22113(15-04-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  22113   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO  PONENTE   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

APROBADO ACTA No. 33  

Bogotá,  D. C., quince (15) de abril del dos  mil cuatro (2004).   

VISTOS  

          Decide  la  Sala  si  es procedente admitir la demanda de casación  presentada  por  el  defensor  de  JAIME DELGADO BUENO  contra la sentencia dictada el 14 de octubre del 2003  por el Tribunal Superior de Bucaramanga.   

HECHOS Y ACTUACIÓN  PROCESAL  

          El  17  de  abril de 1997, Sonia Villabona Chacón le entregó a su  contador  JAIME DELGADO BUENO  un  cheque  por  la suma de $ 131.187.187 para cancelar el valor correspondiente  al  impuesto  de  renta  por el año de 1996. Un reclamo posterior de la señora  Villabona  permitió  establecer  que el adhesivo de la copia del formulario que  DELGADO   le   devolvió  correspondía  a  una  declaración presentada por Mary Cote Suescún, reportada  sin pago y con sello falsificado.   

          Se  supo  así  que  el  mismo  día, Jorge Eliécer González Luna  había  abierto  una  cuenta de ahorros a nombre de Tractorar de Colombia, de la  que  era  representante  legal  suplente, por igual valor al del cheque recibido  por  DELGADO BUENO, cuenta de  la que alcanzó a retirar la suma de $ 105.500.000.   

         

          El  4  de mayo de 1999, un fiscal seccional de Bucaramanga formuló  resolución  acusatoria  contra  JORGE  ELIÉCER  GONZÁLEZ  LUNA y JAIME  DELGADO  BUENO  por los delitos de  hurto  agravado  y falsedad en documento privado, ilícitos por los que el 29 de  noviembre  del  2001 fueron condenados por el Juzgado Décimo Penal del Circuito  de la misma ciudad a 48 y 54 meses de prisión, en su orden.   

          La   sentencia,   impugnada   por   el   defensor  de  DELGADO   BUENO,  fue  confirmada  en  su  integridad  por  el  Tribunal  Superior  de Bucaramanga mediante fallo del 14 de  octubre del 2003.   

LA DEMANDA  

          Con  apoyo  en  la  causal primera, cuerpo segundo, el defensor del  señor    DELGADO   BUENO  presentó  demanda de casación contra la sentencia de segunda instancia, porque  en  su  criterio  violó  de  manera indirecta la ley sustancial por incurrir el  fallador  en  errores de hecho por falso juicio de identidad, apreciación falsa  en   relación   con   la   existencia   material   de  la  prueba  y  falta  de  apreciación.   

          En  su  propósito de fundamentar el cargo, afirma que la sentencia  impugnada  se  basó  especialmente  en los testimonios de Sonia Villabona, Luis  Orduz  y  Martha  Janeth  Villamizar.  Sin  embargo,  en  la apreciación de las  pruebas se cometieron los siguientes errores de hecho:   

          1.  Falso  juicio  de identidad, porque para el Tribunal i) el pago  de  $ 10.000.000 como abono al impuesto generado por la declaración de renta de  la  señora  Villabona se hizo con el ánimo de ganar tiempo para apropiarse del  dinero,  lo  que  en  realidad  resulta  inocuo  porque la DIAN fija unas fechas  posteriores  para  realizar  los  pagos;  y,  ii)  la  solicitud de DELGADO  que  el cheque se girara a favor  del  banco  era  un  medio para facilitar su apropiación, cuando en realidad el  fin  de  la  restricción es todo lo contrario. Lo inexplicable, dice, es que el  banco  permitiera  que  un cheque expedido a su favor fuera a parar a una cuenta  privada   y   de   ella  se  hubiese  podido  retirar  una  suma  superior  a  $  100.000.000.   

