10488b

1999

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

      

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                   

                                                                  Magistrado Ponente   

                                                                  Dr. DIDIMO PAEZ VELANDIA   

                                                                  Aprobado Acta No. 005        

Santafé  de  Bogotá,  D.C., veinte (20) de  enero        de        mil        movecientos        noventa       y       nueve  (1999).                                                                                                                                           

          Mediante  esta  providencia  procede  la Corte a decidir el recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto  por  el apoderado de la parte civil,  contra  la  sentencia  de  diciembre  1º  de 1994, mediante la cual el Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de Montería absolvió a ENRIQUE MANUEL HERRERA  ESPITIA del cargo de homicidio culposo por el cual fue acusado.   

ANTECEDENTES  

          1.-  Cerca  al  medio  día  del  martes 6 de junio de 1993 Enrique  Manuel  Herrera  Espitia,  acompañado de dos ayudantes, se dirigía a Montería  (Departamento   de   Córdoba)   conduciendo   el   camión  de  placas  MTA-470  perteneciente  a  “Industrias   Román  S.A.”  en  su labor de repartir  gaseosas.  Adelante  suyo  transitaba,  por el carril izquierdo, una motocliceta  conducida  por Manuel Gregorio Negrete Ramos. En sentido contrario venía un bus  intermunicipal,  que  pitaba  afanosamente  para  que la referida motocicleta le  despejara  la  vía, por lo cual este pequeño vehículo, en el empeño de tomar  su  carril,  se les atravesó imprudentemente el citado camión, el cual no pudo  evitar  colisionar  con  la motocicleta y con sus llantas aplastó el cráneo de  Negrete  Ramos,  causándole  obviamente la muerte. Herrera Espitia abandonó el  camión y luego se presentó a la autoridad.   

          2.-  La  Fiscalía  23  de  Lorica  abrió  investigación (fl.3) e  indagó  al  nombrado conductor del camión (fls.11 y 12-1), quien corroboró lo  anterior,  precisando  que  la  motocicleta “zizageó” y cayó al pavimento.  Dice  que  conducía  aproximadamente  a  60  kilómetros por hora y que hace 20  años   conduce  automotores.  Igual  cosa  había  dicho  dos  días  antes  en  “declaración  jurada”  rendida  en  la  Inspección  Primera de Policía de  Montería (fl.17).   

          –  Se  practicó  inspección  judicial en los referidos vehículos  colisionantes:  el  camión  presentaba  los  golpes  por  el  lado derecho y la  motocicleta  por  el  lado  izquierdo.  Se  dejó  constancia del buen estado de  funcionamiento del camión (fl.16).   

          –  Tomas  Correa  Racero   y Luis Tapias Arévalo, los citados  ayudantes  del  camión, ratifican en todo lo dicho por Herrera Espitia (fls. 19  y 29).   

          –  En  el “Informe de accidente” (fls. 32 y 33), la Inspección  de  Tránsito de Lorica dice que la motocicleta se enganchó con el lado derecho  de  la  carrocería del camión y que ello ocurrió en el respectivo carril a la  derecha.  Anota  que  la  “causa del accidente” fue que la motocicleta   “adelantó cerrando” al camión (fl.33).   

          –  Se  aceptó  la  parte  civil  (fls.  46  y 69) y se escuchó en  declaración  al  joven  Edairo González Várgas (fl.56), quien dijo que como a  50  metros  observó que “él (el luego occiso) estaba parado en la moto en la  parte  de  abajo  de  la  entrada  de Tierra alta, él estaba en la orilla de la  carretera  y  el  carro  repartidor  de  gaseosas se lo llevó por delante…”  (fl.56), y añade que la vía “estaba libre”.   

          3.-  Luego  de  proferirse  auto  de detención contra el sindicado  (fls.60  a  62),  se  cerró  investigación  y  éste fue acusado por homicidio  culposo  (art.329 C.P.), providencia que quedó en firme el 3 de febrero de 1994  (fl.106).   

