ciudad, Ismael  Espitia  Martínez  fue  abordado por los sujetos WILLIAM OLIVERIO NIVIA y EDWIN  ALFREDO  GÓMEZ  TELLEZ quienes, al ver frustrado el propósito de despojarlo de  sus   pertenencias,   lo   persiguieron   dándole  alcance  en  la  puerta  del  establecimiento  donde  momentos  antes  se  encontraba  y allí le propinaron 4  heridas con arma punzante, emprendiendo luego la fuga.   

          De  la  investigación  en  un comienzo conoció el Juzgado 16 Penal  Municipal  de  Bogotá,  despacho  ante  el  cual  los  capturados NIVIA y GOMEZ  rindieron  indagatoria, siendo luego afectados con detención preventiva por los  injustos  de homicidio agravado y hurto calificado y agravado, ambos en el grado  de  tentativa,  por  lo que las diligencias fueron enviadas por competencia a la  Fiscalía.   

          Una   vez   completó   la  investigación  y  cerró  el  ciclo  de  instrucción,  el  Fiscal  103 Seccional calificó el sumario con resolución de  acusación   para   ambos  procesados,  medida  que  al  ser  apelada  confirmó  integralmente  la Unidad de Fiscalía Delegada ante los Tribunales Superiores de  Santafé de Bogotá y Cundinamarca el 27 de julio de 1994.   

          La  etapa  del  juicio  corrió  a  cargo  del  Juzgado 34 Penal del  Circuito  de  esta  ciudad,  despacho  que  profirió  condena  en contra de los  acusados  por  el  punible  de  hurto  calificado  y  agravado  en  el  grado de  tentativa,  a  tiempo  que  los absolvió por el homicidio imperfecto, decisión  que  al ser revisada por la impugnación que contra ella interpusieron el Fiscal  y  el  defensor  fue  parcialmente  revocada  por  el  Tribunal para condenarlos  también  por  el  homicidio  tentado, en fallo calendado el 15 de marzo de 1995  que ahora es objeto del recurso extraordinario.   

LAS DEMANDAS DE CASACIÓN  

          1.   La   demanda  presentada  en  favor  de  EDWIN  ALFREDO  GÓMEZ  TELLEZ   

          Cargo único. Causal de nulidad.   

          El  censor  alega  una nulidad por falta de competencia originada en  los   “errores   de   hecho  en  que  incurrió  la  Fiscalía…que  entendió  como  un  delito de homicidio en grado de tentativa,  cuando    en    realidad    se    trató    de    un    delito    de    lesiones  personales”.   

          Es  así como glosa cada una de las razones tenidas en cuenta por el  Tribunal  para  condenar,  señalando  que  la  ubicación  de  las  heridas  es  simplemente  la consecuencia del forcejeo sostenido entre víctima y victimario,  tal  como  lo  expresó  el ofendido sin que el ad-quem le diera sentido real en  este  punto  a  su  declaración,  toda  vez  que “el  cuerpo  de  la víctima tenía mucha movilidad y estaba interfiriendo la acción  del   agresor…incidiendo   en   la   dirección   del   arma”,  la  cual  no  fue  utilizada  para matar sino para consumar el hurto  frente  a  la  oposición  que  hizo  la  víctima,  pues de lo contrario fácil  hubiera sido atacarlo por la espalda.   

          En   cuanto  al  arma,  precisa,  no  fue  encontrada  como  tampoco  demostradas  la  trayectoria  y  profundidad  de las heridas según el dictamen,  “por  tanto  la Fiscalía supuso que existía prueba  que  le  demostraba  la idoneidad del arma para matar, pero el proceso apunta en  sentido completamente diferente”.   

          En  punto  a  la conclusión de que el agresor suspendió la acción  por   los   gritos   de   las  mujeres  del  establecimiento,  afirma,  fue  una  equivocación  de  la Fiscalía, fruto de la anormal apreciación del testimonio  de  la  víctima  quien  por  su  estado  de  alicoramiento y de cansancio en el  momento  de  los  hechos dejó algunas circunstancias importantes sin suficiente  claridad,  siendo  éstas con las que el ente acusador afianzó el juicio errado  de apreciación.   

          De  esta  manera,  asegura, hay contradicciones en el testimonio del  ofendido,  como  la  referente  a  la  posición  del  acompañante  del agresor  material,  dilema  que  debió  resolverse  con  la aplicación del in   dubio   pro   reo   y  no  admitiendo  “como      si      la     víctima     estuviera  inmovilizada”.   

