16402(04-07-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 16402  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

APROBADO ACTA No. 72  

Bogotá,  D.  C., cuatro (04) de julio de dos  mil dos (2002).   

  ASUNTO  

El  Procurador  Judicial  ante  el  Tribunal  Superior  de  Ibagué  presentó  recurso  extraordinario de casación contra la  sentencia  proferida  por  esa  Corporación  el 6 de mayo de 1.999, mediante la  cual  confirmó  el  fallo  condenatorio que contra Xxx  xxxxx  xxxxxx  xxxxxxx había dictado, por el delito de  homicidio  en la persona de Diego Salazar Gilombo, el Juzgado Penal del Circuito  de  Lérida  (Tolima).  Pero, por mayoría,  le  introdujo una modificación fundamental: en lugar de condenar  al    procesado   por   el   delito   de   homicidio  preterintencional,  como  lo  dispuso  el  fallador de  primera  instancia,  consideró  que  lo  adecuado, de conformidad con su propia  valoración  de las pruebas, era sentenciar a Xxx xxxxx  xxxxxx  xxxxxxx por homicidio  culposo.    

En la providencia de primer grado, fechada  el   25   de   septiembre   de  1.998,  el  juzgado  le  impuso  a  Xxx   xxxxx   xxxxxx   xxxxxxx  una  pena  principal  de  doce  (12) años y seis (6) meses de prisión, cinco (5) años de  interdicción  de  derechos y funciones públicas y la obligación de pagar, por  concepto  de  perjuicios materiales y morales, una suma equivalente a quinientos  (500) gramos oro.   

El  Tribunal,  en cambio, consecuente con la  modificación  que  introdujo  sobre  la  naturaleza  del  delito, fijó la pena  principal  en  treinta  y  seis  meses (36) de prisión y multa de dos mil pesos  ($2.000).  La  interdicción  de derechos y funciones públicas la disminuyó en  igual  proporción. La tasación de los perjuicios materiales y morales la dejó  intacta.    

Debe la Sala pronunciarse sobre el fondo del  recurso interpuesto.   

HECHOS  

          El 2 de agosto de 1.997, en jurisdicción  de  Venadillo,  Xxx  xxxxx xxxxxx xxxxxxx dio muerte a Diego Salazar Gilombo. El  incidente   ocurrió  dentro  de  la  carrocería  de  una  de  las  denominadas  camionetas   de   estaca.   El   conductor  había  permitido  que  Xxx  xxxxx  xxxxxx   y Ángela Rocío  Rocha  viajaran  en  la parte trasera. A la altura de Venadillo, otras personas,  entre  las  que se hallaba Diego Salazar Gilombo, también le pidieron al chofer  que  los transportara hasta Ibagué. Él accedió y estas personas se acomodaron  en  la  misma parte del automotor. A la pareja que inicialmente venía allí, no  le  agradaron  los  nuevos  compañeros.  En un momento dado, Diego Salazar hizo  estallar  una   bomba  de  juguete  y  el  ruido  molestó  a  Xxx  xxxxx xxxxxx . Por eso lo emprendió a  puntapiés    contra    el    rostro    de    Salazar    y    le    produjo   la  muerte.         

ANTECEDENTES  PROCESALES   

Las  siguientes  actuaciones  conforman  el  proceso:   

La  Fiscalía Seccional de Lérida (Tolima),  el 8 de agosto de 1.997, abrió la investigación.   

Recibida  la  indagatoria  a  Xxx  xxxxx  xxxxxx  xxxxxxx  y practicadas  algunas  pruebas,  el  28  de  agosto  de  1.997  se  le resolvió la situación  jurídica.  En  ella  le fue dictada medida de aseguramiento, en su modalidad de  detención   preventiva   sin   derecho  a  excarcelación,  por  el  delito  de  homicidio        preterintencional.   

El  4  de  noviembre  de  1.997, se declaró  cerrada la investigación.   

El 18 de diciembre de 1.997, la Fiscalía 39  Seccional  de  Lérida  calificó  el  mérito  probatorio  del  sumario. En esa  providencia,    acusó    a    Xxx    xxxxx   xxxxxx  xxxxxxx    por    el    delito    de    homicidio preterintencional.   

En  14 de enero de  1.998, se envió el  proceso,  para  lo  de  su  competencia,  al Juzgado  Penal del Circuito de  Lérida (Tolima).   

Finalizada la etapa probatoria y realizada la  audiencia  pública,  el 25  de septiembre de 1.998 se dictó la sentencia.  Xxx  xxxxx xxxxxx xxxxxxx fue  condenado en la forma ya reseñada.     

Apelado  el  fallo  por  el  procesado  y su  defensor, el Tribunal se pronunció como se acaba de informar.   