          4.-  El  Juzgado  Penal  del  Circuito de Lorica celebró audiencia  pública  (fls.119  y  ss.)  y  dictó  sentencia en agosto 9 de 1994 (fls.136 a  148),  mediante  la  cual  condenó  al  acusado  a  24  meses de prisión. Esta  sentencia  fue  apelada por el defensor del procesado y el Tribunal, mediante la  suya  que  recurre  en  casación  el  apoderado de la parte civil, la revocó y  absolvió a Herrera Espitia.   

         

          LA DEMANDA   

         El  apoderado de la parte civil acusa el fallo “de haber violado,  por  falta  de  aplicación,  los  artículos  254,  248  y 247 del C.P.P., este  último  por indebida aplicación y los demás citados como consecuencia de tres  errores de hecho manifiestos y ostensibles” (fl.36-2).   

         Anota  que  los testigos-ayudantes del camión son “parcializados  por  compañerismo  y  vínculo  laboral  con  el acusado” y que la “pruebas  técnicas  e  inspección  judicial”  revelan certeza sobre la responsabilidad  del acusado.   

         Como  “Segundo  error”  aduce que el “informe de accidente”  revela  que  el  conductor de la motocicleta tenía las llaves de la misma en la  mano,  lo que está demostrando que aquél, en el momento del impacto mortal, no  conducía     dicho     vehículo     sino    que    “estaba    estacionado”  (fl.37).   

         “Tercer  error”: el sentenciador “tampoco advirtió” que el  referido  “informe  de accidente” señaló las huellas de pintura de la moto  que  quedaron  en  el  camión  y  “una  huella dejada por los vehículos y el  cuerpo  del  conductor  de  la  moto  fuera  de  la  calzada en al zona verde”  (fl.cit.infra).   

         Agrega  que  dicho  documento  confirma  la  declaración del joven  Edairo  Enrique  González  y  también  las  mentiras dichas al respecto por el  procesado  y sus acompañantes. “Lo anterior indica -dice el casacionista- que  el  chofer  del  camión  al  observar  a  la  moto  estacionada  viró hacia la  izquierda  pero  se lo llevó con todo y moto y con la llanta trasera doble, por  lo  cual  la  pintura  azul  de  la  moto  quedó  impregnada  en  esa llanta”  (fl.38).   

         Cita   la   causal   primera  del  artículo  220  del  Código  de  Procedimiento   Penal   y  pide  a  la  Corte  casar  el  fallo  y  condenar  al  acusado.   

         Alegato de oposición a dicha demanda.   

         En  dicho  escrito  (fls.42  a  50-2)  el defensor del procesado se  opone  al  contenido  de  la  anterior  demanda e incluso “a que se tramite el  recurso  extraordinario y se declare desierto, toda vez que la demanda no reúne  los  requisitos para su admisibilidad” y, con ese propósito, da los iguientes  argumentos:   

         1.-  El  censor no menciona a la Fiscalía 23 como sujeto procesal,  desoyendo   lo   que   manda  al  respecto  el  artículo  225  del  Código  de  Porcedimiento Penal.   

         2.-  No  controvierte  las  razones del Tribunal ni dice qué yerro  cometió éste.   

        3.-  En  toda la demanda “el libelista en forma no genérica, no  propia  de  este  tipo  de  extraordinarios  recursos, realiza unas particulares  consideraciones  aisladas que constituyen su manera de ver los hechos sucedidos,  tipo  de alegaciones de instancia, pero no llamadas a prosperar en este clase de  recurso   como  por  más  de  cincuenta  años  lo  ha  reiterado  la  Corte”  (fl.45).   

        Cita  jurisprudencias  de  esta Sala al respecto y con apartes del  fallo  aquí recurrido demuestra al criterio que expuso el Tribunal precisamente  con relación a las inquietudes del casacionista.   

        Pide entonces que no se case el fallo.   

