17262(26-02-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 17262  

Magistrado Ponente  

          Dr. JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

          Aprobado acta N° 25   

Bogotá D. C., veintiséis (26) de febrero de  dos mil dos (2002).   

          V I S T O S   

Resuelve la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre  del  procesado  NILTON CÉSAR ZAPATA MUÑOZ.   

          A N T E C E D E N T E S   

1.-  El Tribunal de Medellín sintetizó  los hechos así:   

          “El  13 de septiembre del año que culmina (1999), en la hora de las  ocho  de  la  noche,  en  la  heladería o cantina, situada en la carrera 84 con  calle  48 del circunvecino municipio de Copacabana (Ant.) se encontraban libando  licor  el  hoy  difunto,  LUIS  GUILLERMO  BETANCUR,  con LUIS ALEJANDRO RAIGOZA  VILLADA  (FLS  1-5),  JUAN JOSÉ GONZÁLEZ (fls. 21-22) y ARQUIMEDES LUJAN (fls,  121),  entre  otros.  Cuando  de  un  momento  a  otro  hicieron  arribo a dicho  establecimiento  el  procesado  NILTON  CÉSAR ZAPATA MUÑOZ y WILSON JARAMILLO,  portando  armas  de  fuego  de  cañón  corto  -revólver- y ambos decerrejaron  dichas  armas  repetidas  veces,  pero  solo  dos disparos hicieron blanco en la  parte  posterior  del  cuerpo  del  aquí  primeramente nombrado a la altura del  omóplato  y  tórax.  Heridas que le produjeron la muerte aproximadamente a las  doce       de       la       noche.”.   

2.-   El Juzgado 3° Penal del Circuito  de  Bello  (Ant.),  mediante  sentencia  del  4  de octubre de 1999, condenó al  procesado   NILTON  CÉSAR  ZAPATA  MUÑOZ  a  la  pena  principal  de  25 años y 6 meses de prisión y a las  accesorias  de  rigor, como autor de los delitos de homicidio simple en concurso  con porte ilegal de armas de fuego de defensa personal.   

Inconforme  con  la  anterior  decisión, el  defensor  la  recurrió,  siendo confirmada por el Tribunal de Medellín el 9 de  diciembre de 1999.   

          LA DEMANDA DE CASACIÓN   

Dos  cargos  formula  el  censor  contra  la  sentencia del Tribunal de Medellín, a saber:   

En el primero invoca la violación indirecta  de  la  ley sustancial, pues considera que en la sentencia se incurrió en error  de  hecho  por   falso  juicio  de  existencia que llevó al sentenciador a  tener  por  demostrado  que el procesado fue coautor del delito de homicidio por  el cual se le condenó.   

En        el        “alcance de la impugnación”,  dice  que  pretende  que  la  Corte  “invalide”   la  sentencia  y  declare  que  se  incurrió  en  un  “error  esencial   de  hecho”  al  condenar a su defendido.   

En  el  aparte  de  la demanda que dedica al  “concepto    de    la  violación”, sostiene que  el  Tribunal  de  Medellín  dio  por establecida la seriedad y veracidad de los  testimonios  de  Luis  Alejandro Raigosa Villada, Juan José González y Giovany  Albeiro     Orozco    Martínez,    “desechando”  las  declaraciones  de  Oswaldo  de  Jesús  Ortega  Bahos, Ricardo Ortega Lobo,  Horacio  de Jesús Restrepo Restrepo, Héctor León Melguiso Castrillón, Blanca  Inés   Castrillón,  Luis  Enrique  Montoya  Roldán  y  Alba  Lucía  Montaño  Palacio.   

Dice   que   con   estas   declaraciones,  “a  las  cuales remito en  lectura    para   poderlas   apreciar”,  se  demuestra que el fallador cometió un error de hecho al tener  por   cierto   lo   asegurado   por   los   testigos   de   cargo,  “produciéndose  un  falso  juicio  de  existencia      de      la      prueba     de     esa     coautoría”,  siendo  que la prueba demuestra que  su  defendido  no  fue  quien  disparó  contra  la integridad de quien fuera la  víctima.   

Argumenta      que      “el error de hecho que produce el falso  juicio  de  existencia  de  la  prueba”, surge así:   

El Tribunal en la sentencia afirma y concluye  que  el procesado llegó a la cantina para darle muerte a Luis Guillermo, lo que  califica    como    una    creación   de   esa   entidad,   pues   “si  bien es cierto que los testigos de  cargo  originales  dieron  a  conocer  esa  versión,  ellos más que demostrado  está,   no   dijeron  la  verdad  …”,  no  siendo  creíbles,  pues declararon así para incriminar a su  enemigo    potencial,   como   quiera   que   forman   parte   de   “una lista de ajusticiables”,  viendo en el procesado el encargado  de eliminarlos.   

Así mismo, anota, Luz Estella Uribe Restrepo  y  Arquímedes  Luján,  no  dicen con “certeza”  que  su  defendido  fuera  el  autor  del  homicidio,  siendo  éste  el “error   de   hecho  …  que  produce  el   falso  juicio  de  existencia  de  la prueba para condenar”.   

Agrega  que Arquímedes Luján se encontraba  en  compañía  de  Raigosa,  pero  no corrobora su testimonio, sino que, por el  contrario,  “En la versión  de  la  audiencia  deja  sin  piso  alguno  el dicho integral que le atribuye la  sentencia  a RAIGOSA como a los señores OROZCO y GONZÁLEZ, así destaque en el  testimonio  de  este  último  atributos  non  santos de la conducta del occiso.  LUJÁN  en  la  audiencia  pública  del  16 de septiembre demuestra el error de  convicción  en el cual incurre el H. TRIBUNAL SUPERIOR DE MEDELLÍN, puesto que  no  tan  solo  reconoce  la  existencia  de  RAIGOSA en el lugar -interior de la  cantina  sino  que  estaba al lado del acusador, sin poder ver lo que el otro no  podía  ver,  o  lo que es lo mismo, que RAIGOSA no pudo ver los disparos que el  testigo  incierto  dice  haber  visto  hacer  por NILTON contra la integridad de  BETANCUR”.   

Añade  que  el  falso juicio de convicción  “que      estoy  alegando”, se forma en el  raciocinio   que   el  Tribunal  de  Medellín  emplea  para  asumir  el  acervo  probatorio,   en   la   medida   que  “hace      ver      un      compendio     de     certezas”  que  destruye la prueba en favor del  procesado,  como  la  declaración de Horacio de Jesús Restrepo, quien dijo que  Nilton  no  se  encontraba  dentro  de los muchachos que se volaron “no   eran   ni  Nilton  ni  ese  otro  muchacho”,  atestiguó.   

También  argumenta  el  censor que no está  demostrado  que el arma con la cual lo capturaron hubiera sido la utilizada para  dar muerte al occiso.   

Concluye:  

“No puede aparecer  este  concepto de violación como un alegato de instancia H. H. MAGISTRADOS, por  ello  debo  remitir  respetuosamente  a  la  Sala  a  considerar  la  violación  indirecta  del  precepto  citado  por  error  de  hecho, en su forma de un falso  juicio  de  existencia  de  la  prueba  que  hace  ver  para la Corporación, la  materialidad   y   autoría   del   homicidio   que  se  investigó.”.   

En   el  segundo  cargo,   el   demandante   sostiene   que  de  manera  subsidiaria,  invoca  la violación directa de la ley sustancial de que trata el  numeral primero del artículo 220 del C. de P. P.   

Comienza la exposición señalando que en el  proceso  no  aparece  demostración  alguna  acerca  de  los daños materiales y  morales  que  se  ocasionaron con el delito. Asevera que la casación, a través  de  la  vía  directa, es el mecanismo idóneo para controvertir el “procedimiento  indemnizatorio”, cuando no  fue  precedido de la demostración de los perjuicios y de la calidad de heredero  o beneficiario, tal como lo exige el artículo 55 del C. de P. P..   

En  este  caso,  sostiene,  no  se  está en  presencia  de una “víctima  directa”,  sino que, como  se     revela     en     la     sentencia,     se    trata    de    “herederos  o  perjudicados”,  frente  a los cuales no era posible  que  se condenara civilmente, pues no se tenía la claridad de quién debía ser  el  beneficiado  con  la  condena.  Advierte que dentro del proceso se ha debido  probar  la calidad de heredero o beneficiario, al no hacerlo, no se concretó el  “dolor”   que   justificaba  la  condena  en  perjuicios morales.   

Por lo tanto, solicita se case la sentencia y  se   absuelva   al   procesado   de   “la  condena de daños y perjuicios como lo indica el numeral tercero  de  la  sentencia  confirmada  el  día  9  de diciembre de 1999 por el Tribunal  Superior       de       Medellín”.   

LA CORTE CONSIDERA  

La  demanda  de  casación  que a nombre del  procesado  presentó  su  defensor,  no  reúne  los  requisitos  de  claridad y  precisión  que  estatuía  el numeral 3° del artículo 225 del Decreto 2700 de  1991, aplicable a este caso.   

En efecto, en cuanto al primer cargo, como el  libelista  alega que el fallador incurrió en error de hecho por falso juicio de  existencia,  ante  todo,  es  preciso  que  la Sala le reitere que esta clase de  dislate  tiene  lugar en el proceso de contemplación material de un específico  elemento  de  convicción  y se configura cuando se omite la evaluación del que  ha  sido  legalmente  aducido,  esto  es,  se  ignora,  o  cuando  se  supone la  existencia del que no obra en el diligenciamiento.   

En  este  caso,  el actor no dice a cuál de  estas dos modalidades se refiere.   

