17058(15-11-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 17058  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta No. 175  

          Bogotá,   D.C.,   quince   (15)   de  noviembre  de  dos  mil  uno  (2001).   

          Califica   la  Sala  los  requisitos  formales  de  la  demanda  de  casación    presentada    en    defensa    de   los   procesados   HUMBERTO  CARRILLO  GODOY y JESÚS  ELÍAS  BRAVO BUSTOS contra  la  sentencia  proferida  el  24  de  agosto de 1999 por el  Tribunal Superior de Bogotá.   

ANTECEDENTES  

          1.   Dan cuenta los autos que en  la noche del 12 de mayo  de   1995,   tres   individuos   que   habían   ingresado  una  hora  antes  al  establecimiento  “El  Brasero  Rojo” del barrio Galán de esta ciudad, luego  de  consumir  alimentos  y  bebidas intimidaron al administrador del negocio con  armas  de  fuego  para  despojarlo de la suma de trescientos cincuenta mil pesos  correspondiente  a  las  ventas  efectuadas.   Seguidamente,  abordaron  el  vehículo  de  servicio  público  conducido  por Angel Augusto García, a quien  obligaron a dirigirse al barrio Primavera.   

          El  vigilante  del  local informó lo ocurrido a los integrantes de  una  patrulla  de la Policía Nacional que en ese momento recorría el sector, y  cuando  las  autoridades los interceptaron y requirieron para que se apearan del  vehículo,  los  sujetos  respondieron  accionando armas de fuego gestándose el  enfrentamiento  finalizado  con la muerte de uno de los asaltantes, identificado  después   como   el   cabo   primero   del   Ejército   Nacional  DAVID   GONZÁLEZ   ALARCÓN  y  con  la  captura  de  JESÚS  ELÍAS  BRAVO BUSTOS,   suboficial  de  tal  Institución,  adscrito  al  Batallón  de  Comunicaciones  con  sede  en  Facatativa.   El tercero de los delincuentes  logró fugarse.   

          Horas  más  tarde  fue  retenido  en  el  Hospital Militar el cabo  primero    HUMBERTO    CARRILLO   GODOY,   asignado   también  al  Batallón  de  Comunicaciones,  cuando  ingresó  a  ese  centro  asistencial con una herida de bala en la mano y rasgos  físicos   coincidentes   con   los   suministrados  por  los  presenciales  del  hurto   

         2.             La Fiscalía Seccional de Bogotá  abrió   la  correspondiente  investigación,  vinculó  en  indagatoria  a  los  capturados  y  les  impuso  medida  de aseguramiento de detención preventiva en  decisiones de mayo 19 y agosto 9 de 1995.   

          3.   Clausurado el sumario, en providencia del 9 de febrero de  1996,  el  instructor calificó su mérito probatorio con resolución acusatoria  como  coautores  del  delito  de  hurto  calificado  y agravado (artículos 349,  350-1º  y  2º,  351-1º  y  10º  y 372 del Código Penal), en concurso con el  porte  ilegal  de  armas  de  defensa  personal,  decisión  confirmada el 18 de  diciembre  siguiente  por  la  Fiscalía  Delegada  ante el Tribunal Superior de  Bogotá   al   resolver   el   recurso   de   apelación   presentado   por   la  defensa.   

          4.   El  Juzgado  23  Penal  del  Circuito  de Bogotá celebró la audiencia pública y en fallo del 13 de mayo de  1999    condenó    a    los    procesados    BRAVO  BUSTOS    y    CARRILLO  GODOY.   Al  primero,  a  la  pena  principal de  treinta  y seis (36) meses de prisión; al segundo, a la de treinta y cinco (35)  meses  de  prisión,  como  coautores de los delitos imputados en la resolución  acusatoria.   

         El  Tribunal  Superior  de  Bogotá  al  resolver  el  recurso  de  apelación  incoado  por  el  defensor  común de los  sindicados,  con  fecha agosto 24 siguiente confirmó integralmente la sentencia  del  a  quo,  contra  la cual interpuso y sustentó en forma oportuna el recurso  extraordinario de casación.   

