14887(04-04-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 14887  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr.  EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta Nro. 38  

          Bogotá,    D.C.,   cuatro   (4)   de   abril   de   dos   mil   dos  (2002).   

          Procede  la  Sala a resolver el recurso de casación interpuesto por  el  defensor  de PEDRO PABLO PIÑEROS CASAS  contra  la sentencia de fecha febrero 16 de 1998, mediante la cual  el  Tribunal  Superior  de Bogotá confirmó la condena que le impuso el Juzgado  57  Penal del Circuito de esta ciudad, a catorce años de prisión como autor de  los  delitos de homicidio tentado en concurso homogéneo y porte ilegal de armas  de defensa personal.   

HECHOS  

          Dan  cuenta los autos que en la noche del 4 de diciembre de 1996, en  el  sector  de  Suba  del Distrito Capital, PEDRO PABLO  PIÑEROS  CASAS disparó en repetidas ocasiones el arma  de  fuego  que  portaba  contra  los  jóvenes Guillermo Enrique Anzola Santana,  Rodrigo  Ricardo  Rodríguez  Juliao y Donaldo Rafael Ruiz Juliao causándoles a  los  dos  primeros  heridas de gravedad.   La agresión tuvo origen en  el  malestar  que  el atacante albergaba de varios meses atrás por la relación  sentimental    de    su    hija    Carolina   con   el   mencionado   Rodríguez  Juliao.   

PIÑEROS  CASAS fue  capturado  poco  después  por  los  agentes  de  la Policía Nacional cuando se  refugió  en  su  residencia  luego de resistirse a la aprehensión.  En el  interior  de  la  vivienda  los  uniformados incautaron una caja con veintisiete  cartuchos y seis vainillas calibre 38 largo.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

          1.     La    Fiscalía   Seccional   de   Bogotá   abrió   la  investigación,   vinculó   al  aprehendido  PIÑERES  CASAS   en  indagatoria  y  resolvió  su  situación  jurídica   en  providencia  del  9  de  diciembre  de  1996,  afectándolo  con  detención  preventiva  como responsable de los punibles de homicidio tentado en  concurso  homogéneo  y  porte ilegal de armas de fuego de defensa personal, que  mantuvo  en  decisión  del  11  de  febrero  de  1997  al  despachar  en  forma  desfavorable la solicitud de revocatoria elevada por la defensa.   

          El  instructor  calificó  el  mérito  probatorio  del  sumario con  resolución  acusatoria  fechada  el  10  de  marzo de 1997, en la que dedujo al  sindicado   la   autoría   de   los   delitos   imputados   en   la  medida  de  aseguramiento.    El   1º  de  abril  siguiente  se  pronunció  sobre  la  reposición  incoada  por  el Ministerio Público, mediante proveído en el cual  aclaró  que  los  homicidios  tentados  tuvieron  como  sujetos  pasivos  a los  ofendidos  Anzola Santana y Rodríguez Juliao.  Tratándose de las lesiones  ocasionadas  a  Ruiz  Juliao  dispuso la expedición de copias con destino a las  Fiscalías  Locales  (fs.  129  a  140, 151 a 155, cd.  1).   

          2.  Realizada la audiencia pública,  el  Juzgado  57  Penal  del  Circuito  de  Bogotá  profirió  el fallo de fecha  noviembre  5  de  1997  condenó  al  acusado  PIÑEROS  CASAS,  en  consonancia  con el pliego de cargos, a la  pena principal de catorce (14) años de prisión.   

          Apelado el pronunciamiento del a quo por  el  defensor,  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  lo  confirmó  a  través de  sentencia   del   16   de   febrero   de   1998,   objeto   de  la  impugnación  extraordinaria.   

LA DEMANDA  

          Primer cargo.   

          Al  amparo de la causal primera de casación, el demandante acusa el  fallo  del  ad  quem  de  ser  violatorio  en forma directa del artículo 22 del  Código  Penal  (Decreto  100  de  1980), por aplicación indebida, y exclusión  evidente de los artículos 331 y 333 ibídem.   

          Inicia  la  sustentación  de la censura con la transcripción de un  criterio  doctrinal  sobre la prueba de la intención criminal, así como de los  apartes  alusivos a idéntica temática vertidos en la sentencia de esta Sala de  fecha  octubre  26  de 1986, M.P. Dr. Lisandro Martínez Zúñiga, para destacar  seguidamente   y   en   forma   escueta,   que   los   falladores   “descartaron  de  plano las alegaciones de la defensa respecto de  la    no   tipificación   de   las   tentativas   de   homicidio”.   

          Agrega  después  que  el  “error de los  juzgadores  fue  consecuencia  de haber aceptado sin beneficio de inventario las  afirmaciones  de  los  lesionados  en  el  sentido  de  haber  sido víctimas de  diversos  impactos”,  cuando  la  realidad  procesal  revela   que   las  víctimas  Rodríguez  Juliao  y  Anzola  Santana  solamente  recibieron  un  impacto  “que no puso en peligro su  existencia”.   

          Añade   que   los   funcionarios  judiciales  omitieron  establecer  pericialmente  el  carácter  letal de las heridas causadas a los ofendidos y si  la  actividad  atribuida  a  PIÑEROS CASAS  se  dirigió  en forma inequívoca a ocasionar sus decesos, por lo  tanto,   la   ausencia   de   dicha   prueba   en   manera  alguna  “puede  ser  interpretada  en contra del procesado”.   

          Destaca   la  ausencia  de  antecedentes  entre  el  acusado  y  las  víctimas,  por  lo  tanto, que nada permite inferir el animus necandi; de igual  modo,  que  la  reprobación  de  la  relación amistosa entre la hija menor del  sindicado  y  la  víctima Rodríguez Juliao en manera alguna constituía motivo  suficiente    para    la   intención   homicida   predicada   de   PIÑEROS  CASAS; y resalta finalmente, que  la  falta  de  este  propósito  criminal  se afianza en la levedad de la herida  propinada  por  el  indagado  a  Donaldo  Rafael Ruiz Juliao, calificada como un  punible  de  lesiones  personales  para  cuya  investigación, con ruptura de la  unidad procesal, el instructor dispuso la expedición de copias.   

          El  libelista  concluye  sus  alegaciones  aseverando  que  por  las  características   de   las   heridas,   atendido  su  número,  así  como  las  circunstancias  anteriores  a  los sucesos resulta imposible adecuar la conducta  investigada  en  el  homicidio  tentado.   En el peor de los casos, afirma,  tipificaron  una  simples  lesiones  personales.  Así las cosas, agrega en  últimas,  la competencia para calificar el proceso correspondía a la Fiscalía  Local  de  manera  que  en “su oportunidad ha debido  romperse    la   unidad   procesal   y   remitirle   el   expediente   para   su  conocimiento”.   

          Por  lo  anteriormente  expuesto  solicita a la Corte que declare la  nulidad   de   lo   actuado   a  partir  de  la  resolución  de  cierre  de  la  investigación.   

          Segundo cargo.   

          A  la  manera  de  cargo  subsidiario,  con  fundamento en la causal  tercera  de  casación,  el  libelista  acusa la sentencia del Tribunal de haber  sido  proferida  en  un  juicio viciado de nulidad de conformidad con el numeral  1º,  artículo  304 del anterior estatuto procesal penal, esto es, por falta de  competencia.   

          En  la escueta sustentación del reproche plantea que tratándose de  lesiones  personales  como  las  que  fueron  objeto  de  estas  diligencias, su  investigación  y  calificación  corresponde a las Fiscalías Locales, mientras  que  la  etapa  del  juicio  se encuentra asignada en la ley procedimental a los  jueces penales municipales.   

          Colige después, a partir de la anterior  premisa,  que la presente actuación quedó afectada cuando se desconocieron las  anteriores  reglas  de  competencia,  de  manera  que  el  fallo  objeto  de  la  impugnación  extraordinaria se profirió en un proceso viciado de nulidad, y la  Sala   debe   invalidar   todo   lo   actuado   desde   la  clausura  del  ciclo  instructivo.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

          El  demandante  plantea la misma petición al amparo de las causales  primera  y segunda de casación, pasando por alto que si pretendía demostrar la  adecuación  de la conducta investigada al tipo penal de lesiones personales, no  al  homicidio  en  grado  de  tentativa  como  fue  calificada, le correspondía  postular  el ataque al amparo de la nulidad pero sustentarlo con sujeción a los  parámetros  de  la  causal  primera  por la vía directa o indirecta, según el  caso.    En  apoyo  de  tal  apreciación  y  con miras a demostrar el  desacierto  técnico  del  libelista,  el  Procurador  Segundo Delegado evoca la  sentencia  de  casación  fechada  enero  19  de  1999, M.P. Dr. Ricardo Calvete  Rangel.   