CONCEPTO DE LA PROCURADURIA  

        Dice  el  señor Procurador Primero Delegado en lo Penal que “la  censura  adolece  de evidentes errores técnicos que impiden su estudio de fondo  y,  por  tanto, las pretensiones del demandante no pueden ser acogidas” (fl.11  cdno. Corte).   

        Considera  que  el  censor  no  demuestra  que  el  Tribunal  haya  distorsionado  alguna  prueba  sino  que se limita a criticar la valoración que  hizo  de  ella,  “lo  que no es de recibo en casación” (fl.12). En apoyo de  “la  sana  crítica”  observada por el fallador, la Delegada cita apartes de  la sentencia impugnada y solicita no casarla.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

        1.-  En  cuanto  a  los “requisitos formales” de la demanda, a  los  cuales  alude  el  alegato  opositor  a  ésta, baste decir que ya la Corte  admitió  el  libelo,  y  si se lee la “síntesis de los hechos” que trae el  mismo  a  folios 34 y 35, se constata que el casacionista varias veces cita a la  Fiscalía  23  como  interviniente en este proceso, por lo cual resulta inane la  observación  que  hace el alegato referido de cara al artículo 255 del Código  de  Procedimiento  Penal,  en  el  sentido  de  que  el casacionista no menciona  “todos” los sujetos procesales.   

        2.-  Los  “sentidos  de  violación”  (falta  de  aplicación,  aplicación  indebida,  interpretación errónea) se refieren, como la misma ley  lo  dice  (art.220-1  C.P.P.)  a  la  “norma  sustancial”,  es  decir la que  describe  el  tipo penal por el cual fue acusado el procesado, norma que en este  caso  es  el  artículo 329 del Código Penal (que describe el homicidio culposo  objeto  de reproche). De ahí que, de entrada, yerre el censor al argüir que el  Tribunal  “inaplicó  y  aplicó  indebidamente”  (flagrante contradicción,  como  observó la Delegada) normas del Código de Procedimiento Penal que, en el  sentido visto, no son “sustanciales”.   

        Si  el  casacionista hubiera demostrado  los   yerros   que  le  endilga  al  fallo  atacado,  desembocaría,  en  los  referidos  artículos  254,  248  y  247 del Código de  Procedimiento  Penal,  normas éstas que fijan pautas  probatorias  y que, en este caso, habrían llevado a  la  Corte  a  casar el fallo y a condenar al procesado, conjurando así la falta  de aplicación del referido artículo 329 sustancial.   

        3.-  Pero  sí  tiene  sobrada  razón  dicho alegato opositor del  defensor,  en  cuanto  a  que  el  censor  no  demuestra  que  el  Tribunal haya  desconocido  o  inventado  alguna prueba o haya distorsionado ésta, modalidades  propias  del  yerro de hecho que invocó. En cambio, sí aparece demasiado claro  que  la  demanda  impugnatoria  encierra únicamente  apreciaciones  insulares  del actor frente a la razonada crítica que del acervo  probatorio   realizó   el   sentenciador.  Y  así  ciertamente  no  es  dable  alegar  en esta sede extraordinaria de casación. De  verdad  que, frente al libelo acusador, la Corte encara un típico “alegato de  instancia”  en  el  que  se  pretende sacar avante el criterio del demandante,  haciendo  éste  caso  omiso  de la doble presunción de acierto y veracidad que  cobija  al  fallo  recurrido, presunción que sólo puede destruirse demostrando  que  el mismo exhibe yerros de tan protuberante magnitud que tornan un imposible  jurídico    mantenerlo:    obvio   que   una   alegación   como   la  demanda  que  se  examina es enteramente inidónea para lograr  ese cometido (reparación del agravio).   