LA  DEMANDA   

          En  defensa  de  los  procesados CARRILLO  GODOY     y     BRAVO  BUSTOS, luego de reseñar la actuación cumplida, las  pruebas  acopiadas  y el contenido de los fallos de primera y segunda instancia,  el    libelista    formula    dos    cargos   contra   el   proferido   por   el  Tribunal.   

          1.   En  la primera censura, con apoyo en la causal tercera de  casación  del artículo 220 del Código de Procedimiento Penal (Decreto 2700 de  1991),  se  acusa la sentencia impugnada de ser violatoria en forma “directa  de  la  ley”  por falta de  aplicación  de la norma de competencia prevista en el artículo 73-1º ibídem,  en  armonía  con  los  artículos  350  y 351 del Código Penal (Decreto 100 de  1980).   Solicita  de  la Corte entonces, que case el fallo atacado y anule  el proceso a partir de la providencia que cerró la investigación.   

          En  la  pretendida  sustentación  del reproche el defensor reitera  que  los  falladores incurrieron en la violación directa de la ley sustancial y  aduce   con  miras  a  sustentar  dicho  aserto,  que  la  competencia  para  el  juzgamiento   del  delito  investigado  correspondía  a  los  Juzgados  Penales  Municipales,  pues  la  cuantía de lo apropiado no excede de cincuenta salarios  mínimos legales mensuales.   

          Afirma   el   menoscabo   del  debido  proceso;  cita  como  normas  transgredidas  los  artículos 304 del Código de Procedimiento Penal, 1º y 6º  del  Código  Penal;  evoca  algunas  decisiones  de esta Sala sobre la forma de  determinar  la  cuantía  en  el  delito  de  estafa;  asegura  que  los  hechos  configuraron  una  contravención  especial  sometida  a  la  competencia de los  Inspectores  de  Policía y a la vez, que de acuerdo con el criterio mayoritario  de  la  Corporación  “sobre  la  integral  de  las  siguientes  diligencias”,  en  el presente trámite  “se   ha   incurrido  en  causal  de  nulidad  por  incompetencia,   respecto   de  las  lesiones  personales  ocasionadas  por  los  procesados  JESÚS  ELIAS  BRAVO BUSTOS y HUMBERTO CARRILLO GODOY”.   

          Trae  a  colación  los  comentarios  sobre  el  principio de   favorabilidad  contenidos en la sentencia de la Corte Constitucional que revisó  la  Ley 228 de 1995 y de un doctrinante nacional para afirmar que toda ley penal  posterior  al  hecho  debe  aplicarse de preferencia a la vigente al momento del  mismo;   y   finalmente,   transcribe   el   concepto  de  Ley  recogido  en  la  jurisprudencia.   

          2.   En  el  segundo cargo plantea la violación mediata de la  ley    sustancial    debido    a   errores   de   hecho   en   la   “apresiación  (sic) de las pruebas por haberse dejado de aplicar  el  art. 254 y 294 del C. de P.P., por haberseles dado una errónea apreciación  en   su   valoración   dentro   de   la   tarifa   que  regula  su  acertación  (sic)”.   

         Al   concretar   el   desatino  denunciado  señala  que  con  las  declaraciones  de  Blanca  Castillo,  Sol  Mayeli  Avenio, Humberto Diago Peña,  Antonio  Cadena Velazco y Hernando Castillo Parra, corroboradas por el procesado  BRAVO    BUSTOS,   se  demostró   fehacientemente   en  las  presentes  diligencias  que  CARRILLO  GODOY  jamás  estuvo  en el  lugar  de  los  sucesos,  pues  se  hallaba desarmado y en su residencia para el  momento  de  comisión  del hurto, asimismo, que la lesión sufrida y por razón  de  la cual ingresó al Hospital Militar le fue causada cuando unos desconocidos  pretendieron    asaltarlo;    declaraciones   que   el   Tribunal   “con  argumentos pobres de sospechas y conjeturas las desestimó  en    los    considerandos   de   la   sentencia”  recurrida.   

