20741(03-09-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  20741   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                              DR.   JORGE   ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO   

                            Aprobado Acta Nº: 98   

          Bogotá D.C., tres de septiembre de dos mil tres.   

VISTOS  

          Se  pronuncia  la  Corte  en  relación  con el aspecto formal de la  demanda    de    casación   formulada   por   el   defensor   de   CARLOS  RAMÓN  GONZÁLEZ  MERCHÁN, contra  el  fallo del 17 de julio de 2001 obra del Tribunal Superior de Bucaramanga, que  confirmó  con  modificaciones  la  sentencia proferida por el Juzgado 7º Penal  del  Circuito  de  dicha ciudad, y en definitiva condenó al procesado a la pena  privativa  de la libertad de 18 meses de prisión como responsable del delito de  falsedad en documento privado.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Por  ajustarse  a la realidad procesal de la  que   informa   el   expediente,   la   Sala  acoge  la  síntesis  que  de  los  acontecimientos aquí investigados realizó el Tribunal:   

“El 13 de mayo de  1997,  el  doctor  CESAR  AUGUSTO  BUENO  SERRANO, en su calidad de Director del  Instituto  de Salud de Bucaramanga ISABU, expidió la resolución administrativa  0142  por  medio  de la cual declaró la urgencia manifiesta, fundado en que los  puestos  de  salud  de la ciudad se quedaban sin servicio de vigilancia a partir  del  6  de mayo, toda vez que la empresa COOPCELANDER había renunciado a seguir  prestando ese servicio, en razón de la mora en los pagos.   

“Con fundamento en  la  declaración  de  urgencia manifiesta, el doctor BUENO SERERANO celebró con  la   fundación  ALBORADA,  conformada  por  reinsertadas  y  simpatizantes  del  movimiento  M-19,  los  siguientes contratos para la prestación del servicio de  vigilancia  en  los  puestos de salud de Bucaramanga, así: Contrato número 004  firmado  el 24 de julio de 1997, para el período comprendido entre el 6 de mayo  y   el   5   de  julio  de  esa  anualidad,  por  un  valor  de  $36’154.000,oo;   Contrato   número  017  firmado  el  26  de  septiembre  de  1997,  para seguir prestando el servicio de  vigilancia  desde  el  6  de  julio  al  5 de septiembre de 1997, por la suma de  $39’863.200.oo; y contrato  número  18-1  firmado el 30 de octubre de 1997, por el tiempo comprendido entre  el  6  de  septiembre  y  el 5 de noviembre del mencionado año, por cuantía de  $41’756.000.oo.   

“La   entidad  contratante  cumplió  debidamente  los  tres  contratos  y  recibió  por dicho  concepto    la    suma    de    $114’503.896.oo,  y  de ese dinero ingresaron a las cuentas bancarias del  Concejal  CARLOS  RAMÓN GONZÁLEZ MERCHÁN las siguientes cantidades: un cheque  a  nombre  de  LUZ DANA LEAL RUIZ por 4’866.000,oo;  tres  cheques girados a HENDER HUMBERTO FLÓREZ, CARLOS  RÍOS    y    EDWING    MARVIN   VILLARREAL   HERNÁNDEZ,   por   $8’810.010.oo,       $5’346.000.oo     y     $3’498.823.oo,  respectivamente;  y  dos  cheques  a  nombre  de  MARIELA  SERRANO  AVELLANEDA y JAIRO MUÑIZ SÁNCHEZ por  3’650.000.oo     y  $3’402.800.oo.   

“A efecto de que  tales  egresos no aparecieran en la contabilidad a nombre de GONZÁLEZ MERCHÁN,  la  señora  MARIELA  SERRANO  AVELLANEDA,  representante legal de la fundación  ALBORADA,  elaboró  varios  comprobantes  apócrifos. Así mismo, el mencionado  Concejal  presentó  ante  el Consejo Nacional Electoral un balance financiero o  contable  que  no  reflejaba  la  realidad  de  sus  ingresos y egresos causados  durante   la  campaña  electoral  para  los  comicios  del  26  de  octubre  de  1997.”   

A raíz de la publicación aparecida el 2 de  octubre   de   1997   en  un  periódico  de  aquella  localidad  acerca  de  la  contratación  irregular  ya  dicha,  el  DAS,  Seccional Santander, informó lo  noticiado  al  Coordinador  de  la  Unidad  de  Fiscalías  de Delitos contra la  Administración  Pública,  correspondiéndole  conocer del asunto al Fiscal 4º  de  la  citada Unidad, quien de inmediato abrió indagación preliminar. Agotada  tal  etapa  y  decretada formal apertura de instrucción, al sumario se vinculó  mediante   indagatoria,   entre   otros,  a  GONZÁLEZ  MERCHÁN,  y  previa  la  definición de su situación  jurídica,  por  resolución  del  4 de diciembre de 1998 el Fiscal 4º Delegado  ante  los  Juzgados Penales del Circuito de El Socorro, Santander, a quien se le  había  reasignado  el  conocimiento  del  proceso, acusó al antes nombrado, en  calidad  de  determinador,  del  delito  de peculado por apropiación a favor de  terceros,  en  concurso  homogéneo  y  sucesivo,  e igualmente como autor de la  conducta punible de falsedad en documento privado.   

Del juicio conoció el Juzgado 7º Penal del  Circuito  de  Bucaramanga,  despacho  que una vez concluida la vista pública le  puso  fin  a la instancia por fallo del 16 de mayo de 2000, y conforme al pliego  de  cargos  condenó  a  GONZÁLEZ MERCHÁN,  entre  otros,  a la pena principal privativa de la libertad de 84  meses  de  prisión,  determinación  que  al  ser  apelada  por  la agencia del  Ministerio  Público  y el defensor del sentenciado, el Tribunal Superior de esa  ciudad  la  modificó  por  la  suya  del  17  de julio de 2001 en el sentido de  absolver  al  acusado  por  los  delitos  imputados  contra  la  administración  pública,  en  tanto confirmó la condena por el delito de falsedad en documento  privado  fijando  en  definitiva  la  sanción corporal en 18 meses de prisión,  como  ya  se  había anotado.  Contra esta decisión el procesado interpuso  casación,  la  cual  denegó  la  citada  Corporación  mediante auto del 29 de  agosto  del  mismo año; impugnada en reposición, el Tribunal mantuvo incólume  el  pronunciamiento  atacado,  y  expedidas  las  copias  pertinentes  para  dar  trámite  al  recurso de queja, la Sala mediante auto del 5 de diciembre de 2002  concedió   el   recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto  contra  la  sentencia     de     segundo     grado     de     la    que    se    ha    hecho  alusión.       

     LA  DEMANDA   

          De  violar  en  forma  directa  la  ley  sustancial  por aplicación  indebida  del  Art.  221  del  C.  Penal  anterior que tipificaba la falsedad en  documento  privado,  es  el  único  cargo que el censor formula contra el fallo  recurrido en sede extraordinaria.   

          Luego  de reseñar lo que la doctrina y la jurisprudencia han venido  entendiendo  por el también denominado error de selección, en desarrollo de la  censura    sostiene    el    demandante    que   el   Tribunal   “exacerbó  el mandato prohibitivo contenido, en el artículo 221 del  Código  Penal  de  1980,  vigente para cuando se cometió el hecho al pretender  radicar  responsabilidad penal en contra de mi poderdante como autor responsable  del   delito   de   Falsedad   en   Documento   privado,   en  la  modalidad  de  ideológica.”   Tras   definir   los  conceptos  de  tipicidad  y  tipo  penal,  agrega  el libelista que ante la proscripción de la  aplicación  analógica  y  extensiva  de  la ley en contra de los intereses del  procesado,  mal  puede  pretenderse  punir  por vía jurisprudencial la falsedad  ideológica  en documento privado cuando ese no fue el propósito del legislador  al no enmarcar dicho comportamiento como conducta punible.   

Son innumerables los argumentos doctrinarios  en  pro  de  la  tesis  de la atipicidad de un tal proceder, entre los que caben  destacarse,  en  primer término, los de carácter histórico-legislativo que se  remonta  a  los  antecedentes  del  C. Penal de 1980, y la propia exposición de  motivos    del    actual    estatuto   represor.    Al   efecto   los   relaciona.   Por  lo  tanto,  al  particular  no le asiste el compromiso de  decir  la  verdad,  aduce,  y  en ese orden de ideas, mal se le puede tener como  sujeto activo de la ilicitud en mención.   

En  segundo lugar, se halla el argumento que  se  deriva del texto de la propia norma y del conjunto del articulado, en cuanto  que  el  legislador  cuando  quiso  tipificar  falsedades materiales utilizó el  verbo   “falsificar”,  y  cuando  se refirió a falsedades ideológicas usó la expresión “consigne   una   falsedad   o   calle   total   o   parcialmente  la  verdad.”  Como  en  el Art. 221 se utilizó el verbo  “falsificar”,  dados los  antecedentes  respecto  al  sentido  técnico  que  los  redactores  le dieron a  aquellas  expresiones,  resulta  absolutamente innegable que el mentado precepto  “sólo  se  refiere  a  la  falsedad  material y que  excluye  claramente  la  falsedad ideológica. Además desde esta perspectiva se  hubieran  podido utilizar dentro de la misma norma los dos tipos de expresión y  ello  hubiese  sido  entendido  como  la  clara  intención  del  legislador  de  incorporar   esta   falsedad   ideológica   al   documento  privado”,  arguye  el casacionista, empero, como no lo hizo, mal puede el  juez  en  su  labor  de intérprete de la ley exacerbar el propósito que en tal  materia tuvo el legislador.   

En consecuencia, como la conducta imputada al  procesado  deviene  atípica,  menester  se torna que la Corte case la sentencia  impugnada  para que en su lugar entre a proferir la de carácter absolutorio que  es  la  que  en  derecho  corresponde,  concluye el actor, no sin antes señalar  también  como  disposición infringida el Art. 247 del anterior C. de P. Penal,  232  del  actual, e indicar que la trascendencia del yerro denunciado estriba en  la  misma  condena  que  hoy soporta su defendido.        

                  CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Partiendo  de  la  premisa  de  que el fallo  recurrido  se profirió el 17 de julio de 2001, valga decir, con posterioridad a  que  quedara  en  firme la sentencia C-252 del 28 de febrero de 2001 de la Corte  Constitucional  que  declaró inexequible algunas disposiciones de la Ley 553 de  2000,  reformatoria  de la casación, ejecutoria que se cumplió a partir del 17  de  marzo  de  2001, pero con antelación a la vigencia del nuevo C. de P. Penal  -Ley  600 de 2000-, el cual entró a regir el 24 de julio de 2001; y así mismo,  teniendo  de  presente que la conducta punible por la que finalmente se condenó  al  justiciable  -falsedad  en  documento privado- tiene señalada como sanción  corporal  una  penalidad  máxima de seis (6) años de prisión -Art. 221 del C.  Penal  de  1980-;  la  demanda de cuyo examen formal aquí se ocupa la Sala debe  ser inadmitida por las siguientes razones:   

1.  Para  la  fecha  de  expedición  de  la  sentencia  impugnada  -17  de  julio  de  2001,  se repite-, en lo atinente a la  casación   regía   el   Código  de  Procedimiento  Penal  de  1991,  con  las  modificaciones  que  introducidas  por  la Ley 553 de 2000, no fueron declaradas  inexequibles por la Corte Constitucional en su fallo.   

Como  en  relación  con  el  Art. 1º de la  mentada  ley, que subrogó el Art. 218 del C. de P. Penal de 1991 -Decreto 2700-  sólo     fue    declarada    inexequible    la    expresión    “ejecutoriadas”, ello significa que en lo  sustancial  el  citado precepto conserva su vigencia y, en consecuencia, resulta  claro  que  la  casación  procede,  como igualmente lo prevé el inciso 1º del  Art.  205  de  la  Ley  600 de 2000, contra las sentencias proferidas en segunda  instancia  por  los  Tribunales  Superiores de Distrito Judicial y Penal Militar  “en  los procesos que se hubieren adelantado por los  delitos   que   tengan  señalada  pena  privativa  de  la  libertad    cuyo   máximo   exceda   de   ocho  años  (…)”  -Destaca la  Sala-.   

En ese orden de ideas, al hallarse demostrado  que  el  máximo  punitivo  establecido  para  la  delincuencia  por  la cual se  impartió  condena  en  este  asunto  contra  GONZÁLEZ  MERCHÁN  no supera los ocho (8) años señalados en la  norma  que  viene  de reseñarse, la casación intentada por su defensor deviene  improcedente.      

2. Ahora bien, el inciso 3º del Art. 1º de  la  Ley  553  de  2000, como también lo establece el Art. 205 de la Ley 600 del  mismo   año,  prevé  la  posibilidad  de  acudir  en  casación  por  la  vía  excepcional  cuando  no  se  cumple  con  el  presupuesto  del  quantum punitivo  exigido  por  la  ley  para la procedencia de la casación  común  u  ordinaria. Empero, en un tal evento se precisa de la demostración de  la  necesidad  de  la  intervención  de  la  Corte  para  el  desarrollo  de la  jurisprudencia o la garantía de los derechos fundamentales.    

Como el censor no la invocó y menos intentó  acreditar  su  procedencia en los términos estipulados en el referido canon, de  igual  manera  en  este  caso  la  consecuente  inadmisión  de la demanda es la  declaración que se impone, como ya se dejó anunciado.   

         

En  mérito  a  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala  de Casación Penal,   

RESUELVE  

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  a nombre de CARLOS  RAMÓN   GONZÁLEZ   MERCHÁN  por  su  defensor.  En  consecuencia,  se  declara  desierto  el  recurso,  conforme  a las motivaciones  plasmadas  en el cuerpo de este proveído.     

Contra  este auto no procede recurso alguno,  en  virtud  a  lo  dispuesto  en  los Arts. 213 y 187, inc. 2º de la Ley 600 de  2000.   

                

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

            

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS              CARLOS A. GÁLVEZ ARGOTE   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO           ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ  PINZÓN           MARINA  PULIDO DE  BARÓN   

                    

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS               MAURO SOLARTE PORTILLA    

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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