18563(27-09-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 18563  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta N° 116  

          Bogotá,  D.C.,  veintisiete  (27)  de  septiembre de dos mil dos (2002).   

         La Sala se pronuncia sobre la admisión  de  la demanda de casación discrecional presentada contra la sentencia de fecha  mayo  15  del  pasado  año,  mediante  la  cual  el  Tribunal  Superior Militar  confirmó   la   de   carácter   absolutorio  dictada  por  el  Comandante  del  Departamento  del  Policía  Bacatá,  en  su  condición  de  Juez  de  Primera  Instancia,   a  favor  del  procesado  JUAN  BERNARDO  TULCÁN  VALLEJOS,  sindicado del delito de homicidio  culposo.   

HECHOS  

          En  la  noche  del  21  de  marzo  de  1998,  los patrulleros de la  Policía    Nacional    JUAN    BERNARDO    TULCÁN  VALLEJOS,  José  Libardo  Cuspián  Sánchez  y Luis  Arturo  Sánchez  Romero,  quienes se movilizaban en dos motos en compañía del  agente  Israel  Sierra  Florián,  fueron  enviados por la central de radio a la  calle  42G  con carrera 113B, barrio El Triunfo, sector de Patio Bonito, de esta  ciudad,  a atender un caso policial en el que supuestamente estaban involucrados  los integrantes de una pandilla juvenil.   

             

          Una  vez en el lugar, observaron que los jóvenes allí congregados  se  dispersaban  disparando  contra  los  uniformados.   En reacción a tal  ataque,  el  patrullero  TULCÁN VALLEJOS accionó   el   arma   de  dotación  y  después,  junto  con  sus  compañeros  de institución, se dedicó a buscar a los miembros de la banda con  resultados  infructuosos  por un tiempo aproximado de cuarenta minutos.  En  desarrollo  de  dicha  maniobra  ingresaron  a  varios  de  los establecimientos  públicos que funcionan en el sector.   

         

          Posteriormente,  una unidad de contraguerrilla que arribó al sitio  para  brindar  apoyo  a  los  agentes del orden encontró herida a la menor Lady  Dayán  Sánchez  Tamayo,  fallecida  en  el  hospital  de  Kennedy, a donde fue  remitida  para  recibir atención médica.  El deceso se atribuyó entonces  al     procesado    TULCÁN    VALLEJOS,    puesto    que   fue   el   único   que   disparó   en   esos  momentos.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

         1.   Con fundamento en las pruebas  recaudadas  durante  la  indagación  preliminar,  el Juzgado 86 de Instrucción  Penal  Militar  dispuso  la  apertura  del  sumario en auto de fecha marzo 24 de  1998,  escuchó  en  indagatoria  al  patrullero  JUAN  BERNARDO  TULCÁN  VALLEJOS  y admitió la demanda de  constitución  de  parte  civil  presentada  en representación de Jorge Enrique  Sánchez  Chávez,  progenitor de la víctima.  Después, en providencia de  junio  4  del  mismo  año,  se  abstuvo  de  afectar al sindicado con medida de  aseguramiento,  y  atendiendo  la  solicitud que elevó el Agente del Ministerio  Público  ordenó  el  envío  de  las  diligencias  a  la  justicia  ordinaria,  decisión  que  mantuvo  el  23  de  julio siguiente al resolver la alzada   interpuesta  por  el defensor, orientada a obtener la cesación de procedimiento  y que la actuación prosiguiera en la jurisdicción castrense.   

La  Fiscalía  55  Seccional  de  Bogotá,  despacho  al  que  le  correspondió  el  expediente, lo devolvió a la Justicia  Penal  Militar  aduciendo  que  la remisión de las diligencias fue cumplida sin  haber  alcanzado  firmeza  el pronunciamiento anterior.  Así las cosas, el  Comandante  del  Departamento  de  Policía  Bacatá en su condición de Juez de  Primera Instancia asumió la competencia de manera provisional.   