LA  DEMANDA   

El  impugnante  formula dos cargos contra la  sentencia del Tribunal Superior.   

Primer cargo  

Causal primera de casación, contenida en el  cuerpo  primero  del  artículo 220 del Código de Procedimiento Penal de 1.991.  Motivo:  violación indirecta  de  la ley sustancial (artículo 325 del Código Penal). Sentido: error de hecho  por    falso    juicio   de   identidad,    en    virtud    de    que    el    sentenciador    distorsionó      o      falseó  el  sentido  de  las pruebas que  fundamentó su juicio.   

Así lo sustenta:  

El juzgado de primera instancia consideró  que   Luis  Hernando  Lozano  había        cometido        un       homicidio  preterintencional.  Pero  el  Tribunal, al revisar por  efecto  del recurso de apelación la sentencia, se apartó de esa calificación.  En  vez  de sentenciar por homicidio preterintencional, lo hizo por homicidio   culposo.  Procedió  en  este  sentido,  dice el censor, porque distorsionó el contenido objetivo y el sentido  de  las  declaraciones  de Yanneth Herrada Villanueva, Giovanni Tapiero Moreno y  Rafael  Cárdenas  Araújo,  así  como la diligencia de necropsia practicada al  cadáver de la víctima.    

Estos  testigos  dijeron  que  Xxx   xxxxx   xxxxxx,   para   imprimirle  mayor   fuerza  a  los  puntapiés  que  lanzó  sobre  el  rostro de Diego  Salazar,  se  apoyó  en  las  varillas  de  la  carrocería  del  vehículo. Su  propósito  evidente,  al  actuar  de esta forma, era lesionarlo. Sostener   que  una  acción  de  esos  contornos  y  ese  contenido  está  signada por la  culpa,   y   no   por  el  dolo,  riñe con las reglas  de  la  sana  crítica y las  máximas  de la experiencia.  Un  comportamiento  de  esta  índole presupone necesariamente el concurso de la  voluntad  intencional. Por eso es inexplicable que el Tribunal lo califique como  culposo.   

En este caso, no podía aplicarse, como lo  hizo  el  juzgador, el artículo 37 del Código Penal. La culpa consciente o con  previsión  sólo  puede  provenir  de  la  imprudencia,  la  negligencia  o  la  impericia.  Por  eso  es  manifiesto el error de hecho  en que ha incurrido el sentenciador. Todas las pruebas  apuntan  a  demostrar  que el propósito del autor del delito era lesionar. Pero  el     Tribunal,    por    distorsionar  las  declaraciones de Yanneth Herrada Villanueva, Giovanny Tapiero  Moreno  y  Rafael  Cárdenas  Araújo,  y  también  la  necropsia  realizada al  cadáver    de   la   víctima,   supuso  la  existencia  de  la culpa en la conducta del sentenciado.   

Si el imputado “no alcanzó a pensar nada  sobre  el  resultado”,  dada  su  reacción impulsiva, no puede afirmarse, sin  contradecirse,  como  lo ha  hecho  el  Tribunal,  que  “el  agente  no  previó  el  resultado  que le era  previsible”.    Este    tipo    de    razonamiento  ilógico   condujo   al  fallador  a  sentenciar  por  homicidio  culposo, en lugar  de      haberlo      hecho      por      homicidio  preterintencional.    De    ahí   el   error   de   hecho   por   falso  juicio  de  identidad  en  la  apreciación  de  las  pruebas. Por eso solicita a la Sala  dictar sentencia de sustitución.   

     

Segundo cargo  

Causal  segunda  de  casación  –  numeral  2°.  del artículo 220 del  Código  de  Procedimiento Penal de 1.991-. El Tribunal, sostiene el impugnante,  violó  el  principio  de  consonancia  entre  la resolución de acusación y la  sentencia.   Xxx   xxxxx   xxxxxx   había   sido   acusado   por   homicidio  preterintencional, y sobre la misma base se emitió la  sentencia   de   primera   instancia,  por  homicidio  preterintencional.  Pero  el  juez  de  segundo grado,  llevándose  de  calle  el principio de congruencia respecto de la calificación  jurídica    de    la    conducta,    decidió   condenarlo   por   homicidio culposo.   

Así sustenta el cargo:  

La  resolución  de acusación determina los  límites  del  juzgamiento.  No podía el Tribunal, sin transgredir el principio  de  consonancia,  condenar  al  procesado  por un delito diferente al que estaba  plasmado  en  la resolución de acusación. De esta forma, rompió la estructura  básica  del  proceso  y le violó al procesado, de paso, el derecho de defensa.  Solicita,  entonces,  casar  la  sentencia y, previa revocatoria de lo dispuesto  por  el Tribunal, dictar sentencia de reemplazo, como lo ordena el artículo 229  del   Código   de   Procedimiento   Penal   de   1.991.       

