20076(25-08-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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            Proceso No 20076   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

              SALA DE CASACIÓN PENAL   

          MAGISTRADO PONENTE:   

         HERMAN GALÁN CASTELLANOS   

APROBADO ACTA No.072  

          Bogotá,   D.C.,   agosto   veinticinco   (25)  de  dos  mil  cuatro  (2004)   

               Resuelve  la  Sala el recurso de  casación  interpuesto  por  el  apoderado  de  LELIO  LEONIDAS  CASTILLO  RODRÍGUEZ  contra la sentencia de  segunda  instancia proferida el 14 de noviembre de 2001 por el Tribunal Superior  de  Bogotá,  que confirmó el fallo del 7 de mayo del mismo año dictado por el  Juzgado  21 Penal del Circuito  con sede en dicha capital, mediante el cual  lo  condenó  a  50  meses  de prisión, inhabilitación de derechos y funciones  públicas  por  el  mismo  lapso y le impuso la obligación de pagar en concreto  daños  y  perjuicios,  al declararlo penalmente responsable del delito de hurto  calificado y agravado.   

HECHOS  

                                       

               Como antecedentes inmediatos, el  Tribunal de Bogotá declaró probados los siguientes:   

“Se extracta de autos que el tres (3) de  agosto  del  año  dos  mil  (2000),  dos  sujetos  contrataron un expreso de la  municipalidad  de  Garagoa  Boyacá,  a  esta  capital,  por la suma de cien mil  ($100.000)  pesos,  servicio que efectuó el señor FLORENTINO RUIZ BUITRAGO, en  el  taxi  de  placas SFA –  474;  al  llegar  al  barrio  María  Paz,  de  esta ciudad, un tercer sujeto lo  encañonó,  por  lo  que  los individuos que venían en el taxi como pasajeros,  emprendieron la huida en el automotor.   

“Luego, el catorce (14) de agosto de la  misma  anualidad,  los  gendarmes  del  orden,  a  eso de las 09:00 horas, en un  patrullaje  de rutina, encontraron el vehículo antes mencionado en el taller de  latonería   y   pintura  ubicado  en  la  Carrera  90  B  No.  45  –  02  del Barrio Britalia, al cual le  habían  regrabado  el  número  de  chasis y de motor, la plaqueta de serie fue  removida  y  le  habían  adherido  las  placas  UTV-439,  correspondiente  a un  automotor  que  según el procesado LELIO LEONIDAS CASTILLO, era de su propiedad  y  que días antes había traído a esta ciudad para ser arreglado por un sujeto  a       quien      denominó      ‘Salazar’  ”.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

               La Fiscalía 323 Seccional de la  URI   con  sede  en  Bogotá  inició  la  investigación  penal,  recibiéndole  indagatoria     a     LELIO    LEONIDAS    CASTILLO  RODRÍGUEZ  y  JUAN  CARLOS  MONTAÑEZ  RODRÍGUEZ,  a  quienes  les  impuso  detención  preventiva  como coautores del delito de hurto  calificado  y agravado. Mediante resolución del 1° de septiembre siguiente les  sustituyó   la   medida   de   aseguramiento   por   detención   domiciliaria.  Posteriormente,  el  30  de  octubre  de  2000,  la  Fiscalía  129 Seccional de  Patrimonio,  despacho  al  que  le  fue reasignada la investigación, revocó la  medida     de     aseguramiento     impuesta    a    JUAN    CARLOS    MONTAÑEZ  RODRÍGUEZ.   

               Después  de  practicar  algunas  pruebas  y de cerrar la investigación, el 14 de diciembre de 2000 se formularon  cargos     contra     LELIO    LEONIDAS    CASTILLO  RODRÍGUEZ  por  el  delito  de  hurto  calificado  y  agravado   (artículos  350  -1,  351-6-10  y  372  del  C.P.)  y  precluyó  la  investigación en favor de JUAN CARLOS MONTAÑEZ RODRÍGUEZ.   

              El Juzgado 21 Penal del Circuito y  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá, profirieron los fallos de instancia, en los  términos  señalados  al comenzar esta providencia. El defensor de LELIO   LEONIDAS   CASTILLO   RODRÍGUEZ  impugnó  en  casación  la sentencia del ad  quem,  recurso  que ahora resuelve la  Sala.   

          LA  DEMANDA   

               Con  base  en la causal primera,  segundo  cuerpo,  acusa  el  demandante  la  sentencia  impugnada  de violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  haber  incurrido  en  falsos juicios de  existencia  y  de  identidad  en  la  apreciación  de  la  prueba,  yerros  que  condujeron  al  Tribunal  a  aplicar  indebidamente los artículos 240 y 241 del  C.P.   y   dejar   de  aplicar  los  artículos  7°  del  C.P.P.  y  29  de  la  C.N.   

             Primer cargo.   

               El  Tribunal  hizo  depender  la  responsabilidad  penal  de  LELIO  LEONIDAS  CASTILLO  RODRÍGUEZ   de   la   prueba  indiciaria  sin  estar  demostrado  el  hecho  indicador,  afirmación  que  sustenta con los siguientes  argumentos:   

              1.  El  Tribunal  no  le dio credibilidad a la versión del sindicado de haber celebrado  un  contrato verbal para la reparación del vehículo de placas UTV –   439,   aduciendo   que   en  tales  contrataciones  la prudencia y la prevención imponían un documento escrito con  las  especificaciones  del  caso,  mas  cuando se trataba de un convenio con una  persona  desconocida.  Para  el  censor  esta  regla  social no corresponde a la  costumbre  en  materia de reparación de vehículos y si el procesado confió en  el  contrato  verbal  y  fue  engañado  no por ello se le puede indiciariamente  responsabilizar  penalmente  por  el  delito  contra  el  patrimonio económico.   

               2.  El  ad  quem dedujo del informe  policivo  el  hecho  indiciario relacionado con el comportamiento sospechoso del  procesado  cuando  llegaron  a  retirar el vehículo, porque miraban a todos los  lados,   argumentando  que de haber obrado de buena fe, debieron esperar al  mecánico  contratado  para  que  les  hubiere  hecho  la  entrega  material del  automotor.   Para   el  casacionista  la  conducta  del  procesado  puede  tener  múltiples  interpretaciones,  v.gr.  atravesar  la calle, buscar la dirección,  hallarse  ante  la  expectativa de recibir el carro, por lo que el hecho resulta  equívoco y por tanto ineficaz indiciariamente.   

            3.   Las  explicaciones   de   CASTILLO  RODRÍGUEZ   fueron   calificadas  por  el  juzgador  de  mendaces  por  haber  transcurrido  solamente  tres  días  desde  el  hecho  y  a la fecha en que fue  llevado  al  taller. El error del Tribunal consistió en darle credibilidad a lo  dicho  por  JAVIER  JOJOA  a los agentes de la policía sin haber sido llamado a  declarar  ni  habérsele  recibido  indagatoria,  pues  era el dueño del taller  donde se encontró el taxi hurtado.   

          4.   El  fallo  recurrido estructuró  otro  indicio   de  cargo  del  hecho  de  ser  el establecimiento “Donde  Salazar”  un  almacén  de  repuestos  y  no un taller, lo que resulta para el  censor  un  medio de prueba con significado ambiguo, porque consuetudinariamente  existen  vínculos  comerciales  entre esos dos tipos de negocios, razón por la  cual no “alcanza a estar probado el hecho indicador”.   

          5. El Tribunal  no  encuentra  una  explicación  lógica  al  hecho  de que el vehículo que el  procesado  entregó  al  taller tuviese regrabados el motor y el chasis, pero de  ello,  para  el  censor, no podía derivarse que Lelio  Leonidas  Castillo  fue  quien  hizo  la regrabación.   

          6.  Igualmente  recrimina el demandante al  fallo   de   segunda  instancia  por  vincular  al  procesado  a  una  banda  de  antisociales  dedicada   al  hurto  de  automotores sin estar demostrada la  participación  del  procesado  en  el  delito  imputado ni en el referido grupo  delincuencial.   

         Segundo cargo.   

         El   Tribunal   desechó  injustificadamente  las  explicaciones  de  LELIO  LEONIDAS  CASTILLO y,  además, no apreció las siguientes pruebas:   

         1. Testimonio de  Luis   Gabriel   Castillo   Rodríguez.   El  Tribunal  no  tuvo  en  cuenta  su  declaración,  la que da cuenta de dos viajes que hizo el procesado en el mes de  julio  de  2000  de  Villavicencio  a  Bogotá, fechas en las que le refirió al  testigo  sobre  el accidente del taxi Daewood y los detalles del contrato verbal  celebrado  para  el  arreglo  del  vehículo, además de la comunicación que el  declarante  tuvo  a  nombre  de  su  hermano  con el propietario del almacén de  repuestos   para   entregarle   $2.000.000   como   parte  del  citado  negocio.   

           2.  Libardo  Rivera  Piñeres. Este testimonio no fue considerado, siendo que refirió que el  27  de  septiembre  de 1999 le compró el TAXI a LELIO  LEONIDAS   CASTILLO,   conviniendo   que   le  daría  $5.000.000  y  después  le pagaría el saldo, negocio del que posteriormente se  destrataron.  Dice  haber  visto  llevar  el carro en grúa cuando se estrelló,  habiendo  sido  arreglado  mecánicamente  en el garaje de la casa del procesado  y   luego  fue  traído a Bogotá, habiéndosele comentado que el vehículo  fue cambiado por uno robado.   

            3.   Luis  Guillermo  Galindo.  El  Tribunal  no  apreció  esta declaración, en la que el  testigo  admite  haber  conducido  el  taxi Daewoo, color cielo, modelo 1998, de  placa  UTV-439, con el número 2800 de identificación, colocado en las puertas,  de  propiedad de LELIO CASTILLO RODRÍGUEZ, vehículo con el que tuvo un accidente en Cumaral.   

          4.  Florentino  Ruiz  Buitrago.        El  Tribunal  no apreció lo declarado por el testigo RUIZ BUITRAGO,  propietario  del  taxi  hurtado,  quien  sostuvo  que  no  vio  en  la  sala  de  retenidos    de   la   SIJIN   a   los   que   habían  participado  en  el  delito.   

           5.  Bonfante  Mendivil.  Se  ignoró  el  testimonio  de  este agente  de la SIJIN, quien  refirió  que  la  víctima  les  describió las características de los autores  materiales  del  hecho,  las  que no coincidían con las personas capturadas. No  advirtió  el  ad quem que a  dicho  declarante el procesado le informó que había entregado el mismo carro a  otro sujeto el cual lo llevó a arreglar al taller.   

   

          El  Tribunal  no  tuvo  en cuenta la declaración de los agentes que  participaron   en  la  captura,  quienes  ratifican  la  versión  dada  por  el  procesado.   

               Las  autoridades  judiciales  le  dieron  credibilidad  a  la  versión  que JOJOA RIAÑO dio a los agentes, quien  tejió  su  versión,  pues  tuvo  oportunidad  de  enterarse de la identidad de  LELIO       LEONIDAS       CASTILLO.    

