16422(09-07-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 16422  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr. JORGE E. CÓRDOBA  POVEDA   

Aprobado acta N° 73  

Bogotá, D. C, nueve (9) de julio de dos mil  dos (2002).   

V I S T O S  

Resuelve la Corte la admisibilidad formal de  la  demanda de revisión presentada por el defensor del sentenciado JOHN  JAIRO  ARCILA RAMÍREZ, condenado por  el delito de prevaricato.   

L  A      D  E  M  A N D  A   

El  citado  profesional  promueve la acción  para  que  se ordene la revisión del proceso en el cual el Tribunal Superior de  Cali,  mediante  sentencia de segunda instancia, fechada el 23 de julio de 1998,  condenó  al  acusado  John Jairo  Arcila Ramírez a la pena principal de 2  años  de  prisión,  a  la  accesoria  de interdicción de derechos y funciones  públicas  por  el  mismo  período  y  a  la pérdida del empleo público, como  coautor  del  delito  de  prevaricato.  Igualmente  le  negó  la concesión del  subrogado penal de la condena de ejecución condicional.   

Las causales con las cuales pretende obtener  la  revisión  del  proceso  son  la  2ª  y  la  3ª  de las contempladas en el  artículo  232  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  vigente para la época,  sustentándolas en los siguientes argumentos:   

Considera  el  libelista  que en el presente  asunto  se  dictó  sentencia  condenatoria  en  un  proceso que “no  podía  ir más allá del fallo de primera instancia”,  toda  vez  que  la  APELACIÓN   del Fiscal 45, contra la  sentencia  absolutoria  de primera instancia, “no fue  legal   o   válidamente   formulada   y,  en  tales  condiciones,  la  acción penal no debía proseguirse con remisión del proceso al  Tribunal  Superior  de  Cali  sino,  por el contrario,  declararse  una  forma  de  extinción  del  trámite  por tener la sentencia de  primer    grado   la   autoridad   y   firmeza   de   cosa   juzgada”.   

Así  mismo,  estima  que  el  Tribunal,  al  proferir  fallo de segunda instancia, “no conoció, a  cabalidad,  lo  que  constituye  prueba  nueva  o  sobreviniente,  inmersa en el  expediente  administrativo  del predio ‘LA  AURORA’ y  no  del  predio  ‘LA AURORA  II’,  el  que fue materia  del  debate  forense,  que  de  ser  apreciada  a  derechas  y  en  su verdadera  dimensión  y  origen  demuestra  la  inocencia  de  mi representado”.   

En el acápite que denominó “FUNDAMENTOS  DE  HECHO Y DE DERECHO”, en  lo  que  respecta  a  la causal 2ª de revisión, afirma que el Juzgado 21 Penal  del  Circuito  de  Cali  dictó,  el  29 de agosto de 1997, sentencia de primera  instancia,  absolviendo  a  Jhon  Jairo  Arcila  Ramírez   del  delito  de  prevaricato  que  le  fuera  imputado en la resolución de acusación, proferida  por el Fiscal 45 Delegado ante el mencionado estrado judicial.   

Dice  que  el  mentado  fallo fue notificado  personalmente,  el 1° de septiembre, al Ministerio Público, a los coprocesados  Constanza  Chaparro,  Rafael  Arango  y  María  Elena Muñoz y a los defensores  Daniel  Sinisterra, Juan Ramón Barberena y Juan de Dios Hincapié.  Agrega  que  quienes  no  comparecieron al juzgado a notificarse personalmente dentro de  los  tres  días  siguientes,  “esto  es, lunes 1°,  martes  2°  y  miércoles  3°  de  septiembre,  hubo de enterárseles mediante  edicto,  tal  y  conforme  sucedió con JOHN JAIRO ARCILA, MARITZA JIMÉNEZ y el  defensor  de  ésta, abogado Elipson Vásquez”.    

