17253(27-08-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 17253  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr.  EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta Nro.  97  

          Bogotá,   D.C.,   veintisiete  (27)  de  agosto  de  dos  mil  dos  (2002).   

         La Sala se pronuncia sobre la admisión  de   la   demanda   de   casación   presentada   en   defensa  de  EFRAÍN  ANTONIO  MUÑOZ  LONDOÑO contra  el  fallo de fecha diciembre 7 de 1999, mediante el cual el Tribunal Superior de  Medellín  confirmó con modificaciones en el monto de la pena el dictado por el  Juzgado 19 Penal del Circuito de esa misma sede.   

HECHOS  

          Dan  cuenta  los autos que en la madrugada del 15 de marzo de 1998,  en  el  sector  de  la carrera 43 con calle 93, barrio Guadalupe de la ciudad de  Medellín,  dos  grupos  de  personas  se  habían  congregado  en dicho lugar a  ingerir  licor.   De  repente,  EFRAÍN  ANTONIO  MUÑOZ  LONDOÑO,  quien hacía parte de uno de ellos,  esgrimiendo  un  arma  de  fuego  se acercó en forma amenazadora a Huber Samuel  Castaño  cuando  éste departía con sus amigos, contra quien disparó luego de  advertirle  que le daría muerte.  El agredido falleció en la Policlínica  municipal por causa de las heridas causadas.     

         El atacante emprendió la huida pero fue  capturado  el 15 de septiembre del mismo año en las instalaciones de la empresa  Transportes   Hato   Viejo   S.A.,   donde   laboraba   para  la  fecha  de  los  sucesos.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

          1.   La  Fiscalía  180  Delegada de Medellín, adscrita a la unidad segunda de reacción  inmediata,  decretó la apertura de la investigación mediante resolución en la  que  ordenó la vinculación de EFRAÍN ANTONIO MUÑOZ  LONDOÑO  en  indagatoria; sin embargo, la actuación  fue  asumida  días  después  por la Fiscalía  127 Seccional de la unidad  3ª de delitos contra la vida.   

          Efectuada  la  captura  del  imputado  y  recibida su diligencia de  descargos,  el  instructor resolvió la situación jurídica el 21 de septiembre  de  1998,  afectándolo  con  detención preventiva por los delitos de homicidio  agravado  por la indefensión de la víctima y porte ilegal de armas de fuego de  defensa personal.   

          Posteriormente,  conforme a las acusaciones surgidas en el curso de  la  actuación  penal,  la  Fiscalía  vinculó  también  en  injurada al joven  ALEXIS    FERNANDO    SIERRA    ACEVEDO,  señalado  como  partícipe  del  homicidio,  pero se abstuvo de  imponerle   medida  de  aseguramiento  en  decisión  del  12  de  noviembre  de  1998.           

         Practicadas  otras pruebas y clausurado  el  sumario,  el  instructor  calificó  su mérito probatorio en providencia de  enero  13  de 1999.  Elevó acusación en contra del sindicado MUÑOZ  LONDOÑO  como autor del concurso  de   conductas  punibles  imputado  al  ser  definida  su  situación  jurídica  (artículos  29  y 30 de la Ley 40 de 1993, y 1º del  Decreto  3664 de 1986, adoptado como legislación permanente por el Decreto 2266  de   1991).    El  inculpado  SIERRA  ACEVEDO  fue favorecido en cambio  con preclusión de la instrucción.   

          2.   El  Juzgado  19  Penal  del  Circuito  de  Medellín  celebró  la  audiencia  pública, y en fallo del 22 de  septiembre  de  1999  condenó  al  enjuiciado  MUÑOZ  LONDOÑO  a  la  pena principal de treinta y dos (32)  años  y  seis  (6) meses de prisión, como autor de los delitos imputados en la  resolución acusatoria.     

         El  Tribunal  Superior  de Medellín al  resolver  el recurso de apelación interpuesto y sustentado oportunamente por la  defensa,   en   decisión   de   diciembre   7  del  mismo  año,  confirmó  el  pronunciamiento  del  a quo con la modificación en el sentido de fijar la pena,  en   definitiva,   en   veintinueve   (29)   años   y   seis   (6)   meses   de  prisión.      

          La  apoderada  del  procesado  inconforme  con  el fallo de segunda  instancia,  presentó  la demanda de casación que centra la actual atención de  la Corte.   

LA  DEMANDA   

         Primer cargo.   

         Al  amparo  de  la  causal  primera  de  casación,  cuerpo  segundo,  la  demandante acusa la sentencia impugnada de ser  violatoria  en  forma  indirecta  de  los  artículos  40-3º  del Código Penal  anterior  y 247 del también derogado estatuto procesal penal, como consecuencia  del error de hecho por falso juicio de identidad.   

          En     la     “Argumentación    del  cargo”  la censora plantea que la valoración de la  prueba  está  sometida  a  las  reglas  de  la  sana crítica, soportada en los  principios  de  la  ciencia, la lógica y la experiencia, de manera que no puede  ser  desvirtuada a través de la simple oposición de criterio, sino que resulta  necesario demostrar falencia en alguno de estos tres postulados.   

          A  partir  de  las anteriores premisas la impugnante señala que el  Tribunal  desconoció  el  enfrentamiento  previo  que tuvieron la víctima y el  procesado,  que  generó  en  este  último la convicción errónea de actuar en  legítima  defensa  de  su vida, supuesto a cuya comprobación encamina entonces  sus consideraciones, según anuncia.   

          Con  esta  orientación  transcribe  el  análisis  que efectuó el  fallador  ad  quem  del  testimonio  rendido  por  Luis Fernando Vásquez, donde  incurrió    en    “falso    enjuiciamiento   de  identidad”  al  contrariar  los  principios  de la  lógica.   Lo  anterior,  porque el declarante en actitud refrendada por el  sentenciador  de  segundo grado, soslayó toda referencia al momento previo a la  lesión   causa   de   la   muerte,  “constitutivo  precisamente   de   la   disputa…generadora  del  fundamento  de  la  eximente  alegada”,  revelando  el deponente de este modo un  “compromiso   con   el   desfavorecimiento   del  procesado”  surgido del vínculo de amistad con la  víctima.   

         Así  las  cosas,  en  opinión  de  la  libelista, el Tribunal no  podía  cimentar  la responsabilidad del acusado en dicha prueba, máxime que de  la  misma  “no  se  desprende,  prima  facie,  una  desvirtuación  del  presupuesto fáctico de la eximente cuyo reconocimiento fue  desechado”,  máxime  que  la tacha de parcialidad  imputada  a  los  testigos  de  descargos es igualmente predicable del deponente  Vásquez,  quien  en  su  relato  dejó  entrever el afecto hacia el occiso y la  animadversión  respecto  del  agresor.   En  estas condiciones, afirma, su  acogimiento    valorativo    riñe    con    los    postulados    de   la   sana  crítica.   

         Critica   también   al  fallador  ad  quem  por  descalificar  el  testimonio  de  Maribel Castaño en cuanto confirmó la versión de MUÑOZ  LONDOÑO, aduciendo el vínculo  de  parentesco  que  tiene  con  este  último  y  su  condición  de compañera  permanente   del  mismo,  no  a  partir  de  cuestionamientos  derivados  de  su  declaración,  como aconseja la sana crítica, y pasando por alto además que su  dicho    denota   el   interés   de   brindar   un   relato   ajustado   a   la  realidad.   

         En contrate, el sentenciador acogió el  recuento  de  Luis Alberto Castaño a pesar de no haber presenciado “los    hechos    precedentes    al    ocasionamiento    de   la  muerte”,  de  manera  que mal podía desvirtuar el  altercado  previo.   Adicionalmente  la  versión  rendida  por  el  citado  testigo  se  muestra incoherente respecto del número de disparos efectuados por  el  sindicado  contra  la  víctima,  al igual que en relación con la distancia  desde la cual fueron realizados.   

         También   resulta   precaria  la  declaración  de  Nelson  Duque  Restrepo,  asegura la censora, puesto que omite los detalles de la forma como se  encontraban  ubicados  el  occiso  y  el sindicado en el momento de los sucesos,  discrepando  además con las deponentes Mónica Lucía Muñoz y Wbeimar Álvarez  Serna,   quienes   atestiguan   que   se   encontraban   a   media   cuadra   de  distancia.    La  primera  afirma,  por otra parte, que en el forcejeo  ninguno de los dos protagonistas de la disputa cayó al suelo.   

         Destaca  que  Jorge  Iván Mora Garcés contradice a Luis Fernando  Vásquez  cuando  asegura  que  Alexis  prestó  el  arma,  no Fernando, como lo  declara   el  primero.   Por  lo  tanto,  “se  desvanece  la  cualificación  judicial  que  se  hace  en el fallo recurrido al  testigo”.   

         En  síntesis,  aduce  la  casacionista, las inconsistencias en la  valoración  de  la  prueba  de  cargo  llevaron  a  la falta de aplicación del  artículo  40-3º  del  anterior Código Penal, “al  haberse  malentendido  la  condición subjetiva de situación de defensa justa o  legítima  que  erradamente  surgió en el sindicado una vez cesara la agresión  de que fue objeto por el occiso”.   

         La  actora  plantea  seguidamente  una  serie de interrogantes que  desde  su  perspectiva  determinan la incertidumbre sobre las circunstancias que  antecedieron  a  la  comisión del homicidio y, por lo tanto, la credibilidad de  las  explicaciones  del  inculpado, más aún, cuando tienen que ser resueltas a  favor de su asistido.   

          Advierte  por  otra  parte,  que  se  encuentra  demostrada  en  autos  la  existencia  de una agresión inicial de la  víctima,  que  “como  tal finiquitó, pero que no  fue  valorada o comprendida así” por el sindicado,  quien  creyó  obrar en forma “legítima o amparada  por  el  derecho”, situación a la que el Tribunal  le  restó toda importancia y frente a la cual carecía de incidencia además el  número   de   disparos   realizados  o  la  inicial  contumacia  del  inculpado  MUÑOZ LONDOÑO, no así,  en   cambio,   las   rencillas  y  amenazas  mutuas.   

         Alega   por  último,  que  el  Tribunal  estudió  una  legítima  defensa,  a  pesar  “que se habló de un error como  el  propuesto”,  en consecuencia, que “no  se ha estudiado judicialmente”  la   posible   concurrencia   de  la  eximente  alegada;  incluso,  el  fallador  comprendió  de  manera  equivocada  el  carácter invencible de tal error, pues  considera  que “la culpa a la que éste lleva es un  supuesto   de   ausencia   de   conocimiento   y   comprensión  de  la  acción  típica”,  perdiendo  de  vista  que la sanción a  título  de  culpa “es una decisión del legislador  quien  asume como criterio justo de atenuación, la aplicación del tipo culposo  de   homicidio”,   no  originado  siempre  en  el  ejercicio  de  una  actividad peligrosa.  La vencibilidad del error, agrega  finalmente  en  este  aspecto,  se  determina  a  través  del  análisis de las  específicas circunstancias del hecho.   

         Con  los  anteriores fundamentos, la defensora solicita a la Corte  casar   la   sentencia   impugnada   y   absolver   al  sindicado,  “o  bien  casar  parcialmente la sentencia recurrida manteniendo  la   condena   pero   en   sede   del  homicidio  culposo,  con  el  consecuente  reencausamiento    de   las   consecuencias   jurídicas   que   tal   decisión  conlleve”.   

         Segundo cargo.   

         Con  carácter  subsidiario  y  fundamento en la causal primera de  casación  del  artículo  220  del  anterior Código de Procedimiento Penal, la  demandante  acusa la violación directa de la ley sustancial por interpretación  errónea  de  los  artículos  61  y  67 del estatuto punitivo preexistente a la  comisión de los hechos investigados.   

         En   la  sustentación  del  reparo  la  libelista  transcribe  la  motivación  del  Tribunal cuando redujo la pena impuesta por el a quo, a la vez  que  afirma  la  procedente  aplicación de los principios de proporcionalidad y  humanidad  en  la sanción penal, pues tal disminución obedeció a criterios de  convicción  personal  del  fallador, donde se soslayó que su determinación es  “un proceso valorativo en el que la argumentación  principialística  debe  ser  extendida  en todas sus dimensiones”.    

          Todo   lo   anterior  para  colegir,  entonces,  que  el desatino surge porque el Tribunal dejó pendiente las razones  por  las  cuales  incrementó  la  pena en tres años sobre el mínimo señalado  para  ella  en  la  norma  infringida.            

         En  este  orden de ideas, solicita a la Sala casar parcialmente la  sentencia   recurrida,  “modificando  la  sanción  principal   impuesta,   reduciéndola  al  cuántum  proporcional  y  legalmente  razonable”.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

         

         Las  deficiencias  de orden técnico advertidas en la demanda, por  razón  de  las  cuales  se  concluye  de  manera  inconstrastable que no fueron  satisfechos  los  requisitos  mínimos  de  forma  y sustentación requeridos de  acuerdo  con  las previsiones del artículo 225 de la codificación instrumental  penal  que  rigió  el  trámite  del  recurso,  norma a la cual debió ceñirse  además   la   impugnante,   determinan   su   inadmisión  con  la  consecuente  declaratoria  de  deserción  del  recurso,  como pasa a motivar seguidamente la  Corte.   

         Cargo primero.   

         Advierte  la  Sala  en  esta censura inicial de la demanda, que se  conjugaron  tres  propuestas jurídicas incompatibles, que dentro de un correcto  manejo  de la técnica que gobierna la impugnación extraordinaria, le imponían  a  la  casacionista  su  formulación  en  cargos  separados,  pues  si  bien el  precitado   artículo   225   de   la  derogada  codificación  procesal  penal,  coincidente  en  el  aspecto  que  interesa  para  los  actuales  fines  con las  regulaciones  contenidas  en  el  artículo  212  del  ordenamiento  de reciente  vigencia,  permite la formulación de cargos excluyentes, no es menos cierto que  por  entonces  y ahora, se exige en tales eventos su presentación separada y de  manera subsidiaria.   

         1.   Ciertamente,  la defensora aduce la violación indirecta  de  la  norma  sustancial que contemplaba una causal de inculpabilidad, esto es,  la  falta  de aplicación del artículo 40-3º del derogado estatuto punitivo, y  anuncia  que sus argumentos se orientaran a demostrar el error de hecho cometido  en  la  apreciación  de  los  medios  de  persuasión  que soportan la condena,  derivado  en  esa  denunciada  infracción mediata de la ley; sin embargo, en el  desarrollo  del reparo esbozó también la existencia de un estado de duda sobre  las  circunstancias  que  antecedieron a la perpetración del homicidio a partir  de  las  cuales  invoca  dicho  supuesto,  de obligada resolución a favor de su  asistido,  según  afirma,  aceptando entonces que los presupuestos fácticos de  la   eximente  invocada,  contrario  a  lo  que  sostiene  en  un  comienzo,  no  encontraron la atestada comprobación en autos.   

         Pero  no  cesa  ahí  la incoherencia de la propuesta, pues en los  apartes  finales  de  la  sustentación  del  cargo,  al  abordar  el  carácter  invencible  del  error del sindicado en torno a la causal de justificación bajo  la  cual creyó estar amparado, plantea que el homicidio no fue intencional sino  culposo,   en   el  entendimiento  que  tal  modalidad  no  requiere  de  manera  indefectible,  conforme  dejó  entrever el Tribunal, la causación de la muerte  como consecuencia del ejercicio de una actividad peligrosa.    

         En  fin, la demandante alega de manera  simultánea  varios  reproches  que  reivindicaban presentación y demostración  separadas,   como  también  formulación  en forma subsidiaria al resultar  excluyentes,  concretamente,  que el sindicado cometió el delito amparado en la  convicción  errada  e  invencible  de  estar  justificado  su  actuar  por  una  legítima  defensa,  la existencia de una duda probatoria que el ad quem omitió  reconocer  y,  finalmente,  el  carácter  culposo  del  homicidio  investigado,  impropiedad  en  virtud  de  la  cual la censora termina elevando dos peticiones  claramente  incompatibles con paralelo detrimento de las exigencia de claridad y  precisión   de   la   propuesta,   máxime   que   dejó   por  completo  a  la  discrecionalidad  de  la  Sala  el  acogimiento  de  cualquiera  de ellas.    

