10811g

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    PROCESO No. 10811  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                                    Magistrado Ponente   

                                                    Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

                                                    Aprobado Acta No.85   

                                                    Santafé  de  Bogotá  D.C.,  diez (10) de  junio de mil novecientos noventa y nueve (1999).   

          V I S T O S:   

                      Decide la  Sala  el  recurso  de  casación  interpuesto por el defensor del procesado JOSE  RICARDO  RIOS  RESTREPO  en  contra  de  la  sentencia proferida por el Tribunal  Superior  de  Distrito  Judicial  de Santafé de Bogotá D. C., mediante la cual  confirmó  la  condena  que para el delito de peculado por apropiación emitiera  el Juzgado 76 Penal del Circuito de esta ciudad.   

          H  E  C  H  O  S    Y    A  C  T  U  A  C  I  O  N   P R O C E S A L:   

                      1.- Como  resultado  de  las averiguaciones realizadas por la División de Investigaciones  Fiscales  de  la  Contraloría  de Bogotá se vino a establecer la ocurrencia de  defraudaciones  que  venían cometiéndose en contra de los bienes de la Empresa  Distrital  de Servicios Públicos “EDIS”, consistentes en el faltante de dineros  correspondientes  a  la prestación de servicios de inhumación de cadáveres en  los  cementerios  administrados  por  la citada entidad, fraudes ocurridos   durante  el  período  comprendido entre el 1o. de septiembre de 1990 y el 13 de  febrero de 1991 (fol. 2 cd. 4).   

                           Al  verificarse  los  correspondientes  cruces  de  cuentas entre los inventarios de  bóvedas  y  los  recibos de pago registrados se detectó que en los cementerios  Central,  del  Sur  y  del  Norte  se realizaron un total de 4.018 inhumaciones,  entre  las  cuales  solo  3.085  se  cancelaron  a  favor de la empresa EDIS los  correspondientes  derechos, por cuanto las restantes 933 no registraron ingresos  a las arcas de esta entidad.   

                      La  suma  total  de  dinero  recaudado  ascendió a más de veinticuatro millones de pesos  ($24.000.000.oo),  de los cuales veintidós millones setecientos cincuenta y dos  mil  ciento  cuarenta  y  nueve  pesos  ($22.752.149.oo)  debieron  ingresar  al  cementerio Central.   

                    También se  estableció  que el procesado JOSE RICARDO RIOS RESTREPO desempeñó el cargo de  cajero  en el cementerio Central durante el período comprendido entre el 1o. de  septiembre y el 23 de octubre de 1990.   

                          2.-  Adelantada  la investigación a cargo de la Fiscalía Delegada 148, se procedió  a  su perfeccionamiento, a dictar resolución de acusación contra ANGEL IGNACIO  SUAREZ  MONTES  y  JOSE RICARDO RIOS RESTREPO, el primero por peculado culposo y  el  segundo  por  peculado por apropiación (fols. 430 a 448). Providencia del 3  de  marzo de 1994 que fuera apelada y confirmada por la Unidad de Fiscalía ante  los  Tribunales  Superiores de Santafé de Bogotá y Cundinamarca el 14 de abril  del mismo año (fol. 18 a 23).   

                     El Juzgado  66  Penal  del  Circuito  de  Santafé  de  Bogotá condenó a JOSE RICARDO RIOS  RESTREPO  a  54  meses  de prisión por el delito de peculado por apropiación y  multa  de  cincuenta  mil pesos ($50.000.oo), absolviendo a ANGEL IGNACIO SUAREZ  MONTES  por el delito de peculado culposo (fols. 600 a 635 cd. No. 4), sentencia  que   al   ser   recurrida  fue  confirmada  por  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior   del  Distrito  Judicial  de  Bogotá,  disminuyendo la pena a 37  meses de prisión.   

          L A   D E M A N D A:   

                      El actor  invoca  la  causal  primera  de casación contenida en el numeral primero inciso  segundo  del  artículo  220  del  Código  de Procedimiento Penal, aduciendo la  violación  indirecta de la ley sustancial por error de hecho en la apreciación  de las pruebas, generado por falso juicio de identidad.   

                           En  desarrollo  del  cargo  transcribe  los  fundamentos  y  las pruebas que tuvo en  cuenta  el  ad-quem  para  dictar  la sentencia condenatoria contra JOSE RICARDO  RIOS RESTREPO, destacando como demostrados los siguientes hechos:   

1-.  JOSE  RICARDO  RIOS  RESTREPO  no  fue  legalmente   vinculado  a  la  investigación  Fiscal  –  Administrativa  de  la  Contraloría.   