Asegura que pese a haber vencido el plazo de  notificación   personal, el que se agotó el 3 de septiembre a las seis de  la    tarde,    el    “Fiscal    45   recibió  esa  clase  de  notificación  el día 4 del mismo mes, es  decir,  en  forma extemporánea y se limitó a escribir  la  palabra APELO, sin manifestar si iba a sustentar el recurso de manera oral o  escrita”,  tal  como lo ordena el artículo 196B del  C.  de  P. Penal, “ritualidad de marcada importancia,  pues  significa  la remisión al art. 196A ejusdem o la concesión inmediata del  recurso  para ante el superior”. Añade que el edicto  se  fijó  el  5  de  septiembre,  desfijándose  el  9 siguiente, por lo que la  ejecutoria  de  la decisión corrió durante los días 10, 11 y 12 de septiembre  de 1997.   

Anota que el Secretario del Juzgado 21 Penal  del   Circuito  en  forma  errónea  “retrotrajo  la  actuación   después   de   haber  declarado  la  ejecutoria  de  la  sentencia  absolutoria   y   no  ‘en  contra’   como  mal  la  califica  en  la  constancia  del  15  de  septiembre  de  1997 y la sometió al  trámite  previsto  en  el  art.  196A del Estatuto Adjetivo, reviviendo de esta  manera  la actuación procesal en forma arbitraria e ilegal, pues da por sentado  que  la  sustentación se haría por escrito”, siendo  que el citado fiscal nada había manifestado al respecto.   

Refiere  que  el  19 de septiembre el fiscal  presentó  por  escrito  la  sustentación  de la impugnación y el 22 siguiente  aparece  una  constancia  secretarial  en  la  que  se  señala  que  la  citada  sustentación  se  presentó  dentro  del  término  legal, por lo que empezó a  correr  el  traslado  a  los  no recurrentes, el que venció el 29 de dicho mes,  concediéndose  el  recurso  al  siguiente día, “sin  sujeción  a los artículos 203, numeral 1°, 204, literal a), y 205”  del  C.  de P. Penal, toda vez que no se indicó en qué efecto  se  concedía  y  se  afirmó  que  el  Fiscal  lo sustentó en tiempo oportuno,  “sin   ser   verdad”.   

Así  las cosas, considera que el Secretario  del  Juzgado,  “al variar los hitos temporales de las  notificaciones”,   no   sólo   atentó  contra  el  principio   de   igualdad   de   los   sujetos  procesales,  sino  que  también  “alteró  el  devenir  procesal,  con  las  funestas  consecuencias  que  ahora  soporta  mi  diputante,  ya que si hubiera actuado en  estricta  ortodoxia  y  contado los términos con puntualidad y precisión no se  hubiera  presentado  (gracias  a esa desmedida largueza) la oportunidad que tuvo  el  Fiscal  45  para  desconocer  la  firmeza  de  un  fallo  que, a no dudarlo,  cuando fue impugnado y sustentado el recurso ya había  alcanzado   ejecutoria   formal   y   material,   haciendo   tránsito   a  cosa  juzgada”.   

Agrega:  

“En síntesis, el  malabarismo  judicial  del  señor  Secretario logró el invento de una dualidad  consistente  en  que  para  dos  de  los  procesados  y  un  defensor  opera  la  notificación  por  Edicto  y  para  el Fiscal 45 la oportunidad de aún recibir  noticia  personal  del  fallo  y  manifestar  su  inconformidad, así callara en  cuanto      a      la      vía     sustentadora     del     disenso”.   

De  lo anterior deduce que la aducida causal  2ª  de  revisión  tiene  operancia  en  este  evento,  por cuanto al llegar el  proceso  al  Tribunal  Superior de Cali, la acción penal no podía proseguir al  estar  “de  por  medio una causa de extinción, cual  era  el  fallo  absolutorio  que  ha  debido  quedar  ejecutoriado, por no haber  petición    válidamente   formulada   que   le   restara   firmeza”.   

