18662(16-07-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso     No  18662   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACION  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta No. 78  

Bogotá,  D.C, dieciseis de julio de dos mil  dos.   

V   I   S   T   O   S   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor del procesado  HECTOR  JULIO  CARDONA contra  el  fallo  de  segundo  grado  de  fecha diciembre 19 de 2000, por cuyo medio el  Tribunal  Superior  de  Popayán modificó la sentencia proferida por el Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de El Bordo, Cauca, el 22 de mayo del mismo año,  condenando  al procesado a la pena principal de 39 meses de prisión y multa por  la  suma  de $4.955.563 como autor responsable de los delitos de prevaricato por  omisión y falsedad en documento privado por ocultamiento.   

HECHOS Y ACTUACION PROCESAL  

          Los   hechos   objeto  de  investigación  en  este  proceso  fueron  denunciados  por  la Juez Primero Promiscuo Municipal de El Bordo, Patía, quien  dio  razón  de  que con fecha 26 de julio de 1995, se presentó ante el Juzgado  Segundo  de  esa  misma  categoría,  que  se  hallaba  de  reparto, una demanda  ejecutiva  instaurada  por  Jamer  Ismael Solano Otero contra Jesús Ociel Vacca  Ramírez  y HECTOR LUCIO CARDONA CASTAÑEDA,  la  cual  fue  asignada  al  Juzgado Primero, donde para entonces  fungía  como Secretario encargado el último citado, quien recibió de manos de  Luis  Manuel  Anacona  Valencia,  escribiente del mismo despacho, la demanda con  sus  anexos, que procedió a ocultar sin el más mínimo trámite y sin informar  de  su  recibo  a la titular del Juzgado, quien sólo vino a enterarse del hecho  el   23   de   noviembre  de  1995  ante  un  requerimiento  presentado  por  el  ejecutante.   

          Una  vez  abierta  la  investigación  se  escuchó en indagatoria a  HECTOR    LUCIO    CARDONA    CASTAÑEDA,  a  quien le definió su situación jurídica imponiéndole medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  con  beneficio de excarcelación.   

          Perfeccionada  en  lo  posible  la  investigación, una Fiscalía de  Descongestión  Delegada  ante  los  Jueces  Penales del Circuito de Popayán la  clausuró  y  por  resolución  del  22 de noviembre de 1996 acusó al procesado  CARDONA  CASTAÑEDA  por los  delitos  de  prevaricato  por  omisión y falsedad por ocultamiento de documento  privado,  proveído  que  al  ser impugnado integralmente refrendó la Unidad de  Fiscalía  Delegada  ante el Tribunal Superior de Popayán en decisión de junio  10  de 1997.   

          El  Juzgado  Segundo Penal del Circuito de El Bordo, Cauca, conoció  del  juicio  y  por  decisión del 22 de mayo de 2000, conforme con el pliego de  cargos,  finiquitó  la instancia condenando al procesado a la pena principal de  4  años  de  prisión,  multa  por  $5.946.675  e  interdicción  de derechos y  funciones  públicas  por  3  años, decisión que impugnada por el defensor fue  modifica   por  el  Tribunal  Superior  de  Popayán  en  los  términos  arriba  señalados el 19 de diciembre del mismo año.   

          Ejecutoriada   la   sentencia   de  segunda  instancia,  dentro  del  perentorio  término legal previsto en el artículo 6° de la Ley 553 de 2000 el  defensor   del   procesado   HECTOR   LUCIO   CARDONA  CASTAÑEDA  interpone recurso de casación y al amparo  de  la  causal  primera, cuerpo primero, acusa la sentencia de ser violatoria de  la  ley sustancial “por aplicación indebida del art.  29  de  la  ley  190  de  1995  que  modificó  el  art. 150 del C.P. denominado  PREVARICATO  POR  OMISIÓN y falta de aplicación del art. 9 literales a, b, c y  m  del  Dcto.  1888  de  1989 (…) que conllevaban como en efecto se hizo a una  investigación  disciplinaria  y no penal por ser atípica y las normas rectoras  de  la  ley  penal  colombiana  , como son el art. 1 de la legalidad; art. 2 del  hecho  punible;  art.  3  de  la  atipicidad;  art.  5 de la culpabilidad; y que  conllevó  a  que  se  dejaran  sin aplicación, el art. 28 y 29 de la C.N. y el  art.  1  de  la  ley  81 de 1993 referente al debido proceso, Dcto. 2282 de 1989  art.  1  que modificó el art. 107 del C.P.C. numeral 59 y darle una aplicación  indebida  al  art.  1,  2,  3  y  5  del  C.P.  y  al art. 224 del C.P.”    