          Suma  a  lo anterior que el investigador formuló una pregunta   capciosa  al  haber  guiado  al  testigo  a  afirmar que por la presencia de las  mujeres  del  establecimiento  el agresor suspendió la acción. Y reprocha a la  Fiscalía   la  suposición  en  torno  a  la  capacidad  delincuencial  de  los  procesados,  cuando  de  las  pruebas  surge  de  ellos su dedicación a labores  lícitas.   

          Aclara  que no obstante concretar la censura dirigida al punto donde  se  originó  la  nulidad del proceso, no puede callar que el Tribunal descartó  la  conclusión  vertida  en  el  experticio  médico  emitido  después  de  la  calificación  del sumario, en el sentido de que las lesiones  “no     tienen     la     calidad     de     mortales”,   lo   cual   le  hubiera  permitido  desvirtuar  las  afirmaciones de la Fiscalía, las mismas que equivocadamente lo  llevaron a imponer la condena.   

          Y  agrega:  “Pero esa prueba fue eludida  acudiendo  al  testimonio del ofendido principalmente, el cual es contradictorio  en  cuanto  a  las  circunstancias  que le permitieron al H. Tribunal adecuar la  conducta  al  delito de homicidio”, nota de la que se  vale  para rematar el texto solicitando la declaración de nulidad del proceso a  partir  de  la  resolución  de acusación inclusive y la puesta en libertad del  procesado.   

          2.  La  demanda  presentada en favor  de WILLIAM OLIVERIO NIVIA  PINTO.   

          Cargo único. Violación directa.   

          El  censor,  previa  aceptación de los hechos que declaró probados  el  juzgador, opina que éste ha debido concluir en la atipicidad de la conducta  relacionada  con  la  tentativa  de  homicidio, como consecuencia de la falta de  algunos de los requisitos del elemento amplificador del tipo.   

         

          Desmiente    los    actos    inequívocamente    dirigidos    a   la  materialización   del   homicidio   sobre   la   base  de  que  “no  hubo  dolo  de consumación”,  y  echa  de  menos  el  elemento  subjetivo  de  la  conducta visto a través de la  levedad  de  las  heridas  que  debieron  ser  producidas sin fuerza y de manera  suave,  que  en  todo  caso  si  traducían  el  querer  de  los  procesados  de  “obtener    cualquier    resultado”,  tal  fenómeno  es  conocido  por  la  doctrina  como “dolo  alternativo” e implica que si el  daño  que realizaron los procesados fue apenas sobre la integridad personal ese  sería  el  teóricamente  imputable,  pero  como  no ocurrió así, entonces la  única solución es absolverlos.   

          Convencido  de  su  propuesta,  el censor insiste en que la conducta  “no   estuvo   inequívocamente   dirigida   a   la  consumación   de   un  homicidio”,  y  mientras  el  Tribunal   reconoció   la   intención   de   matar,  el  juzgado  “partiendo  de  los  mismos  hechos  y con argumentos respetables,  llegó a la conclusión contraria”.   

          Respecto  del  comportamiento  del  acusado,  asevera  que  no   tenía  la  idoneidad  suficiente para producir un homicidio, aún aceptando que  matar  hubiera  sido el fin perseguido por el agente, pues el arma no encontrada  “era    inapta    para    matar”,   en  la  medida  en que no es explicable por qué, si fueron cuatro y  ubicadas  en  zona  de  alta  vulnerabilidad,  las  heridas apenas produjeron un  resultado  leve, superficial, sin secuelas y con incapacidad de apenas 18 días.  De  admitir  la  capacidad  del  arma  para  matar, afirma el recurrente, no fue  utilizada  con  la  suficiente  fuerza  para ese propósito, por lo que en uno y  otro  caso “estaríamos en presencia de una tentativa  imposible”  que  pone  al descubierto la aplicación  indebida de los artículos 323, 324-2 y 22 del Código Penal.   

          Es  así  como  exora la casación del fallo para que en su lugar se  disponga   que  el  procesado  debe  responder  sólo  por  tentativa  de  hurto  calificado y agravado, haciendo las reducciones punitivas del caso.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

          Con  el  criterio  de  que  ninguno  de los cargos propuestos en las  demandas  está  llamado a prosperar, el Procurador Segundo Delegado en lo Penal  sugiere  que  no  sea  casada  la  sentencia.  En  sustento  de  su apreciación  expone:   

          1.  En  cuanto  a  la  causal de nulidad, dice que no obstante haber  sido  acertadamente  escogida  la  vía  de  ataque,  el  censor  no  avocó  la  discusión  de  los  extremos contradictorios -tentativa de homicidio agravado y  lesiones  personales  agravadas-  sino  que partió de la base de un delito cuya  mención  no  se  hizo en el calificatorio  -homicidio simple- “y  ello  traduce  en  error  fatal  de  cara  a la viabilidad del  reproche,  pues,  en  virtud  del principio de limitación, la H. Corte no puede  adentrarse  en  la  discusión  de  un  supuesto calificatorio que de entrada se  parte   desconocido   por   el   demandante”.    

