17236(23-07-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 17236  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACIÓN PENAL   

                                                              Magistrado  Ponente   

                                                                         DR.  CARLOS  AUGUSTO  GÁLVEZ  ARGOTE   

                                                                                            Aprobado  Acta No. 103   

Bogotá,  D.C., veintitrés (23) de julio de  dos mil uno (2.001).   

          VISTOS:   

Decide la Sala sobre la admisibilidad formal  de  la  acción  de  revisión  presentada  por  el defensor de BERNARDO CAÑAS,  contra  el  fallo proferido por el Tribunal Superior de Villavicencio fechado el  4  de  marzo  de 1.997 que confirmó el dictado por el Juzgado Segundo Penal del  Circuito  el  17 de mayo de 1.996, mediante el cual lo condenó, junto con Edgar  de  Jesús Romero Gil a la pena principal de treinta (30) años de prisión como  coautores  de  los  delitos  de homicidio en grado de tentativa, Porte ilegal de  armas   de   fuego   y  hurto  calificado  y  agravado  también  en  tentativa.   

          LOS HECHOS:   

Son sintetizados por el Tribunal superior en  la sentencia, en los términos siguientes:   

         “La  madrugada  del  10  de  septiembre  de 1.994, cuando el señor  WILLIAM  MURCIA JARA se dirigía en su campero Daihatsu GP 9814 en compañía de  su  esposa  MARTHA  ISABEL  ROJAS  LINARES  hacia  el Aeropuerto Vanguardia para  partir  él en un vuelo a la Sierra de La Macarena con el fin de pagarle la suma  de  doce  millones  de pesos al señor JOSE IGNACIO TRASLAVIÑA que le debía de  un  ganado,  en  la  esquina  de  la  carrera 24 con calle 23 de esta ciudad fue  interceptado  por  dos  sujetos  que se movilizaban en una motocicleta, quienes,  sabedores  del  dinero que llevaba, intentaron despojarlo de esa suma esrimiendo  el  uno pistola y el otro revólver, pero reaccionó defensivamente echando mano  a  su  revólver y en el cruce de disparos logró herir a los asaltantes, uno de  los  cuales cayó y encima le cayó la motocicleta siendo capturado allí por la  policía  mientras  que  el  otro  tomó rumbo al Hospital en busca de atención  médica  donde  fue igualmente capturado, resultando ser BERNARDO CAÑAS y EDGAR  DE  JESUS  ROMERO  GIL; pero éstos también los hirieron gravemente llevando la  peor parte su esposa, que quedó paralítica”.   

         LA DEMANDA:   

Afirma el mandatario judicial del sentenciado  BERNARDO  CAÑAS,  que  acude  a  la  causal segunda del artículo 232 del C. de  P.P.,  cuyo  texto  reproduce,  resaltando  en  él  la hipótesis referida a la  viabilidad  de  la  acción de revisión cuando el proceso no podía iniciarse o  proseguirse  por  prescripción  de  la  acción,  o  por  falta  de  querella o  petición  válidamente formulada, o “por cualquier otra causal de extinción de  la acción penal”.   

Enseguida, con el propósito de destacar los  fundamentos  de hecho y de derecho en que apoya la acción, comienza por afirmar  que  “Este  proceso  NUNCA PUDO INICIARSE y menos PROSEGUIRSE, por que el señor  BERNARDO   CAÑAS   ES   INOCENTE”,  conforme  lo  manifestó  en  su  injurada.   

Destaca  la  firmeza  en  la  postura  del  procesado  y  la  intervención  de  su defensor en audiencia pública, en donde  explícitamente  dejó  constancia  de  las  distintas pruebas que se dejaron de  practicar  y  la  presunción  de  inocencia  que  debía favorecer al imputado.   

Censura el hecho de que en estas diligencias  se  aluda  a  un supuesto delito de tentativa de hurto sin haberse demostrado la  existencia  del  dinero  que  era  su  objeto, encontrándose en este aspecto el  proceso  afectado  por  la causal segunda de nulidad del artículo 304 del C. de  P.P.,  pues  no se habría cumplido con el debido proceso con miras a establecer  dicha  delincuencia,  que  de  suyo implica el desconocimiento de las garantías  mínimas de los sujetos involucrados.   

Además  y  de  otra  parte,  que  si  no se  encuentra  debidamente elaborado el cuestionario a que se somete a un sindicado,  “este  se  enfrenta  a  la  necesidad  de  formular  tantas  respuestas  cuantas  interpretaciones   pueda   darle  al  planteamiento”,  mas  aún  cuando  existe  indeterminación  sobre  la  conducta imputada, inobservancia del debido proceso  que  conlleva  el  rompimiento  de  la  estructura  del  método, haciéndose la  actuación susceptible de invalidación.   

De  ahí  que  el  art.  249 del C. de P.P.,  imponga  el  deber  de  investigar  tanto  lo  favorable como lo desfavorable al  imputado,  siendo  evidente  que  todos los sujetos intervinientes en el proceso  penal  están impelidos de actuar con miras a que se obtenga la verdad material,  sin  que  ninguna  autoridad  judicial  pueda  renunciar  a  la verdad objetiva,  conforme  habría  obrado  el  juzgador  de  primera  instancia  al  destacar la  absoluta  certeza  que se desprendía del proceso en cuanto a la responsabilidad  de   los   imputados,   preocupado   más  por  esa  verificación  que  por  el  descubrimiento de la verdad.   

Es  que,  en su criterio: “El sistema de las  impugnaciones  ordinarias  y  de  los  recursos extraordinaios de revisión y de  casación  por  violación  indirecta, por error de hecho, tienen como finalidad  obtener  que  el  superior  revoque una providencia dictada ‘contra la verdad de  los  hechos'”,  donde  el  nuevo  fallador  debe  buscar  la verdad frente a una  sentencia  errónea,  pero  este  debate  impone aceptar que frente a una verdad  objetiva alguien puede estar equivocado.   

Asegura  que  hoy en día es sistemática la  falta  de credibilidad al imputado, pese a que el Código de Procedimiento Penal  ha  adoptado  el  principio  de  que  la  valoración  de las probanzas ya no es  cuantitativa  sino  cualitativa,  conforme  con  el  art. 248 ibídem. Siendo de  advertir  los  cuidados  que  deben  tenerse en la apreciación de los indicios,  conforme lo enseña la doctrina.   

Concluye,  pues,  el  accionante  que,  “Del  acervo   probatorio  obrante  dentro  del  plenario,  no  se  puede  colegir  la  responsabilidad  de  mi  Patrocinado  dentro  de  los  hechos  materia  de  esta  acción”,  solicitando  que  al  momento  en  que  la  misma sea aceptada le sea  otorgada  a  libertad  provisional  al condenado, con la imposición de caución  juratoria.   

Solicita,  así,  que mediante “decisión de  REVISION   se  anule  la  sentencia  condenatoria”  y  se  absuelva  a  BERNARDO  CAÑAS.   

         CONSIDERACIONES:   

1.  Dadas  las  características  que  por  su naturaleza dimanan de la acción de revisión, el  Estatuto  Procesal  Penal  ha  señalado  aquellos  requisitos mínimos que debe  contener una demanda para poder ser admitida por la Corte.   

Es  así,  que  en el artículo 234 de dicho  ordenamiento  se  precisa  el  deber  de  determinar la actuación procesal y la  sentencia  ejecutoriada cuya confrontación se persigue, el delito por el que se  adelantó  el  trámite  y  fue  proferido  el  fallo,  la causal invocada y los  fundamentos  de  hecho  y  de derecho en que la misma se apoya, al igual que una  relación  de  las  pruebas  aportadas  para demostrar los hechos básicos de la  petición,  frente  a  aquellos  motivos  que  ello  ameritan,  debiendo además  imperiosamente  acompañar  fotocopia  de  las  decisiones  de primera y segunda  instancia y la respectiva constancia de su ejecutoria.   

2.  Pues bien, el  apoderado  del  condenado  BERNARDO  CAÑAS,  además de omitir la reseña de la  actuación  procesal,  tampoco allegó la respectiva constancia de ejecutoria de  la  sentencia  objeto  de  la  acción,  cuando  la  prueba  de  este  hecho  es  presupuesto  absolutamente  indispensable para demostrar la procedencia misma de  la acción rescisoria.   

3.  Y,  si  el  descuido  en los referidos aspectos predomina, salvo la mención de la causal en  que  se  supondría  guarda  amparo  el  libelo,  los  fundamentos de hecho y de  derecho  en que se apoya no tienen en absoluto vinculación con ella, resultando  por  el  contrario completamente ajenos a la misma, o a cualquiera otra, además  de ser confusos, difusos e incoherentes.   

4.  Anunció como  causal  de  revisión la segunda contemplada en el artículo 232 del C. de P.P.,  de  conformidad  con  la cual, como es sabido, esta acción se estima procedente  “Cuando  se  hubiere  dictado  sentencia  condenatoria  o  que imponga medida de  seguridad  en proceso que no podía iniciarse o proseguirse por prescripción de  la   acción,   por  falta  de  querella  o  petición  válidamente  formulada,  o  por  cualquier  otra  causal  de  extinción de la  acción penal” (resalta la Sala).   

Ultimo  de  los supuestos que, tácitamente,  fue  escogido por el demandante para confrontar la autoridad de cosa juzgada del  fallo,  sobre  un  enunciado  que  ciertamente  demarcó la  desconcertante  sustentación de la demanda.   

5.  Es  que,  la  referida   causal,   hace  un  enunciado  eminentemente  ejemplificativo,  sobre  aquellas  hipótesis  en  que al extinguirse la acción penal la misma no podía  mantener  vigencia,  tanto  para  dar  inicio a la actuación, como para hacerla  proseguible,  dentro  de  este  contexto  son los eventos de prescripción de la  acción  penal (art. 80 del C.P.) y la falta de querella o petición debidamente  formulada  (art.  32  del  C.  de P.P.),  a los cuales inexorablemente debe  agregarse  como  otras  causales  de extinción, el desistimiento de la querella  (art.  34  del C. de P.P.), la indemnización integral (art. 36 del C. de P.P.),  la  muerte  del procesado (art. 76 del C.P.), el desistimiento del ofendido o de  su  representante  legal  aceptado  por  el  procesado  (art.  77  del C.P.), la  amnistía (art. 78 del C.P.) y la oblación (art. 91 del C.P.).   

6.  Sin  embargo,  ajenos  por  completo  a alguno de estos supuestos se evidencian los pretendidos  fundamentos  de  la causal esgrimida por el demandante. En este sentido, como ya  se  advirtió,  la  confusión  respecto  del  contenido y alcance de la acción  intentada  es  manifiesta,  como  también  lo es, inclusive en punto a nociones  básicas  de  derecho  penal,  pues ni siquiera acierta en la determinación del  motivo  de  extinción  de  la  acción  penal  que  necesariamente  tenía  que  concretar,  supliendo  esta  exigencia por la impertinente afirmación según la  cual  “Este  proceso NUNCA PUDO INICIARSE y menos PROSEGUIRSE, por que el señor  BERNARDO CAÑAS ES INOCENTE”.   

7.   Pasa   el  demandante  enseguida  a  referirse  a  múltiples  y  disímies  temas, ninguno  atinente  con  la acción propuesta, tales como relievar la inocencia proclamada  por   el   procesado,   pruebas  dejadas  de  practicar  que  eran  de  especial  significación,  la  presunción de inocencia, la atipicidad del delito de hurto  por  no  estar demostrado uno de sus elementos – que conllevaría la nulidad del  proceso  por  desconocimiento  de  las  garantías  mínimas  del condenado-, la  indebida   determinación   de  la  conducta  imputada  –  lo  cual  apareja  el  rompimiento  de la estructura del método, haciendo la actuación susceptible de  invalidación  -,  la  falta  de  investigación  integral,  la verdad material,  objetiva  y la verdad real, a crítica a la prueba en general y a la de indicios  en  particular,  atribuyéndole  además  a  la  casación  y  la  revisión  la  “finalidad  de  obtener  que el superior revoque una providencia dictada ‘contra  la  verdad  de  los  hechos'”,  a  partir  de  la  cual  la nueva sentencia debe  dedicarse a establecerla en cada caso concreto.   

8.  Por si fuera  poco  y  en  el  arbitrario  entendido de que la acción impetrada configura una  tercera  instancia,  asegura no poderse colegir del proceso cuya remoción de la  cosa  juzgada  persigue,  la responsabilidad de BERNARDO CAÑAS, al desgaire del  carácter  definitorio  que  la  sentencia  en virtud del principio res iudicata  tiene  y  de  que la declaración judicial de compromiso penal contenido en ella  sólo  es susceptible de ser revisada por las razones, supuestos y dentro de las  condiciones que el propio ordenamiento procesal penal ha previsto.   

9. Por si fuera  poco,  apenas  consecuente  con  la  evidente  ineptitud formal y sustancial del  escrito  de  demanda,  es  la  petición  que hace de serle otorgada la libertad  inmediata  al procesado una vez la misma sea aceptada, cuando este es un aspecto  que  por  expresa  disposición  de  la  ley  únicamente  puede  ser  objeto de  pronunciamiento  “en  el fallo en que se ordene la revisión” (art. 241 del C.de  P.P.),  al  cual  se  llega  una vez adelantado el trámite de rigor que supone,  forzosamente, su admisión.   

Son  ostensibles,  pues, los desaciertos de  toda  índole  en  la presentación de la demanda de revisión en este caso, que  desde luego conducen a su inadmisión.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA en SALA DE CASACION PENAL,   

        RESUELVE:   

1. Reconocer al  doctor  Pedro María Ramírez Cháux como apoderado de BERNARDO CAÑAS, para los  fines y en los términos del poder conferido.   

2. Inadmitir la  demanda  de  revisión  presentada  a  nombre  del  sentenciado BERNARDO CAÑAS.   

        Cópiese, Notifíquese y Cúmplase.   

        CARLOS EDUARDO MEJÍA ESCOBAR   

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL                              JORGE ENRIQUE CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN            GALAN  CASTELLANOS                             CARLOS AUGUSTO GÁLVEZ ARGOTE   

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO                                       EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

ALVARO       ORLANDO       PÉREZ  PINZÓN                                         NILSON PINILLA  PINILLA                     

        Teresa Ruiz Núñez   

        Secretaria     

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