17594(19-12-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    República    de  Colombia   

         

Corte Suprema de Justicia  

Proceso No 17594  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado: Acta No. 201  

         Bogotá,  D.  C.,  diecinueve  (19)  de  diciembre  de  dos mil uno  (2001).   

VISTOS  

         Mediante  sentencia  del  tres  de  noviembre  de  1999, el Juzgado  Veintiuno  Penal  del  Circuito  de  Medellín  declaró  al señor Mauro    Alberto    Arroyave   Álvarez  penalmente  responsable,  como  coautor,  del  concurso  de delitos de homicidio  agravado  y fabricación y tráfico de armas de fuego y municiones, le impuso la  pena   principal   de  40  años  y  10  meses  de  prisión,  la  accesoria  de  interdicción  de  derechos  y  funciones públicas por 10 años y lo condenó a  pagar los daños y perjuicios causados con la infracción.   

         El  fallo  fue  recurrido  por  el  procesado  y  la  defensa y, en  decisión  del  27  de  abril  de  2000,  el  Tribunal Superior lo confirmó. El  apoderado  presentó,  el  22 de junio siguiente, demanda de casación, sobre la  cual se pronuncia la  Sala.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

         Aproximadamente  a  las  8  de  la noche del 19 de febrero de 1998,  NARCISO  DE  JESÚS  BAENA TABORDA recogió, en el taxi de servicio público que  conducía,  a tres hombres que solicitaron los condujera del barrio San Diego al  Villa  Sofía  de  Medellín,  sitio  en  el cual otras dos personas subieron al  carro  y  solicitaron devolviera la marcha. En el trayecto comentaron que iban a  matar  a  “ese muchacho” y en un paraje solitario se bajaron dos, uno de los  cuales  disparó al otro, que resultó ser JUAN JOSÉ GALLEGO OCHOA, y causó su  deceso.  Los  agresores  continuaron  en  el vehículo, del cual se apearon más  adelante  amenazando  a BAENA TABORDA para que nada dijera, pero éste denunció  el   hecho   y  señaló  a  Mauro  Alberto  Arroyave  Álvarez,  como quien se sentó a su lado y adujo que  la  víctima  había  pagado  dos  millones  de  pesos  para  darle muerte a él  –Mauro  Alberto— y que le había  “robado”  el  carro.  Lo  que  en  verdad  ocurrió  fue  que  GALLEGO OCHOA  conducía   un   camión  de  propiedad  de  Arroyave  Álvarez   y  como  éste  no  le  pagaba,  decidió  “retener” el vehículo.   

         El   19  de  febrero  de  1998  se  inició   una  indagación  preliminar,  que  culminó  con  la  apertura  de  instrucción  el  28 de marzo  siguiente.  Luego  de  indagarlo,  el  30  de  junio  de ese año se decretó la  detención  del  señor  Arroyave Álvarez  por el concurso de delitos de homicidio agravado y porte de armas  de uso civil.   

         El  12 de noviembre de 1998 se clausuró la instrucción y el 22 de  diciembre  se  profirió  resolución  de  acusación  en contra de Mauro  Alberto  Arroyave  Álvarez   como  coautor  de  los  delitos  por  los  cuales  se  lo detuvo, decisión que,  recurrida,  fue  confirmada por el Fiscal de segunda instancia el 12 de marzo de  1999.   

         Luego  de agotar la fase del juicio, el Juzgado Veintiuno Penal del  Circuito  de  Medellín profirió, el tres de noviembre de 1999, la sentencia de  condena  ya  reseñada,  la  que, apelada, fue confirmada el 27 de abril de 2000  por una Sala del Tribunal Superior.   

         El  defensor  presentó  demanda  de  casación  el  22 de junio de  2000.   

CONSIDERACIONES  

         De  conformidad  con  el  artículo  9°  de  la  Ley  553  de 2000  –vigente  para la época  en  que se produjo la sentencia y se tramitó la interposición de la casación-  “Si  … la demanda no reúne los requisitos se inadmitirá y se devolverá el  expediente  al  despacho  de  origen”.  Como  en  efecto,  según se detalla a  continuación,  el  libelo no satisface las exigencias formales que establece el  legislador, la Sala procederá a inadmitirlo.   

         El  numeral  3°  artículo  8°  de  la  ley citada exigía que el  casacionista  detallara  en  su  demanda  “La  enunciación  de la causal y la  formulación  del  cargo,  indicando  en forma clara y precisa sus fundamentos y  las  normas  que  el  demandante  estime  infringidas”.  Como  se demuestra en  seguida, no se cumplió con este presupuesto.   

         1.  El  actor  plantea  un  primer  cargo,  al  amparo de la causal  tercera  por  cuanto,  dice,  la  sentencia se profirió en un juicio viciado de  nulidad  porque  se  violó  el  postulado  de  la investigación integral al no  investigarse  “unas  personas  indudablemente  relacionadas con los hechos”,  sin  que precise a qué personas se refiere y en qué consistió la omisión del  funcionario  judicial,  dejando  de  lado  que a voces del artículo 20 ibídem,  quien  invoque  la  nulidad debe precisar las razones en que se funda, lo que no  sólo  no se hace, porque una mención genérica a “omisión de pruebas” que  no  se  concretan  no  cumple  ese  cometido,  sino  que tampoco se demuestra la  trascendencia  de  la  supuesta  irregularidad,  esto  es,  en  qué afectó las  garantías  de  los  sujetos procesales o desconoció las bases fundamentales de  la instrucción o el juzgamiento.   

         2.  Similar  rechazo  merece  la  vaga  alusión  a  que  no  “se  profundizó,  no se investigó los motivos que hubiera podido tener mi defendido  para  realizar  un crimen tan execrable (sic)”, como tampoco “para constatar  las  circunstancias de tiempo, modo y lugar en que se realizó el hecho”, pues  aparte  de  las frases sueltas no se detallan cuáles fueron los aspectos que el  investigador  dejó  de  lado, ni qué medios de prueba, en ese sentido, dejaron  de aportarse.   

         Por  otra  parte,  al resumir la actuación procesal, el actor pone  de  presente  los  “Hechos  materia  de  juzgamiento”  y  de  la reseña que  efectúa  surge  que,  en  contra de la genérica censura, dentro del expediente  sí  se  demostraron  las  circunstancias  de  tiempo,  modo  y  lugar en que se  cometió el delito.   

         3.  El  demandante  no  sólo incurre en esos etéreos y genéricos  cargos,  sin  sustento probatorio ni jurídico alguno, sino que, contrariando la  técnica  propia  del  recurso  extraordinario,  soporta la pretendida causal de  nulidad  en que “fundamentalmente se ignoraron los testimonios de los abogados  JHONNY  LÓPEZ  y  PATRICIA  RAMÍREZ  al  igual  que  el  de la señora CLAUDIA  PÉREZ”,  censura que se dirige no a la falta de investigación integral, sino  a  la  omisión del juzgador que dejó de considerar pruebas existentes, la cual  ha  debido  plantearse  por  vía,  no de la causal tercera, sino de la primera,  cuerpo  segundo,  esto  es,  porque  se  habría  incurrido  en  una  violación  indirecta  de  la  ley  a  través  de  un  error  de  hecho por falso juicio de  existencia.   

         4.  Con  violación  del postulado lógico de no contradicción, el  censor,  renglones  más  adelante,  plantea  argumentos  que,  respecto  de los  aludidos  testimonios,  dejan en claro, ya no la omisión, sino que se valoraron  de  modo que él no comparte. En efecto, en relación con esas declaraciones, la  demanda  llama  la  atención  de  la  Sala  sobre  que  “NIMIEDADES dedujo el  instructor  y la primera instancia de los testimonios de los abogados RAMÍREZ y  LÓPEZ,  ESCUCHADOS  VARIOS  MESES  DESPUÉS  DE LOS HECHOS, para despreciarlos.  Curiosamente  el testimonio de la dama CLAUDIA LÓPEZ no fue mencionado siquiera  en  la  acusación  y  solo  muy tangencialmente referido en el fallo de primera  instancia”.   