          6.  El 14  de     agosto     de     2000,    LELIO    CASTILLO  RODRÍGUEZ,  al  momento  de  la  captura, portaba los  documentos  que  lo  acreditaban  como  propietario  del  taxi  UTV –  439,  consistentes en la licencia de  tránsito,  seguro  contra  terceros,  planilla única de viajes, certificado de  movilización  y  las  improntas del vehículo. El yerro del Tribunal consistió  en “no ver” los citados documentos.   

            El    ad  quem  no apreció el manifiesto de aduanas, la factura  de  compra, la declaración de importación y el formulario de traspaso del taxi  de  placas  UTV-439,  los  cuales  fueron  allegados por el defensor luego de la  indagatoria.  Tampoco leyó el Tribunal el documento aportado por el apoderado y  que daba cuenta de la identidad del taxi (motor, chasis y serie).   

           Pretermitió  considerar  el  documento  aportado   por   el   procesado,   relacionado   con  la  cotización  hecha  en  Villavicencio sobre la reparación del taxi.   

          En igual yerro incurrieron los juzgadores  al  no  considerar la planilla de control de rutas aportada por la defensa en la  diligencia  de  sustentación oral del recurso de apelación contra la sentencia  de  primera  instancia, con la que se demostraba que el procesado, por los días  2  y  3  de  agosto  de  2000,  estaba  laborando en Villavicencio con la Buseta  SWB108,  fechas  que  corresponden a las mismas que los delincuentes contrataron  el taxi en el municipio de Garagoa.   

          7. El Tribunal  pretermitió  el  examen  conjunto  de  las pruebas que hicieron referencia a la  llamada  hecha  por  los delincuentes desde Garagoa al teléfono 2998890, según  información  que  suministró  el  propietario  del taxi hurtado, teléfono que  corresponde  al almacén de JOJOA RIAÑO y desde donde no aparecen llamadas a la  vecindad  del  procesado  LELIO  CASTILLO.  A  dicho  abonado  telefónico  hizo  referencia el informe del Asistente Judicial II de la Fiscalía.   

          Concluye  el  recurrente  que  el  hecho  evidente  es  que  el  taxi  fue  encontrado  en  poder  de  JOJOA  RIAÑO no de  LELIO   LEONIDAS   CASTILLO   RODRÍGUEZ,   quien   simplemente  iba  a  retirar  su  vehículo  dejado  por  intermedio del dueño del almacén “Donde Salazar”.   

          La  validez  de las pruebas documentales  allegadas  está  autorizada por la ley 446 de 1998, artículo 10.2, en armonía  con el  23 del C.P.P.    

          Solicita  a  la  Sala casar la sentencia  recurrida   y  en  su  defecto  dictar  la  que  deba  reemplazarla.           

          CONCEPTO DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

               El Procurador Segundo Delegado en  lo  Penal  sugiere  a  la  Sala  no  casar    la   sentencia   recurrida,   con   base   en   los   siguientes  argumentos:   

                     

                                     Primera parte.   

              El actor en este caso no concretó  la  modalidad  del  error  de  hecho  en  que incurrió el juzgador, simplemente  señaló  que  el  hecho  indicador   no  estaba demostrado, lo que podría  encajar en el falso juicio de existencia.   

         El  demandante  critica  cada uno de los  indicios  construidos por el fallador mediante un escrito de libre elaboración,  desprovisto de claridad y precisión.    

               Los argumentos a los que acudió  no  comprueban  que el hecho indicador no esté demostrado, tal propósito no se  logra  señalando  que los contratos de reparación de vehículos son verbales o  expresando  el  criterio  de  lo  que  significa  para  el recurrente la actitud  asumida  por  el  sindicado y su acompañante, ni refiriendo que la declaración  de  JOJOA  RIAÑO  no  merece  credibilidad  o  acudiendo a hipótesis sobre las  relaciones  entre los talleres y los almacenes que venden repuestos.     

             Segunda parte.   

               El  demandante refiere que no se  estimaron  los  testimonios  de Luis Gabriel Castillo Rodríguez, Libardo Rivera  Piñeres  y  Luis Guillermo Galindo, trascribiendo algunos de los apartes de sus  declaraciones  sin  acreditar  la  capacidad  de tales pruebas para modificar el  fallo impugnado.   

         No  es  cierto  que  se  hubiese omitido  apreciar  las  declaraciones  de  Florentino  Ruiz Buitrago, del agente Bonfante  Mendivil, a ellas se refirió el fallo de primer grado.   

               En el proceso no se ha puesto en  tela     de     juicio     que    LELIO    LEONIDAS  CASTILLO  sea el propietario del TAXI UTV –  439. La responsabilidad penal que se  le  atribuyó  se  estructuró  con  base argumentos diferentes a la propiedad y  existencia de dicho vehículo.   

               El ataque a la apreciación de la  prueba  en  conjunto debió formularse por falso raciocinio y no por la vía del  falso juicio de existencia.   

           El   hecho   de   que   LELIO  LEONIDAS  CASTILLO no fuese uno de  los  sujetos  que  estuvo  presente en el hurto del vehículo de FLORENTINO RUIZ  BUITRAGO  no  lo  exime de responsabilidad por su participación en el ilícito,  pues  fue  aprehendido  cuando  iba  a  reclamar  el carro hurtado, al que se le  pregrabó el motor y el chasis.    

               Los  documentos  aportados en la  audiencia  de  sustentación  oral  del recurso de apelación contra el fallo de  primera  instancia, no se allegaron en la oportunidad prevista en la ley, razón  por la cual no podían ser considerados.   

              CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

                                 Primer      cargo.      Prueba  indiciaria.   

                                  1.  Los  planteamientos  del  actor  no  desarrollan a  cabalidad  con la técnica exigida el ataque en lo concerniente al indicio y sus  elementos  que  lo  integran,  para  evidenciar  el  error  que  le  atribuye al  Tribunal,   además   de   haber   cuestionado   en   algunos  casos  la  prueba  circunstancial  mediante especulaciones y confundiendo a veces el indicio con el  hecho  indicante,  desaciertos  de  los cuales se ocupa la Sala en los párrafos  siguientes.   