2-.  El  procesado  laboró  como cajero del  cementerio  Central  entre  el  1o.  de  septiembre  y el 23 de octubre de 1990,  recibiéndole  al  final  su titular RAUL HUMBERTO BARRAGAN SIACHOQUE, quien sí  ejerció  en  propiedad  el  cargo  de  cajero  de básculas y corrales en dicha  entidad.   

3-.  Las  planillas  como  las grabaciones e  inventarios,   pese   a    la   precariedad  de  su  recaudo,  son  pruebas  jurídicamente  válidas,  lo  mismo  que  la  denuncia  y el testimonio de LUIS  ALEJANDRO  MUÑOZ  ARAQUE, solo que éste no hace una apreciación objetiva sino  un  juicio  subjetivo  según sus propias deducciones, agregando que la denuncia  no es un testimonio sino una acusación.   

                  En seguida  transcribe  los  artículos  21,  279,  264,  255,  254  y  294  del  Código de  Procedimiento  Penal  para  colegir  que el testigo LUIS MUÑOZ ARAQUE llegó al  cementerio  Central  a  principios  de  enero de 1991, fecha en que comienza sus  investigaciones,  pero  no llega a conocer los movimientos de inhumación en las  fechas  en  que  estuvo  el  procesado  frente   al  cargo  de cajero en el  cementerio    Central,    luego   a   su   juicio   no   se   refiere   a   RIOS  RESTREPO.   

                         La  denuncia  de  JULIAN  ALBERTO  ARIAS  debe  tenerse  en  cuenta siempre y cuando  encuentre  su correspondiente soporte probatorio en las circunstancias de lugar,  tiempo  y  modo  que  comprometan  al  acusado. Pero del tiempo que laboró RIOS  RESTREPO  y  el que cubre la investigación de la Procuraduría, (la que dispuso  de  todos los documentos de la EDIS, incluidas las actas de recaudo diario de la  caja  del  cementerio) lo manifestado por  el denunciante no coincide en lo  que  se  refiere  al  cementerio  Central con las imputaciones que se le hacen a  RICARDO  RIOS RESTREPO, por tanto no se puede constatar si éste recibió dinero  de  las  inhumaciones  que  se efectuaron durante esa época, porque llegó a la  EDIS  a  partir  del  14 de febrero de 1991 cuando se le confirió la comisión.  Luego  no  se  puede  afirmar  que  “los  dineros  si eran cancelados en la caja  recaudadora  por  los usuarios, pero no eran registrados como por el funcionario  encargados (sic) de relacionarlos en dicha planilla…” (fol. 67).   

                  Además el  investigador  de  la  Contraloría  de  Bogotá tuvo los inventarios de actas de  recargo  de  inhumación en mayo 30 de 1991 y su denuncia fue puesta el 20   de  febrero  de  1992,  violando  el  artículo  25  inciso  2o.  del Código de  Procedimiento  Penal  que  ordenaba  formularla  de  inmediato; lo anterior para  tenerlo  en  cuenta en relación con la personalidad del denunciante, quien, por  otra  parte,  tergiversó  el  nombre  y  contenido de los documentos recogidos,  porque  llama  “planillas dobles de recaudo – inhumaciones, 24 de enero de 1991”  a  las planillas de control de inhumaciones manejadas por la Administración del  cementerio,  en  la cual no aparece ninguna clase de recaudo, solo corresponde a  inhumaciones  “cuyos muertos fallecieron entre el 1o. de septiembre de 1990 y el  13  de febrero de 1991, es prueba con validez jurídica sobre su contenido, y no  menos que esto pero tampoco más” (fol. 68).   

                    Sobre el  inventario  levantado  por  la Contraloría se estableció la responsabilidad de  la  persona  que tenía a su cuidado los inventarios de los cementerios para que  explicara  la  disposición  de  tales bóvedas para los correspondientes pagos.  “Porque  se debe diferenciar entre lo que tenía la EDIS antes del inventario de  la  Contraloría:  Un  inventario  de  bóvedas  disponibles, y lo que le quedó  luego  del inventario de la Contraloría: Un inventario disminuido por alguna de  las  fosas  ya  ocupadas  y de pronto no canceladas a la EDIS.” (fol. 68). Si no  aparecieron  residuos  -prosigue  el  impugnante-  se  debe  a  que  los dineros  debieron  ser  entregados  a un intermediario, a un funcionario de la empresa, a  la  funeraria  etc..  Pero estos inventarios no son prueba de que el cajero haya  recibido  el  pago de cualquiera de la bóvedas y el recibo no los acredita. Las  llamadas  “dobles  planillas  de  recargo”  son  realmente  planillas de control  diario  de  inhumaciones,  pero los tiene el censor como apócrifos, sin ofrecer  razones de su afirmación.   

                    Después  de  hacer  una  descripción  del  contenido  de  la planillas dice que el doble  control  de  inhumaciones  no puede dar como resultado que a la caja le hubieran  entrado  los  dineros correspondientes al valor de algunas o varias bóvedas que  no  aparecen canceladas a la EDIS, además, el procesado no tenía control sobre  inventarios  o  planillas,  careciendo  de  interés  en  usurpar  funciones del  titular,  y que no laboró como cajero de los cementerios por las fechas del 1o.  al 24 de enero de 1991.   

                  A pesar de  ser  defectuoso  y antitécnico el acopio de las grabaciones contenidas en los 4  cassettes  -dice  el  censor-  han sido validadas jurídicamente en su contenido  para  ser  pruebas  de  soporte  en  la sentencia del Tribunal, sin que aparezca  certeza  de  las personas que intervienen en las conversaciones contenidas en el  cassette  No.  1.  Añade  que como las declaraciones fueron tomadas en enero de  1991,  no  pueden  estar haciendo referencia a su defendido porque para ese día  ya  no  desempeñaba el cargo de cajero. Igualmente, teniendo las grabaciones la  calidad   de   documento,   por   contener  expresiones  de  voces  de  personas  involucradas  en  las investigaciones, le son aplicables las normas relativas al  testimonio,  por tanto cuando en ellas se habla de “cajero” solo puede referirse  al  que  está  en  ese  momento  ocupando  el  cargo,  y la palabra “ayer” hace  relación a un negociado de la misma semana de la grabación.   

                     De  la  misma   manera  sostiene  que  el  informe  de  la  Contraloría  se  refiere  a  exhumaciones  y  que  ellas  valían seis millones de pesos ($6.000.000.oo) y la  bóveda  de  inhumación vale otro tanto, pero sin expresar las consecuencias de  tales afirmaciones.   

                   Las actas  diarias  de ingresos solo contienen dineros recibidos por la caja del cementerio  en  todos sus servicios, por tanto no contiene lo que se ha dejado de recibir, y  ello  lleva  a  concluir  que  al no encontrarse desfases no puede ser objeto de  investigación fiscal.   

                    Denuncia  como  normas  infringidas los artículos 133 (que tipifica el delito de peculado  por  apropiación), 26 y 68 del Código Penal, por indebida apreciación o falta  de  pruebas   que  determinen  la participación del procesado, violaciones  ocurridas  por error en la apreciación del testimonio de LUIS ALEJANDRO MUÑOZ,  la  denuncia  presentada por JULIAN ALBERTO ARIAS, las grabaciones, las actas de  recaudo  en  la  caja del cementerio, las planillas y el inventario de bóvedas,  porque  desfiguraron  los  inventarios.  Con tales inventarios se prueba cuáles  estaban  ocupadas, la fecha de defunción y la fecha probable de la inhumación;  las  actas  de  recaudo acreditan los dineros pagados y recibidos en la caja del  cementerio  de  la  EDIS  también  por  inhumación,  pero de ellas no se puede  verificar  el  dinero  no  recibido  en  las  arcas de la EDIS, aunque sí logra  demostrarse  que  el  problema radica en que no se alcanzan a justificar algunas  bóvedas  ocupadas  sin  precio,  por  tanto  el  faltante  es de bóvedas no de  dinero.   

                    Luego de  transcribir  apartes de doctrina y jurisprudencia, solicita se case la sentencia  y en su lugar se absuelva al procesado.   

         C  O N C E P T O   D E L  M I N I S T E R I O   P U B L I C O:   

                     Para el  señor  Procurador  Tercero Delegado en lo Penal, por sobre la falta de claridad  y  precisión  se  destacan  en  la  demanda  dos  aspectos:  Una crítica a las  valoraciones   del   fallador,   y  un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad.   