          2.  De  la  demanda formulada por camino de la violación directa de  la  ley  sustancial,  afirma el Procurador Delegado que aquélla no consulta los  lineamientos  técnicos  requeridos para un adecuado ataque en casación, habida  cuenta  que así el censor diga aceptar los hechos y la valoración dispensada a  los  medios  probatorios  por  el  juzgador,  otra  cosa  es lo que ocurre en el  desarrollo  del  cargo  pues  allí  aparece  una  controversia  sobre  éstos y  áquella,  a  tal punto que “el censor es reiterativo  en  sus  inconformidades,  respecto  a  los hechos y en especial a la situación  probatoria dada por el Tribunal”.   

          De   otro   lado,   la  censura  se  centra  en  la  discusión  del  nomen    iuris   de   la  infracción,  tema  cuyo escenario es la causal tercera, tornando contradictorio  el  cargo  inicialmente  propuesto,  además  de  falto de una proposición  jurídica  completa  si  es  que se atiende como factor del reproche la indebida  aplicación  del  dispositivo  que  prevé la tentativa, ya que sobre las normas  que   supuestamente  se  dejaron  de  aplicar  -las  relativas  a  las  lesiones  personales- no dice nada.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

                    1. La demanda  presentada en favor de EDWIN ALFREDO GÓMEZ TELLEZ.   

          Cargo único. Causal de nulidad.   

          Desde  el  plano  de  la  lógica,  la  coherencia y la racionalidad  requeridas  por  el  recurso  extraordinario, resulta acertada la crítica hecha  por  el  Procurador  Delegado  a  la  demanda presentada en favor de  EDWIN  ALFREDO  GÓMEZ  TELLEZ, en el sentido de corresponder el ataque por error en la  denominación  jurídica a la vía establecida en la causal tercera, pero con la  inocultable  falencia  del  censor  de  no  haber  contado  con  el nomen  iuris  cuya escogencia por parte del  calificador   considera   transgresora   o   portadora  del  vicio  in  procedendo que afecta la estructura del  proceso  y  que  por  lo  mismo  reclama la declaratoria de nulidad del trámite  “a  partir de la resolución de acusación inclusive  y  se  remita  a  la  Unidad Local de Fiscalía de esta ciudad, para que lo siga  tramitando por competencia”.   

          En  efecto,  esta  falencia  permite  determinar la imposibilidad de  sacar  avante  una  censura  cuando no consulta la realidad procesal, pues si lo  que  se  pretende  en el caso es poner en claro que el delito cometido fue el de  lesiones  personales,  no  el  de  homicidio agravado en grado de tentativa, era  apenas   razonable   que  el  libelista  hubiera  tenido  en  cuenta  todas  las  circunstancias  que  sirvieron  de  apoyo  al  funcionario  para  concluir en la  supuesta    errónea    calificación,    es   decir,   referirse   in  integrum  al  delito  por  el cual fue  acusado  el  procesado para así hacer más coherente el ataque y al interior de  éste  propiciar  la  diáfana demostración del por qué no existe el homicidio  agravado  tentado  sino  otro, por ejemplo el de lesiones agravadas sugerido por  el  Delegado,  o  el de lesiones simples porque bien podría demostrar el censor  que la agravación tampoco se da.   

          Así,  el  recurrente atina en la selección de la causal pero no en  su  desarrollo  comoquiera que, además de lo que se viene de advertir, no llega  a  la cabal demostración de los supuestos errores de hecho que acusa, porque no  para  mientes  en  aquello  que  eventualmente  pudo  constituir  el  error  del  funcionario  calificador  para  no  aceptar  probatoriamente  que los procesados  habían  cometido  el  delito  de  lesiones  personales,  sino  que parte de una  personal  apreciación  de los medios de convicción con el afán de revestir el  caso de unas circunstancias que favorecieran su punto de vista.   

          En  este  orden,  cuando  intenta  descartar que las heridas podían  ocasionar  la  muerte  y  que  la agresión fue interrumpida por la presencia de  personas  que  antes  se  encontraban  en  el establecimiento con la víctima, a  través  de  lo  que  correspondería  a  un  falso juicio de identidad sobre el  testimonio  del perjudicado        -porque no  lo  dice  expresamente-  termina  pretendiendo  hacer  prevalecer  su particular  criterio  sobre  el  que  tuvo  en su momento el fiscal, sin que tal postura sea  válida  frente al recurso extraordinario en el que la libre apreciación de las  pruebas  por parte del funcionario forma parte crucial de las providencias que a  fuerza  de  estar fundadas en pruebas legal, regular y oportunamente allegadas a  la  actuación,  como  lo dispone el artículo 246 del C.P.P., gozan de la doble  presunción de acierto y legalidad.   

          Y  esta  incorrección  se repite cuando se aduce la inidoneidad del  arma,  habida  cuenta  que  lejos  de  mostrar cómo por un error el calificador  determinó  la  potencialidad letal del instrumento, lo que hace es resguardarse  bajo  el  poco  convincente  argumento de que al no haberse recuperado éste, no  quedaba  otro  camino  de  convicción  para  deducir  si  era  o  no  apto para  matar.   

          Pero  el  dislate  aumenta en la medida en que el censor se vale del  testimonio  de  la  víctima para predicar un supuesto estado de duda que debió  ser resuelto a favor del procesado, cuando dice:   

“  No  es  que  el  testigo no sea creible  (sic),  sino  que el “shock” producido por el aleve ataque a su integridad y  las  otras  causas  anotadas  anteriormente  modificaron algunas circunstancias,  quedando  claras  algunas,  borrosas otras, y algunas olvidadas definitivamente.  Lo  grave  es  que  en  esas  circunstancias  no claras se afianzó la Fiscalía  llegando  a  un  juicio errado de convicción y echando por la borda el in dubio  pro reo”.   

          Un  tal  planteamiento  da  al  traste  con cualquier posibilidad de  éxito  para  la  pretensión del libelista dado que el estado de hesitación no  faculta  al  funcionario  para  trasladar la imputación de una conducta a otra,  pues  sería  tanto  como aceptar un juego irresponsable del juicio de tipicidad  en  el  que  la  tarea  del  funcionario  consiste  precisamente  en adecuar con  exactitud  el  comportamiento  del  sujeto  en  una cualquiera de las abstractas  descripciones dadas por el legislador, lo que supone certeza.   

          De  esta  manera,  clara  se  ve  la  distracción en que incurre el  casacionista,  quien  llega  al  punto  de  reprochar al sentenciador de segundo  grado  un  no  demostrado falso juicio de existencia por omisión respecto de un  dictamen  pericial,  del  que  dice  “desvirtuó las  afirmaciones  de  la  fiscalía que las heridas sufridas por el ofendido podían  causar  la  muerte  y  que  el  arma  era  idónea  para  matar”, sin  siquiera  ofrecer  un  dato mínimo que hilvane el cargo con la  novísima  propuesta,  como  tampoco otro cualquiera indicativo de la forma como  la  prueba  echada de menos tenía la incidencia de derruir las conclusiones del  fallador  acerca  de  la  responsabilidad  de  los  procesados por el delito que  intenta desestimar.   

          En  este orden de ideas, ausente la demostración de la existencia y  trascendencia  de  los  errores  en  que  se  funda el reproche, la consecuencia  obligada es la improsperidad del cargo.   

          2.  La  demanda  presentada en favor  de WILLIAM OLIVERIO NIVIA  PINTO.   

          Cargo único. Violación directa.   

          De  tiempo  atrás la Corte de manera pacífica ha venido reiterando  que  la  causal primera de casación en su modalidad de violación directa de la  ley   sustancial,  en  cualquiera  de  sus  formas     -falta  de  aplicación,  aplicación  indebida  o  errónea  interpretación- constituye un  debate  de  puro  derecho  frente  al  que el casacionista está en la imperiosa  obligación  de demostrar la transgresión de una norma, que por ende reclama el  restablecimiento de la legalidad del fallo.   

          Este  presupuesto  explica  por  qué,  tratándose de la mencionada  modalidad  de  ataque, los censores no pueden ni deben enrutar sus apreciaciones  en  el  contexto  del  reproche probatorio sino prestar anuencia a la forma como  fueron  considerados  los  hechos  y  valoradas  las pruebas por el fallador, de  quien   tan   sólo   se   censura   su  labor  sobre  las  normas  del  derecho  positivo.    

          Este  preliminar apunte permite declarar el acierto del libelista al  proponer   la  vía  directa  de  ataque  como  camino  propicio  al  logro  del  reconocimiento de la atipicidad.   

          No  obstante el tino en la proposición, el planteamiento no alcanza  para  concretar  el específico cometido en el caso a estudio, porque si bien es  cierto  reclama  la  absolución para el procesado con fundamento en la supuesta  falta  de  tipicidad  del  comportamiento por el cual fue acusado, paralelamente  reconoce  que  el  resultado  de la conducta fue el de unas lesiones personales,  con  lo cual el censor está indirectamente proponiendo que hubo al interior del  proceso  una  supuesta  indebida  denominación  jurídica  de  la  infracción,  anomalía  procesal  atacable  en sede extraordinaria de manera diversa a la que  aquí proyecta el actor.   

          En  efecto, sobre este tema la Corte ha previsto que la solución es  retrotraer  la  actuación  al momento de la calificación, o de la clausura del  sumario  dependiendo  del  funcionario  que  tenga  competencia  para reponerla;  sendero  que  en  casación  sólo  ofrece  por técnica la causal tercera, así  tenga  que  desarrollarse  la  censura  por los derroteros de la causal primera,  esto  es  demostrando  la  existencia  de  errores  de  hecho  o  de derecho que  desviaron  al  funcionario para determinar la adecuada fórmula del nomen iuris.   

Al respecto, entre otros pronunciamientos, ha  dicho la Corporación:   

“El error en la denominación jurídica del  hecho,  ha  dicho  insistentemente  la  Corte,  constituye un atentado al debido  proceso.   Por  esta  razón,  cuando  el  ataque  en  esta  sede  involucra  la  denominación  genérica  del delito, lo indicado es plantear el cargo al amparo  de  la  causal  tercera,  con  el fin de que la actuación pueda retrotraerse al  momento  de  la  calificación,  o  de  la clausura del sumario, según el caso,  dependiendo  de  si el funcionario que formuló la acusación es o no competente  para  reponerla, y se proceda a un nuevo enjuiciamiento a partir de la tipicidad  correcta.   

En   un  tal  supuesto,  sin  embargo,  el  desarrollo  del  cargo debe hacerse conforme a las directrices de orden técnico  propias  de la causal primera, con señalamiento de los desaciertos de carácter  jurídico   o   de   apreciación   probatoria   que  determinaron  la  indebida  calificación  de  la  conducta, pues el error, aún cuando con repercusiones en  la  validez  del proceso y por ende susceptible de ser alegado por la vía de la  causal  tercera,  sigue  siendo  de naturaleza in iudicando. Es uno de los pocos  casos  en  los  cuales,  a pesar de tratarse de un error de juicio, el ataque no  puede  formularse  al amparo de la causal primera, como sería lo indicado, sino  de  la tercera, precisamente porque la Corte no podría entrar a dictar fallo de  sustitución”  (  5  de  noviembre  de  1997.  M.P.  Fernando Arboleda Ripoll.  Proceso 9952).   

          Así  las  cosas,  independiente  a  que el censor al interior de la  censura  hubiera  podido  cometer  otras  incorrecciones  como  las que anota el  Procurador  en  su  concepto,  a  las que bastaría añadir  que el aspecto  subjetivo  de  la  conducta no exige un medio de prueba específico por regir en  nuestro  sistema  el  principio de la libertad probatoria de acuerdo con el cual  cualquier  medio  de convición es idóneo para la demostración de los diversos  aspectos  que  interesan  a  la  investigación,  lo  que  se  evidencia  es  el  desvertebramiento  del cargo con afectación inmediata de la técnica propia del  extraordinario  recurso, pues no otra cosa se desprende de admitir el libelo que  se  daba  otra tipicidad con el resultado, pues “como  el  que  se  obtuvo  fue  el  de  simples lesiones personales, es el único que,  teóricamente,  se  podría imputar a los acusados, tan solo que como no fue por  el que se les acusó, la única solución es absolverlos”.   

          Por lo anterior habrá de desestimarse el cargo.   

          En  mérito a lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL, administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

          NO       CASAR       la      sentencia  impugnada.   

          Cópiese,     devuélvase     al     Tribunal     de     origen    y  cúmplase.                

JORGE  ANIBAL  GOMEZ  GALLEGO                                         FERNANDO ARBOLEDA RIPOLL   

RICARDO   CALVETE   RANGEL                                    CARLOS  A.GALVEZ ARGOTE   

EDGAR    LOMBANA   TRUJILLO                              MARIO  MANTILLA NOUGUES   

CARLOS  E.  MEJÍA  ESCOBAR                                                     NILSON PINILLA PINILLA   

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Secretaria    

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