          Adicionalmente,  el censor tampoco demostró la indebida aplicación  del  artículo  22  del  Código  Penal  y  la  consecuente  exclusión  de  los  artículos  331  y  333 ibídem, pues adujo que a tales transgresiones se llegó  de  manera  directa  y, sin embargo, en el desarrollo del reproche cuestionó el  análisis  de  los  testimonios de Rodrigo Ricardo Rodríguez Juliao y Guillermo  Enrique     Anzola     Santana,    alegación    propia    de    la    modalidad  indirecta.   

          Por  otra  parte, el defensor acude a enunciados que deja huérfanos  de  toda  comprobación  para  convertir  su  escrito  impugnatorio en la simple  anteposición del criterio propio al de los juzgadores.   

          Así  las  cosas, opina el Delegado, los cargos no pueden prosperar.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          Procede   la  Sala  a  examinar  las  censuras  erigidas  contra  la  sentencia  de  segundo  grado invirtiendo el orden propuesto en el  libelo,  que   no  consulta  de  lejos  siquiera  la  técnica  propia  de  este  recurso  extraordinario.   

          Segundo cargo:  causal de nulidad.   

          En  efecto,  en  este  cargo final de la  demanda,  con ostensible alejamiento de la prioridad que reclama la postulación  de  la  nulidad  en  sede extraordinaria, como quiera que de prosperar tornaría  inoficioso  el  estudio del restante reparo, el censor plantea por la vía de la  causal  tercera  de  casación  que  el  fallo  del Tribunal fue proferido en un  juicio    inválido    por    falta   de   competencia   de   los   funcionarios  judiciales.   

          Al  desarrollar  el  reproche  el  libelista aduce, escuetamente por  demás,  que  el  delito  de  lesiones personales investigado en autos cae en el  ámbito  funcional  de  los  fiscales  locales y los jueces penales municipales,  según  la  fase de la actuación, regla de competencia soslayada en el presente  trámite propiciando su nulidad.    

          Así  las  cosas,  ante estas lacónicas  aseveraciones  y  a  diferencia  de lo conceptuado por la Procuraduría, la Sala  desde  ninguna  óptica atisba alegado el error en la calificación jurídica de  la  conducta  punible  objeto  de  las presentes diligencias, que por virtud del  principio   de   limitación   no  puede  suponer  ni  estructurar  mediante  su  conjugación  con  el otro ataque elevado al fallo del Tribunal, interpretando y  corrigiendo  de  este  modo  las deficiencias de la demanda; mas aún, encuentra  que  el  reproche  se  traduce  en  una  hipótesis  lanzada  al desgaire por el  recurrente,  quien sin postular la equivocación de los falladores en el proceso  de  adecuación  típica  del comportamiento atribuido al sindicado, se limita a  atestar  la  falta  de  competencia  de aquellos partiendo de una premisa que no  consulta  la  realidad  procesal,  concretamente,  de  dar  por  sentado  que la  acusación  y  el  posterior  juicio  se  adelantaron  por el delito de lesiones  personales,  para  estructurar después, sobre este falaz cimiento, el comentado  reparo de nulidad.   

          Ahora  bien,  si el defensor disentía de la calificación jurídica  ha  debido  plantearlo  con  apego  a las exigencias técnicas de un supuesto de  dicho  talante,  esto  es, no podía perder de vista que en sede de casación, a  diferencia  de lo que acontece en los recursos ordinarios, no basta con predicar  la  existencia  de las nulidades sino que es necesario evidenciarlas demostrando  los  yerros  en  que  se fundan y su trascendencia frente al trámite finalizado  con  el  fallo  impugnado, requerimiento absolutamente soslayado tratándose del  presente  ataque,  que  refleja la aspiración implícita de obtener de la Corte  un control de legalidad propio de las instancias.   