          Cuando  se  corría  el  traslado  a los no demandantes, el defensor  solicita   que   por   favorabilidad  se  dé  aplicación  a  la  sentencia  de  constitucionalidad  C-252  de  28  de  febrero  de  2001,  por medio del cual se  declaró  la  inexequibilidad  de  algunos  preceptos  de  la  Ley  553 de 2000,  petición  que encuentra procedente el Magistrado Sustanciador en el Tribunal de  instancia,  quien  en  auto  del  3  de  agosto  de  2001,  ordena que se retome  “el  procedimiento  anterior a la Ley 553 de 2000 en  su  artículo  18”  y  en  consecuencia solicitar la  devolución   de   las   copias   del   proceso   al   juez   de  ejecución  de  penas.   

         Así,  una  vez  descorrido el traslado a  los  no  demandantes,  el  proceso  fue  remitido  a  esta  Corporación para la  calificación  de  la  demanda  y  el  ordenamiento  del  trámite  posterior si  aquélla resulta satisfactoria.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Sea  lo primero advertir, que contrario a lo  considerado  por  el Magistrado Ponente en el Tribunal de instancia, el trámite  de  la casación en el presente asunto está sujeto a las previsiones contenidas  en  la Ley 553 de 2000, pues la sentencia de segunda instancia atacada, de fecha  diciembre  19  de  2000,  así  como la presentación de la demanda de casación  sometida  al  actual  estudio  de  la  Sala,  efectuada  el  6 de marzo del año  siguiente,  se  produjeron  durante  el  lapso  de  existencia  jurídica de tal  preceptiva,  esto  es, antes de la declaratoria de inexequibilidad de algunas de  sus  disposiciones  dispuesta  por  la  Corte  Constitucional  a  través  de la  sentencia  C-252  de  febrero  28  de  2001,  cuyos efectos comenzaron a regir a  partir  del  17 de marzo del mismo año, tal como lo señaló la Sala en el auto  de  octubre  22  de  2001,  radicado  18.631,  Magistrado Ponente Carlos Augusto  Gálvez Argote, en los siguientes términos:   

“…proferido el  citado  fallo  de  inexequibilidad  el  28  de febrero de 2.001, surge un primer  cuestionamiento  acerca  de  cuándo  ha de entenderse que surte sus efectos una  tal  decisión o a partir de cuándo ha de decirse que lo fallado, por virtud de  ese  control,  se  hace  exigible,  o,  en  términos  generales,  si  la  Corte  Constitucional  no  hace  uso  de  su  prerrogativa de modular los efectos de su  decisión,   a   partir   de   cuándo   debe   entenderse  que  se  surten  los  mismos?   

En procura de hallar una respuesta es claro  que   el   Decreto  2.067  de  1.991,  “por  el  cual  se  dicta  el  régimen  procedimental  de  los  juicios  y  actuaciones que deban surtirse ante la Corte  Constitucional”,  no  contiene  disposición alguna, limitándose simplemente,  en  su  artículo  16  a expresar que “la sentencia se notificará por edicto,  …  dentro de los seis días siguientes a la decisión”, acto procesal que en  criterio  de  la  Sala y al contrario de lo que sostuviera el  Tribunal, se  constituye  ciertamente  en  un  condicionamiento  de exigibilidad, pues una tal  decisión   concurre,   así   sea   negativamente,   a   la  construcción  del  ordenamiento,  extrayendo  de  éste  la  norma cuya inexequibilidad se declara,  máxime  sus  caracteres  erga  omnes, impersonales, generales y abstractos, por  manera  que  si  la  vigencia de una ley se sujeta, en términos generales, a su  promulgación,  la misma razón de publicidad debe observarse frente al acto que  la  saca  del  tráfico  jurídico,  toda  vez  que sus efectos trascienden a la  creación  de  derecho, a la conformación del orden jurídico, más aún cuando  la  propia  Corte  Constitucional ha señalado, (auto de junio 14 de 2.001, M.P.  dr.  Jaime  Araujo  Rentería),  que,  “de conformidad con el artículo 49 del  Decreto  2067  de  1991  contra (sus) sentencias … proferidas en desarrollo de  los  numerales  primero,  segundo,  tercero,  cuarto  quinto,  sexto, séptimo ,  octavo  y décimo del artículo 241 de la Constitución Política Colombiana, no  procede recurso alguno ni solicitud de nulidad alguna”.   

La    notificación    del   fallo   de  constitucionalidad,  por  edicto, es sin duda alguna un acto-condición procesal  que,  además  del  efecto  de  publicidad y de conocimiento que de él alcancen  formalmente  los  asociados,  permite  hacerlo exigible, obligatorio, lo que era  bastante  claro  en  vigencia del Decreto 41 de 1.971 cuando disponía que “la  sentencia  proferida  en  asuntos  de constitucionalidad será publicada al día  siguiente  al  de  su  fecha”  y  que  “cumplida  dicha formalidad, el fallo  quedará  ejecutoriado”,  no  así,  la  obligación  secretarial  de  remitir  “inmediatamente  copia  de la sentencia a la Presidencia de la República y al  Congreso  de  la República”, prevista en el artículo 16 del Decreto 2.067 de  1.991,  toda  vez  que,  como  lo  señalara la Corte Constitucional en el fallo  C-113/93,  “ejecutoriada  la sentencia, ha concluido el proceso y no hay lugar  a  seguir  hablando de régimen procedimental, sencillamente porque no hay en lo  sucesivo  más  actos procesales qué regular, pues sería discutible en extremo  considerar  como  tales  el  envío  de  copias  de  la  providencia  a  algunos  funcionarios    o   la   publicación   de   la   providencia   en   la   Gaceta  Constitucional”.   

Bajo  dichas  consideraciones, entonces, el  fallo  de  inexequibilidad  referido  a  algunas  disposiciones de la Ley 553 de  2.000,  no  surtió  sus  efectos, no extrajo las normas declaradas inexequibles  del  ordenamiento,  a  partir  de la fecha en que se profirió, ni de aquella en  que  se  remitió  o  se  recibió por los funcionarios citados copia del mismo,  sino  desde  el  día  siguiente  a aquél en que se produjo la desfijación del  edicto”.   

De   otro  lado,  si  los  “fallos  de  inconstitucionalidad  surten efectos hacia el futuro, es  decir,  no  son  retroactivos, lo que implica, de una parte, que las actuaciones  posteriores  deben  ajustarse a sus postulados, pero además, y de otro extremo,  por  elementales motivos de seguridad jurídica, el respeto de la presunción de  legalidad  de  las  actuaciones  cumplidas al amparo de las normas retiradas del  ordenamiento  jurídico”  (Auto de julio 23 de 2001,  M.P.  Álvaro  O. Pérez Pinzón y Edgar Lombana Trujillo), es claro que para el  caso  que ocupa la atención de la Sala, la sentencia de inexequibilidad en modo  alguno    afectó    la    situación   consolidada   con   precedencia   a   su  notificación.   

         

En  este orden de ideas, con la reforma a la  casación  introducida  por  la  mencionada Ley, ésta procede por regla general  contra  las sentencias de segundo grado ejecutoriadas, que hayan sido proferidas  por   los   Tribunales   Superiores   de  Distrito  Judicial  y  Penal  Militar,  “en  procesos  que  se  hubieren  adelantado por los  delitos  que  tengan señalada pena privativa de la libertad cuyo máximo exceda  de  ocho  (8)  años,  aún  cuando la sanción impuesta haya sido una medida de  seguridad”.   

Como  en  el  presente  asunto, HECTOR   LUCIO   CARDONA   CASTAÑEDA  fue  condenado   por   los  delitos  de  prevaricato  por  omisión  y  falsedad  por  destrucción,  supresión y ocultamiento de documento privado, los cuales tienen  señaladas   penas   máximas  de  ocho  (8)  y  seis  (6)  años  de  prisión,  respectivamente,  tanto  en  el  Código  Penal  vigente  al  momento  del fallo  (artículos  150  y  224) como en la actual normatividad penal (artículos 413 y  293  de  la  Ley 599 de 2000), obligatoria deviene la conclusión que la demanda  de  casación  presentada por su defensor carece del requisito de procedibilidad  referido  al quantum de pena exigido por el artículo 1° de la Ley 553 de 2000,  reafirmado  en  el artículo 205 del nuevo estatuto procedimental penal (Ley 600  de 2000).   

Por tanto, y en atención a que el libelista  no  acudió  a  la  casación  discrecional prevista en el inciso 3° del citado  artículo,  por  improcedente  se  inadmitirá,  disponiendo consecuentemente la  devolución de las diligencias al Tribunal de origen.   

En  mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

INADMITIR   por  improcedente  la  demanda  presentada    por    el    defensor   del   procesado   HECTOR   LUCIO   CARDONA  CASTAÑEDA.   

         Contra esta decisión procede el recurso reposición.   

Cópiese y cúmplase.  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL            JORGE E.  CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS            CARLOS      A.      GÁLVEZ  ARGOTE                         

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO               EDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

CARLOS  E. MEJÍA ESCOBAR                         NILSON PINILLA PINILLA   

Teresa Ruíz Núñez  

Secretaria  

    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *