19016(25-08-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 19016  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE  CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE   LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

Aprobado acta N° 072  

Bogotá, D. C., veinticinco (25) de agosto de  dos mil cuatro (2004).   

V I S T O S  

Decide  la  Corte  el  recurso  de  casación  interpuesto  contra  la  sentencia  proferida  por el Tribunal Superior de Santa  Marta,  el  12 de febrero de 2001, en la que al confirmar la del Juzgado Tercero  Penal  del  Circuito  de  la  misma  ciudad,  fechada  el  15  de julio de 1999,  condenó,  entre  otros,  a  DULIS ESCOBAR LOZANO   a  las  penas  principales  de  14 años de prisión y  multa  equivalente  a  $2.039.024.950  y a la accesoria de interdicción de  derechos  y  funciones  públicas por el término de 10 años, como determinador  de  los delitos de peculado por apropiación agravado, prevaricato por acción y  falsedad ideológica en documento público.   

H E C H O S  

El  Procurador  Delegado  los resumió en los  siguientes términos:   

“Con ocasión de la  denuncia  presentada  por  los  jueces laborales de la ciudad de Santa Marta, la  fiscalía  pudo  establecer  que  tras haberse dispuesto, mediante la Ley 1ª de  1991  y  el  Decreto  036  de  1996, la creación del Fondo Pasivo de Puertos de  Colombia,  FONCOLPUERTOS,  con  el  objeto  de  asumir  el  pasivo laboral de la  extinta   empresa   de   Puertos   de   Colombia,  algunos  de  sus  directivos,  extrabajadores  y  abogados  se dieron a la tarea de obtener el reconocimiento y  pago  de millonarias indemnizaciones por concepto de horas extras, dominicales y  festivos que jamás se habían causado.   

“Entre  las  muchas  personas  que  fueron  vinculadas  a  la investigación por los hechos, están los abogados José León  Lubo  Noche  y  DULIS  ESCOBAR LOZANO, quienes en representación de un numeroso  grupo  de extrabajadores de la empresa liquidada, obtuvieron el reconocimiento y  pago  de  importantes  sumas  de  dinero,  no obstante que las reclamaciones las  hicieron  sin  el lleno de los requisitos legales, ni el respaldo probatorio que  soportara las pretensiones demandadas.   

“Lubo  Noche  recibió  en Santa Marta los  poderes  de  los extrabajadores y obtuvo de los funcionarios de FONCOLPUERTOS de  esa  ciudad  las  certificaciones en las que falsamente se indicaba que aquellos  habían  laborado  horas  extras,  dominicales  y  festivos.  Posteriormente  le  sustituyó  los  mandatos al doctor ESCOBAR LOZANO, quien sería el encargado de  presentar  las  reclamaciones administrativas en la ciudad de Bogotá, conciliar  con  los  directivos  del  Fondo y finalmente lograr que se expidieran los actos  administrativos   que   reconocían   los  pagos  de  las  acreencias  laborales  ilegítimamente reclamadas.   

“ESCOBAR   LOZANO,  una  vez  obtuvo  el  desembolso  de  las  conciliaciones, viajó a Santa Marta a pagar con cheques de  su  cuenta  personal  del  Banco  Ganadero  de  esa  ciudad a los poderdantes, a  quienes  les descontó un diez y quince  por ciento, adicional al cincuenta  por  ciento  que  habían  pactado  con  Lubo  Noche,  con  el  argumento de que  ‘había  que  hacer  otros  cuadres  en  Bogotá’ y que  ‘hicieran de cuenta que se  habían     ganado     la    lotería’.   

“Los  Jueces  de  instancia  hicieron  una  relación de los pagos obtenidos por los procesados, así:   

‘1)  La  suma  diecisiete    millones    ciento   diecisiete   mil,   doscientos   ocho   pesos  ($17.117.208,oo),  mediante  la  Resolución  N°  447  de  marzo  ocho  (8)  de  1995.   

‘2)  La  suma de  veintidós   millones   ochocientos   treinta  y  cuatro  mil  dieciséis  pesos  ($22.834.016,oo), mediante Resolución N° 448 de marzo 8 de 1995.   

‘3)  La  suma de  trescientos  cincuenta  y siete millones quinientos sesenta y un mil trescientos  cincuenta  y  un  pesos  ($357.561.351,oo),  mediante  Resolución N° 1275 A de  junio 12 de 1995.   

‘4) La suma de mil  seiscientos  cuarenta  y  un millones, quinientos doce mil trescientos setenta y  cinco  pesos  ($1.641.512.375,oo),  mediante la resolución N° 239 de febrero 6  de 1996.   

‘En  total  los  abogados  DULIS  ESCOBAR LOZANO y JOSÉ LEÓN LUBO NOCHE recibieron por parte de  FONCOLPUERTOS,  la  suma  de  dos mil treinta y nueve millones, veinticuatro mil  novecientos  cincuenta  pesos  ($2.039.024.950,oo),  a través de las diferentes  reclamaciones  que  presentaron  en  representación  de  un  grueso  número de  extrabajdores  de  la extinta empresa Puertos de Colombia, por concepto de horas  extras,     domingo     y    festivos’”.   

