17935(27-08-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 17935  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr.  EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta Nro. 97  

          Bogotá,   D.C.,   veintisiete  (27)  de  agosto  de  dos  mil  dos  (2002).   

          Se  pronuncia  la  Sala  sobre  la  admisibilidad  de la demanda de  casación  presentada  en defensa de SANTIAGO PRECIADO  PUERTO contra el fallo de fecha junio 20 de 2000, por  medio  del  cual  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  confirmó  el  de primera  instancia  proferido  por el Juzgado 13 Penal del Circuito de esta misma ciudad,  que  condenó  al procesado a la pena principal de treinta y cinco (35) meses de  prisión,  como autor del delito de falsedad material de particular en documento  público agravado por el uso.   

  HECHOS   

         

         De  la sentencia impugnada se sabe que Marco Antonio Angarita Peña  le  otorgó  poder  al doctor SANTIAGO PRECIADO PUERTO  para  que  lo  representara  en  el proceso ejecutivo  adelantado  en  su  contra  por  Domingo  González  Vageón  en  el Juzgado 1º  Promiscuo  del  Circuito  de  Arauca,  donde  había  sido  decretada  la medida  cautelar  consistente  en  el  embargo  de  un inmueble ubicado en el perímetro  urbano de esta ciudad.   

         No  obstante,  el anterior gravamen fue  levantado  al  radicarse  en la oficina de Registro de Instrumentos Públicos el  oficio No. 416 de septiembre 3 de 1991, que resultó apócrifo.   

ACTUACION  PROCESAL   

         1.   Las  diligencias  se  adelantaron  contra  Marco  Antonio  Angarita  Peña,  Ana  Teresa  Preciado  de  Angarita,  Edgar Vicente y Santiago  Preciado  Puerto.   Los  tres primeros fueron favorecidos en su momento con  preclusión  de  la  investigación,  mientras  que la Fiscalía 89 Seccional de  Bogotá  elevó  acusación  en  contra  del  último  de los mencionados por el  delito de uso de documento público falso.   

         En  interlocutorio  de  junio  27  de 1997, el Juzgado 13 Penal del  Circuito  de  Bogotá  declaró  la  nulidad de la providencia calificatoria del  mérito del sumario por error en la denominación jurídica.   

         En   la   reposición  del  trámite  invalidado  y  a  través  de  providencia  signada el 23 de agosto del mismo año, el instructor elevó cargos  contra   el   sindicado   SANTIAGO  PRECIADO  PUERTO  por  el  delito de falsedad material de particular en  documento  público  agravado  por  el uso (artículos  220 y 222 inciso 2º del anterior Código Penal).   

         2.   El  Juzgado  13 Penal del Circuito de Bogotá celebró la  audiencia  pública,  y  en  fallo de septiembre 2 de 1999 condenó al sindicado  PRECIADO   PUERTO,   en  consonancia  con  la  resolución  acusatoria,  a la pena principal de treinta y  cinco (35) meses de prisión.   

         El  Tribunal  Superior  de  esta  misma  ciudad  en  sentencia  del  20 de junio de 2000, confirmó de manera integral el  pronunciamiento  del  a  quo  al  resolver  la impugnación presentada de manera  oportuna por el procesado.   

LA  DEMANDA   

          Luego  de reseñar la prueba acopiada, los motivos de inconformidad  que  expresó  en  su  momento  a  través del recurso de apelación interpuesto  contra  el  fallo  proferido por el a quo, así como de criticar el análisis de  la  prueba  realizado  por el Tribunal y de presentar su valoración personal de  las  versiones  rendidas  por  Marco  Antonio  Angarita,  Ana Teresa Preciado de  Angarita  y  Edgar Preciado Puerto, el demandante al amparo de la causal tercera  de  casación  del  artículo  220  del Código de Procedimiento Penal anterior,  propone  tres  cargos  que  pretende desarrollar en los escuetos términos que a  continuación se sintetizan.   

          Primer cargo.   