               La  exposición  del  recurrente  involucra  ataques al hecho indicante, la inferencia, la convergencia y gravedad  de  los  indicios, los cuales han debido formularse con las exigencias técnicas  que  la  Sala  ha  venido  señalando  de manera pacífica en su jurisprudencia,  cuando  el  reproche  tiene por objeto la prueba indiciaria. En efecto, es deber  del  censor  señalar  si  la equivocación involucra ya los hechos indicadores,  ora   la   inferencia   lógicas  o  la  valoración  conjunta  al  apreciar  su  articulación,  convergencia  o concordancia de varios indicios entre si o entre  éstos  y las restantes pruebas, para entonces llegar a conclusión desacertada.  Así  las cosas, si el error radica en la apreciación del hecho indicador, como  quiera  que  éste,  necesariamente, ha de acreditarse con otro medio de prueba,  es  indispensable  manifestar  si  el yerro lo es de hecho o de derecho, a cuál  expresión corresponde y cómo se demuestra su ocurrencia.   

                                 Empero,  si  el  error  se  ubica  en  el proceso de la inferencia, es porque se  acepta  que el hecho indicador está válidamente demostrado, correspondiéndole  entonces  al  actor  demostrar  que  el  juzgador  se separó de las leyes de la  ciencia,  los  principios  de  la  lógica  o  las  reglas  de  la  experiencia,  señalando  en  concreto la falla cometida que afecta el grado de persuasión de  lo erradamente inferido.   

                                  Mas,  si  la  equivocación  se  fija  en  el  análisis  de  la  convergencia y  congruencia  entre  distintos  indicios o de éstos con otros medios de prueba o  en  la  asignación  del  mérito  demostrativo  que  surge  de  esa valoración  conjunta  ,  debe  el demandante concretar el tipo de error que, a su juicio, se  ha  cometido, demostrando que el juzgador transgredió los postulados de la sana  crítica  , acreditando que la fórmula que propone en su reemplazo, permite, de  veras,  llegar  a  una  conclusión  diversa de la adoptada por el sentenciador.  1   

               2.  El  Tribunal  dedujo  de  la  conducta  del procesado prueba de cargo respecto de su  participación  en  el delito, conclusión que reprocha el censor, para quien la  regla  social  aplicada  en  el  examen  de  la  indagatoria no corresponde a la  costumbre  en  materia  de  reparación  de  vehículos  y  si  el procesado fue  engañado  no  por  ello  se  le  puede responsabilizar penalmente por el delito  atribuido en los fallos de instancia.   

                                  Con  base  en  las  reglas de la experiencia, el  fallador  consideró  que  no  correspondía a la naturaleza de las cosas que el  señor  CASTILLO RODRÍGUEZ,  con  amplió  conocimiento  en  los negocios de vehículos de servicio público,  hubiese  celebrado  verbalmente  un  contrato  para  el  arregló del taxi de su  propiedad,  con  una  persona  desconocida y por una suma de dinero considerable  ($4.000.000).  El  proceder  normal en estos casos, por quien no es inexperto ni  ingenuo,  como  el  procesado, imponía identificar a quien se le encomendaba el  trabajo,  registrar  por  escrito y con toda claridad el objeto del contrato, el  precio y las condiciones de la negociación.   

                                  El  recurrente  sostiene  que  la  regla  social  válida   es  contratar  verbalmente  la  reparación  de  los  vehículos,  sin  demostrar  de  esa  afirmación  el  enunciado  lógico  que la hacía una regla  empírica,  esto  es,  que  siempre  el  contrato  en  esos casos es verbal, sin  importar  que  los  intervinientes  no  hayan  tenido  trato,  la cuantía de la  negociación,  la  clase de servicio a prestar y el lugar de la negociación. En  consecuencia,  el  recurrente  no  demostró  el  yerro  que  le  atribuye  a la  providencia impugnada.   

                 Si  se  examina  el  proceso  deductivo  al  cual acude el censor se  encuentra  que  partió  de premisas que no son verdaderas, pues lo usual es que  el  arreglo  se  busque  en lugares apropiados, en talleres de mecánica y no en  almacenes  de  repuestos, y prefiriéndose a personas conocidas o referenciadas.  Cuando  estas condiciones no se dan, la razón, la prevención y la prudencia de  una  persona  que  conoce  el medio de los negocios relacionados con vehículos,  dados  los  costos  de  la  reparación, procede a identificar al mecánico y le  exige  comprobantes del convenio, aunque sean mínimos, sobre el objeto, precio,  forma  de  pago  y  fecha  de entrega, lo que en este caso no hizo el procesado,  omisión  que  en  relación con el reato investigado no explica ni justifica el  proceder de una persona que se dice ajena a la ilicitud imputada.   

                 En  consecuencia,  la  conclusión con la cual se pretende demostrar  el  cargo  y  la ilegalidad de la sentencia, carece de capacidad para derruir la  regla  de  experiencia  que acertadamente aplicó en sana crítica el fallador y  con  base en la cual le desconoció eficacia jurídica al argumento expresado en  la indagatoria y con el que se estructuró el reparo examinado.   

                                  3.  El  ad  quem  dedujo  del comportamiento observado por el procesado en el sitio de su captura,  elementos  de  juicio que lo vinculaban con el delito, pues la buena fe imponía  que  exigiese  personalmente a quien le entregó el vehículo y al mecánico que  lo  reparó  su  devolución  en el estado convenido y en este caso LELIO   CASTILLO   se  hizo  presente  a  reclamarlo  en  el  taller de latonería y pintura de la calle 90B número 45-02  cuando  admitió  que  la  entrega  para tales efectos la hizo en el almacén de  repuestos “Donde Salazar”.   

         Sugiere  el recurrente que la inferencia  se  hizo  del  informe  de  policía,  hecho  que  de haber sido cierto, hubiese  obligado  al demandante a demandar la construcción del indicio por falso juicio  de  legalidad,  pues  de  conformidad  con  el  artículo  314  del C.P.P. tales  informes  no  tienen  valor  de  prueba,  solamente  pueden  servir de criterios  orientadores  de  la  investigación.  Lo  cierto  es que el juzgador obtuvo las  deducciones  a  partir de las declaraciones rendidas por los agentes de policía  que  participaron  en  el  operativo,  RICHARD  BONFANTE MENDIVIL y LUIS SUÁREZ  NÚÑEZ,  aspecto  éste  que  pone  en  evidencia  la  falta de objetivad en la  formulación del cargo.   

              El ataque contra el indicio de las  manifestaciones  posteriores  al  delito  se anunció contra el hecho indicante,  sin  concretarse  la  naturaleza  del  error  de  hecho  atribuido. Al asumir el  desarrollo  del  reparo,  el  recurrente abandonó el propósito anunciado, para  ocuparse  de  enfrentar  el  criterio  del  juzgador con deducciones personales,  indicando  que  el  comportamiento  sospechoso  del  incriminado cuando llegó a  retirar   el   vehículo,   mirando   a   todos  los  lados,  tenía  múltiples  interpretaciones,  como  la actitud observada para atravesar la calle, buscar la  dirección  o  encontrarse  a la expectativa de recibir el carro, especulaciones  sobre  las  cuales  no  puede  estructurarse  error  alguno  en la decisión del  juzgador.   

               Finalmente, debe indicarse que el  fallador  hizo  el  juicio de reproche con base en la conducta observada por los  agentes  al procesado en el lugar de la captura, así como también por el hecho  de  haberse  hecho  presente  a  reclamar el vehículo en un lugar a una persona  diferente  a  la  que les había entregado el taxi para el supuesto arreglo, por  lo  que  el  reproche es incompleto, en la medida en que solamente se cuestionó  parcialmente el argumento del juzgador.     

         4. El   fallador  descalificó,  por  mendaces,  las  explicaciones  de  CASTILLO  RODRÍGUEZ, dado el  tiempo  trascurrido  entre  el día del hurto (3 de agosto) y la fecha en que el  vehículo  fue  llevado  para el arreglo (6 de agosto). Para el impugnante, esta  apreciación  del  Tribunal  es  errada,  el  indicio de la mentira solamente se  podía  construir  con  la  declaración  de  JAVIER  JOJOA  RIAÑO y no con las  manifestaciones  que éste hizo informalmente a los agentes de policía. En este  caso  al  dueño del taller donde se encontró el taxi hurtado no se le recibió  declaración ni se le oyó en indagatoria.   

         El Tribunal no supuso la prueba para dar  por  demostradas  las  fechas  de  ingreso y egreso del vehículo al taller, las  dedujo,  al  prohijar  integralmente  el  fallo  del a  quo,  de  las  declaraciones  de  los  agentes RICHARD  BONFANTE  MENDIVIL  y LUIS SUÁREZ NÚÑEZ rendidas el 4 de septiembre de 2000 y  del  testimonio rendido por JAVIER JOJOA RIAÑO el mismo día en que la policía  judicial  conoció  del asunto que dio origen a la investigación penal (fl. 8 a  9).     

                            Si  para  el  censor la declaración que  rindió  JAVIER  JOJOA RIAÑO en la SIJIN el 14 de agosto de 2000 no reunía las  condiciones  exigidas  para  ser  apreciada  como  prueba, ha debido formular el  ataque,  lo  que no hizo, por la vía del falso juicio de legalidad, acreditando  que  fue  estimada  sin  cumplir  los  requisitos  de  aducción  y  que dada su  trascendencia  modificaba la orientación de la decisión adoptada. El censor se  limitó  a  calificar  la  versión  informal, sin establecer vicio alguno en su  producción que impidiese su apreciación por el juzgador.   

                                                                                    

         A pesar de insinuarse en el cargo vicios  de  legalidad  en  la  producción  de  la  prueba,  afirma el demandante que la  versión  de JOJOA RIAÑO  no merece credibilidad, aseveración que resulta  contradictoria  con  la  primera  afirmación.  No  obstante este desacierto, el  censor   no  demostró  que  el  ad  quem  hubiese  desconocido  las  reglas  de  la  lógica, la ciencia, la  técnica  o la experiencia en la apreciación de la prueba, por lo que el reparo  resulta infundado.   

      

         5.  El fallo estructuró como indicio  de  cargo  el hecho de ser el establecimiento “Donde Salazar” un almacén de  repuestos  y  no un taller, prueba que califica de ambigua el recurrente, porque  consuetudinariamente  existen  vínculos  comerciales  entre  esos  dos tipos de  negocios.  Luego  de  sustentar el cargo en dicha premisa concluye el demandante  que   el  hecho  indicador  no  “alcanza  a  estar  probado”,  planteamiento  indebido,  pues  no  es dable atacar simultáneamente en un mismo cargo el valor  probatorio del indicio y su construcción.   

    

               El juicio indiciario del Tribunal  fue  atacado por el censor enfrentando el raciocinio del fallador, sin demostrar  por  qué  la  argumentación  del Tribunal no es lógica, resulta arbitraria, o  por  qué  el indicio no es concordante ni convergente, habida consideración de  las  demás  pruebas  recaudadas,  aspectos  que  ha debido abordar por el falso  raciocinio,  demostrando  la  vulneración  de  sus  reglas,  obligación que no  cumplió el demandante en el cargo.    

         Pero, además, el reproche es incompleto,  porque  el actor estaba obligado a cuestionar todas las premisas que el fallador  tuvo  en cuenta en la construcción del indicio, lo que no se hizo, pues ignoró  el  recurrente  consideraciones  integradas  al  fallo  de  segunda instancia en  virtud  del  principio  de  unidad  jurídica,  relacionadas  con el hecho de no  haberse   identificado   al  señor  “Salazar”,  el  procesado  no  se  hizo  acompañar  de  la  persona  que  contrató  para reclamar el taxi, el inculpado  llegó  al  taller de latonería y pintura con la información confusa de que se  encontraba  a cuadra y media del CAI de Britalia, hacia el Norte, se presentó a  exigir  la  entrega  del  taxi  a una persona con la que no había negociado, no  hizo  reclamación  en  el establecimiento “Donde Salazar”, siendo que allí  entregó  la  mitad  del  dinero  pactado  como precio del contrato.     

         La credibilidad otorgada por el fallador  a  una  prueba  no  es  censurable  en  casación  sino  en  la medida en que se  demuestre  que ha incurrido en un error en la apreciación, demostración que no  logró el demandante en este caso.    

         6. El Tribunal  dedujo  como  indicio  de  la  mala  justificación la falta de explicación por  parte  del  procesado  del hecho de haber aparecido el taxi que entregó para su  arreglo,  con  los  números  del  motor  y  del  chasis,  regrabados.  Para  el  demandante,   de   tal   situación   no   puede   derivarse   que  LELIO  LEONIDAS CASTILLO fue quien hizo la  regrabación,  reprochando  al  fallo  de  segunda  instancia  por  vincular  al  procesado  a  una  banda  de  antisociales  dedicada al hurto de automotores sin  estar  demostrada la participación del procesado en el delito imputado ni en el  referido grupo delincuencial.   

         Si el ataque se dirigía contra el hecho  indicante,  como ya se ha dicho,  era presupuesto ineludible determinar las  pruebas  y  la  naturaleza  del error en su apreciación. Pero el demandante, en  lugar  de  cumplir  con  este  deber,  acudió a su argumento, persistente en la  demanda,   de   anteponer  su  criterio  al  del  juzgador,  discrepando  de  la  valoración  probatoria  que  en  conjunto  hicieron  los  fallos  de instancia,  valiéndose  de consideraciones que no demuestran el error que se le atribuye al  fallador.   

               El  argumento del demandante es,  por  consiguiente,  inaceptable, pues pretende mediante una afirmación que  no  soporta  probatoriamente  ni  deriva de error en el que hubiera incurrido el  juzgador,  negar  los vínculos que indiciariamente conducen a la participación  del  procesado con la conducta punible imputada, por haber aparecido el chasis y  el  motor  del  taxi que entregó para su arreglo regrabados. El censor acudió,  con  esa  manera  de  discurrir,  a  una  artificiosidad,  dada  la petición de  principio  en  que  su argumento incurre, al pretender probar, mediante lo mismo  que  se pretende probar.   

                            La  disculpa alegada por el procesado en  relación  con  la regrabación de los números del motor y del chasis del taxi,  en  el sentido de obedecer a maniobras ajenas, no fue admitida por los fallos de  instancia,  pues el procesado no exigió explicaciones por haber sido llevado el  carro  a  un  lugar  distinto donde laboraba la persona con la que contrató, ni  dio  razones  atendibles  de cómo se enteró de la ubicación del taller,   ni  existen motivos para admitir un interés de parte del mecánico para alterar  la  numeración  del  automotor,  pues si fue contratado para pintarlo y colocar  unos  logotipos,  no explica por qué procedía a alterar la identificación del  vehículo,  en  cambio sí permite comprender por qué cobró por ello un precio  significativo.   

                            Omite  el  demandante referirse en forma  integral  a  las  premisas  con  base  en  las  cuales las instancias llegaron a  estructurar  la  participación del procesado en el delito de hurto calificado y  agravado,  de  ahí  la  inconsistencia  del  ataque.  Por  ejemplo,  uno de los  enunciados  con los que se construyó la citada prueba de responsabilidad fue la  de  concederle  credibilidad  a la declaración de FLORENTINO RUIZ BUITRAGO para  admitir  que  con este testimonio se corroboró que el vehículo recuperado y al  cual  se ha hecho referencia en el párrafo anterior, “era el mismo que había  sido  hurtado  el  tres  (3)  de  agosto de esa anualidad” (fl. 67, c. Causa).   

                               Para  el  Tribunal,  la  cadena  indiciaria señala la existencia de una banda dedicada al  hurto  de  automotores, apreciación que el demandante ha debido censurar por la  vía  del  falso  raciocinio, demostrando que el fallador desconoció las reglas  de  la  sana  crítica  en  la valoración de la prueba indiciaria, labor que no  asumió    el    recurrente,    por    lo    que   el   cargo   se   dejó   sin  demostración.   

                                                 Cargo segundo.   

                 El  segundo  cargo  acusa  la  sentencia  proferida  por  el Tribunal Superior de Bogotá de haber incurrido en  errores  de  hecho  al apreciar la prueba testimonial y documental, yerros a los  que  se  refiere  con expresiones indicativas del falso juicio de existencia por  omisión.   Igualmente   hace   referencia  el  censor  a  que  el  ad  quem  desechó injustificadamente las  explicaciones    de    LELIO   LEONIDAS   CASTILLO   RODRÍGUEZ,   alusión  con  la  que   crítica  la valoración de la prueba,  aspecto que atañe al falso raciocinio.   

                                Falso  juicio de existencia por  omisión.   

                                         1. El error de hecho aducido con base en  la  no  apreciación  de la prueba testimonial y documental, comportaba precisar  el  aporte  legal  del medio con el que se vincula el ataque, un análisis de su  contenido,  involucrando  el conjunto probatorio incorporado al expediente, todo  lo  cual debe contrastarse con la decisión del juzgador en el fallo recurrido y  de  esta  manera,  a través de un razonamiento lógico jurídico, evidenciar la  ilegalidad  de la sentencia, en este caso,  la proferida por el Tribunal de  Bogotá.   

                                                 No  hay   error de hecho por falso juicio de existencia, cuando  la  sentencia  de  primera instancia analiza en su integridad o fraccionadamente  la  prueba,  ni  cuando  el fallo de segundo grado, confirmatorio del de primera  instancia,  de  ella  ha  prescindido,  puesto  que,  para los fines del recurso  extraordinario,   se   integran,   dada    la  unidad  jurídica  de  estas  decisiones.  Tampoco  hay lugar a esta censura, si las pruebas se desestiman por  no  haberse  cumplido  las condiciones legales de su incorporación al proceso o  por   no   resultar   convincentes   frente   a   los   postulados  de  la  sana  crítica.   

        2.  El  recurrente  en  el desarrollo del  cargo  deja  sin  acreditar  el  desacierto  atribuido al juzgador, labor que de  haberse  asumido  enfrentando  el contenido de los fallos de instancia, que para  estos  efectos  constituyen  una  unidad,  habría  puesto  de  presente  que el  Tribunal  y  el Juzgado, en las consideraciones que sirvieron de fundamento a la  decisión   adoptada,  analizaron  en  conjunto,  con  las  demás  pruebas,  el  contenido     de    las  declaraciones     rendidas     por     Luis  Gabriel  Castillo  Rodríguez,  Libardo  Rivera Piñeres, Luis  Guillermo  Galindo,  Florentino Ruiz Buitrago y Bonfante Mendivil, así como los  documentos  que acreditaban al procesado como propietario y la llamada hecha por  los delincuentes desde Garagoa al teléfono 2998890.   

                                 Los  fallos  en  algunos  casos  hicieron  referencia a la identidad del testigo y en otras a la denominación de  la  prueba,  pero,  lo  trascendente  no  es  que  se  hubiese invocado el medio  probatorio  por  el nombre de la fuente, sino que todas las pruebas referidas en  el   párrafo   anterior,   fueron   examinadas  en  su  contenido,  como  puede  corroborarse  con la lectura de los folios  62, 63, 65, 68 y  69 de la  sentencia  de  primera  instancia  y  los   folios  60 y 61 de la decisión  adoptada por el Tribunal de Bogotá.    

                                              La  metodología  acabada de referir y el examen hecho en los fallos  de  instancia  (comparación  del  contenido  de  la  prueba  y las sentencias),  demuestran  que  sí se hizo un análisis del contenido fáctico de la prueba y,  por  tanto, el fallo impugnado no incurrió en el falso juicio de existencia por  omisión.   

               3. Para  el  Tribunal  (fl. 59 y 60) no se demostró con la certeza requerida que el taxi  de  propiedad  del  procesado  hubiese  sufrido  alguna  clase  de  accidente  y  consecuencialmente  que  fuese  traído  a Bogotá, prohijando de esta manera el  criterio   que   en   ese   sentido   expresó  el  a  quo en el fallo de primera instancia, premisa esta que  deja  sin  fundamento  la  censura por falso juicio de existencia por no haberse  hecho  referencia  a  la  cotización  aportada en la ampliación de indagatoria  sobre  la  reparación  del  taxi.  En  este caso no se incurrió en omisión de  prueba,  otra  cosa  es  que  el  medio no resultó convincente para el Tribunal  respecto  del hecho que pretendía demostrar (el accidente del taxi de propiedad  del sindicado y su traída a Bogotá para su reparación).   

                          4.  Los  errores en los que incurrió el demandante en la formulación  del  cargo,  hacen manifiesto, que el censor equivocó la vía por la que debió  formular  el ataque a la sentencia de segunda instancia, si es que persistía en  atribuirle  al  Tribunal  yerros  en  la  apreciación  de  las pruebas, los que  correctamente  correspondía  denunciar  por  tergiversación  o  distorsión  o  desconocimiento de las reglas de la sana crítica.   

                                                    

               5.  El  desarrollo  del  reproche  pone  en  evidencia la inconformidad con la decisión  impugnada,  la que por si misma no es motivo de reclamación mediante el recurso  extraordinario  de  casación.  Se  afirma  que la pretensión del recurrente se  sustenta  en  una  disparidad  de  criterios  porque  persiste  que se revise la  estimación  de  los  testimonios  de  Luis  Gabriel  Castillo,  Libardo  Rivera  Piñeres  y Luis Guillermo Galindo, para que se les reconozca el alcance que les  fue  negado  en  los  fallos  de instancia, relacionado con hechos que tienden a  exculpar  de  responsabilidad  penal  al  procesado,  a los cuales aludió en su  indagatoria,  hechos  que los falladores consideraron que no correspondían a la  realidad,  pues  se sustentaban en versiones falaces, afirmación hecha luego de  examinarlos  en  conjunto  con  los  demás  medios  recopilados.  Con  el mismo  propósito  insistió  el  demandante  en  la  apreciación  del  testimonio  de  Florentino   Ruiz   Buitrago,   omitiendo  deliberadamente  toda  consideración  respecto  a  su incidencia, pues de haberse asumido, habría arribado a la misma  conclusión   del  Tribunal,  que  el  accidente  con  el  taxi  de  placas  UTV  –   439   de  propiedad  de     LELIO   LEONIDAS   CASTILLO  y  la  traída  de ese vehículo a Bogotá no contaba con respaldo  probatorio.  Además,  para  la  Sala resulta inexplicable la protesta al amparo  del  supuesto  falso juicio de existencia respecto de la declaración del agente  Bonfante  Mendivil,  pues  del  contenido  de  dicha prueba no se deriva ningún  beneficio  para  la  situación  jurídica  del  inculpado,  fue  ese uno de los  testimonios  fundantes  de  la  condena  proferida  en su contra. Finalmente, la  recriminación  hecha  con  base  en la apreciación de la prueba documental que  demostraba    la    propiedad    del    taxi    de    placa   UTV   – 439, además de infundada, como ya se  vio  en análisis anterior, resulta inane, pues los cargos se atribuyeron por el  hurto   del   taxi   de  placas  XFA  –  474,  vehículo  éste  que  entregó  el  incriminado con motor y  chasis  regrabados  para  pintura y cambio de logotipos y que recuperó la SIJIN  en  operativo  efectuado  el  14 de agosto de 2000 en el taller de la carrera 90  número 45-02 de Bogotá.   

             6. En la  demanda  no  se  comprobó  que  el  Tribunal  hubiese  errado al estimar que la  llamada  hecha  desde Garagoa al teléfono 2998890, estaba corroborando la tesis  del  a quo, en el sentido de  la  “real  existencia  de la señalada “banda” que subyace en el trasfondo  del hecho investigado”.    

         7.  El  falso  juicio  de  existencia  por  omisión  probatoria  parte  del  supuesto  de  que la prueba ha sido legalmente  aportada  al proceso, legalidad de la que no se ocupó el demandante respecto de  la  prueba  documental  allegada  en  la  diligencia  de  sustentación oral del  recurso  de  apelación  contra  la  sentencia  de primera instancia, por lo que  técnicamente el cargo resulta inatendible.   

El recurrente debió acreditar que respecto  al  elemento  de  persuasión  con el que se vincula el yerro, fue producido con  las  formalidades  exigidas por la ley y en la oportunidad autorizada para ello,  aspectos  que  el  demandante  no  pone  de presente en el cargo y que no podía  hacer,  porque  las  referencias  hechas  en el reparo acerca del momento en que  allegó  los  documentos  evidencian el incumplimiento de los requisitos legales  en  su  aducción,  fuera  de  los  períodos  probatorios  establecidos para el  sumario y la causa.   

               Siendo  ilegal  el  origen de la  prueba  echada  de  menos,  el  cargo  por  falso  juicio  de existencia resulta  improcedente.   

                              Falso raciocinio.   

                                    De    otra    parte,   los  cuestionamientos  formulados  a  los fallos por haberle negado credibilidad a la  versión   del   sindicado  LELIO  LEONIDAS  CASTILLO  RODRÍGUEZ,  fue  un  enunciado  al  que  no se le dio  desarrollo,   debiéndose   haber  demostrado  el  desconocimiento  de  la  sana  crítica,  la  regla  vulnerada  y  las  razones por las cuales fue desconocida,  además  de  su  trascendencia  respecto  a  la  orientación  del  fallo.    

                             Precisiones  finales.   

                                  La  absolución  del  procesado  formulada  como  pretensión  en  la  demanda  desconoce  la  realidad  procesal, se sustentó en  argumentos  que  ignoran  el alcance asignado por el juzgador a las pruebas, sin  acreditar   que   la   decisión  de  segunda  instancia,  privilegiada  con  la  presunción  de  acierto  y legalidad, incurrió en error corregible por la vía  del  recurso  extraordinario de casación.  La demanda, es demostrativa del  disenso  del  recurrente,  quien  por  no compartir el criterio del ad  quem,   replanteó  los  debates  cumplidos  en  las instancias, lo cual no corresponde al objeto de la casación,  ni  significa  desarrollo  del  reproche  en  los  términos  en que lo exige el  numeral  tercero  del  artículo  225  del  C.P.P.,  pues  ese deber no consiste  solamente  en  exponer la discrepancia, sino en identificar el yerro imputado al  fallo,   demostrar   su   incidencia  e  indicar   la  manera  adecuada  de  corregirlo.   

                                Los  cargos no prosperan, por lo  que la sentencia no se casa.   

                                                 Esta  decisión queda en firme en la fecha de su firma y contra ella  no procede recurso.   

                                 

                                                En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA en SALA DE  CASACION  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y por  autoridad de la Ley,   

                                                 RESUELVE   

                              

                                            No  casar la sentencia impugnada, de fecha,  origen y contenido consignados en esta providencia.   

                             Cópiese,  notifíquese  y  cúmplase.  Devuélvase el expediente a la oficina de origen.   

         

        HERMAN GALÁN CASTELLANOS   

         

                   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                                                    ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO                                     

EDGAR  LOMBANA TRUJILLO                                            ÁLVARO O. PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                                                        JORGE   LUIS  QUINTERO  MILANÉS             

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                                        MAURO  SOLARTE PORTILLA   

                     TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

                             Secretaria   

    

1 Corte  Suprema.  Casación  .Febrero  23  de  2000  R. 13116. M. P.  FERNANDO  ARBOLEDA  RIPOLL   y entre muchas, las de Septiembre 23 de 2003. R. 14.093.  Ms.  Ps.  YESID  RAMÍREZ  BASTIDAS  Y MAURO SOLARTE PORTILLA,  Marzo 12 de  2003.  R.  19687.  M.P. MARINA PULIDO DE BARÓN, Marzo 23 de 2004. R. 18383. Ms.  Ps. HERMAN GALÁN CASTELLANOS Y MAURO SOLARTE PORTILLA.     

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