15238(30-01-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 15238  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado: Acta No. 14  

          Bogotá,   D.   C.,   treinta   (30)  de  enero  del  dos  mil  tres  (2003).   

VISTOS.  

          Mediante  sentencia del 19 de febrero de  1998,  el  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de  Facatativá declaró a la  señoras   Ana  María  Botía  de  Cely  y  Luz  Mery  Cely  Botía penalmente  responsables,  como  coautoras,  del delito de secuestro  simple.  Les impuso las sanciones principales de 6 años y 6 meses de prisión y  multa  de 101 salarios mínimos legales mensuales, la accesoria de interdicción  de  derechos y funciones públicas por igual lapso, la obligación de indemnizar  los    daños    causados    y    les    negó    la   condena   de   ejecución  condicional.   

          El  fallo  fue  recurrido  por  los  defensores  y confirmado por el  Tribunal Superior de Cundinamarca el 5 de mayo siguiente.   

          El  apoderado  de  Ana  María  Botía de  Cely  interpuso  recurso de casación, fue concedido y  presentada la demanda correspondiente.   

HECHOS.  

          Cuando   la   señora   CECILIA   QUIÑONES  ORDÓÑEZ  esperaba  el  nacimiento  de  su  hijo   MIGUEL  ÁNGEL  CALDERÓN  QUIÑONES,  en varias  oportunidades  recibió  la visita de Mery   Cely  Botía  (realmente María), quien le  insistió  que le regalara o le diera en adopción al bebé y, dada la respuesta  negativa  de  aquella,  ésta  aseguró  que  “por  las malas o por las buenas  tenía que hacerse a ese niño”.   

          El  5 de enero de 1994, cuando el menor contaba con 8 meses de vida,  varios  hombres  que vestían prendas militares llegaron a su casa ubicada en la  vereda  San  Antonio,  del  municipio  de  Bojacá  (Cundinamarca)  y,  luego de  manifestar  que buscaban pequeños secuestrados, tomaron a MIGUEL ÁNGEL y se lo  llevaron.  A  pesar  de  los datos que suministraba la denuncia que se formuló,  las diligencias se archivaron.   

          El  12  de  octubre  de  1995, en razón de un proceso diferente, el  Cuerpo  Técnico  de  Investigación  recibió  información  sobre  el  plagio,  comunicación  que  originó  una  averiguación  y el 7 de marzo de 1996, en el  municipio  de  Guasca,  se ubicó la residencia de Ana  María   Botía   de   Cely  y  su  hija  Luz   Mery   Cely   Botía,  a  quien  se  encontró  el  niño  y  manifestó que CECILIA QUIÑONES se lo había regalado.   

ACTUACIÓN PROCESAL.  

          Luego  de  una  indagación preliminar, se inició la investigación  respectiva,  se  escuchó  en  indagatoria a las imputadas y se les resolvió su  situación jurídica.   

          El  18  de  julio  de 1996 se acusó a Luz  Mery  Cely  Botía  como  determinadora  de  secuestro  simple,  y  a  Ana  María Botía de Cely  como  autora  de  encubrimiento  por  favorecimiento. Recurrida la  decisión,  fue  confirmada  por  el  superior funcional el 20 de septiembre del  mismo  año.  Este, sin embargo, concluyó que la segunda dama mencionada debía  responder   no por encubrimiento por favorecimiento, sino como coautora del  secuestro.  Añadió,  en  la parte de las consideraciones, que se trataba de un  plagio  agravado  pues  la  víctima  era menor de 16 años. No obstante , en la  parte   resolutiva   confirmó   la   decisión  impugnada,  por  el  delito  de  secuestro  simple,  y  esa  imputación hizo a la ahora recurrente en casación.   

          El   juez   de   primera   instancia   condenó  a  las  procesadas.  Expresamente   dijo   que  lo  hacía  por  secuestro  simple  porque  si  bien  la  segunda  instancia de la  fiscalía  había aludido a secuestro agravado, lo cierto es que en la parte que  ata,  la  resolutiva,  enjuició  a  doña  Ana María  Botía  de Cely por secuestro  simple,  lo que obligaba a condenar por este hecho, en  aras  de  la  congruencia.  Y  proferida  la  sentencia de segunda instancia, el  apoderado  de  Ana  María Botía de Cely  interpuso recurso de casación. La Sala, ahora, se pronuncia sobre  esa  impugnación,  una vez recibido el concepto del Procurador Tercero Delegado  en lo Penal.   

LA DEMANDA.  

          Cargo único.   

          Causal primera, cuerpo segundo.   

          El  defensor  acusa  a la sentencia de violar de manera indirecta el  artículo  445  del  Código  de  Procedimiento  Penal de 1991, por error    de    hecho   al   distorsionar  el  sentido  de las pruebas  por   desconocimiento   de  las  reglas  de  la  sana  crítica,  pues a Ana María  Botía se le coligió responsabilidad objetiva por ser  la   madre   de  Luz  Mery,  olvidando que no estaba obligada a denunciarla.   