EL    MINISTERIO  PÚBLICO   

De  la  siguiente  manera,  se  pronuncia el  Procurador Tercero Delegado en lo Penal:   

Primer cargo  

La censura no puede encontrar receptividad en  la  Sala.  El problema, como está planteado, no puede ser estudiado por la vía  del  falso  juicio  de  identidad.  El  impugnante  no  demuestra,  mediante una  operación   comparativa,   de   qué   manera,  mirados  objetivamente,  fueron  distorsionados   por   el  Tribunal   los  testimonios  de  Yanneth  Herrada,  Giovanny  Tapiero  y  Rafael  Cárdenas.  Del  mismo  modo,  procede  respecto  de  la necropsia practicada al  cadáver  de  la  víctima. Pasa por alto elaborar un juicio crítico en torno a  la supuesta tergiversación que operó sobre ella el Tribunal.   

El  impugnante  y el Tribunal, para llegar a  conclusiones  diferentes sobre la clase de delito en que incurrió el inculpado,  parten  de  los  mismos  hechos.  Ambos aceptan, y a partir de ahí se forman su  juicio,      no     sólo     que     Xxx     xxxxx  xxxxxx   agredió  a  puntapiés  a Diego Salazar  apoyándose  en  las  varillas  de  la  carrocería  de  la  camioneta, sino que  el   ataque  se originó en una insignificancia y que su muerte se produjo,  no  por  causa  del  golpe  que recibió contra el pavimento al ser bajado de la  camioneta,  sino  por  efecto  de  la golpiza de que lo hizo objeto Xxxxx xxxxxx.   

La  diferencia  se presenta en la forma como  las  dos  partes aprecian las  pruebas.   En  estas  condiciones,  el  reproche  debió  orientarse  contra  la  forma   de   razonar   del  sentenciador.  Pero no por la vía del falso juicio de  identidad,  por  cuanto  del examen de lo expuesto por  el    demandante   y   en   la  sentencia  del  Tribunal,  aflora  absoluta  correspondencia  entre  la objetividad de las pruebas que sirvieron de soporte a  uno  y  a  otro  para  llegar  a  su  propia  conclusión.  Al  casacionista  le  correspondía  demostrar,  apelando  al error de hecho  por  falso  raciocinio,  que las inferencias obtenidas  por  el  fallador  estaban  cimentadas  en  la inobservancia de las reglas de la sana crítica.   

   

Segundo cargo  

Se  equivoca  también  el  recurrente en la  proposición  de  este  cargo. La resolución de acusación, contra su criterio,  no  ata  fatalmente  al juzgador. El juez puede apartarse de la calificación de  la  conducta,  siempre y cuando la nueva adecuación típica se encuentre dentro  del  mismo  título y el mismo capítulo en los que se halla la que fue sustento  de  la resolución de acusación.  Así procedió el Tribunal. No varió el  género  del  delito.  Sólo  su especie. La calificación se mantuvo dentro del  mismo  título  y el mismo capítulo dentro de los cuales trata el Código Penal  de  1.980  el  delito  de  homicidio.  El  hecho  de que haya considerado que el  incriminado   debía   ser  condenado  por  homicidio  culposo  y  no por homicidio  preterintencional, como lo decidió el juez de primera  instancia,  no  viola  el  principio  de  congruencia  entre  la  resolución de  acusación y la sentencia.   

CONSIDERACIONES   

La  Sala  casará la sentencia impugnada con  fundamento    en    el    primer   cargo    propuesto    por    el    recurrente,    por    los   siguientes  motivos:   

1.  La  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  producida por error de hecho por falso raciocinio, ha sido explicada  por  la  Corte  en  varias  ocasiones. Así, por ejemplo, en casación del 26 de  junio    de    200211   

, expresó lo siguiente:  

“Si  se  denuncia  falso  raciocinio  por  desconocimiento  de  los  postulados  de  la sana crítica, se debe indicar qué  dice  de  manera  objetiva  el  medio,  qué  infirió de él el juzgador, cuál  mérito  persuasivo le fue otorgado, señalar cuál postulado de la lógica, ley  de  la  ciencia o máxima de la experiencia fue desconocida, debiéndose indicar  cuál  es  el  aporte científico correcto, la regla de la lógica apropiada, la  máxima  de  la  experiencia  que  debió  tomarse  en consideración y cómo, y  finalmente,  demostrar  la  trascendencia  del error indicando cuál debe ser la  apreciación  correcta  de la prueba o pruebas que cuestiona, y que habría dado  lugar   a   proferir   un   fallo   sustancialmente   distinto   y   opuesto  al  ameritado”.   

El   actualmente  denominado  falso  raciocinio,  sin  embargo,  en  el  pasado  reciente  era  una  de  las especies del falso  juicio  de  identidad.  Así las cosas, si en el fallo  impugnado  era  localizada  una  falta  a  la  sana  crítica,  el reproche y la  sentencia  de  casación  debían  dirigirse  precisamente  por esta ruta.    

Un   ejemplo  jurisprudencial  ilustra  la  afirmación.    En    casación    del    6    de   mayo   de   199822   

-tras   afirmar   que   el  error por tergiversación del contenido fáctico de la prueba y  la  equivocación que se comete en el intento de evaluación racional o crítica  de  los medios de convicción, son manifestaciones del  error  de  hecho  por  falso  juicio  de identidad-, la  Corte dijo esto:   

“…una  cosa  es  cercenar  o incrementar  materialmente  el  contenido  de  la  prueba  y,  conforme  con  esa distorsión  inicial,  derivarle  una  significación que le es extraña; pero algo diferente  es   tomar  el  medio  probatorio  en  toda  su  entidad  fáctica  mas   no   valorarlo   racionalmente   o  suponer  una conclusión probatoria con un fundamento  empírico,  lógico o científico como mero pretexto o que en realidad no emerge  del  material  probatorio.  En palabras de ejemplo, la  primera  modalidad  se refiere al caso en que el juez afirma en la sentencia que  el  testigo  X  asevera  que  vio al sindicado en el lugar de los hechos, cuando  aquél  apenas  informa  que  le  parece  haber  visto  una  persona  de  rasgos  similares;  o si el mismo deponente sostiene que, inmediatamente después de los  hechos,  el  procesado  corría  y  fue sorprendido con un revólver en la mano,  pero  el  funcionario judicial expresa en la sentencia que el testimoniante dijo  que  vio  simplemente  cuando  el imputado caminaba rápido y que otro individuo  era  el que corría con un arma en la mano. La segunda  modalidad  del  falso juicio de identidad surge cuando,  en  el  primer  caso,  el  juez  declara  que,  en  virtud  de  las  palabras no  controvertidas  de  X,  sin  duda  el autor del homicidio fue el sindicado, pero  ha  prescindido  de  cualquier  examen  empírico  y  lógico   de  las  condiciones  en  que  percibió  el  testigo;  se  le  olvida la consideración del momento declarativo de la prueba;  omite  la  confrontación  con  otras  pruebas  que  dicen lo contrario; soslaya  razonamientos  sobre  la  fiabilidad subjetiva del testigo, puesta en entredicho  por  su  anterior  enemistad con el sindicado; todo lo  cual  indica que en esa conclusión imperó la arbitrariedad y el juez abandonó  completamente  el  método  de  la  sana  crítica  de  las  pruebas…”.   

“…si la orientación del cargo es por la  evaluación  crítica  de  la  prueba, la argumentación se torna más exigente,  pues,  si  se  tiene  en  cuenta que en nuestro medio rige la libre apreciación  judicial  de  las  pruebas,  el censor tendrá que demostrar que definitivamente  no   hubo   racionalidad  sino  arbitrariedad  en  la  construcción  de  las  premisas  y  la  obtención  del  dato  emergente  de la  inducción probatoria” (destaca la Sala, hoy).   

Es  claro,  entonces, que el abandono de los  componentes  de  la  sana  crítica,  ayer  y  actualmente, pueden generar   infracción  mediata  de  la  ley sustantiva, por error de hecho. Solo que antes  tal    reproche   debía   ser   propuesto   como   especie   del   falso  juicio de identidad, mientras ahora  –y    desde    hace  relativamente    poco    tiempo-    es    posible   hacerlo   por   falso  raciocinio.  Y  para  la época de  presentación    de    la   demanda   dentro   de   este   asunto   –26  de  agosto de 1999- aún se podía  hablar  de  aquél  respecto de los equívocos mencionados. Y esta reflexión no  es  extraña  ni  nueva pues la Corte ya la ha venido haciendo, como se percibe,  vgr.,     en     casación     del    30    de    mayo    de    200233.   

