19932(15-09-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 19932  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrada Ponente:  

                                     MARINA    PULIDO    DE  BARÓN   

Aprobado Acta N° 77.  

Bogotá, D. C., septiembre  quince (15) de dos mil cuatro (2004).   

VISTOS  

Resuelve  la  Sala  el  recurso de casación  interpuesto  por el agente del Ministerio Público contra el fallo proferido por  el  Tribunal  Superior  de  San  Andrés,  Providencia y Santa Catalina de fecha  abril  30  de  2002,  mediante el cual modificó únicamente en lo relativo a la  pena  la  sentencia  anticipada dictada por el Juzgado Penal del Circuito de San  Andrés  el 22 de febrero del mismo año, por cuyo medio condenó a BENJAMÍN   MAFLA   HERRERA   como  autor  penalmente   responsable   del   delito  de  violación  al  régimen  legal  de  inhabilidades e incompatibilidades.   

HECHOS Y ACTUACION PROCESAL  

Los    primeros    fueron   sintetizados  adecuadamente    por    el    a-quo    de la siguiente manera:   

“Por  los  informes  presentados  por los  investigadores  del  CTI   y  el DAS en junio 7 de 2000 se pone de presente  que  el  procesado  en  mención  celebró  los contratos 022 del 01 de julio de  1998,  006  del  17 de febrero de 1999 y 013 del 12 de julio de 1999 con Invías  Regionales  Atlántico,  el primero, y Barranquilla, los dos últimos, en nombre  y  representación  de  la Cooperativa de Trabajo Asociado Tropical Island Ltda.  ‘Cootropi’,  siendo  a la vez funcionario de la  Gobernación  del Departamento Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa  Catalina”   

A la investigación por los anteriores hechos  se  vinculó  mediante  indagatoria a BENJAMÍN ALONSO  MAFLA  HERRERA, en   cuyo   marco   le   fue   impuesta   medida   de  aseguramiento  de  detención  preventiva  como  presunto  autor  responsable del delito de violación al régimen legal de  inhabilidades  e  incompatibilidades,  sustituida,  en la misma providencia, por  detención domiciliaria.   

Clausurada   la  investigación,  mediante  providencia  de  fecha  mayo 24 de 2001, se calificó el mérito del sumario con  resolución  de  acusación  para el procesado por las conductas imputadas en la  definición  de situación jurídica. La Fiscalía Delegada ante el Tribunal, el  17  de  agosto  del mismo año, en virtud del recurso de apelación promovido en  su   contra,   la   confirmó  “agregándole  a  la  calificación  jurídica  provisional,  el  concurso homogéneo por el delito de  violación  al  Régimen  legal de Inhabilidades e Incompatibilidades, contra el  sindicado:       BENJAMÍN      ALONSO     MAFLA     HERRERA”.   

En  la  fase  del  juicio, que correspondió  tramitarla  al  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de San Andrés Islas, el  acusado se acogió a la figura de la sentencia anticipada.   

El  22  de  febrero  de  2002, el mencionado  despacho  judicial  dictó  sentencia  anticipada,  por  cuyo  medio  condenó a  BENJAMÍN  MAFLA  HERRERA  a  las  penas  principales  de  42  meses  de  prisión y multa en cuantía de 17,5  salarios  mínimos  y  a  la  accesoria de interdicción de derechos y funciones  públicas  por  el mismo lapso de la pena principal privativa de la libertad, al  encontrarlo  penalmente responsable en calidad de autor del delito de violación  al  régimen  legal  de  inhabilidades  e  incompatibilidades,  al tiempo que le  concedió  el  sustitutivo  de  la  pena privativa de la libertad de la prisión  domiciliaria.   

Contra  esta determinación, sólo interpuso  recurso  de apelación el defensor del procesado, sobre el cual se pronunció el  Tribunal  Superior  de  San Andrés, Providencia y Santa Catalina, en el sentido  de  modificarlo  únicamente  en  cuanto  a la pena impuesta, reduciéndola a 38  meses y 12 días de prisión.   

           

El Procurador Judicial Penal II No. 85 de San  Andrés  Islas,  inconforme  con  la  anterior  decisión, promueve en su contra  recurso    extraordinario   de   casación,   mediante   demanda   que   amerita  pronunciamiento de la Sala.     

LA DEMANDA  

Al  amparo  de  las  causales  primera,  por  violación  directa  de  la ley sustancial, y segunda de casación, contempladas  en  el  artículo  207  del  estatuto  procesal penal, el demandante formula dos  cargos   principales;    además,   plantea  un  reproche  subsidiario  con  fundamento  en  la  casual  primera por violación directa de la ley sustancial,  censuras que fundamenta y desarrolla de la siguiente manera:   

Primer cargo principal, violación directa de  la  ley  sustancial  por  aplicación  indebida  del  artículo 283 del estatuto  procesal   penal   y   falta   de  aplicación  del  último  inciso  del  mismo  precepto.   