          Agrega   que   la   denunciante   CECILIA   QUIÑONES   incurre   en  contradicciones  irreconciliables, por querer ser exacta con su compañero MARCO  TULIO   CALDERÓN,   a   quienes   desmiente   NELSON  REYES.  Además,  existen  antecedentes de que entregaba a sus pequeños hijos.   

EL MINISTERIO PÚBLICO.  

          El  Procurador  Delegado  solicita  no  casar la sentencia porque el  demandante  fue  más  que  lacónico  en la presentación del cargo. No avanzó  más  allá  de  exponer  unas  ideas deshilvanadas, sin conexión alguna con la  tesis  expuesta  de la derivación de responsabilidad objetiva, o aquella de que  la  única  participación  fue  la de consentir que su hija recibiera el bebé,  sin  postular quebranto al artículo 445 procesal (de 1991), a pesar de citarlo.  Tampoco  presentó su criterio respecto de las pruebas que sirvieron de sustento  a  las  sentencias,  ni  demostró distorsión o vulneración a las reglas de la  sana crítica.   

CONSIDERACIONES  

          La sentencia no se casará por las siguientes razones:   

          1.  El  demandante  no hizo petición alguna. Se limitó a solicitar  la  casación  del  fallo,  sin  decir  qué  decisión  se debía adoptar en su  reemplazo.   

          2.  No  citó  la  norma  o  normas  sustanciales infringidas, ni el  sentido de la violación.   

          3.   Anunció   un   falso   juicio   de  identidad  que no desarrolló. No precisó las pruebas  objeto  de  errada  valoración,  ni  demostró cuáles apartes de ellas habían  sido  tergiversados o distorsionados por adición o supresión. Tampoco explicó  qué  reglas  de la lógica, máximas de la experiencia o aportes de la ciencia,  como  componentes  de  la  sana  crítica,  habían  sido desconocidas por el juzgador, ni cuáles han debido  ser las atendidas para efectos del caso concreto.   

          Sobre  esta  última  parte,  dígase  que para los días en que fue  presentada  la demanda (28 de octubre de 1998), ya la jurisprudencia distinguía  el   falso  raciocinio  del  falso  juicio  de identidad,  lo  que  obligaba  al actor a formular el cargo por aquél y no por éste, si se  tiene  en  cuenta  que  su  mayor  disgusto  lo  ubica  en  la “valoración”  probatoria.  Pero, aún si no fuera así, lo cierto es que, basado en una u otra  de  esas  hipótesis  de error de hecho, debía hacer los dos análisis acabados  de  mencionar  en  torno  a los elementos configurantes de la sana crítica. Sin  embargo, lo omitió.   

         

          4.  El  demandante  acusó  al  Tribunal  de  no  dar aplicación al  artículo  445  del  Código de Procedimiento Penal de 1991. Pero no indicó los  sectores  del  fallo  que  reconocían  el  estado de duda. Así, el reproche es  precario,  carece  de  alcance,  pues  si  se  reprueba  el  desconocimiento del  in   dubio   pro  reo,  es  menester  demostrar  que del expediente emanan incertidumbres insalvables.    

          Ahora  bien.  Si el actor pretendía se reconociera la existencia de  duda  probatoria  –lo que  tampoco  dice  la demanda-, le competía comprobarla. Pero tampoco lo hizo, pues  que  no  cuestionó,  para desvirtuarlas, las pruebas a partir de las cuales los  jueces  arribaron a la certeza, ni desplegó el análisis conjunto de las mismas  para llegar a ese estado del convencimiento.   

          5.  La  alusión  a la responsabilidad objetiva “por el solo hecho  de  ser  la  progenitora de la poseedora del menor secuestrado, cuando…aquella  no  estaba  obligada  a  denunciar  a  su hija”, se quedó en el enunciado. El  censor  debía  denunciar  la  violación  de la norma que regula tal principio,  pero no lo hizo.   

          6.  Bajo  el  título  de  “Las  pruebas  sobre  las  que recae el  error”,  el recurrente presentó unos parcos e inconexos párrafos respecto de  “irreconciliables  contradicciones”  -que no demostró- “en que incurre la  denunciante”  y  su  costumbre  de  “dar  a  sus  pequeños  a  personas que  ofrecían  un  mejor  futuro”,  de lo que parece surgir -aunque no lo afirmó-  que no se debió conceder eficacia a ese testimonio.   

          Pero  tales expresiones, que sólo ofrecen la posición personal del  defensor  en  torno a la eficacia que se ha debido conceder a las evidencias, no  concretan error alguno de parte del juzgador.   

          De  otro  lado,  el  demandante  no  se  ocupó  en  detalle  de los  restantes  elementos  de  juicio que le sirvieron de fundamento al fallo, con lo  que    incumplió    con    la    exigencia   de   acreditar   la   trascendencia  de los yerros blandidos en  la sentencia.   

          7.  El  actor  apunta  a  las inconsistencias de las versiones de la  denunciante.  Sin embargo, ellas no fueron desconocidas por la justicia. Con sus  palabras,  el  Ad quem dejó  en  claro  que  CECILIA  QUIÑONES  ORDÓÑEZ,  en  cada  ampliación “como es  lógico,  va suministrando nuevos datos obtenidos por comentarios de gente de la  región,  lo cual no puede censurársele porque es lo normal que ocurra en estos  casos,  ni  por  ello  pregonarse supuestas contradicciones, porque lo razonable  es,  ante  un  evento de estos, que se vayan obteniendo datos que paulatinamente  se conocen …”.   

          El  colegiado, en consecuencia, sí analizó el punto, para concluir  en  la eficacia del relato de la madre del menor. Por consiguiente, no incurrió  en el equívoco que se le quiere imputar.   

          Lo  mismo sucede con la afirmación de que CECILIA QUIÑONES, en una  ocasión  -no en varias como dice el demandante-, entregó un hijo en adopción.  El  fallador  afirmó  que esa circunstancia, que catalogó de “irrelevante”  para  el  caso  investigado,  no restaba fuerza a la declaración, por cuanto el  hecho  fue relatado por ella misma y, luego de admitirlo, con énfasis negó que  en el asunto estudiado hubiera ocurrido otro tanto.   

          8.  La  certeza  sobre la tipicidad de la conducta y la culpabilidad  de  la  acusada,  no  se  basó  de  manera  exclusiva en la versión de CECILIA  QUIÑÓNES.  Los  jueces  también  tuvieron  en cuenta  los testimonios de  MARCO  TULIO  CALDERÓN,  BERNARDO  DUQUE,  LIDIA  LÓPEZ VILLAMARÍN, GUILLERMO  HERNÁNDEZ,  MARÍA  NIVIA  LONDOÑO,  FRANCISCO RODRÍGUEZ y WILSON ARLEY REYES  CASTAÑEDA,  así  como  el  informe  policivo  que  dio cuenta de las pesquisas  adelantadas  y  de  la  circunstancia  de  encontrar  al  niño  en poder de las  sindicadas.   

          Desde   otra  perspectiva,  pero  igualmente  para  concluir  en  la  responsabilidad,   el  juez  de  segunda  instancia  consideró  “indignas  de  credibilidad”  las  versiones  de  descargo y de las personas que pretendieron  ratificarlas,   CLARA  CRISTINA  BELTRÁN,  LAUDICE  MIREYA  SÁNCHEZ,  BAUDILIO  BELTRÁN  BEJARANO  y  ÁLVARO MARTÍNEZ, piezas que descartó porque “por las  contradicciones,  confusiones  e imprecisiones que demuestran, no obstante traer  el  relato  aprendido en términos generales”, era “evidente (el) propósito  de justificar un hecho falso”.   

          El  Ad quem dijo  que  “El  conjunto testimonial”, no la exclusiva versión de la denunciante,  como  parece  creer  el  casacionista,  demostraba  que  “Ana María Botía de  Cely…ejerce  autoridad  y  el  gobierno  de la casa…de lo cual se deduce, no  sólo  tuvo  conocimiento, sino que participó en el apoderamiento y permanencia  del  menor  en  su hogar”, pues, además de lo anotado, fue quien le propuso a  la  quejosa  que  se lo regalara y delante de testigos hizo expreso su anhelo de  hacerse al bebé.   

          Entonces,  fueron  múltiples  los elementos de convicción con base  en  los  cuales  el Tribunal llegó a la certeza sobre la comisión del delito y  la   participación   de   Ana   María   Botía  de  Cely.  De  manera  que  así  hubiera  errado  en  la  valoración  de  la  declaración de CECILIA QUIÑÓNES, el fallo se mantendría  en     pié,     máxime     si     se     tiene    en    cuenta    –en   repetición-  que  el  actor  no  cuestionó  las  otras  pruebas  que sirvieron de sustento a la decisión. Si el  material    demostrativo    restante    permanece    incólume,    también   la  condena.   

         

          En  síntesis,  como  la  censura  no tiene razón, no se casará la  sentencia impugnada.   

          Y  debido a lo anterior, el eventual estudio de favorabilidad que se  pueda  presentar ante la vigencia del nuevo Código Penal corresponde al Juez de  Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad.   

          Consecuente  con lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  administrando  justicia en nombre de la República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE  

         No casar la sentencia impugnada.   

         Devuélvase y cúmplase.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN     FERNANDO   E.   ARBOLEDA  RIPOLL                               

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS             CARLOS   A.  GÁLVEZ     ARGOTE                                                                                                                                    Permiso   

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO                ÉDGAR         LOMBANA  TRUJILLO           

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

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