17616(20-02-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 17616  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                     Magistrado Ponente:   

                    Dr.  YESID  RAMÍREZ  BASTIDAS   

                                     Aprobado Acta #  026   

Bogotá D.C., febrero veinte (20) de dos mil  tres (2003).   

VISTOS:  

Resuelve la Sala si admite o no la demanda de  casación   presentada   por   el  defensor  del  procesado  JOHN  JAIRO  MUÑOZ  GUTIÉRREZ.   

ANTECEDENTES:  

1.   El 12 de  febrero  de  1998  la  Fiscalía  Regional  de Medellín acusó a los procesados  JOSÉ  ALBERTO  RODRÍGUEZ  COLORADO,  CARLOS  ALBERTO ARANGO BEDOYA, JOHN JAIRO  MUÑOZ  GUTIÉRREZ,  HENRY FERNANDO ZAPATA CARTAGENA, CARLOS MARIO BEDOYA VÉLEZ  y  JOSÉ  BERNARDO  ARDILA,  por  el cargo de secuestro extorsivo del que fueron  víctimas  Jorge  Enrique Villegas Mejía y su familia, ocurrido en Medellín el  16  de  marzo de 1997 y el cual se prolongó hasta el 28 siguiente al ser dejado  en  libertad  el  plagiado,  en  concurso  con  porte ilegal de armas de defensa  personal.    Los  tres  últimos  fueron  adicionalmente  acusados  por  la  conducta punible de hurto calificado, agravado por la cuantía.   

2.  En primera  instancia,  mediante  fallo  del  6 de noviembre de 1998, un Juzgado Regional de  Medellín  condenó  a  JOSÉ ALBERTO RODRÍGUEZ COLORADO, CARLOS ALBERTO ARANGO  BEDOYA  y  a  JOHN JAIRO MUÑOZ GUTIÉRREZ a 36 años de prisión y multa de 198  salarios  mínimos  legales  mensuales,  en  calidad  de  coautores de secuestro  extorsivo agravado y porte de armas.   

A  los  procesados  HENRY  FERNANDO  ZAPATA  CARTAGENA,   JOSÉ   BERNARDO   ARDILA   y  CARLOS  MARIO  BEDOYA  VÉLEZ,  los  condenó  por los cargos de la acusación a 37 años de prisión y  multa  de  108  salarios mínimos legales mensuales.   Y a todos, a la  pena    accesoria     de interdicción de derechos  y  funciones   públicas  por     el  término de diez   (10) años.   

4.  El  defensor  apeló  esa  decisión y a través del fallo impugnado en casación, expedido el  29  de  noviembre  de  1999,  la  Sala  Especial  de Descongestión del Tribunal  Superior  de  Bogotá  confirmó el pronunciamiento de la primera instancia, con  las siguientes modificaciones:   

A  JOSÉ  ALBERTO  RODRÍGUEZ COLORADO se le  fijó  la  pena  de  prisión  en  35  años.   Y  a  HENRY FERNANDO ZAPATA  CARTAGENA,  JOSÉ  BERNARDO  ARDILA y CARLOS MARIO BEDOYA VÉLEZ en 36 años y 8  meses.   A éstos últimos, además, se les condenó a pagar $1.250.000.oo,  por  concepto  de  los  daños  y  perjuicios causados con el atentado contra el  patrimonio    económico    por    el    cual   fueron   declarados   penalmente  responsables.   

         

LA DEMANDA:  

1. El defensor, con  sustento  en  la  causal  3ª  de  casación,  dice  que  en el proceso tuvieron  ocurrencia  las  siguientes  irregularidades  sustanciales que afectan el debido  proceso:   

a)  La  Policía,  inmediatamente  después  del  secuestro,  entró en contacto con la familia del  secuestrado  y  dentro  de  las  labores que realizó estuvo instalar equipos de  grabaciones  telefónicas  e  instruir  sobre  su  manejo.   Al  tiempo, el  abonado  telefónico  respectivo  “fue puesto en verificación y rastreo   mediante   oficio   dirigido   al   gerente   de   las   Empresas  Públicas  de  Medellín”.   

Esa  actuación  de  los efectivos del Gaula  Urbano  #2  de  dicha  ciudad, a juicio del recurrente resulta “injurídica”  debido  a que el inciso 5º del artículo 351 del Código de Procedimiento Penal  de  1991  había  sido  declarado  inexequible el 28 de noviembre de 1996 por la  Corte  Constitucional.   Se  requería  para  esas actividades de policía,  entonces, orden del Fiscal instructor.   

