18463(23-07-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 18463  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrados Ponentes:  

Dres. EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

ÁLVARO O. PÉREZ PINZÓN  

Aprobado Acta No. 103  

          Bogotá,   D.C.,   veintitrés   (23)  de  julio  de  dos  mil  uno  (2001)   

          Se   pronuncia   la   Sala  sobre  la  admisión  de  la  casación  interpuesta  en  defensa  del procesado JAIRO REINALDO  BENAVIDES  FERNÁNDEZ,  contra la sentencia proferida  el 13 de febrero último por el Tribunal Superior de Cundinamarca.   

ANTECEDENTES  

          1.     Da    cuenta    el    expediente    que    JAIRO  REINALDO  BENAVIDES FERNÁNDEZ, en  su  condición  de Alcalde Municipal de Mosquera durante el período comprendido  del  22  de  septiembre  de  1992  al  19  de  agosto  de 1993, en el proceso de  regulación  de  canon  de arrendamiento promovido por Raúl Mantilla Consuegra,  emitió  varias decisiones manifiestamente contrarias a la ley por razón de las  cuales fue denunciado.   

              1.1                   Abierta   la  investigación  y  vinculado  en  indagatoria,  la  Fiscalía  resolvió  su  situación  jurídica con detención  preventiva por el delito de prevaricato por acción.   

          1.2   Clausurado el sumario, en providencia del 15 de marzo de  1995,   el  instructor  calificó  su  mérito  probatorio  con  resolución  de  acusación  en  la  que endilgó al sindicado la autoría hecho punible imputado  en  la  medida  de aseguramiento, decisión confirmada por la Fiscalía Delegada  ante   los   Tribunales   de   Bogotá   y  Cundinamarca  el  26  de  septiembre  siguiente.   

         2.   Se estableció, asimismo, que  el   13   de  mayo  de  1992,  Luz  Helena  e  Ingrid  Patricia  Cobos  Ramírez  interpusieron  una  querella de lanzamiento por ocupación de hecho de un predio  rural   contra   José   Gabriel   Romero   Moreno,  trámite  que  BENAVIDES  FERNÁNDEZ  adelantó a pesar  de  carecer  de  competencia, y en el que dispuso el desalojo del querellado, no  obstante  la  información  recibida  en el sentido que este último poseía los  títulos  de  propiedad  del  inmueble  y  ejercía  la  posesión  desde  años  atrás.   

          2.1   Las  actuaciones  previas surtidas brindaron sustento al  inicio   de   la   investigación,  de  manera  que  escuchado  el  imputado  en  indagatoria,  se  le  afectó  con  medida  de  aseguramiento de caución por el  delito de abuso de función pública.   

          2.2    Cerrado  el  ciclo instructivo, en resolución del  29  de  octubre  de  1998,  La  Fiscalía  elevó acusación contra BENAVIDES  FERNÁNDEZ por la autoría del  referido ilícito, descrito en el artículo 162 del Código Penal.   

          3.   Acumuladas  las  dos  causas  atrás  relacionadas  en  auto  del 2 de septiembre de 1999, el Jugado Penal del  Circuito  de  Funza  celebró  la  audiencia pública, y el 29 de agosto de 2000  dictó  el  fallo mediante el cual absolvió al sindicado del delito de abuso de  función  pública,  y  lo condenó como autor del prevaricato por acción a las  penas  principales de quince (15) meses de prisión, e interdicción de derechos  y funciones públicas por el mismo término.   

         El Tribunal Superior de Cundinamarca al  resolver  los  recursos de apelación incoados por la defensa y el representante  de  la  parte  civil,  en  providencia  del  13  de febrero de 2001, entre otros  pronunciamientos,   revocó  la  absolución  para  condenar  al  procesado,  en  definitiva,  a  la  pena  principal  de treinta y cuatro (34) meses de prisión,  además de la interdicción por idéntico lapso.   

          4.    El   Procurador   y   el   defensor  fueron  notificados  personalmente  el  día  14  siguiente.   Los  demás sujetos procesales lo  fueron por edicto fijado el 23 de febrero del mismo año.   

          4.1   La  Secretaría  del  Tribunal,  dando aplicación a las  previsiones  de  la  Ley  553  de  2000,  empezó el cómputo del término allí  establecido  para  efectos  de la casación, que el defensor anunció interponer  en  escrito  del  13  de marzo último; sin embargo, la Magistrada sustanciadora  del  asunto,  en  auto  del  20  de  marzo  siguiente,  en  consideración  a la  inexequibilidad  de  varias  normas  de la citada Ley, declarada en la sentencia  C-252  de  2001,  ordenó ajustar el trámite de la casación a las regulaciones  originales del artículo 223 del Código de Procedimiento Penal.   