2.  Frente  al  primer cargo, formalmente la  demanda  presentada por el Procurador Delegado ante el Tribunal de Ibagué no es  rígida  y  estrictamente  correcta.  Pero  su  mensaje,  su  contenido,  sí es  nítido. En efecto:   

a) Acusó la sentencia de ser indirectamente  infractora  de  la  ley  sustancial  por error de hecho derivado de falso  juicio  de  identidad. Pero apuntó  al  equivocado raciocinio de  la  corporación.  Dijo:  “…de  ser  violatoria  de  una  norma  de  derecho  sustancial  de  modo  indirecto,  por  error  de  hecho,  por  falso  juicio  de  identidad,  ya  que  los  sentenciadores  mayoritarios  de  la segunda instancia  distorsionaron   o  falsearon  el  sentido de la  prueba    en    que    fundan    su    juicio   de   forma   que   su  interpretación  por  ellos  vale  lo  mismo que haberla supuesto” (se resalta).   

b)   Mas  adelante  señaló  –reiteró-   que  el  Tribunal  había  falseado   o   distorsionado   el   sentido   de  la  prueba  en  que  fundó  su  juicio,   de   tal   manera   que   su   interpretación  de  la  misma equivale a  suposición probatoria.   

c)   Añadió   que   a  ese  error  de  juicio arribó el Ad  quem porque distorsionó el contenido  objetivo  y  el  sentido de las declaraciones de tres  testigos  y  de  la  autopsia. Y siguió: “…resulta  contrario  a  toda  la  evidencia  probatoria  de  los autos y a la sana   lógica   y   a  la  experiencia   humana,   pretender  hacer  creer,  que  alguien  en estado emocional violento, se apoye en unas varillas de  la  carrocería del vehículo, para de allí propinar de puntapiés en el rostro  a  otro,  en forma reiterada, y que no tenga el propósito de dañar, de inferir  en  el  rostro  y  en  el  cuerpo  de  la  víctima  lesión alguna, y que pueda  predicarse  que  tal acción es solo culposa, porque dizque el agente no previó  el resultado de la muerte que le era previsible”.   

d) Y luego reseñó las normas en su opinión  vulneradas,  la  trascendencia  de  los equívocos, a la vez que pidió casar la  sentencia  y  reemplazarla por la correspondiente, es decir, aquella que imponga  responsabilidad          por         homicidio  preterintencional.   

Como  se  ve,  el  actor, ciertamente sin la  plenitud  del  léxico casacional exacto, tiene  claro su propósito: pedir  la   revocación  de  la  sentencia  porque  el  Tribunal  incurrió  en  yerros  relacionados   con   la   sana   crítica.   Dicho  de  otra  manera:  aún  con  inconvenientes  de  presentación,  atina  a  la  violación indirecta por falso  juicio   de   identidad,   debido   al   desconocimiento   de  las  reglas de la experiencia.   

3.  El juez de primera instancia condenó al  procesado            por           homicidio  preterintencional.    Sus    bases    fueron    las  siguientes:   

a)  En  la parte de atrás del vehículo se  hallaban  cinco  personas:  Diego  Salazar  Gilombo,  Yaneth Herrada Villanueva,  Oscar   Giovanni   Tapiero   Moreno,   Rafael   Cárdenas  Araujo,  Xxx  xxxxx  xxxxxx  xxxxxxx, Ángela Rocío  Rocha  Soto, y otros dos individuos, amigos de Ángela Rocío y de Luis Hernán.  Luego  de  expresiones  lanzadas a Lozano y a la señora Rocha por Salazar, como  que  les  decía  “tan  picados”,  a  la vez que hacía estallar una bomba o  globo  de  caucho,  alterada  la  dama,  Xxxxx  xxxxxx  se colgó de las varillas superiores que sostenían la  carpa  del  vehículo,  y  “le  propina  dos  golpes en su rostro –a   Salazar-   con  sus  extremidades  inferiores,  causándole a la postre la muerte, hechos ocurridos aún dentro del  casco urbano de Venadillo (Tol)”.   

b) Con el acta de levantamiento del cadáver  y  con  el  informe  elaborado  por  el C.T.I. se encuentra demostrado que “la  muerte       obedece       a      ‘descerebración’,  al presentar luxación de la articulación atlanto axoidea debido  a   ruptura   de   la   médula   espinal   lo  que  produce  inmediatamente  la  muerte”.   

c) De las declaraciones de Herrada, Tapiero  y    Cárdenas,    resulta   que   Lozano  se  levantó  de la silla que ocupaba junto a su novia en la parte  trasera   de   la   carrocería   “le   propina   dos  violentas  ‘patadas’  a SALAZAR GILOMBO en su cien derecha  y  luego  sobre  la boca, produciéndose de inmediato su estado de inconciencia,  intentando igualmente agredirlo la novia del procesado…”.   

d)  Y  después,  tras  comparar y analizar  estas  declaraciones  con  otras  que obran en el expediente, con la inspección  judicial  y  con  el  acta  de  necropsia,  concluyó,  sin  duda  alguna, en la  responsabilidad    de   Xxxxx   xxxxxx   por homicidio preterintencional.   

