19937(27-10-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 19937  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado: Acta No. 94  

          Bogotá,  D.  C.,  veintisiete  (27)  de octubre del dos mil cuatro  (2004).   

VISTOS  

          Mediante  sentencia  del 12 de diciembre  del  2001,  el Juzgado 21 Penal del Circuito de Medellín (Antioquia) declaró a  John  Fredy Arango Castañeda  y  a  Rubiel Alzate (realmente  Londoño)  Martínez  penalmente  responsables  del  concurso  de  delitos  de tentativa de hurto y fabricación, tráfico y porte de  armas   de   fuego.  Les  impuso  las  sanciones  de  40  meses  de  prisión  e  interdicción  de  derechos y funciones públicas por igual lapso y les negó la  condena  condicional.  Finalmente,  los  absolvió  por la conducta de homicidio  tentado.   

          El  fallo  fue apelado por la fiscalía, con el propósito de que el  Ad  quem condenara también  por la tentativa de homicidio agravado.   

          El  15 de marzo del 2002, el Tribunal Superior de esa ciudad, previa  revocatoria  parcial,  también  condenó  a  los  procesados  como coautores de  homicidio  agravado en grado de tentativa y modificó las sanciones que dejó en  162  meses  de prisión e “interdicción de derechos y funciones públicas por  el mismo lapso”.   

          Los  sindicados y el representante del Ministerio Público acudieron  a  la  casación,  que fue concedida. Sólo presentaron demandas el defensor del  señor  Londoño  Martínez y  el agente de la Procuraduría.   

          La  Sala  resuelve de fondo, una vez recibido el concepto del Señor  Procurador Cuarto Delegado en lo Penal.   

HECHOS  

          Aproximadamente  a  la  una  de  la  tarde del 29 de marzo del 2001,  Aydee  Zapata  González  arribó  a  la  Estación de Policía del barrio Villa  Tina,  en  Medellín  (Antioquia),  y  en  el taxi de su propiedad recogió a su  esposo,  el agente Orlando Álvarez Lozano. Éste tomó el mando del vehículo y  admitió  como  pasajeros  a  unos extranjeros que le solicitaron los llevara al  “Hogar Claret”, ubicado en la parte alta de ese sector.   

          En  el  camino les salieron al paso tres hombres, uno de ellos menor  de  edad,  quienes bajo la amenaza de armas de fuego, hicieron parar la marcha y  exigieron  a  los  pasajeros que se bajaran. Álvarez Lozano utilizó su arma de  dotación,     los     agresores    –dos  de  los  cuales resultaron heridos- dispararon en su contra, lo  lesionaron   –un  plomo  ingresó  por su boca y se alojó en la tráquea, y otro en la ingle- y huyeron.   

          Uno  de  los ocupantes del carro lo condujo a un centro asistencial,  al  que  también, por otras vías, ingresó John Fredy  Arango  Castañeda para ser atendido porque presentaba  un  impacto  de  bala. Éste fue reconocido por la señora Zapata González como  uno    de   los   asaltantes,   Arango   aceptó  el  hecho  y  señaló  a  Rubiel  Londoño    Martínez,   como   su   compañero   de  delincuencia.  Los  dos  habían  sido  integrantes de un grupo guerrillero y se  habían reinsertado a la sociedad civil.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

          Adelantada  la  correspondiente  investigación,  el 29 de julio del  2001  se  acusó  a  los  procesados  como  responsables  de  las  tentativas de  homicidio  agravado  y  hurto calificado agravado, concurrentes con el delito de  porte ilegal de arma de fuego para la defensa personal.   

          Luego fueron proferidas las sentencias ya mencionadas.   

LAS DEMANDAS  

          Del  defensor de Rubiel Londoño Martínez.            

          Cargo   primero  (principal).  Violación  indirecta  por  aplicación  indebida  de  la  norma  que define la tentativa de  homicidio  agravado,  producto  de  un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad,  porque  los  testimonios  del ofendido y de su esposa, así como las  indagatorias, fueron distorsionados.   