        No   obstante  esas  glosas,  las  siguientes  referencias  de  la  sentencia combatida avalan la legalidad y justeza de ésta:   

        –  Se  dice  allí  que  si  se  acoge  la  declaración de Edairo  González  Vargas  (base  de  la  sentencia  condenatoria de primera instancia),  “resulta  inconcebible el hecho de que estando la víctima situada en la berma  o  un  poco  más  allá  del  borde  la  carretera,  hubiese  sido  arrollada y  desplazada  junto  con  la  motocicleta  apenas a una corta distancia de la vía  -tal  como  consta  en  el croquis a folio 34 vto.-, cuando lo lógico y natural  hubiese  sido que, si se acepta la versión de Edairo Enrique González Várgas,  que  el  choque  desplazara a la víctima junto con la motocicleta varios metros  distantes  de  la  carretera, lo cual se explica por el desplazamiento e inercia  del  referido  automotor,  que impide su localización muy cerca del borde de la  vía,  no  sin  dejar de considerar que si se le da entero crédito al relato de  González  Vargas, consecuencialmente el carro conducido por el procesado debió  salirse  del  carril  por  donde  transitaba  para logar (sic) impactar sobre la  motocicleta,  y  habría  sido localizado (el camión) muchos metros fuera de la  carretera  y  no  en  el  lugar  de  que  da cuenta el croquis levantado en este  asunto.  Se  desestima  así  el  testimonio de Edairo Enrique González Várgas  para  efectos de considerar un comportamiento imprudente por parte del procesado  que  incidiera  en el accidente que produjo el deceso de Manuel Gregorio Negrete  Ramos (fls.11 y 12-2).   

        –  El  “informe  de  accidente”  denota  la  imprudencia de la  víctima  “al  aparcar  su  motocicleta  hacia el centro de la carretera en un  punto  distante 1.40 metros del borde de la calzada, lugar que no es el adecuado  ni  el  indicado  por los reglamentos de tránsito para hacer estacionamiento”  (fl.12).   

        –  Finalmente  la  inspección judicial practicada en el camión y  en  la  motocicleta,  confirma  la  credibilidad  que  merecen las versiones del  procesado  y  de  sus  dos  acompañantes: Pero es más -dijo el tribunal- “la  inspección  judicial  practicada  al camión pluricitado lejos de corroborar el  dicho  del  testigo  Edairo  Enrique  González  Vargas, más bien se encarga de  reafirmar   lo  expuesto  por  el  procesado  en  su  indagatoria,  que  aparece  corroborada,  como se dijo anteriormente, por los testimonios de Tomas de Aquino  Racero  y  Luis  Tapias  Gavalo,  si  se  tiene en cuenta que a través de dicha  prueba   se   pudo   establecer  que  al  camión  conducido  por  el  procesado  ‘se  le  constató una  abolladura  en  el  frontal  del  guardafango derechos, otra abolladura pequeña  parte  interior  mismo  guardafango…’  (fol.  16 Cuad. Orig.), guardando correspondencia de esta manera  con  el  dicho  de  los  citados  testigos en la medida en que declararon que el  interfecto  fue  arrollado  con la llanta delantera del lado derecho del camión  conducido por Enrique Manuel Herrera Espítia” (fl.13).   

        Por  lo  expuesto  la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación  Penal,  de  acuerdo  con  el  concepto  del  Ministerio  Público, administrando  justicia    en    nombre    de   la   República   y   por   autoridad   de   la  Ley,                

R E S U E L V E  

        NO  CASAR  la  sentencia impugnada. En  firme, devuélvase al Tribunal de origen.   

        Cópiese y cúmplase.   

JORGE    CORDOBA    POVEDA        

FERNANDO     E.     ARBOLEDA     RI  POLL              RICARDO   CALVETE   RANGEL                

CARLOS        A.        GALVEZ  ARGOTE                       JORGE A. GOMEZ GALLEGO   

EDGAR           LOMBANA  TRUJILLO                        CARLOS    E.    MEJIA    ESCOBAR                     

DIDIMO            PAEZ  VELANDIA                                NILSON  PINILLA  PINILLA                                                    

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *