10647b

1999

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

              CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                    Magistrado Ponente:   

                                                    Dr. RICARDO CALVETE RANGEL   

                                                    Aprobado Acta No. 26   

Santa  Fe  de  Bogotá  D.C., veinticinco de  febrero de mil novecientos noventa y nueve.   

          V I S T O S   

Procede  la Sala a resolver sobre la demanda  de  casación  presentada  por el defensor del procesado MILTON ALEXANDER ACOSTA  CORTES,  contra  la  sentencia proferida por el Tribunal Superior de Santa Fe de  Bogotá,  confirmatoria  de  la  dictada  por el Juzgado Treinta y Dos Penal del  Circuito  de  la misma ciudad, que condenó al aquí recurrente por el delito de  homicidio  en  la  modalidad  de  tentativa  cometido en estado de ira e intenso  dolor,  con la modificación de rebajar la pena privativa de la libertad de ocho  (8)  años  y  cuatro  (4)  meses  de  prisión,  a  cuatro  (4) años y dos (2)  meses.   

          I.  HECHOS   

Así los resumió el Tribunal:  

          “A  eso  de  la  una  de  la  mañana  del doce de diciembre de mil  novecientos  noventa  y  tres  (1993),  en  el  establecimiento denominado “Luna  Llena”,  ubicado  en  la  cercana  población  de  Chía, se encontraban en sano  esparcimiento  y  departiendo Aldo Zahir Martínez Pérez, Adriana Murcia Romero  y  Martha  Janeth  Saray  Romero, cuando llegó Milton  Alexander  Acosta  Cortés, novio de ésta y al verla  que  estaba  bailando  con  Aldo, le reclamó a la vez que empujaba a su pareja,  por  lo  que  los  dos hombres se liaron a golpes, desenfundando el procesado un  arma  de  fuego  que  accionó  e  hizo  blanco  en  el  cuello  de  Aldo Zahir”   

          II.  ACTUACION PROCESAL   

La  Fiscalía  Noventa  y Nueve de la Unidad  Segunda  de Vida de esta ciudad ordenó abrir la correspondiente investigación,  vinculando  mediante  indagatoria al capturado MILTON ALEXANDER ACOSTA CORTES, a  quien  le  resolvió  la  situación  jurídica  con  medida de aseguramiento de  detención preventiva sin excarcelación.   

Cerrada  la  investigación  se calificó el  mérito   probatorio  del  sumario  en  providencia  de  abril  4  de  1994  con  resolución  de  acusación  contra  el  procesado  por  el  delito de homicidio  tentado  y  se  compulsaron  copias  para  que  se le investigara por el posible  delito de porte ilegal de arma de defensa personal.   

Adelantada  la  etapa  del  juicio,  en  la  audiencia  pública  la  Fiscal solicitó la condena del procesado por el delito  de  homicidio  en  el  grado  de  tentativa  cometido en estado de ira e intenso  dolor.   En  estos  términos  el  Juez  Treinta  y  Dos Penal del Circuito  profirió  sentencia condenatoria, fijando la pena principal en ocho (8) años y  cuatro  (4)  meses  de  prisión,  y la accesoria de interdicción de derechos y  funciones  públicas  por  el mismo tiempo; también le impuso la obligación de  pagar  los  perjuicios  ocasionados  con  el  delito.  Al resolver el recurso de  apelación  interpuesto por el defensor, el Tribunal confirmó la condena con la  modificación inicialmente anotada.   

         III.  LA DEMANDA   

El casacionista invoca la causal prevista en  el  numeral primero (1) del artículo 220 del Código de Procedimiento Penal, la  cual transcribe íntegramente.   

Enuncia  un “Primer cargo” que fundamenta en  que  la  sentencia  dictada por el Tribunal “está en desacuerdo con la realidad  probatoria  incurriéndose  así  en  error  de  hecho  respecto  a la legítima  defensa  consagrada  a través del art. 29 numeral 4 y 40 numeral 3 referentes a  la   legítima   defensa   como   causal  de  justificación  y  el  error  como  circunstancia de inculpabilidad…”   

Luego  de  transcribir  un  aparte  de  la  sentencia impugnada sostiene el demandante:   

          “Y  para  el  caso  que  ocupa nuestra atención no puede menos que  inferirse  como  se  acepta  por  el  honorable Tribunal que efectivamente y con  posterioridad  a  la  traba  de  puños  entre  los hoy condenado y víctima, el  señor  ALDO  ZAHIR  MARTINEZ asió una botella con miras a repeler o agredir al  señor  MILTON  ACOSTA.   En  ese  momento  se  rompió  la unidad entre la  agresión  inicial  que pudo haberse generado por ACOSTA CORTES para convertirse  este  en  agredido  ya  que  cambió  esa proporcionalidad inicial y el otro que  inicialmente  fuera  agredido  en  agresor.  A los ojos de ACOSTA CORTES el  hecho  de haber tomado una botella después de la traba de golpes no significaba  cosa  diferente  a una intención de agredir en manera mas contundente fuera que  dicha  agresión se presentara o no, situación que motivó su actuar fundado en  una    percepción    errada    de    un    presunta    agresión   o   eximente  putativa.”   