2.   En  el  traslado de la apelación  incoada  en  forma  subsidiaria  por  el  defensor  contra el interlocutorio que  definió     la     situación     jurídica    del    procesado    TULCÁN  VALLEJOS, el representante de la  Procuraduría  conceptuó  que la investigación y el juzgamiento de la conducta  punible   imputada   correspondía   a   la  Justicia  Penal  Militar,  dado  su  indiscutible nexo con la prestación del servicio.   

En  providencia  de  octubre 14 de 1998, el  Tribunal  Superior  Militar acogió tal planteamiento y revocó la decisión del  a  quo  en  cuanto  ordenó  la  remisión  de  las  diligencias  a  la justicia  ordinaria.   

3.  Practicadas otras pruebas y cerrada  la  investigación,  la Unidad Nacional de Fiscalía de Derechos Humanos propuso  colisión  positiva  de  competencias,  de  manera  que  trabado  debidamente el  correspondiente  conflicto,  la  actuación fue enviada a la Sala Jurisdiccional  Disciplinaria  del  Consejo  Superior de la Judicatura, Corporación que en auto  de  febrero 3 de 2000, acogido por mayoría, asignó el conocimiento del proceso  a la Justicia Penal Militar.   

          4.   En resolución No. 010 de abril 14 de 2000, el Comandante  del  Departamento  de  Policía  Bacatá,  en  su  condición de Juez de Primera  Instancia,   convocó  al  patrullero  JUAN  BERNARDO  TULCÁN  VALLEJOS  a Consejo de Guerra, como autor del  delito  de  homicidio  culposo  definido  en  el artículo 264 del Código Penal  Militar  entonces  vigente  (Decreto 2550 de diciembre  12  de  1988) y, una vez celebrada tal diligencia, en  fallo de fecha julio 6 de 2000, lo absolvió del cargo imputado.   

         En sentencia del 15 de mayo de 2001, el  Tribunal  Superior Militar confirmó el pronunciamiento del a quo al resolver el  grado  jurisdiccional  de  consulta  al que estaba sujeto, de conformidad con el  artículo  434  ibídem,  decisión  que  el  representante  de  la  parte civil  impugnó por la vía extraordinaria.   

JUSTIFICACIÓN   DEL  RECURSO   

          En     el     capítulo     destinado     a     la     “Justificación”     del  recurso  excepcional interpuesto, el demandante plantea que la  presencia   de   la   parte   civil   en   sede   de   casación,   “antes  que a pretensiones económicas obedece a la … necesidad  de  alcanzar  la  verdad  judicial  histórica,  la  justicia  y  la reparación  integral,   como   derechos   inalienables,   fundamentales,   irrenunciables  e  innegociables  de  las  víctimas”,  conceptos  que  seguidamente desarrolla.   

          Agrega  desde  esta perspectiva, que los familiares de la víctima,  “como  toda  la  sociedad colombiana y la comunidad  internacional    ofendida   por   la   acción   estatal,   necesita  (sic)  saber  la  verdad  real  de los  hechos”,  que  en  opinión del censor “ha   sido   ocultada   por  una  verdad  procesal”,  como  también, que el Estado tuvo la intención de resarcir los  daños       y       de       minimizar       el       efecto       “desestructurante”    del   delito  cometido     por     el     patrullero     TULCÁN  VALLEJOS.   

          Invoca  los derechos “de los niños y  las  niñas afectados” por la sentencia impugnada y  como  consecuencia  de  la “oprobiosa decisión del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura”,  en cuanto  asignó  el  conocimiento  del proceso a la Justicia Penal Militar, temática en  la  que  alude  a  la Convención sobre los derechos del niño, incorporada a la  legislación  interna  a través de la Ley 12 de 1991.  Destaca también la  falta  de voluntad estatal ante la grave situación de derechos humanos que vive  la  niñez  colombiana,  especialmente  de  aquellos  que  son  víctimas  de la  injusticia social.   

        A  partir  de  las  anteriores   reflexiones  aduce  seguidamente  que  la  acción  del  patrullero  TULCÁN     VALLEJOS  “no puede aceptarse como  un  error y/o un homicidio culposo, sino que debe considerarse la posibilidad de  que  se  esté  ante  una  acción  irresponsable, intencional que constituye un  capítulo  más en la historia de los crímenes del Estado que se han perpetrado  contra        nuestro       niños”.   

       Cita  con  carácter  ejemplificativo  en  este  punto,  el  “asesinato por  el  Ejército Nacional” de  6  menores  en  la  vereda  La  Pica,  jurisdicción del municipio de Pueblorico  (Antioquia).  El  homicidio  de  Fernando Arias y Wilson Báez ocurrido el 29 de  mayo  de  1997  en inmediaciones de un retén militar en TAME; el de un joven de  14  años  perpetrado  el 29 de septiembre del mismo año por miembros del Grupo  Gaula  de  la  Policía Metropolitana de Cali, cuando desarrollaban un operativo  para  la  liberación  de  un secuestrado; y finalmente, el bombardeo que afirma  efectuado  por  la  Fuerza Aérea el 13 de diciembre de 1998 sobre la población  de  Santo  Domingo (Arauca), que segó la vida de siete niños cuando departían  en una fiesta comunitaria.   

         Añade  que esta continua violación de los derechos humanos no es  reciente;  más aún, ha sido evidenciada por los Comités de derechos del niño  de  las  Naciones  Unidas y de la Organización de Estados Americanos, que desde  1995  han  elevado  varias  recomendaciones  concretas al Estado Colombiano, que  transcribe  el  censor  a  continuación,  para  concluir  que un crimen como el  investigado   en   estas   diligencias   “y   las  vergonzosas  acciones  de  encubrimiento  posteriores  al  mismo,  no  sólo  se  constituye  en una grave violación de los derechos humanos y de los derechos de  los  niños,  sino  que  es  un  hecho  que  arremete a toda la humanidad y debe  avergonzar  al  Estado  Colombiano  por  la  atrocidad con que actuó uno de sus  agentes  y  la  deplorable  impunidad  que  han propiciado las altas autoridades  civiles  (Fiscalía  y Consejo Superior de la Judicatura) y el Tribunal Superior  Militar”.   

CONSIDERACIONES  DE LA  CORTE   

         1.   La  casación  excepcional por su naturaleza de medio de  impugnación  participa de las exigencias de procedibilidad que le son propias a  la  común u ordinaria, incluso, a los recursos mismos, máxime que al tenor del  artículo  218 del anterior estatuto procesal penal, subrogado por la Ley 553 de  2000,  norma  preexistente  al  momento  de proferirse el fallo cuya juridicidad  cuestiona  en  estas  diligencias  el  representante  de  la  parte civil, y que  coincide  en  cuanto interesa para los fines aquí abordados con las previsiones  del  artículo  205  de  la  actual  codificación,  tratándose de los aludidos  requisitos,  únicamente  las diferencia en relación con los fallos respecto de  los cuales pueden ser presentadas.   

         En  este  orden  de  ideas,  independientemente  de las especiales  circunstancias  que  la supeditan, vinculadas en el precepto que la regula a los  propósitos  a  los  cuales  se  orienta,  la  casación  excepcional reivindica  también  su  interposición oportuna, por sujeto legitimado y revestido además  de  interés  jurídico,  contra  sentencia  de segunda instancia dictada por un  Tribunal  o  Juzgado  Penal  del  Circuito  en  proceso  adelantado por conducta  punible  que  tenga  señalada  pena  privativa  de la libertad cuyo máximo sea  inferior a los ochos (8) años.   

         Ahora  bien,  satisfechos  los anteriores requisitos, la admisión  del  libelo  dependerá  de una condición que resulta ineluctable, esto es, que  la  Corte  dentro  de  la  discrecionalidad  que  el  legislador  le confiere lo  considere  indispensable  para el desarrollo de la jurisprudencia o la garantía  de   los  derechos  fundamentales,  juicio  de  necesidad  determinado  por  las  argumentaciones  que  con  tal objeto debe exponer el recurrente.  En otros  términos,  no  basta  que  el censor invoque uno o ambos de tales supuestos, de  manera  expresa  o  surgidos  inequívocos  de  las  consideraciones planteadas,  porque  se requiere además una justificación orientada a demostrar que para la  satisfacción  de  estas  específicas  finalidades  se  amerita  con  carácter  excepcional  y  concreto  acceder  a la impugnación extraordinaria, máxime que  sólo  una  vez  cumplido  dicho  cometido,  procede el examen de los requisitos  formales de la demanda.   