4.  El  Tribunal  tomó  su  decisión  con  fundamento en lo siguiente:   

a)  En  cuanto  a  los  hechos, “…DIEGO  SALAZAR  GILOMBO  fue  golpeado  en  la  cabeza  por  XXX  XXXXX XXXXXX XXXXXXX,  lesiones   que  le  produjeron  la  muerte”.  Como  suceso  objetivo,  SALAZAR  “recibió    golpes   contundentes   quedando   inconsciente,   con   sangrado  bucal…”.   

b)  En torno a la autoría, admitió que el  procesado  se lanzó hacia la víctima “…a darle puntapiés, o patadas, como  se  dice  popularmente, resultando inmóvil  el agredido, se le  bajó  posteriormente  y  dice  la defensa que fue esta acción la que produjo el golpe  mortal contra el pavimento o sardinel”.   

c) Luego de demostrar la ausencia de razón  en  el  apoderado  del sindicado, quien planteaba como causa del deceso un golpe  sobre  el  pavimento  después  de que la víctima fuera jalada y descendida del  vehículo,  expresó: “…lo dado por XXX XXXXX XXXXXX XXXXXXX a DIEGO SALAZAR  GILOMBO  inmediatamente  se  rompió  el  globo FUE ALGO MAS QUE CARICIAS Y ESOS  GOLPES  DESENCADENARON  LA MUERTE DE ESTE, luego el comportamiento se adecúa en  la  descripción  típica  del  artículo 323 del C. P. Adelante se definirá la  especifidad DE ACUERDO CON LA CULPABILIDAD”.   

d) Aceptada por el Tribunal la prueba sobre  cómo  ocurrieron  los hechos, en materia de culpabilidad agregó, textualmente:   

“Entendiendo   el   desenlace   de  los  acontecimientos  conforme lo narra el SEÑOR DELEGADO DEL MINISTERIO PUBLICO, EL  IMPUTADO  SI  BIEN  PREVIO QUE PODRIA DAR MUERTE CON SU COMPORTAMIENTO CONFIO EN  QUE  ESTA  NO  SE PRESENTARIA. Esto se deduce porque él, al igual que los otros  pasajeros  de  la  camioneta  y  el chofer no pensaron que DIEGO SALAZAR GILOMBO  moriría  porque  lo  bajaron  del  automotor  convencidos  en  que  después se  repondría   para  continuar  el  viaje  en  otro vehículo. Tan válido es  estimar  que  XXX  XXXXX XXXXXX XXXXXXX no tuvo el dolo de las lesiones, como el  dolo  eventual  (descartado por la acusación), como, simplemente, CULPA para el  homicidio  previsto  pero  confiando en que lo podría evitar. Simplemente quiso  XXX  XXXXX  XXXXXX  XXXXXXX  castigar, reprender, a DIEGO SALAZAR GILOMBO por lo  que   estimó   actitud   desafiante,  grosera,  al  romper  un  globo”.    

“En la misma forma en que se ha desechado  el  DOLO EVENTUAL para estimar el DOLO DIRECTO DE LAS LESIONES, también se debe  estimar  que  existió  la  CULPA PARA EL HOMICIDIO. Si quitamos el dolo para el  homicidio,  también  debemos  quitar el dolo de las lesiones, quedando la culpa  del  homicidio.  Se  trató  de  un  acto  precipitado, explosivo, impensado, en  donde,  probablemente, el imputado no alcanzó a pensar nada sobre el resultado,  jamás  estimo  que  diera  muerte a una persona, ni que la lesionaría en forma  significativa que fuera trascendente”.   

“Si  se concluyera que el inexperto joven  reclamó   brutalmente  por  la simple ruptura de un juguete consumido tuvo  alguna  culpabilidad  penal,  debería concluirse que esta fue  en el grado  de  DOLO  DIRECTO  O  DOLO  EVENTUAL,  MAS  SI  SE  DESCARTAN  ESTOS NO SE PUEDE  SELECCIONAR  EL  GRADO  INMEDIATO como si se estuviera tarifando. Si se concluye  que  se  PENSO  O  QUISO  LESIONAR  PARA  LLEGAR  A  LA PRETERINTENCION, SE DEBE  ANALIZAR  CON  MAS  SIGNIFICACIÓN QUE SE PREVIO LA MUERTE PERO SE CONFIO EN QUE  NO  SE  PRESENTARIA,  con  lo cual se establece que la culpabilidad quedó en el  grado  de  LA  CULPA CONSCIENTE RESPECTO AL HOMICIDIO SIN QUE SE HUBIERA PENSADO  EN INTENCIÓN ALGUNA RESPECTO A LAS LESIONES”.   

“Al  estimar  que  se  actuó  con  CULPA  CONSCIENTE  la punibilidad se traslada al artículo 329 del C. P. y en esa forma  deberá modificarse”.   

5. De lo relacionado hasta aquí, se llega a  las siguientes conclusiones parciales:   

a)  El  Tribunal  estuvo  de acuerdo con lo  señalado  por  la  prueba, inclusive con la expresión que de ella hicieron eco  el  Juez  Penal del Circuito de Lérida y el Ministerio Público. Las evidencias  demuestran  que  sin duda el procesado, iracundo y asido de las varillas que dan  soporte  a  la carpa del automotor, se abalanzó sobre la víctima y le propinó  por  lo  menos  dos puntapiés que hicieron blanco en el rostro de ésta, lo que  tuvo  como  consecuencia  que  por  ello,  inmediatamente,  Salazar  Gilombo  se  desplomara  en  estado  de inconciencia. Es lo objetivo de lo acaecido y así lo  asumió el Tribunal.   

b)  De tal suceso, el Tribunal infirió que  había  culpa,  previa negación del dolo de lesiones y de la culpa subsiguiente     en     materia     de  homicidio.   

c) La corporación le dio mérito total a la  prueba,   al   punto   que   modificó   el   fallo   para   tornar  una  muerte  preterintencional en culposa.   

d)  La  experiencia,  la  vida  cotidiana,  enseña  que  si  una persona sana, consciente, arremete a golpes de pié contra  la  cabeza  de  otra,  está  guiada  por la intención y la voluntad de, por lo  menos,      herirla.      Es     impensable     que     alguien     –imputable,  como  lo  era Xxxxx  xxxxxx,  tal  como  lo  aceptó  el  Tribunal-  se  lance  contra otro con sus pies y lo golpee en la testa sin tener  el ánimo de causarle daño.   

e)  El  Tribunal,  contra  aquella máxima,  contra   ese   sentido   común,  dedujo  que  la  escena  descrita  constituía  culpabilidad   culposa,   es   decir  –como  afirma  el  casacionista-  que  Xxxxx  xxxxxx la había emprendido contra Salazar Gilombo por  imprudencia,  impericia, negligencia o violación de reglamentos o, expuesto con  otras  palabras, que el victimario había tumbado cruelmente a Salazar omitiendo  el  deber de cuidado exigible en el caso concreto. No hay duda, entonces, que la  conclusión   del  Ad  quem  contraría  toda  lógica  y  toda  experiencia, es decir, que es producto de la  irracionalidad, de la arbitrariedad, más que manifiestas.   

f)  El razonamiento puro frente a la prueba  tenía  que  se otro: con esa entidad de la golpiza, el joven agresor sabía que  lesionaría  al  ofendido;  y  que era previsible, como lo calcularía cualquier  hombre  medio,   la  producción  de la muerte, dado el lugar al que fueron  dirigidos los puntapiés.   

g)  El  error  del Tribunal fue mayúsculo,  pues      que      convirtió      una      decisión     justa     –la   de  primera  instancia-  en  una  decisión  injusta  e  injurídica:  demostrados  unos hechos para los cuales el  legislador  ha  previsto  una  punición, sin sentido alguno los tornó en otros  para  degradar  considerablemente la sanción y, casi de inmediato, reconocer el  derecho a la libertad.   

h) Y, finalmente, es incontrovertible que el  Tribunal   –frente  a  la  prueba-  ha  debido confirmar la sentencia porque el A  quo no solamente tenía razón sino porque a espacio y  con cuidado, sentó su justo criterio.   

6.  Y  la conclusión final es evidente. La  sentencia  impugnada  tiene  que  ser  desconocida  porque  indiscutiblemente el  Tribunal  incurrió en protuberante falso raciocinio, pues transgredió en forma  abrupta  el  contenido de la sana crítica. Por tanto, debe la Corte sustituirla  por la que corresponda a derecho.   

7.  Con  fundamento  en  lo  dicho, la Sala  tomará las siguientes determinaciones:   

a)  Casar  la sentencia objeto del recurso,  con  base  en  el  artículo  229  del  Código  de  Procedimiento Penal de 1991  –actualmente,  artículo  217-.   

b)  Reemplazar  el  fallo,  retornando  la  vigencia  a  la  sentencia  de  primera instancia, que condenó al procesado por  homicidio  preterintencional  y  le  impuso  doce  (12) años y seis (6) meses de prisión, cinco (5) años de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas,  así  como el pago de 500  gramos  oro  por  perjuicios  materiales  y el equivalente a la misma cantidad a  título de indemnización de los daños morales.   