Termina diciendo que la circunstancia de que  el  hoy  condenado no hubiera confesado el haber disparado, no exime del estudio  y  aceptación  de  la  eximente  de  culpabilidad  que  “a  través  del acervo  probatorio  se  ha  demostrado  su existencia y peor aún se ha reconocido en la  sentencia del juzgador de primera como de segunda instancia”.   

En  el  “segundo  cargo”  expresa  que  los  falladores  de  primera  y  segunda  instancia incurrieron en error de hecho cuando infieren que la conducta  constituye  tentativa  de  homicidio y no lesiones personales, pues no existe en  el  expediente  una  declaración  o  prueba material que indique que el acusado  obró con la intención de matar.   

Los  juzgadores  infieren  la  intención de  matar  y  no  de  lesionar, por el medio operado, (arma de fuego), la dirección  (garganta),  número  o violencia de los golpes, (un impacto y una detonación),  condiciones  de  tiempo  espacio  y  lugar  (taberna  luna  llena  a  1.5.  mts.  aproximadamente  de  distancia  entre uno y otro interviniente, y circunstancias  conexas  (la  irascibilidad  anterior  motivada por los celos)”, olvidando otros  factores  como “las manifestaciones del culpable y sus actividades anteriores al  delito,  las  relaciones  entre el autor del delito y la víctima, la causa para  delinquir  y  la  índole  del  culpable”, aspectos que si se hubiesen tenido en  cuenta  se  encontraría  que entre el agresor y el agredido no existía ningún  tipo  de  conocimiento  que  hiciera  presumir  ánimo  negativo  alguno, que se  trataba  de  un  hombre  joven,   trabajador  y  ajeno a cualquier problema  legal,  sin  antecedentes  y  que  nunca fue al establecimiento a buscar persona  diferente  a  su novia.  “Cómo entonces podemos presumir una intención de  matar  si ni siquiera se afectó desde el punto de vista físico parte vital del  cuerpo humano?”.   

Se desconocieron los artículos 7 del Código  penal  y  445  del  estatuto  procesal,  ya  que  se  infiere  una intención no  manifiesta  ni probada, “generando así una aplicación de tan conocida ANALOGIA  IN  MALAM  PARTEM,  mientras  que  a la vez se aplicaron los factores de duda en  perjuicio  de  MILTON ALEXANDER ACOSTA CORTES y nunca en favor del mismo como lo  preceptúa y ordena legislación procesal penal”.   

Ante  las  dos  situaciones  violatorias  de  normas  de derecho sustancial, solicita que se case la sentencia recurrida, y se  proceda  a  “modificar  el  estudio  del  aspecto intencional del caso que en la  actualidad ocupa nuestra atención.”   

         IV. CONCEPTO DEL MINISTERIO PUBLICO   

El  Procurador  Segundo Delegado en lo Penal  sugiere  a  la  Corte rechazar los cargos formulados por el defensor, y no casar  la sentencia recurrida, por las siguientes razones:   

La demanda se acerca más a un escrito propio  de  las  instancias, pues con pleno desconocimiento de la técnica casacional se  formulan  dos  cargos, sin precisar cuál es la forma de violación, la clase de  yerro, su sentido, ni mucho menos las normas quebrantadas.   

En    lo   que   denomina   primer  cargo, el actor se explaya en una  argumentación  muy  personal  de  lo  que  en  su  criterio  ha  debido  ser la  valoración  probatoria,  con  el ánimo de demostrar que el procesado actuó en  legítima defensa.   

Con expresiones aisladas pretende demostrar  el  supuesto  yerro “-no enunciado- pero al fin y al cabo, como no se sabe cuál  es  el contenido que ha querido darle al reproche, resulta tarea difícil entrar  a  suplir  tan graves deficiencias de la demanda, ya que del contexto del ataque  lo  único  que  queda  en  claro  es el afán del recurrente de sacar avante su  personal  punto  de  vista frente al de la sentencia, anteponiéndose a la doble  presunción  de  acierto y legalidad que ampara los fallos judiciales.  Por  lo  demás,  el pretendido del casacionista es avocar a la Corte, so pretexto de  una  deficiente  formulación  de  una censura, a que entre en una tercera labor  evaluativa  desconociendo  de paso que dicha Corporación no cumple funciones de  tercera instancia”.   

