16407(26-07-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 16407  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

DR.   EDGAR   LOMBANA  TRUJILLO   

Aprobado Acta No. 106  

          Bogotá,   D.C.   veintiséis   (26)   de  julio  de  dos  mil  uno  (2001)   

          Se  decide  el  recurso  de  casación  interpuesto  en defensa del  procesado  JORGE ENRIQUE ALVARADO MEDINA contra  la  sentencia  de  fecha febrero 2 de 1999, por medio de la  cual  el Tribunal Superior de Bogotá confirmó la condena de setenta (70) meses  de  prisión,  impuesta  por  el  Juzgado  53  Penal  del Circuito de esta misma  ciudad,  al  citado  sindicado y a MARÍA LIGIA RIVERA  DE  MORRIS,  como  coautores  del  delito  de  estafa  agravada,  en  concurso con múltiples punibles de falsedad material de servidor  público  en  documento público agravada por el uso, y de falsedad en documento  privado.   

         En la misma decisión, el a quo condenó  al  sindicado  PEDRO LEON RAMÍREZ TAPIAS a  la  pena  principal  de cincuenta y cinco (55) meses de prisión  por  el  delito  de  estafa  agravada,  en  concurso  con múltiples punibles de  falsedad  en documento privado y de falsedad material de particular en documento  público,  y  absolvió a LEONARDO QUIROGA     de     los     cargos     imputados    en    la    providencia  enjuiciatoria.   

HECHOS  

          Los  señores  Carolipo,  Segundo Luis, Salvador y Guillermo Angulo  Amado,  comerciantes  dedicados  a  la  actividad  hotelera,   buscaron  la  asesoría     de    LEONARDO    QUIROGA  para el adelantamiento de la contabilidad, la elaboración de las  declaraciones  de  renta  y  el  pago  de  las  obligaciones  tributarias  en su  condición  de  responsables  del impuesto sobre las ventas, y de contribuyentes  de  los  impuestos  de  renta  e  industria y comercio.  El citado contador  elaboraba  las  declaraciones  tributarias,  las  presentaba  ante las entidades  correspondientes  y  efectuaba  los  pagos,  quien  recibía de sus clientes las  sumas  requeridas para dicho efecto, usualmente en efectivo, entregando a cambio  los formularios y recibos con los sellos y firmas del caso.   

          A  mediados  de  1992,  la  Administración de Impuestos Nacionales  embargó  las cuentas corrientes de Carolipo Angulo Amado y de Gladys de Angulo,  esta  última  esposa  de  Guillermo Angulo Amado.  Los afectados acudieron  entonces  a  la  Oficina  de  Cobranzas  de  la dependencia citada, donde fueron  informados  de la existencia de varios procesos de ejecución fiscal adelantados  en  su  contra  por el omitido pago de las obligaciones tributarias de los años  gravables de 1988 a 1990.    

          Con  ocasión  de  las  averiguaciones  efectuadas  por  los  comerciantes Angulo Amado, y mediante la confrontación de  los   recibos  entregados  por  QUIROGA  con  la documentación existente en la Administración de Impuestos  Nacionales,  se  evidenció  que  las declaraciones de renta de los años 1988 y  1989  habían  sido  allegadas,  pero  el  impuesto liquidado no fue cancelado a  pesar  de haber recibido el contador los dineros correspondientes, de manera que  las  constancias  de  su  cancelación  resultaron  espúreas; asimismo, que las  declaraciones  tributarias  del  año  gravable  de  1990  no fueron en realidad  presentadas,  por  lo  tanto,  que  los  sellos  de  su recepción en la entidad  oficial eran falsos.   

          En     el     proceso     se     estableció    que    LEONARDO  QUIROGA  para efectuar el pago  de  los  impuestos  contactó  a  PEDRO LEÓN RAMÍREZ  TAPIAS   y,   este   a   su   vez,   a  JORGE  ENRIQUE  ALVARADO MEDINA, para esa  época   profesional   universitario   de  la  División  de  Auditoría  de  la  Administración   de  Impuestos  Nacionales,  quien  con  la  participación  de  MARÍA    LIGIA    RIVERA   DE   MORRIS,  también  vinculada a esa entidad en el grupo de Orientación al  Contribuyente,  simularon la cancelación de las obligaciones tributarias de los  denunciantes, y elaboraron los recibos y demás documentos falsos.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

         1.   Abierta  la  investigación y  vinculados      mediante      indagatoria     los     imputados     LEONARDO   QUIROGA,   PEDRO   LEÓN   RAMÍREZ   TAPIAS     y    JORGE    ENRIQUE    ALVARADO  MEDINA,  su  situación  jurídica  fue  definida  en  resolución  del  20  de  abril de 1993, con medida de aseguramiento de caución  por los delitos de estafa y falsedad en documento privado.   

         MARÍA   LIGIA   RIVERA  DE  MORRIS  fue  emplazada  y declarada persona ausente, afectada después con la misma medida de  aseguramiento como coautora de los referidos ilícitos.   

         2.   El 4 de noviembre de 1994, la  Fiscalía  calificó  el  mérito  probatorio  del  sumario  con  resolución de  acusación  contra la totalidad de los sindicados, como coautores de los delitos  de  estafa y falsedad de documento privado en concurso homogéneo, decisión que  la  Fiscalía  ante los Tribunales de Bogotá y Cundinamarca anuló por error en  la  calificación  jurídica,  al  desatar  las  apelaciones  incoadas  por  los  defensores.   

         La  actuación fue nuevamente calificada el 23 de junio de 1995, en  esta   oportunidad,   con   acusación   contra  los  incriminados  QUIROGA       y       RAMÍREZ  TAPIAS en calidad de coautores  de  los  delitos de estafa, falsedad en documento privado y falsedad material de  particular  en  documento  público  agravada,  mientras  que  a  los sindicados  ALVARADO    MEDINA   y  RIVERA  DE  MORRIS  se les  dedujo  la coautoría de los punibles de estafa, falsedad en documento privado y  falsedad  material  de  servidor  público  en  documento público, esta última  agravada por el uso.   

         La  medida  de  aseguramiento de caución que había sido dispuesta  contra los procesados fue sustituida por la detención preventiva.   

          La   anterior   decisión   adquirió  ejecutoria  el 30 de julio de 1996, fecha en la que fue confirmada integralmente  por   la  Fiscalía Delegada ante los Tribunales de Bogotá y Cundinamarca,  al  pronunciarse  sobre  la  alzada  interpuesta por el defensor de ALVARADO MEDINA.   

          3.   El  Juzgado  53  Penal  del  Circuito  de  Bogotá  adelantó el trámite del juicio, de manera que celebrada  la  audiencia  pública,  y  subsanada  la actuación irregular que propició la  nulidad  decretada  por  el Tribunal Superior de Bogotá, el 25 de junio de 1998  dictó  la  sentencia  mediante  la  cual condenó a los procesados JORGE   ENRIQUE   ALVARADO   MEDINA,   MARÍA   LIGIA   RIVERA   DE  MORRIS   y   PEDRO  LEÓN  RAMÍREZ  TAPIAS a las penas señaladas en el acápite  inicial  de  esta  providencia, en tanto que absolvió al sindicado LEONARDO    QUIROGA   de   los   cargos  endilgados en la resolución de acusación.    

          Los  defensores  de  los  incriminados  ALVARADO    MEDINA   y  RIVERA  DE  MORRIS apelaron  la  decisión, y el Tribunal Superior de Bogotá la confirmó el 2 de febrero de  1999,  a  través  del  fallo  recurrido  en casación por los apoderados de los  citados  y  de PEDRO LEÓN RAMÍREZ TAPIAS.   El  Tribunal  negó  el  recurso interpuesto en defensa de  este  último,  mediante  providencia  confirmada  por  la   Sala  el 30 de  noviembre  del  mismo  año  al  desatar el recurso de hecho incoado, y declaró  desierta  la  impugnación  de  la sindicada RIVERA DE  MORRIS.   

LA DEMANDA  

         Primer cargo.   

         Con  apoyo  en  el  numeral  1º, inciso 2º, del artículo 220 del  Código  de Procedimiento Penal, el demandante acusa la infracción indirecta de  los  artículos  247  ibídem, 5º, 21 y 35 del Código Penal, como consecuencia  de  los  errores  de  hecho  cometidos  por  el  Tribunal,  por  falso juicio de  existencia,   al  omitir  las  pruebas  que  excluían  la  responsabilidad  del  sindicado  ALVARADO MEDINA.   

         En  orden  a  demostrar  la  censura,  el  impugnante  concreta los  siguientes desaciertos en la decisión atacada:   

         1.   La  prescindida consideración de los documentos alusivos  a  la  cuenta  corriente  del  sindicado  PEDRO LEÓN  RAMÍREZ   TAPIAS,   cotejados  con  las  fotocopias  remitidas  del  Banco  de  Bogotá  correspondientes,  a  su  vez,  a  la cuenta  corriente  del  contador  LEONARDO QUIROGA,  “con respecto a demostrar el dinero  recibido  por PEDRO LEÓN RAMÍREZ TAPIAS de manos de LEONARDO QUIROGA QUIROGA y  que  entregaba  en  su  totalidad  a  JORGE  ENRIQUE  ALVARADO MEDINA y haciendo  comparación  del  dinero  consignado  por  los ANGULO en la cuenta corriente de  LEONARDO  QUIROGA  QUIRODA  el  siete  (7) de junio de mil novecientos ochenta y  nueve  (1989),  debiendo  pagarse  una  mayor  cantidad  a la Administración de  Impuestos  Nacionales y eso sucedió con todos los demás recibos”.   

         2.   Afirma  que  el  Tribunal  tampoco tuvo en cuenta que los  denunciantes   Salvador,   Carolipo,  Guillermo  y  Luis  Segundo  Angulo  Amado  admitieron  que  pagaban  “menos de lo adeudado a la  Administración   de   Impuestos   Nacionales”,  e  indicaron  no  tener  ningún  “tipo  de  relación  comercial  o  personal  con  PEDRO LEON RAMÍREZ TAPIAS y JORGE ENRIQUE ALVARADO  MEDINA”.   

         3.     Se    omitió    la    indagatoria    de   JORGE  ENRIQUE ALVARADO MEDINA, en cuanto  endilgó  a  la procesada RIVERA DE MORRIS las falsificaciones y la apropiación del dinero.   

         4.    Acusa   que  el  Tribunal  prescindió  de  “las  contradicciones en que incurrieron LEONARDO QUIROGA QUIROGA  y  su secretaria MARTHA CELMIRA SANDOVAL ORJUELA, en cuanto a que dijeron que el  dinero  lo  dieron  en  efectivo  y  no en cheques como está probado dentro del  proceso”.   

         5.   Señala  finalmente, que el Tribunal omitió el análisis  de  “la  prueba aparecida a folios 26 y 31 donde se  demuestra   que  LEONARDO  QUIROGA  QUIROGA  estaba  haciendo  esas  operaciones  delictivas  desde  1989  con  las  declaraciones  de  1988 y que con PEDRO LEÓN  RAMÍREZ  TAPIAS,  JORGE ENRIQUE ALVARADO MEDINA y MARÍA LIGIA RIVERA DE MORRIS  se   realizaron  desde  1990  hasta  1991,  con  las  declaraciones  de  1989  y  1990”.   

         Segundo cargo.   

         Con  carácter  subsidiario  y  fundamento  también  en  la causal  primera  de  casación,  cuerpo  segundo,  el  censor  indica  que  la sentencia  impugnada  “violó  en forma indirecta por error de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad  al  tergiversar  el contenido fáctico  probatorio,  violando  en esta forma los artículos 5, 21 y 35 del Código Penal  relativos  a la culpabilidad en sus formas de responsabilidad, violando de igual  manera  el  artículo  247  del  Código  de  Procedimiento Penal”.   

         En  la  fundamentación  del  reproche  aduce, en forma escueta por  demás,  que  el  desatino consistió en tener por demostrada la responsabilidad  de   los   procesados   ALVARADO  MEDINA   y   RIVERA   DE   MORRIS  en  los delitos de estafa agravada, falsedad material de servidor  público  en  documento  público,  agravada por el uso, y falsedad en documento  privado,  a  pesar  que  en el proceso no se encuentra probado el compromiso del  primero en ese concurso de hechos punibles.   

         Plantea  que  si  el  a quo contrariando la realidad procesal y sin  prueba   de  cargo  condenó  al  implicado  ALVARADO  MEDINA,    lo    mismo    tendría    “que  hacerse  con  la  conducta  ilícita  del  señor  LEONARDO  QUIROGA  QUIROGA”,  que  no  fue  examinada  por el  Tribunal  cuando  revisó  la  sentencia  de  primera  instancia  respecto de la  condena del citado.   

         En  el  aparte  conclusivo  del  libelo,  el  demandante critica al  Tribunal   por   desechar   las   pruebas  que  permitían  la  exoneración  de  ALVARADO   MEDINA,  pues  acreditaban  un  comportamiento  orientado “única y  exclusivamente  a  la  colaboración  o  favor personal que tuvo con PEDRO LEÓN  RAMÍREZ TAPIAS”.   

         Basado  en  los  anteriores  argumentos,  el defensor solicita a la  Corte  que  case  el  fallo  impugnado  y  profiera en su lugar una sentencia de  carácter absolutorio en relación con su asistido.   

CONCEPTO DE LA PROCURADURÍA  

         El  Procurador  Segundo  Delegado  (E.)  sugiere a la Sala no casar   

la sentencia recurrida ante los desaciertos  de  orden  técnico  cometidos  por  el  demandante,  y que por sí solos tornan  ineptos los ataques postulados.   

         1.   Tratándose  del  primer  cargo,  el  Ministerio Público  destaca  que  en  la  cita  de  disposiciones  no  se  identificaron  las normas  quebrantadas   que   tienen   carácter   sustancial,   ni   el  sentido  de  su  violación.   

         Encuentra  por otra parte, que el yerro alegado carece por completo  de  demostración,  pues  el  esfuerzo  del  libelista  se redujo a enunciar los  medios  de  prueba  que  a  su  juicio fueron omitidos por el Juzgador, pero sin  intentar  desquiciar  las  conclusiones del fallo sobre la responsabilidad penal  de  su  defendido.   Tampoco  indica el poder demostrativo de los medios de  persuasión  que  invoca  como  ignorados,  ni  su influjo frente a la sentencia  impugnada.   

         2. En lo atinente a la segunda censura,  la  Delegada advierte que el casacionista no demostró la denunciada distorsión  de  la  prueba,  por cuanto se limitó a fijar un criterio personal en relación  con  la condena, sin indicar siquiera los medios de persuasión objeto del error  acusado,  los  aspectos  tergiversados  y su trascendencia en los resultados del  fallo;  en fin, en opinión de la Procuraduría, la lacónica argumentación del  censor,  propia  de un alegato de instancia, en manera alguna tiene la capacidad  para  desvirtuar  la  doble  presunción  de  acierto  y legalidad que ampara la  decisión atacada.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

         Le asiste razón al Procurador Delegado  cuando  advierte protuberantes defectos en materia de técnica, que al final dan  al traste con la impugnación extraordinaria.   

         Se  destaca,  en primer término, que el demandante en la síntesis  de  los  hechos no relató los que fueron materia del presente juzgamiento, sino  que  acude  a  una personal e interesada visión de lo acontecido.  Tampoco  identificó  los sujetos procesales, y en los dos cargos formulados al amparo de  la  causal  primera de casación, cuerpo segundo, acusó la violación indirecta  de  la  ley,  pero  omitió  indicar  la  totalidad  de  las normas de carácter  sustancial  transgredidas y el sentido de su quebrantamiento, esto es, si lo fue  por aplicación indebida o exclusión evidente.   

         El  censor  asume haber satisfecho este  ineludible  requisito,  que  contribuye  a  arrojar  claridad  y precisión a la  formulación  del  reproche,  con  la  cita  del  artículo  247  del Código de  Procedimiento  Penal,  de  naturaleza  puramente  procesal,  y  a  través de la  relación  de  los  artículos  5º,  21 y 35 del Código Penal, sin señalar su  incidencia  para  la  definición  del  aspecto  controvertido, dejando entrever  además  postulaciones  abiertamente  contradictorias.   En  efecto, con el  atestado  quebranto  del  artículo  21 del Código Penal, el actor advierte una  controversia   orientada  a  cuestionar  la  imputación  causal  del  resultado  antijurídico  a su asistido, mientras que a través de la señalada infracción  de  los  artículos  5º  y  35  ibídem, esboza que el desatino incurrido en el  fallo   impugnado   recayó   al   discernir   la  culpabilidad  del  procesado.   

         Más  aún, en el aparte conclusivo del  libelo,  afianzando  la  confusión detectada en el planteamiento de los cargos,  el  recurrente  afirmó  que  la  violación  de  los  mencionados  preceptos se  derivó,  no  de  los errores de hecho anunciados, sino de la aplicación de las  normas  que  describen  los delitos imputados, perdiendo de vista que al invocar  la  infracción  mediata  de  la  ley sustancial con la pretensión de trocar la  naturaleza  de  la  sentencia  condenatoria impugnada, le competía plantear que  como  consecuencia  de  yerros  trascendentes  en el análisis de la prueba, los  juzgadores   aplicaron   los   preceptos  tipificadores  de  las  conductas  que  determinaron la condena.   

         En  el  desarrollo  de  las  censuras  el  demandante  comete otras  impropiedades  técnicas,  precisadas  seguidamente, en lo particular y frente a  cada uno de los reproches erigidos a la sentencia del Tribunal.   

        Primer cargo.   

        1.    En  este  reproche  el  casacionista  sostiene  que  el  Tribunal  incurrió  en  error  de  hecho  por falso juicio de existencia porque  omitió,   según   aduce,   la   estimación  de  varias  pruebas  incorporadas  materialmente  al  expediente;  sin  embargo,  la  modalidad de desatino acusada  lejos  está  de guardar correspondencia con su desarrollo, al menos no respecto  de   todos   los   elementos   de   persuasión   que  el  casacionista  afirmó  prescindidos.   Ataques que en todo caso dejó en el simple enunciado, pues  le  resultaba  imperativo,  no  sólo señalar el medio de persuasión ignorado,  sino  también,  acreditar  la  trascendencia  de los dislates denunciados en el  sentido  de  la decisión recurrida, exigencia insatisfecha en el caso examinado  como pasa a discernirse.   

        1.1   Afirma  el impugnante, en primer lugar, que el yerro se  configuró  al ignorar el Tribunal los documentos alusivos a la cuenta corriente  del   también   sindicado   PEDRO  LEÓN  RAMÍREZ  TAPIAS,  que  cotejados  con  otros  allegados a los  autos  demostraban  que  los  denunciantes  Angulo  Amado,  para  el pago de las  obligaciones   tributarias,  entregaron  a  LEONARDO  QUIROGA   sumas   inferiores  a  las  efectivamente  adeudadas a la Administración de Impuestos.   

         No obstante, el actor omitió precisar  de   qué  modo  la  estimación  de  esos  documentos  o  de  la  circunstancia  establecida  a  través de ellos habría incidido en la declaración de justicia  vertida   en   la   providencia   cuestionada,   excluyendo   o  morigerando  la  responsabilidad  penal  predicada de su asistido, esto es, soslayó la exigencia  de demostrar el influjo del error de hecho argüido.   