c) Debido a la vigencia de un nuevo Código  Penal  que  en  materia  de homicidio es mas favorable que el anterior estatuto,  redosificar la pena y sus consecuencias, de la siguiente manera:   

Uno. El Juez Penal  del  Circuito  de  Lérida  fijó  prisión  de 12 años y 6 meses, es decir, el  mínimo  punitivo  imponible  luego  de  hacer  las  reducciones que ordenaba el  artículo  325 del Código Penal de 1980, respecto de su artículo 323. Hecha la  conversión   a   partir   del   Código   Penal   del  año  2000  –artículos 105 y 103-, la pena para el  homicidio  preterintencional  oscilaría  entre  6  años y 6 meses –mínimo-   y   16  años  y  7  meses  –máximo-.  Siguiendo los  derroteros  del  A  quo,  la  pena  corporal  será de seis (6) años y seis (6)  meses.   

Dos.   La  sentencia  de  primera  instancia estableció la pena accesoria de interdicción  en  cinco  (5)  años,  cantidad que se incrementará hasta la cantidad prevista  como   prisión,   acorde   tanto   con  la  legislación  pasada  como  con  la  actual.   

Tres.   Lo  relacionado  con  los  perjuicios,  mantiene  su  incolumidad,  como también lo  había dispuesto el Tribunal.   

Cuatro.  Resultado  de  su  decisión, el  Tribunal   otorgó  libertad  provisional  al  procesado,  previa  solicitud  de  libertad  condicional hecha  por  su  defensor.  Estimó  que  se  habían cumplido las 2/3 partes de la pena  impuesta    y    que    nada    se    oponía   al   requisito   subjetivo   del  subrogado.   

Ahora,  la  libertad  deberá  ser revocada  porque   no  procede  ningún  mecanismo  desprisionizante.  No  la  condena  de  ejecución  condicional,  por  cuanto la pena privativa de la libertad excede de  tres  (3)  años;  tampoco  la  libertad  condicional,  porque  habiendo  estado  detenido  21  meses y 5 cinco días y descontado 3 meses y 2 días por trabajo y  estudio,  24  meses  y  7  días  no  alcanzan  a  conformar  las  3/5 partes de  cumplimiento  que  se  exigen  para  efectos  de  la  liberación  por  libertad  condicional.  Y  tampoco  la  prisión  domiciliaria como sustitutiva, porque la  pena  mínima  prevista  en la ley para el homicidio preterintencional excede de  los  5  años  máximos  a que alude el numeral 1º. del artículo 38 del actual  Código  de  Procedimiento  Penal.  Por  tanto,  se  dispondrá  la  captura del  procesado,  tarea  que  deberá  realizar  el Juzgado  Penal del Circuito de Lérida.   

Finalmente,  dígase  que  prosperando  el  primer  cargo  propuesto en la demanda, resulta inocuo cualquier pronunciamiento  sobre el segundo.   

Con  base  en  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE   

Primero.  CASAR  la sentencia impugnada.   

Segundo. CONDENAR  a   XXX   XXXXX   XXXXXX  XXXXXXX     como    responsable    del    homicidio  preterintencional que tuvo como víctima a Diego Salazar Gilombo.   

Tercero. Imponer a  XXX  XXXXX  XXXXXX  XXXXXXX  prisión  de  seis  (6)  años  y  seis (6) meses, como pena principal, el mismo  lapso  como  interdicción del ejercicio de derechos y funciones públicas, como  sanción accesoria.   

Cuarto. Ordenar al  condenado  el  pago de la indemnización de los daños y perjuicios causados con  el  delito,  tal  como  lo  plasmó  el  Juzgado  Penal  del Circuito de Lérida  –Tol- en su sentencia del  25 de septiembre de 1998.   

          Quinto.  No  reconocer  el  derecho  a la  libertad   a   XXX  XXXXX  XXXXXX  XXXXXXX  y,  por  tanto,  disponer  su  captura, labor que deberá realizar  el A quo.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE E.  CÓRDOBA    POVEDA                        

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS                          CARLOS    A.    GÁLVEZ  ARGOTE   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ GALLEGO              ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

CARLOS E.  MEJÍA  ESCOBAR                  NILSON  E.  PINILLA  PINILLA            

         

                                      TERESA RUIZ NÚÑEZ   

                                               Secretaria   

    

1  Radicación No. 11.451, M. P. Fernando Arboleda Ripoll.   

2  Radicación  No. 10.949, M. P. Jorge Aníbal Gómez Gallego. G. J. T.CCLIV, 1er.  Semestre de 1998, número 2493, Vol. II, págs. 131/2.   

3  Radicación No. 13.026, M. P. Jorge Aníbal Gómez Gallego.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *