17928(14-05-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 17928  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

DR. HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

APROBADO ACTA No.052  

Bogotá, D.C., catorce (14) de mayo de dos mil  dos (2002).   

VISTOS  

Califica  la  Sala  la  demanda  de casación  excepcional  presentada  por  el  defensor  del procesado JUAN ANTONIO MONTAÑEZ  LEGUÍZAMO  contra  la  sentencia de segunda instancia, proferida el 26 de julio  de  2000  por  el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de  Girardot (Cund.),  mediante   la   cual  se  revocó  parcialmente  el  fallo del Juzgado  Promiscuo  Municipal  de Agua de Dios,  para condenar a aquél a la pena de  un  año  de  prisión,  multa  de $5.000, interdicción de derechos y funciones  públicas  por  el término de la pena principal, como responsable del delito de  injuria.   

ANTECEDENTES  

1. JUAN ANTONIO MONTAÑEZ LEGUÍZAMO denunció  a  JAIME  MOLINA  GARZÓN   por  comentarios que éste realizó en la Radio  Ciudad  de  Flandes  el  28  de  octubre  de 1995, considerando que con ellos se  estaba  colocando  en  duda  su  honorabilidad,  reputación y dignidad, pues se  cuestionaba  el  cobro  de  unas  multas   que  impuso  como  Inspector  de  Policía,  dineros  que según el denunciado no podía recaudar y que además no  fueron consignados al erario público.   

El  11 de noviembre siguiente, en el programa  radial  MAGAZINE  EL MIRADOR, el sindicado acusó al querellante de pedir dinero  en  los  establecimientos comerciales y de consumir comidas y bebidas sin pagar,  así  como de prevaricato por omisión al no recibir las denuncias formuladas en  su  despacho.                               

JAIME  MOLINA,  a  su  vez,  denunció a JUAN  ANTONIO  MONTAÑEZ  LEGUÍZAMO  por repartir entre la comunidad una publicación  injuriosa  en  su  contra,  aprovechando  su investidura oficial, tildándolo de  periodista mediocre, de estómago y de pacotilla.   

2.  Las  denuncias  referidas  anteriormente  fueron  reunidas en una sola actuación para efectos de la investigación penal.  Agotados  los presupuestos procesales, la Fiscalía Segunda Local de Tocaima (31  de  julio  de  1997)  calificó  el  sumario  acusando  a JUAN ANTONIO MONTAÑEZ  LEGUÍZAMO   por   los   delitos  de  injuria  y  calumnia,  y  a  JAIME  MOLINA  GARZÓN   por  el  delito  de  calumnia,  decisión confirmada (abril 22 de  1998)  por  la  Fiscalía Delegada ante los Tribunales de Bogotá y Cundinamarca  al  resolver la apelación interpuesta contra la decisión de primera instancia.   

         

La causa fue rituada ante el Juzgado Promiscuo  Municipal  de  Agua  de Dios, despacho que absolvió (16 de diciembre de 1999) a  los  procesados  de los cargos imputados en el sub judice a JAIME MOLINA GARZÓN  y  JUAN  ANTONIO  MONTAÑEZ.  Esta decisión fue revocada por el Juzgado Segundo  Penal  del  Circuito  de  Girardot, en decisión de cuyo contenido se dio cuenta  anteriormente.   

LA DEMANDA  

El  impugnante,  defensor  de  JUAN  ANTONIO  MONTAÑEZ    LEGUÍZAMO,   en   el   “recurso”  extraordinario  de  casación  discrecional interpuesto, acusa el fallo de haber  vulnerado   los  artículos  13,  20  y  29  de  la  C.N.,  con  las  siguientes  consideraciones:   

1.  El titular de la fiscalía que inició la  investigación  entró  en  abierta  pugna  contra el procesado, situación  que  en principio incidió en la actuación, pero que después se superó con el  traslado del funcionario.   

Después de sintetizar los hechos, califica la  sentencia   del  juzgado  del  circuito  de  absurda,  injusta  y  parcializada,  sosteniendo  que  el  demandante  no  contó con medios económicos, como si los  tenía  la  contraparte, para contratar abogados. A esta situación que califica  de  desigual,  atribuye  que al desatar la apelación de la sentencia de primera  instancia  se hubiese asumido una decisión gravosa a los intereses de MONTAÑEZ  LEGUÍZAMO.    

Para  demostrar la desigualdad con que fueron  tratados  los  procesados  en  la  investigación,  señala  que  al  resolverse  situación   jurídica   a   los   procesados  solamente  se  impuso  medida  de  aseguramiento  a  JUAN  ANTONIO  MONTAÑEZ,  cuando éste lo único que hizo fue  repetir  afirmaciones  propias  del  común  de  las  gentes  para  esa clase de  informadores,  dada la parcialidad en el cumplimiento de sus tareas. Se pregunta  el  impugnante  por  qué  no  se tomó la misma decisión para con JAIME MOLINA  GARZÓN,  pues  a su entender ha debido esperarse que el nuevo fiscal instructor  corrigiera  la  situación  para imponerle igualmente medida de aseguramiento al  citado MOLINA GARZÓN.   