Señala el recurrente que se incurrió en la  violación  demandada  “debido  a  que  en  el caso  subexamine  no  era  procedente  reconocerle al procesado BENFAMIN MAFLA HERRERA  los  correspondientes  descuentos  punitivos  consagrados  en  el  artículo 283  C.P.P.  en  atención   que  en  el  proceso  no se cumplía con uno de los  presupuestos  exigidos  por   dicha  norma,  para  la  procedencia  de  los  beneficios  punitivos  consagrados  a  favor  de los procesados que confiesan su  responsabilidad  criminal  durante el tramite de un proceso penal”.   

Se refiere al requisito previsto en el inciso  final  de  la  preceptiva  en  cita,  en  cuanto  exige que la confesión sea el  fundamento  de  la  sentencia,  “lo  cual nos da ha  (sic)   entender  que  los  criterios  esbozados  por  parte  del  Juez  Adquem  se encuentran completamente  equivocados,  ya  que  en  la  actualidad,  como  antes de la vigencia del Nuevo  Código  de  Procedimiento  Penal  (Ley  600  de 2000), se exigía para la   procedencia  de  la  confesión  como  atenuante  punitiva,  que la misma sea el  fundamento  de la sentencia”, solo que, indica, antes  de  la vigencia del último estatuto, ella no estaba expresamente regulada y era  producto de interpretación jurisprudencial de esta Sala.   

Estima,  adicionalmente,  que el Tribunal se  equivocó  al  reconocer  el descuento punitivo por confesión, a diferencia del  a-quo   que   lo   negó,  “puesto   que   si  nos  atenemos  a  la  realidad  probatoria  habida  en  el  proceso, reconocida tanto en la sentencia de primera  como  de  segunda  instancia, podrán observar los Honorables Magistrados que en  el  proceso  existen  pruebas  mas  que  suficientes  y  determinantes como para  predicar  la  responsabilidad  criminal del procesado por las conductas punibles  por  las  que  fue llamado a juicio, por lo que sería  inocua  la supuesta confesión del procesado, ya que ella no le presta ni aporta  ninguna    utilidad   al   proceso”   (negrillas tomadas del texto original).   

De  conformidad  con  lo  expuesto, el actor  señala  que  el  Tribunal incurrió en una “clara y  manifiesta  violación  directa  de la Ley Penal,  en  atención a que desconoció uno de los presupuestos que  de   manera  directa  y  expresa  consagra  el  artículo  283  C.P.P.  para  la  procedencia   de   la   confesión   como   diminuente   punitiva”.   

Segundo  cargo  principal,  causal  segunda,  incongruencia  entre  la  sentencia  y la resolución de acusación:   

El  error  referido,  precisa el recurrente,  estribó  en  que  “tanto en la sentencia de primera  como  de  segunda  instancia,  se ha presentado una incongruencia con los cargos  consignados   en   la  resolución  de  acusación”,  haciendo  alusión a la proferida en segunda instancia por la Fiscalía Delegada  ante  el Tribunal de San Andrés, por medio de la cual se adicionó el pliego de  cargos  de  primera  instancia,  precisamente  al  advertir que el procesado era  responsable  “como  presunto  autor  material de un  concurso  de conductas punibles, en la modalidad homogéneo sucesivo, de delitos  de      violación      al     régimen     legal     de     inhabilidades     e  incompatibilidades”.   

Lo anterior, con fundamento en que en las dos  sentencias,  recalca  el  casacionista, se condenó por un sólo delito, aspecto  que  “tiene una repercusión de gran importancia en  el  proceso,  porque  si  tenemos  en  cuenta la disposiciones consagradas en el  artículo  31  C.P.,norma esta que regula todo lo relacionado con el concurso de  conductas  punibles, las cuales fueron desconocidas tanto por el juez de primera  como   de   segunda   instancia,   el   monto   de   la   pena  ha  (sic)   imponer   al   procesado   será  diferente,  ya  que  una cosa es imponer una pena por un delito único y otra es  la  de  imponer una pena por un concurso de conductas punibles, ya que las penas  por  el  concurso de conductas punibles deben ser superiores a las impuestas por  un delito único”.   

Cargo  subsidiario, violación directa de la  ley  sustancial,  por  inaplicabilidad  del  inciso  6°  del  artículo  40 del  estatuto procesal  penal.                           

Aduce  el  actor  que  en  caso de que no se  comparta  su  primer  planteamiento en torno a la improcedencia del beneficio de  la  confesión,  en  todo  caso “se incurrió en una  violación  directa  de  la ley sustancial al reconocerle al procesado de marras  un  descuento punitivo equivalente a una quinta parte (1/5) de la pena impuesta,  debido  a  que  no  se  encontraban  vigentes las disposiciones aplicadas por el  Tribunal Aquo en el caso subexamine”.   

Agrega  que  en  la  sentencia impugnada, se  concedió  el  descuento  previsto  en  el  inciso  sexto  del  artículo 40 del  estatuto     adjetivo     penal,     si    reparar    que    esa    “normatividad no tiene ningún tipo de  aplicación  en  el  caso  subexamine” (negrillas  originales),  por  cuanto  fue excluida del ordenamiento  positivo  por la Corte Constitucional en la sentencia C-760 de julio 18 de 2001,  con   ponencia   del   doctor   Marco   Gerardo  Monroy  Cabra,  por  vicios  de  forma.   

A   su  juicio,  lo  señalado  trae  como  consecuencia  “que  sean  diferentes los descuentos  punitivos  ha  (sic) aplicar  al  procesado BENJAMÍN MAFLA HERREA, ya que dicho descuento no sería el de una  quinta  parte  por concurrir la confesión con la sentencia anticipada, sino que  primero    correspondería    al    equivalente    al    efectuar   (sic)   el  descuento  por  confesión  y  después   la   reducción   punitiva  por  sentencia  anticipada”  ,  conforme  con  esa operación, desde su punto de vista, la pena  que corresponde para el procesado es de 35 meses de prisión.   

Por último, en el capítulo de “peticiones”  solicita  que  se casen  las  sentencias objeto de impugnación y que como consecuencia de ello, se dicte  sentencia sustitutiva.   

       

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

Respecto   del   primer  cargo  principal,  violación  directa  de la ley sustancial por aplicación indebida del artículo  283 del estatuto procesal penal.   

Destaca  en  primer  lugar  la  Procuradora  Primera  Delegada  para la Casación Penal, que el censor aduce correctamente la  causal  de  casación  invocada, al centrar la discusión en torno al juicio del  fallador.   

Así  mismo, anota que de conformidad con la  norma  procesal vigente para el momento en que el procesado rindió indagatoria,  esto  es, el 2 de octubre de 2000, la reducción por confesión operaba en tanto  “se  produjera durante la primera versión y que no  se  tratara  de  un  caso de flagrancia”.   En  relación con esa preceptiva,  indica  que esta Sala se refirió en múltiples oportunidades al exigir que así  no  se  mencionara  expresamente  en  la  norma “era  indispensable  que  la  confesión  se  constituyera  en  el  fundamento  de  la  condena”.   

Para la Procuradora Delegada, esta situación  ya  se  encuentra superada con la norma contenida en el estatuto actual, vigente  para  el  momento  en  que  fue proferida la sentencia de segundo grado y por lo  tanto    no    admite    duda    alguna,    salvo    considerarse   “que  la  indagatoria  se  llevó  a  cabo  con  antelación a la  entrada     en     vigencia     de    la    nueva    legislación”.   

No  obstante,  si la intención del Tribunal  era   reconocer   la   diminuente   “tampoco  esta  situación  hubiera tenido vocación de prosperidad, porque del análisis de las  pruebas  se  deduce  que toda la prueba, ya había sido aportada por la Policía  Judicial  y  en  tratándose  del  punible  por  el  cual  se  dio  inicio  a la  investigación,  se  acusó  y  posteriormente  se  condenó, no fue otro que la  violación       al       régimen       legal      de      inhabilidades      e  incompatibilidades”.   

Para  la  estructuración  de  este  delito,  señala  la Representante del Ministerio Público, se tuvieron en cuenta el acta  de  posesión  que acreditaba al sindicado como servidor público, los contratos  y  certificación expedida por la Cámara de Comercio de dicha localidad, de los  cuales  se  pudo concluir que para la fecha en que suscribió los contratos como  representante  de  la firma “Cootropi”,  estaba  vinculado con la administración pública, desde el 15 de  septiembre     de    1998    hasta    el    31    de    diciembre    del    año  siguiente.                          

Así   las   cosas,   infiere   que   la  “confesión”  del  enjuiciado  no  se  erige en el fundamento de la condena,  “porque un examen del proceso es indicativo que las  evidencias   obtenidas   antes   de  la  indagatoria  del  acusado,  permitieron  establecer  lo  que  finalmente reconoció y sin ninguna duda, con prescindencia  de   lo   que   confesó  la  decisión  hubiera  sido  la  misma”.   

Añade  que  en todo caso la manifestaciones  que  hizo  el  procesado  en su diligencia de indagatoria tampoco pueden tomarse  como  una  confesión, “porque si bien afirmó haber  prestado  sus  servicios  desde  el  15  de  septiembre  de  1998 hasta el 31 de  diciembre  de  1999 (fl. 193, C.O. N° 1), en respuesta independiente reconoció  haber  suscrito  varios  contratos  en  calidad  de  representante  legal  de la  ‘Cooperativa  de Trabajo  Asociado    Tropical    Island   Ltda’…”.   

Al  respecto,  aclara  que  no  equivale  la  expresión    confesare   el   hecho”   con   “confesare   su   autoría  o  participación  en  la  conducta punible” que utiliza  el   artículo  283  del  estatuto  procesal  actual,  por  lo  que  esta  Corte  “ha  concluido  que  no opera la rebaja de pena por  confesión   cuando  esta  sea  calificada  por  circunstancias  excluyentes  de  responsabilidad penal”.   

Esto   le   lleva   a   concluir  que  las  manifestaciones   hechas   por  el  procesado  en  su  indagatoria  “ni  son confesión, ni son confesión calificada.  Tan solo  se  ocupó de responder afirmativamente pero no se refirió a la relación entre  el  cargo y su función como representante legal”, el  criterio que prima, entonces, es el de su utilidad.   

Señala  que  si  bien  el legislador actual  permite  la  rebaja  frente a la confesión simple o calificada, la condiciona a  que  se  constituya en el fundamento de la sentencia condenatoria;  todo lo  contrario  a  lo  que ocurre con la versión ofrecida por el procesado, en donde  “sus   aseveraciones   en   nada   facilitaron  la  investigación,  que  ya  estaba  totalmente  adelantada,  prueba de ello es que  después  de la primera versión, sólo rindieron declaración los socios Edbert  Rodríguez  Reid y Clifor Reid Dilbert.  Y posteriormente fue clausurada la  investigación”.   

En  cuanto  al  segundo  cargo  principal,  incongruencia entre la sentencia y la resolución de acusación.   

Luego  de  traer  a  colación apartes de la  providencia  de  primera  instancia por medio de la cual se calificó el mérito  del  sumario,  indica que “Es claro entonces, que la  Fiscalía  dejó plasmado el concurso de conductas punibles por la violación al  régimen  legal  de  inhabilidades  e  incompatibilidades, es más transcribe lo  preceptuado   en   el   artículo   26   del  C.  Penal  anterior”,  sin  embargo, agrega que olvidó en la parte resolutiva referirse  expresamente a la modalidad concursal.   

Por su parte, la Fiscalía Delegada ante el  Tribunal  de la Isla, al resolver el recurso de apelación interpuesto contra la  anterior  decisión,  dispuso  expresamente  el  concurso  sucesivo  homogéneo,  “Pero  las  decisiones condenatorias no tuvieron en  cuenta  que  se trataba de más de una conducta violatoria del mismo tipo penal,  conductas  independientes realizadas por la misma persona en momentos distintos,  17  de  febrero  de  1999  y  12  de julio del mismo año y a las cuales se hizo  referencia  en  la  resolución  de  acusación  de  segunda instancia del 17 de  agosto  de 2001, en que se agregó el concurso sucesivo homogéneo por el delito  de  Violación  del Régimen legal de Inhabilidades e Incompatibilidades, contra  Benjamín Alonso Mafla Herrera”.   

Por  consiguiente,  para  la  Procuradora  Delegada,  “también  este  cargo debe prosperar, y  por  lo  tanto, la Sala Penal de la H. Corte Suprema de Justicia, al proferir el  fallo  de  reemplazo  deberá  tener en cuenta que se trató de varias conductas  que  constituyen  un concurso homogéneo y sucesivo como lo sostuvo la Fiscalía  en la calificación”.   

Con respecto al único cargo subsidiario por  causal  primera,  violación  directa de ley sustancial por falta de aplicación  del inciso 6° del artículo 40 del estatuto procesal penal.   

Aduce  la  representante  del  Ministerio  Público,  que este cargo está mal formulado, pues lo que se ha debido plantear  es  aplicación indebida y no falta de aplicación, como se infiere del contexto  del reproche y de la demanda.   

A continuación, agrega que efectivamente la  Corte  Constitucional  en  la  sentencia  C-670/01  del 18 de julio de 2001, con  ponencia  de  los  doctores  Marco  Gerardo  Monroy Cabra y Manuel José Cepeda,  declaró  la  inexequibilidad del inciso sexto del artículo 40 de la Ley 600 de  2000,    por    lo    que    al    ser   aplicada   indebidamente   “debe  ser  removida  en el fallo sustituto al ajustar la pena en  legalidad  de  conformidad  con  lo establecido en el artículo 217 del C. de P.  Penal”.   

Concluye,    entonces,    “que  el  cargo resulta admisible y debe ser estimado para dichos  efectos”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Primer  cargo principal, violación directa  de  la  ley  sustancial  por aplicación indebida del artículo 283 del estatuto  procesal   penal   y   falta   de  aplicación  del  último  inciso  del  mismo  precepto.   

Tiene  razón  el  censor,  e  igual  la  Procuradora  Delegada  en  su  concepto al avalar la propuesta contenida en este  reproche,  cuando  sostienen  que se incurrió en la vulneración referida de la  ley  sustancial  en la sentencia impugnada, al conceder el beneficio punitivo de  la  confesión,  previsto  en  el  artículo 283 del estatuto procesal penal, en  favor     del     procesado     BENJAMÍN    MAFLA  HERRERA.   

Al  respecto,  oportuno  se ofrece traer a  colación  los  argumentos en que se basó el Tribunal para acceder al pedimento  del  defensor  como  sustento  del  recurso  de  apelación  promovido contra la  sentencia  de  primera  instancia,  en  donde  se  había negado rotundamente el  beneficio  aludido,  no obstante que desde el momento mismo en que se suscribió  el  acta  de  la  diligencia  de  aceptación de cargos por el procesado, había  insistido  en  su  reconocimiento.  Adujo el Tribunal, en pro del reseñado  beneficio  punitivo  para  MAFLA  HERRERA, lo siguiente:   

“La confesión es el reconocimiento libre  y  espontáneo de hechos perjudiciales en la primera versión del sindicado ante  el  funcionario  judicial, la cual, excepto en los casos de flagrancia, da lugar  a  una  reducción  de  la pena en 1/6 parte (artículo 283 C.P.P.).  Si la  sentencia  concurre  con  la  sentencia  anticipada  en  la etapa del juicio, la  rebaja es de 1/5 parte (art. 40 C.P.).   

La  confesión  hecha  en  las  anteriores  circunstancias   no   puede   ser   desconocida   porque   el  Código  no  trae  condicionamientos  modelos  diferentes  a  la  flagrancia  (C.S.J.  Cas.  Penal,  sentencia  noviembre  17/88),  y  es  por  ello  que  el tribunal no comparte la  decisión   el   a-quo,   quien   condiciono   (sic)  a   que  la confesión fuera el fundamento de la  sentencia  y la desechó por existir suficiente prueba documental para condenar,  requisito  que  no  exige la norma, pues basta que sea un reconocimiento libre y  espontáneo  de  hechos  perjudiciales  en  la  primera  versión  y  que no sea  capturado en flagrancia.   

El condenado en la indagatoria admitió ser  empleado  de  la  gobernación  y  a  la  vez  ser  representante  legal  de  la  Cooperativa  Cootropic  Ltda.  Y  dijo  que en tal calidad había firmado varios  contratos   con   Invías,  hechos  precisamente  investigados,  calificando  su  confesión,  lo  cual lo hace merecedor de la rebaja contemplada en el artículo  283 del C. de P.P.”.   

Es claro que la argumentación del Tribunal  no  refleja  en  absoluto la realidad normativa actual.  Afirmar que la ley  no   condiciona  el  reconocimiento del beneficio de la confesión a que se  erija  en  el fundamento de la sentencia, no sólo denota desconocimiento frente  a  un  tema que ha sido ampliamente debatido, sino que apunta hacia un insólita  abstracción  de  lo  que  aparece  en  forma  clara  y  precisa  en un precepto  normativo,  como  lo es el artículo 283 del estatuto procesal penal, el cual no  hizo  otra  cosa  que declarar explícitamente lo que esta Sala venía exigiendo  para   avalar   la   gracia  punitiva  en  vigencia  del  anterior  ordenamiento  adjetivo.     El    artículo    mencionado,   taxativamente   señala   lo  siguiente:   

“Artículo 283.  Reducción  de  pena.  A  quien fuera de los casos de  flagrancia,  durante su primera versión ante el funcionario judicial que conoce  de  la actuación procesal confesare su autoría o participación en la conducta  punible  que  se  investiga,  en caso de condena, se le reducirá la pena en una  sexta  (1/6)  parte,  si  dicha  confesión  fuere el  fundamento  de  la  sentencia”.   (negrillas           fuera          de          texto).             

Lo  anterior  constituye motivo suficiente  para  casar  el  fallo,  en  la  medida  en que la decisión impugnada desconoce  abiertamente   un  texto  legal  sustancial,  aplicado  indebidamente,  pero  es  pertinente   hacer   claridad  sobre  otros  aspectos  que  refuerzan  la  misma  conclusión.   

Por  ejemplo,  en  lo  que  atañe  con la  discusión  que  se  podría  generar  por  razón  de  que  la  indagatoria  de  BENJAMÍN  MAFLA HERNÁNDEZ  fue  vertida  en  vigencia  del  anterior estatuto penal, cuando no existía, de  conformidad  con  el  artículo  299  del  decreto  2700  de 1991, la explícita  exigencia  de  que  la  confesión  se  constituyera  en  el  fundamento  de  la  sentencia,  no  tiene mayor repercusión, en cuanto la postura reiterada de esta  Sala,  como  ya  se dijo, en vigencia de ese estatuto se inclinaba a que en todo  caso  debía  reunir  ese condicionamiento, bajo el denominado ahora criterio de  utilidad  que  pudiera  prestar,  al  cual  también refiere la Colaboradora del  Ministerio  Público  cuando hace remembranza de lo que en esta Sala se ha dicho  en  torno  a  esa  temática.   Ese  criterio,  se  puede  condensar  en la  sentencia  que  se  transcribe  en  el  concepto  del  Ministerio Público y que  resulta pertinente reseñar:   

   

“Que la confesión sea el fundamento de la  sentencia  no  significa,  como  a  veces se entiende, que constituya su soporte  probatorio  determinante.   Si  así  fuese,  la  norma  de  la  reducción  punitiva  sería  virtualmente  inaplicable  pues  si la ley impone verificar el  contenido  de  la  confesión (art. 281 cpp), es normal que al hacerlo se logren  otros   medios   de  prueba  con  la  aptitud  suficiente  para  fundamentar  el  fallo.   El  significado  de la exigencia legal está vinculado es, como lo  ha  señalado la Corte, a la utilidad de la confesión. Y si se considera que su  efecto  reductor  de  la pena se condiciona a que tenga ocurrencia en la primera  versión  y  en  casos  de  no  flagrancia,  la lógica indica que fundamenta la  sentencia  si  facilita  la  investigación y es la causa inmediata o mediata de  las  demás  evidencias  sobre  las  cuales finalmente se construye la sentencia  condenatoria”1   

.  

Entonces,  aun  si  el  análisis  de  la  procedencia  del  beneficio de la confesión se hace bajo la égida del anterior  estatuto  o en el actual, para la Sala la respuesta no difiere, pues en uno o en  otro   evento,  es  menester  que  ella  se  constituya  en  el  fundamento  del  fallo.          

El  Tribunal  en  la  argumentación  que  presenta   en  orden  a  reconocer  el  beneficio  punitivo,  se  apoya  en  una  jurisprudencia  de  esta  Corporación  del 17 de noviembre de 1988, sin aportar  más  datos, la cual recoge un criterio desactualizado, porque para esa fecha ni  siquiera  había entrado a regir el anterior estatuto procesal, en cuya vigencia  se adoptó la tesis señalada.   

Ahora, también es evidente que, aun si en  gracia  de  discusión  se  aceptara  que la versión del procesado MAFLA  HERRERA constituye una confesión,  no  se  yergue  en el fundamento de la sentencia para admitir el descuento, pues  según          el          a-quo, el juicio de  responsabilidad  devino  de “copias de los contratos  celebrados  por  MAFLA  HERRERA con Invías, entidad oficial e, igualmente, obra  la  prueba  de la calidad de empleado público del enjuiciado para el momento de  celebración    de    dos    de    los    contratos    celebrados”.   

Así  pues, la supuesta confesión no hace  otra  cosa que ratificar hechos que ya tenían plena demostración en el proceso  y  que el fallador valoró en forma prioritaria.  La versión del sindicado  tuvo  un crédito secundario de cara a su responsabilidad penal, tan es así que  el  juez  indicó, luego de referir a las anteriores probanzas, que “De  otro lado, estas circunstancias de hecho han sido plenamente  aceptadas  por  el  incriminado”,  esto  es, que la  versión  solo  tuvo un carácter refrendario de lo que ya se había corroborado  por otros medios.   

Y   si  lo  anterior  fuera  poco,  como  acertadamente  lo señala la colaboradora del Ministerio Público, la Sala está  de  acuerdo  en que la indagatoria del procesado MAFLA  HERRERA   ni   siquiera   puede   considerarse  como  confesión,  porque  en  ella  no obra aceptación siquiera tácita en relación  con  la  conducta  que  se le imputa, como lo precisó esta Sala cuando fijó el  alcance    de    la   expresión   “confesare   el  hecho”,  contenida en el artículo 299 del anterior  estatuto  procesal y hoy con más veras, cuando se ha sustituido esta expresión  por  la  fórmula “confesare su participación en la  conducta    punible    que   se   investiga”,   al  señalarse:   

“El  artículo  299  del  C.  de.  P.  P.  establece   la   reducción   de  pena  para  cuando  el  imputado  ‘…confesare  el hecho…’.  En derecho penal, la palabra hecho  tiene    una    connotación    muy   precisa,   pues   significa   ‘hecho       punible’  y  hecho  punible es comportamiento  típico,  antijurídico  y  culpable,  con  independencia de la Escuela, tesis o  teoría  que  se  quiera  adoptar, toda vez que en todas ellas las categorías o  elementos  mencionados conforman la estructura dogmática del delito, aun cuando  no  todas  coinciden  en  el  contenido  de  cada uno de tales aspectos. Así el  asunto,  la  confesión  implica  que  la  persona  admita  que  ha realizado la  conducta  definida  en  la  ley como delictiva, que ha causado daño y que lo ha  hecho  con  dolo,  culpa  o  preterintención. En sentido contrario, por razones  apenas  lógicas,  si  una  persona  imputada  formula  en  su  favor el aspecto  negativo  de las características del hecho punible, es decir, aduce en su favor  atipicidad,  concurrencia  de  justificantes  o de exculpantes, sencillamente no  confiesa  el  hecho  porque  en  las  tres hipótesis acabadas de relacionar, el  hecho punible no existe.   

         

d)  La  confesión,  como otros mecanismos  procesales    ideados    por    la   ‘justicia    consensuada’,    forma   parte   del   generalmente   denominado   ‘derecho   penal  premial’    o    de    los   ‘arrepentidos’,       institución      que,  pragmáticamente  hablando,   encuentra  como  sustento  la agilidad que se  quiere  imprimir  a  la  administración  de justicia, con el fin de evitar y de  disminuir  su  congestión.  Si  una persona, entonces, confiesa sólo una parte  del  hecho  punible,  por  ejemplo  la  mera  realización  física del mismo, y  condiciona  su  responsabilidad a la demostración de circunstancias impedientes  de  la  antijuridicidad  o  disolventes  de la culpabilidad, no tiene derecho al  reconocimiento  o estímulo estatal pues que con ello, en vez de colaborar en la  búsqueda   de  pronta   justicia,  hace  que  el  proceso  se  tramite  en  condiciones   normales  e,  inclusive  que,  en  veces,  se  trastorne  más  su  desarrollo.   

e) Como consecuencia de lo anterior, nace  otra  exigencia:  que  la  confesión  sea  el soporte de la sentencia. Si no es  así,    la    supuesta    aceptación    o    narración    del    ‘hecho’ resulta írrita, exigua, es decir,  sin  valor  atendible  para la construcción probatoria del fallo. Y algo que no  incide  en  la  declaración  de  responsabilidad  no  merece las preferencias o  prebendas  que  prevé  el  ordenamiento  jurídico2.   

Bajo los anteriores parámetros, es claro  que  la  indagatoria  del  procesado  BENJAMÍN MAFLA  HERRERA, no se puede tomar como una confesión, pues  en   ella   simplemente   respondió   en   forma   afirmativa  a  los  diversos  cuestionamientos  que  le hizo el instructor, no sobre su compromiso frente a la  conducta  punible,  sino en torno a los supuestos fácticos que dieron soporte a  su  estructuración,  pero  el  juicio  de responsabilidad no deviene por manera  alguna  de  lo que el sindicado admitió, sino de lo que el funcionario judicial  razonablemente  pueda  inferir  al  respecto  efectuando  un análisis en el que  involucre   las   demás  pruebas  que  obran  dentro  del  proceso.     

Por  todo  lo  expuesto,  resulta preciso  colegir  que el cargo prospera y que es necesario casar el fallo impugnado en lo  concerniente  al  reconocimiento  del  beneficio  punitivo  de la confesión, de  suerte  que,  a manera de fallo de reemplazo, se confirmará el proferido por el  juez de primer grado.   

Segundo  cargo  principal,  causal segunda,  incongruencia  entre  la  sentencia  y la resolución de acusación:   

En lo que corresponde con el segundo cargo  principal  contenido  en  la  demanda,  interpuesto  con fundamento en la causal  segunda  por  supuesta  incongruencia entre la sentencia y los cargos contenidos  en  la  resolución  de acusación por desconocimiento del concurso homogéneo y  sucesivo  de  conductas  punibles,  resulta preciso señalar que el casacionista  carece de interés para plantearlo en sede de casación.   

En  el sustento de la censura, reseña el  agente     del     Ministerio     Público     impugnante    que    “tanto  en  la  sentencia  de  primera instancia como de segunda  instancia  se  ha  presentado una incongruencia con los cargos consignados en la  resolución  de  acusación”  consistente  en  que  mientras  en  la última se acusó a BENJAMÍN ALONSO  MAFLA   HERRERA   por  un  concurso  homogéneo  de  conductas  punibles,  en  los  fallos se le condenó y se impuso pena como si se  tratara de un delito único.   

Como se puede apreciar sin dificultad, la  inconformidad  del  actor deviene frente a las dos sentencias, pero básicamente  en  relación  con  la  de primer grado, porque el Tribunal se circunscribió al  punto  único  sobre  el cual versó el recurso de apelación interpuesto por el  defensor  (en derredor del reconocimiento del beneficio de la confesión para el  procesado)  sin  considerar,  de  acuerdo  con el contenido de la decisión, que  hubiera  otros  asuntos que resultaran inescindiblemente vinculados al objeto de  impugnación,  como  lo señala el artículo 204 del estatuto procesal penal, al  regular  lo  concerniente  a  la  “competencia del  superior”.   

Por  esta  razón,  dicho  sea  de  paso,  resulta  desatinado  que  en  el  segundo  punto de la parte resolutiva de dicho  fallo,   el   Tribunal   haya   adoptado   la   determinación  de  “confirmar  las demás decisiones”,  cuando   su   competencia   se  limitó  exclusivamente  al  aspecto  objeto  de  impugnación  propuesto  por  el único sujeto procesal que interpuso recurso de  apelación  contra  el  de primer grado, es decir, el defensor del procesado, en  punto  de  la  procedencia  de  la  atenuante  punitiva de la confesión para su  prohijado.   

Significa  lo  anterior  que,  en sentido  estricto,  el  tópico  referente  a  la  incongruencia  entre la resolución de  acusación  y  el  fallo  no fue agotado en segunda instancia, a consecuencia de  que  ninguno  de  los  intervinientes  procesales  lo  cuestionó  frente  a  la  decisión  del  a-quo, ni  tampoco  el  Tribunal  lo  estimó  como  aspecto inescindiblemente vinculado al  objeto               de              impugnación.          

El  agente del Ministerio Público, quien  funge  ahora  como  casacionista,  pretende en la segunda censura que se case el  fallo  con  fundamento  en  la  mencionada  incongruencia, pero para ello debió  necesariamente  agotar la instancia previa en relación con ese tema específico  porque,  como  él  mismo lo señala, el yerro surgió en la sentencia de primer  grado,   contra  la  cual  no  promovió,  como  le  correspondía,  recurso  de  apelación  con  fundamento  en el defecto que deplora.  No haber procedido  de  esa  manera,  se  traduce  en un gesto de conformidad con el fallo de primer  grado  y  en el decaimiento de su interés para impugnar en casación, en cuanto  a ese específico aspecto.    

Es pertinente recordar, como lo ha venido  señalando  esta  Sala en forma reiterada, que el Ministerio Público no ostenta  una  condición  privilegiada frente a los demás intervinientes que lo exima de  cumplir  con  los  mismos  presupuestos procesales, entre otros, para acceder al  recurso  extraordinario de casación, por lo tanto debe necesariamente agotar el  recurso  de apelación en cuanto al tema específico que le genera inconformidad  (principio   de  identidad  temática),  salvo  que  se  trate  de  una  de  las  excepciones  que  se  han  previsto  al  respecto,  de  acuerdo también, con la  reiterada   jurisprudencia  de  esta  Sala.   Dichas  excepciones  son  las  siguientes:   

a)    Que   se   trate   de   una  nulidad             

b) Que se le haya impedido el ejercicio de  la impugnación contra el fallo de primer grado    

c)  Que  se trate de un fallo consultable  o            

d)  Que el interés surja con el fallo de  segunda instancia   

Ninguna  de  las anteriores hipótesis se  presenta  en cuanto al agente del Ministerio Público, de suerte que no es dable  concluir  cosa  distinta  a  que  al  mostrarse conforme con el fallo de primera  instancia  sobre  el  punto  específico  que  ahora  ventila  en  casación, se  desestimará    el    reproche    por    evidente   falta   de   interés   para  recurrir.   

Es conveniente precisar que la situación  referida  no  se  concreta  en  relación  con  los demás cargos que propone el  agente  del  Ministerio  Público en el libelo, en donde cuestiona la concesión  del   descuento   punitivo   por   confesión  (primer  cargo  principal)  y  el  quantum  de  la  rebaja  otorgada  por  dicho  concepto  (único subsidiario), puesto que fueron aspectos  adoptados   en   el  fallo  del  ad-quem   que   no  estaban  contemplados  en  la  sentencia  de  primera  instancia,  la  cual  fue  modificada  por  el  Tribunal precisamente sobre esos  puntos  en  especial,  por lo que surge de inmediato el interés para impugnar a  este sujeto procesal en relación con ellos.   

En  conclusión,  ninguna  acotación  se  efectuará  en lo que toca con el planteamiento de fondo contenido en el segundo  cargo      principal      del      libelo,     de     conformidad     con     lo  expuesto.          

Cargo  subsidiario, violación directa de  la  ley  sustancial,  por  inaplicabilidad  del  inciso 6° del artículo 40 del  estatuto procesal penal.   

Atendida  la  prosperidad  de  la primera  censura,  en  donde  se casa el fallo impugnado por el otorgamiento de la gracia  punitiva  de  la  confesión,  no  se hace necesario abordar este reproche en el  cual    se    discute   el   quantum   punitivo   que   se   reconoció  por  ese  beneficio.     

Así  las  cosas,  por  sustracción  de  materia, no se hará  pronunciamiento alguno al respecto.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL, administrando justicia en nombre  de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

1.-     CASAR  la  sentencia impugnada, por  razón  de  la  prosperidad del cargo primero principal contenido en la demanda,  de acuerdo con los motivos expuestos.   

2.-  CONFIRMAR,  en consecuencia,  la  sentencia  de  primera instancia proferida por el Juzgado Penal del Circuito  de San Andrés Islas el 22 de febrero de 2002   

3.-   DESESTIMAR  el  segundo  cargo principal  del     libelo,     por     falta     de     interés    para    recurrir    del  casacionista.   

         

Contra esta providencia no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese  y  cúmplase.   

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                               ALFREDO     GÓMEZ  QUINTERO   

ÉDGAR LOMBANA  TRUJILLO                        ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

Comisión de servicio  

MARINA   PULIDO  DE  BARÓN                           JORGE    LUIS   QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                               MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

1Radicación  11960,  sentencia  de fecha  Abril 10 de 2003, M.P., Dr. YESID RAMÍREZ BASTIDAS.   

2  Radicación  11400, sentencia de fecha mayo 25 de 2000, M.P. Dr. Álvaro Orlando  Pérez Pinzón.     

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