         Pretende  entonces  con  fundamento en  esta  indebida  mezcla  de  consideraciones,  que  la  Corte  case  la sentencia  impugnada  y  en  el  fallo  de  sustitución absuelva al procesado MUÑOZ  LONDOÑO,  pero  también,  la  infirmación  parcial  de  la  providencia  censurada, manteniendo la condena en  contra  de  aquél pero por el delito de homicidio culposo, desde luego, con las  modificaciones  correspondientes  en las consecuencias jurídicas de la conducta  punible.   

         2.    Además  de  las  deficiencias  comentadas,  aunque  la  demandante  anunció  que  en  la sustentación del reparo evitaría acudir a la  simple  inconformidad  con  el análisis de los sentenciadores, dicho propósito  lejos  estuvo  de  materializarlo,  pues  con  evidente confusión conceptual en  torno  a las diversas expresiones del error de hecho susceptible de ser cometido  en  la  apreciación  de las pruebas, en últimas y a la manera de un alegato de  instancia,  se  limitó  a presentar su personal e interesada valoración de los  medios  demostrativos  incorporados  a  los  autos,  que  enfrenta  luego  a las  conclusiones  probatorias  del  Tribunal,  pasando  por alto que en esta sede el  criterio  del  juzgador  ad quem prevalece al estar precedido el fallo impugnado  de la doble presunción de acierto y legalidad.   

         En  efecto,  la  censora  acusa  el quebranto de la ley sustancial  como  consecuencia  del  error  de  hecho por falso juicio de identidad, pero al  concretar  el  reproche,  sin  tener en cuenta que el dislate así endilgado, de  carácter  puramente  contemplativo, se configura cuando el juzgador al apreciar  una  determinada  prueba  tergiversa,  adiciona o cercena su expresión objetiva  poniéndola  a decir lo que materialmente no expresa, alega que el desacierto se  derivó  del  desconocimiento  de  las  reglas de la sana crítica, desviándose  entonces al falso raciocinio.   

         Más  aún,  con prescindencia de lo que podría calificarse de un  huero  equívoco  en  la nominación del yerro de apreciación probatoria que se  estima  cometido,  se  tiene  que la recurrente tampoco intenta demostrar que el  Tribunal  al  estimar  las  pruebas  de  cargo  y  de descargo, en concreto, los  testimonios  de Luis Fernando Vásquez, Luis Alberto y Maribel Castaño, Mónica  Lucía  Muñoz,  Jorge  Iván  Mora Garcés y Wbeimar Álvarez Serna, se hubiese  apartado  en  forma  burda  y grosera de los parámetros que regulan el referido  método de valoración.   

         Ciertamente,  el desarrollo argumentativo del reparo no se perfila  a  establecer  el desapego de los principios de la ciencia, los postulados de la  lógica  o  las  máximas  de  la  experiencia  en el discernimiento del mérito  individual  o  conjunto  de los medios demostrativos enunciados, sino a plantear  una  visión  personal  e interesada del panorama probatorio con miras a brindar  sustento  a las plurales y excluyentes tesis esbozadas al sustentar el ataque, a  las cuales hizo precedente referencia la Sala.   

         Por  tal motivo, la defensora acude con este desviado propósito a  la  mera  confrontación  de  criterios,  propia de las alegaciones de instancia  empero  ajena  por  completo  a la casación, donde tratándose de la violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  debe  pretenderse  la infirmación del fallo  demostrando  la  existencia  de  errores  trascendentes en la valoración de las  pruebas,  no  la  reapertura  del  debate  en  torno  a  ellas  buscando obtener  prevalencia  para  el  análisis  por  el  cual se propugna en oposición al del  fallador ad quem.   

         La  demandante  acusa  así  el  falso  juicio  de  identidad  respecto  del  testimonio  de  Luis Fernando Vásquez, no  porque  el  Tribunal  hubiese distorsionado, cercenado o adicionado el contenido  material  de sus declaraciones, sino porque le concedió credibilidad a pesar de  omitir  toda  referencia  a un supuesto enfrentamiento previo al homicidio entre  los  protagonistas  del  suceso; de igual modo, por la amistad que tenía con la  víctima    y    la    animadversión    hacía    el    acusado    MUÑOZ  LONDOÑO,  que  la  recurrente  atisba en varias de las manifestaciones de su relato.   

         Más  adelante,  también por la vía de la simple contraposición  valorativa  y  sin  presentar  errores  trascendentes  en la apreciación de los  medios   de   prueba   incorporados   al   proceso,   la  impugnante  afirma  el  desconocimiento  de  los postulados de la sana crítica en el discernimiento del  mérito  de  las  declaraciones  rendidas  por  los  deponentes  de  cargo  y de  descargo,  pues considera ilógico, desde su sesgada perspectiva, que se hubiese  predicado  la  veracidad  de  las  versiones  de  Luis Alberto Castaño y Nelson  Duque,  precarias  en  el  recuento  de  los  detalles  del suceso, cuando en su  opinión,  las  obtenidas  de  Maribel  Castaño,  Mónica Lucia Muñoz, Wbeimar  Álvarez  Serna  y  Jorge Iván Mora Garcés son las que resultan ajustadas a la  realidad.   

         Por  otra  parte, alega que el Tribunal excluyó la configuración  de  una legítima defensa, no la hipótesis postulada del error en torno a ella,  en   consecuencia,   que   “no  se  ha  estudiado  jurídicamente” dicha causal inculpante, cuando en  anterior  acápite  había transcrito las consideraciones a partir de las cuales  el  fallador  ad  quem  coligió  que  tal circunstancia en manera alguna podía  pregonarse en beneficio del sindicado.   

         Segundo cargo.   

         En  el  ataque  final  de  la  demanda,  la  casacionista acusa la  violación  directa  de  los  artículos 61 y 67 del Código Penal anterior, por  interpretación  errónea.   Sin  embargo,  la  escueta fundamentación del  reproche  no se dirige a demostrar que el sentenciador equivocó el sentido o el  alcance  de  tales disposiciones, sino a criticar el concreto ejercicio que hizo  el  juzgador de la discrecionalidad relativa conferida en tales disposiciones al  momento  de  individualizar  la  pena, simplemente, porque en su opinión debió  imponerse  al  procesado  el  mínimo señalado en la disposición que define el  homicidio.   

         Argumenta  entonces, perdiendo de vista que la naturaleza técnica  del  recurso  extraordinario le exigía, ante la naturaleza del cargo formulado,  presentar  un  debate  estrictamente  jurídico orientado a constatar un dislate  del  fallador  de  tal  orden  en  la  dosificación  de  la  sanción,  que los  fundamentos  del  rigor  punitivo  no  fueron suficientes, pero además, que los  principios  de  proporcionalidad  y humanidad determinaban en últimas una menor  pena.   

         En síntesis, como el libelo se aparta  ostensiblemente  de  las exigencias de forma y contenido que le son ineludibles,  que  en  manera  alguna puede entrar a suplir la Sala, habrá de inadmitirse con  la  consecuente  declaratoria  de  deserción  de la impugnación extraordinaria  interpuesta,  de  conformidad con la norma procesal que rigió el trámite de la  misma  (Decreto 2700 de 1991, subrogado por la Ley 81  de  1993), mediante decisión que adquiere ejecutoria  en   la  fecha  en  que  es  suscrita  y  contra  la  cual  no  procede  recurso  alguno.   

         En  razón y mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia,  Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

         NO  ADMITIR  la  demanda presentada en  defensa   del   procesado   EFRAÍN  ANTONIO  MUÑOZ  LONDOÑO.    En  consecuencia,      declarar     desierto     el     recurso     de     casación  interpuesto.   

Contra esta providencia no procede ningún  recurso.   

         Cópiese, comuníquese y devuélvase al  Tribunal de origen.  Cúmplase.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL                 JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN  GALÁN  CASTELLANOS                 CARLOS  A. GÁLVEZ ARGOTE                        

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO               ÉDGAR   LOMBANA   TRUJILLO               

CARLOS  E.  MEJÍA  ESCOBAR                                 NILSON   PINILLA  PINILLA        

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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