          4.2   La Sala de  decisión  del  Tribunal Superior de Cundinamarca, en providencia del 3 de abril  de  2001,  resolvió  desfavorablemente la solicitud de libertad provisional del  sindicado     BENAVIDES  FERNÁNDEZ,  decretó  la  nulidad  del  auto del 20 de marzo anterior, y precisó que el trámite a seguir  con  respecto  a  la  casación  era el contemplado en la Ley 553 de 2000.    

       La  Corporación  argumentó  que  la  sentencia  C-252  de  2001,  si  bien  está  fechada  el  28  de febrero de 2001, sólo se  notificó  por  edicto  el  14 de marzo siguiente.  Así las cosas, como la  notificación  del  fallo  de  segunda  instancia, su ejecutoria y el inicio del  término  para  presentar la demanda de casación acaecieron bajo la vigencia de  la  misma,  concluyó  que el procedimiento aplicable en el presente caso era el  dispuesto  en  la Ley 553 de 2000.  El apoderado del sindicado se ajustó a  la  decisión  del  Tribunal, y allegó el libelo dentro del término que fijaba  el artículo 6º de la precitada Ley.   

         

LA  DEMANDA   

          1.   El  defensor solicita de antemano, que a la demanda se le  imparta  el  trámite  de la casación común, de conformidad con el criterio de  la  Corte,  según  el  cual, sus requisitos y condiciones se rigen por la norma  vigente al momento de la sentencia.   

          En  este  entendimiento plantea que el fallo impugnado se profirió  durante  la vigencia de la Ley 81 de 1993, que establecía la casación para los  delitos  con  pena  privativa  de  la libertad de máximo igual o superior a los  seis   años;   exigencia  satisfecha  respecto  del  prevaricato  por  acción,  reprimido en la Ley 190 de 1995, con prisión de 3 a 8 años.   

          Precisa  que  para  la  fecha  de  los  hechos  tal ilícito tenía  señalada    prisión    de   1   a   5   años,   sin   embargo,   “por  principio  de  favorabilidad  de  norma procesal con efecto  sustancial  debe tenerse en cuenta la pena vigente actualmente para el delito de  prevaricato  que  junto  con  la  ley 81 de 1993 conforman el derecho vigente al  momento de la sentencia”.   

          Aduce   finalmente,  que  a  idéntica  conclusión  se  arriba  al  aplicarse  los  criterios fijados por la Corte Constitucional cuando declaró la  inexequibilidad  del  artículo  18  de  la  Ley  53  de  2000, pues habría que  considerarse  las  normas vigentes al momento de la comisión del delito, época  para  la cual el prevaricato estaba reprimido con prisión máxima de 5 años, y  la  casación  resultaba  entonces procedente de conformidad con el Decreto 2700  de 1991.   

          2.   Con  carácter  subsidiario,  de  ser  desestimados tales  argumentos,  solicita  la  casación  excepcional  con  el fin de garantizar los  derechos  fundamentales al debido proceso y a la defensa, pretensión apoyada en  los siguientes términos:   

         2.1   Arguye  la  vulneración  de  tales  garantías, porque  tratándose  del  abuso  de  función  pública  la resolución de acusación se  formuló    con    base    en    dos    cargos   contradictorios,   “así:   se  le  imputó  haberse  arrogado  funciones para  tramitar  lanzamiento  por ocupación de hecho en predio rural cuando por ley no  tenía  esta  función  y  al  mismo  tiempo  se  le  imputa  que  durante  esta  tramitación  no  atendió los argumentos ni las pruebas fehacientes presentadas  en forma oportuna por el querellado”.   

         Añade  con  idéntica  orientación, que si el sindicado carecía  de  la función, no se le podía reprochar su ejercicio incorrecto, en tanto que  la   imputación   del   desempeño   incorrecto  de  la  función  suponía  la  detentación  de la misma. A partir de estas premisas concluye, entonces, que la  ambigüedad   así  detectada  impidió  la  actividad  defensiva  frente  a  la  resolución acusatoria.   

         

         2.2   Aduce  por  otra  parte,  el  menoscabo  del derecho de  defensa  porque  el  apoderado  apeló  la  sentencia  condenatoria  de  primera  instancia,      pero      en      la     sustentación     oral     “manifestó   que   se   había  visto  obligado  a  cambiar  el  esquema…y  se  limitaría  a  solicitar la declaratoria de prescripción de la  acción  penal  por  el  delito de prevaricato”, es  decir,  no atacó los fundamentos de la condena.   

         

         Cargos formulados.   