Otro motivo de trato desigual lo encuentra el  demandante  en  el  hecho de haberse obligado al procesado a pagar una caución,  impartiendo   orden   de  arresto  por  no  haberse  prestado,  cuando  existía  insolvencia   económica.   En   últimas,  la  caución  se  consignó  por  la  benevolencia  de  algunos  amigos  y  familiares  que  facilitaron el dinero. El  funcionario  judicial  no  tomó  las  mismas  medidas  para que el señor JAIME  MOLINA pagara la caución impuesta.   

Como   consecuencia   de   las   anteriores  reflexiones  afirma  el  censor  que se hace necesario que la Corte ‘conceda’    el    recurso   excepcional   de  casación.   

2.  Carece  de  veracidad  el  argumento  del  sentenciador  en  el  sentido  de  que  las  afirmaciones del JAIME MOLINA en el  programa  radial  “tuvieron  sustento  probatorio”. Ello  es  así,  porque en materia de pruebas, la labor de investigación por parte de  los  responsables  de  adelantarla es censurable, en la medida en que se dejaron  de  practicar  pruebas  importantes  como  la declaración del agente  LUIS  EDUARDO  RENGIFO,  o la actitud inexplicable de la esposa del dueño del negocio  donde  supuestamente  el  Inspector amenazó con cerrarlo, quien no se presentó  en  la  etapa  del  sumario a testimoniar para hacerlo en la audiencia pública,  máxime  si de esta declarante el procesado reveló que ante su ex – defensor de  oficio había amenazado con desquitarse.   

3. Lo que se quiere en el caso del impugnante  es  limitar  su  libertad  de  opinión mediante una excesiva protección del ad  quem  al periodista, pues contra él se usaron palabras que para nada ofenden el  honor ni la dignidad.   

4.  JUAN  ANTONIO MONTAÑEZ LEGUÍZAMO estuvo  huérfano   de  una adecuada defensa técnica. Quien la ejerció lo hizo de  manera                 ‘empírica’,  mediante  escritos  que  por la falta de conocimiento pleno del derecho penal no  repercutieron  en  el  instructor.  El  defensor de oficio nada hizo para que el  proceso  no  se  “dilatara  tanto”  o  para  que  el  procedimiento se aplicara correctamente, en forma imparcial.   

5.  El Agente del Ministerio Público en este  caso  se  abstuvo  de  cumplir  sus  funciones,  como  la de emitir concepto. Su  inactividad fue absoluta en las etapas del proceso.   

6. El mes en el que se dictó la sentencia fue  aclarado  por  nota  secretarial,  desconociéndose  el  mandato  legal que toda  providencia  debe  tener  día,  mes y año. Esta irregularidad permite sostener  que se dictó sentencia en un proceso viciado de nulidad.   

7.  Termina  el  recurrente  solicitando a la  Corte  que  case  el fallo para que se siente el precedente de cuándo se comete  el   delito   de  injuria  o  de  calumnia.  Agrega  que  la  Corporación  debe  pronunciarse  sobre la admisibilidad de la casación discrecional para continuar  con el trámite correspondiente.   

CONSIDERACIONES  

1.  La  impugnación  se  ejercitó  contra  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  el  26  de julio de 2000, esto es,  después  de  entrar  en  vigencia  la  ley 553 de 2000 y antes de proferirse la  sentencia  C  – 252 – 01 de la Corte Constitucional. En estas condiciones, obró  acertadamente  el  a  ad  quem  al tramitar la casación por los parámetros del  artículo  6  y  disposiciones  concordantes  de  la  citada ley. Tal actuación  resulta  consecuente  con  las precisiones que la Sala Penal de la Corte Suprema  de  Justicia  hizo  en auto de fecha del 22 de octubre de 2001, en relación con  el  sistema  de normas que deben regular la casación, habida consideración del  tránsito  de legislación impuesto por el decreto 2700 de 1991, las leyes 81 de  1993,  553 y 600 de 2000, y los efectos de la sentencia C – 252 – 01 de la Corte  Constitucional.   

