12047(14-02-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 12047  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                                Dr.     JORGE     ANIBAL    GÓMEZ  GALLEGO   

                            Aprobado Acta N° 17   

          Bogotá D.C., catorce de febrero de dos mil dos.   

VISTOS  

          Decide   la   Sala   la  casación  promovida  por  el  defensor  de  ISIDRO   VALENCIA  MOSQUERA  contra  la sentencia de segundo grado proferida por el Tribunal Superior de Cali  el  20  de  febrero de 1996, confirmatoria de la condena de 25 años de prisión  que  como  sanción  corporal le impusiera al procesado el Juzgado 4º Penal del  Circuito  de  esa ciudad, al hallarlo responsable del hecho punible de homicidio  simple.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          Dentro  del  establecimiento  de cantina denominado “El Agrado Nº  1”,  de  propiedad  de  Octalivar  Mejía Ramírez, ubicado sobre la autopista  Simón  Bolívar,  barrio  La  Independencia  del municipio de Buenaventura, fue  mortalmente  herido  con  proyectil  de  arma  de  fuego  el señor Julio César  Victoria  por  un  individuo  que  con  el  pretexto de ingerir algunas cervezas  ingresó  al lugar en compañía de otro, poco antes de la media noche del 11 de  diciembre  de  1994.  Un  tercer  sujeto expectante se quedó en el exterior del  inmueble.   

Los  extraños  visitantes  manifestaron  su  propósito  de  apoderarse  del  producto  de  las  ventas  del  día  cuando el  cantinero  se  negó  a  atenderlos  porque  se  avecinaba la hora de cierre del  local,  y  a  tal efecto uno de ellos esgrimió un revólver que accionó contra  el  dueño  del  bar  logrando  alcanzarlo  cuando  éste  despavorido corría a  refugiarse  en  su  casa contigua al establecimiento, en tanto que el segundo se  apropiaba del botín.    

Mejía  Ramírez  consiguió  hacerse  a una  escopeta,  la  cual disparó contra su inicial agresor, quien al verse herido la  emprendió  contra los contertulios que allí se hallaban advirtiéndoles que no  moriría  solo.  Fue  así  como  repetidamente  accionó el arma, lesionando no  sólo a Victoria sino también a Roberto Antonio Restrepo.   

Iniciadas  las pesquisas, uno de los autores  de  aquella  tropelía  fue  identificado  como  ISIDRO  VALENCIA  MOSQUERA,  pues en razón de las heridas que  recibió  en  la  refriega  hubo  de  internársele  en el Hospital Regional del  citado  Puerto.   Allí fueron escuchados sus descargos por la Fiscal Local  74,   funcionaria   encargada   de   decretar   la   apertura   formal   de   la  investigación.    Empero,   conocido  el  fallecimiento  de  Julio  César  Victoria  tres  días  después, las diligencias fueron remitidas a la Fiscalía  Seccional  125,  despacho  que  resolvió  la situación jurídica del implicado  imponiéndole  medida de aseguramiento de detención preventiva sin beneficio de  excarcelación  como  presunto  responsable  de  homicidio, lesiones personales,  hurto  y  porte  ilegal  de  arma  de  fuego  de  defensa personal, en concurso.   

Expirado  el  ciclo  instructivo,  la citada  dependencia  calificó  el mérito del sumario por resolución del 7 de abril de  1995,  por  cuyo  medio  acusó  a  VALENCIA  MOSQUERA  sólo  por  el  delito  de  homicidio agravado, ya que  decidió    romper    la    unidad    procesal   respecto   de   las   restantes  ilicitudes.   

Ejecutoriado el pliego de cargos, el Juzgado  4º  Penal del Circuito conoció del juicio y por sentencia del 26 de septiembre  de  1995  condenó al acusado a la pena principal de 25 años de prisión.   Dicho  fallo  fue  confirmado  en su  integridad por el que ahora es objeto  del extraordinario recurso.   