         1.  Al  amparo de la causal tercera de casación del artículo 220  del  C.  de P.P., el libelista formula dos cargos contra la sentencia de segunda  instancia,    por    haber    sido   proferida   en   un   juicio   viciado   de  nulidad.   

         1.1  El  primer  reproche  lo  hace  consistir  en la “indeterminación  de  los  hechos  imputados  originada  en  la  ambigüedad    y    en    lo   contradictorio   de   los   cargos”.   En  la fundamentación del ataque reseña algunos apartes  de  la  resolución de acusación y del fallo del Tribunal, y a renglón seguido   

arguye que ante tales términos se ignora si  la  acusación  se  deriva  por  tramitar un lanzamiento por ocupación de hecho  para  el  cual se carecía de competencia, o por prescindir de la oposición del  querellado.   

         Cita  como  norma  infringida  el artículo 162 del Código Penal,  por  aplicación  indebida,  y  reclama  la  anulación  del  trámite a partir,  inclusive, de la providencia calificatoria del mérito del sumario.   

         1.2   En  la  segunda censura plantea  la violación del  derecho  a  la  asistencia técnica, que estima debe ser integral, de manera que  el  sindicado  tenía  derecho  a  impugnar  el  fallo del a quo en los aspectos  desfavorables,    concretamente,    en    la    condena   por   el   delito   de  prevaricato.   

         Señala  después  que  el  apoderado  de  entonces  recurrió  la  sentencia  de primer grado y anunció la sustentación oral de su inconformidad,  sin  embargo,  en  tal diligencia incumplió con tal cometido, pues reclamó tan  sólo  la  prescripción  de  la  acción  penal  por  razón  de  tal ilícito,  temática a la cual se restringió la revisión del Tribunal.   

         Invoca  la infracción de los artículos 1º, 7º y 16º del C. de  P.P.,  y  149  del Código Penal, por aplicación indebida, y reclama la nulidad  de  lo  actuado  desde  la  audiencia de sustentación oral de la alzada incoada  contra la sentencia del a quo.   

          2.   Con   carácter  subsidiario  y  fundamento  en  la  causal  primera  de casación, cuerpo segundo, el demandante  acusa  la  sentencia del Tribunal de la “violación  indirecta   proveniente   de  error  de  hecho  en  la  apreciación  de  prueba  específicamente  por  apreciación equivocada del Decreto No. 747 del 6 de mayo  de     1992     emanado     del     Ministerio     de    Gobierno”.   

         En  la  demostración del cargo afirma que la citada norma, prueba  de  carácter  documental,  fue  valorada de manera absurda en el fallo atacado,  pues  se  concluyó  que  el  alcalde  no  era  compete para tramitar el proceso  policivo  cuestionado,  cuando  de  su tenor literal se infería precisamente lo  contrario.   

         Asegura  que  el  desatino  denunciado  resulta   trascendente,   “porque  es  el  factor  primordial  constitutivo  del tipo hasta el punto que si se tiene competencia no  hay  tipicidad,  sino  tiene  competencia  y  se  dan l os otros elementos si es  típica la conducta”.   

         Afirma  la  violación de los artículos 246, 247, 254 del Código  de  Procedimiento  Penal,  y 162 del Código Penal, este último por aplicación  indebida,  y reclama de la Corte casar la sentencia en lo referente a la condena  por  abuso  de  función pública y, en su lugar, absolver al sindicado de dicha  cargo.   

         3.   También  con  apoyo  en la causal primera del artículo  220  del  Código de Procedimiento Penal, cuerpo segundo, el demandante acusa la  violación  indirecta de la ley sustancial, como consecuencia del error de hecho  incurrido  por  la  omitida apreciación de los testimonios de Rodolfo Sánchez,  Jairo  Humberto  Ladino  González,  Elizabeth  Abril  Galeano  y  Jorge Enrique  Herrera Vargas.   

         Al  formalizar  el  reproche  transcribe  algunos  apartes  de las  versiones  rendidas por los citados testigos y discierne sobre los hechos que, a  su  juicio,  objetivamente se demostraban con tales declaraciones. Luego precisa  que    el   Tribunal   en   el   fallo   de   segunda   instancia   “no   se   pronunció   sobre  el  delito  de  prevaricato  más  allá”  de  la  pretendida  prescripción  de  la  acción  penal, por lo tanto, que “la condena es la  proferida  en primera instancia para efectos de esta impugnación”.   

         Plantea  que  en  el  pronunciamiento  conclusivo  del  a  quo  se  “describió parte” de  las  declaraciones  de  Rodolfo Sánchez y Jorge Enrique Herrera Vargas, pero el  Juzgado  no  señaló  el  valor  concedido  a  dichas  pruebas,  por esa razón  “el ataque es por exclusión evidente lo mismo que  los   testimonios   de   Jairo  Humberto  Ladino  González  y  Elizabeth  Abril  Galeano”.   

         Denuncia  la  infracción de los artículos 246, 247, 254, 294 del  estatuto  procesal penal, y asegura que las conclusiones del fallo no se podían  desprender  de  las  reglas  de  la sana crítica, esto es, de la lógica, de la  experiencia  o  de  la ciencia.  Alega asimismo, el quebranto del artículo  149  del  Código  Penal,  por  aplicación  indebida,  en  cuanto  describe  el  prevaricato por acción.   

         Con   tales   fundamentos,   solicita   de  la  Sala  “valorar   las   pruebas   excluidas,  corregir  la  valoración  errónea  acusada  y  como  no existen otras pruebas que permitieran llegar a la  misma  conclusión condenatoria, se dicte sentencia absolutoria por el delito de  prevaricato”.   

ALEGACIONES  DE LOS NO  DEMANDANTES   

         1.   El  apoderado  de  la  parte  civil  advierte  sobre  la  improcedencia  de  la  casación  atendido el monto de la pena prevista para los  delitos  por  los  cuales  se  procede, no sin precisar de otra parte, que en el  presente   asunto   resulta  aplicable  el  artículo  1º  de  la  Ley  533  de  2000.   

          Descarta   también   la   casación  excepcional  solicitada  con carácter subsidiario, pues ninguna vulneración de  los  derechos  fundamentales  del  procesado  se  atisba  en el presente asunto,  conforme se constata de la simple revisión del expediente.   

         Destaca  en  la  demanda,  por  último, la existencia de defectos  técnicos que se confabulan contra su admisión.   

         2.    En   este   último   aspecto  coincide  el  Procurador  Judicial.   

         

CONSIDERACIONES  DE LA  SALA   

         Legalidad del trámite de la casación.   

         1.   Corresponde  esclarecer,  de  antemano,  la  legalidad  del  trámite  impartido a la casación en el presente  caso,  ajustado  inicialmente  a  las  previsiones  de  la  Ley 553 de 2000, por  entonces  vigentes,  pero  que  con ocasión de la inexequibilidad de algunas de  sus  disposiciones,  dispuesta  por  la  Corte  Constitucional  a través de las  sentencias  C-252,  C-260 y C-261 de 2001, cuando corría ya el término para la  presentación  de  la  demanda,  sufrió  los tropiezos señalados en precedente  acápite.    

         En efecto, a través de auto del 20 de  marzo  del  año  en curso, se ordenó adecuarlo al procedimiento establecido en  los  originales  artículos  223  y  siguientes del estatuto procesal penal; sin  embargo,   en   una  reconsideración  posterior  de  dicho  criterio,  mediante  providencia  del 3 de abril del mismo año, el Tribunal Superior de Cundinamarca  anuló  tal  decisión,  para  quedar  regulado  el trámite de la casación, en  últimas, con apego a la precitada Ley.   

         2.   Frente  a la situación así configurada, sea lo primero  precisar,  que  de conformidad con la doctrina acuñada a partir de la sentencia  C-113  de 1993, M.P. Dr. Jorge Arango Mejía, en términos generales, los fallos  de  inexequibilidad  proferidos  por  la Corte Constitucional tienen los efectos  que  esa  misma  Corporación les fije, ceñidos desde luego, a los “fines  del derecho objetivo, y de la constitución que es parte  de  él,  que  son  la   justicia  y  la seguridad jurídica”.   

         Ahora   bien,   en   eventos  como  el  examinado,  donde  ningún  señalamiento  específico verificó la Corte Constitucional sobre dicho aspecto  al  contrastar  la armonía de la Ley 553 de 2000 con la Carta Política, fuerza  concluir  que  los fallos de inconstitucionalidad de varias de sus disposiciones  surten  efectos  a futuro, es decir, no son retroactivos, lo que implica, de una  parte,  que  las  actuaciones posteriores deben ajustarse a sus postulados, pero  además,  y  de otro extremo, por elementales motivos de seguridad jurídica, el  respeto  de  la  presunción de legalidad de las actuaciones cumplidas al amparo  de  las  normas  retiradas del ordenamiento jurídico.  En otros términos,  las  sentencias  de  inexequibilidad  en  modo  alguno afectaron las situaciones  consolidadas con precedencia a su notificación.   

