10409b1

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 10409  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado ponente:   

                                Dr.     Carlos    Eduardo    Mejia  Escobar   

                            Aprobado Acta No.184   

Santafé de Bogotá D.C., noviembre diecinueve  (19) de mil novecientos noventa y nueve (1999).   

Vistos:  

Resolver el recurso de casación interpuesto  por  el  defensor  del procesado YEISSON ZULUAGA POLANIA contra la sentencia del  Tribunal  Nacional  de  septiembre  2  de 1994, mediante la cual se confirmó la  condena  a  10  años de prisión, multa de 10 salarios mínimos e interdicción  de   derechos   y   funciones   públicas   por   el  mismo  lapso  de  la  pena  principal,   que un Juez Regional de Medellín le impuso al mencionado como  coautor  de  la  conducta  de portar explosivos, descrita en el artículo 12 del  decreto 180 de 1988.   

Hechos e historia procesal:  

Eran aproximadamente las 9:30 de la noche del  12  de  febrero  de  1993  cuando  los   tripulantes   de  la patrulla  226    de   la   Policía   Nacional,  que  se  desplazaba  por  el  sector  de    Santa      Gema     en     Medellín,   notaron  la   presencia  de  dos  personas  en la  carrera  78   con   la  calle  33.   Intentaban  dar  fuego   a   un  paquete  que  llevaban consigo, el cual resultó  ser un   petardo  de  regular  poder   

explosivo a base de dinamita amoniacal con  90%  de pureza  y un peso total de 578 gramos.  El artefacto, además,  poseía  30  centímetros  de  mecha  lenta  y  un detonador ineléctrico con un  retardo  aproximado  de  la   activación  a  la explosión de 35 segundos,  según pericia de experto en explosivos (fl. 9 c.o.).   

Fueron  capturados  en  el acto los jóvenes  CARLOS  ARTURO  LONDOÑO  MARULANDA y YEISSON ZULUAGA POLANIA, contra quienes la  Fiscalía   Regional  de  Medellín,  luego  de  indagarlos,  dictó  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva el 22 de febrero de 1993,  por el  delito  de  “empleo  o  lanzamiento  de  sustancias  u  objetos  peligrosos”  (artículo  12,  decreto 180/88.  Adoptado como legislación permanente por  el  decreto  2266/91),  cuya  sanción  prevista  oscila  entre 10 y 20 años de  prisión.   

En  la resolución acusatoria dictada contra  los  procesados,  de  noviembre  23 de 1993, el instructor insistió en el   cargo,    precisando   la   conducta   imputada   al   hecho   de   portar     el    petardo    con    fines  terroristas.   Se  apartó  por  lo  tanto  de la propuesta del defensor de  YEISSON  ZULUAGA,  la  cual  básicamente  partía de aceptar que los implicados  llevaban  consigo  el  explosivo  pero  carecían  de  propósito  terrorista  y  concluía,  en consecuencia, que el comportamiento que les era atribuible debía  corresponder  al  descrito  en el artículo 2o. del decreto 3664 de 1986 y no al  deducido  por  la Fiscalía en la resolución de situación jurídica, reiterado  igualmente en la acusación.   

En el  juicio prosiguió el debate sobre  el  mismo  tema.   Los  defensores  en  los alegatos previos a la sentencia  insistieron  en  la  ausencia  de  prueba  sobre  el  fin terrorista y en que se  adecuara  la  conducta  al  artículo  2o.  del  decreto  3664 de 1986.  En  particular   el   abogado  que  ahora  recurre  en  casación  planteó  en  esa  oportunidad  que  el  conjunto probatorio no llevaba a la conclusión de que los  procesados  hubieran  pretendido  “lanzar”  el  artefacto contra la patrulla  policial  y  tampoco  mostraba  en  forma  fehaciente  que se tratara de un acto  terrorista,  como  para  estimar  violado  el  artículo  12  del decreto 180 de  1988.   

Primero el juez regional de Medellín y luego  el  Tribunal  Nacional, en las sentencias de primero y segundo grado, desecharon  la  tesis.  Condenaron por la misma conducta atribuida en la resolución de  acusación,   es   decir   la   de  portar  el  objeto  explosivo  con  fines  terroristas, lo cual en ningún  momento  se hizo consistir  en un fallido ataque a la patrulla policial que  produjo las capturas.   

Fundamentos del recurso:  

El planteamiento del censor es que los fallos  de   primera   y   segunda  instancia,  los  cuales  hacen  una  unidad,  aunque  reconocieron  la  existencia  de  una  duda  razonable  derivada de las pruebas,  referida  a  la intención de su defendido, omitieron resolverla a su favor. Con  ello  se  violó  directamente la ley sustancial (art. 247 y 445 C.P.P y 2° del  Decreto  3664/86  por  exclusión,  y  12  del  Decreto  180/88  por aplicación  indebida),  todo  ello  conforme  lo prevé el inciso 1° del artículo 220  del C.P.P.   

En desarrollo del cargo sostiene el libelista  que  mientras  que el agente de policía LUIS CONRADO SANCHEZ UPEGUI indicó que  cuando  los  procesados  notaron  la  presencia  de  la  patrulla “trataron de  deshacerse  de  la  dinamita”, sus compañeros MAURICIO ORTIZ SANTACRUZ y JOSE  HELION  GAITAN  GOMEZ  señalaron que “intentaban prender fuego” al elemento  explosivo.   Son  dichos  contrarios  que  revelan  duda “en relación al  factor  subjetivo,  traducido en la intención que tenían los procesados cuando  transportaban   o   llevaban   consigo   esa  dinamita”.   Y  esta  duda,  consistente  en  concreto  en  la ausencia de prueba fehaciente para afirmar que  simplemente  transportaban  el  elemento  o  que  pretendían lanzarlo contra la  patrulla  de la policía, según el recurrente reconocida  expresamente por  el  juzgador  de primera instancia y tácitamente por el Tribunal Nacional, hace  concluir  que los juzgadores, al estimar violado el artículo 12 del decreto 180  de  1988  y no el 2o. del decreto 3664 de 1986, omitieron resolverla a favor del  procesado,   inaplicando   por   lo  tanto  el  artículo  445  del  Código  de  Procedimiento  Penal y violando de paso el artículo 247 de la misma obra.   De  tal  forma,  es la conclusión del censor,  existió violación directa  de  la  ley  sustancial  por  falta  de aplicación del artículo 445 mencionado  (artículo   220,   numeral  1o.,  C.  de  P.P.)  y  solicita  a  la  Corte,  en  consecuencia,    casar    el    fallo    condenatorio    y    absolver    a   su  defendido.   

Concepto de la Procuraduría:  

El señor Procurador 2o. Delegado en lo Penal  advirtió  desde  el  comienzo  de  su  concepto  la existencia de una razón de  invalidación   de  la  sentencia,  no  alegada  por  el  recurrente  y  de  las  declarables  de  oficio,  a  la  cual  se  refirió  luego  de  cumplir  con  su  obligación  de  conceptuar  sobre  la  viabilidad  de  la demanda de casación,  siguiendo  en dicha forma el criterio de la Corte que en lo fundamental contiene  como  propósito el de evitar motivos que dilaten injustificadamente el trámite  del recurso extraordinario de casación.    

El  único  cargo  realizado a la sentencia,  violación  directa  de la ley, significa que para el impugnante, a pesar de que  el  Tribunal  Nacional  admitió  la  duda, su decisión fue condenatoria.   Pero  en  cuanto  el  actor  acudió  para demostrarlo a discutir la valoración  probatoria,  aspecto  que  junto con la realidad que declara el fallo no admiten  controversia  en  la  modalidad  de ataque escogido, incurrió en descuido en la  presentación técnica dada al reproche.   

“Siendo   ello   así   –puntualiza  el  Ministerio  Público–,  extraer del análisis apreciativo del Tribunal, como lo  hace  el  actor,  expresiones aisladas de la sentencia, tendientes a precisar la  no  existencia de una absoluta identidad en las declaraciones de los miembros de  la   policía   que  intervinieron  en  la  retención  de  los  procesados,  es  procedimiento  que  le  está vedado al recurrente, toda vez que este método lo  único   que   persigue   es   presentar   recortada   y   tendenciosamente  las  consideraciones  de  la  sentencia  en  torno  a dicha prueba, pretermitiendo lo  fundamental  y  básico,  que  además  es lo relievante en punto a dilucidar la  realidad  de  los  hechos,  esto es, que a pesar de dichas discrepancias , no se  acepta  de ningún modo a través de su mancomunado análisis, que obre la menor  dubitación  sobre  la  responsabilidad  de  aquellos  en  el  reato  que se les  imputa.   

“En efecto,  si se repasa el fallo de  primer  grado,  que se suma al de segunda instancia como una sola decisión, por  haberse  compartido  en  su  integridad  las  razones  que  lo  motivaron  y  la  resolución  finalmente  adoptada,  claramente  se  establece  cómo, en ningún  momento tuvo cabida para este juzgador la duda”.   

Sobre   dicha  sustentación  planteó  la  Procuraduría  la  improsperidad  de  la  censura,  no  obstante lo cual estimó  existente  en  el proceso una irregularidad sustancial lesiva del debido proceso  con  detrimento del derecho de defensa, que ameritaría la declaración oficiosa  de  nulidad,  en  desarrollo  de las facultades excepcionales que tiene la Corte  para   estos   casos,  según  lo  dispone  el  artículo  228  del  Código  de  Procedimiento  Penal.   La hizo consistir en el hecho de que los procesados  solicitaron  el  6  de  mayo  de  1993   “la celebración de la audiencia  especial  de que trata el artículo 37 (el original) del C.P.P.”, la Fiscalía  Regional  de  Medellín  dispuso  el  trámite  respectivo  ordenando remitir el  expediente  a  la oficina de reparto de los jueces regionales, se notificó esta  decisión  a  los  procesados,  y  la  diligencia en ningún momento se llevó a  efecto,  como  tampoco  la actuación legal correspondiente se cumplió. Con tal  omisión  de  diligenciamiento  de  un  excepcional  rito  procesal,  oportuna y  regularmente  solicitado  por  los imputados, se pretermitió un trámite legal,  conculcándose  el debido proceso y el derecho de defensa, en cuanto se restaron  a  los  procesados  las  posibilidades de obtener los beneficios derivados de la  terminación  anticipada  del  proceso,  por  lo  que  plantea  la  agencia  del  Ministerio  Público  a  la  Corte   que declare la nulidad de lo actuado a  partir,  inclusive,  de  la  resolución de 7 de octubre de 1993, por la cual se  declaró  cerrada  la  investigación,  a  fin  de hacer viable el trámite a la  petición de audiencia especial elevada por los procesados.   

Consideraciones de la Corte:  

          Cuestión previa:   

Es  cierto,  como  lo  señala el Procurador  Delegado,  que  el 6 de mayo de 1993, ya con detención preventiva en su contra,  los  procesados  solicitaron la celebración de audiencia especial. E igualmente  que  el  13  de  mayo  siguiente  el fiscal regional a cargo del proceso ordenó  remitirlo,  con la petición, al reparto de los juzgados regionales de Medellín  para  el trámite correspondiente, de lo cual fueron enterados los peticionarios  (fls. 61 al 63 c.o.).   

Salvo  lo anterior y una breve referencia en  el  alegato  previo  a la calificación sumarial del defensor de ZULUAGA POLANIA  (el  mismo abogado que presentó la demanda de casación), a una “audiencia de  pre-acuerdo”  con  la  Fiscalía (fl. 95 c.o.), no se cuenta con absolutamente  ninguna  información  adicional que dentro del expediente le señale a la Corte  lo  sucedido  con  la  petición de los procesados.  Todo  indica, sin  embargo,   que el proceso nunca fue remitido a los juzgados regionales para  la  realización  de la audiencia especial,  pero no por esa sola razón es  dable  concluir  que  se  cometió  una  irregularidad sustancial que afectó el  debido   proceso  y  que  deba  subsanarse  a  través  de  la  declaración  de  nulidad.      Existen     mejores     argumentos     para    sostener    lo  contrario.   

Resulta  sumamente significativo el absoluto  silencio  que  los  funcionarios judiciales que adelantaron el proceso guardaron  sobre  la  solicitud,  lo  mismo que el de los imputados y sus defensores.   Nadie  (salvo  la  corta  mención  a  la  “audiencia de pre-acuerdo” con la  Fiscalía  efectuada  por  el  defensor) volvió a referirse al tema.  Esto  lleva  a  deducir  de manera fundada que el fiscal y los procesados se reunieron  en  el  marco de las conversaciones previas a la audiencia especial ante el juez  regional,  no  reguladas legalmente pero introducidas en la práctica dentro del  concepto  de  pre-acuerdo,  sin  lograr  puntos importantes de coincidencia para  presentarle  al  juez.   Y  todo  parece  indicar  que en tales condiciones  desistieron   los   procesados  de  su  propósito  de  lograr  la  terminación  anticipada  del  proceso  y así las cosas no estimó el fiscal útil remitir el  expediente  al juez regional.  No de otra manera se explica que imputados y  defensores  no hayan vuelto a tocar el tema y sobre todo que éstos, en especial  el  casacionista,  en  ninguna parte hayan siquiera sugerido la conculcación de  un    derecho   a   los   procesados,   derivada   del   no   trámite   de   la  petición.   

Inclusive si se partiera del supuesto que la  Fiscalía  no  desarrolló  ninguna  acción  frente a la petición de audiencia  especial  sino  que  simplemente  la  ignoró  de  manera involuntaria,  la  nulidad  a  criterio  de la Corte no sobrevendría necesariamente. Una solicitud  de  esa  naturaleza  la  hace  un  procesado sobre el convencimiento de que va a  resultar  condenado,  de que su proceso acabará rápido y que obtendrá algunas  ventajas  en  la  cantidad  de la pena, pudiendo además lograr eventualmente la  condena  condicional,  por  lo  que resulta obvio que es él mismo el más   interesado   en   que   se   surta  el  trámite  correspondiente.   Su  no  insistencia,  por  lo tanto, conjugada con la indiferencia del defensor frente a  la  omisión judicial del procedimiento aparejado a la solicitud de la audiencia  especial   a   que   se  refería  el  artículo  37  original  del  Código  de  Procedimiento  Penal, traducidas en el hecho de seguir participando como si nada  en  las  fases  normales  del  proceso,  son actitudes que a criterio de la Sala  demuestran,   al   menos  para  el  caso  examinado,  una  renuncia  tácita  al  derecho.   Entonces en dichas condiciones no encuentra la Corte que se haya  vulnerado  principio o derecho alguno que lleve a acudir al mecanismo extremo de  la  nulidad,  por  lo  que   no  se casará de oficio la sentencia, como lo  planteó el señor agente del Ministerio Público.   

          Sobre la demanda de casación:   

Reiteradamente  la  Sala  ha  expresado  que  cuando  el  juzgador  renoce  la existencia de la duda y no obstante condena, se  manifiesta  una vulneración directa de la ley sustancial.  Por lo tanto la  alegación  en casación de esta causal  “implica para el censor el deber  de  aceptar,  sin  condiciones,  los  hechos tal y como los evaluó y valoró el  fallador,  al  paso  que  en  la  hipótesis  de  violación indirecta, es de su  esencia,  discutir la prueba, rechazando en forma total o parcial los hechos que  la      sentencia      declara      probados”.1   

El  cargo  de  violación  directa de la ley  sustancial  por  inaplicación  del  artículo  445 del Código de Procedimiento  Penal  le  imponía  al actor, en consecuencia, demostrar que en la sentencia de  manera  clara  y  evidente  se reconoció la existencia de una duda razonable en  cuanto  a  la  certeza  del hecho punible o la responsabilidad del procesado y a  pesar  de  ello  el Tribunal la resolvió en contra del procesado.  Pero no  fue así.    

Su  planteamiento  es que la violación tuvo  ocurrencia  por  cuanto  los  juzgadores  dudaron en las sentencias de primera y  segunda  instancia  en cuanto a si asistía o no el propósito terrorista en los  inculpados,  no  obstante  lo  cual  se decidieron por el tipo penal que exigía  dicha  finalidad,  esto  es,  el  artículo  12  del  decreto 180 de 1988.   Pretende   demostrar  que  así  sucedió  expresamente  en  el  caso  del  juez  regional,   aduciendo  simplemente   que  éste lo hizo al transcribir  apartes  de  la  declaración del policía LUIS CONRADO SANCHEZ, quien según el  censor  indicó “claramente” que los procesados, al notar la presencia de la  patrulla   “trataron   de   deshacerse   de   la  dinamita,  contrariando  las  declaraciones  de  los  agentes  MAURICIO  ORTIZ  SANTACRUZ y JOSE HELION GAITAN  GOMEZ,  quienes  señalan  que  los  procesados  intentaban  prender fuego a ese  elemento explosivo”.   

Un  examen  de  la  sentencia  de  primera  instancia,   inclusive   superficial,   deja   sin   piso   la  conclusión  del  recurrente.   Lo  que  hizo el juez regional fue otorgar credibilidad a los  policías  que  declararon,  quienes, dicho sea de paso, coincidieron en afirmar  que   notaron   algunas  chispas  que  salían  del  elemento  portado  por  los  procesados,  en  el  mismo  momento  que intentaban prenderlo, circunstancia que  paralelamente  quedó  enfatizada  con el peritazgo efectuado al petardo, según  el  cual  la  mecha  lenta  presentaba  en uno de sus extremos “…muestras de  innición, deflagración o quemadura…” (fl. 9 vto c.o.).   

Es verdad que el juez expresamente reconoció  la  existencia  de  duda pero lo hizo en relación con la posibilidad de que los  imputados  hayan  tenido  como finalidad atentar contra la patrulla policial que  los  capturó,  debido  a  que  las pruebas aportadas al proceso, en especial la  narración  de  los  policías con respecto a la actitud asumida por los autores  al  verse  sorprendidos, no conducía inequívocamente a demostrar que ese fuera  el  objetivo.    Fue  por  tal  razón  que la conducta por la cual se  acusó  y  condenó a los procesados no consistió en “lanzar” el explosivo,  sino  en portarlo con claros fines terroristas.  El juez se ocupó del tema  extensivamente  en  la sentencia, por lo que no se explica la Sala que el censor  plantee  que el funcionario haya reconocido algún tipo de duda en cuanto al fin  terrorista de la acción.   

En  igual  desacierto  incurre el impugnante  frente  a  la  sentencia  del  Tribunal Nacional, objeto del recurso.  Para  demostrar  la  violación  directa de la ley sustancial por falta de aplicación  del  artículo  445  del Código de Procedimiento Penal,  acude  a los  siguientes argumentos:   

“El Honorable Tribunal Nacional, aunque en  su  providencia  no  nos  dice expresamente que hay la duda en cuanto al aspecto  intencional de la conducta, tácitamente la está reconociendo.   

“En  el análisis de la prueba testimonial  del   agente   Luis   Conrado   Sánchez   Upegui,  se  lee:   ‘…excepto   en   lo   referente   al  comportamiento  de  los  retenidos  cuando observaron su presencia, toda vez que  afirman    que   trataron   de   deshacerse   de   la   dinamita,   dando  a  entender  que  su  propósito  no  fue  lanzarla contra la  patrulla…’   

“Más   adelante  el  fallo  de  segunda  instancia  apunta:  ‘Y  aunque  existe  cierta  discrepancia  entre  los  representantes  de  la  fuerza  pública   participantes   en   la   captura  de  los  procesados,  en  relación  con  la  actitud  asumida  por  estos  al  notar  su  presencia…’  “.    

De   las   frases  resaltadas,  según  el  casacionista,  emana  el reconocimiento de duda por parte del Tribunal en cuanto  al  propósito  terrorista,  cuando realmente, como puede verse en la sentencia,  lo  que dicha Corporación concluyó en forma contundente fue el evidente ánimo  terrorista  que  acompañó  a los procesados en la realización de la conducta.  (fl. 8 c. del Tribunal).   

La discrepancia de los policías en relación  con  la actitud de los imputados al verse sorprendidos, igual a como sucedió en  la  sentencia de primera instancia, llevó al Tribunal a considerar estructurada  la   conducta   de   “portar”  (y  no  “lanzar”)  explosivos  con  fines  terroristas,  pero  en  ningún  momento  a  dudar  sobre  la existencia de este  propósito,    como    inútilmente    pretende   hacerlo   creer   el   abogado  recurrente.   Basta una cita completa de la sentencia impugnada, no parcial  y acomodada como lo hizo el censor, para demostrar el aserto:   

   

“Y aunque existe cierta discrepancia entre  los  representantes  de  la  fuerza  pública participantes en la captura de los  procesados,  en  relación  con  la  actitud  asumida  por  éstos  al  notar su  presencia,  porque  mientras  Mauricio  Ortíz Santacruz y José Helión Gaitán  Gómez,  afirman  que  lanzaron el explosivo contra la patrulla, a su turno Luis  Conrado  Sánchez  Upegui,  indica  que  su  propósito fue el de deshacerse del  mismo,  esa  disparidad no desplaza la conducta del artículo 12 del decreto 180  de  1988,  porque  como  ya  se  apuntó,  está  demostrado  que los implicados  portaban  e intentaron hacer explotar la dinamita, luego la finalidad terrorista  es patente”. (fl. 9 c. del Tribunal).   

Es  evidente, entonces, que no es cierto que  se  haya  incurrido  en  la  sentencia  atacada  en la violación aducida por el  actor, por lo que se desecha el cargo.   

Por lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia  -Sala  de  Casación Penal-, administrando justicia en nombre de la República y  por autoridad de la ley,   

Resuelve:  

NO   CASAR   la  sentencia impugnada, ya señalada en su origen, fecha y naturaleza.   

cúmplase.  

JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                          JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

EDGAR    LOMBANA   TRUJILLO                                          MARIO MANTILLA NOUGUÉS   

CARLOS   E.   MEJÍA  ESCOBAR                                          ALVARO O. PÉREZ PINZÓN   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                          WHANDA FERNANDEZ LEON   

                                                                                                           Conjuez   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria    

1.  Corte  Suprema  de  Justicia.  Sentencia  de marzo 24/94. M.P. Dr. Jorge Enrique  Valencia Martínez.     

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