En lo que respecta a la causal 3ª, dice que  la  Sala  de  Decisión  Penal  del  Tribunal  de  Cali fundamentó la sentencia  condenatoria  “en el hecho de que la Resolución 2194  del  4  de  noviembre  de  1992 hubiera sido revocada por la 3181 de junio 22 de  1994,  proferida  por  la gerencia General del INCORA, pero especialmente en que  dizque  el  enjuiciado  JHON  JAIRO ARCILA RAMÍREZ sabía que en el Juzgado 4°  Civil  del  Circuito  de  Cali,  la  señora  JULIA CAMPO ZÚÑIGA, quien tenía  interés  legítimo  sobre  el predio LA AURORA DOS -pretendido en adjudicación  por  los  hermanos  JORGE  Y  NICOLAS  CAMPO URBANO- había promovido proceso de  lanzamiento  por  ocupación  de  hecho  contra  tales personas y que el Juzgado  había  dictado  sentencia  ordenando  el  lanzamiento  como  se  le  ofició al  procesado,  en  su  calidad de Gerente del INCORA. O sea, que según el Tribunal  Superior,  ese  lanzamiento  fue  en relación con el predio AURORA II, prédica  que contraría la realidad procesal”.   

Anuncia  que  con  las  fotocopias  de  las  sentencias  de  primera  y segunda instancia incorporadas a la presente demanda,  también  allega  copia del oficio N° 929 del 31 de agosto de 1992, por el cual  el  Juzgado  4°  Civil  del  Circuito  de Cali comunica al Gerente Regional del  INCORA  que  mediante  providencia  del 3 de julio de ese año, se dictó dentro  del  conocido  lanzamiento,  la  respectiva  sentencia, la que ya había cobrado  ejecutoria,  “‘sin  que  pueda    ser    desconocida    por    ningún    otro    funcionario’”,  documento  que,  en su criterio,  “es la piedra angular en este acápite de la acción  de revisión”.   

Luego  de  transcribir  un  aparte  de  la  sentencia  de  segunda instancia, advierte que no es cierto que el Juzgado Civil  del  Circuito  haya  reconocido  en  favor del Julia Campo Zúñiga la propiedad  sobre   el   inmueble   “LA  AURORA  II”,  pues  basta observar la sentencia proferida por dicho despacho  judicial,   la  que  obra  en  el  expediente  N°  7004,  dentro  del  trámite  administrativo  de  adjudicación de baldíos, referido al predio La Aurora y no  a la Aurora II, que es el que se debatía en este proceso penal.   

Añade:  

“Entonces,  por  qué  razón  los  sentenciadores  de  segunda instancia consignaron algo que no  coincide  con  la  realidad?. Es aquí donde entra en juego el denunciante OCHOA  LEMOS,  causando  confusión  a  la  judicatura, pues nunca manifestó que tales  oficios  correspondían  al  trámite  ‘LA   AURORA’  pero      no     al     de     la     ‘AURORA          II’  que le fue  adjudicado  a  los  hermanos  CAMPO  URBANO.  Es claro que sobre esos predios se  surtieron  dos  trámites  administrativos  diferentes.  LORENZO OCHOA, en forma  ladina  o  con  exceso  de  suspicacia,  trasladó  un oficio referido al predio  ‘LA  AURORA’,  haciendo  creer  a todos que tenía  que  ver  con  el  ‘AURORA  II’    y  no se vaya a sostener que fue un error o equivocación ligera del  abogado   OCHOA,   porque   a   folios  93  a  99  del  expediente  ‘LA          AURORA’  aparece  un  auto calendado el 21 de  julio  de 1992, donde el INCORA con las firmas del gerente encargado JUAN CARLOS  BUSTAMANTE y de OCHOA LEMOS como Secretario,  dispone:   

“‘Primero:   Declarar   sin  fundamento  e  improcedente,   como   en   efecto   lo   hace  y,  en  consecuencia,  despachar  negativamente  la  oposición presentada por la señora JULIA CAMPOS ZÚÑIGA al  trámite  de  titulación  de  baldíos iniciado a instancia del señor SALOMÓN  CAMPO   URBANO   y   sus  hermanos  NICOLAS  y  JORGE  CAMPO  URBANO’.   

“‘Segundo:  Ordenar  que continuando con el  trámite  de  titulación  del  baldíos,  conforme  al  Decreto  2275  de 1988,  respecto  del  predio rural denominado ‘LA   AURORA’,  ubicado  en  la  vereda  Loma Alta, corregimiento de San Bernardo, jurisdicción  del  municipio  de  Dagua,  Departamento  del  Valle  del  Cauca,  solicitado en  adjudicación  por  los  señores  SALOMÓN,  NICOLAS  y  JORGE CAMPO URBANO, se  proceda     a     la    elaboración    del    respectivo    título’”.   

En  consecuencia,  estima  que  el  oficio  aportado  por el señor Ochoa sin las formalidades de la prueba y cuyo contenido  no  hacía  parte  del  proceso,  llevó  a que los juzgadores coligieran que el  mismo  se  refería  a  los  trámites  administrativos del predio La Aurora II,  “cuando  en  verdad se trataba de contestación a un  oficio  librado  dentro  de  otro  trámite y, repito hasta la saciedad, no hizo  parte de este asunto penal”.   

Advierte  que  como quiera que se partió de  una  falsa  premisa,  la  que llevó a que se condenara a un inocente, se impone  que  se  examine  la prueba sobreviniente mediante inspecciones judiciales a los  expedientes  de  adjudicación  de los predios rurales La Aurora y La Aurora II,  con  el  fin  de  establecer  en  cuál de los dos obra el oficio librado por el  citado Secretario.   

Por  tal  motivo,  teniendo  en  cuenta  la  finalidad  de  la acción de revisión, dice que demostrará que la prueba nueva  invocada  responde  a  las características que la Corte jurisprudencialmente ha  destacado.   

En  el  acápite  que llamó “DE  LOS  MEDIOS  DE  PRUEBA  APORTADOS”,  afirma  que anexa con el libelo fotocopias autenticadas de los fallos de primera  y  segunda instancia, la totalidad del proceso que en la actualidad se encuentra  en  el  Juzgado  Primero de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de Cali y  el poder otorgado por el procesado.   

En escrito que posteriormente presentó, con  el   fin  de  adicionar  o  complementar  el  libelo,  allegó  las  actuaciones  administrativas  radicadas  bajo  los  números  7004  y 7007 adelantadas por el  Incora,  las  que hacen relación a la titulación de baldíos de los predios La  Aurora y La Aurora II.   

CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

Como  lo  ha sostenido la Sala en múltiples  ocasiones,  al  ser  probable que la sentencia condenatoria o absolutoria, o las  providencias  de  preclusión  o  cesación  de  procedimiento que se encuentran  ejecutoriadas,  no  contengan  la  verdad  histórica,  originándose  así  una  injusticia,  el  legislador  penal  instituyó  la  acción  de  revisión  como  mecanismo  idóneo  para  remover  la cosa juzgada y declarar sin valor el fallo  objeto  de  la  acción,  dictando  la providencia que corresponda o disponiendo  tramitar  nuevamente  el  proceso  desde el momento en que se indique, según la  causal que la Corte encuentre fundada.   

Por  esa  razón,  la  remoción  de la cosa  juzgada  sólo  es  posible  cuando  frente  a la demostración de alguna de las  causales  taxativamente  señaladas  en la ley, se evidencie que se cometió una  injusticia.  Entonces,  la demanda deberá ser confeccionada con sujeción a los  parámetros  legales  y  con  respeto a la causal en que se apoya, pues, en caso  contrario,  el escrito se torna en un alegato de instancia, lo que constituye un  desafuero al desnaturalizar los fines de la revisión.   

Así  mismo,  cuando  se  trata de la causal  segunda,  es preciso que aparezca de modo evidente, que el Estado había perdido  la  facultad  para  adelantar  el  proceso  en el que se produjo la condena y es  objeto  de  la  acción instaurada, por prescripción u otra fenómeno extintivo  de la acción penal.   

Teniendo  en  cuenta lo anterior, observa la  Sala  que  los  argumentos  expuestos  por  el  actor frente a la alegada causal  segunda,  carecen   de fundamento, toda vez que no aparece que la sentencia  de  primera  instancia,  en  la  que  se  absolvió al sentenciado, haya quedado  ejecutoriada  y  hecho tránsito a cosa juzgada, como quiera que no hay duda que  el  recurso  de  apelación  fue  interpuesto  y sustentado oportunamente por el  Fiscal  45,  y  que  lo  que el actor pretende es utilizar una omisión  de  éste,  al  no  haber  manifestado  que  sustentaría  la impugnación  por  escrito,  para  afirmar  que  cuando  se  dictó el fallo de condena, en segunda  instancia,  el proceso ya no podía proseguirse por haber hecho tránsito a cosa  juzgada  el  fallo  absolutorio de primera instancia, lo que no corresponde a la  verdad procesal.   

Por  último, en cuanto a la causal tercera,  el  actor  no  aporta  ninguna  prueba nueva, no conocida al tiempo de los   debates,  sino  que  lo  que  quiere es revivir la controversia ya terminada con  sentencia  que  ha  hecho  tránsito  a cosa juzgada y relacionada con el oficio  procedente  del  Juzgado  Cuarto  Civil  Circuito  de  Cali,   en el que se  informa  que  la señora Julia Campo Zúñiga tiene derechos sobre un predio del  municipio  de  Dagua  y  que  el Tribunal Superior de Cali, concluyó que era el  conocido   como “Aurora II”, pero que el actor pretende que se refería  a uno distinto, esto es, al conocido como “La Aurora”.   

Se   dijo   al   respecto    en   la  sentencia:   

“El  que  el  Gerente  JHON  JAIRO  ARCILA  RAMÍREZ  hubiese  hecho  caso  omiso  de  lo  sentenciado por el Juez Civil del  Circuito,  es  circunstancia  diciente  que  respalda  la  tesis  fiscal,  en el  sentido    que   la  pretensión  de  los  hermanos  CAMPO  URBANO  buscaba  desconocer  el  fallo del Juez Civil acudiendo a un procedimiento torticero como  era  alcanzar  una  titulación con el INCORA a sabiendas  de que carecían  de derechos sobre el predio cuya adjudicación procuraban.   

“Y  para  que  no  haya  duda alguna en el  sentido  que  la  resolución  2184  de  noviembre 4 de 1992 fue entregada a los  hermanos  CAMPO  URBANO  el mismo día de su expedición y,  por tanto, sin  estar   debidamente   ejecutoriada,  para  ser  exhibida  en  la  diligencia  de  lanzamiento  por  ocupación  de  hecho  que  se iba a practicar sobre el predio  ‘LA AURORA DOS’  el 5 de noviembre del mismo año por  parte  de un Juez Civil de Dagua comisionado para tal efecto, basta acudir a las  versiones  exculpativas  de  los  procesados JHON JAIRO ARCILA RAMÍREZ, MARITZA  JIMÉNEZ  ARIZALA y RAFAEL ARANGO VÁSQUEZ, así como a las declaraciones de los  interesados  en la adjudicación de dicho predio, esto es, los hermanos NICOLÁS  y  JORGE  CAMPO  URBANO.  En  efecto,  el  primero  de  los encausados nombrados  manifestó   a   folio   149  del  cuaderno  original  No.  1  que  ‘…   lo   único  que  ha  hecho  es  perjudicar  a  estos  pobres  campesinos  en el momento según entiendo HAN SDIO  LANZADOS  como  lo  manifiestan  ellos  de la tierra que los vio nacer … ¿ Es  claro  que  cuando  el  Gerente investigado aludió en esta versión al hecho de  que   los   peticionarios   habían  sido  lanzados  del  predio  solicitado  en  adjudicación  y  que  con  la  tardanza   en  la  expedición  del título  administrativo   supuestamente    se   les   estaba   perjudicando,   dicho  conocimiento  en  el  sentido  que  en  relación  al   predio ‘LA      AURORA     DOS’  se  iba  a  practicar un lanzamiento  provenía  principalmente  de  la comunicación que le envía el Juzgado 4 Civil  del   Circuito  de  Cali,  en  cuanto  este  despacho  judicial  con  suficiente  antelación  le  informó  que  había culminado el proceso civil de JULIA CAMPO  ZÚÑIGA  contra  JORGE y NICOLÁS CAMPO URBANO y en el cual se dictó sentencia  ….  la cual para la fecha del oficio librado al Gerente se hallaba debidamente  ejecutoriada  …  que  ordenó  el  desalojo  de  estos  últimos  del  terreno  ocupado.   

