17606(08-10-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  17606   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 110.  

          Bogotá    D.C.,   ocho   (8)   de   octubre   de   dos   mil   tres  (2003).   

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Corte  de fondo sobre las  demandas  de  casación  interpuestas  por  los  defensores  de  los  procesados  DARIO   DE   JESUS   TABARES  SALDARRIAGA    y    JOSE    DE    JESUS    PULGARIN  SALDARRIAGA  contra  la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de Medellín el 8 de mayo de 2000, por cuyo medio al desatar  la  impugnación  interpuesta  contra  el  fallo  dictado por el Juzgado Décimo  Penal  del  Circuito  de  la  misma ciudad, que los había encontrado penalmente  responsables   de   los   delitos   de   homicidio   agravado   en  Ever  Flavio  Herrera  Rodríguez  y porte  ilegal   de   armas  de  fuego  de  defensa  personal,  adoptó  las  siguientes  determinaciones:  (i) Confirmó la pena principal de cuarenta (40) años y cinco  (5)  meses  de  prisión y la accesoria de interdicción de derechos y funciones  públicas  por  10 años, impuesta al primero de los nombrados; y (ii) Modificó  la  que afectó al segundo de ello, para fijar la pena principal en treinta (30)  años  y  dos (2) meses de prisión, como consecuencia de la mutación del grado  de participación de autor a cómplice.   

El  Procurador  Tercero  Delegado  para  la  Casación  Penal  solicita en su concepto desestimar las demandas en atención a  sus  evidentes  fallas  técnicas, pero sugiere casar oficiosa y parcialmente la  sentencia  impugnada  por  no  haber sido motivada la pena impuesta al procesado  PULGARIN            SALDARRIAGA.   

HECHOS  

Aproximadamente a las diez de la mañana del  12  de  marzo  de  1999,  en  un establecimiento ubicado en la carrera 65 No. 59  – 20 del Barrio Antioquia  de     Medellín,    DARIO    DE    JESUS    TABARES  SALDARRIAGA   disparó   su   arma  de  fuego  contra  Ever    Flavio    Herrera    Rodríguez,  causándole  múltiple  heridas  en la cabeza que determinaron su  fallecimiento  instantáneo;  acto seguido el agresor intentó huir del lugar en  una  motocicleta  conducida  por JOSE DE JESUS PULGARIN  SALDARRIAGA,   pero  ambos  fueron  aprehendidos  por  miembros de la policía que vigilaban el sector.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

Con  fundamento  en el acta de levantamiento  del  cadáver  y  el  informe  del  Comandante  de la Patrulla CORAC-31, al día  siguiente  de  los  hechos  la Fiscalía profirió resolución de apertura de la  instrucción,  en  cuyo  marco  vinculó  mediante  indagatoria  a  DARIO  DE  JESUS  TABARES  SALDARRIAGA y a  JOSE   DE   JESUS   PULGARIN  SALDARRIAGA.   

          El  19  de marzo de 1999 fue definida la situación jurídica de los  vinculados  con  medida de aseguramiento de detención preventiva como presuntos  autores  de  los  delitos  de  homicidio  y  porte  ilegal  de  armas de defensa  personal,  sin  derecho  a  libertad  provisional;  el  13 de mayo fue negada la  solicitud  de  la  defensa  orientada a conseguir la revocatoria de la medida de  aseguramiento  impuesta, providencia contra la cual interpuso sin éxito recurso  de apelación.   

Cerrada  la  instrucción,  el 9 de julio de  1999   la  Fiscalía  calificó  el  mérito  del  sumario  con  resolución  de  acusación  en  contra  de los procesados como posibles coautores de los delitos  de  homicidio  agravado  (numerales  4º  y  7º  del artículo 324 del derogado  estatuto procesal) y porte ilegal de arma de defensa personal.   

La etapa del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  Décimo  Penal  del  Circuito  de  Medellín,  despacho que una vez  surtido  el  trámite  pertinente  y  celebrada la audiencia pública, profirió  sentencia   el   10   de  diciembre  de  1999,  por  cuyo  medio   condenó  a  DARIO  DE  JESUS  TABARES  SALDARRIAGA    y    a   JOSE   DE   JESUS   PULGARIN  SALDARRIAGA  a la pena principal de 40 años y 5 meses  de  prisión,  a la accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas  por  10  años, y al pago de la indemnización por los perjuicios causados, como  coautores   penalmente   responsables  de  los  delitos  objeto  de  acusación.   

Impugnado  el  fallo  por los procesados, el  recurso  fue sustentado oralmente por estos y su defensora. El Tribunal Superior  de  Medellín  decidió  el 25 de febrero de 1999 confirmar la condena proferida  contra  DARIO DE JESUS TABARES SALDARRIAGA,   pero   modificó   la   sentencia   respecto   de   JOSE  DE  JESUS  PULGARIN  SALDARRIAGA, en  cuanto  lo  declaró  responsable  en  condición  de  cómplice por los delitos  imputados  en  la acusación, tasando la pena principal en 30 años y 2 meses de  prisión;     esta    providencia    es    ahora    objeto    de    impugnación  extraordinaria.   

LAS DEMANDAS  

1.             Demanda   a   nombre   del   procesado  JOSE   DE   JESUS  PULGARIN  SALDARRIAGA:   

El  defensor  plantea  un  solo  cargo  por  violación  directa  de  la  ley  sustancial  por  interpretación  errónea del  artículo  24  del  derogado  estatuto  penal  y  falta  de  aplicación  de los  artículos 12, 61 y 67 del mismo ordenamiento, que desarrolla así:   

          Señala  el  censor  que  si  bien el Tribunal modificó el fallo de  primer  grado  en  el sentido de considerar que su representado era cómplice de  los  delitos  por  los cuales se le acusó y en tal medida aplicó correctamente  el  artículo  24  del  derogado  estatuto  penal,  lo cierto es que interpretó  erróneamente  el  referido  precepto  sustancial,  habida  cuenta  que  la pena  “aparece  desfasada”  en  cuanto    la   intervención   de   JOSE   DE   JESUS  PULGARÍN  “fue  de simple  coadyuvante    en    la    realización    de    un    hecho   ajeno”.   

         

Agrega  que  el  ad  quem   reconoció  que  su  asistido  “no  contribuyó  con actos ejecutivos a la realización del atentado  contra  la  vida,  y  que aún si él se hubiese negado a conducir en su moto al  autor  material, ello seguramente no le habría impedido a este último llevarlo  a   cabo”,  razón  por  la  cual,  además  de  la  interpretación  errónea de la norma, se dejaron de aplicar los artículos 61 y  67  del citado ordenamiento sustantivo, dado que la contribución insignificante  de  PULGARÍN en los delitos  cometidos  por  DARIO  DE  JESUS  TABARES imponía   que   la   pena   fuera   menor,   y  no  “muy  cerca  del  máximo  y  bastante  lejos del mínimo” como la dosificó el Tribunal.   

          Destaca  que  si  el Tribunal concluyó que su defendido actuó como  cómplice,      tal      circunstancia      supone      una      “culpabilidad  atenuada,  lo  que conlleva a que se le rebaje la pena  entre la sexta parte y la mitad”.   

          También  aduce  el  censor  que  se desconoció el artículo 12 del  anterior  Código  Penal,  pues  en  virtud de la función resocializadora de la  pena   “ha   de  buscarse  la  rehabilitación  del  sentenciado  con el fin de que reivindique ante la sociedad y evite en el futuro  transgredir      las      normas      de      convivencia     social”.   

          En  punto de la trascendencia del error, el casacionista señala que  la  pena  de  su  representado  debió  ser  tasada  en  20  años  y  2  meses,  correspondiente  a  la  mitad  de  la sanción impuesta al autor de los delitos,  dado   que   en   aras  de  garantizar  su  función  resocializadora,  la  pena  “no  debe  extenderse más allá de lo estrictamente  necesario”, pues con la violación directa de la ley  JOSE   DE   JESUS  PULGARIN  soporta  “una  pena que no se adecúa al grado de su  contribución en los punibles”.   

          Con  base  en  lo  expuesto,  el  censor  solicita  a la Corte casar  parcialmente  el fallo impugnado, y en consecuencia, condenar a su asistido a la  pena  mínima  establecida  de conformidad con los parámetros señalados por el  artículo 24 del derogado estatuto penal.   

2.             Demanda   a   nombre   del   procesado  DARIO   DE   JESUS  TABARES  SALDARRIAGA:   

La defensora plantea una sola censura contra  el  fallo  de  segundo  grado al amparo de la causal primera de casación cuerpo  segundo,  por  violación indirecta de la ley sustancial determinada por errores  de hecho por falso juicio de identidad, que sustenta así:   

Considera  que  fueron  violados  de  manera  indirecta  los  artículos 323 y 324 del derogado Código Penal, “incurriendo  en  el  desprecio  de  toda la prueba que determina las  condiciones  dentro  de las cuales el señor DARIO TABARES se vio abocado por la  necesidad  de  defender su vida a disparar contra quien desde tempranas horas lo  buscaba  a  escasos  metros  de su casa. De no habersen  (sic)  desechado  los  testimonios  que dan cuenta del  arma  que  portaba EVER FLAVIO al momento de ser visto por las primeras personas  que  ingresaron  a  pollos  Martinica,  momentos  después  de  ser  oídos  los  disparos,  otra  MÁS  JUSTA  hubiera  sido  la  decisión  del  superior,  BIEN  RECONOCIENDO  LA  LEGITIMA DEFENSA O BIEN EL ESTADO DE IRA SOLICITUD SUBSIDIARIA  DE LA DEFENSA”.   

          Luego  de  transcribir  apartes  del  fallo atacado, la casacionista  señala  que  muchas  personas  que  ingresaron  al lugar de los hechos una hora  antes  de  arribar  la  fiscalía,  observaron el arma que estaba en manos de la  víctima,  circunstancia  que  relataron de manera seria y verosímil, y que por  tanto   no   estaba   en   la  imaginación  de  DARIO  TABARES.   

Igualmente  puntualiza  que  si  bien  los  testigos  no  precisan  la clase de arma ni el sitio exacto de su ubicación, lo  cierto  es  que  coinciden  en  describir  el  arma  sobre  la  cual  tenía  el  correspondiente  salvoconducto,  pese  a  que  sus familiares declaren que no la  portaba el día de su muerte.   

Aduce  la  censora  que  la  Fiscalía  y el  Tribunal  no  tuvieron  en  cuenta que la víctima estaba en el Barrio Trinidad,  donde  residen  los incriminados, donde nada tenía que hacer; tampoco valoraron  “que  DARIO  había  tenido  el  día  anterior  una  disputa   con   EVER   donde   le   había   exhibido  un  arma  de  las  mismas  características     de    la    reportada    por    los    testigos”.   

También  indica  la  defensora que salvo el  encuentro  entre  víctima  y  victimario sucedido el día anterior a los hechos  investigados  DARIO TABARES no  conocía   a  Ever,  que  su  representado  portaba armas para defender la mercancía de la microempresa de su  progenitora  donde  labora,  que  desempeñaba  un  oficio  conocido por todo el  conglomerado  social,  y que en compañía de su familiar se dispusieron a ir al  centro  de  la  ciudad  por  unos  papeles, como lo relató un  testigo, en  tanto   que,   la   víctima,   Ever  Flavio  Herrera  Rodriguez  era  un  individuo sin oficio conocido y su  familia  revela que era agresivo, tenía conflictos y acostumbraba a disparar su  arma cuando ingería licor.   

En  punto  de  la  legítima  defensa  de su  asistido,   señala  que  “la  agresividad  de  EVER  comienza  esa  mañana del 12, el lesionamiento no tiene que ser visto basta que  se   sienta,   que   sea   capaz  de  romper  ese  equilibrio,  que  lastime  la  mente”,  motivo por el cual se imponía reconocer la  justificación  de  la conducta del procesado, pues fue agredido ilegítimamente  y  “ese  ataque llevó a DARIO al convencimiento iba  (sic) a producirle un daño a  su    vida    de    no    tener   lugar   la   reacción   defensiva”.   

Expresa   que   la   legítima   defensa  “es  la  repulsa  racional  contra un ataque injusto  llevado   contra  bien  propio  o  ajeno  jurídicamente  defendible”,  y  que tal racionalidad no se refiere al juzgador sino a quien  se  ve  precisado  a rechazar la agresión; por tanto, concluye que se violó la  ley  sustancial  pues  se dejó de aplicar el artículo 29 del anterior estatuto  penal  que  establecía  la  legítima  defensa,  o en subsidio no se aplicó el  artículo  60  de  la  referida normatividad que regulaba la diminuente punitiva  por actuar en estado de ira o de intenso dolor.   

          Finalmente  advierte  que  “se justifica  esta  circunstancia  de  atenuación punitiva si tenemos en cuenta la naturaleza  de  la ira, capaz de sacar de sus cabales al más prudente de los hombres. Es el  estado  afectivo  de  mayor  importancia  criminológica  por  corresponder a un  fuerte  estado  de  excitación  emocional que aumenta la fuerza individual y la  irritabilidad  orgánica  y  síquica,  trayendo  como consecuencia un estado de  obnubilación  de  conciencia  y  por  lo  tanto una pérdida del control de los  actos”.   

          Con   fundamento   en   lo  anotado,  la  defensora  solicita  casar  parcialmente  el  fallo  impugnado y que “en su lugar  profiera  fallo  sustitutivo de carácter absolutorio por el delito de HOMICIDIO  SIMPLE   a favor del procesado DARIO DE JESUS TABARES, por estar probada la  legítima  defensa causal eximente de responsabilidad y no acogida en ninguna de  las  resoluciones  emitidas  dentro  del proceso”; en  subsidio  solicita  “se  acoja  la  petición  de la  atenuante  Ira  e  Intenso  dolor  consagrada en el ART. 60 del C.P.; peticiones  formuladas  admitiendo  el  delito de Homicidio simple y no agravado”.   

CONCEPTO  DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

El  Procurador  Tercero  Delegado  para  la  Casación  Penal  solicita  en  su concepto desestimar las demandas en razón de  sus  evidentes  fallas  técnicas, pero sugiere casar oficiosamente la sentencia  impugnada  por  carecer  de  motivación  la dosificación de la pena impuesta a  PULGARIN            SALDARRIAGA.   

1.            Respecto  de  la  demanda  a  nombre del  procesado      JOSE     DE     JESUS     PULGARIN  SALDARRIAGA:   

          Considera  el  Delegado  que  la demanda acusa errores técnicos que  impiden  su  prosperidad,  pues  la  norma  que regula la sanción del cómplice  establece  una  referencia  general  respecto  de la pena establecida en el tipo  penal  correspondiente,  sin  señalar una medida especial, de modo que en punto  de  la  interpretación  errónea de la norma sólo sería posible demostrar que  el  sentenciador  al establecer los límites para dosificar la pena, erró en el  sentido   de   fijar  unos  parámetros  superiores  a  los  señalados  por  el  legislador, temática que no aborda el censor.   

          Además  expone  que el demandante coincide con el Tribunal en punto  de  la  condición  de cómplice de su representado, pero no procede a demostrar  de  qué  manera se violaron los preceptos sustanciales al dosificar la pena, ni  a  determinar la discrecionalidad que asiste al fallador para tasar la sanción.   

          En  cuanto  se refiere a la violación del artículo 67 del anterior  Código  Penal,  que se ocupaba de la aplicación de mínimos y máximos, estima  el   Delegado   que   el   defensor  cita  sin  explicación  esta  norma,  pues  “una  es  la  dosificación  con  sustento  en  los  factores  establecidos  en el inciso primero del artículo 61 del Código Penal,  otra  la  forma  de  establecer  cuando  el sentenciador debe partir del mínimo  legal,  y otra más la individualización de la pena para el cómplice, momentos  todos  que responden a distintos criterios y que el demandante ha debido abordar  separadamente  para dar claridad y precisión a la censura formulada”.   

          Añade   que   el  censor  aduce  que  su  representado  actuó  con  culpabilidad  disminuida, afirmación incorrecta respecto de las categorías del  delito,  pues  el  cómplice  no actúa en tal condición, sino en delito ajeno,  pese  a  lo  cual  no  se  orientó  la  censura  hacia el grado de culpabilidad  establecido  en  el  artículo  61  del  Decreto  100  de  1980 como criterio de  dosificación de la pena.   

          También  destaca  que  el  demandante  se  refiere  a  la  función  resocializadora  de  la  pena,  pero  no  demuestra si tal aspecto fue tenido en  cuenta al momento de individualizar la sanción.   

          Finalmente  advierte  que  si bien el censor solicita que se tase la  pena  de  su asistido en la mitad de la sanción establecida al autor, lo cierto  es  que  a pesar de que el sentenciador debe partir del mínimo establecido para  el  cómplice,  como  lo  realizó  respecto  del  autor,  ha  debido valorar su  colaboración  en  los  hechos  punibles  que  necesariamente  incrementaría el  quantum mínimo que solicita el impugnante.   

          No  obstante,  el  Delegado  considera  que el fallo debe ser casado  pues  se  afectó  el debido proceso por falta de motivación de la sentencia de  segundo  grado,  y  se  violó  el  derecho  de  defensa  del procesado, ante la  imposibilidad  de  cuestionar  las  razones del juzgador para dosificar la pena.  Para ello expone las siguientes razones:   

El  artículo  29  de la Carta establece los  principios  del  debido  proceso  como  garantía  de los sujetos procesales, de  donde  se desprende la obligación del funcionario de motivar sus providencias a  fin  de permitir a las partes el ejercicio de su derecho a impugnar la sentencia  condenatoria.   

          A  su  vez, el artículo 229 de la Constitución garantiza el acceso  a  la  administración  de  justicia  para  que  los  ciudadanos  solucionen sus  conflictos,  de  donde  también  surge la obligación de explicar a los sujetos  procesales  las  razones  de  los  jueces en sus providencias, que se encuentran  sometidas  al  imperio de la ley de acuerdo a lo establecido en el artículo 239  de la misma normativa.   

          El  artículo  180  del  Decreto  2700  de  1991  señalaba  que  la  sentencia  debía contener, entre otros requisitos, el análisis de los alegatos  y  la  valoración  jurídica de las pruebas en que se fundara la decisión y la  condena a las penas principal y accesorias que correspondieran.   

          También  el  Código  Penal  anterior  se  ocupaba  de señalar los  criterios  de dosificación de la pena según las circunstancias del hecho y las  condiciones de la persona declarada responsable.   

          Por  tanto,  las  referidas exigencias constitucionales y legales no  se  satisfacen  con la enunciación del quantum de pena, sino que es preciso que  el  funcionario exponga razonadamente las directrices de su imposición en punto  del  caso  y de la persona declarada responsable, sin que pueda ignorar la ley o  justificar  la imposición de la pena con base en las consideraciones realizadas  en el fallo sobre otros aspectos.   

          Además,  “lo que no se puede admitir, en  ningún  caso,  es que la asignación de pena no tenga sustento legal, racional,  personal,  sociológico  ni  de  política  criminal.  Una sanción impuesta sin  razonamiento  es  una  pena  inconstitucional  e ilegal en tanto contraviene las  disposiciones  constitucionales  y  las  normas  que  las  desarrollan y, por lo  tanto,      comunica      su      vicio      a      la     sentencia”.   

          Entonces,  señala el Delegado que como en el fallo de segundo grado  no  se  motivó  la  pena  impuesta  a  JOSE  DE JESUS  PULGARIN  SALDARRIAGA violó con su silencio el debido  proceso  y  el  derecho  de  defensa  del  procesado,  en tanto le correspondía  establecer  la pena entre los límites legales para el cómplice en el delito de  homicidio  agravado  que  estaba  entre  20  años  (mitad  del  mínimo de pena  establecido  para  el  autor)  y 50 años de prisión (disminución de una sexta  parte  del  máximo  de pena señalada en el tipo); pero como no se modificó la  responsabilidad    ni    la    pena    de    TABARES  SALDARRIAGA,     la     pena     de    PULGARÍN,  como  cómplice, no podía ser  superior  a  la  establecida  para  el  autor,  esto  es,  40 años y 5 meses de  prisión.   

          En  consecuencia,  si  al  autor  le fue impuesta una sanción de 40  años  y  1 mes de prisión, era necesario que la pena del cómplice partiera de  20 años y 15 días de prisión.   

A   partir  de  tales  límites,  dice  el  Procurador  Delegado,  correspondía  al Tribunal graduar la pena de conformidad  con  los  criterios  plasmados  en  el  artículo  61  del  estatuto  sustancial  derogado,  exponiendo  los  motivos  de  su  individualización, entre otros, la  mayor o menor eficacia de su contribución en los delitos.   

          De   conformidad  con  las  observaciones  planteadas,  el  Delegado  solicita  a  la  Corte declarar la nulidad del fallo por falta de motivación de  la  pena  impuesta  a  PULGARIN SALDARRIAGA,  y  en  consecuencia  devuelva  el  proceso  al  Tribunal para que  proceda  de conformidad, a fin de garantizar que lo decidido pueda ser objeto de  impugnación,   posibilidad   que  no  sería  viable  si  la  Corte  motiva  la  imposición  de  la  pena,  circunstancia que daría lugar a una nueva causal de  nulidad.   

2.            Respecto  de  la  demanda  a  nombre del  procesado      DARIO     DE     JESUS     TABARES  SALDARRIAGA:   

          Considera  el  Delegado  que  el  libelo presenta deficiencias en la  formulación  del  cargo,  pues  si  pretendía  demostrar  un  falso  juicio de  identidad  ha debido señalar los medios probatorios supuestamente tergiversados  y  comparar su contenido con lo expuesto en el fallo; por tanto, si la defensora  sólo  se  limita  a comentar que varias personas vieron un arma cerca al cuerpo  de  la  víctima,  pero  no  individualiza  a los declarantes, ni destaca lo que  estos  expusieron, no demostró el error denunciado, dado que no acredita que el  sentenciador  haya  distorsionado  las  pruebas  o  las  haya  dejado de lado, y  tampoco   demuestra   que   ello   tenga   aptitud  para  alterar  la  decisión  atacada.   

Señala  que  si  la  censora solicita en el  mismo  cargo  que se reconozca que su defendido actuó en legítima defensa o en  estado  de ira, rompe varias reglas técnica: La norma sustancial violada era el  artículo  29  del  derogado  estatuto  penal  o  el  artículo  60  del  mismo,  respectivamente;  si  lo  alegado  era  la  legítima  defensa, le correspondía  demostrar  que  judicialmente no se reconoció al agresión de la víctima, pese  a  existir  prueba  sobre ello. Peor si lo invocado es la ira, era de su resorte  demostrar  que  los  funcionarios  no tuvieron en cuenta el comportamiento de la  víctima  que  desencadenó  la  perturbación  anímica en el procesado, pese a  estar acreditado en la actuación.   

Adicional a lo expuesto, destaca el Delegado  que   en   el   fallo   censurado   se   indicó  que  el  testigo  Javier  Eder  Taborda,  administrador  del  establecimiento  donde  ocurrieron  los  sucesos,  fue el primero en observar el  cadáver,  sin  que  mencionara  el arma de fuego en las manos o en cercanía al  cuerpo  de  la  víctima,  circunstancia corroborada por los agentes de policía  que  inicialmente arribaron al lugar, todo lo cual imponía al fallador concluir  que  el  occiso carecía de arma al momento de ser atacado, sin que se evidencie  el  falso juicio de identidad denunciado, amén de que no se demostró de manera  alguna  la  imposibilidad  de  los  agentes  en  punto de percibir el arma si en  verdad esta hubiera estado en el lugar de los hechos.   

Aduce  el Delegado que la valoración de los  testigos  que  afirman  haber  visto  el  arma  en  manos  de la víctima fueron  correctamente  descartados por sospechosos, en cuanto provenientes de familiares  de  los  implicados  y  por no suministrar datos exactos sobre la ubicación del  revólver.   

Finalmente   manifiesta  que  como  prueba  científica  para  descartar la legítima defensa, el Tribunal tuvo en cuenta el  acta  de  necropsia  en la cual se describe la entrada de los proyectiles por la  parte  posterior del cráneo, de donde se infirió correctamente que la víctima  fue  sorprendida  cuando esperaba que le sirvieran un tinto, razón de más para  encontrar  ajustada  a los principios generales de interpretación probatoria la  condena proferida pro el delito de homicidio agravado.   

Por  lo  expuesto,  el  Delegado  solicita  desestimar el cargo.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

1.             Demanda   a   nombre   del   procesado  JOSE   DE   JESUS  PULGARIN  SALDARRIAGA:   

          Tiene  dicho  la Sala que la violación directa de la ley sustancial  se  refiere  exclusivamente  al  yerro  en  que  incurre  el  juez al aplicar la  normatividad  llamada  a  regular  un  caso  concreto, delimitado por los hechos  materia  de  juzgamiento  y  se  manifiesta  a  través  de tres modalidades. La  primera  se  configura  cuando  no  se aplica la norma que corresponde porque el  juez  yerra  acerca  de  su  existencia, es la denominada falta de aplicación o  exclusión   evidente.  En  la  segunda,  el  sentenciador  efectúa  una  falsa  adecuación   de   los   hechos  probados  a  los  supuestos  que  contempla  la  disposición  y  por  ello  incurre  en aplicación indebida. En la última, los  procesos  de selección y adecuación al caso en cuestión son correctos pero al  interpretar  el precepto el juez le atribuye un sentido que no tiene o le asigna  efectos  distintos  o contrarios a su contenido que es la violación consistente  en interpretar erróneamente la ley sustancial.   

Así,  cualquiera  que  sea  la modalidad de  violación   directa   de   la   ley,   el   yerro   de   los  juzgadores  recae  indefectiblemente  en  forma  inmediata  sobre  la  normatividad,  todo  lo cual  implica  un  cuestionamiento  en un punto de derecho, sea porque se deja de lado  el  precepto  regulador de la situación concreta demostrada, porque el hecho se  adecua  a un precepto estructurado con supuestos distintos a los establecidos, o  porque  se  desborda la intelección propia de la disposición aplicable al caso  concreto;  aspecto que exige como punto de partida, la aceptación incondicional  de  una realidad fáctica ya definida e inmodificable dentro del proceso, lo que  impone  la  sujeción  del  demandante a la realidad probatoria declarada en las  instancias.   

Si  lo  que  no  se  comparte  es el resulto  fáctico  logrado por los jueces, tales desavenencias recaen sobre las pruebas y  el  ataque  deja  de  ser  directo  para  convertirse  en indirecto, dado que la  infracción  a la ley sustancial se lleva a cabo de manera mediata, a través de  la  apreciación probatoria, según la índole de los errores que en esa materia  pueden llegar a incurrir los sentenciadores.   

         

En el caso objeto de estudio el casacionista  expresa  en  su  libelo  que “si la contribución fue  insignificante,  en  tanto  consistió simplemente en transportar al homicida, y  si  ella no se hubiera prestado por parte de mi defendido seguramente no habría  faltado quien lo hiciera”.   

          No  obstante, otra muy distinta fue la valoración que de los medios  de    prueba    realizó   el   ad   quem,  pues fue enfático en señalar que “la  contribución  que  realizó  para  que  el delito de homicidio se llevara acabo  reúne  los  requisitos  de  anterior  y simultáneo con el hecho principal y se  prestó con conocimiento de causa”.   

          Por  tanto,  si  lo  que  el  defensor  plantea en su demanda es una  valoración   del   aporte   del   procesado  PULGARIN  SALDARRIAGA en la muerte Ever  Flavio  Herrera Rodriguez sustancialmente diversa de la  realizada  por  el  Tribunal en la sentencia objeto de reproche, es evidente que  abandona  el  discurso  propio  del  cargo  que anuncia, esto es, por violación  directa  de  la  ley  sustancial,  para ingresar en la crítica a la valoración  judicial  de los medios de prueba, que corresponde a la argumentación propia de  la  violación indirecta de la ley sustancial, confusión que evidencia carencia  de técnica en el planteamiento del cargo.   

Pero además, se advierte que tampoco asiste  razón  al defensor, pues si bien plantea la violación  directa  de  la  ley  sustancial  por  interpretación  errónea  del artículo 24 del derogado estatuto penal y falta de aplicación de  los  artículos  12, 61 y 67 del mismo ordenamiento, lo  cierto  es  que  en  el  desarrollo de su censura no demuestra de qué manera se  produjo  la  interpretación  errónea  del referido precepto, en tanto coincide  con  el  Tribunal  en  que su defendido simplemente colaboró en la comisión de  los    comportamientos    adelantados    por    DARIO  TABARES,  sin  que  entonces  concrete  su  reproche,  faltando  al  principio de claridad, nitidez y precisión en la demanda, exigido  en este trámite.   

          Si   la   complicidad   como   dispositivo   amplificador  del  tipo  simplemente  determina una rebaja de pena con relación a la señalada en la ley  penal  en  forma  general para el autor, no se advierte, ni el censor indica, de  qué   manera  se  desbordaron  los  límites  punitivos  allí  dispuestos  con  relación  a  la  sanción impuesta al incriminado JOSE  DE   JESUS   PULGARIN,   pues  no  hay  duda  que  la  dosificación  de  la  pena  se  encuentra comprendida dentro de los parámetros  mínimo  y  máximo  previstos  por la ley para la intervención en una conducta  punible en calidad de cómplice.   