         Aduce  que los juzgadores no le concedieron valor probatorio a los  testimonios  rendidos  por Edilia Rodríguez González y Gilberto Arévalo en la  audiencia  pública,  a  pesar  de  no evidenciarse en ellos motivo de sospecha,  quienes   afirmaron  haber  presenciado  el  altercado  del  fallecido  sargento  GONZÁLEZ ALARCÓN con el  administrador del establecimiento asaltado.   

         Pregona  la  ineficacia  de  los  reconocimientos fotográficos no  obstante  el  mérito  que  les  fue  concedido  en  los  fallos  de  instancia,  porque  “se  les toma como principio regulador, de  que  se  trata de los mismos asaltantes por coincidir ciertos rasgos físicos en  especial  CARRILLO GODOY, por padecer según los fallos de cicatrices en la cara  por  acné”,  cuando  el  20%  de la población lo  padece,  de  manera  que  dicha  circunstancia  no  podía  tenerse “como    plena    identidad    de    un   procesado   para   ser  condenado”.   

         Por  último,  destaca  que  la  investigación  disciplinaria  se  adelantó  por  un  militar  sin  conocimientos  jurídicos,  quien  dirigió el  aludido reconocimiento trasladado a estas diligencias.   

         Con  tales  fundamentos  solicita a la Corte que case la sentencia  impugnada   y   dicte  fallo  el  absolutorio  “en  concordancia    y    armonía    con    el    art.   247   ibidem”.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

         De  la  simple revisión del libelo resulta evidente que no reúne  los  requisitos formales previstos en el artículo 225 del Decreto 2700 de 1991,  que  rigió  el  trámite  del  recurso y al cual debió ceñirse el impugnante,  precepto  que  como  también  contempla el artículo 212 de la Ley 600 de 2000,  actualmente   vigente,  exigen  el  señalamiento  de  la  causal  aducida  para  invalidar  el  fallo  indicando  sus fundamentos en forma clara,  precisa y  lógica,  con cita además de las disposiciones infringidas, requisito que lejos  estuvo  de  satisfacer  el  defensor  de  los procesados como pasa a examinar la  Sala.   

         1.    En  efecto,  tratándose  de  la  censura  inicial,  el  impugnante  no  atina  siquiera  a deslindar de manera inequívoca el motivo que  ampara  el  reproche  formulado,  pues  si  bien  invoca  la  causal  tercera de  casación,  que  corresponde  al supuesto de la sentencia proferida en un juicio  viciado  de  nulidad,  sugiriendo  más adelante el menoscabo del debido proceso  por  haberse  quebrantado una norma alusiva a la competencia, a renglón seguido  se  aparta  diametralmente  de  esta  propuesta  para  plantear  por  esta misma  circunstancia,   en   forma   simultánea,  la  violación  directa  de  la  ley  sustancial, recogida en la causal primera, cuerpo primero.   

           Así  las  cosas, el demandante perdió de vista que cada uno de  los  motivos del recurso extraordinario tiene su propio fundamento, naturaleza y  fines,  de  ahí  que  no  puedan  entremezclarse sin contradicción insalvable,  menos  aún,  tratándose  de  la  nulidad  y de la violación directa de la ley  sustancial,  pues  mientras  la  primera  parte  de la existencia de un vicio de  actividad  que  quiebra  la  legalidad  de  lo  actuado e impele a retrotraer el  trámite  al estadio en el que se originó la irregularidad revestida de entidad  para  generar  dicha  consecuencia,  la  violación directa de la ley sustancial  presupone  la  validez  de  lo actuado, donde se ataca el fallo de segundo grado  por  estar afectado por un error de mera lógica jurídica en la aplicación del  derecho al caso concreto.   

         La  deficiencia  técnica advertida se  mantiene  en  el  pretendido desarrollo del reparo al reiterar el demandante ese  cuestionado  planteamiento,  pero  también,  cuando combina la alegación de la  nulidad  inicialmente  enunciada  con  el  ataque a la decisión del Tribunal al  amparo  de  la  causal  primera,  en el que afirma se incurrió en la violación  directa  de  los  artículos  1º  y 6º del Código Penal  (Decreto 100 de  1980),  en  cuanto  recogen  los principios de legalidad y de favorabilidad, que  incluso  sustenta con la simple alusión a los conceptos de tales postulados sin  explicar   de  qué  forma  se  produjo  su  desconocimiento  en  las  presentes  diligencias.   

         Además  de las impropiedades anteriores, se tiene que el defensor  acrecentando  la  falta de claridad en la formulación del cargo eleva de manera  paralela  otras  propuestas,  que no vincula a una pretensión específica, pero  con  las cuales sugiere también la existencia de irregularidades en el trámite  del proceso.   

           Plantea    entonces    en    forma  contradictoria  y  excluyente,  de  una  parte  y sin referencia alguna al porte  ilegal  de armas materia de investigación y juzgamiento conjunto, que en virtud  de  su  cuantía  el  hurto  calificado  y  agravado  era  de competencia de los  Juzgados  Penales  Municipales;  de  la  otra,  que  tal  conducta por ese mismo  aspecto  configuró  tan sólo una contravención especial sometida a la órbita  funcional de las Inspecciones de Policía.   

         En  otros  de  esos  deshilvanados  argumentos, el censor parte de  premisas  que  ninguna  relación tienen con las presentes diligencias revelando  al  extremo  su  despiste.   Asegura  así, que los juzgadores carecían de  competencia  respecto  de  las  lesiones  personales  causadas  por los acusados  CARRILLO    GODOY   y  BRAVO   BUSTOS,  cuando  ninguna  imputación les fue elevada en el curso del proceso por ese ilícito; y  finalmente,  evoca  algunas decisiones de esta Sala sobre la forma de determinar  la  cuantía  en  la  estafa, sin que esa especie delictiva hubiese sido tampoco  imputada a sus defendidos.   

         En  fin, el libelo en este reproche de manera alguna corresponde a  un  escrito coherente, explícito y carente de ambigüedades que le permita a la  Corte  discernir  con  entera  claridad  lo  pretendido  por el demandante y sus  fundamentos.   

         2.  En el segundo cargo el impugnante acudió a la causal primera,  cuerpo  segundo,  del  artículo  220  del  Código  de Procedimiento Penal, que  atañe  a  la  violación indirecta de la ley sustancial, es decir, a través de  la  apreciación  de  las  pruebas;  sin  embargo,  también aquí es patente el  alejamiento  del  defensor  de  las  exigencias  técnicas  que  condicionan  la  admisión de la demanda.   

          En primer término, el censor omitió  señalar  las  normas  sustanciales  que  estima infringidas y el concepto de su  violación,  esto  es,  si  se  produjo  por  aplicación  indebida  o  falta de  aplicación,  requisito  que  al parecer entendió satisfecho con  enunciar  los  artículos  254  y  294 del Código de Procedimiento Penal entonces vigente  (Decreto    2700    de    1991),    de    indiscutible    carácter    puramente  procesal.   

         Tampoco indicó si el error endilgado a  los  juzgadores  fue  de  hecho  o  de  derecho, ni la específica modalidad del  dislate  cometido  en  el  análisis  de  las  pruebas; más aún, al esbozar la  censura  dejó  entrever  postulaciones contradictorias, pues con la cita de las  disposiciones  procesales  atrás  relacionadas anunció orientar el ataque a la  demostración  del  desconocimiento de las reglas de la sana crítica, en tanto,  que   en   el  siguiente  acápite  del  libelo  aseguró  la  inobservancia  de  “la   tarifa”  que  regula la apreciación de las pruebas.   

         La  fundamentación  del  reparo  así  deficientemente  presentado  tampoco  se  ajusta a los requerimientos de forma y  contenido  que  gobiernan la impugnación extraordinaria, para convertirse en un  alegato  de  instancia  que en lugar de encaminarse a la constatación de algún  error  trascendente  de  hecho  o  de  derecho cometido por los juzgadores en la  apreciación  de  las  pruebas,  conforme  en rigor se imponía al seleccionar y  precisar  la causal invocada, se tradujo en el enfrentamiento de las personales,  subjetivas  e  interesadas  conclusiones  del  demandante a las esbozadas por el  Tribunal en la providencia  atacada.   

         En  efecto,  reclamó  la  simple  prevalencia  de la versión del  sindicado  CARRILLO GODOY,  quien  se  declaró ajeno a los hechos investigados con apoyo en los testimonios  de  Blanca  Castillo, Sol Mayeli Avenio, Humberto Diago Peña, Edilia Rodríguez  González   y   Gilberto   Arévalo,  elementos  de  juicio  que  los  jugadores  desestimaron  con  “pobres argumentos”, critica el recurrente, para conceder  mayor  credibilidad  a  las declaraciones de los empleados del administrador del  negocio  asaltado, sospechosas en opinión del censor, por la subordinación con  el denunciante.   

         Por  el  mismo  sendero  argumentativo,  esto  es, sin intentar la  comprobación  de  algún desatino del Tribunal en la apreciación de los medios  de  persuasión  incorporados  al  proceso, el casacionista cuestiona el mérito  concedido   al   reconocimiento   fotográfico   efectuado   con   el  procesado  HUMBERTO  CARRILLO  GODOY  desde  dos  perspectivas  que traducen también una simple inconformidad con las  conclusiones   de   los  falladores,  de  una  parte,  porque  su  resultado  se  fundamentó  en  un  parámetro  que en opinión del demandante se predica de un  buen  porcentaje  de  los habitantes del territorio nacional; de la otra, porque  su  realización en la actuación disciplinaria adelantada contra los sindicados  por  las  autoridades  militares,  de la que fue trasladada a estas diligencias,  estuvo    dirigida    por     un    oficial    carente   de   conocimientos  jurídicos.   

         Una   incongruencia   adicional   se  observa  al  confrontar  los  fundamentos  del  reproche  y  la  solicitud que con base en ellos se eleva a la  Corte,  pues  a  pesar que los argumentos del demandante estuvieron orientados a  plantear   la   inocencia   del  implicado  CARRILLO  GODOY,  exclusivamente,  a través de la valoración  de  la  prueba que postula y opone a la efectuada en los fallos de instancia, el  censor  concluye  pretendiendo  la sustitución del fallo condenatorio proferido  contra ambos procesados.   

         En  conclusión, la demanda presentada  en   defensa   de   los   procesados   BRAVO  BUSTOS  y      CARRILLO  GODOY incumple de manera ostensible los presupuestos  formales  que deben satisfacerse inexorablemente en ella.  Por lo tanto, en  cumplimiento  de  los   artículos  225  y 226 del Código de Procedimiento  Penal  que  regía  cuando  fue  proferida  la sentencia, la Sala inadmitirá la  demanda   con   la  consecuente  declaratoria  de  deserción  de  la  casación  interpuesta  mediante  providencia  que  no  admite  ningún  recurso y adquiere  ejecutoria  en  el  momento  de  su  suscripción,  al  tenor  del artículo 197  ibídem.   

         En  mérito  de  lo expuesto, la Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

         NO  ADMITIR  la  demanda  de casación  presentada  en  defensa  de  los  procesados HUMBERTO  CARRILLO  GODOY  y JESÚS  ELÍAS  BRAVO  BUSTOS.    En consecuencia,  declarar desierto el recurso de casación interpuesto.   

Contra este auto no procede ningún recurso,  de  conformidad  con  el  artículo  197  del estatuto procesal penal que regía  cuando fue proferida la sentencia.   

        Cúmplase,   

CARLOS   EDUARDO   MEJÍA    ESCOBAR   

FERNANDO  ARBOLEDA RIPOLL                           JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN  GALÁN  CASTELLANOS                                                  CARLOS           A.           GÁLVEZ  ARGOTE             

JORGE   A.   GÓMEZ   GALLEGO                          EDGAR LOMBANA  TRUJILLO           

ÁLVARO   O.  PÉREZ  PINZÓN                                                           NILSON  PINILLA  PINILLA           

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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