22640(23-08-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 22640  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 063.  

          Bogotá   D.C.,   agosto   veintitrés   (23)   de   dos  mil  cinco  (2005).   

VISTOS  

          Advertido  que  la  Sala  no  se  pronunció en forma conjunta en su  decisión  del  pasado  6  de  julio  en  relación  con la admisibilidad de las  demandas  presentadas  por  los  procesados  LUZ  DARY  y    ALEXANDER    OBANDO  TABORDA,  ocupándose  exclusivamente  de  la primera,  procede  mediante  esta decisión a lo propio respecto del libelo presentado por  la  defensora del segundo en mención, contra la sentencia del Tribunal Superior  de  Pereira  de fecha febrero 9 de 2004, por cuyo medio confirmó la dictada por  el  Juzgado  Promiscuo  del Circuito de La Virginia (Risaralda), que lo condenó  como  autor  material  del  delito  de  homicidio agravado en concurso con el de  porte ilegal de armas de fuego de defensa personal.   

  HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

          En  horas  de la mañana del día 25 de julio de 2002, en plena vía  pública  del  municipio  de  La  Virginia, Luis Ángel  Querubín  Gómez  fue objeto de agresión con arma de  fuego  por  parte  de  un  individuo  que  huyó inmediatamente del lugar de los  hechos.   A consecuencia del ataque, la víctima falleció. Se ha señalado  a  ALEXANDER OBANDO TABORDA de  haber   sido  el  autor  material  de  esta  conducta.   

         

          Con  fundamento  en  los sucesos anteriores, inicialmente se dispuso  la  apertura  de  investigación previa y, luego, se decretó la apertura formal  de instrucción.   

          En  desarrollo  de  la instrucción se vinculó, mediante diligencia  de  indagatoria, a ALEXANDER OBANDO TABORDA,  a  quien  se  resolvió  situación  jurídica  con  “medida  detencionaria”, como presunto  autor  responsable  de los delitos de homicidio agravado y porte ilegal de armas  de fuego de defensa personal.   

          Una   vez   cerrada   la   instrucción,  se  profirió  resolución  acusatoria  en  contra  del  procesado  como  presunto  autor responsable de los  mismos    delitos    por    los    cuales    se    le    profirió   medida   de  aseguramiento.   

En  contra  del  calificatorio, se interpuso  recurso  de  apelación  por  la  defensora  del sindicado, el cual resolvió la  Fiscalía  Delegada  ante el Tribunal Superior de Pereira, mediante proveído de  fecha febrero 6 de 2003, confirmando la decisión impugnada.   

          La  fase  de  la  causa  le  correspondió  adelantarla  al  Juzgado  Promiscuo  del Circuito de La Virginia, despacho que luego de surtir el trámite  legal  correspondiente,  profirió  fallo  el  21 de octubre siguiente, por cuyo  medio   condenó   al   procesado   ALEXANDER  OBANDO  TABORDA  a la pena principal de veinticinco (25) años  y  cinco  (5)  meses  de  prisión,  a  la  accesoria  de  inhabilitación en el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por el término de veinte (20)  años  y  al  pago  de  perjuicios  morales por la suma de 200 salarios mínimos  legales  mensuales,  al encontrarlo autor material de los delitos por los que se  le profirió resolución de acusación.   

          El  fallo de primer grado fue impugnado por la defensa del procesado  y  el  Tribunal  Superior  de  Pereira  lo  confirmó  el  9  de  febrero  9  de  2004.   

Contra   la   decisión  del  ad-quem     se     interpuso    recurso  extraordinario  de casación por la defensora de OBANDO  TABORDA,  el cual se sustentó mediante demanda, sobre  cuya admisibilidad se ocupa la Sala.    

LA DEMANDA  

          Un  cargo  con  sustento  legal  en  la  causal primera de casación  prevista  en  el  artículo 207 de la Ley 600 de 2000, por violación directa de  la  ley  sustancial,  se  formula  en  la demanda presentada por la defensora de  ALEXANDER       OBANDO       TABORDA.   

          Para  la actora, la sentencia recurrida transgrede los artículos 29  de  la  Constitución  Política,  7°  de  la Convención Americana de Derechos  Humanos  en  sus  numerales 2° ordinal g y 3°;  además de los artículos  7,  8,  280 y siguientes, 337, 232, 5, 238, 7, 234, 20  y 170 de la Ley 600  de 2000.              

          Por  razón de la vulneración de las anteriores normas, señala que  se  lesionaron  garantías fundamentales de estirpe constitucional y legal, como  el  debido proceso, previsto en la primera disposición en cita, al haberle dado  “categoría  de hecho indicador de responsabilidad a  la  circunstancia  que  se  presentó  al  inicio de la investigación, en donde  ALEXANDER,  quien  aún  no  estaba asistido por un defensor, estuvo averiguando  por  la  figura  de la sentencia anticipada”, aspecto  que  fue  valorado  por  el  juzgador como una confesión, erigiéndose así una  afrenta  a  sus  derechos  fundamentales, “sobre todo  porque   se   valora   como   prueba   dentro   del   cuerpo  probatorio  de  la  sentencia”.      

Adicional  a  lo  expuesto,  destaca  que se  violaron  los  principios  generales  de la prueba previstos en el artículo 232  del estatuto procesal penal.    

          Igualmente,  aduce que se desconoció el principio de igualdad a que  hace   referencia   el   artículo  5°  del  mismo  ordenamiento,  “pues   no  da  igual  tratamiento  a  la  valoración de las  pruebas”,  toda  vez  que a pesar de exhibir algunas  contradicciones  se  otorga  pleno  crédito  a  la declaración de Javier        de       Jesús       Cañas       Rendón, “quien   se  presenta  al  proceso  haciendo  un  relato  en  extremo  detallado  para  una  persona  corriente, que se encuentra dando la espalda a la  puerta  que  da  a  la  calle  en  donde  ocurrieron  los  hechos”.   

Se vulneraron los principios de apreciación  de  la  prueba,  contemplado  en  el  artículo  238,  presunción de inocencia,  previsto  en  el  7°,  e  imparcialidad  del  funcionario en la búsqueda de la  prueba  del  234,  todas  del  estatuto  procesal penal, pues fue con base en lo  declarado  por  dicho  testigo  que se obtuvo la captura del procesado, 28 días  después  de  los  hechos  “y  que  en diligencia de  reconocimiento   en   fila   de   personas   no   lo   reconoció”.   

Alude que también se violó el principio de  investigación  integral previsto en el artículo 20 y el de apreciación de las  pruebas  del  238,  ambos  del  mismo  ordenamiento  en  cita, al dársele pleno  crédito   a   lo  aseverado  por  Juan  Carlos  Ortiz  Romero,  de  quien  se  sabe es un testigo sospechoso,  pues  a más de que no estuvo en el lugar de los hechos, tenía enemistad con el  occiso,  a lo que se suma que el compañero de la hermana de su defendido había  declarado  en  contra de este deponente dentro de un proceso que se le siguió a  éste por el asalto a un granero en la región.   

Insiste,  en otro punto del reproche, que se  violó  el  principio  de  apreciación  de  las  pruebas  y  de  investigación  integral,  al  conferírsele  pleno  crédito  a  lo  atestado  por Felipe  Santiago Gil Leal, quien dijo haber  reconocido  al  procesado, pero en diligencia de inspección judicial, a la cual  no  asistió,  así  como  a  ninguna  otra  citación  en  el  proceso, se pudo  establecer que no era muy clara su visibilidad.   

Señala  que también se violó el principio  de  presunción  de  inocencia  por acusar al sindicado de mentir, desconociendo  que  es  principio  fundamental  de la diligencia de indagatoria, de conformidad  con  el  artículo  337  del  estatuto  procesal  penal,  no declarar contra sí  mismo.   

Por  último,  indica  que  se  conculcó el  principio   de   motivación  de  la  sentencia  del  artículo  170  del  mismo  ordenamiento,      al      no     conocerse     los     motivos     “específicos  y  concretos  por  los cuales se está agravando el  homicidio”,   de  acuerdo  con  las  circunstancias  previstas  en  el  artículo  104  del  estatuto  sustantivo  penal y por cuanto  “se  desconoce  porque  tipo  de  arma  o  sea  sus  características   es   que   se   está   sindicando  de  portar”.   

De  esa  manera,  solicita  se case el fallo  impugnado   “y   en   su   lugar   se   reforme  la  sentencia”.            

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          En  relación con los requisitos formales que debe reunir la demanda  por  cuyo medio se sustenta el recurso extraordinario de casación, prescribe la  Ley  600  de  2000  -vigente para la fecha de los hechos (25 de julio de 2002) y  para  el  momento en que se dictó el fallo objeto de impugnación (febrero 9 de  2004)-,   en  el  artículo  212,  numeral  3°  que  es  preciso  que  contenga  “ La enunciación de la causal y la formulación del  cargo,  indicando  en  forma clara y precisa sus fundamentos y las normas que el  demandante estime infringidas.   

          Por   su  parte,  en  el  numeral  4°  de  la  misma  disposición,  se    prevé  que  “Si  fueran  varios los  cargos, se sustentarán en capítulos separados”.   

          De  acuerdo  con  las  anteriores previsiones normativas, se infiere  que  de los distintos cargos contenidos en una demanda de casación es necesario  que  se  evidencie  claridad y precisión absoluta, lo cual implica a su vez que  esté  despojada totalmente de confusión e incertidumbre, que impida determinar  las   razones   o  motivos  que  se  invocan  en  procura  del  decaimiento  del  fallo.          

          Se  analizará más adelante que la demanda que concita la atención  de   la   Sala  carece  de  ese  ineludible  requisito,  lo  cual  determina  su  inadmisión.   Sin  embargo, por lo pronto es preciso destacar que no todas  las  normas  que  invoca  la  censora, en atención a la causal de casación que  selecciona  para  emprender  la única censura que edifica contra el fallo, esto  es,  la  primera  por  violación  directa de la ley sustancial, no revisten ese  carácter.   

En  efecto,  a  la  anterior  conclusión se  arriba  en tanto, según  lo ha reiterado la Sala, preceptivas como las que  consagran  los  principios  generales  de apreciación probatoria consagradas en  los  artículos  232,  234  y  238 de la Ley 600 de 2000, que cita la demandante  como  normas  de  estirpe  sustancial,  no  tienen  esa  connotación,  por  ser  precisamente  normas que se ocupan de establecer meros criterios de apreciación  de  las probranzas.  En consecuencia, tal situación constituye una primera  incorrección         técnica        del        libelo        sometido        a  consideración.                  

Además  de  lo  anterior, también llama la  atención  que  refiera  algunas  disposiciones en la parte inicial, respecto de  las  cuales no efectúa ningún desarrollo en la demostración ulterior, de modo  que su referencia no pasa de ser meramente enunciativa.   

Tal situación se evidencia en relación con  el  artículo  8°  de  la  Ley 600 de 2000, concerniente al derecho de defensa,  cuya  única glosa en el libelo apunta a señalar que cuando el procesado estuvo  averiguando  por la investigación en su contra “aún  no  estaba siendo asistido por un defensor”, lo cual,  ciertamente,  no  se  puede  tomar  como una demostración consecuente con dicha  garantía.   

Otro tanto ocurre con el denominado principio  de  investigación  integral  del artículo 20 del estatuto procesal penal, toda  vez  que  al  momento  de  abordarlo  en  la demostración (numerales 5 y 6), se  dedica  a  cuestionar el crédito probatorio que se le otorgó a los testimonios  de   Juan  Carlos  Ortiz  y  Felipe Santiago Gil Leal, sin  que  se  aproxime  a  su  verdadera  esencia,  en  cuyo  caso;  además, se  generaría   un   error   in  procedendo  con  efectos  nocivos  para  la  actuación,  desde el momento de su  producción.                    

Ahora  bien,  como  se  había señalado con  antelación,  es  evidente  que  la  propuesta contenida en el único reparo del  libelo  no  satisface  el  requisito  formal  de  “claridad y precisión” de  sus   fundamentos,  a que refiere el aludido artículo 212 de la Ley 600 de  2000.    

Ciertamente,   fácil  se  colige  que  la  casacionista  en  el  único reproche que propone incluyó diversos aspectos que  no  sólo  no  tienen ninguna relación con la causal que eligió para atacar el  fallo,  sino  que,  adicionalmente,  ha  debido  plantear  en  forma separada de  acuerdo  con el numeral 4° de la norma citada, para sólo de ese modo facilitar  su comprensión.   

De acuerdo con los principios que regulan el  recurso   extraordinario  de  casación,  en  procura  de  conjurar  confusiones  argumentativas  y  conceptuales  que  puedan  entorpecer  el entendimiento de la  propuesta,  y  en  especial  cuando se trata de asuntos que tienen fundamento en  diversas  causales  de  casación, las censuras deben ser abordadas por separado  (principio  de  autonomía)  y, en el caso de que sean excluyentes (principio de  no  contradicción), no es suficiente con ello, puesto que igualmente es preciso  indicar  cuáles  son  las  subsidiarias,  en  atención a su cobertura procesal  (principio de prioridad).   

En la demanda que se somete consideración de  la  Sala,  es claro que no se cumplen los principios aludidos en consonancia con  la  norma  que  atañe a los presupuestos formales que debe reunir la demandada,  en  la  medida  en  que  se invoca para emprender el ataque la causal primera de  casación,  por  violación  directa de la ley sustancial;  sin embargo, en  su  interior  se involucran diferentes tópicos incompatibles entre sí, pues en  forma  simultánea  se  atribuye  al  fallador  errores en la apreciación de la  prueba  y vulneración de los  principios  de  investigación integral, igualdad, presunción de inocencia y la  obligación  de  motivar  la sentencia, los cuales, dada su notoria disimilitud,  ha    debido    postular    en    forma    independiente,    estableciendo    su  incidencia.                  

Tales  temas,  vistos  de manera aislada, no  guardan  relación  conceptual,  ni tienen los mismos efectos, por lo que le era  imperativo  desarrollarlos  en  forma  separada,  a  fin  de  evitar los efectos  nocivos a que se ha hecho alusión.     

Efectivamente, cuando la casacionista refiere  a  la  violación  de  las  garantías  del  derecho  de defensa, investigación  integral  y  motivación  del  fallo,  ha  debido  considerar que tales defectos  entrañan  vicios  que  afectan  la  actuación  procesal, o yerros in   procedendo,  cuya  única  forma  de  enmienda  es  a través de la  declaratoria   de   invalidez  a  partir  del  momento  en  que  se  generó  la  irregularidad  y,  en sede de casación, invocando la causal tercera. En sentido  contrario,  los  errores  de  juicio  o  in  iudicando  inherentes  a  la causal que eligió para emprender el  ataque  y a los supuestos  vicios de apreciación probatoria que desarrolla  en  la  mayor  parte  de  la  censura,  no  comportan invalidez de la actuación  procesal  y  obligan,  en  caso  de verificarse, al proferimiento de un fallo de  reemplazo.   

Por  otro  lado, oportuno se ofrece reiterar  que  ninguna  de  las  propuestas  que se postulan dentro del reproche encuentra  acogida  en  la  causal  que  seleccionó,  pues  en su mayor parte, so pretexto  incluso  de  vulneración  de  garantías (principio de investigación integral,  presunción  de inocencia e igualdad), la censora se circunscribió a cuestionar  el mérito probatorio otorgado a algunas pruebas.   

Así,  no  tuvo  en  cuenta  que  cuando  de  desarrollar  violación  directa  de la ley sustancial, como en forma insistente  lo  ha  manifestado  esta  Corporación,  el actor está obligado a respetar los  fundamentos  fácticos y probatorios de la decisión impugnada con el fin de que  concentre  su  atención exclusivamente en el error de juicio que recae sobre la  norma  sustancial, pues en caso de que pretenda ventilar discusiones en derredor  de  la  apreciación  de la prueba, para ello cuenta con el segundo motivo de la  causal    primera,    es    decir,   la   violación   indirecta   de   la   ley  sustancial.   

Como si lo anterior fuera poco, se suma a los  defectos  anteriores  que  la  crítica  elaborada  por  la  casacionista  a  la  apreciación  de  los  medios de prueba, parte de su estricto criterio personal,  actitud  que  no  compagina  con las alternativas existentes en el ámbito de la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  para demostrar la ilegalidad del  fallo  (errores  de  hecho  o  de  derecho,  por  falsos  juicios de existencia,  identidad,  raciocinio, legalidad o convicción).  Dicho criterio subjetivo  sobre  la apreciación de las pruebas, por cierto, no cuenta con la entidad para  derruir  el  fallo,  atendido  el  hecho  de  que  éste  viene precedido de las  presunciones  de  legalidad  y  acierto,  a  lo  que  se  suma  que  ese tipo de  discusión    sólo    es   admisible   en   las   instancias   ordinarias   del  proceso.      

Las múltiples falencias advertidas conducen  inexorablemente  a  que  se proceda de conformidad con el efecto señalado en el  artículo  213  de  la Ley 600 de 2000, en el sentido de inadmitir la demanda de  casación  presentada  por  la  defensora  de ALEXANDER  OBANDO  TABORDA y, en consecuencia, a  devolver el  expediente  al  despacho  de  origen.    

Finalmente,  es preciso señalar que la Sala  no   advierte   vulneración   de  garantías  fundamentales  que  determine  su  intervención  oficiosa en procura de conjurar esa situación.      

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  interpuesta  por  la  defensora  de  ALEXANDER  OBANDO  TABORDA,  por  las  razones consignadas en la anterior  motivación.   

          Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase,  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                 HERMAN      GALÁN  CASTELLANOS   

ALFREDO    GÓMEZ   QUINTERO                        ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ PINZÓN           JORGE LUIS  QUINTERO MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

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