         Acusa la sentencia del Tribunal de haber  sido  proferida  en  un  juicio viciado de nulidad por violación del derecho de  defensa,  como  consecuencia  de  la  irregularidad  cometida  al no habérseles  impuesto  a  los  indagados  ANA  TERESA  PRECIADO DE  ANGARITA,     EDGAR    VICENTE    y    SANTIAGO     PRECIADO    PUERTO    las  prevenciones  del  artículo  358 del anterior estatuto procesal penal, esto es,  la  exención  del  deber  de  declarar contra sí mismos o contra los parientes  dentro de los grados señalados en la ley.   

          Segundo cargo.   

          Por  la vía de la nulidad el actor aduce la violación del derecho  de  defensa,  que  estima  configurada porque el Fiscal omitió juramentar a los  sindicados   ANA   TERESA   PRECIADO   DE   ANGARITA  y    EDGAR    PRECIADO  PUERTO  cuando  formularon  cargos contra el también  implicado   SANTIAGO   PRECIADO   PUERTO,   conforme   exigía   el   artículo  357  de  la  codificación  instrumental    vigente    para    la    fecha    de    recepción    de   tales  diligencias.   

          Tercer cargo.   

          En  este  reparo final el libelista plantea de manera lacónica que  la  providencia  impugnada  fue  dictada en proceso viciado de nulidad porque la  diligencia  de  indagatoria “tampoco cumplió con lo  señalado  en  el  art.  358  del  Código de Procedimiento Penal”.   

          En     un     capítulo    posterior    intitulado    “Alcance  de  la  impugnación”, el  demandante  discurre  sobre la noción de los errores de garantía y su enmienda  a  través  de  la  nulidad,  efecto  que  pregona debe ser reconocido cuando se  desconocen  los  “derechos procesales que aseguran  la  legalidad  del juicio penal y de la sentencia que lo precluye”.     

         Afirma       que       no       pretende      un      “favorecimiento  típico” sino que  se   proceda   con   justicia,  equidad,  transparencia  y  observancia  de  las  disposiciones   legales,   teniéndose   en   cuenta   además  que  los  jueces  “deben  acudir a la doctrina y a la jurisprudencia  como  parámetro  de  aplicabilidad  y  de  duda  pero no para dejarla de lado y  desconocerla,  porque  desconocer  las  normas  y  el  principio de legalidad es  desconocer      la     propia     y     precisa     majestad     del     aparato  jurisdiccional”.   

        Aporta  las  copias  informales  de las versiones rendidas por los  sindicados,  que  estima  le  brindan  fundamento  a  los  cargos  formulados; y  solicita    a   la   Sala   finalmente,  que  declare  la  nulidad  de  las  indagatorias,  no  sin  recordar  que  la  casación  tiene  entre  su  fines la  efectividad   del   derecho  material  y  las  garantías  de  los  sujetos  que  intervienen en la respectiva actuación penal.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

La  Sala debe reiterar una vez más y de  antemano,  que  tratándose  de  la  causal  de nulidad en manera alguna resulta  viable  que  el  demandante solicite su declaratoria sin ningún rigor técnico,  pues  también  en  tales  eventos  la  postulación  y el desarrollo del ataque  están  sujetos  a  las  exigencias propias de la impugnación extraordinaria, a  tal  punto,  que  si  no se satisfacen la inadmisión del libelo se impone en su  revisión  previa,  como  acontece  precisamente  en  este  asunto,  anticipa la  Sala.   

En  efecto, por la razón atrás indicada,  el  recurrente tiene el deber de señalar de manera unívoca la clase de nulidad  alegada,  que  de  conformidad con el artículo 304 del Código de Procedimiento  Penal  anterior,  bajo  el  cual  se adelantaron las presentes diligencias y que  guarda   identidad   con   las   previsiones  del  artículo  306  del  estatuto  instrumental  vigente,  y  que  puede  obedecer  a la falta de competencia, a la  violación    del    debido    proceso   o   al   menoscabo   del   derecho   de  derecha.   

Ahora  bien,  en relación con cada uno de  tales  supuestos,  cuando  se  invocan, al actor le corresponde citar las normas  que  resultaron  infringidas,  demostrar  el  vicio  y  su trascendencia, que en  cuanto  a  esto  último  le exige plantear de qué manera el error de actividad  denunciado  afecta  las  garantías de los sujetos procesales o socava las bases  de  la  investigación  o  del  juicio,  consignando en forma clara, coherente y  lógica  sus  razonamientos, requisitos que no fueron satisfechos a cabalidad en  los  tres  cargos  erigidos  contra la legalidad del fallo de segunda instancia.   

1.   Así,  en  el  primer  ataque el  casacionista  señaló  el motivo de nulidad por el cual propugna, pues adujo la  violación  del derecho de defensa.  También precisó que el vicio al cual  le  atribuye  dicha consecuencia surgió cuando el instructor omitió efectuar a  los  indagados  las  prevenciones  otrora  establecidas  en el artículo 358 del  derogado  estatuto procesal penal, esto es, imponerles la exención del deber de  declarar  contra  sí  mismo  o  contra  sus  parientes  dentro  de  los  grados  señalados  en la ley; sin embargo, a continuación dejó sumido el reparo en el  mero  enunciado,  toda vez que soslayando la comentada exigencia, surgida de los  principios  orientadores  de las nulidades y específicamente de las previsiones  del  artículo  308-2º  ibídem,  ningún  esfuerzo argumentativo desplegó con  miras  a  comprobar  la  incidencia  de  esta supuesta irregularidad frente a la  garantía cuyo menoscabo denuncia.      

En  otros  términos,  nada hizo el censor  para  acreditar  de qué forma resultaron menguadas las posibilidades defensivas  de  su  asistido  por  haberse prescindido de las advertencias echadas de menos,  efecto  que  no  refulge  además  de  la simple postulación de la anomalía de  asegurada  configuración  en  el  evento  examinado.   Tanto  así, que ni  siquiera  indicó  si  el  procesado  PRECIADO PUERTO  en  la  injurada resultó incriminándose o elevando  acusaciones contra sus familiares.   

Además de la impropiedad comentada, surge  evidente  que  en  este  reproche el demandante desbordó su interés jurídico,  determinado  no  sobra  añadir,  por el agravio que se deriva de la providencia  impugnada,  pues  con  la  misma  deficiencia  atrás  advertida  y  sustento en  idénticas   consideraciones,   cuestionó   también   la   legalidad   de  las  indagatorias  rendidas  por  ANA  TERESA PRECIADO DE  ANGARITA  y EDGAR VICENTE  PRECIADO    PUERTO,   quienes   en   la   decisión  calificatoria  del  mérito del sumario fueron favorecidos con preclusión de la  investigación.   A  tal  punto  se consolida este desvarío del libelista,  que  pasando  por alto dicha circunstancia reclama de la Corte la nulidad de sus  versiones injuradas.   

2.   En  el  segundo  cargo el censor  invoca  la  vulneración  del  derecho  de  defensa,  pero persiste en concretar  exclusivamente  la  supuesta  irregularidad  a la que le asigna tal consecuencia  frente  a  la  legalidad  del  trámite, pues se limita a criticar al instructor  porque  omitió  juramentar  a  los  sindicados  ANA  TERESA   PRECIADO   DE   ANGARITA   y  EDGAR    PRECIADO    PUERTO    cuando  formularon  cargos  en  contra  su  asistido.   En  fin,  también aquí se  sustrajo  al  deber de precisar la incidencia del yerro de actividad denunciado,  porque  no precisó de qué manera la formalidad prescindida privó al sindicado  SANTIAGO     PRECIADO     PUERTO     o  a  su  defensor  de la oportunidad de ejercer a cabalidad dicha  garantía.   

Por otra parte y determinando a su vez una  deficiencia  técnica  adicional,  como  lo  ha  precisado  la  Sala1,  si  el  censor  pretendía  cuestionar  la forma en que fueron escuchados en indagatoria  los   sindicados  ANA  TERESA  PRCIADO  DE  ANGARITA  y    EDGAR   PRECIADO  PUERTO,   diligencias  que  conforme  sugiere   “se   convirtieron  en  testimonios  jurados  sin  atender  las  reglas  procesales  sobre la materia, debió enfocar el reparo con  fundamento  en  el  error  de  derecho  –  que no de hecho – por falso juicio de  legalidad,  que  se refiere precisamente al acopio de un elemento de persuasión  sin      las     formalidades     exigidas     por     la     ley”.   