Si se entiende que quiso hacer alusión a la  primera,  se encuentra que no indica cuáles fueron las pruebas cuya evaluación  se  pretermitió, ni cuál su contenido, ni cómo de haberse tenido en cuenta la  parte conclusiva del fallo hubiera sido favorable al acusado.   

Si  se  aceptara, en el confuso escrito, que  quiso  orientar  el  reproche  por  la  segunda  modalidad y, concretamente, con  relación  a  las  declaraciones  de  Luis Alejandro Raigosa Villada, Juan José  González   y   Giovanny   Albeiro  Orozco  Martínez,  en  cuanto  asevera  que  “al  tener como cierto lo  asegurado” por  estos  testigos   de   cargo,   se  produjo  “un    falso    juicio    de    existencia    de    prueba   de   esa  coautoría”,   aparece  absolutamente  ininteligible  que  se  sostenga  que declararon y se les otorgó  credibilidad, pero que fueron imaginados por el Tribunal.   

No se puede confundir el negarle mérito a un  determinado   medio  de  convicción,  con  ignorar  su  existencia;  o  el  dárselo,  con imaginarlo, ya que elementales principios de lógica enseñan que  la  única  prueba  que  puede ser valorada, positiva o negativamente, es la que  existe  material  y  jurídicamente.  A  la  prueba  inexistente  no se le puede  otorgar o negar credibilidad.   

Por  otra  parte,  al  error que denuncia lo  denomina,  indistintamente,  error  de  hecho  por  falso juicio de existencia y  error  de derecho por falso juicio de convicción, que son totalmente distintos,  como  quiera  que  el  primero,  como  se analizó, tiene lugar en el proceso de  verificación  material  de  la  prueba,  y  el  segundo,  en  la  verificación  jurídica,  y  ocurre  cuando  en su valoración se desconocen los preceptos que  regulan  su  fuerza  persuasiva, cuando se trata de medios sometidos en cuanto a  su justiprecio al método de la tarifa legal.   

Lo   único   que   aparece  claro  en  la  disertación  es que ataca la credibilidad otorgada a unos medios de convicción  y  negada a otros, sin percatarse que la simple discrepancia entre el fallador y  el   censor  sobre  el  mérito  de  elementos  de convicción no sometidos  en   cuanto  a  su  valoración  al  método  de la tarifa legal sino de la  persuasión  racional,  no  configura  desatino  demandable  en  casación,  prevaleciendo  el  criterio  del  sentenciador,  por arribar la sentencia a esta  sede amparada por la doble presunción de acierto y legalidad.   

En  cuanto  al  segundo  cargo,  la  Sala se  encuentra  inhibida  para  determinar  si  con relación al mismo se cumplen los  requisitos formales, por falta de interés del demandante.   

En  efecto,  para  la  procedencia  de  los  recursos  ordinarios  y de la casación es menester, entre otros requisitos, que  el  impugnante  tenga interés, que se concreta en el agravio que la providencia  atacada le causa.   

Además, cuando se trata de indemnización de  perjuicios,  para  la  existencia del mismo, es necesario que aquéllos tenga un  determinado valor.   

Como  quiera  que  en  el  caso que ocupa la  atención  de  la  Sala,  el  reproche  tiene  por  objeto  la indemnización de  perjuicios  decretados  en  la  sentencia,  deberá  tener  como  fundamento las  causales  y  cuantía  para  recurrir  establecidas en las normas que regulan la  casación  civil  (artículo 221 del decreto 2700 de 1991 y 208 de la ley 600 de  2000).   

Ahora  bien, al tenor de los artículos 366,  inciso  1°, del C. de P. Civil (modificado por el 2282 de 1989) y 2° y 3° del  Decreto  522  de 1988, la cuantía de interés en el bienio comprendido entre el  1°  de enero de 1998 y el 31 de diciembre de 1999 era de $53.790.000, la que no  se alcanza en este evento.   

Frente a los anotados yerros de la demanda, y  dado   que   la  Corte,  en  virtud  del  principio  de  limitación,  no  puede  subsanarlos,  se impone su rechazo y, consecuencialmente, se declarará desierto  el recurso extraordinario de casación.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  LA  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

          R E S U E L V E   

INADMITIR la demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de NILTON  CÉSAR  ZAPATA  MUÑOZ.  En  consecuencia,  se declara  desierto el recurso extraordinario de casación interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno,  al  tenor de lo dispuesto por los artículos 226 y 197 del decreto 2700  de 1991, aplicable a este caso.   

Comuníquese y cúmplase.  

ALVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                          JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN   GALÁN  CASTELLANOS                                          CARLOS   AUGUSTO   GALVEZ   ARGOTE                         

JORGE  ANIBAL  GÓMEZ  GALLEGO                                          EDGAR      LOMBANA     TRUJILLO           

CARLOS  EDUARDO MEJÍA ESCOBAR                                NILSON      PINILLA  PINILLA   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

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