          Por  otra  parte,  aunque  el  cargo  tiene  que ser desestimado por  adolecer  de  la  rigurosa técnica que gobierna la impugnación extraordinaria,  no  está  por  demás  añadir  que  en  la  propuesta  de nulidad por falta de  competencia  el  demandante  prescinde de toda consideración sobre el delito de  porte  ilegal  de armas de defensa personal, investigado y juzgado conjuntamente  con   las  lesiones  personales  que  atesta  fueron  objeto  de  las  presentes  diligencias;   y   con  tal  planteamiento,  aún  admitiéndose  en  gracia  de  discusión  que  el  pliego  de  cargos  había  sido  elevado  por el delito de  lesiones  personales, el reparo se mostraría incompleto al aparecer restringida  su  postulación a la falta de competencia por el factor objetivo, cuando por la  razón  indicada  se  imponía  su  sustentación y desarrollo también desde la  óptica  de  la  conexidad  de  tal  reato  con  el ilícito contra la seguridad  pública  simultáneamente  endilgado,  de  incidencia para discernirla al tenor  del  artículo  89  del  estatuto procesal penal bajo el cual se adelantaron las  presentes diligencias.   

          Por  todo  lo  anterior,  entonces,  la  censura  de  nulidad  será  desestimada.   

          Primer cargo:  causal primera.   

          En  este  otro  ataque  son evidentes e insalvables las deficiencias  técnicas  que  determinan  su falta de prosperidad.   Ciertamente, el  defensor  propone  con  fundamento  en  la  causal  primera  de  casación,  por  violación  directa de la ley  sustancial,   que  en  la  sentencia  impugnada  se  incurrió  en  la  indebida  aplicación  del  artículo 22 del Código Penal anterior, y exclusión evidente  de los artículos 331 y 333 ibídem.   

          Frente  a  tal  reproche,  sin  pasar  por  alto que la proposición  jurídica  con  la  cual  se  pretende quebrar la doble presunción de acierto y  legalidad  que  ampara  el fallo impugnado se ofrece incompleta, como quiera que  ninguna  mención se verifica en el libelo a la norma tipificadora del delito en  últimas  imputado  a  través  del dispositivo amplificador de la tentativa, el  recurrente  aduce  que  se  calificó  como  homicidio  imperfecto  en  concurso  homogéneo  la  conducta  punible  que,  a  su  juicio,  configura unas lesiones  personales.   En  fin, acusa el error en la calificación jurídica, cuando  por  los  alcances  que  él  mismo  le  atribuye  al  supuesto  yerro ha debido  postularlo al amparo de la causal tercera de casación.   

          En  efecto,  de  acuerdo  con  el  reiterado  criterio de esta Sala,  acuñado  respecto  de la codificación procedimental a la cual debió ajustarse  el  trámite del presente proceso, el desacierto en la adecuación típica de la  conducta  punible,  cuando implica la afectación del género delictivo, a pesar  de  constituir  en  estricto rigor un yerro de lógica jurídica debe demandarse  por  la vía de la nulidad, porque en estos eventos de constatarse la existencia  del  vicio sólo resultaría posible enmendarlo a través de la invalidación de  lo  actuado,  pues  de casarse el fallo impugnado para dictar el de sustitución  correspondiente  ajustado  a  la  certera  calificación jurídica, este último  surgiría en abierta inconsonancia con el pliego de cargos.   

          Tal  comprensión  no  fue  ajena  por  completo  al  demandante, se  insiste,  pues  a  pesar  de presentar el reparo con fundamento en la violación  directa  de  la  ley  sustancial,  finalmente solicita a la Corte que declare la  nulidad  de  todo  lo  actuado  a partir del cierre del ciclo instructivo por la  falta  de  competencia derivada del alegado error en la calificación jurídica,  medida  que  en  manera  alguna  corresponde  a  la decisión que debe adoptarse  cuando se invoca la causal primera, como aquí se hizo.   

           Al   margen   de   las   impropiedades  anteriores,  suficientes  para  determinar  el  fracaso  de  la censura, la Sala  comparte  las  restantes  apreciaciones  de  la  Procuraduría  en este punto, a  través  de  las  cuales  se  afianza  el  colegido  desacierto  técnico  en la  proposición y desarrollo de la propuesta.   