        2.2   Plantea  además,  que  el  juzgador ad quem no tuvo en  cuenta  algunos  apartes  de  las denuncias de los afectados Salvador, Carolipo,  Guillermo  y Luis Segundo Angulo Amado, concretamente, sus manifestaciones en el  sentido  de  tener  conocimiento  de  efectuar  pagos  por  un valor menor de lo  adeudado  a la Administración de Impuestos, y de no haber establecido relación  alguna     con     los     procesados     RAMÍREZ  TAPIAS   y   ALVARADO  MEDINA.   Afirmaciones  extrañas  al  reproche  formulado  para desviarlo hacia el falso juicio de identidad, por cuanto sugiere  el  cercenamiento  de  tales  pruebas  haciéndoles  producir  efectos que no se  desprenden de ellas.   

          Adicionalmente,  el  censor  tampoco  confrontó   estos   testimonios   de  supuesta  indebida  apreciación,  en  su  expresión   puramente  material,  con  el  contenido  que  los  juzgadores  les  atribuyeron  en  el fallo impugnado, como en rigor se imponía para comprobar el  desatino  en  últimas alegado.             

          Por  otra  parte,  ninguna  alusión  verifica  a la trascendencia del yerro frente a las conclusiones de la sentencia  atacada;  sin que sobre añadir, en este punto, que el demandante al formular el  reproche  parte  de  afirmaciones  que no consultan la realidad constatada de la  simple   revisión   de   los   fundamentos   del   fallo,   de  los  que  fluye  incontrovertible  que los juzgadores no ignoraron las circunstancias aludidas al  valorar  las versiones de los ofendidos, sólo que las estimaron intrascendentes  para    excluir    el    compromiso   de   ALVARADO  MEDINA.    

       2.3   Igual  situación se configura frente al tercero de los  yerros  enunciados, donde el libelista sin indicar sus repercusiones en la parte  dispositiva  de  la  providencia  recurrida,  también confundió los errores de  hecho  por falso juicio de existencia e identidad.  Ciertamente, plantea el  prescindido    análisis    de   la   indagatoria   rendida   por   ALVARADO   MEDINA,  pero  a  renglón  seguido  aduce que el Tribunal la estimó, empero soslayando las acusaciones del  mentado  contra  la  también  procesada  RIVERA  DE  MORRIS,  de  haber  sido  ésta  la  autora  de  las  falsificaciones  y  de  la  apropiación  del  dinero  de  las  víctimas.    

         Es  decir,  si  bien  anunció el falso  juicio  de  existencia,  en  la  sustentación  del  ataque  ubicó  el desatino  atribuido  a  los  juzgadores  en  el  falso  juicio  de  identidad, que tampoco  intentó  demostrar  siquiera; más aún, no es cierto que se haya distorsionado  el   sentido   material   de  dicha  prueba  haciéndole  producir  efectos  que  objetivamente   no   se   desprenden   de   ella,   como  finalmente  arguye  en  esencia.   Por  el  contrario,  el  Tribunal aludió en forma expresa a las  incriminaciones  que  el  defensor  echa  de  menos,  pero  descartando aquí su  credibilidad  para  exonerar  al  implicado  ALVARADO  MEDINA (fs. 140 y Ss., cd. Tribunal).   

       2.4   En  el cuarto de los dislates enunciados, también bajo  el  ámbito  del  error de hecho por falso juicio de existencia, el casacionista  no  denuncia la omisión de alguna de las pruebas existentes en el proceso, sino  que  crítica  la  valoración  que  se  hizo  de las declaraciones del contador  LEONARDO  QUIROGA  y  su  secretaria  Martha  Celmira Sandoval Orjuela, efectuada con prescindencia de las  contradicciones  en  las que incurren, según arguye, reparo que debió orientar  por  el  error de hecho por falso raciocinio, si estimaba que los juzgadores con  la    apreciación   cuestionada   desconocieron   las   reglas   de   la   sana  crítica.   

       2.5   Finalmente,  el  demandante  señala  que se dejaron de  apreciar  ciertos  documentos,  que  por  la  remisión  efectuada  a los folios  respectivos,  se  tiene  que  se  trata  de las declaraciones tributarias de los  denunciantes,  correspondientes   al  año  gravable de 1988.  Pero al  señalar  la  circunstancia  que  habría sido establecida de ser valorada dicha  prueba,  lejos  de  demostrar  la incidencia del dislate para modificar en forma  favorable  la situación jurídica de su asistido, puso de presente que la misma  afianzaría  aún  más  el  fallo  de  condena,  al  comprobar que “LEONARDO  QUIROGA  estaba haciendo estas operaciones delictivas  desde  1989  con  las declaraciones de 1988 y que con  PEDRO  LEON RAMÍREZ TAPIAS, JORGE ENRIQUE ALVARADO MEDINA y MARÍA LIGIA RIVERA  DE  MORRIS, se realizaron desde 1990 hasta 1991, con las declaraciones de 1989 y  1990” (negrillas fuera  de texto).   

       Ante   las   deficiencias   puestas   de   presente,  fracasa  por  consiguiente el cargo propuesto.   

       Segundo cargo.   

         

       En  esta  censura,  con  evidente desconocimiento de la naturaleza  del  recurso  de  casación,  el  demandante  pretende convertir la impugnación  extraordinaria  en  una  instancia  adicional, en la que aguarda de la Corte una  revisión  integral  de  los  fundamentos  fácticos  y probatorios del fallo de  condena,  pues  si bien acusa la violación mediata de la ley sustancial, por un  falso  juicio  de  identidad,  la  fundamentación  siguiente  no  se encamina a  demostrar  un  desatino  de dicho talante, esto es, que el Tribunal distorsionó  el  contenido  fáctico de las pruebas acopiadas haciéndoles producir un efecto  diverso del que objetivamente concitan.   

         Por  el contrario, el defensor radicó  la  inconformidad  con  la  decisión  conclusiva  del  ad quem en la naturaleza  condenatoria  del  fallo impugnado, del que afirma en forma escueta y lacónica,  de    un   extremo,   que   concluyó   la   responsabilidad   de   ALVARADO   MEDINA  a  pesar  no  estar  demostrado  en autos su compromiso en los delitos investigados, del otro y en el  apartado  final  del libelo, que desechó los elementos de prueba que permitían  su  exoneración;  en  fin,  hizo  consistir  el  error  de  hecho alegado en un  genérico  y vacuo disenso frente a las conclusiones que el Tribunal extrajo del  acervo  probatorio,  que  como  es  sabido,  prevalecen  sobre  el  criterio del  impugnante   al   estar   amparadas  por  la  doble  presunción  de  acierto  y  legalidad.   

       De  ahí  que  en  este  discurrir  argumentativo,  el  demandante  ninguna  precisión  consignó siquiera sobre el medio o los medios de prueba en  los  cuales se concretó el error denunciado, o respecto de la trascendencia del  mismo;  más  aún,  perdió  de  vista  que  la  casación constituye un juicio  técnico  jurídico  de  puro  derecho  sobre  la  legalidad  de la sentencia de  segunda  instancia,  cuyo  quebrantamiento  sólo  es  posible  a  través de la  demostración     de     errores     trascendentes    in    iudicando    o    in  procedendo.   

         En  síntesis,  como  en el escrito de  demanda   este   otro   cargo   examinado   nunca  se  concretó,  tampoco  sale  avante.  En consecuencia, la Corte no casará el fallo.   

         En  mérito  de lo expuesto, la Sala de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República, y por autoridad de la ley,   

RESUELVE   

         NO  CASAR  la  sentencia impugnada.   

         Cópiese, comuníquese y devuélvase al  Tribunal de origen.  Cúmplase.   

CARLOS EDUARDO MEJÍA ESCOBAR  

FERNANDO  ARBOLEDA  RIPOLL                                       JORGE E. CORDOBA POVEDA   

No hay firma  

HERMAN    GALÁN    CASTELLANOS                        CARLOS A. GALVEZ ARGOTE   

No hay firma  

JORGE   A.  GÓMEZ  GALLEGO                            ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO           

ÁLVARO  O.  PÉREZ  PINZÓN                            NILSON  PINILLA  PINILLA           

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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