15688(18-04-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 15688  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

DR. EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta No. 44  

          Bogotá,   D.C.,   dieciocho   (18)   de   abril   de  dos  mil  dos  (2002).   

          Decide  la  Corte  el recurso de casación interpuesto en defensa de  EDWIN      VALENCIA      MÁRQUEZ     contra  la  sentencia  de fecha noviembre 5 de 1998, por medio de la  cual  el  entonces  Tribunal  Nacional  revocó la absolución con la que había  sido  favorecido  en  primera instancia, para condenar al mencionado procesado a  la  pena  principal  de  cuarenta  y  dos  (42) meses de prisión como autor del  delito   de   porte   ilegal   de   armas   de  uso  privativo  de  las  Fuerzas  Armadas.   

HECHOS  

          De  los  fallos de instancia se sabe que en la noche del 25 de julio  de  1996,  agentes  de  la Policía Nacional adscritos a la estación de Cartago  (Valle),  al  ser  informados de un altercado que se estaba sucediendo entre los  ocupantes  de  un campero Mitsubishi y algunos motociclistas, hicieron presencia  en  el  sector  de  la  calle  3ª con carrera 3ª de la citada localidad, donde  sometieron a requisa a estos últimos.    

          Durante  la  maniobra acudieron al lugar  los  tripulantes  del  otro  automotor, al parecer bajo el influjo de sustancias  estupefacientes  y  con  propósitos  vindicativos  por  la  agresión de la que  habían  sido  víctimas  momentos  antes por parte de los motociclistas, uno de  ellos  en  posesión  de  una  granada  de  fragmentación  y  quien en medio de  insultos  amenazó con activar el artefacto.   

          El  agresor  fue  sometido  y  capturado  junto con su acompañante,  identificados   después  como  DIEGO  ARMANDO  TREJOS  OCAMPO   y  EDWIN  VALENCIA  MÁRQUEZ.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

          Abierta    la   investigación   y   vinculados   los   aprehendidos  TREJOS   OCAMPO   y   VALENCIA  MÁRQUEZ  mediante  indagatoria,  la Fiscalía Regional de Cali les definió la situación jurídica  en  providencia  del  6  de  agosto  de  1996.   Al  primero lo afectó con  detención  preventiva  por  infracción  del  artículo 2º del Decreto 3664 de  1986,  erigido  en norma permanente a través del Decreto 2266 de 1991, en tanto  que   dispuso  la  libertad  del  segundo  al  echar  de  menos  los  requisitos  probatorios para extenderle la medida de aseguramiento.   

          Cerrada  la  investigación  y  surtido  el  traslado  de  rigor, el  instructor   calificó  su  mérito  probatorio  el  7  de  marzo  de  1997  con  resolución  de  acusación  en  la  que  le  derivó  a  los  dos sindicados la  coautoría  en  el  porte  ilegal  de  armas  de  uso  privativo  de las fuerzas  armadas.   El defensor de los procesados interpuso el recurso de apelación  contra  la  providencia  enjuiciatoria;  sin embargo, antes que se le impartiera  trámite desistió de tal impugnación.   

          En  la etapa del juicio el procesado TREJOS  OCAMPO se acogió a la sentencia anticipada, de manera  que  la  actuación  prosiguió  respecto  de  VALENCIA  MÁRQUEZ  exclusivamente.    Así las cosas,  concluido  los períodos probatorio y de alegación, un Juzgado Regional de Cali  profirió  el  fallo  fechado  el  31  de  julio de 1998, en el que absolvió al  segundo de los citados del cargo erigido en la acusación.   

          En  virtud  del  grado  jurisdiccional  de  consulta y acogiendo los  planteamientos  esbozados  por  el Ministerio Público en el concepto emitido en  segunda  instancia,  el  Tribunal Nacional en pronunciamiento del 5 de noviembre  de  1998  revocó  la  decisión  del  a  quo.   En  su  lugar, condenó al  vinculado  VALENCIA MÁRQUEZ a  la  pena  principal  de  cuarenta  y  dos  (42)  meses de prisión en calidad de  coautor  del  delito  de  porte  ilegal de armas de uso privativo de las fuerzas  armadas,  definido  en el artículo 2º del Decreto 3664 de 1986 y adoptado como  legislación permanente en el Decreto 2266 de 1991.   

