19864(27-05-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 19864  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                                Dr.     JORGE    ANÍBAL    GÓMEZ  GALLEGO   

                            Aprobado Acta N° 58   

Bogotá, D.C., veintisiete de mayo de dos mil  tres   

VISTOS  

Con  fundamento  en  el  artículo  212  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  la  Corte  examina  la  demanda de casación  presentada   en   nombre   de   PABLO  ANTONIO  RUÍZ  SANABRIA,  contra  la  sentencia  de segunda instancia  proferida  por  el  Tribunal Superior del Distrito Judicial de Riohacha el 28 de  febrero  de  2002,  la cual confirmó la del 19 de diciembre de 2001 emanada del  Juzgado  Promiscuo  del  Circuito  de Villanueva (Guajira), que lo condenó a la  pena  principal  de  17  años  de  prisión  como autor del delito de homicidio  agravado.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Hacia las once de la noche del 23 de marzo de  1983,   en  el  municipio  de  Urumita  (Guajira),  el  agente  de  la  policía  PABLO ANTONIO RUÍZ SANABRIA,  disparó  su  carabina  de  dotación contra Juan José  Vargas   Villarreal,  quien  se  hallaba  desarmado  e  indefenso, causándole la muerte.   

El  Juzgado 80 de Instrucción Penal Militar  de  Riohacha  ordenó  la apertura de la investigación, mediante auto del 17 de  marzo  de  1983.  El  23  de  los  mismos  mes  y año escuchó en indagatoria a  PABLO ANTONIO RUÍZ SANABRIA,  respecto  de  quien  se  abstuvo  de imponerle medida de aseguramiento, mediante  providencia    del    4   de   abril   de   1983,   al   resolverle   situación  jurídica.   

La  instrucción  fue avocada por el Juzgado  1º  Superior  de  Riohacha,  despacho  que  el  2 de agosto de 1984 decretó la  detención  preventiva  de  RUÍZ SANABRIA  por  el  delito de homicidio, la cual dejó sin efecto al declarar  la   nulidad   de  la  actuación  por  quebranto  del  derecho  a  la  defensa,  precisamente  a  partir  de  esa  decisión,  con providencia del 14 de marzo de  1990.   

Luego  de  superarse numerosos tropiezos, la  instrucción  fue asumida por la Fiscalía 12 Delegada ante los Juzgados Penales  del  Circuito  de  San  Juan  del  Cesar,  despacho que con resolución del 8 de  noviembre   de  2000  acusó  a  PABLO  ANTONIO  RUÍZ  SANABRIA  como  presunto  responsable  del  delito  de  homicidio calificado.   

Finalmente,  el  conocimiento del juicio fue  asumido  por  el  Juzgado  Promiscuo  del Circuito de Villanueva, quien luego de  realizar  la  audiencia  pública,  dictó  fallo  de  primer grado, el cual fue  confirmado   por   el   tribunal   con   el   que  es  objeto  de  este  recurso  extraordinario.   

SÍNTESIS   DE   LA  DEMANDA   

El  demandante invoca el artículo 207-1 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  para  pregonar  que  la sentencia de segunda  instancia  violó  los  artículos 79 y 80 de “la ley  100   de   1980”,  disposiciones  que  debieron  ser  aplicadas  en  consonancia  con  el  artículo 323 de la misma ley, antes de ser  modificada  por la 40 de 1993, puesto que no existe circunstancia de agravación  punitiva.   

Para el censor, es equivocada la apreciación  del  ad quem según la cual se configura la causal de agravación prevista en el  artículo  324-7  del  derogado  Código  Penal,  en  cuya  virtud  la  pena  se  extendería  entre  15 y 30 años de prisión, delito frente al cual el término  de  prescripción  sería  de 20 años de conformidad con el artículo 80 de esa  codificación,   el   cual   se   interrumpió  cuando  quedó  ejecutoriada  la  resolución de acusación, es decir, el 22 de noviembre de 2000.   

De  acuerdo  con  su perspectiva, dentro del  proceso  no  existe  prueba  que  demuestre  que  el  procesado  aprovechó  una  situación  de  indefensión  en  la  que supuestamente se encontrara el occiso,  pues  no  existía  una  circunstancia  que  le  permitiera conocer que éste se  hallaba  en  ese  estado,  como  que  lo  estuviera  acechando, o que lo hubiese  atacado por la espalda, o que fuera inválido.   

Al contrario, RUÍZ  SANABRIA  fue  hasta  el  lugar  donde  sabía  que se  encontraba     Vargas    Villarreal    dispuesto  a  darle muerte, pero sin saber si se encontraba armado o  no,  pero  con  la  presunción de que así era debido al incidente que hubo con  anterioridad, en el cual hubo cruce de disparos.   

Invoca doctrina nacional referida a la causal  de  agravación  en  estudio, para reiterar que no hay base que permita sostener  la  indefensión de Vargas, ni  que  éste  manifestara  tranquilidad  o  indiferencia  ante  la  presencia  del  victimario,  sobre lo cual llama la atención habida cuenta del hecho precedente  y  del  porte de su arma por parte de RUÍZ,  de  lo que deduce éste no tomó ninguna medida, ni se aprovechó  de situación precedente para asegurar la ejecución del delito.   

El  casacionista  afirma, de otra parte, que  tampoco  se dan los elementos de la alevosía señalados por la doctrina, ya que  no  existió  acometimiento  rápido  o  inopinado,  el  motivo fue el altercado  precedente, y el ataque fue de frente.   

Agrega que no se demostró dentro del proceso  que  Juan  Vanegas padeciera  enfermedad  física  o  trastorno  mental  que  lo colocara en circunstancias de  inferioridad     respecto     de    PABLO    ANTONIO  RUÍZ.   

Por   último,  si  fuese  cierto  que  el  enjuiciado  le  preguntó  al occiso si estaba armado y en caso de que en efecto  fuese  así,  era  una circunstancia que no haría variar la intención de darle  muerte;  ese  requerimiento  se  hizo  como  advertencia  del  propósito que lo  acompañaba.   

Por  lo  anterior,  solicita  se  case  la  sentencia  demandada, para que se desvirtúe la causal de agravación consagrada  en  el artículo 324-7 del Decreto 100 de 1980 y, en consecuencia, se decrete la  prescripción de la acción penal.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Las deficiencias argumentales que ostenta la  demanda     son     ostensibles,    como    son    evidentes    sus    carencias  técnicas.   

En primer lugar, debe observarse que si bien  el  casacionista invoca como causal de casación la 1ª prevista en el artículo  207  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  no  precisa  la clase exacta de la  violación,  esto  es,  si  fue  directa o indirecta, ni mucho menos concreta el  sentido  de  la  misma,  es  decir, si fue por falta de aplicación, aplicación  indebida  o  interpretación errónea, en el primer caso, o por errores de hecho  (falsos  juicios de identidad o de existencia, o falso raciocinio), o de derecho  (falso  juicio  de  legalidad o, excepcionalmente, falso juicio de convicción),  en el segundo.   

La constante invocación a la falta de prueba  sobre  una circunstancia de agravación del homicidio, contenida en el artículo  324-7  del  Decreto  100  de  1980  en  su  original  redacción,  así  como la  referencia  a  la  forma  como  ocurrieron  los hechos, conducen a pensar que el  censor  enfocó  el  ataque  por  la  vía  de  la  infracción  indirecta de la  ley.   

Pero  además  de  esas  muy  superficiales  afirmaciones,  no  especifica  sobre  cuál o cuáles pruebas pudo recaer algún  yerro  in  iudicando, porque para el actor es suficiente con decir que no existe  prueba  de  que  el procesado aprovechara la supuesta condición de inferioridad  de la víctima.   

A  partir de ese postulado era indispensable  que  señalara  la  prueba  que distorsionó el fallador para llevarla a dar por  demostrada  tal  situación, o la que excluyó de análisis, indicativa de otras  circunstancias  con  el  fin  de declarar una realidad contraria a la verdad que  informa  el  proceso,  o  la  que  supuso  para  dar  por  sentada una que no se  desprende  del  acopio  probatorio; o del mismo modo, indicar cuál fue la regla  de  la  sana crítica que fue desconocida o vulnerada por el juzgador al momento  de  fijar  el alcance demostrativo de un concreto elemento de juicio; o enseñar  el  medio  probatorio  que  se allegó con desconocimiento de las pautas legales  para su aducción y que sin embargo fue justipreciado.   

De  otra parte, a pesar de que señaló como  violados  los artículos 79 y 80 del derogado Código Penal, en la demanda no se  observa  el  menor  argumento  dirigido  a enseñar de qué manera se produjo la  falencia.  Es  bueno  precisar,  sin  embargo,  que si el censor estimara que la  sentencia  se  dictó dentro de un proceso en el cual la acción penal ya había  prescrito,  le  correspondía  fundamentar la censura con base en la causal 3ª,  la  de  nulidad, porque tal desatino comporta una afectación al debido proceso,  pero   sustentando   el   reproche   a   la   manera   de   la   causal  1ª  de  casación.   

Los anteriores defectos ponen de presente que  el  libelo  carece  de razón suficiente y, por tanto, de precisión y claridad,  notas  que  exige  el artículo 212-3 del Código de Procedimiento Penal, razón  por la cual será inadmitido.   

En  mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

Inadmitir la demanda  de  casación  presentada en nombre del procesado PABLO  ANTONIO  RUÍZ  SANABRIA.  En consecuencia, se declara  desierto el recurso.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,   comuníquese,   cúmplase   y  devuélvase   

YESID    RAMÍREZ  BASTIDAS   

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL            HERMAN  GÁLAN CASTELLANOS             

CARLOS        A.        GÁLVEZ  ARGOTE               JORGE                               ANÍBAL                               GÓMEZ  GALLEGO              

EDGAR           LOMBANA  TRUJILLO             ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

Comisión de servicio  

              

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANÉS   

Teresa Ruiz Nuñez  

Secretaria  

    

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