          2.   Falta  de  apreciación  de  pruebas  que  fueron  oportuna  y  legalmente   aportadas:   i)   la  precaria  situación  económica  del  señor  DELGADO  BUENO a partir del  problema  que se le generara con esta investigación, y ii) la falsificación de  las    firmas    de    Sonia    Villabona   y   JAIME  DELGADO  que  aparecen  en  la declaración de renta,  pues  no  se explica que si éste pretendía apropiarse del dinero apareciera en  la  DIAN una declaración por los mismos valores, cuando en todo caso el cliente  se  enteraría  que  no  se  había  cancelado.  Sería  estúpido,  afirma, que  DELGADO    lo   hubiera  hecho.   

Estas pruebas, de haber sido apreciadas por  el  fallador,  lo  hubieran llevado a pensar que el procesado era inocente, pero  pesaron     más     las    que    para    él    constituían    indicios    de  culpabilidad.   

3.  Apreciación  falsa  respecto  de  la  existencia  material  de  la prueba, porque para el Ad  quem  se  presentó  división  del trabajo entre los  coprocesados,  no obstante que no aparece prueba de que se conocieran. Entonces,  se supuso un hecho no probado.   

Por  último,  después  de  explicar  la  relación   que   existe   entre   el  in  dubio  pro  reo  y  la  presunción  de  inocencia,  reclama  el  demandante  que el Tribunal no hubiese aplicado el artículo 7º. del Código de  Procedimiento  Penal  y  no  resolviera  la  duda  a  favor  del procesado, cuya  culpabilidad presumió.   

Concluye que se debe casar la sentencia y en  su lugar dictar otra de carácter absolutorio.   

CONSIDERACIONES  

          De  acuerdo  con lo dispuesto por el numeral 3º. del artículo 212  del  Código de Procedimiento Penal, la demanda de casación deberá contener la  enunciación  de la causal y la formulación del cargo, indicando en forma clara  y   precisa   sus   fundamentos   y   las   normas   que  el  demandante  estime  infringidas.   

          Enunciar  el  motivo  de  casación, plantear la acusación y luego  desarrollarla,  son  tareas  que  debe  cumplir el actor de manera coherente, en  forma  tal  que  cada  una se corresponda con la otra. El fundamento consistirá  tanto  en  la  demostración  del cargo como de la trascendencia del yerro en el  sentido  de  la  decisión  o,  lo  que  es  lo  mismo, en la expresión clara y  concreta  de  cómo  el  juzgador proveyó en una forma determinada precisamente  debido al error en que incurrió.   

          Así,  cuando  se  invoca  la  causal  primera,  cuerpo segundo, es  decir,   la   violación   indirecta   de   la   ley   sustancial   –que  fue precisamente la seleccionada  por  el  demandante  en  este caso-, el actor debe concretar el ataque indicando  con  precisión  el  reproche  que  le  hace  al fallador por el yerro que en la  valoración de la prueba hubiere cometido.   

Si   se   trata   de   un   error  de  hecho,  le compete indicar la  modalidad  y  especie  del  mismo,  esto  es,  si  el  dislate  se  produjo  por  falso  juicio  de identidad  porque  tergiversó,  distorsionó  o  desfiguró el hecho que revela la prueba,  bien  porque  le  quita  una  parte,  se  la agrega o lo sectoriza o divide; por  falso  juicio de existencia  porque    ignoró    una    prueba    válidamente    recaudada    (falta  de apreciación de la prueba) o la  supuso,  pues en realidad no obra en el proceso (falsa  apreciación   de  la  prueba);  o  por  falso  raciocinio, que se presenta cuando  el  juez realiza una inexacta observación de los elementos de la sana crítica,  que  lo lleva a contrariar las reglas de la experiencia, las leyes de la ciencia  o los principios de la lógica.    

          Si  el  error  es  de  derecho,  debe  señalar  si  se produjo por  falso  juicio de legalidad,  bien    por    interpretación    falsa,  que ocurre cuando le da a la prueba un valor distinto del que le  asigna  la  ley, ya por apreciación falsa  por  otorgarle  valor  a  la  prueba que no reúne los requisitos  legales;     o     por     falso     juicio     de  convicción,  ciertamente muy excepcional, que ocurre  cuando  el  juez  valora  una prueba con base en el desconocimiento de la tarifa  legal,   cuando   existe;  o  cuando,  sin  que  exista  legalmente,  somete  la  apreciación del medio probatorio a dicha tarifa.   

          Y,  claro,  especificado  con todas sus particularidades el tipo de  error  que  se  aduce,  también es carga del demandante demostrar que en efecto  ese  error, no otro, fue el  que dio lugar a la sentencia adversa cuyo desmoronamiento pretende.   

          Bien  puede  suceder, sin embargo, que a pesar de la falta de rigor  en  la  presentación  del  reproche,  del texto del escrito pueda deducirse con  claridad  lo que cuestiona el censor. En este caso, como ya ha sido dicho por la  Sala  al  hacer referencia al artículo 51 del Decreto 2.651 de 19911,  y también  en           otras           oportunidades2,  el  derecho sustancial debe  prevalecer  frente  al formal, lo que se traduciría primero en la admisión del  libelo   y  después  en  el  estudio  de  fondo  de  los  cargos  planteados  a  consideración de la Corte.   

          No  es lo que ocurre en el asunto que se examina, pues los defectos  de  la  demanda  son  de  tal  entidad  que  impedirían su posterior revisión,  vigente  como  se  encuentra el principio de limitación, según el cual la Sala  debe  reducir  su análisis a los aspectos tratados por el impugnante y ceñirse  al  desarrollo  que  haga  de la censura, excepto, desde luego, lo atinente a la  facultad    oficiosa    prevista    en    el    artículo   216   del   estatuto  procesal.   

          En  este sentido, dígase con relación al primero de los reproches  que  contiene  el  cargo  único,  que  atribuirle al Tribunal falsos juicios de  identidad  en la valoración de los testimonios de Sonia Villabona, Luis Orduz y  Martha  Janeth  Villamizar, suponía criticarle la distorsión o tergiversación  que  de ellos hubiera hecho o, en más sencilla manera, que le hubiese dado a la  prueba  un  alcance  que  no  tenía  o  le  hubiese  hecho decir lo que ella no  revelaba.   

          En  lugar  de  proceder  así, sin especificar a cuál o cuáles de  los  medios  de convicción aludía, el censor cuestionó dos inferencias que al  parecer  realizó el Ad quem  -que  el  abono  de $ 10 millones al impuesto a cargo de la señora Villabona se  hizo  con  el  ánimo  de  ganar  tiempo  para  apropiarse  del dinero, y que la  solicitud  del  procesado  que el cheque se hiciera a favor del banco facilitaba  su  apropiación-  lo  que  no constituye distorsión o tergiversación sino una  probable  desatención  de  los  elementos de la sana crítica. No explicó, sin  embargo,  cuáles  reglas de la experiencia, leyes de la ciencia o principios de  la  lógica  contrarió  el  juzgador,  ni demostró su violación, omisión que  sólo  podría  subsanarse si la Corte –ocupando   el   papel   del  demandante,  contra  el  principio  de  limitación  enunciado- se dedicara a construir el cargo a partir de sus propias  consideraciones, pues el actor no suministró ninguna.   

          La  falta  de  apreciación  de  las  pruebas  que adujo en segundo  lugar,  parece  referirse  a  un  falso  juicio  de existencia cuya formulación  requiere,  de  una  parte,  indicar los elementos de convicción que, recaudados  válidamente,  no  fueron  tenidos  en  cuenta  por  el Tribunal y de los que se  concluiría  la  precaria  situación  económica  del  procesado,  labor que ni  siquiera  intentó  realizar el casacionista; y de otra, la trascendencia que el  yerro  tendría  en  el  sentido  de la decisión, cometido que tampoco cumplió  porque  no  demostró  que  necesariamente su insolvencia significara inocencia;  que  la  declaración de renta con firmas falsificadas del propio procesado y de  su  cliente revelase la completa ajenidad de las conductas que se le atribuyeron  al  señor  DELGADO BUENO, ni  mucho  menos  que  tales  circunstancias  dejaban  sin piso las conclusiones que  obtuvo  el  Ad  quem de la  valoración  de  los  ya referidos testimonios de Villabona, Orduz y Villamizar,  en  torno  de  los  cuales,  dice  el  demandante,  “la sentencia acusada gira  fundamentalmente”.   

          También  a  un  falso  juicio  de  existencia,  pero  esta vez por  suposición,  se  refirió  el  censor  cuando  criticó  la  apreciación falsa  respecto  de  la existencia material de la prueba que acreditaba la división de  trabajo  entre  los  coprocesados,  a  pesar  de  no  haberse  demostrado que se  conocieran.  En  este  reproche,  como  en  el  anterior,  omitió  el libelista  señalar  la  incidencia  que la supuesta falsa apreciación tuvo en el razonado  criterio  del  fallador  que  lo  llevó  a concluir la autoría de DELGADO  BUENO y la responsabilidad que le  cabía respecto de las conductas imputadas.   

          Dígase,  por  último,  frente  al  reproche  que  formuló por no  haberse   aplicado   el   principio   in  dubio  pro  reo,  que  en  su  alegación, como lo tiene dicho la  Sala,   

          “…   el  casacionista  debe  demostrar  que  el  fallador  (…)  erradamente  concluyó que los medios dan la certeza requerida y condena, cuando  en  verdad  de  ellos  surge  incertidumbre  que debió ser resuelta a favor del  procesado”.3   

La  labor  del  impugnante,  entonces, debe  orientarse  en  dos  sentidos complementarios: de un lado, persuadir a la Corte,  mediante  el  análisis  serio y concreto de la valoración probatoria realizada  por  el  Tribunal  para pronunciar su decisión, que se cometieron trascendentes  errores   que   desmoronan   la   contundencia  atribuida  por  el  Ad  quem a esos elementos de convicción;  y,  de  otro,  que una nueva apreciación de la prueba que no incluya los yerros  denunciados,  en  todo caso impediría obtener la certeza necesaria para decidir  en la dirección que lo hizo el fallador.   

          De  semejante  tarea,  como ha quedado evidenciado, no se ocupó el  demandante.   

          En  conclusión,  la  inobservancia  de  la técnica casacional, en  cuanto  implica  incumplir  las  exigencias  previstas  en  el  numeral 3º. del  artículo  212  del Código de Procedimiento Penal, da lugar a la inadmisión de  la  demanda  y  a  la  devolución del expediente al despacho de origen, como lo  dispone  el  artículo  213  ibídem,  y  en  ese  sentido  se  pronunciará  la  Sala.   

              En mérito de lo expuesto,  la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de  casación  presentada   por   el   defensor   de   JAIME  DELGADO  BUENO.    En  consecuencia,  se  ordena devolver el expediente al Tribunal de  origen.   

          Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

  HERMAN    GALÁN  CASTELLANOS   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO                 ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

ÉDGAR           LOMBANA  TRUJILLO              ÁLVARO O. PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                                          JORGE L. QUINTERO MILANÉS   

YESID    RAMÍREZ   BASTIDAS                                                MAURO SOLARTE PORTILLA   

Permiso  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Sentencia del 15 de mayo del 2003, radicado 17.081.   

2  Sentencias  del  28  de  julio  del  2000, radicado 13.223; 7 de marzo del 2002,  radicado  14.043  y  20 de febrero del 2003, radicado 17.580, todas con ponencia  del  doctor  Jorge  Aníbal Gómez Gallego; del 28 de febrero del 2002, radicado  15.266;  y  del  28 de mayo de 1988, radicado 9.623, con ponencia del magistrado  Dídimo Páez Velandia.     

3  Sentencia  del  4  de  abril  del  2003, radicado 14.636, M. P. Fernando Enrique  Arboleda Ripoll.     

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