Si  de  ser laxos en el entendimiento de la  demanda  se  pudiera  colegir  que  lo que se ha querido proponer es un error de  hecho  por  errada  valoración probatoria, se estaría ante la imposibilidad de  su  estudio  habida  cuenta  que  no  concreta  sobre cuáles pruebas recayó el  yerro,  y “ni siquiera se ocupa de derrumbar por completo el supuesto probatorio  en el que se erigió la sentencia de condena.   

Se aparta el casacionista del concepto de la  legítima  defensa como causal de justificación del hecho, toda vez que aquella  aparece  como  viable cuando el sujeto actúa ante una agresión, que tiene como  característica  el  que  sea  injusta y actual, pero de nada de eso se ocupa el  libelo.      Transcribe     las    consideraciones    del    Tribunal    al  respecto.   

b)    En   cuanto   al  segundo  cargo,  destaca el Procurador  que  olvida  el actor que la intencionalidad del agente, como lo tiene precisado  la  doctrina  y  la  jurisprudencia,  precisamente  se  mide  por  ese  tipo  de  circunstancias  externas  en torno al desarrollo de los hechos, pues entendiendo  como  erradamente  lo  hace  el  censor,  que si la herida no fue necesariamente  mortal   se   debe  descartar  la  intención  homicida  del  procesado,  sería  desconocer  que  el  delito  de  homicidio es de resultado, y por ello cuando se  habla  de tentativa resulta necesario examinar las circunstancias por las cuales  el  resultado  querido  por  el  agente al desplegar su acción, no se concretó  pues  tal y como se dijo en las sentencias, la calidad de la herida no es la que  determina  la  intención  del  procesado,  sino  que  esos  mismos factores que  critica  el  libelista,  son  los  que  permitieron  al fallador, después de un  análisis  ponderado  llegar  a  la  conclusión  que  la  intención  fue la de  matar.   

Como  este  supuesto  cargo  padece  de las  mismas  deficiencias  resaltadas en el literal anterior, considera que imposible  resulta  adentrarse  en cualquier estudio de fondo, pues como se desprende de la  petición  misma,  el  actor  aspira  a  que se modifique el estudio del aspecto  intencional  del  caso,  siendo  esa  tarea  la  que  ha  debido  acometer en la  demostración  del  yerro  que  tampoco invocó lo que conduce a concluir que el  cargo no fue demostrado.   

        V.  CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

1.    Es   sabido   que  el  recurso  extraordinario  de  casación  es  un  medio  de  impugnación  que  debe reunir  precisos   y   rigurosos   requisitos   en   su  proposición,  sustentación  y  resolución.   No se trata de una tercera instancia -como parece creerlo el  demandante-  sino  que  consiste en el examen técnico jurídico de la sentencia  de  segundo  grado,  para  lo  cual  el  impugnante debe expresar claramente los  motivos  de  su  inconformidad  y  sustentarlos  a  efecto de que la Corte pueda  realizar  el  estudio  de  fondo,  y  de  prosperar  el  reproche,  proveer  los  correctivos del caso.   

2.   En  la  demanda  en  estudio  el  impugnante  omite  precisar si la violación de la ley sustancial que enuncia es  por  vía directa o indirecta, pues al referirse a la causal invocada transcribe  en   su   totalidad  el  numeral  primero  del  artículo  220  del  Código  de  Procedimiento Penal.   

En   lo   que   denomina   “Fundamentos”  dice  que  formula  dos  cargos,  y en ambos acusa al Tribunal de haber incurrido en “error de hecho”, de  donde  podría  pensarse  que  la  vía escogida es la indirecta, pero no logró  definir  ni  concretar su ataque, pues ni siquiera señala sobre cuáles pruebas  recayó  el  yerro,  lo que imposibilita por completo su estudio de fondo.   No  indica y mucho menos demuestra que el Tribunal ignorara una prueba existente  en  el  proceso,  o  que  la  hubiera  supuesto, (falso juicio de existencia), o  tergiversado  en  su  contenido  objetivo  poniéndola  a  decir lo que no dice,  (falso juicio de identidad).   

3.      En    el    “Primer  Cargo” el impugnante acusa la  sentencia  de que “está en desacuerdo con la realidad probatoria incurriéndose  así  en error de hecho respecto a la legítima defensa consagrada a través del  art.  29  numeral 4 y 40 numeral 3 referentes a la legítima defensa como causal  de justificación y el error como circunstancia de inculpabilidad”.   

Esta  transcripción del escrito de censura  pone  en  evidencia  su  imprecisión,  tan notoria y fundamental que no permite  saber  cuál  es  el  error  que  se  endilga al Tribunal, pues son afirmaciones  generales  que como con acierto dice el procurador, lo único que dejan en claro  es  el afán del recurrente de sacar avante su personal punto de vista frente al  de  la  sentencia  que  está  amparada  por  la  doble presunción de acierto y  legalidad,    confrontación    que    no   es   de   recibo   en   el   recurso  extraordinario.   