         No  sobra añadir con idéntica orientación argumentativa, que la  Corte   Constitucional   en   el   tema   de   los  efectos  de  los  fallos  de  inexequibilidad,  ha  elaborado  “el  principio de  presunción  de  legalidad,  en  virtud  del  cual  se  respetan los efectos que  surtió  la  ley  y  las  situaciones  establecidas  bajo  su vigencia.  La  necesidad  de garantizar la seguridad jurídica de los asociados, es sin duda la  razón  de ser de estos principios básicos que dominan el ejercicio del control  de  constitucionalidad.   Los  mismos argumentos que imponen, en principio,  la  irretroactividad  de  la  ley, imponen, en principio, la irretroactividad de  los  fallos…”  (sentencia  T-401  de 1996, M.P. Dr. Vladimiro Naranjo Mesa).   

         3.   Ante  esta clara y pacífica comprensión, la dificultad  se  presenta,  entonces,  frente  a  las  actuaciones  en curso al momento de la  declaratoria  de  inconstitucionalidad  de  la  norma  bajo  la  cual se venían  realizando,  en el sentido de si impera adecuar en forma inmediata el trámite a  las  disposiciones  que por razón del pronunciamiento de control constitucional  recobraron   su   vigencia,   como   entendió  en  un  comienzo  la  Magistrada  Sustanciadora  del  presente  proceso en el Tribunal Superior de Cundinamarca, o  si  por  el  contrario,  resultaba  ineludible  su  agotamiento con sujeción al  precepto  vigente  al  momento en que se iniciaron, conforme predicó finalmente  tal Corporación.    

                    

         Esta   inquietud  adquiere  particular  actualidad  en  el  asunto  examinado,  pues  el  término  para  acudir en casación, referido en el inciso  2º,  artículo 223 del Código de Procedimiento Penal, modificado por el 6º de  la  Ley 553 de 2000, se inició el 5 de marzo del año en curso, en tanto que la  sentencia  C-252  del  28  de  febrero  anterior,  mediante  la cual se declaró  inexequible,  en  cumplimiento  del  artículo  16 del Decreto 2067 de 1991, fue  notificada  el  14  de  marzo  siguiente,  fecha  a  partir de la cual surte sus  efectos  con  los  alcances  atrás  deslindados,  esto  es, erga ommes, para lo  porvenir  y  no  retroactivos, insiste la Sala y, así las cosas, dicho lapso se  encontraba  transcurriendo  cuando  la  norma  que lo regía quedó retirada del  ordenamiento jurídico.   

         4.    Ningún  precepto  regula  situaciones  como  la  aquí  planteada,  que  encuentran  principio  de  solución,  en  la naturaleza de las  decisiones  adoptadas en el control constitucional, revestidas de fuerza de ley,  y  que  corresponden  al  ejercicio  de  una  función jurisdiccional, sin duda,  empero   catalogada   en   esencia   de  normativa,  porque  si  bien  la  Corte  Constitucional  no  está  facultada  para  dictar  disposiciones  jurídicas de  carácter  general  y  abstracto,  la  declaratoria  de  inexequibilidad  de  un  precepto,   con   carácter  vinculante  para  todos  los  poderes  públicos  y  determinada  por  su  incompatibilidad  con  la  Constitución,  lo  retira  del  ordenamiento  jurídico en aras de preservar la jerarquía normativa de la Carta  Política,   es  decir,  tiene  en  la  práctica  los  mismos  efectos  de  una  derogatoria de la normatividad existente.   

         Afianzando  este  argumento,  téngase  presente   que   las  decisiones  de  control  constitucional  tienen  un  valor  interpretativo  de  la Carta Política, por lo tanto, se presentan con la fuerza  normativa  de  la  misma,  consecuencia  que  se  torna particularmente evidente  frente   a   los   fallos  de  tipo  interpretativo,  en  los  cuales  la  Corte  Constitucional  en  virtud  de  los  principios  de máxima conservación de los  actos  normativos  y  de  la  solución  constitucional menos traumática, no se  limita  a  declarar  la exequibilidad o inexequibilidad de una norma, sino la de  una  o  varias  interpretaciones de la misma, que son las estimadas contrarias a  la   Constitución,   restringiendo  entonces  toda  posibilidad  interpretativa  diversa.   

         De   ahí  que  se  afirme,  incluso,  que  la  actividad  de  los  Tribunales  Constitucionales,  que  es  el caso de nuestra Corte Constitucional,  sea   la   de   un  legislador  negativo,  “en  el sentido de que sus fallos  pueden  derogar  disposiciones  aprobadas por el poder legislativo. En concreto,  afirma  GARCÍA  DE  ENTERRÍA,  el  Tribunal Constitucional no enjuicia ningún  supuesto  de  hecho  singular,  sino  solo  el  problema  puramente abstracto de  compatibilidad  lógica entre el pronunciamiento, también abstracto, de una ley  y  la  norma  de  la Constitución.  No hay una verdadera aplicación de la  ley  a un caso concreto…La declaración de inconstitucionalidad tiene eficacia  “erga  ommes”,  lo  que  es  propio  de  un  acto  legislativo  –  “fuerza de ley”- aunque aquí  sea          de          abrogación…”1.   Más  aún,  en  algunos  sectores  de  la doctrina se les atribuye también la condición de legislador   positivo  y  creadora  de  derecho,  pues  la  anulación  da  entrada  a otra norma que viene a regular la  situación  jurídica  contemplada,  antes de la sentencia de inexequiblidad, en  la disposición cuya inconstitucionalidad se declara.   

         5.   En  este  orden  de  ideas,  es  decir, si los fallos de  inexequibilidad  se  presentan  con  fuerza  normativa,  sin  necesidad de tomar  partido  en la álgida polémica sobre la naturaleza del control constitucional,  bien  pueden  trasladarse a dicho ámbito los principios sobre la vigencia de la  ley en el tiempo.   

          Así,  tratándose  de  la  norma  de  carácter  puramente  procesal,  esto  es,  sin  efectos sustanciales, en cuanto  interesa  para los actuales fines, como quiera que las disposiciones que fijaban  el   trámite   de   la   casación   en   la   Ley   553  de  2000,  declaradas  inconstitucionales  en  las sentencias C-252, C-260 y C-261, ostentaban sin duda  tal  connotación, de conformidad con el artículo 40 de la Ley 153 de 1887, que  guarda  cabal  armonía  con  lo  regulado  en  el  artículo 5º del Código de  Procedimiento   Penal,   se   concluye   que  “los  términos  que  hubieren  empezado a correr, y las actuaciones y diligencias que  ya  estuvieren  iniciadas,  se  regirán  por  la  ley  vigente  al tiempo de su  iniciación”.    

Trasladados  estos  conceptos  al presente  asunto,  se  tiene  que  al momento de la notificación de la sentencia C-252 de  2001,  se  encontraba aún sin agotamiento el término para presentar la demanda  de  casación, esto es, se trataba de un trámite iniciado y en curso al momento  de  desaparecer  del  ordenamiento  jurídico  el artículo 6º de la Ley 553 de  2000,  norma  que  lo  regulaba  y, por lo tanto, resulta forzoso colegir que la  actuación  pendiente  debió  proseguir con sujeción a dicho precepto, como en  efecto  aquí  acaeció,  excluyéndose cualquier vicio con entidad para generar  la anulación del trámite.   

         

         Procedencia de la casación interpuesta.   

         1.  De la casación común.   

         1.1   El  apoderado del procesado  BENAVIDES        FERNÁNDEZ       presenta  demanda  de  casación respecto de la sentencia de fecha  13  de  febrero  último, mediante la cual el Tribunal Superior de Cundinamarca,  al  resolver  las  apelaciones  interpuestas  por  la defensa y el representante  judicial  de  la  parte civil contra el fallo proferido por el Juzgado Penal del  Circuito  de  Funza,  lo  condenó  a la pena principal de treinta y cuatro (34)  meses  de  prisión,  como  autor  de  los delitos de abuso de función pública  (artículo  162  del  Código  Penal)  y  prevaricato por acción (artículo 149  ibídem).   

         Aduce  en primer término, en contravía de la realidad procesal y  con  miras  a  sustentar  la  procedencia  de la casación incoada, que el fallo  atacado  fue  proferido  durante  la vigencia de la Ley 81 de 1993, cuando de la  simple  estimación de su fecha se constata que lo fue el 13 de febrero del año  en curso, esto es, bajo el imperio de la Ley 553 de 2000.   

         Ahora  bien,  de  conformidad  con  el  artículo  218  del  Código  de Procedimiento Penal, subrogado por el 1º de la  precitada  Ley  553  del  2000,  norma  existente  para  la época en la que fue  emitida  la  providencia  impugnada,  se reitera, la casación procedía por los  delitos  que tuviesen señalada pena privativa de la libertad cuyo máximo fuera  o  excediera  de  ocho  (8) años, presupuesto insatisfecho en el presente caso,  donde  la  sanción  máxima  para  los  ilícitos  por razón de los cuales fue  sindicado     BENAVIDES    FERNÁNDEZ no supera dicho quantum.    

          Ciertamente,  el  abuso  de  función  pública  tiene  señalada  prisión  de uno (1) a dos (2) años en el artículo  162  del Código Penal, en tanto que el delito de prevaricato que propició este  procesamiento  tuvo  ocurrencia  antes  de comenzar la vigencia de la Ley 190 de  1995,  de  manera  que  su  represión  debe  verificarse,  en  aplicación  del  principio  de favorabilidad, por las previsiones contenidas en el texto original  del  artículo  149  ibídem,  que  consagraba  para  tal  ilícito  una pena de  prisión de uno (1) a cinco (5) años.   

         Mal  puede invocar la defensa el aludido postulado para afirmar de  manera  inapropiada  la represión del prevaricato objeto de  este proceso,  retroactivamente,  con  sujeción  al  artículo  28  de la Ley 190 de 1995, que  establece  para  ese  hecho  punible  un  máximo de ocho (8) años de prisión,  vinculando  los  supuestos efectos favorables de esa preceptiva a la procedencia  de  un  recurso de inciertos resultados, y prescindiendo de la mayor drasticidad  señalada en esa norma en punto de la sanción.   

         Por  otra  parte,  afianzando  la  exclusión  que  se hace de ese  particular  entendimiento de la favorabilidad, téngase presente que el monto de  la  pena  para los fines de la casación se precisa por el máximo previsto para  el  delito  en  concreto,  que  debe ser determinado ponderando, desde luego, la  norma  que  ultra  o  retroactivamente implique un tratamiento punitivo de mayor  benevolencia,  máxime  que tal principio se erige en un derecho fundamental del  sindicado de conformidad con el artículo 29 de la Carta Política.   

         1.2   No  sobra  añadir, en este  aspecto,  que  de acuerdo con el artículo 18 transitorio de la Ley 533 de 2000,  de  existencia  jurídica  para  la  época de formulación del ataque contra la  sentencia  de  segundo grado, tampoco resulta procedente en el caso examinado la  casación  ordinaria,  pues  de  acuerdo  con  lo  que allí se prescribía, las  disposiciones  contenidas  en  la  citada Ley se aplicaban a los procesos en los  cuales  se  hubiese  interpuesto  la  casación  a  partir  de  su vigencia, que  contempla  su  viabilidad  en  los  procesos  adelantados  por  delitos con pena  privativa  de la libertad cuyo máximo exceda de ocho años, quantum punitivo en  modo   alguno  satisfecho  tratándose  de  los  hechos  punibles  imputados  al  procesado.   

         Por  las  razones  anteriores,  resulta  forzoso  colegir  que  la  casación común no procede en el caso examinado.   

         

         2.  De la casación excepcional.   

         2.1    El  defensor  plantea  con  carácter  subsidiario  la  casación  excepcional,  por  lo tanto, corresponde examinar su viabilidad, y al  respecto,  sea  lo primero indicar, que como por el monto de la pena el fallo no  admite  la casación común, podría aceptarse la impugnación extraordinaria si  la  Corte  lo  estima necesario “para el desarrollo  de     la     jurisprudencia     o     la     garantía    de    los    derechos  fundamentales”, máxime que ningún reparo suscita  tal pretensión en punto de la legitimidad y oportunidad.   

         Ahora  bien,  en tales eventos resulta  necesario  que el casacionista fundamente, así sea en forma sucinta pero clara,  los   motivos   que  determinan  la  interposición  del  recurso  para  que  la  Corporación  examine  su  viabilidad,  pues el ejercicio de la discrecionalidad  conferida  a  la Corte exige “el apoyo de un debido  fundamento,  y  ello  obliga  el  conocimiento  anticipado  de las razones que a  juicio  del  inconforme  hacen  de  recibo  el  recurso,  pues no de otra manera  podrían  ellas  descubrirse,  ni  en  modo  alguno  perjudica  o  se opone a la  necesidad  de  que  en  caso de admisibilidad, la impugnación extraordinaria se  concreta  a través de la formal y oportuna demanda de casación (auto del 28 de  octubre de 1992, M.P. Dr. Juan Manuel Torres Fresneda).   

         También tiene discernido de antaño la  Sala,  que  cuando se propende por la efectividad de los derechos fundamentales,  al  libelista  le  corresponde  identificar  la  garantía  objeto del quebranto  denunciado,  así  como  la  norma  superior  que  la  protege,  y  vincular  su  afectación  con  las  actuaciones  del respectivo proceso, esto es, señalar en  forma  específica  en  qué  consistió la vulneración alegada, carga procesal  que se observa insatisfecha en el caso de autos.   

         Ciertamente,  el  casacionista  adujo  en  primer término, que se  quebrantaron  el debido proceso y el derecho de defensa porque la resolución de  acusación,  tratándose  del  cargo imputado por el abuso de función pública,  se  formuló  en  forma  contradictoria  y  ambigua;  sin  embargo,  la  escueta  argumentación  esbozada  con miras a sustentar dicho aserto, lejos de acreditar  la  existencia  en  la  providencia  enjuiciatoria  de  una imprecisión o de la  ilogicidad  al  individualizar  la  conducta  o  respecto  de  la  calificación  jurídica,  a  tal  extremo,  que  impidiera  a  la  defensa material o técnica  controvertir  sus  fundamentos, conforme aduce, se desenvolvió a través de una  apreciación  subjetiva y personal del libelista, mediante la cual contrapone su  criterio  sobre  la  atipicidad  del  comportamiento  investigado,  para el cual  pretende  que  se  le  conceda  preeminencia,  frente  a  las motivaciones de la  sentencia   atacada;   y   en  estas  condiciones,  por  carecer  de  suficiente  motivación  el  argüido  conculcamiento  de tales garantías, resulta evidente  que   no   procede   la   concesión  de  la  casación  excepcional  deprecada.   

         Idéntica  decisión  amerita la solicitud del demandante respecto  a  la  presunta  violación del derecho de defensa, que hace consistir, no en la  ausencia  absoluta  de  asistencia  profesional  durante alguna de las fases del  proceso  o en el curso del mismo, con trascendencia para la situación jurídica  del  sindicado, sino en la inconformidad que le asiste con la estrategia asumida  por    el    apoderado   de   entonces   al   apelar   el   fallo   de   primera  instancia.   

         Con  una  argumentación  como  la  expuesta  por  el  demandante,  ninguna  vulneración de dicha garantía se atisba en el presente trámite, pues  la  alegación  quedó reducida a una crítica vacua de la estrategia defensiva,  que  en  opinión  del libelista no debió limitarse a plantear la prescripción  de  la  acción penal generada de la comisión del delito de prevaricato, sino a  desvirtuar  los fundamentos del fallo condenatorio proferido por razón de dicho  ilícito,  absolutamente  inidónea para propiciar el examen del asunto por vía  de la casación discrecional.   

         En  fin,  por los motivos esbozados se impone la inadmisión de la  demanda,  de  conformidad  con  lo dispuesto por el artículo 226 del Código de  Procedimiento  Penal,  subrogado  por el artículo 9º de la Ley 553 de 2000, lo  cual  conduce  a  declarar  desierta  la  impugnación  mediante providencia que  adquiere  ejecutoria  en la fecha en que es suscrita y no admite recurso alguno,  al tenor del artículo 197 ibídem.   

         3.  Consideración final.   

         Resta advertir, que en el presente caso  no  se  ha  generado la  prescripción de la acción penal por el delito de  prevaricato.   En  efecto,  como  tal  ilícito de conformidad con el texto  original  del  artículo  149  del  Código  Penal, disposición vigente para la  época  de  los hechos, estaba reprimido con prisión máxima de cinco años, al  tenor  del  artículo  84  ibídem, el término para la producción del referido  fenómeno,  que  fue  interrumpido  con ocasión de la resolución de acusación  ejecutoriada,  empezó  a correr nuevamente a partir de entonces por un lapso no  inferior   a  los  cinco  (5)  años,  incrementado  en  una  tercera  parte  en  cumplimiento  del  artículo  82  ibídem, puesto que se juzga aquí un ilícito  cometido por servidor público en el ejercicio de sus funciones.   

         Así  las  cosas,  de  acuerdo  con  el criterio mayoritario de la  Sala,  el  término  de prescripción se cifra en definitiva en seis (6) años y  ocho  (8)  meses,  que  no  han  transcurrido desde el 26 de septiembre de 1995,  fecha  en la que adquirió firmeza la providencia enjuiciatoria en la actuación  seguida     contra    el    sindicado    BENAVIDES  FERNÁNDEZ por el delito de prevaricato.   

         En  mérito  de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE  

         NO  ADMITIR  la  demanda  de casación  presentada  en  defensa  del procesado JAIRO REINALDO  BENAVIDES  FERNÁNDEZ  y,  en consecuencia, declarar  desierta la casación interpuesta.   

Contra este auto no procede ningún recurso  de  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo 197 del estatuto procesal  penal.   

         Cópiese, comuníquese y devuélvase al  Tribunal de origen.  Cúmplase.   

CARLOS   EDUARDO   MEJÍA    ESCOBAR   

No hay firma  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL                 JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN  GALÁN  CASTELLANOS                 CARLOS  A. GÁLVEZ ARGOTE                        

JORGE   A.   GÓMEZ   GALLEGO                               ÉDGAR   LOMBANA  TRUJILLO           

Salvamento parcial de voto  

ÁLVARO   O.  PÉREZ  PINZÓN                               NILSON   PINILLA  PINILLA        

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

1  CALVO  VIDAL,  Félix.   La Jurisprudencia ¿Fuente del Derecho?, Edit. Lex  Nova, Valladolid, 1992, p.202.     

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