Lo  anterior porque como también lo tiene  señalado            la            Corte2,     la     “omisión  de juramentar al imputado en la indagatoria cuando en  su  desarrollo  presenta  cargos  contra  terceros,  no  genera  nulidad de esta  diligencia,  ni  del  proceso,  puesto  que  el  referido  requerimiento  no  es  condición   de   validez   de  dicho  acto  procesal.  Todo  lo  contrario:  la  normatividad  prohibe  que la indagatoria sea recibida bajo juramento (artículo  357   citado),   siendo   su   imposición   violatoria  del  derecho  a  la  no  autoincriminación,  consagrado en el artículo 33 de la Constitución Nacional.   

“Lo que ocurre es que cuando el imputado  decide  presentar  cargos contra terceros, asume la condición de denunciante, y  es  en  dicho carácter,  y no de indagado, que debe prestar juramento. Por  eso,  los  efectos  que  puedan  derivase de esta omisión, deben ser examinados  frente  a  la  validez  o valor probatorio de las imputaciones realizadas sin el  cumplimiento  de  esta exigencia, y no de cara a la indagatoria, porque el vicio  recae  sobre  la  imputación,  o acto denuncia, por haber sido realizado sin el  cumplimiento     de     las     formalidades     legales,     no     sobre    la  injurada…”.   

Tercer cargo.  

En  el  reparo  final  de  la  demanda las  impropiedades  surgen  manifiestas,  porque  se  tradujo  en  un cuestionamiento  genérico  y escueto a la legalidad de la indagatoria, donde se indica tan sólo  que  en  su  recepción  se  desconocieron  las  formalidades  previstas  en  el  artículo 358 del estatuto vigente para esa época.   

Las  anteriores deficiencias no se diluyen  porque  el libelista en posterior capítulo discurriera en forma abstracta sobre  la  noción  del  error de garantía y la vía de nulidad para enmendarlo; menos  aún,  cuando  en  estas  divagaciones  sugiere  incluso  el desconocimiento del  principio  in dubio pro reo, desviando entonces las censuras de nulidad hacia un  motivo de impugnación totalmente diferente.   

En   conclusión,   el  sindicado  quien  directamente  presenta  la  demanda, habilitado para ello al tenor del artículo  5º  de  la  Ley  553  de 2000, norma vigente para la fecha de su presentación,  dada  su  condición de abogado titulado, dejó sumidos los reparos en el simple  enunciado  asimilando  el libelo a una alegación que incluso tratándose de las  instancias  resulta  precaria  e  incoherente.   Por  lo tanto, la Corte no  tiene  alternativa  diversa  a la de inadmitirla con la consecuente declaratoria  de  deserción de la casación, mediante providencia sustraída de todo recurso.   

                  En mérito  de  lo  expuesto,  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal,   

RESUELVE  

NO  ADMITIR la  demanda   de  casación  presentada  en  su  propia  defensa  por  el  procesado  SANTIAGO       PRECIADO      PUERTO.  En  consecuencia, declarar desierta  la impugnación extraordinaria interpuesta.   

         Contra esta providencia no precede recurso alguno.   

         Cópiese, comuníquese y devuélvase al  Tribunal de origen.  Cúmplase.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL           JORGE E.  CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN  GALÁN  CASTELLANOS            CARLOS A.  GÁLVEZ ARGOTE   

JORGE  ANÍBALGÓMEZ  GALLEGO            ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

CARLOS  E.  MEJÍA  ESCOBAR                              NILSON  E.  PINILLA     PINILLA                             

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

1  Sentencia  de  abril  18  de  2002, M.P. Dr. Álvaro O. Pérez Pinzón, radicado  15.801.   

2  Sentencia  de  mayo  9  de  2002,  M.P.  Dr.  Fernando Arboleda Ripoll, radicado  15.653.     

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