         2.   Partiendo  de las anteriores  premisas,  en  el  presente  caso  ningún  reparo  suscita  la  exigencia de la  oportunidad,  pues  revivido  el  trámite  que para la casación contemplaba el  anterior  estatuto  procesal  penal,  como  consecuencia  de  la declaratoria de  inexequibilidad  de  varios de los preceptos de la Ley 553 de 2000, dispuesta en  las  sentencias  de la Corte Constitucional C-252, C-260 y C-261 de 2001, fuerza  colegir  que  el recurso fue presentado en tiempo, pues el apoderado de la parte  civil  impugnó  el  fallo  de  segunda  instancia del Tribunal Superior Militar  dentro  de  los  quince  días  siguientes  a  su última notificación, que fue  proferido  por  el  delito  de homicidio culposo, sancionado en el artículo 264  del  Decreto  2550 de 1988, disposición preexistente a la conducta investigada,  con  un máximo de pena de seis (6) años de prisión, por razón del cual sólo  resultaría procedente entonces la casación excepcional.   

         La  legitimidad  y  el  interés  jurídico del impugnante tampoco  ofrece   objeción   alguna   en   el   caso  examinado,  pues  el  artículo  5º de la precitada Ley 553 de 2000, norma vigente para  la  época  de  interposición  del  recurso,  recogida  en el artículo 205 del  actual  estatuto  procesal  penal,  a  diferencia  de  lo  que  acontecía en la  anterior  codificación  y tratándose de la casación excepcional, la extendió  a  todos  los  sujetos  procesales,  calidad  predicable  obviamente de la parte  civil.   

              3. Ahora bien, en cuanto a los  motivos  que  habilitan  la  casación  excepcional,  se  tiene  que  si bien el  demandante  en  el contexto de la justificación plantea a la Corte la necesidad  de  preservar  los  derechos fundamentales del sujeto procesal que representa, a  renglón  seguido  traduce  de  manera  nítida  la  aspiración de convertir la  impugnación  extraordinaria  en  una  tercera  instancia, donde a través de un  nuevo  examen  del  acervo  probatorio  se  descubra la verdad de lo acontecido,  oculta   a   juicio   del   libelista,   por  “las  vergonzosas  acciones de encubrimiento posteriores”  a la comisión del delito investigado.   

         De  ahí que omita por completo la identificación de la garantía  supuestamente  conculcada  y  nada  indique sobre la norma constitucional que la  contempla,  la forma como resultó violentada dentro de la actuación respectiva  en  detrimento  del  sujeto  procesal  que asiste y su trascendencia en el fallo  censurado,  para  argüir  en  armonía  con  esa  pretensión ajena al medio de  impugnación  al  cual  acude,  que  los familiares de la víctima, “la  sociedad  colombiana  y la comunidad internacional ofendida  por  la  acción  estatal, necesita (sic)    saber    la   verdad   real   de   los   hechos”;   discurrir   argumentativo   en   el  que  sugiere  incluso  la  posibilidad  de no haber sido culposo el homicidio investigado, sino intencional  para  constituirse  en  “un  capítulo  más en la  historia  de  los  crímenes  del  Estado  que se han perpetrado contra nuestros  niños”.   

         También  por  el  sendero de la simple inconformidad con el fallo  del  Tribunal dada su naturaleza absolutoria, y con la decisión por medio de la  cual  el  Consejo  Superior de la Judicatura, Sala Jurisdiccional Disciplinaria,  dentro  de  la órbita de sus competencias asignó en su momento el conocimiento  de  este  proceso  a la justicia castrense al dirimir el conflicto presentado en  torno  a  él  en  la fase instructiva, el demandante invoca de manera abstracta  los  derechos  “de  los  niños  y  las niñas”,  la  indolencia  estatal frente a la grave situación  de  derechos  humanos en la que vive la niñez colombiana, y reseña las muertes  de  varios  menores  en episodios en los que han resultado involucrados miembros  de  las  Fuerzas  Armadas,  pasando  por  alto  que  estos argumentos escapan al  ámbito  de  la casación y en manera alguna pueden determinar el acceso a la de  carácter  excepcional,  que  tiene  entre  sus  fines,  no la revisión de toda  actuación  donde  la  víctima sea un menor de edad o su ejecutor un integrante  de  la  Fuerza  Pública,  como  parece  entenderlo,  sino  la  garantía de los  derechos  fundamentales  del  sujeto  procesal  impugnante,  en  cuanto resulten  conculcados  en  la actuación finalizada con la sentencia demandada o a través  de esta misma.   