          Esas  pruebas  demostraban  que la intención de los agentes activos  era  hurtar,  no  matar  ni lesionar. La simple tenencia de un arma de fuego por  parte  de  quien  tiene  interés  en  apropiarse  de  lo  ajeno,  no  hace  que  indefectiblemente  se  deba  deducir  que  su  propósito fuera quitar la vida o  causar  daño  en  la  integridad  personal,  así  estos  actos  no se hubieran  consumado.    Como    el   Tribunal   asumió   lo   contrario,   presumió   la  culpabilidad.   

          La  prueba  señalaba  que las armas fueron usadas con el propósito  de   hurtar.   Por   tanto,  el  Ad  quem  infringió  el  postulado del non bis in  ídem  porque  de  esos  actos,  que  calificaban  el  atentado  contra  el  patrimonio  económico, infirió una conducta distinta, el  homicidio. Conjeturó, así, sobre la intención de matar.   

          Solicita  que  el  fallo  sea casado parcialmente y se reemplace por  uno de absolución respecto del homicidio.   

          Cargo  segundo  (subsidiario). Violación  directa  por  aplicación indebida de la disposición que trata del homicidio en  grado de tentativa.   

          Todos  los  elementos  de  juicio  demostraron un dolo consumado del  delito  de  lesiones  personales,  no  de homicidio tentado. Si bien al utilizar  armas  los procesados no descartaron ejercer violencia sobre las personas, ésta  no sobrepasó la estructura de aquella conducta.   

          Como        existió       dolo       determinado       –para  hurtar-,  resultaba incompatible  con   el   eventual   –de  matar-, en tanto que sí lo era con el específico de lesionar.   

          Pide  se  case  parcialmente  la  sentencia, para que la condena por  homicidio tentado se mude al delito de lesiones personales.   

          Del Procurador Judicial.   

          Cargo  primero. Violación indirecta de la  ley  sustantiva,  producto  de  un error de hecho por falso juicio de identidad,  que   condujo   a   la   aplicación   indebida  del  tipo  penal  de  homicidio  tentado.   

          Lo desarrolla en forma similar al defensor.   

          Agrega  que  el  Tribunal  infringió  los  postulados  de  la  sana  crítica,  concretamente  la lógica, porque (a) con el dolo de hurtar probó el  de  matar  y  con  éste  el primero; (b) con base en el comportamiento agresivo  –que  no  aclaró en qué  consistió-  de uno de los sindicados, dedujo la intención homicida de los dos;  y,  (c),  argumentó  que  el  propósito  de  quitar  la  vida “surgía de la  dinámica  de  los  hechos”,  pero  no explicó cuál era ni de dónde fluía,  porque los testimonios de cargo eran contradictorios.   

          Cargo  segundo  (subsidiario). Violación  indirecta  de la norma sustantiva, consecuencia de un error de hecho causado por  falso  raciocinio  en  la apreciación de las confesiones de los procesados y de  los testimonios de la víctima y su compañera.   

          Los  acusados admitieron el hecho, pero dijeron que su ánimo fue de  apropiación,   no  de  causar  la  muerte.  Ninguna  explicación  ofreció  el  Ad   quem  para  negarles  credibilidad,  como tampoco lo hizo en el sentido contrario: para concluir en la  veracidad de las declaraciones del agente de policía y su esposa.   

          Dentro  de  una  racionalidad  y  razonabilidad coherentes, no puede  tener   cabida   que   se   opte  por  el  dolo  homicida,  cuando  –con   los   mismos   argumentos   del  Tribunal-  en  igual grado de probabilidad era ubicable el de lesionar. En estas  condiciones,   la   inferencia   judicial   resultó  irrazonable,  agredió  la  lógica.   

          Pide  casar  parcialmente la sentencia para, en su lugar, absolver a  los procesados del cargo de homicidio en grado de tentativa.   