El   procesado   interpuso   el   recurso  extraordinario  de  casación,  que  su apoderado sustentó a través del libelo  sobre el cual decide ahora la Sala.   

LA DEMANDA  

          El  defensor  invoca  la  causal  de  violación indirecta de la ley  sustancial,  por  error  de  hecho  derivado del falso juicio de identidad, pues  “el fallador al hacer la  inferencia  de  los  medios probatorios”       les       asignó       certeza       sobre      “la   existencia  de  una  empresa  o  designio  criminal,  donde en forma consciente y voluntaria hubiese el procesado  Edwin   Valencia   Márquez   acordado”  la  comisión del comportamiento reprimido en el artículo 2º del  Decreto 3664 de 1986.   

          En orden a la pretendida fundamentación  del  reparo,  el  libelista  destaca  que cuando el juzgador ad quem dedujo esta  comunidad  en  el propósito delictivo de la aparición de su representado en el  lugar  de  los  hechos,  específicamente,  en  el  instante  que los policiales  pretendían  despojar  al  también  sindicado  Trejos  Ocampo  de  la  granada,  incurrió   en   el   dislate   acusado  pues  tal  juicio  carece  “de  soporte  antecedente,  no existen  hechos   antecedentes   ni   concomitantes   a   lo   ocurrido   que   así   lo  demuestren”.   

          A  tal  conclusión se arriba, según el  censor,   al   considerarse   los   siguientes   hechos:   La  ausencia  de  antecedentes  penales  o  de  policía  respecto de los sindicados; que no está  probada  en  autos  la existencia de problemas anteriores entre los procesados y  los  motociclistas;  ante  la demostración de los daños ocasionados al campero  sin  descartarse  además su causación con un arma de fuego; que ante el ataque  del   cual   fueron   víctimas  los  acusados,  de  haber  tenido  TREJOS  OCAMPO la granada con anterioridad  la  habría  utilizado  para  repeler  la  agresión  de  los  motociclistas; la  inocuidad  de las amenazas lanzadas por aquél ante la formación militar de los  uniformados  que  le  hicieron  frente.   En fin, porque de lo “anotado se deduce que el procesado no  podía  tener en su poder y con antelación al ataque contra el Mitsubishi dicho  artefacto”.   

          Alega    otras    circunstancias    con    idéntica    orientación  argumentativa,  concretamente,  que  ante  el  ataque  de  los motociclistas los  ocupantes  del  campero huyeron del sitio en forma separada,  por lo tanto,  surgen  veraces las explicaciones rendidas por VALENCIA  MÁRQUEZ  sobre  los motivos por los cuales acudió al  lugar  donde su amigo Trejos Ocampo era sometido a requisa, máxime que de haber  comparecido  conjuntamente  este  último blandiendo la granada y el primero con  detentación  de  la  pistola de gas que resultó un encendedor, como se afirmó  en autos, los policiales habrían reaccionado abatiéndolos.   

          Así  las  cosas, concluye el censor, por haber relegado el Tribunal  “los anteriores soportes,  ha  redundado  en  su  falso  juicio  que le ha llevado a concluir que entre los  procesados  había toda una programación e ideación criminal para la comisión  del    hecho    punible;    lo   que   es   totalmente   inexistente”.   

          En  otro capítulo el demandante precisa que resultaron violadas, en  forma  indirecta,  los  artículos  39  y  202  del  Código Penal, “al  haber considerado el fallador que  el  haz  probatorio  daba la certeza…”  requerida  para  el  fallo  de  condena  en  el  artículo 247 del  anterior Código de Procedimiento Penal.   

          Finalmente        bajo        el        epígrafe       “Incidencia   en   el   fallo  de  la  violación      indirecta     de     las     normas     sustanciales”,  el  censor  señala que el error de  apreciación  probatoria  denunciado  “conllevó  a  que  se  radicara  en  responsabilidad  penal a Edwin  Valencia  Márquez”, y que  de no haberse incurrido en él la sentencia sería absolutoria.   

          Con  apoyo en los anteriores argumentos,  el  impugnante   solicita a la Corte que case el fallo impugnado y profiera  un fallo de sustitución en el cual se exonere  a su asistido.   

CONCEPTO DE LA PROCURADURÍA  

          La  Procuradora Cuarta Delegada afirma que el demandante desconoció  la  técnica  que  gobierna el recurso extraordinario, pues en el desarrollo del  cargo  no  obstante  plantear la distorsión material de los elementos de juicio  allegados  al  expediente,  simplemente  se dedicó a desconocer la apreciación  probatoria  planteada por el juzgador pretendiendo con ello la prevalencia de su  criterio personal e interesado.     

           Aludió   el  censor  entonces  a  los  testimonios  de  los  policiales  y a la indagatoria de los sindicados, pero sin  intentar  demostrar el falseamiento de su contenido literal avanzó seguidamente  en  la interpretación subjetiva de algunos de los medios de prueba para extraer  en  últimas  sus  propias  inferencias, según las cuales el también implicado  TREJOS OCAMPO no podía tener  en  su  poder la granada con antelación al ataque del cual fueron víctimas por  parte  de los motociclistas, pues de haber sido así la habría utilizado contra  éstos.   

          Por  otra  parte,  destaca  el  Ministerio  Público,  el  libelista  reivindica   la   veracidad   de  las  explicaciones  del  acusado  VALENCIA   MÁRQUEZ   y  su  ausencia  de  antecedentes  judiciales  o  de  policía,  de  quienes  atesta tampoco tuvieron  problemas  anteriores  con  los motociclistas.  En síntesis, la censura se  traduce  en  la  mera discrepancia con el criterio del Tribunal pasando por alto  que  el  fallo  de segundo grado arriba a la sede extraordinaria amparado por la  doble presunción de acierto y legalidad.    

          Advierte además, que si el casacionista  pretendía  cuestionar  la  valoración  del  juzgador  ad quem debió acudir al  error  de hecho por falso raciocinio, caso en el cual le correspondía acreditar  el  quebranto  de  los  postulados  de  la  sana crítica, no limitarse al nuevo  examen  de  las  pruebas  para  anteponer  su  particular  punto de vista al del  fallador.    

           Por   todo   lo   anterior  colige  la  improsperidad  y,  en  consecuencia,  sugiere  a  la Corte no casar la sentencia  impugnada.   

         

         

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          En  la demanda presentada en defensa del  procesado  VALENCIA MÁRQUEZ,  como   lo   advierte  la  Procuraduría,  resultan  palmarias  las  deficiencias  técnicas  por razón de las cuales el libelo se traduce en un simple alegato de  instancia,  donde  no  se  intenta  demostrar  siquiera el yerro de apreciación  probatoria endilgado al juzgador ad quem.   

          Así,  el  casacionista  propone  un  único  cargo  en el marco del  cuerpo  segundo  de  la causal primera de casación, por violación indirecta de  los  artículos 39 y 202 del anterior Código Penal, este último modificado por  el  artículo  2º  del Decreto 3664 de 1986, desacierto que arguye derivado del  error  de  hecho  por  falso juicio de identidad incurrido en la apreciación de  los  medios  de prueba incorporados a los autos, pero que deja finalmente sumido  en  el mero enunciado, esto es, relegándose el censor de la comprobación de su  realidad,  más  aun,  de  su  incidencia  en  la  parte  resolutiva  del  fallo  impugnado.   

          En  efecto,  el libelista en manera alguna desarrolló el reproche a  través  de  las  exigencias  propias  de  la  modalidad de dislate argüido, de  carácter  puramente  contemplativo y que se configura, conforme ha precisado de  manera  pacífica  la  Sala,  cuando  el  juzgador cercena, altera o adiciona la  significación  objetiva  de  la  prueba  haciéndola producir efectos que no se  derivan  de  ella.    Por  lo  tanto,  ante  una  alegación  de  esta  naturaleza,  al  impugnante  le  corresponde  precisar  en  primer término y de  manera  obvia,  los  elementos  de persuasión indebidamente apreciados, cotejar  después  su expresión material, recogida en el acta o el documento respectivo,  con  la  que  les  fue  asignada en el fallo atacado demostrando de este modo la  distorsión  de  su  contenido,  para  acreditar  en  últimas y a partir de las  anteriores   premisas,   que  el  dislate  puesto  en  evidencia  determinó  el  pronunciamiento equivocado del juzgador.   

          En  el  libelo  examinado  el  defensor  lejos  de  satisfacer estos  ineludibles  requerimientos,  al  desarrollar el reparo descalificó de antemano  las  conclusiones  probatorias  del Tribunal en punto de la coautoría predicada  en  la  comisión  de  la  conducta punible y no obstante haber sido sorprendido  sólo  uno de los capturados en la detentación ilegal del arma de uso privativo  de  las  Fuerzas  Armadas,  confrontadas  seguidamente  con  las  que  desde  su  particular   e  interesada  perspectiva  estima  surgen  de  las  circunstancias  anteriores  y  concomitantes  a  la  aprehensión de su representado, para hacer  consistir  el  desacierto  del  fallador  ad  quem, no en la tergiversación del  contenido  material de las pruebas que sustentan la condena, sino en su falta de  coincidencia    con    las    subjetivas    apreciaciones    por    las   cuales  propugna.   

           En   fin,  con  tales  alegaciones  el  demandante  deja  entrever  el  propósito de obtener un nuevo examen probatorio  por  parte  de  la  Corte  en  el  que  salga  triunfante  su criterio personal,  proyectando  entonces  en  la  casación  un debate agotado con las instancias y  pasando  por  alto  además,  que como la sentencia de segundo grado arriba a la  sede  extraordinaria  amparada  por la doble presunción de acierto y legalidad,  se  resiste  a  un  ataque  sustentado  en la simple disparidad de criterios que  esboza.   

          Por  este  mismo  e  inapropiado sendero argumentativo transitan las  restantes  consideraciones  del  libelista,  a  través  de las cuales vanamente  reclama  la  prevalencia  para  las  explicaciones  de  su asistido VALENCIA  MÁRQUEZ, en las que insistió en  su  inocencia frente a la comisión del delito imputado a su acompañante Trejos  Ocampo,  orientando  una  vez más el reparo a la confrontación de su análisis  al  vertido  por  el  fallador  ad  quem  en  la  sentencia  impugnada, donde se  desestimó  la  versión  del  acusado  con  base  en  las  declaraciones de los  uniformados  Wilson  Rosales  García  y  Luis  Fernando García Marín, quienes  refirieron  los  sucesos  determinantes de su captura y posterior vinculación a  éstas  diligencias,  testimonios  que  se  afirmaron  respaldados incluso en el  relato     obtenido     de     Harold    Valencia    Márquez,    hermano    del  acriminado.   

          En  fin,  pierde  de  vista  también el  impugnante  que  una  controversia  de  dicho  talante  resulta ajena al recurso  extraordinario,  porque al consagrar el estatuto procesal penal el sistema de la  persuasión  racional,  el criterio del juzgador prevelece al estar investido de  la  facultad para forjarlo con apego a las reglas de la sana crítica, que no se  planteó   ni  demostró  aquí  hubiesen  sido  desconocidas  mediante  errores  trascendentes.   

         

          Además   de   las   impropiedades   anteriores,   en  punto  de  la  repercusión  del  desacierto  acusado,  el  censor  se limitó a insistir en la  existencia  del  yerro y sostener de manera genérica que determinó el fallo de  condena,  sin  tener  en cuenta en estas vacuas aseveraciones que ante el ataque  intentado  por  la  violación  mediata de la ley sustancial, para un completo y  adecuado  desarrollo  de  la censura le correspondía desvirtuar cada uno de los  fundamentos  probatorios  de  la condena, que como se acotó atrás, se sustenta  en  la  reconstrucción  que se hizo de los sucesos investigados a partir de las  versiones  juramentadas de los policiales Rosales García y García Marín, así  como de Harold Valencia Márquez.   

          Así  las  cosas,  ante  las  falencias  técnicas  advertidas en la  fundamentación  del  reparo,  que  mal  puede  subsanar la Corte por virtud del  principio  de  limitación, surge indefectible su falta de prosperidad.  En  consecuencia, el fallo impugnado no se casará.   

          Contra  esta  providencia  no  procede  ningún recurso al tenor del  artículo 187 del estatuto procesal penal.   

          En  mérito  de  lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  administrando justicia en nombre de la República, y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE  

           NO  CASAR  la  sentencia impugnada.   

          Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase al Tribunal de origen.   Cúmplase.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL               JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

No hay firma  

HERMAN GALÁN CASTELLANOS               CARLOS A. GÁLVEZ ARGOTE   

JORGE   A.   GÓMEZ   GALLEGO                              EDGAR  LOMBANA  TRUJILLO           

CARLOS   E.   MEJÍA   ESCOBAR                              NILSON  PINILLA  PINILLA           

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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