22226(08-06-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 22226  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado  Ponente   

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N°  045  

Bogotá. D. C., ocho (8) de junio de dos mil  cinco (2005).   

V    I   S   T   O  S   

Resuelve  la  Corte  la  admisibilidad de la  demanda    de    casación    presentada    por    la   procesada   NELYDA RUBY RIVERA GÓMEZ.   

ANTECEDENTES   

1.-   Los  hechos  que  motivaron  el  presente   diligenciamiento,   fueron  resumidos  por  el  juzgador  de  segunda  instancia, así:   

“…se suscitaron dentro de la sucesión de  Serafín  Rivera Enciso y Carmen Julia Gómez, adelantada por Nelyda Ruby Rivera  Gómez,  en  virtud al acuerdo suscrito el día tres de marzo de mil novecientos  noventa  y  dos,  con  sus  hermanos  María  Alcira, Nohora Ligia, Mery, Leonel  Enrique,  Carlos Alfonso, Oscar Ovidio y Germán Rivera Gómez; para repartir el  precio  total  de  la  venta  de  los bienes en partes iguales, toda vez que los  pasivos  en la herencia y honorarios serían cancelados a prorrata. Sin embargo,  ésta  argumentando  un  pasivo  por  valor de $400.000.000,oo a su favor le fue  adjudicado  el  inmueble  ubicado  en  la  calle  36  sur  N° 74B -–36 de esta ciudad en sentencia del 8 de  marzo  de  1993 proferida por el Juzgado 17 de Familia. Por este motivo, los dos  últimos  arriba  citados,  procedieron  a  denunciar  a  su  hermana  ante  las  autoridades respectivas”.   

2.-  La Fiscalía 298 ante los juzgados  penales  del circuito mediante resolución del 5 de noviembre de 1999, calificó  el  mérito  del  sumario  con  preclusión  de  la  investigación  a  favor de  Nelyda    Ruby    Rivera    Gómez.    Apelada  esta  decisión  la  Unidad de Fiscalías Delegada ante los  Tribunales  Superiores  de  Bogotá  y  Cundinamarca,  el 17 de julio de 2001 lo  revocó  y,  en su lugar, la acusó por los delitos de infidelidad a los deberes  profesionales, fraude procesal y estafa.   

3.-  El  Juzgado  Cuarenta y Cinco Penal del  Circuito  de  Bogotá,  luego de declarar extinguida la acción penal por razón  de  la  prescripción  por  las  conductas punibles de infidelidad a los deberes  profesionales   y   fraude  procesal,  el  20  de  marzo  de  2003,  condenó  a  Nelyda  Ruby  Rivera Gómez a  las  penas  principales  de  18  meses  de  prisión  y  multa  de $1000 y a las  accesorias  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  e  inhabilitación  para  el ejercicio de la profesión como abogada,  como autora del delito de estafa.   

Apelado el fallo por la defensa, el Tribunal  Superior Bogotá, el 22 de septiembre de 2003, lo confirmó.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

La  procesada  Nelyda  Ruby  Rivera  Gómez,  actuando  en nombre propio, presenta dos cargos contra la sentencia del Tribunal  cuyos argumentos se sintetizan de la siguiente manera:   

Primer cargo  

Acusa al Tribunal de haber dictado sentencia  en un juicio viciado de nulidad.   

En   lo   que   llamó   “DEMOSTRACIÓN  DE  LA  VIOLACIÓN”, luego  de  citar  los  artículos 121 y 234 de la Constitución Política, anota que la  administración   de   justicia   es   una   función   pública  y  quienes  la  “ejercen se hallan investidos por razón de su cargo  de jurisdicción y competencia”.   

A  continuación  pasa  a  referirse  a  la  competencia  de  la Corte y a su concepto. Añade que el proceso que cursa en su  contra  se  inició  con base en la denuncia que formuló el señor Oscar Ovidio  Rivera  Gómez,  “en la que afirmó que la apoderada  dentro  del  proceso sucesoral de los padres legítimos, NELYDA RUBY RIVERA  GÓMEZ,    había    hecho   aparecer   una   deuda   inexistente…”.   

Acota  que el Tribunal confirmó el fallo de  condena,  “sin  tener en cuenta que se trataba de un  asunto  que  no  es  de  COMPETENCIA  de  la  rama  penal,  puesto que cualquier  controversia  sobre  la  adjudicación  de  bienes  corresponde por disposición  legal a la jurisdicción de familia”.   

Cita  el artículo 26 de la Ley 446 del 7 de  julio  de  1998  y  dice  que cuando se inició el proceso penal “preexistía  la  normatividad establecida en el Decreto 2272 de 1989  (octubre  7)  dictado  con fundamento en las facultades conferidas por la Ley 30  de  1987 y mediante el cual se organizó la jurisdicción de familia”.   

Dice que el artículo 29 de la Constitución  Política  consagra el postulado del debido proceso, en donde está la garantía  de  la competencia. A continuación cita una decisión de la Sala y sostiene que  el  Tribunal  Superior de Bogotá al confirmar la sentencia del juzgado 45 Penal  del  Circuito  de  Bogotá,  desconoció  la  anterior normativa, tal como lo ha  venido afirmando.   

En  esas  condiciones,  solicita  a la Corte  declarar  la  nulidad  de  todo  lo  actuado  por  falta  de  competencia  y, en  consecuencia,    se    ordene   “el   archivo   del  expediente”.   

Segundo cargo  

Acusa  al  sentenciador  de  haber  dictado  sentencia  en  un  juicio  viciado  de  nulidad,  por  falta  de competencia del  funcionario al confirmar la sentencia condenatoria.   

Luego  de  copiar  el  artículo  29  de  la  Constitución     Política,     en    lo    que    denominó    “DEMOSTRACIÓN          DE          LA         VIOLACIÓN”,  insiste  que la investigación penal  tuvo  como  génesis  la  actuación  que cursó en la sucesión intestada   “  o  abintestato  de quienes en vida respondieron a  los  nombres  de  Serafín  Rivera  Enciso  y  Carmen  Julia  Gómez  de Rivera,  tramitado  ante  el  Juzgado  17  de  Familia  de  Bogotá, el cual terminó con  sentencia de adjudicación de bienes”.   

Manifiesta  que  el  Tribunal  de  Bogotá  confirmó   el   fallo   de  primera  instancia  sin  atender  la  petición  de  prescripción,  “tal  como  ya  lo  había  hecho el  funcionario   de   conocimiento   y   para  ello  consideró  que  el  fenómeno  prescriptivo  no se había presentado, porque la norma aplicable era la derogada  y  vigente  para  la época de los hechos y no la norma posterior…”.   

Así,  estima  que  el  Tribunal  de Bogotá  vulneró  el  artículo  29  de  la  Constitución  Política, en lo atinente al  principio de favorabilidad.   

Por lo expuesto, solicita a la Corte casar la  sentencia  impugnada  y,  en  su  lugar,  declarar las nulidades “constitucionales    existentes    y    ordenar    el   archivo   del  expediente”.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

1.   Como   lo   ha  dicho  la  Corte,  la  incompetencia  del  juez  constituye  causal  para  declarar  la  nulidad  de la  actuación  por  violación  del debido proceso. No obstante, la debida técnica  que  rige al recurso extraordinario de casación exige que si bien la censura se  debe  fundar  con  apego  en la causal tercera de casación, de todos modos debe  ser fundamentada con la lógica de la primera.   

En esas condiciones, para efecto de poner en  evidencia  el  yerro  y  su  trascendencia, no basta argumentar, como lo hizo la  casacionista,  que  como el proceso penal tuvo origen en uno de la jurisdicción  de  familia,  por  tratarse  de  adjudicación de bienes, ésta era la llamada a  conocer  del  asunto  y  no  la justicia ordinaria, motivo por el cual debe  declararse  la nulidad y archivarse el expediente, pues este tipo de alegatos es  propio de la instancias y no del recurso de casación.   

Frente  a  este punto, recuérdese que quien  acude  a  este recurso extraordinario, luego de postular el cargo de acuerdo con  la  causal tercera, debe partir de determinar, desde la perspectiva de la causal  primera,  si  la violación de la ley sustancial ocasionada por el yerro hallado  en la sentencia se produjo de modo directo o por la vía indirecta.   

Por  consiguiente,  si  se  inclina  por  la  violación  directa  debe  relacionar  las  normas  que  el sentenciador aplicó  indebidamente,   las   que   omitió   aplicar   y/o  aquellas  que  interpretó  erróneamente   por   otorgarle   un   sentido  o  un  alcance  equivocado,  sin  controvertir  las  pruebas  o  los  hechos  tal  como  fueron  apreciados  en el  fallo.   

Si  se inclina por la segunda, esto es,  la  violación  indirecta,  también  constituye  una carga para el casacionista  señalar  la  clase  del  error (de hecho o de derecho) y el falso juicio que lo  determinó  (de  identidad,  existencia, raciocinio, legalidad o de convicción)  cometidos en la actividad probatoria.   

Cumplido  con lo anterior, le corresponde al  censor  demostrar  la  trascendencia  del  yerro,  esto  es, cómo de no haberse  cometido    necesariamente    el    fallo   habría   sido   favorable   a   sus  intereses.   

Finalmente,  no  sobra recordar la sentencia  del  14  de  enero  del 2002, en la que la Sala sostuvo sobre la manera de cómo  debe alegarse la falta de competencia en sede de casación:   

“En este evento,  si  bien  el  casacionista  se  acoge  a  la  causal  prevista para denunciar la  configuración  de  un motivo de nulidad derivado de la falta de competencia del  juzgador,  el  desarrollo que imprime a la censura no resulta ser acertado, pues  se  deja  de  considerar  que  a  esta  clase de desacierto se llega por haberse  incurrido  en  vicios  in  iudicando,  es  decir, en el acto mismo de juzgar sea  indirectamente  por  incurrir  en  errores  en  el  plano  del  puro  raciocinio  jurídico  que determinaron la falta de aplicación, la exclusión evidente o la  interpretación  errónea  de  disposiciones  del  derecho sustancial, y por tal  vía,  de  aquellas  que  establecen  la  competencia  del  juzgador,  o de modo  indirecto a través de la errada apreciación probatoria.   

“Sobre la forma como su demostración debe  asumirse,  la jurisprudencia tiene establecido que la censura por este motivo de  casación  es  de fundamentación mixta, puesto que debe formularse al amparo de  la  causal tercera pero desarrollarse siguiendo los lineamientos técnicos de la  primera,  optando  por  una de las dos vías establecidas para ella. Si opta por  la  vía  directa  es  deber  indicar  las disposiciones que el juzgador aplicó  indebidamente  y de las que correlativamente dejó de aplicar, o aquellas en las  que  se  equivocó  en  fijar su contenido o alcance y las razones jurídicas de  este  desacierto,  sin  que  por  dicha  vía resulte procedente controvertir la  apreciación  probatoria.  Si  la transgresión de la ley se originó en errores  de  apreciación  probatoria,  es  deber  concretar  cada  uno  de  ellos, si de  existencia,  identidad,  legalidad o convicción, y demostrar su trascendencia o  incidencia  en  la violación de la ley y, por ende, la falta de competencia del  órgano  jurisdicente  con  compromiso  de  la  validez  del  juicio1.   

2.  Como se anunció, la casacionista no  cumplió   con   ninguna   de  los  anteriores  parámetros,  toda  vez  que  la  argumentación  la  centró  en  emitir  personales  opiniones en torno al tema.  Veamos:   

En  lo  relacionado  con el primer cargo, la  labor  demostrativa  de la censura la hizo consistir en sostener que como quiera  que  el  proceso tuvo como génesis un proceso de sucesión, la jurisdicción de  familia  era  la  llamada   a  resolver  la  existencia o no de la conducta  punible,  máxime cuando  la controversia recaía sobre la adjudicación de  bienes,  sin  que en modo alguno indicara si la transgresión de la ley fue como  consecuencia  de  la errada apreciación de las pruebas o en la elaboración del  correspondiente juicio de derecho.   

Igual aconteció con el segundo cargo, habida  cuenta  que el discurso argumentativo estuvo dirigido a ratificar los anteriores  planteamientos  y  a demandar la aplicación del principio de favorabilidad, sin  que  tampoco  evidencie  la naturaleza del yerro y su trascendencia frente a las  conclusiones adoptadas en el fallo.   

En    consecuencia,    la   demanda   se  inadmitirá.   

Finalmente,  cabe  señalar  que  el estudio  detenido  del  expediente  permite  a  la  Sala concluir  que no procede la  casación  oficiosa  por  cuanto  no  se  percibe  ninguna  causal de nulidad ni  vulneración de derechos fundamentales.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

         

R E S U E L V E  

INADMITIR   la  demanda    de    casación    presentada    por    la   procesada   NELYDA  RUBY  RIVERA  GÓMEZ. En  consecuencia,  se declara desierto el recurso extraordinario de  casación interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

Comuníquese y cúmplase.  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                          HERMAN GALÁN CASTELLANOS   

ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO                                   EDGAR   LOMBANA  TRUJILLO                       

         Comisión de servicio   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN           JORGE  LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS                                   MAURO   SOLARTE  PORTILLA   

                   TERESA    RUÍZ  NÚÑEZ   

                     Secretaria     

1  M.  P.  Dr.  Fernando  E.  Arboleda  Ripoll. Rad  11525.     

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