          Así,  el  desconocimiento  absoluto  que  de la técnica propia del  recurso  de  casación revela el demandante a través de las deficiencias atrás  comentadas,  lo  llevó  a transgredir además el principio de autonomía de los  motivos  de  impugnación,  pues  cuestiona  las  bases  probatorias  del  fallo  impugnado  sin  reparar  en que una fundamentación de este talante está vedada  cuando  se  alega en casación la violación directa de la ley sustancial, donde  con  forzosa aceptación de los hechos conforme se dieron por establecidos en la  decisión  impugnada,  así  como  de  la valoración efectuada de los medios de  persuasión  incorporados a los autos, el actor acusa exclusivamente los errores  cometidos  en  la  aplicación  de  las  normas de derecho al caso concreto, por  haber  sido ignoradas o seleccionadas indebidamente, ora como consecuencia de su  interpretación errónea.   

          En  otros términos, el demandante dejó traslucir la confusión que  le  asiste  sobre  las dos formas posibles de quebranto de la ley sustancial, de  manera  directa  o  mediata, en este último evento a través de los desaciertos  cometidos   en   la  apreciación  de  las  pruebas,  modalidades  que  si  bien  constituyen  expresiones  del  error  de  juicio  o  in  iudicando,  tienen  una  formulación   y  métodos  propios  para  ser  demostradas,  de  donde  resulta  insalvable  la alegación de una de ellas seguida de su pretendida demostración  con  razonamientos  inherentes  a  la  restante,  como se aprecia sucedido en el  libelo examinado.   

           En   efecto,   el  censor  propuso  la  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  pero  lejos  de ofrecer un debate  estrictamente  jurídico  orientado  a  constar  la  realidad  de  este supuesto  desatino,  simplemente  acusó su inconformidad con los fundamentos fácticos de  la  sentencia  del  Tribunal  y  con  la apreciación que se hizo en ella de las  pruebas,  sin  intentar  tampoco  aquí  siquiera  la  demostración  de errores  trascendentes  en  el  análisis  de  los  medios  de  persuasión  allegados al  proceso,  pues  todo  el desarrollo argumentativo se reflejó en la postulación  de  la tesis de la adecuación de la  conducta investigada al tipo penal de  lesiones  personales,  que  cimentó  en  la  interesada  valoración del acervo  probatorio,  enfrentada  seguidamente  a la calificación que del comportamiento  se  hizo  en  el  curso  del  proceso  como constitutivo del delito de homicidio  tentado  en concurso homogéneo, con la huera aspiración de obtener prevalencia  para aquella en la sede extraordinaria.   

          En  síntesis, como el cargo no se ajusta a la técnica que gobierna  el   recurso   extraordinario,   al   punto   que   con   las  incongruencias  y  contradicciones   atrás   estacadas   se   tradujo   finalmente  en  la  simple  confrontación  de  criterios sobre la valoración de las pruebas, propia de las  instancias,   este   otro   reparo  tampoco  prospera  y,  en  consecuencia,  la  Corporación no casará el fallo atacado.   

          Consideraciones finales.   

Resta agregar, que la aplicación retroactiva  favorable  de  las  disposiciones contenidas en el actual estatuto punitivo (Ley  599  de 2000), frente a las normas preexistentes a los hechos investigados y con  sujeción  a  las  cuales  se  profirió la condena, si hubiere lugar a ella, le  compete  al  Juez  de  Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de conformidad  con   las   previsiones  del  artículo  79-7º  del  actual  estatuto  procesal  penal.   

          Contra  esta  providencia no procede ningún recurso, de conformidad  con el artículo 187 del Código de Procedimiento Penal.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación  Penal,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE  

          NO CASAR el fallo impugnado.   

Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.  Cúmplase.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO    ARBOLEDA   RIPOLL                                        JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                                           CARLOS A. GALVEZ ARGOTE   

No hay firma  

JORGE   A.   GÓMEZ   GALLEGO                           ÉDGAR LOMBANA  TRUJILLO   

CARLOS   E.   MEJÍA   ESCOBAR                           NILSON   E.  PINILLA PINILLA   

No hay firma  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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