                    Respecto  de  la  primera conceptúa  que  el  libelista  profiere  ataques  a  las  conclusiones  de  los falladores,  ignorando  los presupuestos que motivaron las decisiones, y pretendiendo apartar  al  procesado  de  los  hechos  por  no  haberlo  mencionado en el informe de la  Contraloría,  omisión  explicable porque al iniciarse la investigación fiscal  ya  no  se  desempeñaba como cajero, lo que no fue óbice para establecer en el  curso   del   proceso   su  participación  en  los  hechos  investigados  y  su  responsabilidad.   

                    Sobre el  segundo aspecto considera  que  el  censor  no  demuestra  la violación indirecta de la ley sustancial por  falso  juicio  de  identidad, porque el período en que su patrocinado ocupó el  cargo  de  cajero  -1 de septiembre a 23 de octubre de 1990- también fue objeto  de   investigación,   encontrándose   irregularidades   y   faltantes  en  289  inhumaciones.   

                         Lo  anterior  no  implica,  como lo entiende el recurrente, que RIOS RESTREPO sea el  único  responsable, porque la investigación tanto fiscal como penal se refiere  a  otros  empleados,  si  bien  logró  individualizar la participación de RIOS  RESTREPO.   

                                           Inicialmente  la  entidad  fiscalizadora  incluyó  los cargos que  tenían  la responsabilidad de la ilícita apropiación, sin que aparecieran los  nombres  de  los  implicados,  por lo que el testimonio de LUIS ALEJANDRO MUÑOZ  ARAQUE  no  incrimina  directamente  al  procesado,  tan solo indica la probable  participación  de  cajeros, obreros y celadores, porque precisamente se trataba  de  determinar los perjuicios que había producido en concreto el ilícito. Pero  esta  información  unida  a  la  verificación  de planillas, recibos de pago y  demás  probanzas,  permitió concluir la participación y responsabilidad   de JOSE RICARDO RIOS RESTREPO.   

                         El  Procurador  encuentra  que el defensor desconoce el contenido de las sentencias,  y  además  trae  a  colación  aspectos  irrelevantes  como  la  demora  en  la  presentación  de  la  denuncia, la denominación de planillas dobles o el hecho  de  tildar  el  informe por contener una “fijación del denunciante”, aislada de  las  condiciones  probatorias.  Por  ello  transcribe  las  conclusiones  de  la  sentencia  de  primera  instancia  para  concluir  que  el recurrente no hizo un  análisis  de  las  pruebas  en su conjunto, sino en forma parcial, sin llegar a  demostrar  si  el  error  es  de  hecho  o  de  derecho, pues se limita a emitir  conceptos  personales  alejados  de  la realidad probatoria, olvidando que JULIO  CESAR  GONZALEZ,  bajo  los efectos del licor, mostró la lista de beneficiarios  del  ilícito,  y que la declaración de RAUL BARRAGAN SIACHOQUE comprometió al  acusado en la participación del peculado.   

                   Por estas  razones solicita no se case la sentencia.   

        C  O  N  S  I  D  E  R A C I O N E S   D E   L  A   S A L A:   

                     La Sala  comparte  por  su  acierto,  las  críticas  que   formula la Procuraduría  Delegada  a  la  demanda, en cuanto ésta incurre en grave error al no armonizar  la   controversia  con  los  verdaderos  fundamentos  que    apoyan    la  condena,   con  lo  que  obviamente  hace  aquellos  inamovibles,  distrae  el  deber  de  precisar  los  errores  que le imputa a la  sentencia,  y  para colmo, ni siquiera da un concepto sobre el verdadero sentido  de  la  violación  legal,  pues  las  distintas  normas  sustanciales citadas (  artículos  133,  26  y 68 del Código Penal) no coordinan entre sí, ni con los  argumentos ofrecidos.   

                                           Recuérdese,  para comenzar, que a juicio del censor se cuenta con  una  serie de hechos demostrados y favorables a sus pretensiones, pero aparte de  enunciarlos  no demuestra que ellos hubiesen sido deformados en su contenido por  los  juzgadores,  como  correspondería  a  la  formulación del falso juicio de  identidad,  ni  mucho  menos  señala cuál podría ser la trascendencia de esos  hechos en las bases de la condena.   

