18075(28-09-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 18075  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                     Magistrado Ponente:   

                                     Dr. JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO   

                                     Aprobado Acta Nro. 147   

          Bogotá D.C., veintiocho de septiembre de dos mil uno.   

VISTOS  

          Resuelve  la  Sala  la  casación  promovida  por el apoderado de la  Parte  Civil  “Inversiones  Velar  S.A.”  (antes “Inversiones Velar Ltda.)  contra  la sentencia de segunda instancia proferida el 28 de septiembre del año  2000  por el Tribunal Superior de Cali, por cuyo medio declaró la nulidad de lo  actuado  a  nombre  de  la  firma  en  mención como supuesta perjudicada con el  delito  de  estafa  atribuido  a Fernando Hernández Gaitán, a quien el Juzgado  2º  Penal  del  Circuito  de  la  citada  ciudad  condenara a la pena principal  privativa  de  la  libertad  de  22  meses  de prisión y a sufragar favor de la  mentada  compañía  a  título  de  indemnización  de  perjuicios,  la suma de  $45’292.200.oo.   

  ANTECEDENTES   

          Entre  la  representante  legal  de la firma “Sociedad Inversiones  Velar  S.A.”, Mary Lucy Casas Figueroa, y el de “Naldecon Ltda.”, Fernando  Hernández  Gaitán,  en  su  orden,  se celebró el día 17 de junio de 1988 un  contrato  de  promesa  de  permuta mediante el cual la segunda se comprometió a  suministrar   a   la   primera   materiales  para  construcción  por  valor  de  $45’000.000,  cuyo  pago  haría  ésta mediante la transferencia del dominio que ostentaba en el Conjunto  Residencial  “Atlanta”  ubicado  en  la  Carrera 57 Nº 4-49 de la ciudad de  Cali,  sobre  4 apartamentos con sus respectivos garajes. Éstos, posteriormente  fueron hipotecados a Jaime Giraldo Zuluaga.   

Mientras la enajenación de los inmuebles se  elevó  a escritura pública por instrumento Nº 5326 del 25 de julio de 1988 de  la  Notaría  10ª de la mentada localidad, en el documento Ba-2755410 lo que se  hizo  figurar  fue la celebración de un contrato de suministro de materiales de  construcción entre las mismas partes.   

Por  el  incumplimiento  en el suministro de  materiales  y habida consideración de la supuesta adulteración del certificado  de  la  Cámara  de  Comercio  de Bogotá allegada por el representante legal de  “Naldecon  Ltda.”  para  demostrar su existencia legal, se formuló denuncia  criminal  contra  Fernando  Hernández  Gaitán  por  los  injustos  de estafa y  falsedad.   

          El  extinto Juzgado 4º de Instrucción Criminal de Cali decretó la  apertura  de  la  investigación y luego admitió la demanda de constitución de  parte  civil  instaurada  por  el  apoderado  judicial  de  “Inversiones Velar  S.A.”   (Fls.   91   del   cuaderno   original   Nº  1),  cuyas  pretensiones  indemnizatorias  se  elevaban a 40 millones de pesos por perjuicios morales y 60  millones  por  los materiales, para un total de 100 millones de pesos (Fls. 72 a  88).   

Vinculado  el  implicado al sumario mediante  indagatoria  (Fls.  201),  ya  en vigencia el Dto. 2700 de 1991 le correspondió  proseguir  con  la investigación a la Fiscalía 34-1 de la Unidad de Patrimonio  Económico   de   Cali,   despacho   que   previa   resolución   de  cierre  de  investigación,  por  proveído  del  26 de enero de 1995 calificó el sumario y  acusó  a Fernando Hernández Gaitán como presunto autor responsable del delito  de  estafa,  imponiéndole como medida de aseguramiento la de caución prendaria  (Fls. 788 a 801 del cuaderno Nº 2).    

Dicho pliego de cargos sólo pudo notificarse  al  defensor  del  procesado  el  25  de  septiembre  del  mismo año, y al día  siguiente   por   estados  a  los  sujetos  procesales  que  no  concurrieron  a  notificarse personalmente.   

Del juicio conoció el Juzgado 2º Penal del  Circuito  de  la  mentada  localidad, quien culminada la audiencia pública, por  fallo  del 26 de septiembre de 1997 condenó al acusado a la pena corporal de la  que  se  hizo  mérito  en  el  introito  de  esta  decisión,  y al pago de los  perjuicios  allí  también  relacionados,  extremo  este  de  la decisión cuya  declaratoria  de ineficacia es ahora objeto de la impugnación extraordinaria al  ser  tenida  como  nula  la  actuación de la Parte Civil en el referido proceso  penal.   

   

LA DEMANDA  

          Dos   cargos   contra  el  fallo  recurrido  formula  el  impugnante  extraordinario,  ambos  al  amparo de la causal primera de casación; el primero  por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  y el segundo por violación  directa.   

          Primer cargo.   

          Error   de   hecho  por  interpretación  errónea  de  dos  pruebas  incorporadas  al  proceso  penal del que da cuenta la demanda, es el sustento de  esta  censura;  elementos  de  convicción  que  se  contraen  a  la copia de la  sentencia  de  primera  instancia proferida por el Juzgado 22 Civil del Circuito  de  Bogotá  y  visible  de  Fls.  775 a 787, y a la manifestación que la Parte  Civil hizo en el escrito de Fls. 1.009 a 1.010 del expediente.   

          Aduce  el  demandante  en el desarrollo del cargo que el Tribunal en  la  fundamentación  de  su  fallo  sostuvo  con  base  en  las  pruebas  atrás  reseñadas,  que   “Inversiones  Velar  S.A.”  procedió  a demandar al  procesado  ante  la  jurisdicción  civil  por los perjuicios ocasionados con el  delito  a la mentada firma; por consiguiente, conforme a lo normado en el inciso  3º  del  Art. 55 del C. de P. Penal derogado, a partir del 1º de julio de 1992  la actuación de la Parte Civil no podía admitirse.    

Esa  apreciación deviene equivocada, afirma  el  censor,  porque  el  proceso  civil en cuestión lo adelantó “Inversiones  Velar  S.A”  contra  “Naldecon  Ltda.”,  empresa  esta  que no es Fernando  Hernández  Gaitán.  A dicho individuo no se le demandó en perjuicios, agrega,  y  mucho  menos a “Naldecon Ltda.”  Además, la sentencia civil fue muy  clara  en  señalar  que en virtud del incumplimiento del contrato de suministro  por  parte  de  esta  última  compañía, a favor de “Inversiones Velar” se  declaró             la            simulación            del            mentado  convenio.           

Por    lo    tanto,    “(…)  el  Tribunal concluyó en forma errada que INVERSIONES VELAR  Ltda.  había  demandado  en  proceso  civil  a FERNANDO HERNÁNDEZ GAITÁN para  obtener  la  indemnización  de  perjuicios  ocasionados como consecuencia de la  sentencia  y ante esta conclusión errada, dio aplicación a los artículos 50 y  55  inciso  3º del Decreto 2700 de 1991, cuando la realidad procesal demostraba  todo  lo  contrario  (…)”, expone el casacionista,  puesto  que  probado  se  halla  que  la  demanda se dirigió contra una persona  jurídica;  que de acuerdo a lo normado en el Art. 98 del Código de Comercio se  tiene  que,  constituida  legalmente  una  sociedad,  ésta  forma  una  persona  jurídica  distinta  a  los  socios individualmente considerados; que la demanda  nada  tenía  que ver con indemnización de perjuicios generados por la conducta  punible  atribuida  al  procesado;  y  que  la sentencia proferida en el proceso  civil  no  versaba  sobre  condena por perjuicios derivados del delito, sino que  declaraba  resuelto  el contrato de suministro en mención por incumplimiento de  “Naldecon  Ltda.”  con  lo pactado, por lo cual se le ordenó la devolución  de los dineros.   

El   yerro   del  Tribunal  es  de  enorme  trascendencia  porque  no se pronunció sobre el fondo del asunto, pues de haber  apreciado  correctamente  aquellas pruebas, hubiese llegado a la conclusión que  la  actuación  de  la  Parte  Civil  sí  era procedente en el referido proceso  penal,  y  en  consecuencia  hubiera accedido a conceder el restablecimiento del  derecho incoado.    

Dejó  pues  de  aplicar  el  Tribunal  las  preceptivas  contenidas  en  los Arts. 9º y 14 del C. de P. Penal, así como el  103  del  C.  Penal,  y  aplicó  erróneamente  el  inciso  3º del Art. 55 del  estatuto  procesal penal.  También reputa el actor como violados los Arts.  2,  22, 58, 228, 230 y 250 de la Carta Política, 21 y 61 del Dto. 2700 de 1991,  104  a  107  del  Dto.  100  de 1980, 98 del C. de Comercio, 16 de la Ley 446 de  1998,  1502,  1515,  1516,  1740  a  1746,  1750,  2341  a  2344  y  2358 del C.  Civil.   

Que  se  case  la  sentencia  recurrida y se  proceda  a  revocar  los ordinales 5º y 6º del fallo impugnado en casación, y  en   su   lugar  se  disponga  a  favor  de  “Inversiones  Velar  Ltda.”  el  restablecimiento   del   derecho   “consistente  en  restituir  las  cosas  al  estado  anterior  en que se encontraban al momento de  celebrarse  el  negocio  con  el  señor   FERNANDO HERNÁNDEZ GAITÁN como  representante   legal    de   la   sociedad   NALDECOM  Ltda.  (sic)  y  para  el  efecto  procederá  a  CANCELAR  la escritura pública Nº 5326 de julio 25 de 1998 de la Notaría 10ª  de  Cali  (…)”. Así mismo, habrá de ordenarse la  entrega  de  los  inmuebles  objeto de enajenación en el pluricitado acuerdo, y  por  último,  condenar  a Hernández Gaitán a sufragar a favor de la firma que  representa,   por   concepto   de   perjuicios   materiales   y   lucro  cesante  “el valor de los frutos civiles y naturales dejados  de  percibir  desde  julio  25  de  1988  hasta la fecha de restitución de esos  bienes    inmuebles    a    razón    de    $585.000.oo   mensuales.”   

          Segundo cargo.   

          Como  subsidiario  del  primero, dice el censor presentar este cargo  fincado  en  la  violación  directa  de  la  ley  sustancial  por no aplicar el  fallador  los Arts. 9º, 14 y 21 del C. de P. P., e interpretar erróneamente el  inciso    3º   del   Art.   55   ibidem.   

          En  la  sustentación  de  la  censura  retoma  el  casacionista  el  argumento  probatorio  aducido por el Tribunal para aplicar el citado Art. 55 en  su  inciso  3º,  deducción  que entraña darle “un  alcance  superior” a las preceptivas contenidas en la  norma,    ya    que   el   restablecimiento   del   derecho   es   completamente  diferente  al  tema  de  la  indemnización  de  perjuicios,  arguye  el  libelista  con  fundamento  en  una  posición  doctrinaria  que cita, pues, si bien el canon en cuestión dispone la  no  condena  por perjuicios en presencia de la circunstancia allí anotada, nada  dice acerca del restablecimiento del derecho.   

          Violando  pues  el juez el principio que  dispone  que  no  hay  sanción  sin  norma previa que la contemple, procedió a  extenderle al citado Art. 55  unos  efectos  que no contiene y sancionó a la parte civil negándole el examen  del restablecimiento del derecho pedido.    

          Por  consiguiente,  al dictar sentencia y aplicar la referida norma,  dejó  de  hacerlo  respecto  de  los  Arts.  14  y  61  del  Dto. 2700 de 1991,  restándole  eficacia  a  una  de  las  medidas previstas por el legislador para  procurar    la    restauración    de    los    derechos   vulnerados   con   la  ilicitud.   

          Que  se  case  el  fallo  y  se  acceda  a  las  mismas pretensiones  relacionadas en el primer cargo, es la aspiración del actor.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

          Luego  de  señalar  los  fundamentos  legales  en  que  se finca la  casación  cuando exclusivamente versa sobre perjuicios y de resumir en apretada  síntesis  lo  que en materia de violación indirecta de la ley sustancial tiene  dicho  la  jurisprudencia  de  la  Sala  de  Casación  Civil  y  Agraria  de la  Corporación,  en  relación con el primer cargo sostiene la Procuradora Primera  Delegada  para  la Casación Penal que “el censor se  refiere  a  un  error  de hecho y toca un tema de interpretación de las pruebas  que  se  queda  en el limbo por no concretar si la acusación de la sentencia en  casación   tiene   que  ver  con  una  distorsión,  cercenamiento  o  indebida  parcelación  de  la  prueba,  o  con vicios en la valuación por sana crítica,  como  que  es  axiomático  que  una eventual preterición o suposición no hace  referencia el libelo.”   

          No  obstante la deficiencia técnica atrás anotada, en el entendido  de  que la segunda censura dice relación con temas íntimamente conectados como  son  el  restablecimiento  del  derecho  y la indemnización de perjuicios, así  como  la  eventual  falta de identidad entre personas jurídicas y las naturales  que  concurren  a  su  formación;  la  Delegada estimó procedente responder de  fondo  este  cargo,  previo  examen  de la separación  que    resulta    menester    hacer    de    dichas  personas.   

          Luego  de  juicioso  estudio  acerca de lo que la doctrina ha venido  decantando  en  relación con la división entre personas físicas o naturales y  jurídicas  o  morales,  y  su  capacidad  para  adquirir  derechos  y  contraer  obligaciones,  explica  la agente del Ministerio  Público que aplicando la  teoría  de  la  penetración  de  la  personalidad  jurídica, lo que hizo el Tribunal de Cali al fundir en un  mismo  crisol  la personalidad jurídica de “Naldecon Ltda.”, con la persona  natural  de  Fernando  Hernández  Gaitán  respecto  de la condena padecida por  aquélla  en el juicio civil que se menciona en las diligencias, “fue   correr   el   velo  corporativo  que  habilidosamente  había  intentado  poner  la  sociedad  comercial  INVERSIONES VELAR LTDA., representada  legalmente  por  MARY LUCY CASAS FIGUEROA, con el fin de lograr que por el mismo  contrato  incumplido  fuera  beneficiada  con  una  condena  en un proceso civil  contra  la  compañía manejada por el sindicado, y en el proceso penal con otra  condena  al  pago de perjuicios y restablecimiento del derecho a cargo del mismo  procesado.   

          “(…) Dicho de otro modo, si el señor  FERNANDO  HERNÁNDEZ  GAITÁN  utilizó  a  la  compañía  NALDECON  LTDA. para  defraudar  a  la  sociedad  INVERSIONES  VELAR  LTDA.,  en  materia civil con la  condena  penal  al  pago  de  perjuicios y restablecimiento del derecho basta o,  como  aquí  ha  ocurrido,  si contra su sociedad se ha adelantado proceso civil  para  la  mentada  indemnización  y  reparación,  no  puede  argumentarse  con  validez,  como lo hace el censor, que como esa sociedad es una persona jurídica  distinta  del  sindicado  a  voces del artículo 98 del Código de Comercio, por  virtud  del  mismo incumplimiento contractual pueda resultar una condena civil y  otra penal que disponga en últimas la misma reparación.   

         En  el caso de marras, es axiomático que la renombrada separación  de   persona   jurídica   y  persona  natural,  se  desvanece  por  su  aspecto  patrimonial;  ¿por  qué?  Porque  la  situación  de  los  socios  frente a la  compañía  mejora  si luego de haber transferido esa sociedad, en virtud de una  estafa,  un  bien  inmueble  de  su  propiedad  a  cambio  de unos materiales de  construcción  que  nunca le fueron entregados, pero recibe finalmente el precio  que  había  pagado  por  los  elementos  que  en  el  aire se quedaron más los  elementos moratorios (…)”   

          Con  tales  reflexiones,  queda  claro  que  ninguna interpretación  errónea  hubo  en  relación  con  el  pluricitado  Art.  55, considera la Sra.  Procuradora  Delegada,  y por consiguiente no le es atribuible al fallador yerro  alguno en la aplicación del mentado precepto.   

          Ahora,  frente  al tema del restablecimiento del derecho y del de la  indemnización  de  perjuicios,  ambos  se encuentran íntimamente ligados, como  que  desde el punto de vista de la victimología teleológicamente significan lo  mismo,  es  el parecer de la Delegada. Así como el restablecimiento del derecho  puede  operar  durante el desarrollo del proceso, valga decir, cuando aún no se  ha  proferido  sentencia,  la  indemnización  de  perjuicios  es un acto propio  privativo  del  fallo.  Demostrado como se tiene que en el proceso civil de  marras  lo que en efecto se operó fue una indemnización de perjuicios, pues lo  que  se dispuso en dicha sentencia fue dar a la parte ofendida el equivalente en  moneda  al  valor  de  los  bienes  inmuebles  enajenados,  más  los  intereses  moratorios,   mal   puede  ahora  pretender  también  la  devolución  de  esos  apartamentos  cuyo  pago  ya  se le hizo y los frutos civiles que ellos pudieron  haber rendido.   

          En  suma,  los  cargos  no  deben  prosperar  y  en  consecuencia la  Delegada sugiere no casar la sentencia recurrida.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Como la impugnación extraordinaria promovida  por  el  demandante  dice  relación  con  el  interés que como sujeto procesal  representante  de  la  Parte Civil afirma le asiste, la Corte previo a cualquier  otro   pronunciamiento  entrará  a  verificar si realmente existe interés  jurídico  para  recurrir  en  quien se reputa agraviado por el fallo de segunda  instancia.   

                                                                                                      

         En  vigencia  del  decreto  2700  de  1991,  la  Sala  en  repetidas  oportunidades  realizó  las  precisiones de rigor cuando de reclamar perjuicios  en  sede  de  casación  se  trata,  consideraciones  que  en  lo pertinente hoy  mantienen  su  vigencia frente a las regulaciones que acerca de la misma materia  consagra  el  nuevo  Código  de  Procedimiento  Penal.  En una de ellas dijo la  Sala1:   

“a) Si el recurso  se  interpone  para  censurar exclusivamente el contenido penal del fallo, será  procedente  si éste fue proferido en segunda instancia por un Tribunal Superior  de  Distrito  Judicial,  el Tribunal Nacional o el Tribunal Penal Militar, y que  al  menos  uno  de los delitos de que trata tenga señalada pena privativa de la  libertad   cuyo   máximo,   atendidas   las  circunstancias  de  agravación  y  atenuación  modificadoras  de  la  punibilidad, sea o exceda de seis (6) años.  (Artículo 218 del C. de P. P. incisos 1o. y 2o.).   

“b)  Cuando  el  objeto  de  la  demanda es impugnar únicamente lo referente a la indemnización  de  perjuicios  decretados  en  la  sentencia  condenatoria de segunda instancia  dictada  por  alguno  de  los  Tribunales  mencionados,  no  juega  para nada el  requisito  de  la  pena correspondiente al delito, pero en su lugar, para que el  recurso   sea  procedente  es  necesario  que  la  cuantía  de  la  resolución  desfavorable  al recurrente sea la requerida para recurrir en casación civil, y  que  la  demanda  se  presente  por  esas  causales.  (Art.  221  C.  de P. P.).   

“c) Si el censor  pretende  formular  cargos  contra  la  sentencia  respecto  del  tema  penal, y  también  en  materia  exclusivamente  de  indemnización  de  perjuicios  puede  hacerlo  en  la misma demanda en capítulos separados, pero respecto de cada uno  de  los  tópicos  que  pretende  cuestionar  se  deben  reunir  sus respectivos  requisitos,  es  decir,  para  lo  primero  la  pena máxima prevista, y para lo  segundo   la   cuantía   que   en   ese   momento   se   exija   en   casación  civil”.   

Cierto es que la casación tiene como uno de  sus  fines procurar la reparación de los agravios inferidos a las partes con la  sentencia  recurrida,  empero, para poder acceder a este extraordinario medio de  impugnación,  es  menester que quien la promueva se encuentre legitimado, valga  decir,  que  se  trate  de  un sujeto procesal  a quien la ley faculta para  impugnar,  y que tenga interés, el cual se manifiesta con el perjuicio irrogado  en  la  decisión  atacada.  Conforme  con  las  preceptivas  contenidas  en  el  artículo  221  del  decreto  2700 de 1991, subrogado por el artículo 208 de la  ley  600  de  2000,  ese  interés surge cuando la cuantía del agravio argüido  corresponde  a  la  establecida  en  las  normas que regulan la casación civil.   

A  tal  efecto,  en  relación con el primer  aspecto   ningún  problema  resulta  como  quiera  que  se  trata  del  reclamo  instaurado  por  el  apoderado de la Parte Civil, sujeto procesal habilitado por  la  ley  para  impugnar  en  casación la sentencia proferida por un Tribunal de  Distrito  Judicial  que,  en  su  sentir,  le irroga daño. Respecto del segundo  punto,  es  necesario  precisar  ante  todo  que  la  cuantía  para recurrir en  casación  en  materia  civil  en la actualidad se rige por la Ley 592 del 12 de  julio  del  año  2000,  Art.  1º;  dicho precepto estatuye que la impugnación  extraordinaria    procede    contra    las    sentencias   allí   relacionadas,  “cuando   el   valor   actual  de  la  resolución  desfavorable  al  recurrente  sea  o  exceda  de cuatrocientos veinticinco (425)  salarios       mínimos       legales       mensuales       vigentes.     

La  sentencia de segunda instancia recurrida  se  profirió  el  28 de septiembre del año próximo pasado (2000), y en lo que  toca  con  el  interés  de  la  Parte  Civil  en  el referido proceso penal, se  decretó  la  nulidad  de  su  actuación  a  partir  del  1º de julio de 1992,  declarándose  la  ineficacia  de  lo  resuelto  en  el fallo de primer grado en  cuanto  al  reconocimiento  que  a  título  de indemnización de perjuicios por  valor  de  $45’292.200 en su  favor  se  hizo,  como  también  el  desembargo  de  la  medida  especial allí  decretado.   

Como  de acuerdo con el criterio que la Sala  tiene  sentado  sobre  el  tema,  el  perjuicio  ha  de  estimarse al momento de  proferirse  la decisión, el valor de las pretensiones consignadas en la demanda  de  constitución  de parte civil ascendían a la suma de cien (100) millones de  pesos,  40  por  perjuicios  morales  y 60 por los materiales (Fls. 72 a 88 y 99  Fte.  y  Vto.  del  cuaderno Nº 1), porque, como también lo ha especificado la  Corte,  los  hechos  y  las pretensiones de la demanda de constitución de parte  civil  deben estar en consonancia con el pronunciamiento del juez que la decide,  toda vez que:   

“El ejercicio de  la  acción  indemnizatoria  supone  la presentación de la demanda y ésta debe  cumplir  con  los  requisitos  que  establece  el  artículo  46  del Código de  Procedimiento  Penal, debiendo ser inadmitida si no los satisface (49). Si entre  las  exigencias  de  contenido  del libelo se establecen el señalamiento de los  hechos  causantes  de  los  daños  y perjuicios, así como la determinación de  éstos  ‘… y   la   cuantía  en  que  se  estima  la  indemnización  de  los  mismos…’  ,  es porque  con  fundamento  en  dichos  hechos y pretensiones debe producirse la sentencia,  sin   que   le  sea  dable  al  juez  fallar  más  allá  o  por  fuera  de  lo  pedido.”2  (Subrayas  fuera  del texto).   

Para  el año 2000, el salario mínimo legal  mensual  ascendía  a la suma de $260.100, lo que multiplicado por 425 arroja un  valor   de   $110’542.500,  cuantía  en  la  que, conforme a lo establecido en el Art. 1º de la Ley 592 de  2000,   se   hallaba  establecido  el  interés  patrimonial  para  recurrir  en  casación.   

Así  las  cosas y probado como se tiene que  para  la  fecha  en que se profirió la sentencia causante del supuesto agravio,  éste  comportaba  un  menor valor ($100’000.000)  que  el  requerido  para tener interés en la impugnación  extraordinaria  para dicho momento ($110’542.500),     la     pretensión    del    recurrente    debe    ser  desestimada.   

En punto a la falta de interés, tiene dicho  la  Sala que cuando aquélla sólo se hace ostensible en el instante de entrar a  proveer   de   fondo,   el   libelo   habrá  de  desestimarse,  “pues  siendo  que  la decisión que correspondería es la del fallo  para  decidir  sobre  las  pretensiones  del  casacionista y para ello tiene que  haberse  cumplido  las  exigencias sustantivas y procesales previstas por la ley  como  supuestos,  la  subsistencia  generador  del  vicio lo impide, ya que como  sucede  en  casos como el presente, la falta de interés para recurrir por parte  del  demandante  para  formular  un  ataque como el que ha presentado, continúa  produciendo,   material   y   jurídicamente,   los   mismos  efectos  negativos  atribuibles  desde  el  momento  en  que  se recurrió el fallo del Tribunal, no  quedándole  otra  alternativa  a la Corte que la de desestimar oficiosamente la  demanda,  pues  la  simple  inadvertencia de la causa a la hora de concederse el  recurso  o  de  admitirse  la demanda no hace que el vicio pierda eficacia, sino  que  lo  que  era  causa  de  rechazo  o  inadmisión  se  convierta en causa de  desestimación,  ya  que  todo  depende  de  la  fase procesal en que se tome la  decisión,  pues el auto de admisión erróneamente proferido, no obliga a tomar  decisión  alguna  de  fondo  al  estudiar los reparos hechos a la sentencia del  Tribunal  y  determinar el vicio o la índole de la pretensión, dado que carece  de  fuerza  vinculante no porque se estime ilegal, sino porque carece de efecto,  y   pensar   en   atribuirle   capacidad  saneadora  al  auto  de  admisibilidad  equivaldría,  como  se  ha dicho, a comprometer a la Corte en el nuevo error de  asumir  una  competencia  de que carece, la cual queda limitada exclusivamente a  tomar  esta decisión, dado que el objeto de fallo, como es la demanda, no puede  proferirse    ante    su    ineptitud.”3   

En  mérito  a  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala  de Casación Penal,  administrando justicia en nombre de la República y por autoridad  de la ley,   

RESUELVE  

         DESESTIMAR  la  demanda  de casación que  con   ocasión   de   este   asunto   presentó   el   apoderado   de  la  Parte  Civil.   

  Cópiese, devuélvase al  Tribunal de origen y cúmplase.   

CARLOS E. MEJÍA ESCOBAR  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                              JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA   

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS               CARLOS   A.   GÁLVEZ  ARGOTE                       

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO               EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

                      No  hay  firma   

ALVARO  ORLANDO PÉREZ  PINZÓN                NILSON PINILLA  PINILLA                                

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Casación del 30 de julio de 1996. M.P. Ricardo Calvete Rangel   

2  Casación   del   18   de   febrero   de   2000.   M.P.  Carlos  Eduardo  Mejía  Escobar   

3  Casación   del   20   de   abril   de   1999.   M.P.   Carlos  Augusto  Gálvez  Argote     

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