Bajo   el   amparo  de  esa  irregularidad  –concluye      el  censor—se logró la captura  de  su  representado  y como consecuencia de la misma, al servir el resultado de  esas   actividades   como  “fundamento  jurídico”  de  las  sentencias,  se  incurrió  en  un  vicio  de  garantía que debe conducir a la invalidación del  proceso  a  partir  del  informe  de  la  policía  judicial  del 28 de marzo de  1997.   

b) Los efectivos del  GAULA,  de otra parte, no le dieron cumplimiento al inciso 2º del artículo 315  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  1991  y  con  ello  no  se le dio la  posibilidad   al   Agente   del   Ministerio   Público   de  intervenir  en  la  investigación  previa,  debiéndose,  en  consecuencia,  invalidar el proceso a  partir  de ese momento, en cuanto se violó la estructura de esa fase preliminar  y con ello del debido proceso.   

c)  El Tribunal de  segunda  instancia,  por último, no tenía competencia para dictar la sentencia  recurrida,  conclusión  a  la  cual  debía  arribarse aplicando el instrumento  jurídico  de  la  excepción  de  inconstitucionalidad  en  relación  con  los  artículos  35  –incisos 1º  y  2º—  37, 43 y 48 de la  ley  504  de  1999,  que  en  efecto fueron declarados inexequibles por la Corte  Constitucional  a  través  de  la  sentencia  C-392/2000.   A  juicio  del  recurrente,  entonces,  el  competente  para  dirimir la apelación del fallo de  primera  instancia  era el Tribunal Superior de Medellín, de conformidad con el  artículo  4º  de  esa  ley, declarado Constitucional a través de la sentencia  antes  referida.   Cita  los  apartes  pertinentes  de ésta, en los que se  expresa  que la atribución de competencia nacional a una Sala de Descongestión  del  Tribunal  de Bogotá es violatorio de la Constitución Nacional, como igual  lo  es  otorgársela a un Tribunal inexistente (“Tribunal Superior que cree la  ley”).   Precisa  que  dicho pronunciamiento quedó en firme el 9 de mayo  de  2000  y  que,  por  lo  tanto,  a  partir  de  tal  fecha el Tribunal debía  declararse  incompetente  “para  conocer  y ritualizar aquellas opugnaciones a  las  sentencias de 1ª instancia, proferidas por los señores jueces penales del  circuito    especializados    que    por    motivos   de   alzada   –como     en     nuestro     presente  caso—llegasen  a arribar a  sus honorables y respectivos despachos”.   

Insiste,   en   conclusión,   que  la  no  inaplicación  por  inconstitucionales  (art.  4º  C.N.)  de  los artículos ya  citados  de  la  ley  504  del 25 de junio de 1999 por parte del juzgador de 2ª  instancia,  “constituye  un error in procedendo estructural garante del debido  proceso”, que acarrea la nulidad de la sentencia impugnada.   

   

LA CORTE CONSIDERA:  

1.    La  invocación   de   la   causal  3ª  de  casación  y  la  relación  de  varias  circunstancias  que a juicio del censor constituyen irregularidades sustanciales  que  afectan  el debido proceso, permite colegir que al interior del mismo cargo  presentó  varias  solicitudes  de  nulidad  procesal,  que  debía  plantear en  capítulos  separados  y  respetando su prioridad, como lo impone la lógica del  recurso de casación.   

En efecto, se sabe que la aceptación de esa  causal   de  casación,  salvo  cuando  la  causa  de  la  invalidación  afecta  exclusivamente  a la sentencia, implica regresar el proceso a una etapa anterior  para  corregir  la  irregularidad  y  ajustar  la  actividad jurisdiccional a la  Constitución  y  a la ley.  Y si esto es así, resulta claro que cuando el  sujeto  procesal  plantea  en  casación  más  de una hipótesis de nulidad, lo  lógico  es  que  lo  haga en cargos distintos y que el primero corresponda a la  circunstancia  con mayor capacidad de regresar el proceso al punto más lejano y  así sucesivamente.   

2.   Pero  aún  admitiendo  que  la  referida  falencia  no  tuvo ocurrencia y que el recurrente  –a  pesar  de  no  haberlo  hecho  explícito— presentó  tres   cargos,   tampoco   es  procedente  la  admisión  de  la  demanda,  pues  individualmente  evaluada cada pretensión de nulidad, no satisface el requisito  de claridad y precisión al que se refiere la ley.   

2.1.  El  primer  reclamo,  relativo  a  que  las  evidencias  obtenidas  como consecuencia de las  supuestas  actuaciones  ilegales de la Policía Judicial sirvieron de fundamento  para  la  sentencia  condenatoria,  que  es  como  la  Corte  lo entiende, es un  planteamiento  claro  de violación indirecta de la ley sustancial con origen en  un  error  de derecho por falso juicio de legalidad, que obviamente le imponía,  además  de  invocar  la causal 1ª de casación, concretar los medios de prueba  inválidos,  señalar  el precepto jurídico contrariado en su producción y, lo  más  importante,  demostrar  que  si  no  se  hubiera  incurrido en el error el  sentido  del  fallo  habría  sido  distinto,  lo  cual  implica el ejercicio de  confrontar y desvirtuar sus términos.   

Al incumplirse esas exigencias, la censura no  puede ser examinada por la Corte.   

2.2. No demostró el  recurrente,  de  otra  parte,  la  trascendencia  de  la  supuesta irregularidad  consistente  en  que la Policía  Judicial no le dio aviso al representante  del  Ministerio  Público  acerca de la iniciación de la investigación previa.   

Si  se tiene en cuenta que el inciso 2º del  artículo   315   del   Código   de   Procedimiento  penal  1991  imponía  esa  comunicación,  es  admisible  que  la  omisión  denunciada es una informalidad  procesal,  cuyo  carácter  sustancial  no  fue  acreditado.   Decir que el  representante  de  la  sociedad   hubiera  podido  intervenir  como  sujeto  procesal  en  la fase preliminar, que es en síntesis el argumento del defensor,  no  prueba ningún daño en concreto causado a las garantías de su representado  o  a la estructura procesal, de la cual –valga       advertirlo—no hace parte el acto que se afirma omitido.   

2.3.    El  planteamiento  de  incompetencia  del Tribunal de 2ª instancia, por último, no  constituye  una  proposición  jurídica completa que conduzca a la admisión de  la demanda.   

La  nulidad, como es sabido, es un mecanismo  procesal  para  corregir  las  irregularidades que se hayan podido cometer en la  actuación,  que  no  puedan sanearse de otra manera y que correspondan a alguna  de  las  circunstancias legales previstas.  Lo que la origina, entonces, es  una  ilegalidad  formal, cuya existencia debe ser demostrada en casación por el  sujeto   procesal,    como   condición   para   que  la  Corte  admita  la  demanda.    

Es   una  carga  que  omitió  cumplir  el  casacionista,  quien  en  realidad  no  se  refiere  a ninguna irregularidad, en  cuanto  admite  que  cuando  el Tribunal dictó la sentencia era competente para  hacerlo según la ley entonces vigente.    

Ahora  bien, que a la defensa le parezca que  la   Corporación   judicial,   aplicando  el  mecanismo  de  la  excepción  de  inconstitucionalidad  a  varias  disposiciones  de la ley 504 de 1999, ha debido  declarar  que  carecía  de  facultad  para  resolver  la  apelación, no prueba  la   arbitrariedad denunciada, cuya existencia es construida por el censor,  quien  de  manera  velada  lo que pretende, en contravía del artículo 45 de la  Ley  Estatutaria  de la Administración de Justicia, es que se le hagan producir  efectos  retroactivos  a la sentencia C-392 del 6 de abril de 2000, a través de  la  cual  la Corte Constitucional se pronunció sobre la exequibilidad de la ley  504 de 1999.   

A  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

INADMITIR la demanda  de  casación  presentada  a  nombre del procesado JOHN JAIRO MUÑOZ GUTIÉRREZ.   

Contra  la  presente  decisión  no  procede  ningún recurso.   

CÚMPLASE.  

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

FERNANDO      E.       ARBOLEDA  RIPOLL                HERMAN  GALÁN CASTELLANOS            

CARLOS       AUGUSTO       GÁLVEZ  ARGOTE            JORGE     ANÍBAL    GÓMEZ  GALLEGO                      

ÉDGAR           LOMBANA  TRUJILLO                      ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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