ACTUACIÓN  PROCESAL RELEVANTE  

Iniciada  la correspondiente instrucción, el  Director  Seccional  de  Fiscalías  designó  a los Fiscales 1° y 13  del  Grupo  de  Administración Pública, Unidad Segunda Especializada de Santa Marta  para  que  continuaran  conociendo de la actuación, funcionarios que vincularon  mediante  indagatoria,  entre  otros,  a  José  León Lubo Noche y DULIS ESCOBAR LOZANO.   

El  7 de febrero de 1997, se les resolvió la  situación  jurídica  a  los  citados  procesados  por  la Fiscal 213 de la Sub  Unidad  de  Delitos  contra  la  Administración Pública  y de Justicia de  Bogotá,  con  medida  de aseguramiento de detención preventiva por los delitos  de   peculado    por  apropiación,  prevaricato  por  acción  y  falsedad  ideológica en documento público.   

Cerrada la investigación, el citado despacho  judicial,  el 4 de agosto de 1997, profirió resolución de acusación en contra  de   José   León   Lubo   Noche   y   DULIS  ESCOBAR  LOZANO,  como  determinadores   de los delitos de  peculado   por   apropiación  agravado,  prevaricato  por  acción  y  falsedad  ideológica  en  documento  público.  Igualmente  precluyó la investigación a  otras personas.   

El  expediente pasó al Juzgado Tercero Penal  del  Circuito de Santa Marta que, luego de tramitar el juicio, el 15 de julio de  1999,  condeno  a  José  León  Lubo  Noche  y a DULIS  ESCOBAR  LOZANO  a las penas principales de 14 años de  prisión  y  multa  equivalente  a  $2.039.024.950,  como  determinadores de los  delitos  de  peculado  por  apropiación  agravado,  prevaricato  por  acción y  falsedad  ideológica  en  documento público. Así mismo,  les impuso como  pena  accesoria  la interdicción de derechos y funciones públicas por el lapso  de 10 años.   

Apelado  el  fallo  por  los  defensores,  el  Tribunal  Superior  de Santa Marta, el 12 de febrero de 2001, lo confirmó en su  integridad.   

Débese  igualmente  aclarar  que  la  Sala,  mediante  providencia  del  8  de  marzo  de  2004, declaró la extinción de la  acción  penal  por  razón  de  la  prescripción  respecto  de  los delitos de  prevaricato  por acción y falsedad ideológica en documento público, lo que se  cumplió el 12 de septiembre de 2002.   

LA      DEMANDA      DE   CASACIÓN   

Único cargo  

El defensor de DULIS  ESCOBAR   LOZANO,  al  amparo  de  causal  primera  de  casación,  acusa  al  Tribunal  de  haber  violado  de  manera indirecta la ley  sustancial,   por   error   de  hecho  “DERIVADO  DE  INTERPRETACIÓN  ERRÓNEA  DE  LA  PRUEBA,  AL  NEGÁRSELE  A  ESTA EL CONTENIDO  DISCULPANTE  QUE  A  FAVOR  DEL  PROCESADO  TIENE,  Y  A  LA  VEZ,  AL SUPONERSE  EXISTENCIA  DE PRUEBA INCULPANTE…”, yerro que, a su  juicio,  condujo a predicar que su defendido fue determinador de los delitos por  los cuales fue condenado.   

Acota   que  dicho  error  de  apreciación  probatoria  fue  determinado por un falso juicio de existencia, desconociéndose  lo  reglado en los artículos 246, 247 y 254 del Código de Procedimiento Penal.  Como  preceptos  vulnerados, de manera indirecta, cita los artículos 133, 149 y  219 del Código Penal.   

Luego  de  insistir que el juzgador supuso la  prueba  de la responsabilidad de su representado, recuerda que la determinación  constituye  una  forma  de participación, para lo cual cita el artículo 23 del  Código     Penal,    una    jurisprudencia    de    la    Sala    y   unos  doctrinantes.   

Así mismo, dice que entre su defendido y los  señores   Nicolás  Alberto  Daniels  y  Antonio  Villarreal,  funcionarios  de  Foncolpuertos  no existió ningún tipo de amistad. De igual manera, asegura que  un  grupo  de  extrabajadores  de  esa  empresa,  los  que cita, “entregaron  el poder para las reclamaciones pertinentes en la ciudad  de  SANTA  MARTA,  directamente al DR. JOSÉ LEÓN LUBO NOCHE, como se establece  no  solamente  con  la  copia  de tales poderes, sino con la declaración de los  mismos beneficiarios”.   

Por consiguiente, afirma que la prueba enseña  que  su  defendido  no  recibió  el  mandato de manera directa, sino que le fue  sustituido,    cuando    el    trámite   fue   enviado   de   Santa   Marta   a  Bogotá.   

Dice  que  cuando  Escobar  Lozano aceptó la  sustitución  del  poder  los  documentos  tildados  de  falsos  ya habían sido  allegados  a  la actuación, lo que significa “…que  al  momento  de  dichas  sustituciones  YA  TODA  LA DOCUMENTACIÓN ORIGINADA EN  FONCOLPUERTOS      SANTA      MARTA     HABÍA     SIDO     EXPEDIDA”.   

Como  prueba  ignorada dice que en el proceso  obran  los  poderes otorgados por los extrabajadores y que el doctor José León  Lubo  Noche  sustituyó algunos de ellos a su protegido en la ciudad de Bogotá,  lo  que se encuentra corroborado con la indagatoria de éste, para lo cual copia  un breve fragmento de la misma.   

A continuación insiste que los extrabajadores  le  dieron  poder  al  otro  coprocesado,  “quien se  encargó  de obtener la documentación respectiva merced a la amistad que tenía  con  funcionarios  de  FONCOLPUERTOS  SANTA MARTA, y que al Doctor DULIS ESCOBAR  LOZANO  solamente  lo  vieron  cuando,  luego  de  su  actuación  como  abogado  sustituto   se   hizo  presente  en  Santa  Marta  para  entregarles  el  dinero  recibido”.   

Después de resaltar algunos fragmentos de las  declaraciones  de  Luis  Alfonso  Miranda  Pérez,  Gilberto Guerrero Henriquez,  Reginaldo  Díaz Granados Lara, Ernesto Antonio Ibáñez Guerrero y Julio César  Bermúdez   Pardo  y  de  reiterar  lo  expuesto,  sostiene  que  la  prueba  en  precedencia  reseñada  indica  que  su  defendido  no  podía  ser determinador  “de   las   falsedades,  prevaricatos  y  peculados  cometidos        por        los        servidores       públicos…”.   

Se pregunta “si los  poderes  fueron  recibidos por el abogado JOSÉ LEÓN LUBO NOCHE y fue él quien  obtuvo  la documentación necesaria para fundamentar las reliquidaciones, hechos  consumados  con  antelación  al  momento en el cual SUSTITUYÓ tales poderes al  Dr.  DULIS  ESCOBAR  LOZANO,  quien  a  su  recibo  los  encontró  CON   TODA  LA  DOCUMENTACIÓN  COMPLETA,  cómo    puede    entonces    afirmarse   que   mi   representado   DETERMINÓ  A  LOS  FUNCIONARIOS  PARA  COMETER  FALSEDADES EN UNOS  DOCUMENTOS  QUE  AL  RECIBO  DE  LAS  SUSTITUCIONES  YA  FORMABAN  PARTE  DE  LA  RECLAMACIÓN?.  Absurdo  siquiera pensarlo”.   

Agrega  que  el  juzgador,  por  razón de la  omisión  probatoria,  “no  desde   el punto de  vista  formal  en  el sentido de que hubiera negado su existencia o discutido su  producción      legal,     sino     dentro     del     alcance     DISCULPANTE  QUE  TIENE. No le importó su  contenido  de convicción, ni entendió que de acuerdo con ella, el señor DULIS  ESCOBAR  LOZANO  JAMÁS PODÍA SER DETERMINADOR DE LAS  CONDUCTAS ILÍCITAS ENDILGADAS”.   

Acota  que  si  el  sentenciador hubiese sido  ponderado  como  lo  exige el análisis de la prueba y los postulados de la sana  crítica,  habría  concluido  que  Escobar Lozano no podía ser determinador de  las conductas punibles por las cuales fue condenado.   

En  otro  punto dice que el juzgador también  cometió  el  falso  juicio  de  existencia al suponer la prueba “sobre  hechos  que  comprometen  la  participación de DULIS ESCOBAR  LOZANO   como   partícipe   DETERMINADOR   de  las  conductas  punibles que se dicen consumadas por los  servidores públicos”.   

A continuación copia un fragmento del fallo,  en  donde,  según  el  libelista,  se  supuso la prueba sobre los hechos que le  fueron  atribuidos  a  su  defendido en calidad de partícipe, habida cuenta que  “presumir  que  por  el  hecho  de  que  una noticia  divulgada   en   los  medios  de  comunicación  el  Dr.  DULIS  ESCOBAR  LOZANO  –quien   además  estaba  residenciado  en  la  ciudad  de Bogotá sabía lo que estaba sucediendo con las  certificaciones  falsas  expedidas por FONCOLPUERTOS SANTA MARTA, es simplemente  SUPONER  PRUEBA  porque  lo  exige  la  ley (artículo 81 de la Ley 190 de 1995), es que sea el Estado el que  corra   con   la  CARGA  DE  LA  PRUEBA  y,  en  consecuencia,  NO SUPONGA SINO QUE  PRUEBE QUE EXISTA ESE CONOCIMIENTO”.   

De  igual  manera  califica  como  un acto de  suposición  probatoria  que  el  juzgador   hubiese  afirmado  que Escobar  Lozano  se  concertó con los funcionarios de Foncolpuertos, con el abogado Lubo  Noche  y  con los extrabajadores para cometer las conductas punibles por las que  fue condenado.   

Enseguida  nuevamente  dice  que  el juzgador  supuso  la  prueba de la participación de su defendido, para lo cual copia otro  fragmento  del  fallo;  y  dice que en este evento el juzgador no solo supuso la  “participación determinante de DULIS ESCOBAR en los  hechos,  sino  que  además  llega a insinuar ilegalmente suponiendo prueba, que  existió  ofrecimiento  de dinero por parte de ESCOBAR LOZANO. Que posición tan  alejada  de  la  fidelidad  al contenido procesal por parte de los falladores de  instancia”.   

Así  mismo,  acota  que  se  supuso  que las  transacciones  realizadas  en  la  ciudad  de Bogotá fueron arregladas para los  fines  propuestos.  Después  de  transcribir otras porciones del fallo atacado,  opina   que   no   comparte   las  conclusiones  del  juzgador  en  torno  a  la  responsabilidad  de  su  defendido,  erigiéndose el falso juicio de existencia,  máxime     cuando     se    “adhirió”   la   conducta   de   su   defendido  con  la  de  Lubo  Noche,  “creando  una  extraña  circulación  del dolo para  comprometer   una   responsabilidad   inexistente”.   

En   el  acápite  de  las  “CONCLUSIONES”      procede    a  sintetizar  lo  expuesto  y  a  manifestar  que el juzgador no valoró la prueba  producida   “y  no  hubiese  ignorado  su  contenido  disculpante,  hubiera llegado a la más lógica y jurídica de las conclusiones:  SI  EL  DOCTOR  DULIS  ESCOBAR  LOZANO AL RECIBIR LAS  SUSTITUCIONES  DE  LOS  PODERES  ENCONTRÓ  TODA  LA DOCUMENTACIÓN ADJUNTA, POR  SIMPLE  REGLA  DE  SINDÉRESIS,  ÉL  NO  PIDÍA  HABER DETERMINADO A NADIE A SU  EXPEDICIÓN”.   

De  otro  lado,  señala  que  el  juzgador  igualmente  supuso elementos de juicio para concluir en la responsabilidad de su  representado,  puesto  que  da por demostrado que Dulis Escobar Lozano sabía de  la  existencia de la documentación falsa, que actuó en connivencia con el otro  coprocesado,  que  participó  como  determinador  y que acudió “al   ‘interés  dinerario’  con la entrega  de   sumas   de   dinero   a   los   funcionarios  de  Foncolpuertos”.   

No obstante, a continuación insiste que si el  juzgador  hubiese  apreciado  las  pruebas con apego a los postulados de la sana  crítica   “y  no  hubiese  ignorado  su  capacidad  disculpante  y,  además,  se  hubiese abstenido de suponer existencia de prueba  sobre  la  responsabilidad  de  DULIS  ESCOBAR LOZANO, la sentencia condenatoria  jamás se habría producido”.   

Luego  de  citar  las  normas  inicialmente  referenciadas,  solicita  a  la  Corte  casar  la  sentencia impugnada y, por lo  mismo,  absolver a su representado de los cargos proferidos en la resolución de  acusación.   

CONCEPTO DE LA PROCURADORA PRIMERA  

DELEGADA PARA LA CASACIÓN PENAL  

De entrada advierte que el libelista refundió  en  un  solo cargo tres reproches que han debido presentarse de manera separada,  habida  cuenta  que  hubo un error del sentenciador por haber aplicado la figura  de  la  determinación,  motivo  por  el  cual,  en su criterio, debió entonces  sustentar   el   cargo   con   base   en   la   violación  directa  de  la  ley  sustancial.   

Y  si  el juzgador supuso o dejó de apreciar  unos  elementos  de  juicio,  considera que debió esta vez soportar el reproche  por los senderos de la violación indirecta.   

Así  mismo, recuerda que para que la censura  tenga  éxito  es  necesario  que  además  de  enumerar los elementos de juicio  omitidos   realice  una  valoración  de  conjunto  con  los  demás  que  obran  “en  el  legajo, a efecto de demostrar que los datos  revelados  por  aquellos  tenían  la  virtud  de  cambiar  el fallo a favor del  impugnante”.   

De   otro   lado,   estima  que  el  censor  inicialmente  relaciona  unas  pruebas  que  fueron  omitidas,  pero  a renglón  seguido  reconoce  que  dicha  omisión no ocurrió, puesto que su inconformidad  recae  en el grado de estimación probatoria que el juzgador le dio a los medios  de  convicción.  Por  ello,  estima  que  el  censor  quiso  plantear  un falso  raciocinio    por    quebrantamiento    de    los    postulados   de   la   sana  crítica.   

Del  mismo  modo,  advierte  que el censor no  señaló  cuál  fue  la  prueba  que  se  supuso  para inculpar al procesado ni  tampoco,  como  era  su deber, la confrontó con las que sirvieron de soporte al  juicio  de responsabilidad, especialmente en lo atinente a la participación del  procesado a título de determinador.   

No obstante, dice que al margen de los errores  de  técnica,  no  es  cierto que los juzgadores hayan ignorado los hechos a los  que  se  refiere  el  demandante,  puesto  que  del  contenido de los fallos, se  advierten  con  claridad  cuáles  fueron  los  elementos  de  juicio  en que se  sustentaron  las  consideraciones,  en  lo  relativo  a la participación de los  procesados.   

Es así como explica que si bien es cierto que  el  coprocesado Lubo Noche fue al que inicialmente se le otorgó poder por parte  de  los  extrabajadores,  también  lo  es  que con base en unas certificaciones  falsas  éste y Escobar Lozano lograron que los directivos de Foncolpuertos, con  sede   en   Bogotá,  expidieran  los  correspondientes  actos  administrativos,  “reconociendo las acreencias laborales ilícitamente  reclamadas,  y  por  esta  vía obtuvieron el pago efectivo de dos mil treinta y  nueve  millones veinticuatro mil novecientos cincuenta pesos ($2039.024.950), en  perjuicio del tesoro nacional”.   

Destaca   que   para  el   sentenciador   fue   claro   que  Escobar  Lozano   una   vez   que   le   fueron   sustituidos   los   poderes   por  parte  de  Lubo  Noche, fue el encargado  de  presentar  las reclamaciones administrativas en Foncolpuertos  de   la   ciudad   de  Bogotá  y  concilió  con   los     funcionarios    de     esta     entidad    las   “llamadas      horas      extras,   festivos  y  dominicales”.   

Así  mismo, prosigue, recibió el cheque por  valor  de  las  conciliaciones y luego viajó a la ciudad de Santa Marta a pagar  con  cheques  de  su  cuenta  personal  a  los  extrabajadores,  “no  sin antes descontarles un diez y quince por ciento, adicional al  cincuenta  por  ciento  que  habían  pactado  en  los  poderes,  dizque  porque  ‘había  que  hacer  otro  cuadres         en        Bogotá’”.   

De     aquellos    hechos   debidamente     probados,    continúa,    los    juzgadores  dedujeron      las      responsabilidad     de     los   procesados,   máxime   cuando   para  éstos  el   “abogado    ESCOBAR    LOZANO    –pese     a   no    haber   recibido   directamente   los   poderes,   ni    haber    tenido    relación   abierta   con  los  exfuncionarios  de  Puertos  de  Colombia-,  intervino  como  determinador   de     los    delitos    realizados    por    los   servidores    públicos   que  en   Santa  Marta  expidieron  las  certificaciones  falsas,  y  en  Bogotá ordenaron el pago ilegal de millonarias  sumas  de  dinero, en cuanto ordenaron que su participación criminal, de común  acuerdo con el togado Lubo Noche…”.   

Por  consiguiente,  considera   que   al   estar   probado   que   Escobar  Lozano  fue     el     encargado     de     dirigir     y   orientar   en   Bogotá   las   diligencias necesarias   para       la       defraudación,      mal      puede   argumentarse   que   él   no  conocía   de  las   irregularidades  que  se  estaban   cometiendo     con     las   ilegítimas    certificaciones   expedidas    por    los   funcionarios  de  la  ciudad  de  Santa  Marta.   

Finalmente,  destaca  que se debe declarar la  extinción  de  la acción penal por razón de la prescripción de las conductas  punibles  de  prevaricato  por  acción  y  falsedad  ideológica  en  documento  público, debiéndose redosificar la pena.   

Por lo expuesto, solicita a la Corte no casar  la sentencia impugnada   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.   El    defensor    del   procesado   Dulis   Escobar   Lozano,  al  amparo   del  cuerpo   segundo   de   la   causal  primera   de   casación,   acusa   al   Tribunal de  haber   violado,  de  manera  indirecta,  la  ley  sustancial  por  error  de hecho, por  interpretación   errónea   de   la   prueba,   “AL  NEGÁRSELE  A  ESTA EL CONTENIDO DISCUPLANTE QUE A FAVOR DEL PROCESADO TIENE Y A  LA   VEZ,   AL   SUPONER   LA  EXISTENCIA  DE  PRUEBA  INCULPANTE…”.   

Como   normas   fin  violentadas  cita  los  artículos  133, 149 y 219 del Código Penal,   

2.  Es  verdad como lo destaca la Procuradora  Delegada,  el cargo carece de la debida técnica y de razón, motivo por el cual  no está llamado a prosperar. Veamos:   

En  lo  relativo a las normas que estima como  infringidas,  además  de  que no dio las razones jurídicas de su vulneración,  tampoco  señaló  su  sentido,  es  decir,  exclusión  evidente  o aplicación  indebida.   

Respecto  a la formulación de la censura, es  verdad  que  el  libelista  desconoce el concepto de error de hecho y los falsos  juicios  que  lo  determinan,  pues  lo  mezcla  de manera indebida, poniendo en  evidencia su inseguridad al formular la censura.   

Ante  todo recuérdese que el error de hecho,  como  lo  ha  dicho  la jurisprudencia de la Corte, consiste en la incongruencia  entre  la  prueba  que existe y no existe y la idea contraria  del juez. En  otros  términos,  “el  error  de  hecho  en materia  probatoria  subyace una actitud frente a lo descriptivo, en el sentido de que se  transgrede  la  información  suministrada  por la prueba o se finge la que ella  puede    suministrar”1.   

Ese  error  de  hecho  lo generan tres falsos  juicios, a saber:   

a)   Falso   juicio   de   existencia,   según   el   cual,   el  juzgador,   al      momento    de     valorar     individual     y   mancomunadamente   las   pruebas,   supone   un  medio   de   convicción   que   no   obra   en   el   diligenciamiento     o    excluye   uno,    los    que   tenían   la   aptitud   suficiente  para  probar   circunstancias     que      eliminan,      disminuyen     o   modifican  la  decisión  absolutoria o de condena.   

b)   Falso   juicio   de   identidad,  en  el  que incurre el sentenciador cuando en la apreciación de una  determinada   prueba   le   hace  decir  lo  que  ella  objetivamente  no  reza,  erigiéndose  en  una  tergiversación  o  distorsión  por  parte del contenido  material  del  medio  probatorio,  bien  por  que se le coloca a decir lo que su  texto   no   encierra   o   haciéndole   expresar   lo   que  objetivamente  no  demuestra.   

c) Falso  raciocinio,  cuando   el    juzgador    se   aparta,   al   momento   de  valorar  los  elementos  de  juicio,  de  los postulados de la sana crítica, es  decir,  de  las  leyes  de  la  lógica,  de  la ciencia o de las máximas de la  experiencia.   

Por    consiguiente,    no   resulta   atinado   afirmar   que   el   juzgador   en   la actividad probatoria no tuvo en cuenta plurales elementos de juicio  y    a   renglón    seguido    sostenga    que    sí   fueron   objeto   de   apreciación   pero   en  lo que  perjudicaba  al  procesado, puesto que se estaría vulnerando el principio   de   no   contradicción,   al   plantearse,   de   manera   simultánea   un falso juicio de existencia por omisión y un  falso  juicio  de  identidad,  toda  vez  que,  como  también  lo  ha  dicho la  jurisprudencia  de la Sala, cuando se valora  un  medio  de   prueba    de    manera    parcial,    al    punto   que   se  distorsiona  su  contenido  material se estaría en presencia del  último falso juicio citado.   

Del   mismo   modo,   el   actor   si  consideraba  que  el  sentenciador  al  momento  de  apreciar  los distintos elementos de juicio vulneró los postulados  de  la  sana  crítica, al punto que lo llevó a declarar una verdad distinta de  la  que  revela  el  proceso,  por cuanto no fue ponderado en el análisis de la  prueba  como  lo exige las citadas reglas de valoración, ha debido de fundar el  reproche  por  los  senderos del error de hecho por falso raciocinio, señalando  cuál  fue  el  principio  de  la  lógica,  de la ciencia o de la máxima de la  experiencia  quebrantado,  de  qué  manera  lo  fue y su incidencia en la parte  dispositiva    de    la    sentencia,    labor   que   tampoco   emprendió   el  libelista.   

El  actor,  como  si  la  casación fuese una  tercera  instancia, procede a confrontar su personal apreciación de las pruebas  con  la  del  juzgador, habida cuenta que, en su criterio, del acervo probatorio  no  se infiere que Escobar Lozano hubiese sido determinador de las conductas por  las  que  fue  condenado,  olvidando  que la simple discrepancia de criterios no  constituye  yerro  demandable  en  casación,  pues, además de que la sentencia  llega  a  esta sede amparada por la doble presunción de acierto y legalidad, el  juzgador  goza  de  libertad para justipreciarlas, sólo limitado por las reglas  de la sana crítica.   

En  efecto,  el  censor  hizo  consistir  el  discurso  argumentativo   en  que  el  juzgador  hizo  caso omiso a que los  poderes  para  la reclamación prestacional no le fueron otorgados a él sino al  otro  coprocesado,  que  éste se los sustituyó y que cuando comenzó a ejercer  como  litigante  ya  los  documentos tildados de falsos habían sido presentados  como  soporte  de  las  peticiones,  hechos  que  encuentran  el debido respaldo  probatorio,  sin  que  en manera alguna evidencie en qué consistió el error en  la  apreciación de  la  prueba y menos su transcendencia frente a las  conclusiones del fallo.   

Finalmente,  en lo relativo al error de hecho  por  falso  juicio  de existencia por suposición de la prueba, toda vez que, en  su  opinión, los hechos sobre los cuales se edificó el grado de participación  del  procesado  no  tienen el debido soporte probatorio, no relacionó, como era  su  deber,  cuáles fueron los medios de convicción supuestos por el juzgador a  fin  de  deducir la calidad de determinador de Escobar Lozano en los delitos por  los cuales fue condenado.   

Y  no  los  podía  enlistar  por  cuanto  la  fundamentación  del  reparo  la  centró  en  discutir  las  inferencias  a que  arribaron   los   juzgadores,   luego  del  análisis  individual   y   mancomunado   de   los   elementos   de   juicio.   En    otras  palabras,   el   casacionista,   amparado   en   un  error  de  hecho  por  falso juicio   de   existencia   por   suposición  de  pruebas,   pretende   cuestionar   los  juicios  de  los  sentenciadores,  en  lo  atinente  a  la  calidad  de  determinadores de los procesados en los delitos de  peculado  por  apropiación,  prevaricato  por acción y falsedad ideológica en  documento público.   

Del  mismo  modo,  a  fin  de sacar avante la  pretensión  procedió  a  transcribir  varias  porciones  del fallo atacado y a  sostener  que  en los análisis realizados dentro de la actividad probatoria, el  juzgador   “presumió”,  supuso  la  prueba,  que al Estado le corresponde “la  carga  de  la  prueba”, que insinuó “ilegalmente  suponiendo prueba”, etc, sin  que  de  su  argumentación se advierta un error y menos su trascendencia en las  decisiones adoptadas en la sentencia impugnada.   

3.   Tampoco  le   asiste  la   razón,     por     cuanto,     como     lo     destaca  igualmente    la   Procuradora   Delegada,   los   razonamientos   de   los  juzgadores   encuentran  debido  soporte  probatorio,  precisamente  en  la  prueba documental y  testimonial que el censor echa de menos.   

En  efecto,  como  se  adujo en los fallos de  instancia,  los que forman una unidad inescindible, si bien es cierto que fue al  otro  coprocesado  que,  en calidad de abogado, le otorgaron poder para reclamar  las  prestaciones  sociales ante la entidad defraudada, siendo igualmente el que  allegó  al  trámite  de liquidación las constancias falsas, según las cuales  los  mandatarios habían laborado horas extras, dominicales y festivos, también  lo  es  que,  dentro de la actividad delictual concertada, a Escobar Lozano, una  vez  que  le  fueron  sustituidos  los  mandatos, le correspondió presentar las  reclamaciones  administrativas  y  conciliarlas  ante  los  directivos del Fondo  Pasivo  de  Puertos  de  Colombia  con  sede en Bogotá, los que profirieron los  correspondientes  actos  administrativos, reconociendo esas acreencias laborales  por valor de $2.039.024.950,oo, en perjuicio del tesoro nacional.   

Además,    obtenido    el    pago    de  Foncolpuertos,   viajó   a  la  ciudad  de Santa Marta  a  pagar  con cheques de su cuenta personal a los extrabajadores,  no   sin     antes     descontarles    un    diez    y   quince   por   ciento,   adicional  al  cincuenta   por   ciento   que   había   pactado  a  la   firma    de     los     poderes,     dizque     porque   “había    que   hacer   otros   cuadres        en      Bogotá”.   

En esas condiciones, resulta evidente y claro  para  la  Sala que si bien el procesado no ejecutó los actos materiales para la  obtención  del  resultado  final,  de  todos  modos,  ejerció  una  influencia  determinante  en  los  funcionarios  públicos  encargados  de  materializar las  conductas  punibles  descritas  en  los tipos penales por los que fue condenado,  haciéndolo determinador de las mismas.   

Por consiguiente, el cargo no tiene vocación  de éxito.   

A C O T A C I Ó N     F I  N A L   

1.  Como  quedó  reseñado  en la actuación  procesal,  la  Sala, mediante auto del 8 de marzo del año en curso, declaró la  extinción   de   la  acción  penal  respecto  de  las  conductas  punibles  de  prevaricato  por  acción  y  falsedad ideológica en documento público, motivo  por el cual se procederá a redosificar la pena, así:   

Recuérdese que la Fiscalía 231 Seccional de  la  Unidad  de  Delitos  contra  la  Administración Pública y de Justicia, por  resolución  del  4  de  agosto  de  1997,  calificó  el  mérito  del  sumario  imputándosele   a   los   procesados   Dulis  Escobar  Lozano  y  José  León  Lubo  Noche, la comisión del  delito  de peculado por apropiación agravado en concurso homogéneo y sucesivo,  esto  es,  en  4 oportunidades. De igual manera, la citada funcionaria judicial,  no  le atribuyó ninguna circunstancia genérica de agravación punitiva (hoy de  circunstancias de mayor punibilidad), pues, textualmente, adujo:   

“Los  delitos por  los  cuales se procede en la presente investigación se encuentran previstos por  el  legislador dentro de nuestro ordenamiento penal en el libro primero, Título  Tercero,    Capítulo    Tercero,    ‘De    la    participación’ artículos 23, 24 y 25.   

“Del   Libro  Segundo,  Título  Tercero,  ‘Delitos   contra   la  administración  Pública’,  Capítulo   Primero,   artículo  133  ‘Peculado  por  apropiación’  agravado  y  modificado  por  la  Ley  190  de  junio  6 de 1995 y  artículo  149  ‘Prevaricato  por   acción’  modificado  igualmente por la mentada ley.   

“Título     Sexto     ‘Delitos      contra      la      fe  pública’,   Capítulo  Tercero   ‘De  la  falsedad    en    documentos’,          artículo         219         ‘Falsedad   ideológica’       y       artículo  222”.   

Ahora bien, el juzgador de primera instancia,  al  momento  de  dosificar  la  pena  por  la  conducta  punible de peculado por  apropiación  y  como  delito  base  para  el concurso de conductas punibles, la  tasó  así:  partió  del mínimo de pena, esto es, 6 años, guarismo al que le  sumó  “un  año  más  por  la agravante, porque el  monto  de  lo  apropiado  supera  los doscientos (200) salarios mínimos, y como  este  delito  se  cometió en concurso homogéneo y sucesivo se incrementa en un  (1)  año  más  (por los 3 peculados restantes) , lo que hace que por este solo  hecho  se  imponga  a  los  procesados OCHO (8) años de prisión…”.   

De  otro  lado,  en  virtud  del tránsito de  legislación,  observa  la  Corte  que el artículo 133 del Decreto 100 de 1980,  modificado  por  el artículo 19 de la Ley 190 de 1995,  y el artículo 397  de  la Ley 599 de 2000, contempla las mismas penas principales, esto es, de seis  (6)  a quince (15) años de prisión, multa equivalente al valor de lo apropiado  (aunque  la  última  preceptiva  pone un tope máximo de cincuenta mil (50.000)  salarios  mínimos  legales mensuales vigentes, situación que no ocurre en este  caso,  por  cuanto  el  valor  del  salario  mínimo para el año de 1995 era de  $118.933,50)  e  interdicción  de  derechos  y funciones públicas por el mismo  término de la sanción privativa de la libertad.   

De  igual  manera, como el valor de apropiado  supera  los  200  salarios  mínimos  legales  mensuales,  las  dos  preceptivas  estatuyen  que  dicha  pena  se aumentará hasta en la  mitad,  esto es, que dentro de la discrecionalidad del  juzgador  los extremos de la punición pueden oscilar entre 6 años 1 día hasta  22 años 6 meses respecto del máximo.   

Por    consiguiente,    a   efecto    de    la   individualización   de   la   pena,   la   Corte  no   hará  modificación  alguna, por cuanto  teniendo  en  cuenta  los parámetros  establecidos  en  el   nuevo   Código   Penal  la  sanción  a  imponer  nunca superaría el  cuarto  mínimo,  esto  es,  de  10  años  un  (1)  mes  y 15 días2,  tope que no  se  superó  en  este caso, habida cuenta que se impuso 7 años por el delito de  peculado  por  apropiación,  aumentándose  un  año  en virtud del concurso de  peculados, para arrojar un total de 8 años de prisión.   

De igual manera, la pena de multa quedará en  $2.039.024.950 que fue el valor de lo apropiado.   

2. En  lo  que  respecta   a   la  sanción  principal  de  interdicción  de  derechos      y      funciones      públicas     (hoy   inhabilitación   para   el   ejercicio   de  derechos   y   funciones   públicas),   se  impondrá  como   pena    principal    y   por   el   mismo   lapso   la    sanción    privativa   de   la   libertad,   pues   así   está  consagrada   tanto   en   el   artículo   133   del   Código   Penal  de  1980,  modificado   por   el  artículo  19  de  la   Ley   190  de  1995,  como  en  el artículo   397    del    nuevo    Código   Penal,   aspecto   en   el   cual   se  modificará    oficiosamente   el    fallo,   atendiendo  al  principio  de   legalidad  de   la   pena   y  con  base  en   la   facultad   consagrada  en  el  artículo  216  del   Código   de   Procedimiento   Penal,  pues   contrariando    el    mandato   legal,   el   juzgador   de   primera  instancia  y  el  Tribunal  la   establecieron como  pena  accesoria.   

3.  Al  tenor de lo estatuido en el artículo  229  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  las consecuencias de este fallo se  harán extensivas al procesado José León Lubo Noche.   

En   definitiva   a  los   procesados       Dulis      Escobar   Lozano    y   José   León  Lubo   Noche    se    les    impone     las   penas   principales   de   8   años   de prisión  multa   de   $2.039.024.950  e  inhabilitación  para  el   ejercicio    de   derechos   y   funciones   públicas   por    el    mismo    lapso    de    la   sanción  privativa       de       la       libertad,       como   determinadores    de    la    conducta    punible   de   peculado     por     apropiación,     en     concurso   homogéneo  y  sucesivo.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA  DE  CASACIÓN  PENAL, administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

1.    Desestimar    la    demanda    de  casación.   

2.  Casar parcialmente, de manera oficiosa,  la  sentencia  impugnada,  para  declarar  que  la  pena  de  suspensión  en el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  (hoy  inhabilitación  para el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas), la que será por el mismo lapso  de    la   pena   de   prisión   impuesta   a   los   procesados   Dulis  Escobar  Lozano y José León Lubo  Noche, se impone como principal.   

3.  Como consecuencia de la extinción de la  acción  penal  de los delitos de prevaricato por acción y falsedad ideológica  en  documento  público  declarada  en  pretérita  oportunidad, se impone a los  procesados   Dulis   Escobar   Lozano   y   José  León  Lubo  Noche  las  penas  principales  de  8  años de prisión, multa de $2.039.024.950 e inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por el mismo lapso de la  sanción  privativa  de  la libertad, como determinadores de la conducta punible  de peculado por apropiación, en concurso homogéneo y sucesivo.   

4. Contra esta decisión no procede ningún  recurso   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.  Cúmplase.   

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                           ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO   

EDGAR    LOMBANA   TRUJILLO                            ÁLVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                   MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUÍZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

1  Sentencia   del   29   de   enero   de   1999.  M.P.  Dr.  Jorge  Anibal  Gómez  Gallego.   

2  El  segundo  oscila  entre  10  años  un (1) mes y 16 días y 14 años 2 meses y 29  días;  el  tercero  va  de 14 años 3 meses a 18 años 4 meses y 14 días; y el  cuarto de  18 años 4 meses y 15 días a 22 años y 6 meses.     

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