LA DEMANDA  

          Dos  reparos  formula  el  censor  contra  la sentencia recurrida en  casación;  el  primero,  por  la  escueta  afirmación  de que el fallo resulta  violatorio  de  una  norma  de  derecho  sustancial;  y  el  segundo,  porque la  sentencia impugnada se dictó en un juicio viciado de nulidad.   

          Primer cargo.   

          Critica  el  actor  el deficitario recaudo probatorio llevado a cabo  durante  el trámite de este asunto, que impidió se contara con los suficientes  elementos  de juicio que permitieran el esclarecimiento de los hechos materia de  investigación,   lo  cual  redundó  en  una  “mala  evaluación”  de  las pruebas al fincarse la condena  impuesta  al  procesado  en  “indicios leves, que no  determinan nada”.   

          En  efecto,  los diferentes despachos que conocieron del proceso dan  por  sentado  que  el  autor  de  los disparos que produjeron el homicidio es su  pupilo  VALENCIA MOSQUERA, al  estimar  que  era  “la única persona que según las  pruebas  estaba armada en el sitio de los acontecimientos, lo cual no es cierto,  porque  en  la  parte externa de ese local se presentó una verdadera balacera y  muchas   personas  esgrimieron  sus  armas  de  fuego,  con  los  resultados  ya  conocidos.”   

Sin  embargo,  el  testimonio  de la señora  Esteiner  Herrera,  única  testigo presencial de la actividad desplegada por el  acriminado,   asegura   el   demandante,   fue  “mal  apreciado”  porque  de  acuerdo con su dicho una vez  que  el  implicado  fue repelido y herido por la acción defensiva que el dueño  de  la  cantina  realizó, dirigió su atención al circunstante Roberto Antonio  Restrepo,     contra     quien     efectivamente     disparó    “quedándosele  el  arma  sin  balas”. Por  dicha  razón,  mal  puede  endilgársele  a  VALENCIA  MOSQUERA  la acción homicida, máxime si la susodicha  testigo   presencial   afirma   ignorar  quién  disparó  contra  Julio  César  Victoria.   

Estando  claro  que  otras  personas estaban  también  armadas  y  que  dispararon,  cualquiera  de  esas deflagraciones pudo  acabar  con  la  existencia de quien a la postre devino en víctima, sostiene el  casacionista,  empero como no existe prueba categórica con la cual demostrar la  autoría  y  responsabilidad  de  su defendido en los hechos, la “gran  duda” que ya no es posible aclarar  ha  de  resolverse  a favor del procesado impartiendo su absolución, puesto que  los  indicios  fundamento  de  la  condena  “no  son  determinantes”       de      esa      declarada  responsabilidad.   

Finalmente agrega el censor que en virtud de  esa  abulia  en  el  recaudo  de  las  pruebas  observada  por  los funcionarios  encargados  de  la  instrucción,  se  violó el principio que ordena investigar  tanto lo favorable como lo desfavorable al reo.   

Segundo       cargo.   

Subsidiariamente   plantea   el  actor  la  invalidez  de  lo  actuado  a  partir  de la resolución por medio de la cual se  impuso  al procesado medida de aseguramiento, como quiera que el fallo impugnado  se profirió en un juicio viciado de nulidad.   

En  efecto,  al  acusado  se  le vinculó al  proceso  como  autor  de  plurales  delitos  de  lesiones  personales,  a  cuyos  cuestionamientos  respondió,  pero  jamás  se  le  interrogó por la muerte de  Julio  César  Victoria,  cuya supuesta autoría se le atribuye, “cargos  estos que no se le pueden imputar teniendo en cuenta que él  nunca    fue   indagado   por   el   delito   de   homicidio   (…)”.  Con  una  tal  irregularidad  se  afectó el debido proceso en  cuanto  se  le  impidió  al  encartado  defenderse  de  una  acusación  que no  conoció.   

Por modo que, habiéndose proferido en razón  del  presente  asunto  sentencia  de  condena  sin  que se dieran las exigencias  establecidas  para  el  efecto en el Art. 247 del C. de P. Penal vigente para la  época,  fallo  que  además  fue dictado en un juicio viciado de nulidad por no  cumplirse  con  el  debido  proceso,  se impone casar la sentencia recurrida por  violación  de  disposiciones  constitucionales  y legales, afirma el libelista,  para  que “se revoque o modifique en lo que tiene que  ver  con  la  condena  impuesta a mi defendido como autor material del delito de  homicidio, lo cual no ocurrió”.   