                     En tal  sentido  se tiene que ninguna relación se muestra, ni mucho menos trascendencia  se  acredita  entre la ajenidad de JOSE RICARDO RIOS con la averiguación Fiscal  y  el  fallo  penal  que le cobija; tampoco el nexo que el censor aduce entre la  tardanza  en  la  formulación  de  la  denuncia y el fallo recurrido, o aquella  relevancia  que  pudiera  tener el hecho de que la averiguación se inicie luego  de  la  desvinculación  de  RIOS RESTREPO como cajero, olvidando que la queja y  esta    averiguación   penal   se   fundan   en   comprobaciones   concomitantes con la ocurrencia de los  hechos  y  no  con  eventos  posteriores,  amén  de  que  el censor no indica en qué consistió el error  que le endilga a los falladores.   

                     Tampoco  explica  el  libelo,  por  qué razón estima que si hay una diferencia entre el  número  mayor de bóvedas utilizadas y menor de los dineros recaudados, tenían  que  ser  aquellas  las  faltantes  y  no  las  sumas  percibidas,  como  si  no  correspondiera  la  disponibilidad  de cada una a un valor de entrada, a más de  que  hace   una  serie  de  afirmaciones  que no  apoya  en  prueba alguna, tales como que el procesado  no  tenía  el  control de inventarios o planillas y que no se puede comprometer  por   el   recaudo   de   pruebas  posteriores  a  la  dejación  del  cargo  de  cajero.   

                   Con estas  desordenadas,  inconclusas  y parciales referencias a las pruebas, lo único que  logra  el  casacionista  es  desconocer que fueron otras, contundentes y claras,  las  motivaciones  que le sirvieron a los juzgadores de instancia para enderezar  el  fallo  de  condena,  y que por no ser objeto de reproche, sostienen el fallo  impugnado  con  su  doble  presunción de legalidad y acierto, con la que arriba  dicha decisión a esta sede.   

                     En este  aspecto        procede        recordar,       que       a       juicio       del  ad-quem        

        “…   del   acervo   probatorio,   hecho   bajo  los  parámetros  orientadores  de  la  Sana  Crítica, permite demostrar con suficiencia que RIOS  RESTREPO  si  tuvo  conocimiento  y  participación  en  aquella apropiación de  dineros que le pertenecían al Estado.”   

        “Basta  apreciar  que el abogado investigador JULIAN ALBERTO ARIAS  MARTINEZ  en  su  denuncia  y  ampliación de la misma (fols. 46 y s.s.) hace un  detallado  recuento  de  las irregularidades que fueron detectadas, entre ellas,  que  la  indebida apropiación de los dineros que debían ingresar a la Edis por  concepto  de  los  servicios  de  inhumación  y exhumación de cadáveres en el  Cementerio  Central  se  lograba  gracias  a  que  en  Caja  no  se  expedía el  respectivo  Recibo  de  Pago  y sus tres copias, como lo ordenaba la Resolución  número  03  de  1098  de  la  Contraloría  Distrital,  sino que en su lugar se  utilizaban  fotocopias  tomadas de un original del recibo de pago, de manera que  las  copias eran entregadas, una al incauto usuario y otra al obrero quien luego  de  prestar  el servicio la destruía, borrando así cualquier evidencia que los  comprometiera.” (fol. 14).   

                    Y añade  que es el mismo abogado ARIAS MARTINEZ quien expresa que   

        “…  en  estas irregularidades participaban varios funcionarios a  saber:  Los  cajeros  de  la  caja  recaudadora  del  Cementerio Central, siendo  ocupado  este  cargo  por  los  señores RAUL HUMBERTO BARRAGAN SIACHOQUE y JOSE  RICARDO  RIOS  RESTREPO,  los  Auxiliares  de  Administración…” agregando que   

        “…La  doble planilla era llevada por el funcionario encargado de  adjudicar  las  bóvedas, quien a su vez llevaba el control de los servicios que  debían  incluirse  en  la planilla oficial de recaudo diario y cuales servicios  no  debían  incluirse  en  ella,  los  dineros  sí  eran cancelados en la caja  recaudadora  por  el  usuario,  pero  no  eran  registrados como ingresos por el  funcionario   encargado   de   relacionarlos   en   dicha   planilla…”   (fol.  15).   

                     Pero la  anterior  -según  el  ad-quem-  no  es prueba que aparezca aislada, porque LUIS  ALEJANDRO  MUÑOZ  ARAQUE,  jefe  del  Departamento  de  Adquisición  y Jefe de  Suministros  de  la  EDIS,  sobre tales irregularidades señala que necesariamente   tienen   que   estar  involucrados  los  administradores,  cajeros,  personal obrero y celadores, pues  sin su colaboración era difícil la realización del reato.   

                    Y a todo  lo  anterior  añade  la  transcripción contenida en 4 casetes aportados por el  investigador,  que  insinúa  la  participación del cajero, y el hecho de haber  detectado  la  existencia  de  doble  planilla en relación con los servicios de  inhumación  y  de  exhumación de cadáveres y sus correspondientes valores, de  donde  se  concluye  que  JOSE RICARDO RIOS RESTREPO conoció la realización de  las  maniobras  fraudulentas en la apropiación indebida de los dineros que  siendo de propiedad de la EDIS no ingresaron a sus arcas.   

                     Y aún  agrega que   

        “…son  varios  los  medios  de prueba oportunamente allegados al  diligenciamiento  los  que  luego  de  soportar  el análisis de rigor, permiten  arribar   a  la  certeza  necesaria en cuanto a la activa participación de  JOSE  RICARDO  RIOS  RESTREPO  en la comisión del reato tipificado, en especial  los  testimonios  de  JULIAN  ALBERTO  ARIAS  MARTINEZ  y  LUIS ALEJANDRO MUÑOZ  ARAQUE,  así  como la comprobación de la doble planillación atrás referida.”  (fol. 26).   

                  Pues bien,  sin  serle  de recibo la ignorancia de estos fundamentos, el libelo impugnatorio  no  prueba  que  en  alguno  de  ellos, siquiera, se haya deformado su contenido  objetivo,  como  tampoco  que  en  su  valoración  se hubiesen transgredido las  reglas  de  la  lógica o de la sana crítica. A lo sumo se aplica a criticar al  testigo,  y  no su testimonio, como sucede con la tardanza en la formulación de  la  denuncia,  cuando  no a objetar desde un punto de vista meramente subjetivo,  que  una  prueba  recaudada  no  puede  incriminar  a quien laborara antes de su  recaudo,  sin  detenerse a sopesar que la información en ella contenida, podía  comprender  diferentes  momentos, proposiciones ilógicas que parecerían querer  hasta  desconocer  que  fue  el  procesado quien admitió que había tenido como  funciones  de  cajero  las  de  recaudar  servicios de inhumación, exhumación,  cremación  y  venta  de  esqueletos  en  los  cementerios  de Bogotá, o que la  versión  del  quejoso Julián Alberto Arias no fue insular sino apoyada por las  de  Alejandro Muñoz y Sergio Roldán, confirmatorias de la existencia de dobles  planillas  para  ocultar  faltantes, haciendo una descripción del procedimiento  empleado,  que  bien  explica  la  ocurrencia de una coautoría impropia, por la  forzosa  distribución  de tareas entre los varios servidores que se prestaron a  defraudar  los  bienes del Distrito.  O más aún, que Raúl Barragán dijo  haber  recibido del procesado la insinuación para continuar con el peculado que  se  venía  cometiendo,  o que Julio César González exhibió una lista con los  beneficiarios  del  peculado, incluyendo al cajero, y precisando los porcentajes  en que se repartían el dinero apropiado de acuerdo con el cargo.   

                        Por  último,  resulta  ineludible  resaltar que el casacionista no indica cuál pudo  ser  el  sentido  de  la violación legal, pero ni siquiera permite inferirlo al  acudir  a  la  cita de disposiciones que ninguna relación guardan entre sí, ni  con  las  alegaciones  ni  el petitum, como sucede  con el artículo 68 del  Código  Penal,  cuya  aplicación  supone  una  condena,  en tanto que aquí la  casación apunta a la absolución del acusado.   

                    En suma,  por    contradictorio,    incompleto    y    falto  de                    demostración,  el  cargo formulado no  prospera.   

                  En mérito  de  lo  expuesto  la  Sala  de  decisión Penal de la Corte Suprema de Justicia,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la  Ley,   

        R E S U E L V E:   

NO  CASAR  la  sentencia  recurrida  por el  defensor del acusado JOSE RICARDO RIOS RESTREPO.   

Cópiese, devuélvase al Tribunal de origen  y cúmplase.   

JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                          RICARDO   CALVETE   RANGEL   

JORGE   E.   CORDOBA   POVEDA                         CARLOS   A.  GALVEZ  ARGOTE   

EDGAR    LOMBANA   TRUJILLO                                        MARIO MANTILLA NOUGUES   

CARLOS   E.   MEJIA   ESCOBAR                                            NILSON    PINILLA    PINILLA           

        PATRICIA SALAZAR CUELLAR   

        Secretaria     

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