EL     CONCEPTO     DEL    MINISTERIO  PÚBLICO   

         

          Recomienda    no    casar    el    fallo    por    los    siguientes  motivos:   

          1.  En el primer cargo, común en las dos demandas, se confundió el  falso juicio de identidad con el raciocinio errado.   

          2.       Cuando      se      comete      homicidio      –consumado  o  tentado- como medio para  hurtar,  las  dos  conductas  concursan,  independientemente  de  que el segundo  resultado no se alcance.   

          3.  Según  la  perspectiva finalista, la acción no tiene en cuenta  solamente  el  motivo  último,  sino  también  la selección de medios para su  obtención e incluso los factores concomitantes.   

          Desde  el  enfoque  normativista,  el  dolo directo es el único que  exige  se indague sobre la intención del sujeto, en tanto que en el indirecto o  de  consecuencias  necesarias  la  prueba es cognoscitiva y no es posible pensar  que   quien   quiere   hurtar   provisto   de  un  arma  de  fuego  descarte  la  representación  de que resulta indispensable matar o lesionar cuando se le hace  oposición,  porque  estos  resultados  son el efecto inevitable del uso de esos  dispositivos para cometer delitos.   

          4.  El  Procurador  Judicial  no  demostró  que el Tribunal hubiera  distorsionado  el contenido real de las pruebas. Desvió el desarrollo del cargo  al criticar el razonamiento de los jueces.   

          5.  El Ad quem no  puso  en boca de procesados y testigos el propósito manifiesto de matar. Por el  contrario,   afirmó   que  los  primeros  insistieron  que  su  intención  era  apropiarse  de  los  bienes.  Pero,  aclaró,  no se requería que expresaran su  motivación,  que,  además del porte de armas, también dedujo del conocimiento  que  tenían  del  manejo  de  esos  artefactos  y de la circunstancia de que al  conductor le dispararon de frente, afectándole el rostro.   

          Esos  razonamientos,  no  caprichosos ni contrarios a la lógica o a  la  dogmática,  de  ninguna  manera  equivalen a presumir el dolo que, así, se  imputó como eventual. Éste es admisible en los delitos tentados.   

          6.  En  el  segundo  cargo,  la  Procuraduría  no  probó  el falso  raciocinio.  Se quedó en un juicio categórico y general a partir de hipótesis  diversas  a  las  del  juzgador.  Como  desconocimiento de las reglas de la sana  crítica   presentó   una   forma   de   apreciación  contraria  a  la  de  la  Corporación.   

          7.  La  queja  sobre  la ausencia de motivación para concluir en la  postura  adoptada  por  el  fallo,  debió ser presentada a través de la causal  tercera.   

         8.  El  segundo  cargo del defensor, violación directa por error de  derecho,  no puede prosperar porque existe discrepancia entre lo aspectos que el  Tribunal    declaró    probados    –el dolo homicida- y los aceptados por el demandante.   

         Si  el  letrado  pretendía  prohijar  la  duda sobre la intención,  conforme  con  la cual el juez debía optar por la forma benigna entre el dolo y  la  culpa,  se debió orientar a demostrar un error de hecho o de derecho. No lo  hizo,  a  pesar  de  que  insinuó  un yerro en la calificación jurídica de la  infracción.   

         9.  Solicitó  que  oficiosamente  sea  casado  el  fallo, porque al  confirmar  “en  todo  lo  demás”  al de primera instancia, fijó la pena de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  en  162  meses, cuando por  favorabilidad  debió  quedar en el tope máximo del Código Penal de 1980, esto  es, 10 años.   

CONSIDERACIONES  

         La  Sala  no  casará  la  sentencia  demandada  por  las siguientes  razones:   

         Del falso juicio de identidad.   

         Los  recurrentes  coincidieron  en la propuesta y desarrollo de esta  censura. La respuesta de la Sala, por tanto, se dirige, a los dos.   

         1.  No demostraron que el Tribunal hubiera tergiversado el contenido  real  de las indagatorias de los procesados, ni el de los testimonios del agente  de la policía y su esposa.   

         2.  Para  el defensor, como los acusados “confesaron”, se debía  inferir  que  su  exclusiva  finalidad  era hurtar. Con base en ese presupuesto,  hace  consistir la distorsión probatoria en que el Ad  quem no les confirió credibilidad.   

         Esa  postura  judicial  no  constituye  falseamiento de lo realmente  dicho por los sindicados.   

         3.  La  queja  apunta  a  que  se  aplique  una  especie  de  tarifa  probatoria  –sin  que  se  especifique  la  norma  que la contiene-, en virtud de la cual los jueces están  obligados  a  aceptar  la  “confesión”  del  procesado  sin cuestionamiento  alguno.   

         4.  Que  el  Tribunal  no  cambió  lo  realmente  expuesto  en  los  descargos, surge de las siguientes expresiones de su fallo:   

         “Ambos  acusados  en  sus indagatorias clamaron que su intención  era  la  de  apoderarse  de  los  bienes  que llevaban los pasajeros pero jamás  lesionar  o  matar…  en  todo  momento  afirmaron  que su intención era la de  apoderarse  de las pertenencias de los viajeros pero no del taxi y tampoco herir  o matar… ellos negaron la intención de herir o matar…”.   

         Eso  dijeron  los  procesados  y  eso afirman los demandantes en sus  libelos. De modo que no hubo tergiversación.   

         5.  La censura relacionada con la presunción de culpabilidad daría  lugar   a   falso  juicio  de  existencia    y    no    a    falso   juicio   de  identidad.  Pero,  además,  no  es cierta,  como  tampoco  lo es que dedujera ese instituto dogmático exclusivamente del porte de  elementos bélicos.   

         De  manera muy razonada, el Tribunal tuvo en cuenta varios aspectos,  todos  debidamente probados, y de ellos dedujo el dolo homicida: el uso de armas  de  fuego, la pertenencia pretérita de los procesados a un grupo subversivo, la  adquisición,  por ende, de experiencia en el empleo de aquellos instrumentos, y  la  acción  consistente en haber disparado al conductor de frente y dirigido el  impacto a su rostro.   

         Y explicó:   

         “Cuando  tres  personas  se reúnen en estas condiciones llevando  un  arma  de  fuego, surge esa intención o ese ánimo que las impulsa a cometer  ambos   delitos,   así   no   se   llegue   a  la  consumación  total  de  los  mismos”.   

         Resulta  incontrastable,  entonces,  que  la  Corporación  tomó lo  realmente  expuesto  por los sindicados, y apoyado en los razonamientos sensatos  reseñados  concluyó  que  en el momento preciso de los hechos surgió en ellos  tanto  el  propósito  de hurtar como el de atentar contra la vida del conductor  del taxi.   

         En consecuencia, no hubo ninguna distorsión.   

         6.  El apoderado afirmó que el Tribunal infringió el postulado del  non  bis  in  ídem, porque  sancionó  la  tenencia  de  las  armas de fuego como agravante del hurto y como  estructurante del homicidio.   

         Aparte  de  que  esa  formulación  no  tiene  nada  que  ver con el  falso  juicio  de identidad,  no es veraz.   

         La     Fiscalía     formuló     cargos    por    los    siguientes  delitos:   

         a)   Tentativa  de  homicidio  agravado,  porque  se  cometió  para  facilitar   o   consumar   el   hurto   (artículos  103  y  104-2  del  Código  Penal).   

         b)  Tentativa  de hurto calificado y agravado, porque con el arma de  fuego   se   ejerció   violencia   contra  las  personas,  y  por  tratarse  de  perpetración  realizada  por  más  de  dos  personas  (artículos 239, 240-4 y  241-10).   

         c)  Porte  ilegal  de  arma  de fuego de defensa personal (artículo  365).   

         El Tribunal profirió condena en estos términos.   

         Es  claro  que,  por  mandato  legal, la circunstancia agravante del  homicidio      se      deduce      a      partir      de     la     finalidad  de los autores, perceptible en  el  propósito  de  atentar  contra  el  patrimonio  económico.  Así  mismo,  es  nítido que el incremento  punitivo   no  depende  de  que  el  segundo  comportamiento  se  ejecute,  pues  característica  del ingrediente subjetivo del tipo penal que lo posee es que no  se  requiere  su  materialización.  En casos como este, basta, entonces, que el  autor  agreda  el  bien  jurídico  vida  inspirado  por el ánimo de ofender el  patrimonio económico privado.   

         La  conclusión, así, es elemental: si la segunda conducta se lleva  a  cabo,  así  sea  sólo  a título de tentativa, la persona es responsable de  ella.  En  este contexto, por consiguiente, no existe doble castigo por la misma  circunstancia.   

         En  relación  con  el elemento bélico, la situación es idéntica:  el  tipo autónomo que protege la seguridad pública se estructura por el simple  porte, sin que su empleo sea exigencia de la definición.   

         7.  Para  el  Procurador Judicial recurrente, la intención de matar  no  se podía inferir de los testimonios del conductor y de su compañera porque  son contradictorios.   

         Así  propuesto  el  reparo,  es  obvio  que  ha  debido  pensar  en  falso  raciocinio  y  no en  falso     juicio     de     identidad.   

         Pero,  además, el Tribunal no desconoció las contradicciones. Cosa  diferente es que las haya estimado intrascendentes, por cuanto   

         “en  la  parte  esencial  son  armónicas. Ambos coinciden en que  tres  individuos  armados  les salieron en una zona despoblada, de un matorral o  el  monte,  que  les  hicieron el pare, que los amedrentaron con armas de fuego,  que    les    quebraron    el    parabrisas    del    taxi    e    hirieron   al  conductor”.   

         La  lectura  de las piezas procesales que recogen los testimonios de  Aydee  Zapata González y Orlando Álvarez Lozano, demuestra que, en efecto, son  convergentes en los aspectos señalados por el fallo censurado.   

         Además,  en ampliación del 9 de mayo del 2001, a la señora Zapata  González  le  fueron  puestas  de  presente  esas  contradicciones  y  en forma  pormenorizada  las  aclaró  explicando  que  pudieron  obedecer  a  errores  de  transcripción.   En   todo   caso,   como   bien   concluyó   el  Ad  quem,  en el fondo, en lo sustancial,  los dos relatos son concordantes.   

         Del cargo subsidiario del defensor.   

         1.  El reparo se sustenta en violación directa de la ley sustancial  porque   la   justicia   aplicó   el   tipo   de   homicidio   y   no   el   de  lesiones.   

         Pero  el  actor  no probó –y   eso  le  competía-  que  la  conclusión  de  la  sentencia  se  relacionara  con  los  elementos  que estructuran la agresión a la integridad personal.   

         Y  no  podía  hacerlo  porque,  al  contrario,  la totalidad de los  razonamientos  del  Ad quem,  como  el  mismo  demandante reconoce en otros apartes de su escrito, verificaron  la    comisión    de    un   delito   de   homicidio   en   la   modalidad   de  tentativa.   

         2.   Los   hechos   investigados  fueron  adecuados  a  un  concurso  heterogéneo  y  sucesivo de tres conductas delictivas: homicidio, hurto y porte  ilegal  de  armas. La autonomía de los tres comportamientos permite que algunos  se  cometan  con  dolo  directo  y otros con dolo eventual, como tácitamente lo  dedujo la segunda instancia.    

         Del cargo subsidiario del Procurador Judicial.   

         1.  No  demostró  que el Tribunal hubiera incurrido en falso   raciocinio   al   apreciar   las  confesiones de los procesados y las declaraciones de las víctimas.   

         Sobre  las  primeras, las indagatorias, no especificó las reglas de  la  lógica,  la  ciencia  o la experiencia desconocidas por los jueces. Indicó  que  el  Tribunal  no  había explicado por qué no les daba credibilidad, causa  por  la  cual  es  claro  que  ello estructuraría lesión al debido proceso por  ausencia de motivación.   

         2.  El Tribunal sí estudió el punto y no creyó a los acusados. Ya  la  Sala  transcribió  sus palabras, que reiteradamente afirman la posición de  aquellos  consistente  en  negar  la intención de matar o lesionar, y en asumir  que sólo querían hurtar.   

         Seguidamente   expuso   que  la  realidad  probatoria  era  diversa.  Recuérdese  el  material probatorio indicativo de que en ellos “surgió” la  “intención”  o  “ánimo”  de “cometer ambos delitos”, el hurto y el  homicidio:  su  pertenencia  a  un  frente guerrillero; su conocimiento sobre el  manejo  de  armas  de  fuego;  la  actitud  de disparar al conductor de frente e  impactarle  en el rostro; y los órganos que le fueron afectados al agente de la  policía.   

         Esa  forma  de  trabajar  judicialmente,  que por sí misma descarta  cualquier  queja sobre la supuesta ausencia de racionalidad o razonabilidad para  deducir  el  dolo,  expuesta  luego de analizar con cuidado los descargos de los  sindicados,    constituye    respuesta    clara    para   negarle   eficacia   a  estos.   

         3.  Con  base  en la anterior labor, el Ad  quem relacionó los testimonios del agente conductor y  de   su   esposa   y   concluyó   que  eran  armónicos.  Esta  expresión  fue  suficientemente  explicada.  Por  consiguiente,  no  es  acertada la postura del  Procurador  Judicial,  según la cual el fallador no motivó la credibilidad que  concedió  a  estas  pruebas.  Pero,  además,  la ilación que el juzgador hizo  entre  los descargos y los testimonios, evidencia que lo dicho sobre aquellos lo  llevó a conferir eficacia a estos.   

         De la casación oficiosa.   

         1.  La  Sala,  acogiendo  la recomendación del Ministerio Público,  casará   oficiosamente  la  sentencia,  en  relación  con  la  pena  accesoria  impuesta.   

         El  juzgado  condenó  a  los  procesados  “a la pena accesoria de  interdicción  en  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por un lapso  equivalente  al  de la pena principal”, que fijó en 40 meses de prisión, por  los delitos de hurto y porte de armas.   

         El  Tribunal,  al  adicionar  la  conducta  de homicidio en grado de  tentativa,  fijó  la pena de prisión en 162 meses. Y añadió: “La accesoria  de  interdicción  de derechos y funciones públicas por el mismo lapso”, esto  es, 13 años y 6 meses.   

         2.  Para  el  momento de los hechos, 29 de marzo del 2001, regía el  Decreto  100 de 1980. Su artículo 44, modificado por el artículo 3° de la Ley  365  de  1997,  establecía  que  la  duración  máxima  de  esa pena era de 10  años.   

         En  virtud  del  principio y garantía fundamental constitucional de  la  favorabilidad,  el  procesado  tiene derecho a que en forma ultractiva se le  aplique     esa     disposición,     porque     las    actuales    –artículos  51  y 52 de la Ley 599 del  2000-,  que  tácitamente  fueron  admitidas por el Ad  quem, habilitan esa restricción por el mismo monto de  la sanción restrictiva de la libertad, o hasta 20 años.   

         Se  modificará el aspecto indicado para dejarlo en el máximo legal  previsto  por  el  Código  Penal  de 1980. La decisión, por resultar benéfica  para el procesado no recurrente, se le hará extensiva.   

         Consecuente  con lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  administrando  justicia en nombre de la República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE  

         

         1.   No  casar  la sentencia en los términos demandados.   

         2.  Casar oficiosamente el fallo del 15 de  marzo  del  2002  proferido  por  el  Tribunal  Superior  de  Medellín,  en  lo  relacionado  con  la  sanción  de  interdicción  del  ejercicio  de derechos y  funciones públicas.   

         En  su  lugar,  imponer a John Fredy Arango  Castañeda   y   a   Rubiel  Londoño   Martínez  la  pena  de  interdicción  de  derechos y funciones públicas por el término de 10 años.   

Notifíquese y cúmplase.  

HERMAN    GALÁN  CASTELLANOS   

SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ                 ALFREDO         GÓMEZ  QUINTERO   

ÉDGAR           LOMBANA  TRUJILLO           ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ PINZÓN   

        Comisión de servicio   

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN            JORGE  LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS              MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria    

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