       

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

          Con  respeto  al  principio  de  prioridad,  el  Procurador  Segundo  Delegado  en  lo  Penal  se  refirió  en  primer lugar al cargo que por nulidad  planteó  el  casacionista, y de entrada dejó en claro que la censura propuesta  acusa falencias de técnica que hacen nugatoria su prosperidad.   

          Las  nulidades  mal  pueden quedarse en la simple invocación, aduce  la  Delegada,  pues para que su planteamiento tenga éxito es menester demostrar  la  vulneración  de garantías fundamentales o el resquebrajamiento básico del  proceso,  como  lo  tiene  dicho la jurisprudencia de la Sala, exigencias que el  censor incumple.   

          No  obstante,  al  demandante  le  asiste la razón en cuanto que al  procesado  al  rendir  sus  descargos  sólo  se  le  indagó  por el punible de  lesiones  personales  perpetrado  en  Octalivar  Mejía  Ramírez,  omitiéndose  interrogarlo  acerca  del  homicidio  cometido  en Julio César Victoria, objeto  también  de imputación en la resolución de acusación.  Una tal falencia  no  se  puede  subsanar,  acota  el  agente  del  Ministerio  Público,  con  la  referencia  tangencial  hecha  en la ampliación de indagatoria en relación con  el   conocimiento   que   el   procesado   pudiera   tener   respecto  de  dicha  persona.   

          No  interrogar  al procesado en la indagatoria por todos los delitos  investigados,  como  aquí  ocurrió,  da  al  traste con el derecho de defensa,  arguye   la   Procuraduría   Delegada.   Si  bien  es  cierto  que  cuando  VALENCIA   MOSQUERA   fue  indagado  aún  no se había  producido  el  fallecimiento  de  Victoria,  también  lo  es que ocurrido dicho  deceso  debió  ampliarse  la  injurada  al  encartado  para  inquirirlo  por su  presunta  autoría  o  participación  en  el  mentado  suceso.  No hacerlo  implica  la afectación de los principios de investigación integral, publicidad  y  contradicción,  en  cuanto  que  lo que atañe a su defensa, al sindicado le  asiste el derecho de conocer porqué cargos se le procesa.   

          En  tal  sentido  la  anotada  irritualidad  deviene trascendente, concluye el Ministerio Público,  y  para  el efecto sugiere se case oficiosamente la sentencia impugnada a fin de  que  la  Corte  decrete  la  nulidad  de  lo  actuado a partir del proveído que  definió la situación jurídica al acriminado, inclusive.   

          En  relación  con  el  primer  cargo  formulado  en  la demanda, la  Delegada   advierte  acerca  de  su  fracaso  como  quiera  que  también  acusa  ostensibles e insalvables falencias de técnica en su proposición.   

          En  efecto,  aunque  su  invocación  obedece a la primera causal de  casación,  y  amén  de  que  el  planteamiento  del  reproche  se  realiza sin  referencia  normativa  alguna,  su formulación se queda en el simple enunciado,  omitiéndose  indicar  si  se  trata de una violación directa o indirecta, así  como  su  sentido  en  punto  a determinar si se presentó falta de aplicación,  aplicación   indebida  o  interpretación  errónea,  y  cuál  o  cuáles  los  preceptos  infringidos;  “ni  se  ocupó  para  nada  -aduce  la  Delegada-  de la  denominada          proposición         jurídica         completa.”   

          Y  en  una  indebida entremezcla de causales, el casacionista centra  sus  argumentos  en  supuestas  violaciones  al debido proceso, cuyo sustento lo  constituye   la   pretextada   inobservancia  del  principio  de  investigación  integral,   habida  cuenta  del  deficiente  recaudo  probatorio.   Empero,  “no     desarrolla,     ni     demuestra     tal  predicación”,  sostiene  en  su concepto la agencia  del Ministerio público.   

          Igualmente  critica la prueba indiciaria soporte de la condena, pero  ninguna        confrontación       probatoria  realiza  el  actor  en  orden  a determinar los posibles  errores  de  hecho  o de derecho en que pudo haber incurrido el sentenciador. Ni  siquiera  concreta  los presuntos yerros de apreciación cometidos supuestamente  por  el  juzgador  en  la  estimación  del  testimonio  de  la señora Esteiner  Herrera.   

Otro tanto acontece con la invocación de la  duda, omitiendo acreditar su  real  existencia  a  través  de los elementos que permitan la aplicabilidad del  Art.  445  del  derogado C. de P. Penal. Por consiguiente, el reparo se queda en  el  mero  planteamiento,  aduce  finalmente  el  Procurador Delegado; de ahí su  improsperidad.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          En  acatamiento al principio de prioridad que gobierna la casación,  responderá   primero   la  Corte  la  censura  que  por  nulidad  ha  planteado  impropiamente el demandante como cargo subsidiario.   

El reparo que por nulidad aduce el censor, al  cual  le hace eco el Ministerio Público para solicitar la casación oficiosa no  empece  estimar  que  el cargo deviene impróspero por las ostensibles fallas de  técnica  que  presenta,  se  finca  en  que  a  ISIDRO  VALENCIA  MOSQUERA  jamás  se  le  interrogó  por el  homicidio  de  Julio  César  Victoria, y bajo tal imputación se le definió su  situación  jurídica, se le acusó y se le condenó, con lo cual se vulneró el  debido  proceso  en la medida en que no pudo defenderse de una acusación por un  delito que no  conoció.   

          Amén  de  fundamentar  el censor el reparo cual si se tratara de un  escrito  de  libre  formulación,  pues  no demuestra la trascendencia del vicio  argüido,  valga  decir,  cómo  con  él se afectó la garantía de defensa del  procesado,  y  de qué manera incidió desfavorablemente en la parte dispositiva  del  fallo,  lo  que  de  por  sí  sería  suficiente para desestimar el cargo,  aquella  afirmación carece de fundamento por no ajustarse a la verdad procesal,  como  quiera  que  contrario  a  lo  sostenido  por  el casacionista y el propio  Procurador  Delegado,  al   indagado sí se le averiguó por los hechos que  motivaron su vinculación al sumario, como adelante se verá.   

Ante todo cabe recordar la posición adoptada  por  la  Sala   sobre la materia en diversos pronunciamientos, entre otros,  los  realizados  en  noviembre  24 de 1999, Rdo. 14.227, M. P. Fernando Arboleda  Ripoll,  y  diciembre  15  del  mismo  año, Rdo. 11.899, M.P. Jorge E. Córdoba  Poveda,  decisiones  en las que se hizo claridad acerca de que la indagatoria no  era  una  diligencia de formulación de cargos, como lo entendió el demandante,  sino  una  forma  de vinculación al proceso y un medio de defensa a través del  cual  el  sindicado  puede  suministrar las explicaciones que a bien tenga sobre  las   circunstancias   en   que  se  desarrolló  el  acontecimiento  objeto  de  imputación,  pues  como  se precisa en el Art. 360 del C. de P. Penal derogado,  precepto  bajo  cuya  vigencia el sentenciado rindió sus descargos, al imputado  se  le  interrogará “en relación con los hechos que  originaron su vinculación”.   

Al  cumplimiento de dicho cometido dirigió  su   interrogatorio  la  funcionaria  instructora  que  escuchó  los  iniciales  descargos  del  indagado  -quien  por  demás  dijo  conocer los motivos por los  cuales  se  le  vinculaba  a  la  investigación-,  cuando  ante las constancias  procesales  que  dejaban  saber  de  la  existencia  de  otros  dos lesionados a  consecuencia  de  los  hechos  averiguados,  inquirió de la siguiente manera al  sindicado:   

“PREGUNTADO:  Dígale  al  despacho  si  usted  tiene  conocimiento  si entre las personas que  habían  en  el  bar en ese momento y el cantinero hubo discusiones y altercados  por  alguna  razón?  CONTESTO:  No hubo ninguna discusión, todo estuvo normal.  PREGUNTADO:  Cómo  explica  el  hecho de que luego de la discusión  entre  usted  y el señor cantinero, y no habiendo antes de los disparos causados entre  ustedes  discusiones  entre  las personas presentes en el bar que hubiera habido  un  tiroteo  con otros dos heridos (…)? CONTESTO: No se sabe en el momento que  me  dispararon a mi quien estaba armado. PREGUNTADO: Conoce Usted a los señores  ROBERTO  ANTONIO  RESTREPO,  OCTALIVAR MEJÍA RAMÍREZ Y A JULIO CESAR VICTORIA?  CONTESTO:  No  los  conozco  (…)  PREGUNTADO:  Recuerda  usted aproximadamente  cuantas  personas  estaban  en  ese  sitio  la noche de los hechos? CONTESTO: No  recuerdo.   Habían   como  unas  cuatro  parejas.  PREGUNTADO:  En  qué  sitio  exactamente  del  establecimiento tuvieron ocurrencia los hechos? CONTESTO: Ahí  mismo        en        el        establecimiento        (…)       PREGUNTADO: En  el  expediente  hay  constancia que por versiones de personas que se encontraban  en  el  sitio  que  las  otras  dos personas que resultaron heridas fue el mismo  sujeto  que  hirió  a OCTALIVAR quien las causó. Qué tiene para manifestar al  respecto?  CONTESTO:  Eso  no es cierto, en el momento que me dispararon a mi yo  salí  (…)” -Fls. 31 a  33,        subrayas        fuera        del       texto-          

Así  pues, no es cierto que al sentenciado  se  le  hubiera  inquirido  solamente  por  las  lesiones  causadas al cantinero  Octalivar,  sino que también se le interrogó por las heridas ocasionadas en la  citada   refriega   a   Victoria   y   a  Restrepo,  de  cuya  presencia  en  el  establecimiento  para  el  instante  en  que los hechos se desarrollaron se tuvo  noticia antes de que el sindicado rindiera indagatoria.   

Otra  cosa muy distinta es que el deceso de  Victoria  hubiese  ocurrido  con  posterioridad  a la realización de la mentada  diligencia,   fallecimiento   producto   precisamente  de  las  lesiones  a  él  infligidas  por  quien  se  tuvo  en  el  proceso  como autor de las mismas. Sin  embargo,  no  sobra  advertir  que previamente a la calificación del sumario al  implicado  se  le  amplió  su  injurada,  y  en  ella  el  instructor, ya otro,  insistió   sobre   el   tema  aquí  planteado  al  preguntarle  acerca  de  su  conocimiento  para  con el interfecto, y si fue él -el indagado- quien disparó  contra  aquél,  obteniéndose  como  respuesta de su parte una rotunda negativa  (Fls. 82).   

No  tenía  entonces sentido insistir sobre  tópicos  que  de antemano se sabía ningún resultado positivo arrojaría, dada  la  postura  asumida  por  el  indagado  en  los interrogatorios a los que se le  sometió,  por  lo  que  persistir sobre esos aspectos, a más de insubstancial,  resultaba  inconducente  atendida  la  persistencia  de  aquél  en  sostener su  coartada.   Cuando así se procede, no es dable aducir atentados al derecho  de  defensa  o menoscabo de la estructura básica del proceso, con el expediente  de  que  quien  tozudamente  niega  su  participación  en  los  hechos  no  fue  interrogado  en  debida forma sobre ellos.  Así las cosas, el sorprendimiento  argüido por parte alguna  se avizora.   

           

No   se  precisa  entonces  de  fórmulas  sacramentales,  ni  de  pautas  concretas  para  el  desarrollo  del  respectivo  interrogatorio,  o  de  etiquetamientos  específicos  para realizar preguntas y  procurar  respuestas  en determinado sentido, reitera la Sala, y menos sujetar a  esos  inexistentes catálogos la validez o eficacia de las decisiones que tengan  por  sustento la indagatoria del implicado, por cuanto, como ya se advirtió, el  Art.  360  del C. de P. Penal anterior simplemente exigía que el imputado fuera  interrogado  con la  finalidad de que explicara su conducta, con lo cual se  le  garantizó  el  ejercicio  del  derecho  de  defensa y el de contradicción.   

         Bajo  tales  condiciones,  mal puede sostenerse que al procesado y a  la  defensa  se  les  sorprendió  en  la instrucción y luego en el juicio, con  hechos  o  situaciones  respecto de las cuales no se interrogó al primero en la  indagatoria,  o  sobre los que no tenía conocimiento, pues como se dejó visto,  plurales     son     las    referencias    procesales    que    demuestran    lo  contrario.   

         No prospera el cargo.   

         En  relación  con el reproche que el censor incorrectamente formula  como  principal,  atinente  a  que  la sentencia atacada resulta “violatoria   de   una   norma   de   derecho  sustancial”,  hay  que  precisar  que  cuando  se aduce la causal primera de  casación,  uno  de  los  requisitos  que  por  lógica  reclama la técnica que  gobierna  el  extraordinario  recurso  para hacer posible el examen de legalidad  del  fallo  recurrido,  es  el  señalamiento del precepto o preceptos sobre los  cuales  recae  el  presunto  yerro  atribuido al sentenciador, dado el carácter  rogado  y  dispositivo  de  esta  clase  de impugnación. Sin esa precisión mal  puede  el  juez  de  casación determinar en qué consiste el quebranto a la ley  sustancial alegado.   

Una  tal  falencia  pone  de  manifiesto la  informalidad  con  la  que  el  censor  pretende la casación del fallo, pues se  carece  del referente normativo que le permita a la Corte determinar el precepto  que  obligue  al  sentenciador a acoger el testimonio insular de quien por estar  presente  en el teatro de los acontecimientos, percibió la actividad desplegada  por  el  procesado,  cuya acción precisamente cesó porque se le trabó el arma  luego de que la empleara contra Roberto Antonio Restrepo.    

De esta manera, el testimonio de la mentada  mujer,   que   no   es   otra   que  Esteiner  Herrera,  dizque  “fue   mal   apreciado”,   sostiene   el  demandante,  porque  con  su dicho descartaba la posibilidad de que el sindicado  hubiese  sido  el  autor  del  homicidio  que  se  le  imputa,  en cuanto que la  deponente  fue  “determinante  y clara al manifestar  que    ella    no    sabe    quien    hirió    al    hoy    occiso.”   

Con  esta  clase  de  planteamientos  suele  ocurrir  que por no obrarse dentro de los parámetros que cada causal tiene para  encauzar  la  censura, el impugnante termina por oponer su personal e interesado  criterio  al  más  autorizado  del  juzgador,  incurriendo  en  el  desatino de  considerar   el   extraordinario   recurso   como  otra  instancia,  en  abierto  desconocimiento  de  que  con la casación lo que se procura es el estudio de la  legalidad  de  la  sentencia  y  no  la prolongación de un debate probatorio ya  fenecido  con  el  proferimiento  del  fallo  que  está  amparado  con la doble  presunción   de   acierto   y   legalidad,   destronable   únicamente  con  la  demostración   de   que   está   afectado   de  errores  trascendentes  en  su  construcción.   

Ahora bien, afirmar al auspicio de la causal  primera,  como  parece  ser  la  escogida  por  el  censor en este cargo, que la  sentencia  es  violatoria  de una norma sustancial por cuanto en ningún momento  se   cumplió  con  los  preceptos  que  regulan  la  recolección  de  pruebas,  omitiéndose   recaudar  tanto  las  que  favorecían  al  procesado,  como  las  desfavorables;  es incurrir en un mayúsculo desacierto que se lleva de calle el  principio  de  autonomía  de  las  causales,  pues  en tratándose de atentados  contra  el  principio de investigación integral, obligado se impone proponer la  censura  en  capítulo  separado,  al  amparo  de la causal tercera, teniendo el  cuidado   de   especificar  sin  con  dicha  omisión  se  afectaron  garantías  fundamentales  o se resquebrajó la estructura básica de la investigación o el  juicio,  además  de  determinar  qué  pruebas  dejaron  de  practicarse y qué  incidencia  pudieron tener en la situación jurídica del procesado, esto es que  de    haberse    realizado    otra   hubiese   sido   la   conclusión   de   la  sentencia.   

Y  como  si  las  falencias  que  vienen de  reseñarse  no  bastaran  para desestimar las pretensiones del actor, a renglón  seguido   aduce   en  el  mismo  cargo  la  existencia  de  una  “gran   duda”  imposible  de  superar  en  relación  con  la  responsabilidad deducida al acusado, puesto que los indicios  sobre  los  cuales aquélla se sustenta “en verdad no  son  determinantes  en el sentido de haber sido el procesado quien dio muerte al  señor VICTORIA.”   

El   reconocimiento   del   in  dubio pro reo impone demostrar cómo el  fallador  violó  la  norma  que  consagra  dicho  principio  de claro contenido  sustancial,  bien  porque  el  juzgador  luego de haber reconocido ese estado de  incertidumbre  que  sobre la responsabilidad del enjuiciado le dejaba la prueba,  se  abstuvo  de  aplicar  la preceptiva del Art. 445 del antiguo C. de P. Penal,  supuesto  que  obligaba  a  la  formulación del reproche al amparo de la causal  primera  por la vía de la violación directa. O bien porque, no obstante que la  prueba  sólo daba para sembrar incertidumbre, el fallador no lo consideró así  y  fulminó  la  condena aduciendo certeza donde sólo podía haber perplejidad;  en  este evento, la violación indirecta era el camino adecuado para orientar el  reparo,  con la demostración de los errores de hecho o de derecho cometidos por  el  juzgador  en  el  correspondiente  examen  probatorio,  determinantes de los  vicios argüidos.   

         Ahora,  si  con  la  expresión  de que al procesado “se   le  condenó  solamente  por  indicios  leves  que  no  prueban  nada”se  quería  atacar  la prueba indiciaria, debe  advertirse  al  libelista  que  la  valoración  probatoria no es susceptible de  reproche  en  casación  en  un  sistema como el nuestro que no está regido por  tarifa  alguna  sino  por  la  libertad  de  apreciación  para  el sentenciador  limitada  tan  sólo  por la observancia de las reglas de la sana crítica. Y si  lo  que  pretendía  con tan insustancial afirmación era plantear errores en la  estimación  de  la prueba indiciaria, la censura debía empezar por especificar  cuáles  de  esos  medios  de convicción apreció mal el tribunal y en cuál de  los  momentos  de  su  construcción se produjo el desatino, si en la prueba del  hecho  indicador,  en  la  inferencia lógica, o en el proceso de su valoración  conjunta,  debiéndose acreditar igualmente el tipo de error en que se incurrió  y  su  modalidad,  así  como  también  su  incidencia trascendente en la parte  dispositiva del fallo.   

         El  ejercicio  que  viene  de  reseñarse  es el que omite el actor,  quien  solamente atina a postular supuestos yerros cometidos por el ad   quem   con  enunciados  genéricos  y  abstractos,  ayunos de demostración alguna, que dan al traste con las reglas de  claridad y precisión exigidas en casación.   

         No prospera el cargo.   

         Debe  advertirse  finalmente  que como las censuras no prosperan, la  redosificación  de  la  pena  a  que  hubiera lugar por el tratamiento punitivo  eventualmente  más favorable para el sentenciado conforme a las previsiones del  nuevo  Código  Penal,  será  de  competencia del Juez de Ejecución de Penas y  Medidas  de  Seguridad.                     

         En  mérito  a  lo  expuesto,  la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN      PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la  ley,   

RESUELVE  

         NO CASAR el fallo impugnado.   

Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

Cúmplase  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                              JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA   

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS               CARLOS   A.   GÁLVEZ  ARGOTE                       

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO               EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

                   

CARLOS        E.        MEJÍA  ESCOBAR                          NILSON PINILLA  PINILLA                                

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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