         De   tal   manera  que  lo  que  se  enunció  como  exclusión  de  testimonios  (error de hecho por falso juicio de existencia), se desarrolla como  valoración  a  través  de  “nimiedades”  o “referencias tangenciales”,  esto  es,  que sí hubo estimación probatoria, así ella no estuviera dentro de  las  pretensiones  defensivas.  Un  fundamento  así  planteado  obedece  a  los  presupuestos  de  un  error  de hecho por falso juicio de identidad, como que el  yerro  radicaría,  no  en  que  se  dejó  de  analizar  determinado  medio  de  convicción,   sino   que   se   apreció   pero  con  distorsión  de  su  real  contenido.   

         5.  El  equívoco  es  total, porque se plantea un cargo de nulidad  (causal  tercera  de  casación)  por violación del principio de investigación  integral,  pero  al  soportarlo  se  acude  a  que  se  omitió valorar diversas  pruebas,  esto  es, que se cayó en un falso juicio de existencia que constituye  una  especie del error de hecho (propio de la causal primera, cuerpo segundo, es  decir,  violación  indirecta  de  la  norma  sustancial), pero al demostrar ese  yerro  se  alude  a  una  valoración  indebida, que comporta un falso juicio de  identidad,  en el que se insiste, pero sin precisarlo, al enfatizar que el dicho  de  NARCISO  BAENA  no  debió  admitirse  por  sus  múltiples inconsistencias,  falacias  y  contradicciones, que tampoco se concretan, sino que se quedan en su  anuncio.   

         6.  Para  finalizar,  en este apartado el casacionista concluye que  la  ausencia  de  investigación  integral ”impide hablar de participación de  éste  (el  sindicado)  en  el reato”, que “ha dejado un vacío insalvable e  ineliminable  que  se hace necesario e imperioso reconocer” y así llegar a la  “exclusión   de   su   responsabilidad”,   planteamiento  que  comporta  la  pretensión  de  un  fallo  de  absolución, que se contradice con la censura de  nulidad,  porque  si  el juicio está viciado no puede esperarse que se dicte la  sentencia definitiva.   

         7.  Enorme yerro, a la vez, se observa cuando se plantea como nueva  causal  de  nulidad  no  determinar  “con  precisión  cuál  es  el  grado de  participación  y culpabilidad del procesado MAURO ALBERTO ARROYAVE ÁLVAREZ”,  cargo  que  el  propio  actor  demuestra  está  errado, por cuanto de su propia  reseña   surge   incuestionable   que   en   contra   del  señor  Arroyave    Álvarez    se   profirió  resolución  de acusación como “probable autor de la comisión de los delitos  de  homicidio  agravado y porte ilegal de armas de fuego de defensa personal”,  además  de  que  aclara  que  las  sentencias  dedujeron  que  “mi cliente es  coautor”, de donde surge que sí hubo la concreción que reclama.   

         8.  Del  desarrollo de la censura se desprende que no es verdad que  no  se  especificaran los aludidos tópicos, sino que no se está de acuerdo con  la   valoración  probatoria  que  permitió  a  los  falladores  llegar  a  sus  conclusiones,  para  lo  cual, a modo de alegato personal, de elaboración libre  y,  por  ende,  subjetiva,  se  pretende  privilegiar su modo de estimar algunos  elementos  de juicio, procedimiento propio de un memorial de instancia que no es  de  recibo  en sede de casación a donde las sentencias de los juzgadores llegan  precedidas  de  la  doble presunción de acierto y legalidad. Por otra parte, se  reitera,  las  quejas  respecto  de  la  valoración  de  las pruebas han debido  plantearse  por  vía  de  la  causal  primera,  cuerpo  segundo,  por cuanto no  compartir  la  estimación judicial no comporta una irregularidad sustancial que  afecte las bases fundamentales del juicio.   

         9.  La  imprecisión  de conceptos en el actor se pone de presente,  una  vez más, cuando insiste en que no se demostró la coautoría que se imputa  porque  no  se  probó  que  “hubiese  participado  como  determinador, o como  cómplice”,  sin que se sepa si fue “autor material o simplemente cómplice,  encubridor  o  favorecedor”. Una prédica en estas condiciones sólo evidencia  confusión  sobre  los  conceptos  que  menciona,  pues  si  está cierto que se  imputó  coautoría, mal puede pretenderse su falta de prueba con base en que no  se   dilucidaron   otras   formas   de  participación  criminal,  como  que  la  acreditación   de   la   coautoría   material   excluye   la  complicidad,  la  determinación, la autoría material, y el simple encubrimiento.   

         10.  Un  nuevo  cargo  acude  a  la  violación indirecta de la ley  sustancial  por  la  existencia  de plurales errores de hecho por omisión en la  apreciación  de  varias  pruebas y la tergiversación del contenido material de  otras.  La  aparente precisión se pierde, porque al desarrollar “El error por  falso   juicio   de  identidad”  se  plantea  como  “omisión  TOTAL  en  la  consideración  de  VARIOS  medios de convicción”, cuando lo cierto es que la  exclusión  de  la prueba se refiere al falso juicio de existencia, en tanto que  el  de  identidad  alude a su apreciación, es decir que no se omitió, sino que  se estimó pero distorsionando su contenido real.   

         11.  La cadena de contradicciones continúa cuando, como soporte de  estos  yerros,  se  queja de que el testimonio de NARCISO BAENA se tomó “como  verdad  absoluta,  no  empece  sus  contradicciones,  lagunas,  violaciones a la  lógica,  a  la  experiencia,  al  sentido común”, todo lo cual es propio del  error  de  hecho,  no  por  falso juicio de existencia ni de identidad, sino por  falso  raciocinio, y así ha debido plantearse, sin que la Sala pueda llenar los  vacíos de la demanda.   

         12.   Para   esta  censura  el  casacionista  acude  a  los  mismos  planteamientos  en  que soportó su pretensión de nulidad. Por ello, la Sala se  remite  a  los argumentos ya expuestos, pues de allí surge que no hubo omisión  ni  distorsión  alguna,  sino  que realmente las pruebas que se dicen excluidas  fueron  apreciadas  y  que desde su personal y subjetiva óptica lo que pretende  el  actor es que se privilegie su modo de estimar algunos medios de convicción,  alegación  libre propia de las instancias, pero extraña a la casación, donde,  respecto  del  falso  juicio de identidad, compete probar que el juzgador puso a  la  prueba a decir lo que no dice, carga con la que no cumplió la demanda, pues  que  el  actor  se  limitó  a  valorar,  con  miras  a  favorecer los intereses  defendidos,  los  medios  de  prueba,  oponiendo  esa  estimación  a  la de las  sentencias de instancia.   

         13.  La  Sala  debe  insistir en que para acceder a la casación no  basta  la  simple  enunciación  de  supuestos  errores  ni  la  mera oposición  personal  del  demandante a la valoración probatoria efectuada por el fallador.  La  casación  no  constituye una tercera instancia para que en su desarrollo el  libelista  pueda  formular  de  manera  libre y subjetiva los reparos que a bien  tenga  respecto de la estimación probatoria judicial, máxime si ellos han sido  objeto  de postulación y decisión en las dos instancias procesales, puesto que  no   se  está  ante  una  tercera,  adicional  a  las  dos  permitidas  por  la  Constitución y la ley procesal.   

         Admitir  que  en  esta sede se acuda a ese expediente desvirtuaría  la  razón  de  ser  de la casación y se convertiría en una inocua y adicional  confrontación  de  los  criterios  del  demandante con los más autorizados del  Tribunal,  que  siempre llegan a esta fase precedidos de la doble presunción de  acierto y legalidad.   

         Como  la  demanda  presenta  graves errores de técnica tanto en la  formulación  de  los  cargos como en su desarrollo, no satisface los requisitos  legales  para conocer de ella, lo cual obliga a su inadmisión de acuerdo con lo  establecido en el artículo 9° de la Ley 553 de 2000.   

         En  mérito  de  lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE   

No   admitir   la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre  de  MAURO ALBERTO ARROYAVE ÁLVAREZ y, por ende, declarar  desierta la casación solicitada.   

Esta  decisión  no  admite recurso alguno.   

Comuníquese y cúmplase.  

CARLOS EDUARDO MEJÍA ESCOBAR  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                          JORGE   E.  CÓRDOBA  POVEDA             

HERMAN   GALÁN  CASTELLANOS                              CARLOS    A.    GÁLVEZ  ARGOTE                                                           

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ GALLEGO                                 EDGAR      LOMBANA  TRUJILLO           

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN            NILSON E.  PINILLA     PINILLA                              

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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