20290(21-08-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 20290  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente  

DR. YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Aprobado acta No. 95  

Bogotá, D.C., veintiuno (21)  de agosto  de dos mil tres (2003).    

VISTOS:  

Vencido  el traslado correspondiente, decide  la  Sala  acerca  de  la  petición  de  pruebas  presentada por el defensor del  ciudadano  colombiano   CARLOS  ALBERTO  LOPESIERRA GUTIÉRREZ requerido en  extradición.   

LA   SOLICITUD:   

   

1.   Que  se  traduzcan   de  manera  oficial  las  Notas  Verbales,  los  Indictments  y  los  affidávit  anexos  a  la  documentación  remitida por el país requirente, por  cuanto  la  traducción  agregada  es  una  de carácter “no oficial”. En su  lugar  aparece  certificado  de  autenticidad  de  las declaraciones juradas del  asistente del Fiscal Federal y del agente especial Matthew Donahue.   

El peticionario estima que esos documentos no  reúnen  los  requisitos del artículo 260 del Código de Procedimiento Civil en  cuanto  ordena  que  los  documentos  extendidos  en idioma extranjero, para que  puedan  tenerse  como  pruebas, deben obrar en el proceso con su correspondiente  traducción  efectuada  por  el Ministerio de Relaciones Exteriores a través de  un  intérprete  oficial.   Esa  normatividad debe ser complementada con lo  dispuesto  por  los  artículos  8,  147  y párrafo segundo del numeral 4º del  artículo  513 del Código de Procedimiento Penal en concordancia con el numeral  1 del artículo 250 de la Constitución Nacional.   

Al defensor le parece que una traducción no  oficial  realizada  por las autoridades del Estado requirente “debe mirarse en  principio   con   cierta   reserva  porque  puede  inclinarse  a  respaldar  las  pretensiones   de  la  solicitud”,  concluyendo  en  que,  a  su  juicio,  las  expresiones  del  derecho  interno  estadounidense  “conspiracy,  complaint  e  indictment”  están  mal traducidos al designarse el primero como “concierto  para  delinquir” y los dos últimos como “resolución de acusación”. Así  mismo  reclama  que  en  la  declaración del Fiscal Robert Feitel asegura que a  quien    acusa    no    es   a   su   defendido   sino   a   otro   –Alfonso       Segundo       Pana  Aguilar—   por  ser  la  persona a quien hace referencia el agente especial Mathew Donahue.   

2. Solicitar, por la  vía  diplomática,  al  Estado  requirente  copia  auténtica de las siguientes  disposiciones legales con constancia de su vigencia:   

2.1   Título  18,  Sección  3282  y  Título  21,  Secciones  959,  960  y 963 del Código de  Procedimiento Penal de los Estados Unidos.   

2.2   Sección  9-15-100  del  Manual  de Fiscales de los Estados Unidos de América expedido en  1988.   

2.3   Ley   de  extradición de 1982 de los Estados Unidos de América.   

2.4  Ley sobre  la interpretación de Tratados de 1988.   

          2.5  Ley que consagra la equivalencia  entre  el  Complaint y el Indictment, tal como expresa la embajada americana por  medio  de  sus  notas  verbales  1487  del 2 de octubre de 2002 y 1620 del 22 de  octubre de 2002.   

          El  defensor  justifica  la necesidad de esas pruebas explicando que  conforme  al  artículo  513  del  Código de Procedimiento Penal deben anexarse  copias  de las disposiciones legales aplicables al caso, cuya ausencia genera un  vacío  formal  de  la  documentación que es necesario complementar. Así mismo  resultan  útiles  para  apreciar  en  esas normas el cumplimiento por parte del  Estado  requirente  de  los principios internacionales de lealtad y reciprocidad  de los procedimientos con otros Estados.   

          A  continuación  señala  que  esas  pruebas  son  conducentes para  demostrar   si   el   país  extranjero  tiene  competencia  para  solicitar  la  extradición  de CARLOS ALBERTO LOPESIERRA GUTIÉRREZ según sus normas internas  y  sus  relaciones  con el derecho internacional convencional y usual, así como  su  cumplimiento  o su disposición a cumplir con los principios internacionales  atrás  referidos  y,  de paso, se asegura la vigencia de los artículos 9 y 226  de la Carta Política.   

          Remata   este   punto   indicando   que  esas  pruebas  son  además  pertinentes  por  cuanto  hacen  directa referencia al objeto central del debate  que  es  el  control de los aspectos formales de la documentación aportada, que  necesariamente   incluyen   las  omisiones  del  Estado  peticionario,  pues  lo  contrario sería la imposición de su voluntad unilateral.   

3.   Que  se  oficie,  a  través de la vía diplomática,  a la Secretaría de Estado de  los  Estados  Unidos  de  América para que remitan las copias pertinentes   del  caso radicado en el Tribunal de Distrito de Los Estados Unidos –Distrito   de   Columbia—,  radicado  bajo  el  número 02460 y  sólo  en  lo  que  respecta  con  las  evidencias recogidas en contra de CARLOS  ALBERTO LOPESIERRA GUTIÉRREZ.   

    

          Advierte  que  no  es  su intención discutir las pruebas tenidas en  cuenta  por  la justicia estadounidense, sino determinar si el delito que motiva  la  petición  fue  cometido  en  el  exterior,  habida  cuenta  de la exigencia  realizada  por  la Corte Constitucional en la tutela 1736 del 12 de diciembre de  2000  de  plena certeza sobre ese tema, adicionalmente pretende obtener claridad  sobre  la  época  en que ocurrieron los hechos motivo de la acusación que unas  veces   hacen   referencia  a  febrero  de  2001  y  otras  a  abril  del  mismo  año.   

4.    Con  fundamento  en  lo  dispuesto  en la sentencia de tutela citada, solicita que se  oficie   al   Ministerio   de  Relaciones  Exteriores  para  que  certifique  lo  siguiente:   

4.1   Sobre  la  vigencia  internacional  del  tratado  bilateral de extradición celebrado entre  los Estados Unidos de América y la República de Colombia.   

4.2   En caso  negativo  deberá  informar  cuál  fue  el procedimiento utilizado para hacerla  cesar.   

              

4.3  Sobre la  vigencia  entre los Estados Unidos de América y la República de Colombia de la  Convención  de  Extradición  de  Montevideo  de  1933,  fecha  de depósito de  instrumentos  de  ratificación  y  declaraciones  de  reserva  de  los  países  signatarios.     

          El  defensor afirma que esas pruebas son  útiles  por  cuanto  de acreditarse la vigencia internacional de alguno de esos  Tratados,  se  tornarían  inaplicables  las normas del Código de Procedimiento  Penal  y,  en  consecuencia,  la  Corte perdería la competencia para conocer de  este  asunto.  Así  mismo  estima  que  son  conducentes por cuanto sirven para  demostrar  que  las  normas  internas  invocadas  lo están erróneamente porque  sólo  pueden  tenerse en cuenta a falta de Tratados Internacionales, caso en el  cual no puede distinguirse entre vigentes y aplicables.   

5.  Oficiar por  la  vía  diplomática  a  las  Secretarías  Generales  de  la Organización de  Naciones  Unidas  y  la  de  la  Organización  de  Estados  Americanos para que  certifiquen lo siguiente:   

          5.1    Si   el   ofrecimiento  o  la  existencia  de  reciprocidad es un uso internacional en materia de extradición.   

5.2   Si  la  República  de  Colombia  y  los Estados Unidos de América son miembros de esos  organismos.   

El  defensor  considera que esas pruebas son  idóneas  para  demostrar  que  los  Estados  involucrados  en  este trámite de  extradición   deben   respetar  la  costumbre  internacional  de  acudir  a  la  reciprocidad,   probada   esa   circunstancia,  queda  excluida  la  aplicación  supletoria   de  las  normas  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  tal  como  –concluye—    se    infiere    del   artículo  552.     

          Adicionalmente   esas   pruebas   son   importantes  por  cuanto  el  Ministerio   de   Relaciones   Exteriores   emitió   concepto   señalando   la  aplicabilidad  de  las  normas  del  Código  de  Procedimiento Penal, sin hacer  mención  de  los usos internacionales, ni a Tratados como la Convención Única  de    Estupefacientes    de    1961    y   la   Convención   sobre   Sustancias  Sicotrópicas   de  1971.  Considerándose  la  reciprocidad como una norma  internacional   usual   su   existencia   inhibe   la  aplicación  del  derecho  interno.   

CONSIDERACIONES DE LA   CORTE:   

1.  El Código  de  Procedimiento  Penal  colombiano  manda  en  su  artículo  520 que la Corte  fundamentará   el  concepto  de  extradición  en:  La  validez  formal  de  la  documentación   presentada;   la   demostración  plena  de  la  identidad  del  solicitado;    el   principio   de   la   doble   incriminación;   la  equivalencia  de  la  providencia proferida en el extranjero; y, cuando fuere el  caso,     en   el   cumplimiento   de   lo   previsto   en   los   Tratados  Públicos.   

2.   Aunque  la  solicitud  del  defensor del requerido en extradición CARLOS ALBERTO LOPESIERRA  GUTIÉRREZ  aparentemente  tiene el propósito de acreditar medios cognoscitivos  que  conduzcan  a la infirmación de alguno de los requisitos premencionados, es  lo  cierto  que no supera esa fase por referirse a temas que aunque relacionados  con  el  Concepto  y  discutibles  dentro  del  trámite,  encuentran soluciones  meramente  normativas que de suyo excluyen  el debate probatorio, como pasa  a demostrarse:   

3.   A  la  solicitud  de  obtener la traducción oficial de los documentos remitidos por el  Estado  requirente,  conforme  a  las disposiciones del Código de Procedimiento  Civil:   

Sobre el tema, que  le ha sido propuesto  a  la  Sala en otras ocasiones, la Corte ha establecido el siguiente antecedente  que ahora reitera por no estimar del caso variar:   

“En   el  trámite  de  extradición  es  inaplicable  el  artículo 259 del Código de Procedimiento Civil, por cuanto la  esencia  de  aquel  es  asegurar dentro de las relaciones entre particulares que  rige  el  Código  Civil  la  autenticidad  de  los documentos que presentan las  partes  dentro  del  trámite  de  sus  asuntos o que allegan en las actuaciones  procesales  ante  el  Estado.  Tratándose de relaciones entre Estados, que  se  regulan  por  las convenciones diplomáticas y consulares, tales ritualismos  son  superados  por  la  naturaleza  de  las  Partes  intervinientes  y  el modo  específico  en  que se formaliza la petición de extradición, que no puede ser  sino  por  vía  diplomática  y  en  casos  excepcionales, por la consular o de  Gobierno  a  Gobierno  (artículo  551  del  Código  de  Procedimiento  Penal).   

“Lo  atinente  a  la  identidad  de  quien  realizó  la  traducción de la acusación y de las declaraciones juradas, es un  tema  irrelevante  para  la validez de la documentación. En torno al tema de la  traducción,  el  inciso  final  del  articulo  551 del Código de Procedimiento  Penal  solo  exige  que  se  haga  al  castellano, si fuere el caso, sin agregar  ninguna  formalidad especial o algún ritualismo riguroso.  En ese orden de  ideas  la  entrega por vía diplomática de los documentos que sirven de soporte  a   la  petición  de  extradición,  su  revisión  previa  por  parte  de  los  Ministerios  de  Relaciones  Exteriores  y  de  Justicia  y  del  Derecho,  y la  evidencia  física  de  que  han  sido  traducidos  al castellano, garantizan la  acreditación  formal  de  ese  requisito  legal”1.   

Menos  aún  puede cambiarse ese antecedente  con  fundamento  en  “la  reserva”  que el defensor dice tener en torno a la  traducción  realizada  por  las  autoridades  del  país  requirente por cuanto  pueden  favorecer  su  propia pretensión, pues semejante argumento desconoce de  plano  la  naturaleza  jurídica  de  la  Extradición  que como institución de  cooperación  internacional  se  funda, entre otras cosas, en el principio de la  buena    fe   que   anima   las   relaciones   internacionales   entre   Estados  soberanos.   

Se niegan esas pruebas.  

4.   A  las  enunciadas   en  el  numeral  2  de  la  petición  como  disposiciones  legales  aplicables al caso:   

Aunque el defensor afirma que los documentos  allí  relacionados  tienen  el  propósito  de  acreditar uno de los requisitos  contenidos  en  el  artículo  513  del  Código de Procedimiento Penal, resulta  claro  que  no  apunta  a ello sino a plantear, como expresamente lo anota en el  memorial,  un  problema  de  competencia  del  Estado  requirente, al tiempo que  intenta  establecer  con esos medios si los Estados Unidos de América cumplen o  están  dispuestos  a  cumplir  los  principios  internacionales “de lealtad y  reciprocidad en los tratos y procedimientos”.   

El  numeral  4º  del artículo antes citado  dispone  que  uno  de  los  documentos que debe anexarse para la solicitud de la  extradición   es   la  “copia  auténtica  de  las  disposiciones  penales  aplicables  para  el  caso”,  norma  que no tiene otra  interpretación  que  la  de  imponer  la obligación de acreditar los preceptos  sustanciales  y  de  procedimiento  que  tengan  directa  relación con el caso,  debiendo  establecerse dicha ligazón con referencia a la providencia dictada en  el  exterior  con  fuerza jurídica tal que permita equivalerla a la resolución  de acusación nacional.   

Con vista en esa premisa, la Sala encuentra  que  las  normas  que  se  le  imputan  violadas al requerido en extradición en  territorio  estadounidense, según el texto del Indictment visible a folio 47 de  la  carpeta  anexa,  han  sido agregadas en su totalidad, tal como consta en los  folios  50  a  60  de  la  misma  carpeta,  que  integran el anexo “A” de la  documentación remitida por el Estado requirente.   

La  ley  no  exige,  como  interpreta  el  defensor,   las   disposiciones   legales  aplicables al caso, sino que reduce el  universo   a  las  penales  pertinentes  para  el caso concreto, de modo tal que hallándose éstas últimas  dentro  de  la  actuación resulta superfluo volverlas a traer, mientras que las  otras  mencionadas  en  la solicitud son inconducentes por no estar referidas al  objeto  del  debate  –los  requisitos  del  Concepto—  sino  a temas, que aunque guardan relación no son del resorte de la Corte, como  el  de la reciprocidad o el de la supuesta imposición unilateral de la voluntad  del Estado requirente.   

Se niegan esas pruebas.  

5.  También por  superflua  se  niega  la  práctica  de la prueba descrita en el numeral 3 de la  petición,  pues  el  ordinal 1 del artículo 513 le impone al Estado requirente  en  torno  al  punto  de  la  situación jurídica del solicitado únicamente la  obligación  de  remitir  “copia o transcripción auténtica de la sentencia o  de  la resolución de acusación o su equivalente”, documento que se encuentra  en la carpeta anexa en el folio 48.   

La remisión de las evidencias recaudadas en  el  país  peticionario  o  la  de la totalidad de la actuación no es necesaria  frente  a  la  ley  interna colombiana que regula este trámite y, no lo son por  cuanto  el  objeto  de  éste  es  obtener el Concepto de la Corte frente a unos  requisitos  mínimos  que  predetermina  el  Código  de Procedimiento Penal, no  juzgar  los  hechos  que  han  motivado  la petición o, siquiera, el fundamento  probatorio de la acusación en territorio extranjero.   

6.   Las  pruebas  señaladas  en  los  numerales  4  y 5 de la petición del defensor del  requerido  en  extradición  CARLOS ALBERTO LOPESIERRA GUTIÉRREZ  también  se  denegarán pues apuntan a la demostración de temas que aunque son objeto de  debate   dentro   del   trámite   no  lo  son  de  prueba.   Los  Tratados  Internacionales  suscritos  por  la  República de Colombia tienen aplicabilidad  interna  a través de leyes aprobatorias que los incorporan al orden interno que  por ser de carácter nacional no requieren de prueba.   

Tampoco requiere prueba la existencia de la  reciprocidad  como principio de derecho internacional que, de una parte, informa  todas  las  relaciones  entre  Estados  soberanos;  y,  de  otro  lado,  es  una  obligación  que  la  propia  Constitución le impone al Gobierno Nacional en la  dirección   y   manejo   de   las   relaciones  internacionales.   En  tal  consideración  probarlo  por  la  vía  documental  que  el abogado solicita es  superfluo.   

          A  mérito  de  lo  expuesto,  la Sala de Casación Penal de la  Corte Suprema de Justicia,   

R  E   S   U  E  L   V  E   

INADMITIR        la    solicitud   de   pruebas   formulada   por     el    defensor   del      requerido    en    extradición    CARLOS   ALBERTO    LOPESIERRA   

GUTIÉRREZ.  

NOTIFÍQUESE y CÚMPLASE  

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

HERMAN            GALÁN  CASTELLANOS                         CARLOS   A.   GÁLVEZ  ARGOTE                                      

JORGE         A.        GÓMEZ  GALLEGO                              ÉDGAR LOMBANA TRUJILLO   

Comisión de servicio  

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                                ÁLVARO O. PÉREZ PINZÓN   

JORGE        L.        QUINTERO  MILANÉS                           MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1.  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA.  Ext. 11 de julio de 2001. M.P.,Dr. CARLOS EDUARDO  MEJÍA ESCOBAR.     

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