2.  La  casación, cuando se intenta por vía  excepcional,  conforme  a  las  disposiciones  vigentes  para  el  momento de su  trámite,  para  hacer referencia exclusivamente a la situación que corresponde  al  presente  caso,  requería  no  sólo de cuestionar una sentencia de segundo  grado   proferida  por  un  juzgado  del  circuito  por  delito  sancionado  con  privación  de  la  libertad  no  superior  a  los  ocho  años, legitimación e  interés  en  el  impugnante, sino también presentar la demanda en tiempo,  con  el  lleno  de lo requisitos formales que la ley exige y cuya aplicación la  jurisprudencia  ha  venido  desarrollando,  expresando  en capítulo especial el  fundamento  de  los motivos por los que se  consideraba  violada   una   garantía   fundamental   o el que estima necesario para el  desarrollo  de  la  jurisprudencia, pues sólo a esos dos eventos restringió el  legislador  la  posibilidad  de que la Corte examine discrecionalmente un asunto  que    no    puede    avocar    por    la    vía    ordinaria    del    recurso  extraordinario.   

3.  El  propósito  de  la  sustentación  es  establecer  la  real  presencia  de  algunas  de las dos causas que autorizan el  recurso  y definir los supuestos de la demanda, de tal manera que si aquélla se  omite,  o  no  es  clara,  la inadmisibilidad del escrito se impone, dado que en  este  caso  la Corte sólo podría moverse en el terreno de las suposiciones, lo  cual  no  tiene  cabida  en  esta  actuación,  pues para acceder a la casación  discrecional  la  Sala  debe  contar  con elementos de juicio que justifiquen el  trámite por esa vía excepcional.   

En  el  presente  caso,  la  exposición  del  promotor  del  recurso  no  estableció  el  quebrantamiento  de  las garantías  fundamentales  a  que se refiere en la demanda, desconocimiento del debido   proceso  por  la   no   investigación   integral   de   los   hechos, derecho de defensa técnica, derecho a la igualdad y libertad  de   expresión,   como   tampoco    la   necesidad   de   desarrollar   la  jurisprudencia, por cuanto que:   

3.1.  El  escrito  hace  un  reexamen  de  lo  debatido  en  las  instancias,  a través de la discrepancia de criterios con la  apreciación  de  las pruebas que hizo el juzgador, labor que resulta extraña e  incoherente con el objeto del recurso interpuesto.   

3.2.  Los  propósitos  bajo  los  cuales  se  pretendió  justificar la impugnación se enunciaron sin realizarse esfuerzo por  acreditar  por  qué  era  necesario bajo esos supuestos que la Corte entrará a  conocer  de  la  casación  excepcional.  No  se precisó el quebrantamiento del  derecho  de  defensa,  igualdad  o  del debido proceso (investigación integral,  omisión  de  requisitos  sustanciales del fallo de segunda instancia), menos se  abordaron  los  criterios  jurisprudenciales  respecto  de  los cuales existiese  confusión  o  contradicción  y  que  por estar vinculados estrechamente con el  objeto     del    proceso    deberían    ser    aclarados,    rectificados    o  complementados.   

4.  El documento allegado por el apoderado de  JUAN   ANTONIO  MONTAÑEZ  LEGUÍZAMO  se  limitó  a  pretender  justificar  la  necesidad  de  la  casación  discrecional,  propósito que no alcanzó, como ya  quedó  establecido,  omitiendo presentar la demanda con la identificación  de  los  sujetos  procesales, la sentencia demandada, la síntesis de los hechos  materia  de  juzgamiento  y  de  la  actuación  procesal, la enunciación de la  causal,  la  formulación del cargo de manera clara y precisa, los fundamentos y  las normas infringidas (artículo 8 de la ley 553 de 2000).   

La  Corte no puede autorizar pronunciamientos  de  fondo  sino  a partir de escritos que cumplan todos los requisitos técnicos  mínimos  exigidos,  los  que en este caso no están reunidos, razón suficiente  para  que  sea  inadmitida  la  casación,  pues  dentro  del término legal, el  impugnante  no  presentó  el  escrito  de  demanda  con  el  cumplimiento de la  totalidad de las exigencias impuestas por la ley 553 de 2000.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero.  Inadmitir  la  demanda de casación  excepcional   presentada   a   nombre   del  procesado  JUAN  ANTONIO  MONTAÑEZ  LEGUÍZAMO,   por   las   razones   expuestas   en   la  parte  motiva  de  esta  providencia.   

Segundo.  Contra  esta providencia procede el  recurso de reposición.   

Tercero. En firme esta decisión, devuélvase  el expediente al juzgado de origen.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALVARO O. PEREZ PINZON  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                          JORGE   E.   CORDOBA  POVEDA             

HERMAN            GALAN  CASTELLANOS                                       CARLOS  A.  GALVEZ  ARGOTE                                                               

JORGE  ANIBAL  GOMEZ  GALLEGO                                            EDGAR      LOMBANA     TRUJILLO                                                     

CARLOS   E.   MEJIA   ESCOBAR                                          NILSON      PINILLA     PINILLA                                                     

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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