16809(23-07-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 16809  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado  Ponente:   Dr. HERMAN GALÁN  CASTELLANOS   

Aprobado Acta No. 103  

Bogotá D.C., veintitrés (23) de julio de dos  mil uno (2001)   

V    I    S   T   O  S   

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de  la  demanda  presentada  por  el apoderado judicial de HÉCTOR ELÍAS VALERO  DELGADO  contra  la  sentencia  del  12  de  agosto de 1999, mediante la cual el  Tribunal  Superior de Ibagué, confirmó la dictada por el Juzgado 3º Penal del  Circuito  de  la  misma ciudad, que condenó al procesado a la pena principal de  cinco  (5)  años  de  prisión, multa de cincuenta salarios mínimos mensuales,  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo lapso, como  también,  al  pago  de  los  perjuicios  causados al ofendido en el monto allí  especificado,  por  los  delitos  de  falsedad  por  destrucción,  supresión y  ocultamiento   de   documento  público,  en  concurso  con  el  de  concusión.   

H    E    C   H   O  S   

El Tribunal los resumió así:  

“…El  23 de mayo de 1996, la Fiscalía 18  Unidad  de Patrimonio de Ibagué abrió investigación penal contra                WILLIAM  FERNANDO   ROJAS   BETANCOURTH,  por  los  delitos  de  receptación    y    falsedad    material    de    particular    en    documento  público.   

El  13  de  junio  siguiente,  HECTOR  ELIAS VALERO DELGADO, quien por esa  época  se  desempeñaba  como  asistente judicial I adscrito a la Fiscalía 18,  les   manifestó   a   ROJAS  BETANCOURTH    y    a    su    compañera    FABIOLA  TANGARIFE   que  dada  su  basta  experiencia  podía  ayudarles   para  que  éste  recobrara  su  libertad.  A  partir  de  ese  día  FABIOLA  se reunió en varias  oportunidades    con    VALERO   DELGADO,  quien no solamente le informaba sobre la sitúación jurídica de  WILLIAM   FERNANDO,   sino  también  sobre  sus  penurias  económicas,  por lo que aquella varias veces le  dió   dinero.   Además,  VALERO  DELGADO  le  entregó a dicha mujer el oficio No. 8368 de fecha 24 de junio  de  1996,  suscrito por el Director Seccional del Departamento Administrativo de  Seguridad  DAS  del  Meta,  en  donde  dicho  funcionario  informaba  sobre  los  antecedentes  penales  de ROJAS BETANCOURTH…”                     

L A   D E M A N D  A   

El     defensor     de    HECTOR  ELIAS  VALERO  DELGADO propone un  único  cargo  contra  el  fallo  de  segunda  instancia,  con base en la causal  primera  de  casación  a  que  se  contrae  el art. 220 del C.P.P., proveniente  “…del  error  en la apreciación de varias pruebas allegadas de manera legal  al proceso…”    

A  efectos  de su demostración, empieza por  referirse   a   los   apartes  de  la  exposición  de  William  Fernando  Rojas  Betancourth,  atinentes  a  los  escritos  elaborados  por su prohijado para ser  allegados  al  proceso  que  por los delitos de receptación y falsedad material  adelantaba  la  Fiscalía  contra  éste  y Edison Lopera, a saber: solicitud de  libertad  provisional  de  Edison  Lopera;  solicitud  de libertad del deponente  Rojas   Betancourth;   solicitud   de  detención  domiciliaria;  y  escrito  de  reposición  contra  el  auto  que  la  denegó,  los  cuales, de acuerdo con lo  afirmado     por     Rojas    Betancourth,    VALERO  DELGADO   le   hizo   llegar   por  conducto  de  su  esposa.   

En  contraste con la anterior,  cita la  declaración  de  Pablo  Nel Cervera de cuyo contenido, señala, se extracta que  fue  éste  quien  de  acuerdo  con  un  hermano  de  Rojas Betancourth, abogado  litigante,  elaboró:  un memorial solicitando la sentencia anticipada de Rojas;  la  solicitud  de  sustitución  de  la  medida  de  aseguramiento de detención  preventiva  por  la de detención domiciliaria del mismo; recurso de reposición  y  apelación  contra  el auto que denegó la anterior; una segunda solicitud de  detención  domiciliaria  en  favor  del  citado  sindicado;  y  los recursos de  reposición  y apelación contra la providencia que la desestimó, todo ello con  el  ánimo  de  dilatar  el  trámite y con miras a obtener la libertad de Rojas  Betancourth  por  vencimiento  de  términos,  según lo convenido con el citado  litigante.  Agrega  que  a  raíz  de las negativas a la detención domiciliaria  William  Rojas le manifiestó que cambiaría de abogado, habiéndole, en efecto,  revocado     el     poder.            

Para  el  casacionista,  lo  relatado por el  apoderado  de  Rojas  Betancourth concuerda con la confección de los memoriales  recibidos  por  éste  y presentados ante la Fiscalía instructora, desvirtuando  “…completamente  las  versiones  tanto del sindicado como su esposa y demás  testigos  en  cuanto  se  refiere  a  la  elaboración por parte de HECTOR   ELIAS  VALERO  DELGADO,  de  los  memoriales  enunciados…”,  y  concluye que si ello es así “…mal podría  (su   representado)   recibir   dineros   de   actividades   no  evacuadas…”   

Afirma  que  estas  pruebas no fueron ni han  sido  debidamente  evaludadas  por el sentenciador, pues a su juicio de ellas se  desprende  con  claridad  que  su  procurado  no elaboró los escritos que se le  atribuyen,   lo   cual,   dice,   está  demostrado  desde  los  inicios  de  la  investigación  a  través  del  rechazo de los cargos por parte del sindicado y  quedó   ratificado   posteriormente   con   las  pruebas  aportadas,  como  las  diligencias  de  inspección   judicial  al  lugar de su residencia y donde  laboraba,  que  demuestran  que  los  escritos no procedían de las máquinas de  escribir  utilizadas  por  el encartado con lo que, colige, no puede pretenderse  establecer  que  éste, sin recibir dinero alguno, hubiere sustraído documentos  para  entregárselos  a  Rojas  Betancourth,  ya  que no habría motivo para tal  conducta.   

Para   finalizar   señalando  que  “del  contenido  de  estas  pruebas  allegadas  al  proceso  y  que hemos reseñado se  concluye  que  el  procesado  no  tubo (sic) jamás la intención de ofrecer sus  servicios  personales a cambio de dinero, como tampoco, la de sustraer documento  alguno  perteneciente al cuerpo del proceso investigativo, menos aún entregarlo  al         presunto         ofendido        WILLIAM        FERNANDO        ROJAS  BETANCOURTH…”                   

Los no recurrentes guardaron silencio.    

C O N S I D E R A C I O N E S  

1.    Sin   satisfacer  los  mínimos  presupuestos  de  precisión  y claridad que regentan la casación, omitiendo el  señalamiento  de  las  normas  ordenadoras  de  los  medios impugnados,  e  inobservando  principios  técnicos  como  el  de la autonomía de las causales,  invoca  el demandante la causal primera prevista en el artículo 220 del C.P.P.,  por  yerros  en  la  apreciación “de varias pruebas allegadas de manera legal  proceso”.   

Si bien sugiere el casacionista que su ataque  está   enderezado  a  establecer      errores  fácticos  en  la  apreciación  de  los  medios   opugnados,   cuando   presupone  que  los  mismos  fueron  legalmente  aportados  a  la actuación,  olvida,  sin  embargo,  precisar  el  sentido de los errores de hecho invocados,  vale  decir,  si éstos se  fundan en la omisión de pruebas regular y  legalmente  allegadas,  en la tergiversación de su sentido o desconocimiento de  las   reglas   de   la   lógica,  la  experiencia  o  el  sentido  común,  que  debieron   fundar  su  estimación o, si se trató, por el contrario, de la  creación  o  invención  de  elementos  de  certeza  que  a  pesar  de no tener  existencia  válida en el proceso, dieron lugar a edificar  sobre ellos los  juicios  de  autoría  y  responsabilidad  deducidos  a  su  representado,  como  modalidades posibles de los yerros fácticos insinuados.   

Indefinición  que  deja,  igualmente,  sin  efectos  la  censura,  que así planteada se presenta incompleta, por cuanto las  distintas   clases   de  errores  de  hecho  por  omisión,  distorsión,  falso  raciocinio   o   suposición   de   prueba,  como  lo  ha  sentado  constante  y  repetidamente  la  doctrina  de  la  Sala,  obedecen  a postulados y desarrollos  distintos  a  los  cuales  debe  sujetar  el  censor  su  alegación  en orden a  demostrarlos,  so pena de fracasar en su intento como ocurre en este caso y, sin  que,  de  otro lado, pueda entrar la Corte a terciar para decidir por cualquiera  de  ellos,  dado  el  principio  de  limitación  que  rige  la casación,   encontrándose,    entonces,    impedida    para   suplir   tales   deficiencias  técnicas.            

   

2.   Como  era  de esperarse, frente al  vacío  que  se  advierte  en la formulación de la censura cuando el accionante  pretende  su  demostración,  termina  encaminándola por derroteros enteramente  distintos  de los yerros fácticos enunciados, como son los del error de derecho  originados  en falsos juicios de convicción, pues en lugar de evidenciar que el  sentenciador  ignoró  abiertamente o tergiversó los elementos de certeza a que  se  contrae  su  discurso,  o  que  a través de su apreciación desconoció las  reglas   de   la  lógica,  la  ciencia  y  la  experiencia  común,  extrayendo  conclusiones  de su contenido   que riñen con tales principios, o que  supuso  elementos  que  no  les son inherentes, como era su deber por el sendero  del  yerro  fáctico  escogido,  se dedica a criticar el mérito que el fallador  otorgó  a  la versión de William Fernando Rojas Betancourth y al testimonio de  Pablo  Nel  Cervera,  respecto  de  los cuales considera, “…ni fueron ni han  sido    debidamente    evaluadas…”,    haciendo   caso   omiso,  de  nuevo,  de  elementales principios de la técnica  casacional,  según  la  cual,  mal  pueden  atacarse  por  la  vía  de  falsos  juicios   de  convicción  pruebas  como  éstas,  cuyo  mérito  no  está  sometido  a  determinada  tarifa  legal, sino abandonado a la libre apreciación  racional  del  juez, pues si se tratare de lo primero, el demandante estaría en  la  obligación  de  señalar  la  norma  que  le  asigna  un  determinado valor  probatorio a la prueba testimonial.   

3.   Además, no se ocupó el libelista  por  desquiciar  todo  el  supuesto fáctico del fallo impugnado, quedándose en  simples  especulaciones  y  desviando  el reproche, como se dijo,  hacia el  campo  del  error  de derecho por falso juicio de convicción, inútil de alegar  en  materia penal si se tiene en cuenta que nuestro régimen procesal no se rige  por el sistema de la tarifa legal probatoria.   

Deviene  de  lo anterior, que en su precaria  demostración  del  cargo, lo único que  evidencia el actor es el interés  de  sacar  avante  su propia tesis de los hechos y de las pruebas, con el ánimo  de  que  se  crea  únicamente  la  versión  del  incriminado  y  la de quienes  intentaron  sin  éxito respaldarlo, oponiéndola a la del Tribunal, sin que con  ello  logre  demostrar  yerros in iudicando de ninguna naturaleza, para terminar  exponiendo  a  manera  de  alegato  de  instancia  su  inconformidad  con  dicha  apreciación  probatoria,  a  partir  de su personal punto de vista.   

Siendo  ello  así,  se impone, inadmitir la  demanda y declarar desierto el recurso.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

R E S U E L V E:  

Inadmitir la demanda de casación presentada  en  nombre de HECTOR ELÍAS VALERO DELGADO, y en consecuencia, declarar desierto  el  recurso  interpuesto  contra  la sentencia proferida el 12 de agosto de 1999  por el Tribunal Superior de Ibagué.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno,  de  acuerdo  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  197  del Código de  Procedimiento Penal.   

Cópiese, cúmplase y devuélvase al Tribunal  de origen.   

CARLOS  EDUARDO  MEJIA  ESCOBAR   

FERNANDO  ARBOLEDA  RIPOLL   JORGE  E.  CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN  GALÁN  CASTELLANOS   CARLOS A.  GÁLVEZ ARGOTE    

JORGE  A.  GÓMEZ  GALLEGO    EDGAR  LOMBANA TRUJILLO      

ALVARO         O.        PÉREZ  PINZÓN              NILSON PINILLA PINILLA   

TERESA     RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria  

    

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