                  

Pasa por alto el libelista que quien demanda  en  casación  tiene  como  carga  procesal formular y sustentar un reproche que  ponga  en  evidencia  un  error  que  vicie  de ilegalidad la sentencia, y no es  procedente limitarse a manifestar opiniones en abstracto.   

4.      En    el    “Segundo  cargo”  el  actor incurre en  una  falla elemental, como lo es demandar el error en la denominación jurídica  por  la  causal  primera, pues reiterada y unánime ha sido la jurisprudencia en  la  que  se  explica  que debe acudirse a la causal tercera, como quiera que hay  que  invalidar  la  actuación  para que el proceso sea calificado nuevamente, y  ahí  sí  dictar  una  sentencia  que  sea  congruente  con  la  resolución de  acusación.   

Pretender  desvirtuar la conclusión de los  sentenciadores  de  que la intención del procesado era matar y no lesionar, con  el  argumento  de que lo que se afectó con el proyectil de arma de fuego “no es  otra  cosa  que un músculo que rodea la parte de la garganta”, y que aún en el  evento  de  que  el  agredido “no hubiese tenido atención médica la lesión en  manera  alguna  hubiera  producido  su deceso”, es creer que la existencia de la  tentativa  depende  exclusivamente  de  la  gravedad  de  la lesión, lo cual es  erróneo,  pues  son  múltiples  los  factores externos que permiten inferir el  verdadero  propósito  del  sujeto  activo,  y  en  éste  caso la sentencia los  analiza correctamente.   

Sobre    este    punto   advirtió   el  Tribunal:   

         “La  fase  subjetiva  en  la  tentativa  está representada por el  dolo,  dirigido  a  la consumación del hecho punible.  Por manera que para  saber  si  la  acción  del  sujeto  agente  entraña  dolo  de lesión (ánimus  vulnerandi)   o   dolo  homicida  (ánimus  necandi),  es  preciso  apreciar  el  desarrollo de toda la conducta punible.   

         “Gilberto   Gómez  Pedraza,  el  único  testigo  presencial  que  refirió  haber  visto cuando el ofendido agarró una botella, aseveró también  que  Milton  Alexander  por  un breve tiempo estuvo apuntando a su víctima y al  accionar  el arma, el proyectil hizo impacto en el cuello de Aldo Zair Martínez  Pérez.   

         “Lo  anterior  nos  indica  inequívocamente que el sentenciado lo  que  perseguía  era  la  muerte  de  su víctima, puesto que apuntó el arma de  fuego  y  la accionó hacia una región vital del organismo de Martínez Pérez,  como  lo  es  el  cuello  donde se encuentra la arteria carótida primitiva y la  vena  yugular  interna y que si no obtuvo el resultado esperado, se debió a una  circunstancia  ajena  a  su voluntad, como fue el haber alcanzado Martha Saray a  moverle  el brazo en el momento que disparaba, por lo que solamente le interesó  el cricoides y la tráquea”.   

La tentativa de homicidio puede presentarse  aún  sin  que  se  lesione  a  la víctima, pues basta que con la intención de  matar  se  ponga  en  peligro  el  interés  jurídico  protegido  para  que  la  figura   se tipifique, ya que el fundamento de la punición de la tentativa  no  es  el resultado que se produzca sino el peligro en que se ponga la vida del  sujeto pasivo de la acción homicida.   

La falta de precisión en la formulación de  los  cargos,  y por ende la ausencia de demostración de algún yerro demandable  en  casación,  confundiendo  la  sustentación  del  recurso  con un alegato de  instancia,  así  como la equivocación en la selección de la causal que debía  invocar  en  la  segunda  censura,  son razones suficientes para concluir que no  prospera el libelo   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA  -SALA  DE  CASACION PENAL-, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la Ley,   

        RESUELVE   

NO CASAR la sentencia recurrida.  

Cópiese,   cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL            RICARDO  CALVETE RANGEL   

JORGE   E.   CORDOBA  POVEDA                               EDGAR      LOMBANA  TRUJILLO           

CARLOS   E.   MEJIA  ESCOBAR                           DIDIMO   PAEZ   VELANDIA                               

NILSON   PINILLA   PINILLA                                          ALVARO ESLAVA AYALA   

                                                                                  Conjuez   

                                      PATRICIA     SALAZAR  CUELLAR   

                                                                                      Secretaria   

ALVARO ESLAVA AYALA  

                                     Conjuez   

CARLOS   E.   MEJIA   ESCOBAR                     DIDIMO PAEZ VELANDIA   

NILSON    PINILLA   PINILLA                           JUAN    MANUEL    TORRES  FRESNEDA   

        PATRICIA SALAZAR CUELLAR   

        Secretaria.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *