20376(21-01-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 20376  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente  

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN   

Aprobado Acta Nº 05  

Bogotá D. C., veintiuno (21) de enero del dos  mil tres (2003)   

VISTOS  

          La  Sala  decide  el  conflicto  negativo de competencia que surgió  entre  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Chiriguaná y el Juzgado Penal del  Circuito  Especializado  de Valledupar respecto del conocimiento del proceso que  se    adelanta    contra    FREDY    ELÍ   SANTIAGO  CARRASCAL  por  el  delito de fabricación, tráfico y  porte    de   armas   y   municiones   de   uso   privativo   de   las   Fuerzas  Armadas.   

ANTECEDENTES   

          El  17  de junio del 2002, la Fiscalía 22 seccional de Chiriguaná,  profirió  resolución  de acusación contra FREDY ELÍ  SANTIAGO   CARRASCAL  como  presunto  responsable  del  delito  de fabricación, tráfico y porte de armas y municiones de uso privativo  de   las  Fuerzas  Armadas,  por  los  hechos  que  relató  en  los  siguientes  términos:   

“…   en  la  residencia  habitual  del  sindicado  FREDY  SANTIAGO  CARRASCAL,  ubicada  en la población de La Jagua de  Ibirico,  Cesar,  el  día cinco (5) de septiembre de dos mil uno (2001), al ser  requisada  la  misma,  fueron  halladas  tres (3) granadas de fragmentación, un  proveedor  para  fusil,  calibre  5.56  y  treinta  y dos (32) cartuchos para el  mismo, al igual que dos puñales tipo Rambo”.   

EL  CONFLICTO   

          Al  recibir  la  actuación, el Juzgado Único Penal del Circuito de  Chiriguaná  rechazó  el conocimiento de esta causa, por cuanto, de acuerdo con  lo  dispuesto  por el numeral 24 del artículo 1º del Decreto 2001 del 2002, la  competencia  para  conocer  de  los  delitos  descritos  en el artículo 366 del  Código  Penal es de los Juzgados Penales del Circuito Especializados, salvo que  se  trate  de los verbos rectores “portar”      y     “conservar”,  que  sí  corresponden  a  la  justicia ordinaria. Después de  descartar       la      hipótesis      conductual      del      “porte”,   confrontó  el  proceder  del  implicado   con  los  verbos  “conservar”      y     “almacenar”  y  lo  adecuó  al  último, con base en la cantidad de armas y  municiones  incautadas,  la  cual,  en  opinión  del  funcionario colisionante,  demuestra   que   el   fin  propuesto  era  almacenarlas,  no  guardarlas,  para  “por  lo menos usarlos contra alguien, efectivamente  o como medio de intimidación”.   

          Por  su  parte,  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  Especializado de  Valledupar  aceptó  el  conflicto,  pues  considera  que el Juez que propone el  incidente  es  el  competente  para  conocer  del presente proceso por cuanto la  conducta    realizada    por    el    acusado    es    la   de   “conservar”   las   armas  y  municiones  incautadas,  ya  que  en  el  expediente  no  hay  prueba de que la voluntad del  acusado  fuera  la  de  guardar  las  armas  para  utilizarlas  después  o para  amedrentar,  como  que  permanecieron  en  el  lugar en donde fueron halladas; y  tampoco  fueron  sacadas  de  su  sitio durante el altercado en el cual dijo que  activaría una granada de fragmentación.   

CONSIDERACIONES  

          El  artículo  18  transitorio  del  Código  de Procedimiento Penal  asignó  a  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte Suprema de Justicia la  atribución  de  resolver  los  conflictos  de  competencia  que se presenten en  asuntos   de   jurisdicción   penal  entre  los  Jueces  Penales  del  Circuito  Especializados y un Juez Penal del Circuito.   

          Los  operadores judiciales que intervienen en el incidente comparten  la  adecuación  de  la conducta de FREDY ELÍ SANTIAGO  CARRASCAL  al tipo penal del artículo 366 del Código  Penal  realizada  por  la  fiscalía de instancia, pero disienten en cuanto a la  modalidad  de  acción  realizada,  dado que se trata de un delito que contempla  diversas alternativas.   

          Lo  anterior,  en  razón de que el numeral 24 del artículo 1º del  Decreto  2001  del 2002, asigna a los jueces penales del circuito especializados  el  conocimiento  de los delitos señalados en el citado artículo, salvo que se  trate   del   “porte  o  conservación  de  armas  o  municiones  de uso privativo de las Fuerzas Armadas”;  de  ahí que el Juez Penal del Circuito de Chiriguaná argumente que se trata de  “almacenar” y el Juzgado  Penal   del  Circuito  Especializado  de  Valledupar  aduzca  que  el  implicado  simplemente conservó las armas y municiones.   

          La  Sala  ha  sostenido  que  la  definición  de  un conflicto debe  adoptarse  teniendo  como  punto  de  referencia  el pliego de cargos, porque es  allí  donde aparecen delimitados los factores que determinan la competencia del  juez,   básicamente,  la  situación  fáctica  y  la  calificación  jurídica  provisional.1   

          En  el  caso  que  se  analiza,  la  resolución  de  acusación  no  contribuye  a  dilucidar  el punto en discusión, por cuanto, en la parte motiva  alude  al  verbo  “portar”  no  obstante  que  el procesado no llevaba consigo las armas y municiones ni las  tenía  a su alcance para defensa personal, que es el sentido y el contenido que  el  artículo  17 del Decreto 2535/93 le da a esa expresión verbal; además, la  providencia   calificatoria   tampoco   aborda   las  conductas  que  hoy  tiene  enfrentados   a   los   jueces,   esto  es,  las  consistentes  en  conservar  y  almacenar.   

          Con  todo,  para  dirimir  el  asunto,  la  Sala  se  apoyará en la  realidad  fáctica  y  jurídica  del  pliego  de  cargos y en la precisión del  significado    y    alcance    de    los    verbos    rectores   “conservar”     y     “almacenar”    ya   efectuada   en  pronunciamiento anterior, cuando se explicó:   

          “En   efecto,   partiendo  de  la  base  gramatical,  se  tiene que de conformidad con el Diccionario de la real Academia  de   la  lengua,  conservar  significa  en  la  acepción  apropiada  para  los efectos que ahora nos ocupan,  ‘mantener  una  cosa  o  cuidar  de  su  permanencia,  mantener  vivo  y sin daño a alguien, guardar con  cuidado  una cosa’ mientras  que   por   almacenar  se  entiende  ‘poner o guardar  en      almacén,      reunir     o     guardar     muchas     cosas’      y      por      Almacén,           ‘casa  o  edificio  donde  se  venden o  guardan     cualesquiera    géneros’,  siendo  evidente que desde la primaria exégesis ya se evidencian  importantes  diferenciaciones  entre  una  y otra dicción, pues, mientras en la  conservación  el  fin  de  quien  realiza  la  conducta  es  el  de  buscar la inmutabilidad de determinado  objeto,    en    el    almacenamiento   necesariamente  se  exige  una  pluralidad  de  objetos  que  se van  aumentando  o  por lo menos, ese es fin inmediato que determina una tal acción,  pero  no  para  perseguir  su inmutabilidad, sino por el contrario, ‘su          venta’, en la acepción gramatical, o lo que  llevado  a  la  contextualización  y  dinámica  de los objetos de que trata la  norma  en  análisis,  esto es las armas y municiones, bien su ilegal comercio o  su uso, claro está, también ilegal.   

          “Son,  entonces,  dos los aspectos que se impone precisar en estas  acciones  para establecer sus elementos diferenciadores; de una parte, el objeto  en   cuanto   a   que   la  conservación  exige  la  ausencia de actividad de lo conservado, entretanto, que  el  almacenamiento impone una  imprescindible  dinámica  del objeto, pues no es el cuidado para su permanencia  lo  que  la caracteriza;  y de otra, que es la que determina la precedente,  concretada  en  la  acción  y  más específicamente en el contenido de esta, o  sea,  la  voluntad  que implica el fin perseguido por el actor, toda vez, que es  el  fin  propuesto  y  evidenciado  probatoriamente en sus resultados, es lo que  hace  se  pueda  diferenciar  cuando  un  objeto  solo se quería conservar y no  almacenar o al contrario.   

          “No  obstante,  esta  dinámica  propia  de  la  conducta no puede  conducir  a  considerarla  en  abstracto,  o  dicho  en otra forma, que no esté  dirigida  y  concretada  en  un  objeto,  en  el  caso de ya que hacia él está  teleológicamente  encausada  y  por  tanto, el medio utilizado debe ser idóneo  para   su   exteriorización,  Así,  no  se  podría  admitir  la  voluntad  de  almacenar   un   objeto  independientemente,       mas       sí       es       posible      almacenar  cumpliendo al mismo tiempo con  la  conservación del mismo y  no  es  que en estos casos concurran típicamente las dos conductas, sino que el  ‘fin  último’   por   así   decirlo,   es  el  de  almacenar,  para la cual se  estima  como  necesario cuidar los objetos; pero obsérvese que este objetivo no  es  el  último  y va perdiendo relevancia típica por pasar a ser un acto medio  en  la dinámica progresiva del propósito del fin a obtener y obtenido.”(Auto  Marzo 13/96. Rad. 11.297. M.P. Carlos Augusto Gálvez Argote).   

          Bajo  ese  deslinde  conceptual,  queda  claro  que  “conservar”    es  un  vocablo  que  traduce  una  actitud  de  pasividad frente a un objeto, hasta el punto que bien  podría  describir la simple tenencia, desprovista de una finalidad específica.  Por     el    contrario,    “almacenar”  denota  un despliegue de actos frente a una variedad de objetos  cuyo  propósito va más allá de la simple acumulación, acercando la noción a  un movimiento de naturaleza comercial.   

          En  el  proceso que se sigue contra FREDY SANTIAGO, los elementos de  juicio  allegados  no  revelan una secuencia ni una finalidad de almacenamiento,  la  cual  tampoco puede deducirse del número de elementos incautados; mas bien,  plasman  una  situación  de pasividad frente a armas y municiones mantenidos en  la  casa de habitación del acusado, sin una destinación inmediata específica,  lo  que  conduce  a la Sala a entender que la conducta asumida por él concuerda  con     el     vocablo     “conservar”.   

          Por   lo   anterior,    el  delito  por  el  cual  se  juzga  a  FREDY ELÍ SANTIAGO CARRASCAL  es  de  aquellos  que el numeral 24 del artículo 1º del Decreto 2001 del 2002,  excluyó  del  conocimiento de los Juzgados Penales del Circuito Especializados,  y,  en  consecuencia  la  competencia,  en  la situación en concreto analizada,  radica  en el Juez Penal del Circuito de Chiriguaná, a quien se le asignará el  juzgamiento.   

          En  mérito  de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia en Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE  

          ASIGNAR  al  Juzgado Penal del Circuito de  Chiriguaná la competencia para conocer de este proceso.   

          COMUNICAR  esta decisión al Juzgado Penal  del   Circuito   Especializado   de   Valledupar,   enviándola  copia  de  este  pronunciamiento.   

          Cúmplase.   

YESID    RAMÍREZ  BASTIDAS   

FERNANDO       E.     ARBOLEDA  RIPOLL                                 HERMAN GALÁN CASTELLANOS   

CARLOS       AUGUSTO      GÁLVEZ  ARGOTE                        JORGE                               ANÍBAL                               GÓMEZ  GALLEGO                                       

ÉDGAR           LOMBANA  TRUJILLO                                        ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Auto,  feb.  5/02.  Rad.  19.128. M.P. Jorge Aníbal Gómez Gallego . Auto, julio 2/02.  Rad.  19.362.  M.P.  Jorge  Córdoba Poveda. Auto, dic. 18/01. Rad. 19.014. M.P.  Álvaro Orlando Pérez Pinzón.     

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