         Por  lo  anterior,  como  el  libelista  no  satisfizo el deber de  acreditar  que  una decisión de la Sala contribuiría al mencionado propósito,  la demanda de casación excepcional deberá ser inadmitida.   

         4.   Al  margen  de  las  consideraciones anteriores, para la  Corporación  no  pasa  inadvertida  la  falta  contra  el  respeto  debido a la  administración  de  justicia  que  se  evidencia  en el escrito del impugnante,  quien  desbordando  con  creces  el  derecho  a  disentir  de  las actuaciones y  providencias  judiciales,  que  bien  puede  ser  expresado  con  vehemencia, se  admite,  descalifica  en  términos  injuriosos las que fueron proferidas en las  presentes  diligencias,  simple  y  llanamente  porque resultaron adversas a los  intereses  del  sujeto  procesal  que  representa,  ora por cuanto se mantuvo la  investigación  y  juzgamiento  de la conducta punible en la justicia castrense,  como         acontece         cuando         tilda        de        “oprobiosa”      la  decisión  por  medio  de  la  cual  el Consejo Superior de la  Judicatura,  Sala  Jurisdiccional Disciplinaria, resolvió el conflicto positivo  de competencias planteado.   

         Más  aún,  no  satisfecho  tal  profesional del derecho con esta  actitud  alejada  por  completo  del  deber de observar mesura y seriedad en sus  intervenciones  en el proceso, pretendió suplir las deficiencias argumentativas  del  recurso  interpuesto, donde debió demostrar en concreto la vulneración de  alguna  garantía fundamental y la necesidad de obtener su protección a través  del      mismo,      con      acusaciones     temerarias     de     “vergonzosas          acciones          de         encubrimiento  posteriores”  a  la  comisión del delito, y de la  deplorable  impunidad que “han propiciado las altas  autoridades  civiles  (Fiscalía  y  Consejo  Superior  de  la  Judicatura) y el  Tribunal Superior Militar”.   

         Por  lo  anterior,  al atisbarse la eventual configuración de una  falta  disciplinaria  al tenor del artículo 50 del Decreto 196 de 1971, para la  investigación  correspondiente,  si hubiere lugar a ella, por la Secretaría de  la  Sala  se  expedirá  copia de la demanda de casación excepcional presentada  por  el  apoderado  de  la  parte  civil  y  de esta providencia, con destino al  Consejo   Seccional  de  la  Judicatura  de  Cundinamarca,  Sala  Jurisdiccional  Disciplinaria.   

         En  mérito  de  lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia en Sala  de Casación Penal,   

RESUELVE   

         1.   NO  ADMITIR  la  demanda  de  casación  excepcional  incoada  por  el  Dr.  Pedro  Julio Mahecha Ávila en su  calidad de apoderado de la parte civil.   

         2.        ORDENAR  que  por  la  Secretaría  de  la  Sala  se  expidan  las copias  indicadas  en la parte motiva, con destino al Consejo Seccional de la Judicatura  de Cundinamarca, Sala Jurisdiccional Disciplinaria.   

         Contra     esta     providencia     procede    el    recurso    de  reposición.   

         Cópiese, notifíquese y devuélvase al  Tribunal de origen.  Cúmplase.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                         JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN GALÁN CASTELLANOS                                                   CARLOS             A.             GÁLVEZ  ARGOTE           

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO                                     ÉDGAR LOMBANA TRUJILLO   

CARLOS       E.       MEJÍA  ESCOBAR                                 NILSON PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  Secretaria   

    

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