Ahora  bien,  en  cuanto  se  refiere  a  la  indebida  aplicación  de  los  artículos 61 y 67 del anterior Código Penal se  tiene  que  el primero se ocupaba de establecer los criterios para fijar la pena  y  señalaba que además debía tenerse en cuenta “en  la   complicidad,   la   mayor   o   menor   eficacia   de  la  contribución  o  ayuda”;  a  su  vez,  el segundo precepto mencionado  establecía  las  situaciones  en  las  que  resultaba  procedente  imponer  los  mínimos o los máximos de pena.   

Entonces,  como  fácil puede observarse, el  demandante  no  atina  a  demostrar su afirmación de que el citado artículo 61  fue  inaplicado, dado que el fallo revela lo contrario, esto es, que el Tribunal  tasó  la  pena  dentro  de  los  límites  correspondientes  a  la pena para el  cómplice,  considerando  que  “la contribución que  realizó  para  que  el  delito  de  homicidio  se  llevara  a  cabo  reúne los  requisitos  de  anterior  y  simultáneo con el hecho principal y se prestó con  conocimiento de causa”.   

          Tampoco  el  actor  se detiene a señalar por qué fue inaplicado el  artículo  67  de la legislación penal anterior, habida cuenta que nada dice en  punto  de  acreditar que a su defendido correspondía imponerle la pena mínima,  más  aún  cuando  ninguna  referencia  realiza  al concurso de delitos por los  cuales se le condenó.   

         No  es  cierto  lo  afirmado  por  el  defensor,  al expresar que el  Tribunal    dijo    que    si    JOSE    DE    JESUS  PULGARIN “se hubiese negado  a  conducir  en  su  moto  al  autor  material,  ello  seguramente no le habría  impedido  a  este  último  llevarlo  a cabo”, por el  contrario,  lo  que  se  anotó  en  el  fallo  impugnado  fue:  “Cabe    preguntarse   hasta   qué   puede   pensarse   (sic) si el co-procesado se hubiera negado  a   transportarlo,   hubiera   cejado   el   autor   principal   en  llevarlo  a  cabo?”,  observación  que denota un sentido diverso  al  indicado  por  el  censor,  y  que  conduce  a  concluir que el ad   quem   consideró   trascendente  la  colaboración    previa    y    concomitante    del    procesado    PULGARIN  en  el  delito  de  DARIO   TABARES,  y  a  partir  de  ello,  entonces,  dosificó  la  pena de aquel, sin que pueda asumirse, como lo plantea  el casacionista, que se trató de una contribución insignificante.   

          Como  acertadamente  lo  señala el Procurador Delegado, la pena del  cómplice   es   menor   que   la   del  autor,  no  porque  se  “trate  de  una  culpabilidad  disminuida”  como  lo  indica  el casacionista, sino porque se colabora en delito ajeno, esto  es,  se  contribuye  en  un comportamiento punible querido y realizado por otro;  por  tanto,  es inconsistente que el impugnante plantee la violación directa de  la    ley    sustancial    por    considerar   que   la   pena   “aparece  desfasada”,  pues  lo cierto es  que  la  sanción impuesta no fue la misma del autor, en cuanto se consideró la  calidad        de        cómplice        del       sindicado       PULGARIN,  y  se  sujetó  a  los límites  establecidos por el legislador para dosificarla.   

Tampoco tiene éxito el argumento del censor  en  el  sentido  de  pretender acreditar errores en el fallo en consideración a  que   debe   rebajarse   la  pena  impuesta  ya  que  su  asistido  “fue   simple   coadyuvante   en   la  realización  de  un hecho ajeno”, pues precisamente  tal  fue  la  circunstancia  para que no se le impusiera la pena del autor, sino  que  su  sanción  se  determinara  de  acuerdo  a  los  parámetros  legalmente  establecidos para el cómplice.   

         Adicional  a  lo  expuesto  se evidencia que si bien el defensor se  refiere  al  cumplimiento  de la función resocializadora de la pena establecida  en  el  artículo  12  del  derogado  ordenamiento  penal,  no  dice, ni la Sala  consigue  establecer, de qué manera su observación guarda relación alguna con  la  cantidad  de  pena  impuesta  o  con  el  quantum  que en su criterio debió  tasarse.   

En  cuanto  se  refiere  a  que la pena del  procesado   JOSE   DE   JESUS   PULGARIN  debió  dosificarse  en  20 años y 2 meses, que corresponde a la  mitad  de  la  sanción  impuesta al autor de los delitos, baste señalar que el  actor  olvida  que  según el artículo 24 de la anterior legislación penal, el  cómplice  “incurrirá en la pena correspondiente a  la   infracción,   disminuida   de  una  sexta  parte  a  la  mitad”,  por  tanto, la operación que efectúa no es tan simple, pues  necesario  resulta  destacar  que  si  se  procedía  por el delito de homicidio  agravado,  que  de  conformidad  con  el  artículo  323 del citado ordenamiento  sustancial  tenía  una  pena  entre  40 y 60 años de prisión, la pena para el  cómplice  debía  dosificarse entre 20 años (rebaja de la mitad del mínimo) y  50 años (rebaja de una sexta parte del máximo).   

Así  las cosas, si dentro de los referidos  límites    el   Tribunal   tasó   la   pena   del   incriminado   PULGARIN  SALDARRIAGA  en  su calidad de  cómplice  en  30  años  y  2 meses de prisión, para lo cual se refirió en la  providencia  a  la  colaboración  anterior  y  concomitante  con  el  delito, y  sancionó  la contribución tanto en el delito de homicidio agravado, como en el  punible   de  porte  ilegal  de  armas  de  defensa  personal,  ninguna  de  las  irregularidades  denunciadas por el actor encuentran demostración, a la vez que  resulta  sin  fundamento  la  afirmación de que el ad  quem  tasó  la pena “muy  cerca     del    máximo    y    bastante    lejos    del    mínimo”.   

         Por tanto, el cargo no prospera.   

         2.                      Casación oficiosa:   

En  punto  de  la  solicitud  de  casación  oficiosa  que  plantea  el  Procurador Tercero Delegado para la Casación Penal,  por  considerar  que  la  pena impuesta a JOSE DE JESUS  PULGARIN  SLADARRIAGA  no  fue motivada, y que con tal  omisión  se  violaron  sus derechos al debido proceso y a la defensa, estima la  Sala  que  tal planteamiento revela, como ya ha tenido oportunidad de señalarlo  la  Corte,  una  equivocada  exégesis  de  los  preceptos, pues “si  el  funcionario se limita a indicar, así sea de manera general,  los  aspectos  que  ha tomado en cuenta para aumentar o disminuir la pena, en el  entendido  de  que  no  es  necesario  entrar  en concreciones por haber sido ya  objeto  de  análisis en otros apartes de la decisión, y del estudio del cuerpo  de  la  sentencia  resulta  posible  determinar  con  claridad  las  razones que  sustentan  la mayor o menor cuantificación punitiva, (…) podrá afirmarse que  la  metodología no es la adecuada, mas no que  sea una resolución carente  de     motivación”1.   

Pues  bien,  del examen del fallo de segundo  grado,  contrario  a  lo  afirmado por el Delegado, lo que pronto se advierte es  que  el ad quem tuvo en cuenta  para  cuantificar  la pena que finalmente impuso al procesado varios parámetros  dosimétricos  que  si bien no aparecen discriminados con el detalle que reclama  el  Delegado,  encuentran  una suficiente y clara explicación en la motivación  de  la  providencia,  en  forma  que  tal  que  frente  a  esos parámetros y al  resultado  final  de  pena,  la  defensa  contaba  con  una  real posibilidad de  cuestionar uno u otro factor.   

Suficiente resulta con acudir a lo que sobre  el  particular  señaló  el  Tribunal para encontrar el sustento de la anterior  conclusión.  En  efecto,  en  el  fallo  de segundo grado y en relación con el  procesado      PULGARIN     SALDARRIAGA, se preciso:   

“Que  no  sabía  (JOSE     DE     JESUS  PULGARIN,  se  aclara) que su  actividad  iba dirigida a la comisión delictiva del homicidio, no es de recibo,  pues  se  trataba  de  dos  próximos  parientes  que por lo demás juntos  ya habían incursionado en la comisión de hurto calificado  y  porte  ilegal  de armas de fuego de defensa personal  y,  además,  francamente  amigos.  Estas precisas circunstancias y las    consecuencias    que    se   derivarían   de   los   graves  hechos  hace  impensable  que  el  autor  material del  homicidio  no  le  hubiera  manifestado  con  anticipación  de  su  resolución  criminal,   máximo   que   era  quien  antes  y  en  después  (sic) lo  llevaría  y  lo  alejaría  de la escena delictiva” (subrayas fuera de texto).   

“Luego   la  contribución  que  realizó  para  que el delito de homicidio se llevara a cabo  reúne  los  requisitos de anterior y simultáneo con  el   hecho   principal  y  se  prestó  con  conocimiento  de  causa” (subrayas fuera de texto).   

Las  anteriores circunstancias expuestas por  el  Tribunal  en la sentencia impugnada permiten establecer con precisión tanto  la  imputación  dolosa  del comportamiento, como la indiscutible importancia de  su  aporte  en  la  comisión  del  delito  de  homicidio  agravado, amén de la  gravedad  de  la  conducta  habida  cuenta  las  consecuencias que ocasionó, la  modalidad  de  la  contribución  y  la  personalidad  del  agente que ya había  delinquido   en   compañía   del   procesado   DARIO  TABARES,  todo lo cual conduce a concluir que por ello  no   se   imponía   para   el   ad  quem  la  fijación  de  la  pena  mínima establecida para el cómplice  precisamente,   entre  otros  factores,  por  la  importancia  del  aporte,  que  inclusive   llevó  a  la  Fiscalía  en  la  resolución  de  acusación  y  al  a  quo  en el fallo a asumir  que    la    conducta    de   PULGARIN   correspondía  a la de un coautor material impropio por división de  trabajo;  y  además,  porque  era imprescindible establecer el aumento punitivo  correspondiente  a  su  complicidad  en  el  delito  de porte ilegal de armas de  defensa personal.   

          Por  ello,  para  la  Sala  no  hay  lugar  a la casación parcial y  oficiosa  del  fallo  que solicita el Delegado, pues si bien la pena impuesta al  procesado      JOSE      DE     JESUS     PULGARIN  SALADARRIAGA   no  fue  producto  de  la  exposición  detallada  de  cada  uno  de los factores establecidos por el legislador para su  dosificación,  lo  cierto  es  que  se  ajusta  a  los  límites  legales y los  criterios   para  su  imposición  que  fueron  abordados  por  el  ad  quem al establecer su responsabilidad a  título  de  cómplice; vale decir, no hay duda de que además de legal, la pena  impuesta  al referido procesado es racional, personal e individual, notoriamente  inferior  a la de autor, y fundada en la importancia del aporte, como lo reclama  el Delegado.   

3.             Demanda   a   nombre   del   procesado  DARIO   DE   JESUS  TABARES  SALDARRIAGA:   

Suficientemente tiene la Sala dilucidado que  el  error  de hecho por falso juicio de identidad se presenta cuando el juzgador  al  considerar  el  medio  de  prueba  distorsiona  su  contenido cercenándolo,  adicionándolo  o  tergiversándolo,  caso  en  el  cual  corresponde  al actor,  mediante  el  cotejo objetivo de lo dicho en el medio probatorio y lo asumido en  el  fallo,  expresar sin ambages qué aparte fue omitido o añadido a la prueba,  qué  efectos  se produjeron a partir de ello, y lo más importante, cuál es la  trascendencia  del  yerro  en  la declaración de justicia contenida en la parte  resolutiva  de  la sentencia atacada, tópico que no puede ser demostrado con la  mera  exposición  subjetiva  del criterio del impugnante, pues menester resulta  que  materialmente  acredite  que el error condujo a la falta de aplicación o a  la  aplicación  indebida  de  la  ley  sustancial  en  el  fallo,  esto es, que  corregido  el  yerro,  la prueba debidamente valorada en conjunto con las demás  modifica sustancialmente el sentido de la decisión reprochada.   

En  el desarrollo de este reparo es evidente  que  la  demandante  quebranta  las  reglas  técnicas  de la casación, pues no  dirige  su actividad a identificar con precisión los medios de prueba sobre los  cuales  considera  que  recayó  el  yerro, y tanto menos procede a señalar los  apartes que fueron omitidos, adicionados o tergiversados.   

Además,  con  total  ausencia de claridad y  precisión,  la  censora dirige su esfuerzo a demostrar en el mismo cargo que su  defendido  actuó  en  legítima  defensa, o bien en estado de ira, o inclusive,  con   error   de   prohibición  (sobre  la  antijuridicidad)  cuando  dice  que  “ese  ataque  llevó  a  DARIO al convencimiento iba  (sic) a producirle un daño a  su    vida    de    no    tener   lugar   la   reacción   defensiva”.   

Tampoco la casacionista se detiene a señalar  a  la  Corte  por  qué  los testimonios de quienes afirmaron que se halló a un  lado  del  cadáver  un  arma  debieron ser tenidos en cuenta, pese a que fueron  razonadamente  desechados  por  los  juzgadores  en  atención  a  sus vínculos  familiares,   pero   especialmente,   por  las  innumerables  inconsistencias  y  contradicciones  en  las  que  incurrieron, al punto que el testigo Jorge  Iván Estrada declaró que el cuerpo  estaba  boca  abajo, cuando las informaciones del recaudo de probatorio señalan  que quedó boca arriba, y no supo explicar su equívoco.   

Adicional a lo expuesto, si bien la defensora  comenta  que  su  representado  portaba  armas para defender la mercancía de la  microempresa  de  su  progenitora  donde  labora y que desempeñaba un oficio, a  diferencia  de  la  víctima,  de  quien  dice  que  era un individuo sin oficio  conocido  y su familia revela que era agresivo, tenía conflictos y acostumbraba  a  disparar  su arma cuando ingería licor, nada señala en punto de los errores  por falsos juicios de identidad que postuló.   

          Claramente  se observa que la censora intenta la casación del fallo  atacado  con la simple oposición de su criterio al de los falladores, olvidando  que  la sentencia está revestida de la dual presunción de acierto y legalidad,  que  sólo  puede  ser  desvirtuada con la demostración fehaciente y precisa de  errores  trascendentes cometidos por los funcionarios judiciales que se reflejen  en  el  sentido  de  la decisión, pues la disparidad de criterios o el simple y  llano  cotejo sobre la valoración de las pruebas carece de aptitud para derruir  la providencia impugnada.   

Es   oportuno  advertir  que  sin  ensayar  argumentación  alguna, la censora destaca al formular sus peticiones que admite  la  comisión  por  parte de su asistido del delito de homicidio simple, no así  el  homicidio  agravado, afirmación que no se compadece con el rigor técnico y  las   exigencias  de  cuidado  y  laboriosidad  que  demanda  esta  impugnación  extraordinaria, razón de más para desestimar la demanda.   

Además  de  las  referidas  incorrecciones  técnicas,  aprecia  la  Sala  que tampoco asiste razón a la demandante pues no  tuvo  en  cuenta  el acta de necropsia, en la cual se informa que la trayectoria  de  los  proyectiles fue “atrás-adelante”,   con   orificio   de   entrada   en  el  occipital  y  espacio  parieto-temporal  derecho,  circunstancia  que  evidencia  que  la  víctima fue  sorprendida  por  la  espalda  por  su  agresor,  y en consecuencia, descarta la  alegada legítima defensa.   

También  se tiene que de la declaración de  Javier    Eder   Taborda,  administrador  del  establecimiento  donde  ocurrieron  los  sucesos,  se  puede  concluir  que  si  bien  no  percibió  directamente la comisión del delito, de  ninguna  manera  alude  a  un  arma en manos de la víctima o cerca a su cuerpo,  todo  lo  cual es afianzado por los miembros de la policía que intervinieron en  el procedomiento.   

Ahora,  en  punto  del  estado  de  ira,  la  defensora  no  se  ocupa  de  señalar  que  en  verdad los presupuestos para su  reconocimiento  se  evidencian  con  las  pruebas  recaudadas  y  que  ello  fue  desconocido  por  los falladores, pues simplemente, sin sujeción la dialéctica  propia   del   trámite   destaca  un  real  o  presunto  incidente  previo  sin  trascendencia  entre  víctima y victimario, el cual, como resulta obvio, carece  de  aptitud para que se establezca la circunstancia de disminución punitiva que  solicita subsidiariamente.   

De   conformidad   con   las   anteriores  consideraciones,  encuentra  la  Sala que acertaron los falladores al condenar a  DARIO   DE   JESUS   TABARES  SALDARRIAGA  por  los  delitos de homicidio agravado y porte ilegal de armas de  defensa  personal,   sin  reconocer  la  alegada  legítima  defensa  o  el  pretendido estado de ira.   

Por    lo    anterior,   el   cargo   no  prospera.   

CUESTIÓN  FINAL   

          Habida  cuenta  que  con  ocasión  del  tránsito legislativo de la  normatividad  penal,  los  sentenciados pueden eventualmente tener derecho a que  se  redosifique  la pena impuesta en aplicación del principio de favorabilidad,  considera  la  Sala  que al no ser casado el fallo impugnado y cobrar ejecutoria  la  decisión  de  condena,  compete al Juez de Ejecución de Penas pronunciarse  sobre ello.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

NO CASAR la sentencia recurrida.  

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                            JORGE    ANÍBAL   GÓMEZ  GALLEGO   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN              MARINA  PULIDO    DE    BARÓN                    

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES               MAURO  SOLARTE PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

1 Cfr.  Sentencia   del   27   de   abril   de   2000.   M.P.   Dr.   Fernando  Arboleda  Ripoll.     

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