“Por  su  parte  MARITZA  JIMÉNEZ ARIZALA  aludió  al  hecho  de  que  el  mismo  día de la expedición del  título  administrativo  objeto  de reproche se entregó copia de dicha resolución, pues  tanto  los  peticionarios  como  su  abogado  la necesitaban para oponerse a una  diligencia  de  lanzamiento  que se  practicaría el día 5 de noviembre de  1992.  Obsérvese que a folio 178 del cuaderno original la dama JIMÉNEZ ARIZALA  se    permitió    anotar    que    ‘…  El mismo día que se surtió la adjudicación a los interesados  se   le   expidió   copia  de  la  resolución,  no  podía  entregárseles  el  original   porque  tenía  que  quedar cumpliendo término de ejecutoria LA  FOTOCOPIA  SIN  EJECUTORIA  LA NECESITABAN ELLOS ASÍ LO MANIFESTO EL PROCURADOR  AGRARIO  PARA  PRESENTARLA  AL  JUZGADO  DE  DAGUA  PARA UNA DILIGENCI A QUE ESE  JUZGADO   LA   PRACTICARA  (sic)  ….’.  Posteriormente,  en  febrero  dieciséis  de  1994,  la  JIMÉNEZ  ARIZALA  rindió versión injurada en la cual no dejó duda alguna en el sentido  que  los  funcionarios  del  INCORA conocían perfectamente que los CAMPO URBANO  serían  lanzados  del  predio  solicitado  en  adjudicación,  pues  al  efecto  manifestó  que  ‘… Yo le  puse  a  consideración  el expediente, le enseñé las inconsistencias anotadas  por   el  señor  OCHOA  en  su  último  memorando  y  COMO  ERA  DE  SU  (sic)  principalmente  de la comunicación  que le enviará el Juzgado 4 Civil del  Circuito  de  Cali,  en cuanto este despacho judicial con suficiente antelación  le  informó  que  había  culminado  el  proceso  civil de JULIA ZAMPO ZÚÑIGA  contra  JOSÉ  y  NICOLÁS CAMPO URBANO y en el cual se dictó sentencia …. la  cual  para  la  fecha  del  oficio  librado  al  Gerente  se hallaba debidamente  ejecutoriada  ….  que  ordenó  el  desalojo  de  estos  últimos  del terreno  ocupado”.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R  E  S  U  E  L  V  E   

1.  Reconocer al doctor Álvaro Eslava Ayala  como   apoderado   del  condenado  JOHN  JAIRO  ARCILA  RAMÍREZ.   

2.   INADMITIR  la  demanda  de revisión contra el fallo proferido el  23  de  julio  de  1998  por  el  Tribunal Superior de Cali, mediante el cual se  condenó  al citado John Jairo  Arcila Ramírez, como coautor del delito de  prevaricato.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

ALVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                              JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA   

HERMAN   GALÁN  CASTELLANOS                            CARLOS   AUGUSTO   GALVEZ  ARGOTE   

JORGE  ANIBAL  GÓMEZ  GALLEGO               EDGAR  LOMBANA     TRUJILLO                     

CARLOS  EDUARDO MEJÍA  ESCOBAR         NILSON    PINILLA  PINILLA                     

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria     

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